Disclaimer: Boku No Hero Academia/My Hero Academia y sus personajes pertenecen a Horikoshi Kohei, el uso de ellos es sin ánimo de lucro y con fines de entretenimiento. Lo único que me pertenece son mis OCs y la idea para la trama de este fic.
Capítulo 2
Al principio del camino
Las manos le temblaban, tanto que hizo un par de borrones en el papel al intentar escribir. Estaba segura de haberse hecho alguna herida en el labio inferior, teniendo en cuenta que llevaba horas mordiéndoselo para retener el llanto de pura emoción. Al terminar de plantar su firma en el documento soltó el bolígrafo como si le quemase.
Hayato inspiró, aliviado de que el duelo con el que lidiaba su compañera se resolviese al fin. Las horas que Akira se había pasado completamente fuera de sí, con la mirada clavada en el contrato, sin el más mínimo atisbo de expresión, habían conseguido crisparle los nervios. Debía de haberle drenado casi por completo esa tarde y su charla con All Might, pues cuando la vio aparecer por la gran puerta, tenía los ojos hinchados y abrazaba la resolución escrita de la oferta como si fuese su más preciado tesoro. Sin contar que la blusa había acabado rompiéndose en la zona del cuello, aunque prefería no pensar demasiado en eso.
—Vamos a echarte de menos por la agencia—dijo, dándole un apretón amistoso en el hombro. —Casi estoy celoso. Ahora no seré el único al que le traes pastelitos y café mientras rellena informes.
Akira tardó un poco en reaccionar, como acostumbrándose a volver a ser humana. Ladeó la cabeza, un atisbo de sonrisa en sus maltrechos labios.
—Aunque lo hicieses para encasquetarme tu trabajo disimuladamente. Dudo que funcione con ellos, así que tendrán que sufrirte en todo tu exponente.
Hayato hizo un gesto con la mano, señalándola a ella de pies a cabeza con fingido disgusto y negando enérgicamente.
—¡Pobrecitos, en lo que se han metido!
Algún día, amigo mío, te daré el golpe que te mereces.
Más bien, pobre de ella, que nada más entrar recibió la que debería haber sido una palmadita suave en la espalda como saludo y no una que le hiciese considerar ir al quiropráctico.
—Oh- oh. Perdone, joven Izumi, no he medido mi fuerza, no volveré a—
—Estoy bien, no se preocupe. Por cosas peores ha pasado mi columna—le tranquilizó, reafirmando su agarre sobre el maletín negro y recolocando los mechones que se habían salido de su sitio.
Aprovechando el velo parcial que el flequillo le otorgaba en el lado derecho, estudió con disimulo la proclamada verdadera forma de All Might. Casi se había desmayado al descubrir que el hombre apocado pero agradable era nada más y nada menos que el héroe entre héroes, distinguido a nivel mundial, conocido por una forma física de diferencias radicales, que desprendía esas vibras de seguridad, afabilidad y pasión.
Él acabó por darse cuenta de que era el centro de atención de la psicóloga, pues le extrañó que no hiciese observaciones sobre los amplios y luminosos pasillos de la escuela o preguntase por los docentes que les saludaban.
—Lamento que tenga que verme en esta forma, entiendo que no es precisamente agradable.
Lo último que diría para describirle es desagradable. Pero parece que eso no es lo que él piensa sobre sí mismo.
— Permítame decirle que creo que es maravilloso en cualquier aspecto, All Might, y me considero una privilegiada por poder estar aquí ahora mismo con usted—replicó Akira, su semblante repleto de admiración y dulzura.
All Might tuvo que mirar a otro lado, prefiriendo que el sol le cegase momentáneamente a cambio de algo de auxilio, antes que enfrentarse a sus ojos. Porque también suponía abrirse un poco más a ella, y ya se sentía suficientemente desnudo. ¿Sería cosa de su Quirk?
—No le estoy haciendo nada, si es lo que se pregunta. Yo puedo contagiarme con cierta facilidad de los estados de ánimo de otros, si son lo suficientemente intensos, o al menos percibir que es lo que sienten de forma superficial, pero no funciona así al revés. Si quiero alterar o influir a alguien he de establecer contacto físico, y aun así requiere un esfuerzo y desgaste considerable. Podría haberle cogido la mano, mirado a los ojos y aumentado sus niveles de dopamina inhibiendo los míos, sin embargo, no ha sido así. Eso sería jugar con usted y sus emociones sin consentimiento ni razones médicas más allá de mi deseo de hacer que se sienta bien. Aunque también le habría dado un subidón de la libido así que—
All Might profirió una risotada colmada de nerviosismo, tapándose la cara con una mano y agitando la otra para que lo dejase justo donde estaba antes de que empeorase la cosa. Akira se dio cuenta de que había hablado bastante de más, y fue su turno de sonrojarse, aunque la adorable reacción del rubio también contribuyó. Salió prácticamente corriendo con una disculpa igual de rápida, alegando que el director le esperaba para hacerlo todo oficial.
Tuvo que plantar su firma en unos cuantos documentos más, haciendo todo lo que podía por no reaccionar de ninguna forma que pudiese ofender a Nedzu o suponer una falta de educación. Él parloteó sin descanso la hora que pasó allí, Akira siguiendo sus conversaciones a duras penas, y hubo un rato donde casi monologó; el té parecía ser un combustible para él, no sabía de donde salía tanto y cómo podía beber taza tras taza, bien humeante y cargada. Una diminuta e irracional parte de ella quería estrellar contra el suelo la pieza de porcelana, con la tetera siguiéndole en el fatal destino.
El director notó su mirada desenfocada y la expresión de leve ausencia.
—Discúlpeme, una vez que empiezo a hablar no hay quien me pare—admitió, tomando los papeles entre sus… ¿manos? ¿Patas?
Akira le sonrió con cortesía, no atreviéndose a contestar. Nedzu se quedó pensativo unos segundos, acompañados de un silencio incómodo, atreviéndose a hacer el comentario cuando la joven comenzó a levantarse una vez confirmó que todo estaba en orden.
—Me alegra sobremanera ver que en tan poco tiempo usted y All Might se lleven así bien. Fue toda una sorpresa que decidiese revelarle su secreto antes de que respondiese, y sobre todo que se lo tomase con tanta tranquilidad.
¿Tranquilidad? Empecé a reírme como una histérica, y así de nerviosa me pondría cuando lo vi transformado, que me arranqué el cuello de la blusa. Y entonces se rió él hasta que escupió sangre y-
—Supongo que confiaría en que iba a decir que sí—contestó, alternando su atención entre la puerta y el director. —Para ser honesta, simplemente me nace el ser así con él, y temo estar incomodándole o siendo atrevida… Solo… Me hizo tan feliz cuando me dijo que me querían aquí, y ha sido tan amable conmigo desde el primer momento, que mi corazón me dicta actuar de este modo. Soy incapaz de contradecirlo.
Nedzu dejó la taza sobre el escritorio, su expresión cambiando de forma imperceptible.
—Ya veo—murmuró, y Akira pensó que se lo decía más a él mismo que a ella. —Le dejo libre, señorita Izumi. Bienvenida a la escuela.
Su corazón parece estar en el lugar correcto, sin embargo, ¿seguirá siendo así dentro de un tiempo, cuando se enfrente a verdaderos obstáculos? Hace falta una gran resistencia y temple tanto para ser héroe como profesor. Su sensibilidad es un arma de doble filo y puede acabar haciéndole más mal que bien…
El director se perdió en sus reflexiones, encarando a los amplios ventanales que le ofrecían una vista privilegiada de Yuuei.
—Yamada, bájate de mi escritorio.
La voz de Snipe, ligeramente distorsionada por la máscara, pareció rebotar en su pequeña burbuja de concentración y canturreo incomprensible. Mic siguió con su tarea sin hacerle el más mínimo caso, Midnight observándole con cierta diversión. Obviamente, a Snipe no le parecía tan entretenido que usase su mesa para llegar al techo y colocar un adorno barato de una estridente purpurina verde. Volvió a llamarle con un claro tono de advertencia, y como el héroe vocal siguió ignorándolo, optó por darle un toque tras las rodillas.
All Might, que había estado hasta ese momento enfocado en escribir las tarjetas para su primera clase, se sobresaltó al escuchar los extraños sonidos que escaparon de la garganta de Present Mic, quien movía los brazos desesperadamente en el aire para no perder el equilibrio. Por desgracia, sus piernas acabaron por ceder. Midnight no pudo contener más la risa y Snipe se limitó al silencio, una pequeña sonrisa de satisfacción oculta, mientras Mic caía de espaldas al suelo entre grititos de indignación y dolor.
Si no fuese por la inseguridad y el estrés que le trepaban por la espalda, All Might habría ido a socorrerle. No pensaba que fuesen a dejarle caer de verdad, y ahora se sumaba algo de culpa al cúmulo de cosas que le hacían un nudo en el estómago.
Ah, cierto, ya no tengo uno de esos.
Aun así, hizo a un lado sus apuntes y se dirigió hacia él, aunque fuese para preguntarle si estaba bien.
—Mic, compañero, ¿quieres que llame a Recovery Girl?
—Déjalo, está sobreactuando, como hace con todo—intervino Midnight, sus ojos brillando con algo de sadismo que All Migth no supo captar. —Levanta el culo, Yamada.
El susodicho seguía quejándose, espatarrado en el suelo, y ahora entre sus maldiciones incluía a Nemuri. Con el pequeño espectáculo que Present Mic tenía montado, la discusión entre los otros dos héroes y Snipe quitando entre murmullos los adornos, nadie escuchó la puerta abrirse y a la nueva incorporación intentando saludarles. Akira acabó por rendirse, ligeramente cohibida, retrocediendo y dispuesta a esperar a que se calmaran.
Entonces algo amarillo se movió tras ella y por un instante pensó que estaba teniendo alguna alucinación.
Qué demonios es eso.
Le recordó a una oruga. A decir verdad, los insectos no le hacían especial gracia, y ver lo que parecía uno en tamaño gigante casi hace que le dé un ataque al corazón. Además, en el sofá de la sala de profesores. ¿Se habría vuelto loca? ¿Los nervios, de nuevo, se la jugaban? ¿Nadie más le veía, o no les importaba?
Akira le observaba de reojo, el debate calentándose de fondo y ella misma cavilaba sobre si acercarse a ver qué era el sujeto de su incomodidad o dejarlo estar.
Conociéndose, la segunda opción quedó descartada casi al instante.
Dio un giro rápido sobre sus talones, abrazando su maletín y disponiéndolo como escudo y arma a la vez. Justo cuando se inclinaba para examinarlo de cerca, el bulto amarillo se removió en su posición, emitiendo un sonido gutural.
Maldita sea, así no hay quien duerma.
Shouta Aizawa no esperaba que sus compañeros dejasen su naturaleza escandalosa de un día para otro, y por regla general se limitaba a ignorarlos e intentaba dormir como podía. Ese día, sin embargo, estaban más ruidosos que de costumbre. Tener a All Might como docente era de por sí tirar la tranquilidad a un cubo de basura, y que metiesen a otra nueva profesora incentivaba el revuelo.
La asignatura de "Ética y psicología" había quedado huérfana con la jubilación del ya muy anciano Kotarou hacía dos años, y hasta ese momento la habían ido impartiendo los propios tutores de las clases o algún profesor con tiempo libre. No le parecía mal contratar a alguien joven y cualificado específicamente para el puesto, de hecho creía que era la mejor opción de cara a la formación de los futuros héroes.
Claro, ese era su punto de vista como héroe y profesor. Como persona, no le entusiasmaba de momento la compañía de Akira Izumi, al igual que le sucedía con All Might. Aizawa se jactaba de ser un hombre profesional, que sabía mantener las distancias y no mezclar sus sentimientos con el trabajo, siendo la objetividad y el análisis crítico sus principales rasgos. Los demás, no tanto.
Gruñó, intentando acomodarse dentro del saco de dormir a la par que en el sofá, que empezaba a sofocarle. Cuando su rostro abandonó el hueco entre el reposabrazos y el respaldo, le llegó un olor nuevo, distinto al café, al té, las minas de lápiz y el material de oficina. Supuso que sería perfume, pero las notas infantiles le descolocaron.
Entonces captó la sombra que se cernía sobre él.
—¿No tiene nada mejor que hacer?
Akira dio un paso atrás, oscilando entre la confusión y la sorpresa mientras veía al tutor de la clase 1-A incorporarse, su cara cansada y poco amigable asomando por un pequeño círculo. Salió del saco para poder ponerse en pie, pensando que la mujer parecía un volcán cercano a la erupción y desde luego no quería presenciar eso ni mucho menos escucharlo.
—Perdone, no era mi intención—
Corre mientras puedas, se dijo.
Aizawa cortó sus balbuceos con una simple y directa mirada. Metió las manos en los bolsillos del pantalón, adoptando esa postura que le daba aires de holgazán, sumado al pelo largo negro y algo alborotado, su barba de un par de días y los ojos inyectados en sangre, adornados con leves ojeras. Lo último que parecía era un héroe profesional además de profesor, y no podía importarle menos.
—Deje de malgastar energía conmigo y reserve su palabrería para la clase 1-A del curso de héroes, le toca con ellos antes del almuerzo—le aconsejó, aunque en un tono tan cortante que no lo asimiló en absoluto como eso.
Se fue sin darle tiempo siquiera a replicar.
Akira se percató del silencio en la habitación cuando su propia respiración le resultó ruidosa, la vergüenza y la indignación mezclándose peligrosamente. Clavó las uñas en la piel del maletín, pidiendo que la tierra se la tragase antes de que a los otros profesores presentes les diese tiempo a decir algo.
—Aizawa siendo la simpatía hecha persona, como siempre. Ese hombre no tiene remedio—comentó Midnight.
Mic aceptó la mano que All Might le ofrecía y se incorporó de un salto, limpiándose polvo imaginario del cuero de su pantalón y chaqueta. Se acercó a Akira con los brazos entrelazados tras la espalda, dando largas zancadas y cara de no haber roto un plato en su vida. Ella apenas pudo reaccionar, entre la velocidad con la que Mic hablaba y una parte de su mente que había desconectado.
—Tenemos un grupo de los profesores, si me das tu número lo añado en menos que canta un gallo. ¿Dónde vas a querer sentarte? Hay varios escritorios libres, algunos al fondo y otro a mi lado, por algún motivo desconocido nadie quiere sentarse ahí. La verdad es que Eraser está a mi izquierda, no es como si le hubiese dejado opción, espero que no te importe. No es mal tipo, ¿sabes? Solo un poco… difícil. Dale tiempo, a All Might tampoco le ha recibido con sonrisas y flores precisamente—hizo una pausar para tomar aire, reajustándose las gafas anaranjadas que se le escurrían por el puente de la nariz. Tomó la tarjeta que Akira le tendía con expresión ausente y con tanta rapidez como había prometido, le metió en el chat. De fondo se escuchó un tardío murmullo afirmativo de All Might.
Present Mic siguió hablándole mientras se dejaba caer en el sitio contiguo al suyo y empezaba a organizar sus cosas, sacando con poco entusiasmo fichas de alumnos y horarios que le había dado el director. Dijo algo sobre gatos que no terminó de ubicar al no estar escuchándole.
Una de las desventajas de ser ella era su susceptibilidad. Se había propuesto no dejar que eso se interpusiera en su trabajo de nuevo, que no se rompería la cabeza por no llevarse bien con alguien, y eso estaba haciendo. En la agencia, su único amigo era precisamente su jefe, aunque ya lo conociese de antes, y con el resto mantenía una relación distante o directamente ninguna. Le había aliviado en cierto grado poder empezar de nuevo, la perspectiva de estar rodeada de gente tan excepcional y agradable que le recibían con los brazos abiertos desde el minuto uno.
¿Era para Eraserhead una charlatana sin más, le parecía que lo que hacía era perder el tiempo? Peor aún, ¿tenía razón?
Quizás le haya pillado de mal humor al estar recién despertado, volveré a intentar hablar con él en otro momento… O no. No tengo por qué perseguirle. Debería dejar que las cosas fluyan con naturalidad y pase lo que tenga que pasar.
—Oye, ¿estás bien?
La voz de Present Mic le llegó tenue y tintada de preocupación. Sintió una mano dubitativa posándose en su hombro e intentando traerla de vuelta a la realidad.
Cerró los ojos y visualizó un campo lleno de orquídeas de un intenso morado, por el que paseaba acariciando las flores. Estaba la tela suave de un vestido fino y la sensación de la hierba en sus pies descalzos. Era solo ella y la felicidad de ese momento. No había cabida para Eraserhead allí, ni las vibras negativas que le transmitía.
Mucho más calmada y una vez acabado su breve ejercicio de relajación, le contestó.
—Sí. Ahora sí. Perdona, voy a echarle un ojo a algunos expedientes antes de la clase…
Abrió la primera carpeta, con el nombre de "Shoto Todoroki" en ella.
Se sorprendió al ver que todos estaban en sus sitios, aunque con expresiones de puro cansancio y aburrimiento. Parecían no tener ganas ni de hablar entre ellos. Dio unos golpes en el enorme marco de la puerta para llamar su atención. Akira entró, sonriendo ante el reconocimiento y sorpresa en algunos rostros, aun estando en las nubes.
Para cuando subió el escalón y soltó su maletín sobre la mesa, quienes tenían la cara hundida en el pupitre reunieron las fuerzas para enderezarse y los que contemplaban distraídos el paisaje, se volvieron hacia ella.
Bueno, eso ha sido más fácil de lo que esperaba.
—Buenas tardes, chicos. Ya veo que la mayoría os acordáis de mí, pero por si acaso… Me llamo Akira Izumi, y a partir de ahora seré quien imparta esta asignatura, además de psicóloga del colegio. Estoy enteramente a vuestra disposición—dijo, haciendo una floritura con la mano seguida de una reverencia.
Aoyama asintió en signo de aprobación. Las chicas parecían animadas por tener otra profesora entre tantos hombres, y otros aprobaron la idea por motivos bien distintos.
—Coged un papel y haced tres dobleces. En una cara escribid vuestro nombre y apellido, hacéis un prisma triangular y lo dejáis sobre la mesa para que pueda identificaros hasta que me los aprenda—se quedaron callados, guardándose los suspiros para sí mismos; la parsimonia con la que se movían era evidente, tanto que sacó una pequeña risa de Akira. —Venga, sé que es una mala hora y tendréis ganas de almorzar, cuanto más lento vayáis más larga se os hará la clase.
Hubo algunos problemas con la tarea por parte de Kaminari y Mina, que complicaban algo bien sencillo. Yaoyorozu les ayudó a ambos gustosamente, recibiendo a cambio sendos agradecimientos que le hicieron ruborizar.
Una vez acabaron, Akira dio una tenue palmada para proseguir.
—¡Muy bien! Ahora, os haré unas cuantas preguntas. Es más bien para conocernos y charlar un poco, por cada una que os haga yo podéis hacerme otra a mí—anunció, frotándose las manos a la par que se sentaba sobre el filo de la mesa. Examinó varios rostros hasta que dio con su primera víctima. —Empecemos contigo, Mineta. ¿Qué te hizo querer ser un héroe?
Le había escogido por su aspecto infantil, sumado a esa pequeña estatura no parecía alguien de gran fuerza física o que lo tuviese fácil en una pelea. El chico parpadeó, se reacomodó en su asiento varias veces relamiéndose los labios –supuso que como gesto pensativo- y con las mejillas cada vez más coloradas.
—Por las chicas.
Akira tardó un poco en procesarlo e intentó ocultar su asombro.
—¿A qué te refieres exactamente?
—Quiero ser popular entre ellas, tener hermosas fans que hagan cualquier cosa por mí y estar más cerca de los impresionantes atributos de otras heroínas.
La incomodidad caló no solo en Akira, que vio un gigantesco problema en esa declaración, sino en sus compañeros también y en especial el género aludido. Se había dejado engañar por su apariencia, y resultaba ser un pervertido. Eran solo palabras, sin embargo, aquello podría desembocar en una situación grave. A pesar de la distancia, comenzó a notar los elevados niveles de testosterona, y la sensación desagradable en su estómago incrementó. "Acoso sexual" aparecía de forma intermitente en su cabeza con luces de neón.
Antes de que pudiese responderle, Mineta se adelantó y le lanzó cuestiones como dardos.
—¿Cuántos años tiene? ¿Está casada? ¿O tiene novio? ¿O le gustan las mujeres, los dos, todo?
Dios dame paciencia, que si me das fuerza…
—Tengo veintiocho años. Solo te contestaré eso porque el resto no es tu incumbencia, además de una falta de respeto. Prohibido hablar durante lo que queda de hora.
—Pero—
— ¿Quieres ver qué tal se está en otra academia que no sea Yuuei, Mineta?
Él calló al instante.
—Eso suponía—exhaló, contando mentalmente hasta cinco. Regresó, como buenamente pudo, al estado de ánimo con el que estaba, aunque los demás no parecían seguirle. Lo mejor en ese instante era ignorarle, no tenía fuerzas para lidiar con él. —Continuemos, por favor. Midoriya, ¿cuál es tu héroe preferido?
El joven, que hasta ese momento se mantuvo cabizbajo, dio un pequeño salto en su silla, sus ojos se iluminaron y las comisuras de sus labios se alzaron con timidez.
—All Might. Es el mejor héroe, y no porque lo diga un ranking, sino porque… Se enfrenta al peligro con una gran sonrisa, le da esperanza incluso a los que creen que lo tienen todo perdido, hace lo que sea para salvar a los demás y los antepone a su vida. Es- me quedo sin palabras para describirlo.
Midoriya balbuceó sobre lo genial que era, analizando cientos de aspectos positivos sobre él, y la verdad, no podía estar más de acuerdo. Una profunda ternura se instaló en su pecho, ya que en la admiración tras su discurso, encontró mucho más. También captó ciertas notas con su Quirk que le recordaron a lo que ella misma experimentaba desde ayer. No se aventuraba al decir que All Might era la persona con quien más había conectado en tan breve lapso de tiempo. Que el propio director hubiese señalado eso mismo, ¿podría ser señal de que estaba propasándose y le agobiaba?
—¿Por qué quiso estudiar psicología, además de ser heroína?
Se mordió el labio inferior y se reacomodó sobre el escritorio, con una sensación agridulce en el paladar.
—Verás, Midoriya, después de obtener la licencia, estuve como cualquier otro haciendo de compañera de un héroe. Solíamos trabajar codo con codo con la policía y muchas veces pasábamos más tiempo en comisaría que en la agencia, resolviendo casos de todo tipo. Sin embargo, conforme más experiencia ganaba, más me daba cuenta de que algo malo estaba sucediendo, tanto con mi mentor como con otros agentes. Se entregaron en cuerpo y alma a un empleo que los iba consumiendo, convivían con horrores que muchas veces no podían solucionar y se veían obligados a tomar decisiones que solo añadían una carga aun mayor sobre sus hombros. Uno sabe desde el primer momento que tanto una como otra son profesiones que conllevan ciertos sacrificios, pero te lo pintan de colores tan bonitos que lo olvidas hasta que te ves en una de esas situaciones. Muchos tienen miedo de ir ante un profesional por el qué dirán o ni pueden planteárselo por motivos económicos. Entonces lo supe, que quería dar un paso más en lo de ayudar a los demás, incluir a quienes siempre se obvia. Fue muy complicado compaginar una cosa con la otra además de costeármelo, no os mentiré, pero es la mejor decisión que he tomado en mi vida.
Dejó pasar que algunos estuviesen echándose una siesta y usando sus libros como almohada por ser el primer día y tener una buena parte de culpa en ello.
—Arashi. ¿Estás dormida o puedo seguir contigo?
Sana abrió los ojos casi a cámara lenta, sin cambiar su rictus fastidiado.
—Haga lo que quiera—fue su declaración, en tono seco.
Akira ladeó la cabeza. Regresó uno de los mechones rebeldes del flequillo a su sitio, mirando con disimulo el brazo izquierdo de la chica, que en realidad era una prótesis de color marfil, en contraste con su piel morena.
La campana sonó, dejándola con la palabra en la boca. Les dio permiso para recoger sus cosas, aunque ya estuviesen haciéndolo.
Akira se separó del escritorio y tomó su maletín con un pequeño suspiro, no le había dado tiempo para interactuar con ellos tanto como quería y había acabado parloteando más de sí misma.
Sin embargo, ya tenía unas cuantas anotaciones que hacer con respecto a Mineta y la actitud de Sana, detalles sobre cosas que había observado en quienes no hablaron y lo mucho que le fascinaba All Might a Midoriya.
—Chicos, antes de marcharos…—los alumnos se detuvieron, observando a la nueva profesora con impaciencia. —Solo quería deciros que tan solo estáis al principio del camino. Cometeréis errores, habrá pérdidas y también victorias. Tanto vuestro tutor como el resto de profesores estamos aquí para lo que sea, y podéis acudir a nosotros en cualquier momento, asunto de héroes o no. Venga, ya sí, podéis ir a comer, que me pongo intensa y no hay quien me calle. ¡Suerte con la práctica de esta tarde!
Nada como actualizar un día trece, mi número favorito.
Me acabo de dar cuenta... Llevo más de seis años escribiendo aquí , y esta es mi décima historia, además de la primera que no es de Resident Evil. Es agradable algo de cambio después de tanto tiempo :D
Pregunta preguntita, ¿alguien pilló las referencias del capítulo anterior? Me gusta poner algunas así sueltas de vez en cuando, a ver quién se da cuenta. El policía Tenma era por Kenzo Tenma, uno de los protas de Monster (gran anime, por cierto), y el héroe Ruvik en honor a Rubén Victoriano/Ruvik, villano de The Evil Within, uno de mis favoritos.
Gracias por continuar leyendo, por esos favs y follows y comentar. Realmente siento una alegría indescriptible cuando recibo avisos de ese tipo, el feedback siempre es más que apreciado.
Nos vemos en el siguiente cap ;)
