El Mañana
El señor Loud miraba esa carta, sujetándola con una mano, y la otra mano la tenía puesta en su frente. La empresa había quebrado completamente, el trabajo en el que había desempeñado casi toda su vida había quedado en la nada; sus manos sudaban y sus ojos solo veían ese sello que decía: desempleado. Todo el mundo se le había caído en los hombros. La señora Loud seguía mirando a su esposo preocupada, pues el señor Lynn no había hablado o dicho algo en horas. Simplemente miraba ese maldito pedazo de papel que le decía que ahora las cosas serían mucho más difíciles, que tendría que apañárselas solo y buscar algo que mínimamente le remunerara apenas una mínima parte de lo que ganaba en su antiguo trabajo, pues en una casa tan grande, ¿cómo podrían mantener a doce integrantes, sumando a las mascotas? ¿Cómo podrían tan siquiera mantenerse a sí mismos? Si apenas tenían el dinero para comprarse algo, cómo le harían ahora que la situación económica se vería no sólo disminuida, ahora que todos y absolutamente todos se verían limitados en millones y millones de cosas.
Quizás un día se quedarán sin electricidad, otro sin agua, otro sin comunicaciones. ¿Un mes completo? ¿Quizás dos? Las posibilidades de quedarse sin una virtud eran tan reales como mirar hacía la vuelta de la esquina y descubrir que pronto la vida sería mucho más difícil. La dureza del mundo era real, y ya no estaba tan lejos como antes. Allí donde él tendría que volver a lidiar, como lo hizo en el pasado, pero en un pasado en el que no tenía una familia de 12 integrantes, en el que trabajaba para mantenerse a sí mismo, en el que era joven y lleno de oportunidades, y con un gran un futuro. Pero en este presente, era un hombre adulto, con una familia bastante numerosa, y el futuro además lo estaba castigando con problemas de la edad. Bajó la carta que le golpeaba sin piedad en el alma con la fuerza de un toro furioso, lo insultaba de la peor forma que en su posición como padre lo hacía enojar y entristecer.
Esta era ahora su vida, y dentro de los siguientes meses dicha vida sería una carga como la piedra de Sisyphus en la colina de Hades.
El señor Lynn se desplomó en el sillón de la sala y ahí se derrumbó completamente. Se sujetaba la frente con ambas manos y comenzó a llorar. La situación de su casa, su esposa, sus hijas y Lincoln, todo le presionaba contra el pecho y lo quería asfixiar. Pero entonces sintió las cálidas caricias de su esposa a su lado; la señora Rita siempre estaba junto a él, en las buenas o en las malas, en la salud o la enfermedad. Pues esa promesa desde el día que se casaron era inquebrantable.
Rita y Lynn signor simplemente permanecieron abrazadas, el padre de 11 hijos escondía su vergüenza en los brazos de su esposa, escondía su dolor y ella dulcemente le acariciaba la cabeza que poco a poco perdía pelo por el pasar de la edad. Su voz solo tranquilizaba al amor de su vida, al padre de sus hijas. Las cosas deben empeorar para que puedan mejorar. Ella trataba de decirle tantas cosas para tranquilizar su afligida alma, todo para que su amor dejara de preocuparse por un futuro muy cruel.
En las escaleras, las niñas y su hermano veían la escena en silencio, sin saber si sus papás los podían ver ahí, escuchando las cosas tan tristes que el señor del hogar decía en el tono más triste que habían escuchado venir de él, un tono depresivo y melancólico. El mundo se había vuelto un lugar donde los hombres de familias numerosas pero amorosas ya no tenían sitio. El mundo se había vuelto muy pequeño...
El mundo… Era un lugar mucho más crudo ahora.
Las chicas simplemente se apartaron de las escaleras. Sabían que todo lo que habían disfrutado se iría un día. Y que todo lo que disfrutaban sin preocupaciones, sin nada que temer o deber, ahora les costaría.
Lincoln solo miró a su padre en los brazos de su madre y el único pensamiento que le rondó por su mente fue… "¿Y qué será del Futuro?" Se apartó de las escaleras y comenzó a pasearse por el pasillo de su casa, entre los cuartos de sus hermanas.
Lori y Leni hablaban sobre lo que ocurriría con sus redes, con sus dispositivos, sobre sus ropas y cosas.
Luna y Luan trataban de pensar en cómo seguir apoyando sus proyectos, cómo seguirían practicando su música o sus chistes sin electricidad, o ¿cómo le harían para ir a conciertos o shows de comedia?
Lucy y Lynn querían dar soluciones como dejar de ir a la escuela, empezar a jugar en equipos profesionales de menores, vender poemas a la gente, etc.
Lola y Lana discutían sobre sus propias cosas, las que abarcaban espacio, tiempo, dinero y ni una ni otra se ponían de acuerdo, ya que tanto las cosas de Lana como las de Lola abarcaban mucho gasto, pero ninguna aceptaba que eran muy expansivas. Lola con sus maquillajes, su carro de juguete, y todo aquello por lo que se moría si se vendían, y Lana con todos sus animales reptiles y algo exóticos.
Y Lisa pensaba las maneras en las que se podrían ahorrar al menos unas monedas, haciendo un plan para que la pobreza no los afectara tanto, aunque eso significaba limitarse en millones y millones de cosas; incluso la posibilidad de estudiar en una de las academias más prestigiosas ya había sido tachada y eliminada. Todas parecían preocuparse por sus propios asuntos, ¿Pero ¿quién se preocupaba por su padre? Lincoln simplemente entró a su cuarto y cerró la puerta detrás de sí. Miró al espectador y dio un gran suspiro.
– Bienvenidos a la casa Loud… Una casa donde los hermanos parecen tener más interés en sus propias agendas que en las situaciones de la familia, en una casa tan grande se podría esperar que haya un plan B para todas las situaciones…– Rascándose la cabeza. – Pero parece que ahora el único plan B es esperar – Suspiró pesadamente. – Pero… ¿Esperar que? – Lincoln se sentó en su cama únicamente para mirar al suelo, porque sabía que si miraba hacia el cielo la caída sería más dolorosa.
¿Qué será del Futuro?
Sino los días que se fueron.
The Loud House: Lincoln Homecoming
Capítulo 2 Un Lugar Que Llamar Hogar
Estando tan lejos de casa
recordamos el amor aquel de ser
un nativo de ese barrio padre,
que también nos vio crecer.
El silencio, cómplice de gatos, novios y melancolías
le da al hombre una tristeza
que Liera y despiadada
lame un dolor, late un amor.
"Lejos de casa" - A.N.I.M.A.L.
Hoy
Un sueño repetitivo, eso era: un sueño que solía repetirse varias veces en su cabeza. Un sueño o una pesadilla. Siempre era igual: disparaba y corría, entre la tormenta y las partículas de arena, que no había una forma humana de contar absolutamente todo lo que volaba entre él y el campo. Veía el fuego en el desierto y no sabía si disparar o esperar a que fuera un aliado. Reconocía el disparo de una M16 en sus distintas variantes, incluso una Carabina de asalto y el disparo de una Ak– 47 tipo ruso. Trataba de mirar, pero no sabía a donde. La noche apenas podía mostrar algo, apenas podía distinguir algo de luces en la nube de polvo arenoso.
– ¡Corran!
El capitán de su escuadrón gritaba en dirección oeste. Él corría lo más que podía tratando de esquivar los obstáculos que podía visualizar a pesar de su visión nublada por la tormenta. Sentía que había alguien detrás de él o a los lados, pero no sabía distinguir las siluetas apenas visibles entre toda esa arena. Corría casi a ciegas, hasta que su bota derecha sintió algo… una presión diferente a la de la arena o los fragmentos de roca y concreto, algo metálico que parecía haber reaccionado a su pisada… recordaba ese momento a la perfección, sólo pasaron segundos. Sus oídos zumbaron y su cuerpo se levantó violentamente. No sintió nada en el momento en el que ocurrió ni el fuego, ni los fragmentos de metralla entrando a su otra pierna, ni la onda expansiva o tan siquiera el dolor de su pierna como carne hecha pedazos, tela calcinada y hueso destrozado. Simplemente veía cómo todo giraba alrededor, como si sus ojos fueran la lente de una cámara lanzada hacia cualquier dirección en el aire. Quería sentir el fuego, pero sus nervios habían sido destrozados. Todo se veía en cámara lenta, por segundos se levantaba del suelo, parecía que estaba despegando, y finalmente, como un ave, salía volando de esa zona de guerra. Sus brazos se movieron inconscientemente, apenas pudo moverlos hacia el cielo, como si en ese momento estuviera teniendo un sueño dentro de un sueño.
Lo siguiente que supo es que estaba recostado en el suelo. Seguía mirando al cielo, el cual por momentos se despejaba, dejando ver un cielo estrellado y una luna blanca. Su brazo derecho se levantó hacia el firmamento, solo para intentar tocar esas pequeñas luces que permanecían infinitamente alejadas, para sentirlas en sus dedos y saber que esto era real… y sus ojos se abrieron con él en esa posición recostado en su cama, con el brazo extendido hacia el techo de su cuarto, abiertos los cinco dedos y la palma de su mano, apuntando hacia la madera que se encontraba a unos metros de ella.
Lincoln sintió las sábanas de su cama en su pie izquierdo, y entonces movió los dedos de ese pie para intentar mover los del otro. La única respuesta que tuvo fue una sensación perdida, no sentía nada de la rodilla para abajo. Se dio cuenta de que era real una vez más. Cerró su mano derecha y se quedó viendo al techo, al intentar mover su brazo izquierdo se dio cuenta de que estaba debajo de algo, o mejor dicho de alguien. Miró hacia su derecha y ahí estaba una niña hermosa dormida. Lincoln recordó que nuevamente estaba en casa, no estaba en un campo de batalla lleno de tierra, polvo y arena, sino en una suave cama junto a una pequeña que lo veía como una hija ve a su padre. Él sonrió y le dio un beso en la frente, pues verla dormida era una imagen que le hacía tener un sentimiento muy fuerte en el pecho, una persona que representaba su hogar y una gran parte de esa casa.
Con cuidado, deslizó su brazo y poco a poco se fue liberando hasta sacarlo completamente. Se cuidó en lo más absoluto de despertar a Lily, ya que no quería perturbar un sueño tan tranquilizante como el que el rostro de su hermana presumía. La arropó con las mantas, tratando de que no le entrara el frío de la mañana. La miraba y sentía algo de envidia, porque también quería tener ese tipo de sueños, en los que uno no quiere despertar porque sabe que está viviendo algo que le trae paz a su alma. Ella podía darse el lujo de tener un sueño tan pacífico, con una conciencia limpia de todo pecado de violencia contra otros seres, y sin el sentimiento horrible de ver a alguien muerto entre sus manos. Ella tenía las manos limpias y por eso sus sueños eran tan tranquilos que no podían ser perturbados tan fácilmente. Pero él no, ¿cómo dormir todas las noches con las manos manchadas de sangre? La respuesta era que se debía ser mucho más fuerte que un toro para vivir con una carga tan pesada y un vacío donde debía estar su alma.
Lincoln se sentó en su cama para mirar al suelo de su cuarto. Su prótesis estaba a un lado de su cama. Las correas y la parte que se sujetaba a su pierna se encontraban desabrochadas. Lincoln quería levantarse de su cama, pero sabía que, sin todo eso que estaba ahí, apenas y con ayuda de las paredes podría dar pequeños saltos hacia adelante. Eso despertaría a todas, y no quería hacer eso. Tomó la parte de un material parecido al látex o el plástico y se la comenzó a acomodar en el muñón de lo que quedaba de su rodilla. La colocó de la manera que se le había explicado y como había entendido las cosas; la primera vez terminó de colocarse la primera parte de su prótesis. Una pequeña correa salía por debajo de esa parte de látex/plástico/cuero. No sabía de qué era esa cosa, pero creía que era un material sintético. Tomó su pierna de metal y puso la correa dentro de un orificio dentro de la prótesis y la acomodó dentro, donde se dispuso a acomodar la correa en un punto de ajuste que no le quedara ni tan apretado ni tan flojo.
Todo ese proceso le hizo tener recuerdos de cuando al levantarse de su cama, podía simplemente ir a cualquier parte que él quisiera. Ahora esa era su vida y la forma en la que debía comenzar cada uno de sus días, y al terminarlos debía volver a hacer todo ese proceso, pero al revés. Incluso se decía internamente que extrañaba cuando solo era amarrarse las agujetas y listo. Pero el hacerlo o no ya no era una decisión para él, ahora si él no quería unas muletas que le ayudarán a hacer lo mismo que esa prótesis de una manera un poco más fácil y práctica, como momentos antes tenía que ponerla en su muñón todos los días. A todo esto, simplemente dio un pesado suspiro y se dirigió a la salida de su cuarto, no sin antes mirar nuevamente a Lily. Era algo tranquilizador verla dormir, eso lo hizo tener nostalgia de una era más sencilla, más inocente, donde su conciencia estaba libre de todo pecado.
Unas horas más tarde las chicas del hogar se levantaban de sus camas. Lily se vio confundida porque Lincoln no se encontraba ahí, pero esos pensamientos se desvanecieron rápidamente cuando un delicioso aroma inundó toda la casa. Qué era eso sino el delicioso aroma de hot cakes por la mañana. Las cuatro chicas bajaron por las escaleras hacia el comedor, y ahí estaban Lincoln y su madre conversando.
– Ronnie me estuvo contando muchas cosas durante todo este mes, aún me sorprendo cuando recuerdo que me dijo que la habían puesto a cargo del restaurante. Incluso le dije que ahora era la Máster Chef – relataba, riendo junto con su madre.
– Sí. Ronnie es una fantástica chef, cuando hemos estado juntas sabe preparar cosas deliciosas. – respondió la señora, disfrutando ver a su hijo contar anécdotas con una sonrisa en el rostro.
– Sí, y yo sabía que le gustaba la cocina, realmente lo sabía, pero cuando me dijo eso yo me quedé impresionado. – Lincoln tenía a su lado un plato con un hot cake a medio comer – De hecho, ella me enseñó a hacerlos. – Tomó su tenedor y lo clavó en su esponjoso desayuno. – Debo decir que no son tan buenos como los que ella hace… pero hago lo que puedo. – Metió el pedazo de desayuno a su boca y lo degustó sonriente. Su madre se notaba contenta de verlo así. Pero Lincoln en ese mismo instante vio a sus hermanas al pie de la puerta, mirándolos.
– Ah, chicas, las estábamos esperando. – dijo levantándose de su asiento – Por favor, tomen asiento. – agregó, dirigiéndose a la cocina.
– Lincoln, ¿qué es todo esto? – preguntó Leni confundida, aunque le parecía lindo despertar y encontrarse con su familia compartiendo y sonriendo.
– Es una sorpresa – respondió Lincoln desde la cocina.
– ¿Una sorpresa? – volvió a preguntar Leni, con una sonrisa algo curiosa por lo que había dicho su hermano.
– Me gustan las sorpresas – respondió Lily sonriendo.
– ¿Y cuál es la sorpresa, hermano? – preguntó Lana acomodándose en su silla.
– Ahora lo verán. – Lincoln comenzó a caminar de espaldas y en sus manos traía una bandeja llena de hot cakes – Espero que les gusten. – los dejó en la mesa y todas las chicas se quedaron impresionadas.
– Ay, por Dios, Lincoln. – Leni comenzó a sonreír por la sorpresa de su hermano.
– De verdad, espero que les gusten. – dijo Lincoln dejando la bandeja llena en la mesa.
– ¿Tú los hiciste, papi? – preguntaba Lily emocionada.
– Y sip – respondió Lincoln poniendo el jarabe, la mantequilla y la crema al centro de la mesa – Ronnie me enseñó a hacerlos la semana pasada y dije: "¿Por qué no?" – agregó, recorriendo con la vista a cada una de sus hermanas, que tenían los ojos clavados en los hot cakes – ¿Qué esperan, chicas? Adelante.
Las palabras de Lincoln parecieron el disparo de salida para que cada una comenzara a agarrar su desayuno. Lana inició pisando fuerte mientras agarraba una porción grande de 5 o 6, mientras que Leni agarraba 3, Lily fue un poco más lento y solo agarró 2, y Lucy discretamente agarró 4. Todas le ponían jarabe, miel y otras cosas para acompañar sus desayunos.
– Provecho. – dijo Lana, empezando a comer sin nada más que esperar. La primera mordida resultó exquisita. – Ay dios – exclamó mirando su desayuno – ¡Están muy ricos! – Lana seguía disfrutando.
– Ay – a Leni le dio un pequeño sonrojo – Linky, esto es delicioso – su sonrisa lo decía todo.
– Gracias. Me alegro de que les guste.
Lincoln se veía alegre al escuchar que sus hermanas comían alegres los hot cakes.
– Papi, ¿cómo aprendiste a hacerlos? – Lily le sonreía mientras degustaba sus esponjosos manjares.
– Bueno… gracias a Ronnie. – le respondió Lincoln sonriente a su hermana menor. Todas degustaban los hot cakes con sonrisas en sus rostros, pero Lucy los miraba pensativa. Tenía hambre, no había duda, además el aroma tan tentativo de esos Hot Cakes hacía que se le hiciera agua a la boca. Lucy simplemente cortó uno que ya tenía miel. Metió el tenedor en su boca… Un hoyuelo se le marcó en las mejillas. No pudo evitar dar una sonrisita, junto a un ligero sonrojo que le sacó el probar ese hot cake.
– Mmm…– Esa acción al probar algo ya de por sí tan rico se hizo esperar de Lucy, aunque fue algo discreto, las demás lo notaron y la vieron con una sonrisa. Ella se sintió observada y algo apenada. Pero no la culpaban, ese desayuno era delicioso.
– No te preocupes Lus, está bien. – Lincoln le sonreía a su hermana, no juzgándola, sino agradecido de que ella dejara que le gustara su desayuno.
Pronto, todas las chicas estaban satisfechas, felices y listas para arrancar con su día. Más que nada Lana, aunque nadie sabía dónde había encontrado espacio para la mayor parte de los hot cakes.
– Oh Dios… Eso fue delicioso…– Lana se agarraba el vientre satisfecha por todos los que se había comido.
– Me di cuenta je je – se escuchó a Lincoln desde la cocina.
– Sí…– Lana sacó su celular y checó la hora – ¡Rayos! Ya es tarde…– se levantó enseguida, dirigiéndose a la sala.
– Oye Lana… ¿Entonces irás a hablar hoy con la directora Johnson? – inquirió Lily, que en esos instantes ya se preparaba para ir a la escuela.
– ¿Era hoy?... – la hermana se dio un palmazo en la cara. – Uy… ¿Cómo se me pudo olvidar?... – miró hacia el comedor – Bueno… Por lo que ocurrió ayer con nuestro hermano, supongo que no podría culparme del todo – Ella seguía pensando en qué hacer cuando nuevamente volvió a ver a la cocina, y escuchó a su hermano lavando los platos, por lo que de inmediato se le ocurrió una idea. – Oye Linc… ¿Crees que puedas llevar hoy a Lily al colegio? – preguntó algo apresurada, Lincoln se asomó desde la cocina secando un plato.
– Uh, sí puedo Lana, no te preocupes. – Lincoln dejó el plato en la mesa y se secó las manos con la toalla – ¿A qué hora tiene que ser?
– Tiene que ser a la una, papá. – respondió Lily alegre, pues su padre la llevaría a la escuela y hablaría con su directora y su profesor.
– Bien, pues sí la llevo, Lana, no te preocupes. – asentía Lincoln con gusto de poder pasar ese día con su hermanita.
– Muy bien Linc. – Lana le lanzó unas llaves de un auto que Lincoln atrapó sin mucha dificultad, como si ya hubiera practicado sus atrapadas antes. – Toma, las vas a necesitar. – dijo, abriendo la puerta del hogar. – Cuídala mucho Linc, me tomó mucho reconstruirla. – Luego se dirigió a Lily – Nos vemos Lyl. – le besó en la mejilla y tomó una mochila pequeña. – Nos vemos chicas, nos vemos mamá. – se despidió Lana, apresurada, pero se detuvo en seco y regresó únicamente para despedirse de su hermano con un beso en la mejilla. – Nos vemos después, Linc. – Al terminar de decir eso, partió rápido a su trabajo.
Lincoln se tocó la mejilla, teniendo un sentimiento muy fuerte que recorría pecho. Entonces miró las llaves que tenía en sus manos y se preguntó de qué hablaba Lana con que las iba a necesitar. Caminó hacia la puerta principal de la casa, y la vio estacionada frente a la cochera. Una camioneta pick up de color rojo, se veía algo vieja, pero Lana le había dicho que la había reconstruido.
¿Lana había reconstruido esa camioneta? Lincoln estaba impresionado. Se acercó a levantar el capó para ver el motor y todo se veía perfecto. Incluso el motor brillaba. ¿De dónde lo había sacado Lana? Parecía nuevo y uno muy bueno. Lincoln le sonrió a esa camioneta y regresó a la casa con las llaves en sus manos, listo para llevar a Lily al colegio.
– ¿Lista, Lily? – le preguntó sonriendo a su hermanita, quien tomaba su mochila y cargaba sus cosas.
– Sí, papi. – Ella se dirigió a la salida, hasta que vio a Leni bajar las escaleras hacia ellos.
– Hola Linc. ¿A dónde van? – se veía sonriente y campante por hablar con su hermano y su hermanita.
– Oh Leni, voy a llevar a Lily a la escuela, ¿quieres venir? – contestó mostrándole las llaves de la camioneta de Lana.
– Oh… ¿La– Lana… te prestó a Lucille? – preguntó Leni, algo desanimada.
– Sí, Leni… Espera, ¿le llamó Lucille? – Lincoln alzó una ceja, pero junto a una sonrisa.
– Sí… Fue porque le había gustado mucho y dijo que era como su "bebé". – Leni volvió a bajar su semblante.
–Je je, bueno, ¿te gustaría venir, Leni? – Lincoln no sabía que tenía su hermana, pero había algo raro, un tanto melancólico.
– No Linky, no te preocupes. Te espero aquí, no te preocupes. – dijo ella con firmeza, aunque se veía algo triste, pero sonreía para no preocuparlo.
– Leni, ¿estás bien? – Lincoln sabía que ella ocultaba algo, hasta que Lily intervino entre los dos.
– Oye Leni, ¿recordaste tomarte tus pastillas? – Lily se puso en medio de ambos, únicamente para verla.
– Oh… Tienes razón, Lily. Perdón. – Leni le sonrió con confianza a su hermanita.
– Vamos por ellas, aún tenemos tiempo mi papá y yo. – Lily tomó la mano de su hermana mayor y la llevó escaleras arriba.
Lincoln sabía muy poco que Leni tenía depresión, apenas había pistas que lo llevaban a esa conclusión, pero si era eso, entonces haber perdido sus sueños la había afectado mucho más de lo que se imaginaba. Leni puede que nunca haya sido muy lista, pero era una de las chicas más importantes de su corazón y ahora que estaba en su hogar podría tratar de ayudarla. Ayudarle a encontrar un nuevo sueño.
Y quizás encontrar un sueño de su lado.
Lincoln subió las escaleras para hablar con Leni, las vio a las dos en el baño con el frasco de pastillas. Leni ya se había tomado unas de las pastillas de su frasquito.
– Oye Leni… ¿Qué tienes? – Lincoln se acercó al baño para verlas.
– No… No es nada Linky… simplemente me sentí mal por un momento, pero ya estoy bien. – Leni guardaba su medicación en el gabinete del baño.
– Bueno, pero… Es que te vi un poco mal y quería verte. – Lincoln se acercó a ellas. Discretamente.
– No te preocupes, Papi. Leni está bien, solo necesitaba tomarse sus pastillas. – Lily respondió tratando de que ambas no se vieran nerviosas por lo anterior, más que nada porque no querían preocupar a su hermano.
– Sí, Linc… No te preocupes. – dijo Leni sonriéndole cansada a su hermano. Ambas fueron al cuarto de las hermanas mayores para que Leni descansara.
– Oye Leni, si necesitas algo sólo dime, ¿sí? – pidió su hermano, rodeándola con su brazo izquierdo – No te quiero ver abajo, quiero que estés siempre en alto.
– ¿Entonces ya no puedo bajar las escaleras? – preguntó Leni confundida – ¿Entonces cómo voy a bajar a cenar, Linc? – Lincoln soltó una risita por las palabras de su hermana.
– No me refiero a eso, Leni. – aclaró, dirigiéndola a su cuarto – Tú tranquila, ¿sí, preciosa? Y yo nervioso. – Linc le beso la frente a Leni, lo cual hizo que se tranquilizara.
– Ok…– correspondió ella, sonriéndole a su hermano – Oh. por cierto, te quería dar algo. – Leni entró a su cuarto y buscó algo en la cajonera que tenía cerca de su cama, luego volvió a acercarse a Lincoln y se lo extendió. Era un pequeño celular, y él lo reconoció al instante, ya que ese era el viejo móvil de Lori.
– Hey… el teléfono de Lori. – Miró a Leni con una sonrisa, al recordarlo.
– Sí, ella lo dejó cuando ya no le servía, y decidí que sería buena idea dártelo a ti, para que siempre estuviéramos en contacto. – Ella le respondió con la misma sonrisa que él le daba.
– Gracias, Leni…– le agradeció Lincoln, abrazando a su hermana, ella hizo lo mismo y se mantuvieron así por unos instantes. Lily no quería detener ese momento entre Lincoln y Leni, pero el tiempo se movía rápido y tenían que irse.
– Papi… No es por nada, pero ya debemos irnos – dijo Lily con un tono premura.
– Estaré de regreso pronto, y si me necesitas…– Lincoln señaló el celular – ...llámame – le guiñó el ojo a Leni, lo cual ella tomó con una sonrisita y ambos ojos cerrados.
– Bien… Vamos, Lily. – Lincoln le dedicó una última sonrisa a su hermana y se apresuró a bajar las escaleras.
Al abrir la puerta, afuera en la entrada estaba una caravana funeraria. Lincoln no pasó eso por alto y se interesó en quien estaba ahí: Haiku… La amiga gótica de Lucy salía de ahí, con un vestido completamente oscuro, algo un poco siniestro, que sin duda revelaba su personalidad, sin ninguna expresión. Había venido por Lucy, pero al verlo a él parado en el porche se quedó paralizada. Su rostro, que mantenía una mirada inexpresiva, quedó completamente sorprendido, sin poder apartar la mirada ni siquiera por un segundo. Lincoln alzó una mano saludándola, y Haiku levantó la suya tímidamente, pues no podía creerse que Lincoln estuviera parado ahí. Incluso creía que estaba alucinando, viendo un fantasma, y aunque eso no estaba tan alejado de la realidad para Lincoln, simplemente lo veía y no se lo creía.
Lucy apareció detrás de sus hermanos, colgándose su mochila, lista para ir a su universidad, no sin antes despedirse de Lincoln con un beso en la mejilla y un abrazo. Eso lo que hizo sentir bien. La chica Loud bajó los escalones del porche y Haiku la miraba confundida, pues no le había avisado que su hermano iba a regresar, ella simplemente asintió con su mirada… Antes de marcharse, mirando únicamente a su hermano, Lucy levantó su mano izquierda para despedirse por segunda vez de su ex soldado, el cual le correspondía despidiéndose de la misma forma. Lucy subió a la caravana funeraria y Haiku hizo lo mismo.
– ¿Por qué no me avisaste que tu hermano había regresado, Lucif? – le preguntó Haiku a su hermana de las tinieblas, la cual no contestó, simplemente desvió la mirada hacia su hermano, guardando el más absoluto silencio – Tu boca nuevamente está sellada… Pero tus letras me revelarán la verdad, no creas que yo no conozco esa soledad, Lucy. – declaró, poniendo en marcha la carroza funeraria.
Lincoln sonrió levemente, pues pensaba que Haiku y Lucy se habían vuelto mejores amigas, y se sentía muy raro pues, ¿cuándo se ha visto que recojan a alguien en una carroza funeraria? Pero no importaba realmente, era alguien de confianza para Lucy.
Por eso, simplemente se relajó y abrió la puerta de la camioneta, se sentó en el asiento del conductor y le abrió la puerta a su hermana. Ella subió y con una sonrisa vio a su padre. Lincoln examinó todo, el volante, el kilometraje detrás, el fele, los espejos retrovisores, la palanca de cambios. No parecía un Convoy militar y menos una Hummer blindada, así le parecía mejor.
Pero lo que más le llamaba la atención era que en el volante estaban las letras cromadas de Lucille.
– ¿Estás lista, Lily? – preguntó Lincoln metiendo llave al relé de arranque.
– Lista, Papi. – Dijo emocionada por ir por primera vez a la escuela con su padre. A la primera girada de la llave, la camioneta comenzó a ronronear como un gato. – Je jeh parece que le agradas a Lucille.
– Wow… ¿Con qué alimenta Lana a este bebé? – Lincoln sonrió sintiendo la camioneta correspondiéndole.
– No lo sé, pero siempre le da mantenimiento. – respondió Lily acariciando los asientos de piel que ella le había puesto a su camioneta.
– Bueno, ¿pues qué esperamos?
Al terminar de decir esto, el ex soldado quitó el freno de mano, metiendo reversa y tomando rumbo al camino de la escuela donde él había estudiado ya hace muchos años atrás. Se sabía el camino de ida y vuelta de tantos años que había estudiado ahí. Además, reconocía cada una de las calles mientras manejaba. Por momentos conducía despacio, en otros lento, pues quería ver cada una de esas calles para sentir la nostalgia subir por su espalda. Contemplar los lugares y los recuerdos que cada una de esas cosas tenían. No despegaba las manos del volante pues no tenía realmente una licencia para conducir, por lo que debía de ser muy precavido para que no lo fueran a multar. Aunque eso ya no importó cuando llegaron a la escuela de Lily. Lincoln apagó la camioneta y se levantó únicamente para ver la institución, donde había vivido tanto y tantas experiencias. Fue su segundo hogar durante sus primeros años de formación académica, y ahora la veía como un símbolo de su infancia y su adolescencia.
Antes creía que ese lugar hacía que el tiempo se hiciera lento. Las clases solían durar una eternidad. Los exámenes en algunos casos le hacían explotar la cabeza. Los recreos, que se esperaban con tanta anticipación. Las clases de educación física siempre lo dejaban sudoroso. Y las constantes bromas pesadas del amor de su vida, Ronnie Anne, las largas y extensas miradas que le dedicaba de manera tan indiscreta a la señorita DiMartino, los proyectos, tareas y estudios que tenía que hacer cada mes o semana… Al ver esa escuela después de tanto tiempo de la primera vez que salió de ahí, pensaba que se vería como alguien superior, alguien que diría que superó esa escuela y a las personas de ahí… Pero ahora quería volver a pasar esos días eternos de su infancia y adolescencia, en esa era tan alejada ya.
– Vamos pá, las clases ya están a punto de comenzar. – Lily ya se encontraba en la entrada y estaba llamándolo para que fuera con ella.
– Uh… Sí, Lily. – Lincoln dejó de recordar y se enfocó en el hoy y el ahora. Con su hermana… Con su hija adoptiva. – Perdón… Pero es que al ver esta entrada empecé a recordar mis tiempos de escuela. – dijo, caminando con ella por la entrada.
– ¿Ah sí, Papá? ¿Y cómo eran? – La pregunta de ella nuevamente convocó a la nostalgia del ex soldado, simplemente se dejaba invadir por los recuerdos de una era más sencilla…
– Bueno, mi niña…– Linc una mano en la cabecita de su hermana, acariciándola, sonriendo mientras agregaba – Era como vivir un día eterno.
Caminar por los pasillos de la escuela era como un desfile de recuerdos para Lincoln. Los casilleros a ambos lados de los pasillos, los bebederos de agua colocados estratégicamente en algunas partes, los baños de chicos y de chicas, y los salones superiores. No había nada que no le trajera nostalgia a Lincoln. Mucho más su salón de clases, todo lo miraba con una cara de melancolía. Hasta llegar a la oficina de la directora Johnson, cuya puerta tenía grabado ese nombre, Lily estaba nerviosa pues no quería que su papá escuchara todo lo que ella tenía que decir, y mucho menos su maestro, pero no tenía opciones realmente. Aunque la alegraba que su padre la hubiera acompañado a este sitio lleno de recuerdos. También se sentía algo mal porque su padre tenía que escuchar todo lo que ella tenía que declarar sobre sus actitudes.
Lincoln golpeó suavemente la puerta de la directora Johnson.
– Un momento, por favor. – habló la directora al otro lado de la puerta, en la oficina principal. Entonces, al final, su maestra se terminó convirtiendo en directora… No podía evitar sentirse bien por ese logro y no era para menos, después de todo ella había sido quien le había enseñado durante tantos años de formación académica.
Al abrir la puerta, la señorita Johnson ya no era una señorita, sino una señora algo afectada por su edad. Debía tener alrededor de 50 o quizá alcanzaba los 60, con su siempre leal suéter de cuello de tortuga y unos lentes con una correa que los sostenía cuando no los llevaba puestos. Miró a Lily, y al elevar la cabeza y ver a uno de sus mejores estudiantes, se cubrió la boca, se paralizó al tenerlo allí enfrente.
– Hola, señorita Johnson…– la saludó Lincoln, tanto como un hombre como un chico.
– Dios… Lo veo y no me lo creo…– musitó la directora, acomodando sus lentes para corroborar que su visión no le fallaba. Efectivamente, no era una ilusión de sus ojos o algo parecido, era su alumno al que la vida había llevado a Afganistán, y ahora estaba nuevamente frente a ella, no como un joven, sino como un hombre adulto, ya en víspera de sus 24 primaveras. Puso sus manos en los hombros del ex soldado, ese alumno de sus tiempos como maestra ya había regresado del campo afgano – Lincoln… ¿Cuánto tiempo ha pasado?
Lincoln le sonrió a su maestra y tranquilamente respondió – Bueno, esa pregunta es difícil, maestra. ¿Desde que me gradué? ¿O desde que me fui? – decía sin quitar su sonrisa.
– Je je… Wow… En serio que lo veo… Pero no me lo creo, Lincoln. – La directora Johnson apreciaba no sólo las facciones del rostro de su alumno, sino todo lo que había crecido en todo ese tiempo.
– Bueno, supongo que todas mis hermanas hicieron lo mismo cuando me vieron. – respondió Lincoln tomando la mano de su hermanita.
– Entiendo, Lincoln. – La directora Johnson asintió con la cabeza – Pero por favor, entra, tenemos mucho de qué hablar. – Se hizo a un lado para que su alumno y la hermana entraran. Lincoln podía apreciar que había decorado la dirección con muchas de sus cosas y recuerdos, incluso en su escritorio, en medio de todas las cosas, había una foto de ella y el entrenador Pacowski sosteniendo a un bebé… Entonces, ella finalmente había podido formar una familia. ¿Quiénes más ya habían logrado ese sueño? Lincoln no lo sabía… Pero se preguntaba cómo habría sido si sus hermanos en armas hubieran vivido para ver ese futuro que nunca sería. ¿Cómo habría sido… si Clyde hubiera sobrevivido?
– Realmente esperaba a que viniera tu hermana Lana o Leni, ya que ellas son las que están más al pendiente de Lily. Pero nunca pensé que te vería hoy, Lincoln. – La directora se sentó en su escritorio aún sin quitar su sonrisa de ver un viejo rostro conocido, y mejor aún, de un alumno cuyo rastro ya no era visible en Royal Woods.
– Bueno… Yo tampoco, si soy sincero, pero aquí estoy. – Lincoln le sonrió a su maestra. – Hace unas semanas me dieron la baja militar y la semana pasada regresé. – dijo, rodeando a su hermana con el brazo.
– Bueno, supongo que hablo por todas y todos cuando digo que es todo un orgullo verte de nuevo, recuerdo que eras uno de los mejores alumnos que podíamos tener. Y también recuerdo que estuviste en el cuadro de honor junto a Rusty, Zach, Liam y Clyde. – Al mencionar a Clyde, Lincoln bajó la cabeza. El simple hecho de recordar a su mejor amigo y hermano de toda la vida era algo… que le rompía el corazón y el alma.
– Sí… Éramos los mejores…– El tono de Lincoln era apagado comparado a lo que había estado hablando.
– Lincoln… estuve en su funeral. Realmente fue algo que me partió el corazón y… nunca pensé ir al funeral de uno de mis estudiantes. – La directora se quitó los lentes y comenzó a tallarse los ojos. – Yo creí que uno o dos de mis estudiantes irían a mi funeral… Pero jamás al revés. Ahhh… Lo siento Lincoln, pero al igual que tú y muchos otros, yo apreciaba mucho a Clyde, simplemente verlo dentro de un féretro fue… un golpe muy duro… No puedo ni imaginarme como fue para ti – Terminó de decir para volver a colocarse los lentes.
– Sí… Fue un golpe muy duro…– Lincoln no apartaba los ojos de sus manos. Hacía un esfuerzo titánico para resistirse a parpadear, porque cuando lo hacía lo veía en sus brazos, con el cuerpo lleno de heridas de bala, desangrándose y aceptando la mano fría de la piadosa muerte que le ofrecía acabar con su sufrimiento. – Pero no se preocupe, señorita Johnson. Clyde fue un gran hombre, un excelente amigo y un soldado que luchó por su patria. Y…– comentó, recordando los últimos días de su amigo – ...el mejor hermano que un hombre podría desear…
– Me lo imagino, Lincoln. – La maestra Johnson le sonrió a su ex alumno, ya tratando de dejar de lado la melancolía de hace momentos. – Bueno… *ejem* con– como decía Lincoln, es todo un orgullo verte de nuevo. – el humor de la directora Johnson comenzó a mejorar – ¿Y cómo te dieron tu baja militar? Escuché que estuviste cuatro años en servicio. – agregó la ex maestra, mientras tomaba un papel de su escritorio para escribir algo.
– En realidad fueron cinco, señorita Johnson, este año también contó. Estuve en Kabul cinco años, y ya hace unos meses me preparaba a venir a casa… Se podría decir que, bueno… Cumplí bien con mi deber y con el tiempo que debía cubrir los ataques terroristas. Aunque no me regresaron a casa por esos motivos en realidad.
– ¿Ah no? ¿Entonces por qué fue, Lincoln? – La señorita Johnson lo volteó a ver.
– Bueno… Fue por algo ajeno al tiempo que debía permanecer, aún me faltaban tres meses para volver a casa y terminar con mi servicio militar con honores… Pero… – el ex soldado levantó la parte derecha de su pantalón para que su profesora viera la pierna de metal – El destino tenía... otros planes…
La directora Johnson dio un jadeo de impresión y luego se cubrió la boca al ver el miembro perdido de su alumno.
– Dios mío, Lincoln… Lo… Lo siento tanto, no tenía idea de que había sido tan grave – Al igual que la madre y las hermanas Loud, ella tampoco se esperaba eso.
– No se preocupe, señorita Johnson. – El ex soldado la trató de tranquilizar con sus palabras, y volvió a cubrirse bien su herida de guerra. – Como bien les dije a mis hermanas y a mi mamá ayer, es sólo una cicatriz y fue lo que me hizo volver. Y la verdad, solo es una pierna, tengo otra de repuesto. – dijo, golpeando suavemente su prótesis.
– Espero no ser indiscreta, pero ¿cuánto fue el daño, Lincoln? – la directora seguía apreciando a su alumno y su pérdida.
– Bueno. Pisé una mina subterránea en una tormenta de arena, no pude verla pues… tenía la vista completamente nublada. El médico militar me dijo que perdí completamente el pie, seguido de mi peroné y mi tibia. El daño se extendió por todo esto… – explicó el veterano, apuntando los distintos sitios de su pierna. – Hasta la rodilla, el doctor me dijo que aún me quedaba un poco de mi gemelo externo y que el interno estaba completamente destrozado, por lo que tuvo que amputarlo por las quemaduras y que me volé varias arterias importantes. Fue una suerte que mis compañeros de escuadra lograran detener la hemorragia en el Convoy de emergencias. Además, el doctor me dijo que tuvieron que extraer varios fragmentos de metralla de mi otra pierna, la cual también sufrió algunos daños severos en varias arterias igual de importantes. Pero me dijo que tuve mucha suerte de que la mina únicamente me haya destrozado la derecha, pudiendo conservar la izquierda, porque de lo contrario estaría en una silla de ruedas, y tenía toda la razón, hubiese sido mucho peor. – Al terminar está explicación, Lily lo abrazó muy fuerte, no podía creerse que en realidad su hermano había pasado por todo eso.
– Entiendo, Lincoln… De antemano lamento mucho tu pérdida. – La directora afrontaba la realidad que pasaba su exalumno apenas regresado de Afganistán.
– Está bien, señorita Johnson, a diferencia de lo mucho que me gusta estar junto a mi familia y volver con la gente que amo… – se dio otro par de golpecitos en la prótesis – Esto es solo un rasguño, nada se compara o supera la compañía de la gente que representa más que una cicatriz. – Lincoln abrazó a su hermana.
– Me agrada saber que sigues siendo tan optimista, querido. – dijo la maestra sonriendo. A pesar de su miembro fantasma parecía que él estaba realmente feliz de estar allí. ¿Pues qué soldado no anhela volver a su hogar?
– Sip, así soy yo. – Lincoln soltó a su hermana. – Y bueno, ¿para que mandó a llamar a mis hermanas Lily y Lana? – preguntó, volviendo a acomodarse en su asiento.
– Oh, cierto, por todas las emociones que he estado teniendo casi se me olvida… – La directora tocó el botón de encendido de su micrófono y las bocinas de la escuela se encendieron – Profesor Randy, ¿podría venir a mi oficina, por favor? – luego ella revolvió entre los expedientes para buscar el de Lily, de modo que un par de minutos después cuando el profesor se presentó, la directora ya lo tenía entre sus manos.
El maestro de Lily entró, era un hombre mayor de aspecto amargado.
– Buenas tardes, directora Johnson, buenas…– el profesor Randy se quedó viendo a Lincoln, nunca lo había visto en persona realmente, solo lo conocía de oídas. Había escuchado sobre cómo se veía, el color de su cabello, ojos y piel, y que estaba en Afganistán luchando por el país – Vaya… Usted debe ser el señor Lincoln Loud. – dijo, estrechando su mano.
– Afirmativamente. – respondió Lincoln correspondiendo el saludo del profesor de su hermana – Y usted debe de ser el maestro de Lily, si no me equivoco.
– Eso también es correcto…– El maestro escudriñó al ex soldado de arriba abajo – ¿Sabe? He escuchado muchas cosas sobre usted, me imaginaba algo muy diferente…
– ¿Ah sí? ¿Cómo qué? – Lincoln arqueó una ceja.
– Bueno, principalmente no creía que en realidad tuviera el cabello blanco. Pero hasta la persona más escéptica puede equivocarse. – admitió el profesor, sentándose en una silla cercana al escritorio de la directora – ¿Usted estuvo en el ejército, señor Loud?
El maestro seguía sin apartar la mirada del veterano.
– Y sip. Estuve de servicio durante cinco años en Afganistán. ¿Por qué la pregunta? – respondió Lincoln mirándolo atentamente.
– Bueno… Escuché varias cosas de su… ¿hija, hermana? – El maestro miraba a su alumna, confundido, pues nunca se había aclarado qué era Lily para Lincoln y esperaba respuestas de la directora o el ex soldado.
Lincoln frunció un poco el ceño ante la pregunta. Lily era su hermana, pero ella lo veía como un padre, pues… Lincoln sintió mucha nostalgia y tristeza al recordar al señor Loud.
– Es su hermana – respondió la directora.
– Eso. Además de que mi padre estuvo en Vietnam, y reconozco un soldado americano cuando lo veo. – dijo el señor Randy rascándose la frente – Por cierto, es todo un orgullo que un soldado de la marina pueda acompañarnos hoy – dicho esto, se levantó nuevamente de su asiento para hacer un saludo militar.
– No se preocupe, puede sentarse. – dijo Lincoln tranquilo, aunque se le hizo algo muy curioso que lo saludaran así. En la marina era normal, pero en casa realmente no, y quería olvidarlo.
– Discúlpeme, señor Loud, pero mi padre me enseñó que al saludar a un soldado debo hacerlo como se merece, como la patria nos ha enseñado y con el debido respeto que les debemos – replicó el profesor para luego apartar su mano de la frente.
– Bueno, pues… Es un orgullo servir a mi país…– respondió Lincoln bajando la voz al recordar todas las cosas que había hecho por su nación – Creo…
– Me lo imagino, señor Loud. Siempre es un orgullo. – dijo el profesor sonriéndole al ex soldado – Bueno… Ahora yo realmente esperaba que viniera su hermana Lana o su otra hermana… Eh… ¿Cómo se llamaba, disculpe? – se veía algo apenado por no recordar el nombre de la segunda hermana mayor de Lincoln.
– Es Leni. Leni Loud, Profesor Randy – respondió Lincoln, un poco extrañado por eso.
– Sí, Leni. Usualmente ellas tutorizan a su hermana Lily. Más su hermana Lana es la que más ha estado atenta al desarrollo académico de su hermana Lily, señor Loud, más que nada porque su hermana Lana me ha dicho que su madre… tiene algunos problemas de salud serios, de antemano mis condolencias, señor Loud – había cierto respeto en sus palabras.
– No se preocupe, profesor Randy, Mamá está bien, simplemente necesita algo de reposo. No creo que haya sido fácil para ella mantener a once niños por su cuenta…– Lincoln recordaba todos esos meses y años que su madre tenía que sostener la casa por su cuenta, luego del deceso de su padre.
– Me lo imagino, señor Loud. Bueno, en todo caso, a sabiendas de que usted ha venido, supongo que no sabe la situación de la señorita Lily Loud.
El maestro miraba a la directora, la cual ya tenía el archivo de su alumna en las manos, y ella a su vez miraba algo nerviosa esa carpeta.
– Bueno… Lo único que he sabido de mi hermana es por las cartas que me han mandado y además…– dijo Lincoln, sonriéndole con confianza a Lily – ...por lo que he podido ver con mis propios ojos.
Lily, al sentir la mirada de su padre, agarraba más confianza y el miedo desaparecía.
– Bueno, señor Loud – empezó el profesor, sacando unos papeles – La señorita Lily Loud es una excelente alumna, eso no puedo negarlo, ha sacado las mejores notas de la clase durante ya hace algunos años, su promedio… es muy sobresaliente y ha estado en el cuadro de honor más de una vez. – entregó a Lincoln varias calificaciones de Lily, entre ellas Matemáticas, español, Ciencias, todas ellas con más de 9 o 10 – Incluso en clases de Educación Física y Arte es en las que mejor se desempeña, todo eso es bueno. ¿Qué digo bueno? Es excelente, señor Loud.
Lincoln veía y escuchaba todo eso con una sonrisa. Si antes estaba orgulloso de su hermana, ahora lo estaba al doble, pues saber que ella era una estudiante sobresaliente le hacía sentir muy bien.
– Dios… Lily, esto es asombroso.
Lincoln veía y le sonreía a su hermana, estaba completamente anonadado. La pequeña también sonreía… pero de manera algo más tímida y discreta, pues sabía que venía a continuación.
– Sí, es algo muy asombroso, señor Loud… Pero nos preocupa algo de ella, de hecho, lo he hablado mucho con su hermana Lana y Leni, y espero que ellas lo hayan tomado bien, como un consejo para que su madre pueda hablar con ella…– El maestro miraba a los ojos a Lincoln. – Ella… Es una niña muy buena, pero desde hace unos meses hemos tenido quejas de sus otras compañeras y de algunos maestros porque Lily los ha agredido, tanto física como verbalmente.
– Espera… ¿Qué? ¿Por qué? – el rostro alegre de Lincoln cambió a uno de preocupación.
– Bueno… Su hermana no nos ha querido explicar el porqué. Tenemos varias teorías que hemos respaldado con lo que hemos visto y también de sus conductas y es que…– El profesor se aclaró la garganta – A ella le duele que hablen de usted…– Lily, al volver a escuchar eso, se encogió de hombros, mientras Lincoln escuchaba atentamente lo que el profesor de ella decía confundido.
– ¿Cómo? No entiendo, explíqueme por favor, profesor Randy. – Lincoln se acomodaba en su asiento, aun tratando de procesar lo que había escuchado.
– Escuche, señor Lincoln, nosotros le hemos tratado de explicar muchas cosas a su hermana. Y ahora pues… más que nada queremos ayudarle a entender que hay momentos y lugares en donde ciertas conductas y palabras no pueden ser apropiadas, y que, si tiene problemas, nos diga qué ocurre para tratar de ayudarla. – Lily volvió a encogerse de hombros, pensaba en todas las veces que decía lo que ocurría a ese hipócrita de ahí, pero nunca le hacía caso, y a las demás sí, por lo que la habían metido en tantos problemas – Además de que no queremos que siga agrediendo a sus compañeras. – Terminó de decir de una manera tranquila.
– Profesor Randy, le pido que me explique. ¿Por qué me dice esto? – dijo Lincoln completamente serio.
El profesor miró a su alumna algo indeciso, pero entonces simplemente dio un suspiro y lo dijo. – Es… por su padre señor, Loud. – Lily se escondió en las espaldas de Lincoln al escuchar eso, pensó unos instantes lo que el maestro había dicho, y todavía faltaba por decir, no quería que ella estuviera ahí para escuchar sus palabras.
– Oiga, señorita Johnson, ¿Lily podría salir? Creo que esto es un asunto algo más delicado y pues… necesito que se distraiga un poco.
La maestra comprendió la situación.
– Lily, ¿podrías salir por unos momentos? Tu padre y yo estaremos hablando, ¿sí? – La directora miró a la estudiante y ella asintió con la cabeza, Lincoln se levantó junto a ella y la acompañó a la puerta. Una vez afuera, se arrodilló a su altura para verla a los ojos.
– Lily, voy a hablar con tu profesor y mi maestra, si quieres ve al patio de juegos o a la cafetería, ahorita te veo, ¿está bien? – dijo, tomándola de los hombros, a lo cual ella no supo qué decir o responder, tenía muchas cosas dentro suyo que querían salir.
– Papi… Odio al profesor Randy… Odio esta escuela… Odio a mis compañeros y odio seguir viniendo. – Lincoln no supo cómo tomar esas palabras de su hermana, eso revelaba mucho – Solo quiero que este año termine para ya no tener que soportar más todo esto… Quizás cambiarme de escuela… Es lo que más quiero. – Lily retenía las lágrimas, aunque en su voz ya se había quebrado.
– Hey nena, ¿por qué dices eso? – Lincoln miraba preocupado a los ojos azules de su hermana.
– Porque todos se burlan de mí, me molestan y me dicen que soy una tonta y loca por creer que tú eres mi papá. – Ahora las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Lincoln simplemente la abrazó tratando de aliviar un poco su sufrimiento.
– Nena, Lily, no me importa lo que digan ellos, lo que piensen o las acusaciones que hagan para hacerte sentir mal, tú siempre serás mi hija. – dijo, volviendo a mirarla a los ojos. Ella seguía llorando, pero estaba feliz de lo que le había dicho Lincoln – Recuerda esto, Lily, yo te amo y eso nunca va a cambiar, ¿de acuerdo? – Ella asintió con la cabeza. – Eres mi orgullo, Lily, eres mi todo y sin importar lo que digan, yo soy tu papá y siempre lo seré, ¿Entiendes?... – Lincoln no apartaba en ningún momento la mirada de los ojos de Lily.
– S– Sí… Sí lo entiendo papi…– Ella volvía a asentir con su cabeza.
– Muy bien…– Lincoln le besó en la frente para que se tranquilizara – ¿Tienes por lo menos a una amiga aquí? – preguntó, esperando que su hermana tuviera a alguien confiable, al igual que él tenía a Clyde.
– Sólo a Sasha…– respondió su hermana bajando la mirada.
– ¿Y quién es Sasha? – preguntó Lincoln, pacientemente. Ella no se pensó mucho la respuesta en realidad, por lo que simplemente se lo dijo como era.
– Es mi mejor amiga… con ella he pasado muy buenos momentos. – Lincoln le limpió las mejillas a su hermanita con sus pulgares.
– ¿Ya ves, princesa? No estás sola, ¿y sabes?, a mí también me solían molestar por ser diferente, más que nada una persona en particular. ¿Pero sabes por qué era? – le dijo, sonriéndole abiertamente a su hermana.
– ¿Por qué, papá? – Lily comenzaba a ver a su padre no como un adulto, sino como un niño al igual que ella, con problemas, con pocos amigos y con gustos y distracciones diferentes. Ciertamente, aunque él tenía un grupo de amigos, nunca supo encajar en un círculo social tan amplio más que con sus hermanas.
– Porque yo le gustaba…– Lincoln sonrió al recordar al amor de su vida haciéndole tantas bromas, molestándolo, e incluso a veces lanzándole o metiéndole comida en su ropa interior, ¿cómo su bully se volvió el amor de su vida de un día para otro? – A veces la gente te molesta cuando les gustas, como a mí me pasó. Pueden molestarte también porque tienes o haces cosas que ellos no y por eso se sienten celosas, o simplemente lo hacen porque tratan de hacer más interesantes sus vidas.
– Entonces… ¿Ronnie Anne te molestaba, papi? – preguntó Lily, mejorando su humor.
– Así es, Lily, ¿y sabes por qué lo hacía? – preguntó, juntándola más a él – Porque quería que le prestara atención, como me dijeron las chicas en su momento. Si una chica molesta a un chico es porque le gusta y al final resultó ser cierto, je jeh. Pero también aprendí otras cosas de otros chicos que me molestaban, y era que cuando tú puedes hacer o ser algo que ellos no, se sienten celosos de ti, se burlan porque eres diferente y hay que aclarar que ser diferente no es nada malo si sabes cómo demostrar lo que te hace tan diferente y especial, y ellos al no sentirse especiales buscan la manera de hacerte sentir menos. ¿Entiendes nena? – Lincoln le sonreía a su hermanita.
– Si, papi, lo entiendo bien…– Lily le sonreía de vuelta, las palabras de su hermano y padre la estaban haciendo sentir mucho mejor.
– Esa es mi niña. – Lincoln la abrazó lo más fuerte que pudo, evitando lastimarla – Eres mi orgullo y el orgullo de nuestra familia. Que nadie trate de hacerte sentir mal, que no te importe lo que piensen de ti, tú eres tú y ellos siempre serán ellos, en su forma tan incorrecta de ser. Que nadie intente quitarte tu felicidad, ¿de acuerdo? – Lily sonreía por todo el apoyo y comprensión que su padre le estaba dando, además de sus consejos y su cariño incondicional.
– Sí, papi… Gracias…– Lily abrazaba a la única figura paterna que ella realmente podía recordar, la que estuvo ahí en sus primeros años de conciencia infantil, el que la arropaba, cuidaba y se preocupaba por ella, el que iba por ella al preescolar, a sus primeros años en la primaria, y el hombre que sin importar lo ocupado que estaba en su propio hogar, nunca le negó su compañía. Y ahora, finalmente la volvería a ver crecer.
– Muy bien Lily, ahora ve a distraerte un rato, ¿sí? Voy a estar hablando con tu profesor y la directora. – Lincoln se separó de ella únicamente para verla a los ojos.
– Sí, Papá – antes de que ambos se separaran, Lily le dio un pequeño beso en la mejilla a su hermano, seguido de una sonrisa – Estaré aquí cuando termines.
– Esa es mi niña. – dijo Lincoln, acariciando el cabello de Lily. Vio cómo ella se alejaba por los pasillos, para entonces tocarse la mejilla. Una persona que representaba completamente su hogar. Luego miró nuevamente a la puerta de la directora y se condujo a sí mismo para hablar con su ex maestra – Disculpen la tardanza, pero tenía que decirle algunas cosas a mi hermana…– Lincoln tomó asiento donde estaba anteriormente.
– Bien, Lincoln… Sabemos que es un tema delicado.
La maestra del instituto asintió con la cabeza, mientras que el profesor seguía mirando algo extraño al ex soldado.
– Muy bien, profesor Randy, ¿qué es lo que tiene que decirme?... – inquirió Lincoln, mirando al maestro serio y aún más por lo que su hermana le había dicho acerca de ese hombre.
– Pues, señor Loud, creemos que todos estos problemas que se han suscitado con su hermana han sido por su padre. Me gustaría hablar del tema si no le es mucha molestia, señor Loud.
El maestro de Lily parecía ansioso de saber la historia detrás de todo ese tema.
– Bueno, no es algo que me cause molestia de hablar… Pero es un asunto que provocó una cicatriz muy profunda en nuestra familia…– Lincoln suspiró pesadamente, simplemente por recordar a su padre y el inicio del problema hasta su horrible final.
– Entiendo, señor Loud. ¿Su padre era…?
– Mi padre era un hombre de bien… Se preocupaba por nosotros y por nuestra salud, desde mi mamá hasta cada una de mis hermanas. Lynn Loud Signor… Ese era su nombre. Papá… Dios, era el mejor padre del mundo. – Lincoln se escuchaba triste pero serio y firme en sus palabras – Aún me sigo preguntando cómo él podía mantener junto a mi mamá una casa de 10 niñas y un niño… Y es que era porque él realmente se preocupaba por nosotros, era un padre devoto a su familia y a sus hijos… Él… era oficinista… Lo recuerdo muy bien… y le pagaban muy bien. – acabó, desviando la mirada.
– Lincoln… Si se te hace difícil hablar de esto, solo dilo. – dijo la directora, mirando algo preocupada a su alumno.
– No se preocupe señorita Johnson. – Lincoln suspiró, pues el simple recuerdo de su padre era… algo que convocaba a la nostalgia más pura. El echar de menos a una persona que más se quiere y que ha influido tanto en la vida.
– ¿Que le ocurrió a su padre, señor Loud?
El profesor miraba al ex soldado tomando nota mental de lo que veía en sus expresiones.
– Bueno… Supongo que ya es un poco obvio de por sí… Pero lo que ocurrió fue que la empresa… quebró, y él terminó desempleado. Nuestro hogar entró en un tiempo de crisis, y durante varios meses, él intentó buscar un trabajo que por lo menos le diera la mitad de lo que solía ganar en su antiguo empleo…– Lincoln se cubrió la boca a medias cuando sus sentimientos comenzaron a aflorar en su interior – Mi papá había encontrado una oportunidad en un departamento de administración empresarial… Se subió a nuestra van familiar… Y nunca volvió. – su voz se doblaba por recordar la última vez que vio a su padre con vida. Y no se ponía mejor al seguir hablando – Esa misma noche, la policía forense llamó a nuestra casa… habían encontrado el auto hecho pedazos en la carretera; los reportes dijeron después que había sido por la culpa de un camionero llamado Groose. A la velocidad que iba en medio de la noche y con su cargamento, había hecho que su camión y la van chocaran de tal manera que Vanzilla fue partida a la mitad. El camionero murió al momento de la colisión, lo encontraron en el asiento del conductor, muerto… Digamos que él tuvo suerte… Pero mi papá… Bueno, digamos que encontraron lo suficiente para identificar quién era. Mi mamá, Lori y yo no dejamos que las chicas vieran el cuerpo, no pudimos permitírselo a ninguna, ni siquiera ante la insistencia de Lola. Cuando lo cremaron, sentí que al menos así podría finalmente descansar en paz. Aunque nunca encontramos un sitio para esparcir sus cenizas, mejor le dimos la opción a mamá para que ella o las conservara o que buscara el momento apropiado…– con estas palabras, Lincoln dio un suspiro pesado.
– Bueno, señor Loud… Mi más profundo pésame por la muerte de su padre. – dijo el maestro, acomodándose en su silla – Yo hace unos años también… afronté la partida espiritual de mi padre.
– Mi papá murió hace doce años… Yo debería tener unos doce, y Lily mucho menos…– Lincoln miró indiferentemente al maestro de Lily – Perdí a mi padre a los doce años… Y mi madre fue el único sustento que tuvimos durante meses y años, aún la recuerdo… Llegaba a las… 2… 3 de la madrugada, tenía sólo cuatro horas para descansar, y luego debía volver a trabajar. Ya casi no la veía… de hecho, ya no veía mucho a mis hermanas mayores, o bueno, a la mayoría en varias ocasiones. La casa, mis hermanas menores y por supuesto, Lily, quedaron a mi cuidado. Me convertí, por así decirlo, en el padre y la madre de mi hogar, y de alguna forma me volví el padre de mi hermanita bebé. – Lincoln siempre recordaba esas épocas con nostalgia y tristeza, recordar la vida después de la felicidad de ser un niño y un día cualquiera. Todo simplemente se terminó en un abrir y cerrar de ojos, con una llamada, lágrimas y la pérdida de un ser querido.
– Entiendo, señor Loud… Créame que puedo entenderlo. Lamento su pérdida, enormemente. – El profesor parecía querer quedar bien con Lincoln, más que nada por su hermana Lily.
– No fue fácil crecer sin un padre… Y mucho menos sin una madre, yo no quería que ella se quedara sin su papá… y simplemente un día yo me volví su todo, sin mamá presente, y sin nuestro padre, yo me convertí en su figura paterna…– Lincoln miró al maestro de su hermana, con una lágrima desbordando de sus mejillas. – Eso es todo lo que debo decirle, profesor Randy, ¿alguna otra pregunta?
El profesor tomó eso no como una pregunta a otra interrogante, sino como una advertencia de que los abusos que sufría su hermana debían detenerse y que nunca más la volvieran a molestar por lo que él representaba para su hija. – No, señor Lincoln… Disculpé si lo molesté con… mi pregunta sobre su padre.
– No me molestó en lo absoluto, profesor Randy. En realidad, fue algo… "liberador", por así decirlo, hablar sobre mi papá nunca fue algo de lo que me guste hablar tan abiertamente. Sí… dar testimonio y pruebas fehacientes sobre lo que es y sigue siendo la cuestión de Lily conmigo, ella es mi hermana, pero nunca le voy a negar que me diga papá. – Lincoln finalizó la charla directo y aunque no sonando amenazante, sí con una advertencia oculta en sus palabras.
La maestra de Lincoln lo notó, comprendiendo absolutamente todo mirando con compasión a su ex alumno.
– Señorita Johnson, ¿le podría dar el día libre a mi hermana? Realmente quiero pasar el día junto a ella. – Lincoln se sentía liberado de alguna forma que no podía explicar. La dirección no podría negarse a su petición...
– Por supuesto que sí, Lincoln, no te preocupes, solo te pido que veas que trate de ponerse al corriente este día y que cuides mucho de Lily, que le des todo tu apoyo. – La señorita Johnson sentía que el corazón se le quería salir del pecho. Y lo demostraba su voz que se doblaba y quebraba.
– Por supuesto, no necesita decírmelo dos veces. – respondió Lincoln, sonriéndole a su maestra.
– Bueno, señor Loud… Fue un gusto poder conocerlo y hablar con usted sobre este asunto. – El profesor Randy se levantaba con una patada muy fuerte a la moral.
– Sí, digo lo mismo, profesor Randy. – Lincoln no quería verlo, pero tenía que hacerlo, así que simplemente le dio una mirada seria.
– Bueno…– empezó, mirando a una esquina de la dirección, mientras la directora abrazaba a su ex alumno.
– Cuida muy bien de tu hermana, Lincoln. – pidió la directora Johnson, abrazándolo fuertemente. – Perdón… de tu hija. – Se separó únicamente para mirarlo a los ojos.
– Claro que sí, señorita Johnson. – respondió Lincoln sonriéndole a su maestra. Mientras que el maestro pensaba en toda la situación charlada con él, suspirando pesadamente por lo que había pasado en esos instantes.
– Bueno… Si tiene el tiempo, dígale a su hermana Lana que… ya no es necesario llevarla al psicólogo.
Lincoln al escuchar eso se dio la vuelta hacia el maestro con una cara de confusión.
– ¿Perdón? ¿Cómo qué psicólogo?
– Bueno, pensábamos pedir ayuda de un profesional para que analizara el caso de Lily.
– ¿Que alguien más se ocupara del trabajo verdad? – inquirió Lincoln, con el ceño fruncido. La directora reaccionó a ese cambio de ánimo tan súbito.
– Lincoln, tranquilo por favor. – pidió, y lo agarraba del brazo tratando de calmarlo.
– Es que pensaba que mejor se buscaran otras opciones para evitar más problemas…– se excusó el profesor, nervioso ante la actitud de Lincoln.
– ¿Entonces, eso es lo que hacen con los niños aquí? Cuando no se les entiende o se comprenden sus problemas, ¿por qué no enviarlos con alguien más que lo entienda? – En la voz de Lincoln se escuchaba una profunda ira y desprecio por lo que ese imbécil había comentado – ¿Así es como funciona esto? O sea que, en lugar de sentarse a escuchar los problemas de un niño, entenderlo y apoyarlo para que no ocurran más, ¿es mucho mejor enviarlos con alguien que sí los escuche? – Lincoln estaba furioso, el maestro de Lily debía sentirse afortunado de que su maestra estuviera ahí para contenerlo.
– No es eso a lo que me refería, señor Loud. – El maestro retrocedía lentamente ante la actitud pasivo-agresiva de Lincoln.
– ¿Ah no? ¡¿Entonces a qué demonios se refería, eh?! Que yo no veo otra respuesta. Lo que mi hermana dijo era cierto, ella tenía miedo de volver a la escuela porque solo escucha a las otras niñas y a ella no. – acusó Lincoln, señalándolo con el dedo
– Lincoln, por favor tranquilo. – La maestra se había puesto en medio de él y el profesor Randy para evitar que la agresión verbal se volviera agresión física.
– No sabe el daño que se le puede hacer a una niña solo por no querer escucharla. No tiene ni la más maldita idea de lo que se siente estar solo, ¡idiota! ¿Sabe lo mucho que un niño puede sufrir por sentir que nada de lo que hace sale bien? – Lincoln había llegado al límite de su paciencia, y si antes no era personal, ahora sí lo era. – El daño que mi hermana ha recibido en esta escuela no es culpa de las demás. ¡Es suya! – le gritó furioso.
– Señor Loud, tranquilícese…– El Maestro ya estaba acorralado en una de las esquinas de la dirección. – Por favor… No haga algo de lo que se arrepienta…– dijo el profesor, completamente asustado por la actitud que Lincoln había tomado. Eso ya lo había vuelto personal, Lincoln lo tomó del siete y con rabia apretó el pedazo de tela en sus manos para que lo viera a los ojos.
– Le voy a decir algo Randy, he conocido personas despreciables en mi vida… Pero apenas lo conozco desde hace media hora y ya lo odio. – le espetó, con ira – Le daré una advertencia, idiota. Usted no se vuelva a meter con mi hija, si me llego a enterar que después de esta charla todo sigue igual con ella, yo personalmente vendré a arreglar el problema, que es usted, ¿ha quedado claro? – El maestro, asustado, asintió con la cabeza a falta de palabras. – Usted no se vuelva a meter con mi familia, con sangre queda que esto nunca más vuelva a pasar.
Lincoln levantó su puño, algo que no pasó desapercibido por ambos. La maestra trató de detenerlo, y hacerlo entrar en razón, y el maestro lo vio atemorizado.
– ¡Lincoln, detente ya! – gritó la directora Johnson con desesperación.
Lily estaba en su casillero, chequeando sus cuadernos, libros y varias cosas que tenía ahí guardadas. En una parte, había una foto de hace algunos años de su papá y ella que siempre tenía presente, hasta que escuchó unas botas por el pasillo, al voltear la vista vio a su papá caminando hacia ella con una sonrisa algo despreocupada.
– ¡Papá! ¿Cómo te fue? – preguntó, cerrando su casillero y saltando para abrazarlo.
– Bueno… hablé con tu maestro y creo que llegamos a un buen acuerdo. – Lincoln aceptó el abrazo con una sonrisa, y agregó mirándola a los ojos – Ya no te van a volver a molestar.
– ¿En serio, papi? – Ella sonreía completamente aliviada al saber que el abuso que sufría en la escuela finalmente pararía. – ¿Y qué hiciste para convencerlo? – Lily sonreía de igual manera a su padre.
– Bueno, digamos que tuve una charla muy convincente con él. – dijo levantándose y tomándola de la mano. – Ah, por cierto, hice que te expulsaran esta semana y la otra, así que vamos a pasar un buen rato juntos.
– ¿Eh? ¿Pero por…?
– No preguntes Lily, simplemente disfruta estas dos semanas, ¿sí? – la interrumpió, sonriéndole con confianza, y acto siguiente le guiñó un ojo.
– Uh… Bueno papi…– asintió Lily, confundida, mientras salían de la escuela para dirigirse a Lucille. Así y todo, subió feliz de poder pasar dos semanas con su papá.
Lincoln subió a la camioneta y la arrancó para dirigirse a su hogar. Iba con una sonrisa tranquila pues, si el maestro no comprendía de esa forma que su hermana no era un simple objeto que podía dejar de escuchar como si nada fuese, entonces les enseñaría a las malas lo que era el respeto a los alumnos.
El camino de regreso a casa no fue largo, pero sí fue curioso, pues Lincoln aún seguía conduciendo despacio para evitar cualquier inconveniente. Todo seguía su curso normal hasta que pasaron por la calle donde se encontraba el hogar de la familia McBride. Lincoln se detuvo allí, desde hacía mucho que no sabía algo de los señores McBride, ni de Harold y mucho menos de Howard, y en serio tenía que hablar con ellos, era necesario pues la carga de culpa que tenía lo obligaba a hacerlo… Quizás no ahora, quizás no en ese momento, pero debía hacerlo.
– Oye Lily… ¿No te gustaría hacer una parada? – preguntó con la voz apagada, y pensando bien en lo que haría.
– ¿Una parada? – ella lo miró confundida, ¿qué clase de parada sería? – Pues sí, sí me gustaría papá…
El día parecía ir mucho más raro de lo que ella imaginaba. Lincoln dio la vuelta para estacionar a Lucille en la entrada del hogar McBride.
Al abrir la puerta, observó el hogar suspirando pesadamente. "¿Qué demonios haces aquí, Lincoln? Sabes que quizás ellos no quieran volver a verte nunca más" – Lo sé… Pero debo de hacerlo… Por Clyde, no puedo simplemente escapar de esto, debo confrontarlo. – se dijo a sí mismo casi en un susurro. "¿Y qué les dirás? ¿Que lo sientes? ¿Qué hubieras preferido ser tú? ¿Que tú no hubieras deseado que esto ocurriera?" – No lo sé, ¿ok? Simplemente tengo que hacerlo… Por Clyde…
– ¿Con quién hablas, papá? – Lily seguía confundida y preguntaba por la conversación que Lincoln tenía consigo mismo.
– No… No es nada, Lily… Solo… hablo conmigo mismo…– respondió él, avanzando junto con su hermana a las puertas del hogar de los McBride. "No sería cobarde regresar a la camioneta ahora que puedes…" – Sí, lo sé, pero ya estamos aquí... Y no podemos retroceder habiendo llegado tan lejos…– tocó un par de veces la puerta del hogar de los McBride.
Esperó pacientemente una respuesta del otro lado, pensando en las palabras que pronunciaría, en lo que haría. Un simple "Hola" sería suficiente para empezar con una conversación. Decir lo de siempre: "Hola Señor McBride, Hola Señor McBride..." y que la conversación tomara el rumbo que debía tomar. No había mucha ciencia en ello, pero sí la había en toda esa situación, en todo lo que se debía de decir acerca del hijo de la familia, en la decisión que tomó al acompañarlo al infierno, en la noticia de que regresaría a casa solo para que su cuerpo fuera enterrado tres metros bajo tierra, y sobre todo el dolor que significaba perder a un hijo tan querido y único como él… En la Paz, los Hijos sepultan a sus padres; en la Guerra, los Padres sepultan a sus hijos. Lincoln esperó junto a Lily durante un minuto entero, sentía que no iban a abrir o que posiblemente no estaban en casa. Pensaba en todas las posibilidades. Y todo apuntaba a que simplemente no querían hablar con él. Lincoln suspiró, si era eso entonces estaba claro que ellos lo despreciaban por haberles arrebatado a su hijo, aunque de manera no directa. Tomó a Lily del hombro y enfilaron nuevamente hacia la camioneta, por lo menos podría decir que lo intentó, y aunque falló, daba la prueba de que su amigo le era muy importante como para querer hablar con sus padres.
– Lincoln…
Una voz masculina algo aguda lo llamó desde la puerta. Al voltear la mirada, vio a los señores McBride. Al igual que los adultos de su infancia, ellos también sufrieron las marcas del tiempo, quizás mucho más por la pérdida de su hijo. Sus miradas no demostraban odio o rencor, simplemente melancolía. Y el primero en hablar había sido Howard.
– ¿Cómo estás, hijo?
El señor Harold hablaba sin muchas emociones, lo que se debiera decir en esos momentos debía decirse ya, y si Lincoln desperdiciaba esa oportunidad, ya no la volvería a tener de vuelta, ya no habría segundas oportunidades y él lo sabía de antemano. Se acercó cautelosamente y los miró a los dos a los ojos.
– Hola, Señor McBride…– saludó, dirigiéndose a cada uno – Hola… Señor McBride…– ambos lo miraron al escuchar sus apellidos.
– Hola Lincoln – respondieron ambos casi al mismo tiempo.
– Yo… estoy bien, simplemente vine a visitarlos y… bueno, ver si todo estaba bien…– dijo aún con el hombro de su hermana menor en la mano. Ella miraba la escena algo extraña pero aun así tranquila.
– Estamos bien, Lincoln… no completamente bien, pero… por lo menos tenemos salud y eso siempre ha sido lo importante. – respondió Harold con un hilo de voz.
– ¿Cómo están tus hermanas? – preguntó Howard a Lincoln mirándolo a él y a su hermana menor.
– Bien… ellas están muy bien. – "Felices de que haya regresado a casa", se guardó esas palabras porque en realidad era necesario, no porque quisiera, sería como contar un chiste de muy mal gusto.
– Puedo imaginarlo, Lincoln…– repuso Howard.
– Y, ¿cómo está tu mamá? – preguntó Harold, tragando saliva.
– Ella… está bien, un poquito enferma pero muy bien en realidad. – respondió el veterano, asintiendo con la cabeza y ocultando sus manos en los bolsillos del pantalón.
– Si… escuchamos algo de que ella no se encontraba muy bien de salud… Espero que se recupere pronto. – dijo el señor Harold.
Un silencio algo incómodo se hizo presente en esos instantes. Lincoln tenía las palabras, pero estaban atoradas en su garganta; quería hablar con ellos, pero apenas y podía mirarlos a los ojos. La muerte de su mejor amigo no había sido su culpa, pero en su corazón sí lo era. Si Clyde y él nunca hubieran sido amigos, a lo mejor estaría ahí junto a ellos dos, pero el mundo no era tal para simplemente desear una cosa y que al día siguiente todo se solucionara mágicamente. Absolutamente todo tenía una consecuencia, y sin importar cuánto se haya querido revertir cada decisión, simplemente no se podía. No era injusto, simplemente había que adaptarse a las reglas del juego, por más dolorosas y malditas que estas fueran…
– Lincoln, ¿no te gustaría pasar a tomar un café? – Howard volvía a avivar la llama de la conversación, Lincoln levantó la mirada ante esa propuesta – Hay galletas para tu hermana si gusta.
Lily, al escuchar la palabra "galletas", sonrió y Lincoln pensó en la propuesta de Howard mientras aún no sabía qué decir.
– S-Sí, señor McBride… Me gustaría un café…– respondió, sosteniéndole la mirada por más difícil que le pareciera.
– Pues adelante, hijo, estás en tu casa. – Harold y Howard se apartaron para darle paso a Lincoln y a Lily. Él dejó que ella entrara delante para luego tomar la dirección dentro del hogar. El primer paso dentro venía con algo de nostalgia. El señor Harold lo rodeó con uno de sus brazos de manera amigable, aunque aún con un poco de tristeza. Al posar su mano en el hombro del ex soldado, Lincoln sintió que le apretaba de manera suave. Al llegar a la sala de estar, el señor Harold le señaló a las sillas y sillones que había ahí. – Lincoln, tú y tu hermana tomen asiento por favor, creo que tenemos mucho de qué hablar.
Esas palabras resonaron en la cabeza de Lincoln. Asintiendo con la cabeza, guio a su hermana a la sala. Conocía ese hogar tanto como al suyo, y no había cambiado mucho, a excepción de las pinturas de las paredes y algunas fotos, pero todo se veía exactamente idéntico a como lo recordaba. Al pasar junto a la chimenea, vio las fotos de la familia McBride, Clyde, Harold y Howard; algunas simplemente con uno de los integrantes de la familia y otras con dos o los tres, pero la imagen del hijo de la familia era la que más abundaba, y Lincoln las apreciaba con cierto dolor en el pecho. Lincoln apartó la vista, aguantándose el caer de rodillas y llorar por la pérdida que más había dolido en esa casa. Al tomar asiento, Howard miró a Lincoln, había mucho que decir, muchas cosas de las cuales hablar y mucho que contar… Pero nuevamente el silencio se hizo presente, si había tanto de qué hablar, ¿por qué no simplemente soltar las palabras ahí y en ese momento? La única respuesta lógica que se podía dar era que simplemente debían esperar a que Howard trajera el café y las galletas para poder conversar. El señor Harold seguía observando a Lincoln, esperando alguna palabra de parte del ex soldado.
– Y… ¿cómo han estado todo este tiempo, señor McBride? – Lincoln miraba algo distraído al señor Harold, el cual al escuchar eso dejó de lado su mirada pensativa para enfocarse en el apenas regresado de la guerra.
– Hemos… estado muy bien Lincoln, de verdad tanto Howie y yo hemos estado bien. Él ha conseguido otro trabajo en un despacho, le queda algo pequeño, pero siento que es perfecto para él, yo sigo trabajando… No mucho ha cambiado, aunque estuvimos en un tiempo de recuperación. – dijo, mirando a la cocina a la espera de su esposo con el café y las galletas.
– Entiendo, señor McBride…– respondió Lincoln, aguantándose las ganas de no decir nada relacionado con Clyde hasta que Howard estuviera junto con ellos en la sala.
– Si… no te voy a mentir, hijo, estuvimos durante algunos meses en las etapas post mortem de nuestro hijo… Ya sabes, como la tristeza, negación, depresión y una muy dolorosa y lenta aceptación… Hasta recuperarnos un poco por la muerte de Clyde. - La voz de Harold, aunque triste, era seria y directa. Lincoln y él no podían evadir el tema para siempre.
– Sí… lo entiendo, señor McBride… Yo pasé por lo mismo cuando… cuando ocurrió lo de mi papá. Todas mis hermanas pasaron por eso, algunas lo superaron mucho más lento que otras…– Lincoln poco a poco comenzó a sentir escalofrío solo de recordar lo que era la pérdida de un ser querido.
Howard estaba tardando un poco, pues no sabía exactamente qué darle a Lily; pensaba que sería una buena idea darle café con leche. Aunque tenían algo de chocolate en polvo para ella.
– Oye Lily, ¿te gustaría un poco de café con leche o leche chocolatada?
Al término de la pregunta, el señor Howard tragó saliva por la conversación que se daba en la sala. Al igual que su esposo, estaba algo melancólico y en el hilo de su voz se notaba mucho.
Lily pensó por unos instantes la respuesta que daría cuando escuchó la conversación que tenían el señor Harold y su padre.
– Eh, solo un poco de leche con chocolate señor… Ehhh...
– Solo dime Howard, Lily, no tienes por qué decirme señor. – respondió dándole una sincera sonrisa a la niña desde la cocina. – Leche con chocolate, entonces – terminó de decir, colocando dos cucharadas de chocolate en la taza en la que Lily bebería.
Ella también le sonrió al señor Harold, parecía sentirse algo triste sin saber por qué, pero al mismo tiempo algo incómoda pues ella no tenía idea de la historia detrás de su papá y los señores que pocas veces había visto en su infancia y mucho menos en su paso por la pubertad. Aunque recordaba haberlos visto una tarde gris en un funeral de un joven con el mismo tono de piel que el señor Harold. Ese día sintió una gran pena por ellos y más por el hombre de la cocina, al que recordaba con tanta tristeza al verlo abrazando el ataúd.
– Lincoln… Sabemos a lo que viniste… y te agradecemos tanto que hayas venido a nosotros…– El señor Harold puso sus manos en frente de su boca mientras aún se aguantaba al igual que Lincoln y su esposo las ganas de llorar.
Howard salió de la cocina con un recipiente de café lleno, tres tazas con el líquido negro y una taza con el símbolo de Jack un ojo, con leche de chocolate para Lily y galletas con chispas.
– Señor McBride, ¿necesita ayuda con eso? – Lincoln quiso levantarse de su asiento para ayudarlo a cargar con todo.
– No te preocupes hijo, yo puedo hacerlo. – respondió amablemente el segundo señor de la familia para colocar la bandeja en la mesa. – Espero que les guste, más que nada a ti, Lily. – agregó, sonriéndole a la pequeña, que tomó su taza y algunas galletas.
– Gracias, Howard – agradeció la niña.
– Gracias Howie. – agradeció el señor Harold tomando la taza de su café – Ya siéntate, por favor. Recuerda que tenemos que hablar con Lincoln. – repuso, tomándolo de la mano mientras Howard agarraba su taza y se acomodaba junto a su marido, y Lincoln algo desganado, tomó la suya entre sus manos.
– Gracias, señor McBride…– dijo, casi en un susurro. Un breve silencio acompañó los primeros sorbos de café y leche. Cuando todos terminaron, Lincoln pensó: "¿Darles la primera palabra a ellos o tomarla él?" Primero lo primero, decir las cosas como debían ser.
– Señores McBride… Yo quisiera decirles algunas cosas. – así, Lincoln, armado de valor, tomó la primera de sus maldiciones que le atormentaba y le pesaba en los hombros.
– A nosotros también nos gustaría hablarte de algunas cosas Linc. – respondió el señor Howard posando ambas manos en su taza.
– Pero te pedimos que seas tú quien empiece, hijo, por favor. – siguió el señor Harold.
– Primero que nada… Gracias por haber sido como unos segundos padres para mí. – empezó Lincoln, con un dejo de tristeza – Ustedes… me apoyaron, nos apoyaron mucho en esa difícil etapa con mi familia. Quiero agradecerles por los siete años en que nos dieron ese apoyo incondicional y los miles de veces que nos ofrecieron cobijo y alimento cuando ya no poseíamos siquiera la mitad de lo que solíamos tener… Y, por supuesto, por haberme dado al mejor hermano que yo podría haber deseado.
Ambos señores McBride dieron un suspiro cargado de melancolía -y cierta satisfacción- por las palabras del ex soldado.
– Y a ti te agradecemos tanto por haber sido como un segundo hijo para nosotros, Linc. – respondió el señor Harold mirando con la frente en alto al veterano – Te agradecemos por haberle dado a Clyde un hermano tan noble y desinteresado como lo fuiste tú, y te agradecemos por habernos y haberle dado diecinueve hermosos años de experiencias y recuerdos a nuestra familia. – Howard apretó los párpados al dejarse llevar por los recuerdos. El dolor de los recuerdos. El dolor de la felicidad pasada. El dolor de la vida en los días que se fueron.
– Pero… los tres sabemos por qué el destino te ha convocado aquí y ahora, Linc…– El señor Howard dejó salir lo que tenía dentro desde hacía casi dos años – Por qué mi hijo decidió ir a Afganistán contigo…– Harold, al ver las primeras lágrimas resbalando por las mejillas de su esposo, lo rodeó con sus brazos, no quería verlo nuevamente quebrado por completo y tan triste como en esos meses, por eso quería demostrarle que estaría ahí para él.
– Lo sé… lo sé…– dijo Lincoln, bajando la cabeza, sentía un dolor en el pecho.
– ¿Sabes, hijo?... aún lo recuerdo hace ocho años, tres meses, dos semanas, un día y a las 9 de la noche exactos… diciéndome que tú, su mejor amigo, ante la difícil situación de su familia, había encontrado la opción de unirse a la Marina. Cuando le dijiste que ya no soportaban ver a tú mamá durmiéndose a las 2 de la mañana y yendo de nuevo a trabajar a las 7, que odiabas ver a Lori ir a trabajar en un empleo mediocre y pobremente remunerado, desperdiciando sus valiosos años universitarios, que no querías ver a Luna descansando siempre en el sillón porque temprano debía buscar algún sitio de mala muerte para tocar con su banda, que te partía el corazón que lo que hacía tan feliz a Luan ahora la estaba matando por no tener mínimamente material nuevo para sus presentaciones y que deseabas que Lynn no dejara de lado sus sueños de ser la deportista estrella que siempre quiso ser, para trabajar en un almacén que lo único de futuro que ella tendría sería como la estrella de un montón de cajas….
– Y que… por lo menos tratamos de darles a tus hermanas menores un futuro… Y todo a cambio del tuyo. – El ambiente melancólico siguió así con los tres hombres de la sala, atacados por la avalancha de recuerdos – Yo… no quiero mentirte, Lincoln, diciendo que realmente nunca cuestioné tu decisión. Pero también se llevó el futuro de él. – Howard comenzó a respirar pesadamente en el brazo de su esposo como muestra de una profunda y gran desesperación. – Nuestro hijo Lincoln… Clyde te siguió al infierno que representó Kabul, esperábamos ansiosamente su regreso, ¿sabes? Esperamos cuatro años por su regreso… Pero lo único que tuvimos a cambio fue una noticia y un ataúd con nuestro hijo en él…– Con esas últimas palabras, Harold sintió una fuerte presión en el pecho, y la mano que sostenía la suya la apretaba ante el ataque de las memorias más dolorosas...
– Señor McBride… Yo… Yo no…– intentó decir Lincoln, pero las palabras le faltaban, todo en ese momento le faltaba, incluso el aire. Y jadeaba tratando de jalar lo más posible que podía para tratar de llenar sus pulmones, pero incluso eso no podía hacer correctamente. El ambiente se estaba volviendo realmente incómodo para Lily, quien no sabía qué decir o hacer y mucho menos podía seguir comiendo sus galletas con total tranquilidad ante esa situación.
– ¡NO!... no digas que lo sientes, Linc…– Harold alzó su voz por un momento, pero trató de mantener la calma – Solo no lo digas, hijo… Lo único que quiero es que me digas una cosa. – trató de mirar a Lincoln directamente a los ojos, como lo haría un policía a un criminal de guerra – ¿Cómo supiste que él había fallecido? – llenó sus pulmones hasta el punto de no aguantar más aire y soltó un suspiro abrumador.
Lincoln, en ese mismo momento, tuvo que recordar a detalle la muerte de su hermano, esa tormenta de arena en esa dolorosa mañana de un 4 de mayo, que lo dejó moralmente devastado. Ver a sus hermanos en armas caer ante el rugido incesante de la batalla era algo que ocurría con frecuencia, solo era cuestión de tiempo para que ocurriera de nuevo con uno de sus compañeros. Pero jamás imaginó que el siguiente sería el único que durante años fue su único hermano, acumulando memorias y recuerdos... Ahora solo era otra baja más entre las arenas del desierto. Mirando a la matanza, esperando a que el sol nunca saliera, viviendo otro día ocultando el miedo bajo la adrenalina de la batalla para armarse de valor y dispararle a quien viniera por su vida. Pero justamente esa noche, esa maldita noche tuvo que perderse, esa noche tuvo que separarse de su pelotón por los bombardeos, y justamente su hermano tuvo el infortunio de recibir los 40 impactos de bala que finalizaron con su vida. No había otra opción más que decir la verdad de lo que había ocurrido esa noche.
– Fue… en el sur de la frontera de Kabul, nuestra escuadra se había separado de los otros equipos que debían patrullar el área, yo… No creía que podían darse más de 1000 tormentas de arena al año… Y las odiaba, porque siempre ocurría algo horrible junto con ellas, y las repercusiones nos afectaban tanto a mí como a los demás… y eso lo sabía muy bien. Pero habíamos sido separados de las escuadras de patrullaje de la zona, iban a iniciar un bombardeo táctico y no fuimos avisados por radio; las comunicaciones se perdieron en la tormenta, así como nuestra única forma de escapar de allí antes de que se comenzara con la operación. Cuando establecimos nuestras comunicaciones, ya era tarde, y el ataque aéreo ya había comenzado. Tuvimos muy poco tiempo para reaccionar, cuando me di cuenta la estructura del edificio que me cubría ya solo eran ruinas, y estaba separado de todos, e incluso de Clyde, y los maldije por eso, tratamos de reagruparnos… Pero los guerrilleros nos interceptaron primero y tuvimos que encontrar un punto de encuentro en un sitio más cercano… Cuando recibimos una transmisión del cuartel era demasiado tarde y tres hombres de mi escuadra estaban en estado de M.I.A (Missing In Action/Perdido En Acción). Otros se habían reagrupado y esperaban cansados, hambrientos y sedientos, solo estaban esperando a que los demás llegáramos… para irnos de ese maldito lugar y no volver jamás… Apenas y tenía balas en mi M16 tipo carabina de asalto M4, una bala en la recámara y siete en el cartucho, y ya me había gastado cuatro de las seis balas de mi magnum. Un enfrentamiento más y estaría completamente seco, por lo que me alejé del combate aun sabiendo que el tiempo se me acababa, y estaban esperando y esperando a mi señal. No sabía si Clyde ya había llegado con nuestra patrulla, pero pude sentir que ya debía de estar ahí… Ya tenía que estar ahí y la noche se acercaba, pero no podía salir de las coberturas porque tenía miedo… Ellos me esperaban y yo no podía dejar de ver a esos malditos salir de todas partes. Me arrastraba como un vil gusano para escapar… Quería llegar al punto de encuentro, pero no quería morir… Yo… no quería morir… Y cuando empezó el tiroteo yo sabía que debía correr, pero la maldita tormenta de arena me volvió a frenar, escuchaba gritos, disparos viniendo de todas direcciones, gritaban mi nombre, el nombre de mis compañeros y todo, cuando se detuvo, dudé por unos momentos en salir… Tenía tanto miedo de salir… Cuando agarré el valor para salir de ahí… No podía ver nada, solo el polvo cubriendo mi vista, pero vi algo en medio de la calle, cuando me acerqué distinguía la silueta de una persona… Y cuando me acerqué a verlo, era él… cubierto de sangre y tierra, con orificios en todo su pecho… Le habían hecho tanto daño... Yo solo lo sostenía, trataba de detener la hemorragia con lo que tenía y le decía que todo iba a estar bien… Y él solo me repetía una y otra vez: "Quiero ir a casa, quiero ir a casa", y yo le decía que volvería a casa… Le dije: "Volverás a casa, Clyde, te lo prometo", y cada vez sentía que lo perdía… Cuando me dijo: "Lincoln… ya voy a casa", yo traté de hacer por lo menos algo… Pero cuando me di cuenta ya se había desvanecido, cubierto de sangre y tierra y yo solo lo sostenía… Y yo… solo lo sostenía… Y no podía dejarlo ahí… Y… Y yo…– durante todo el relato, Lincoln había tratado de mantenerse fuerte frente a los señores McBride, pero la presión en su pecho lo había hecho romper a llorar al recordar a su mejor amigo en sus brazos, dando sus últimas palabras antes de morir y cediendo ante el final de la noche. El dolor creciente de su pecho se combinaba con una terrible sensación de desesperación por no haber hecho más esa mañana del 4 de mayo que tanto le taladraba en la mente, pues seguía haciéndolo de una manera tan vívida como esa noche.
Lily quiso hacer algo al ver a su hermano llorar nuevamente, aunque lo único que pudo hacer fue posar una de sus manos en el brazo de su padre adoptivo. Él sintió la palma y rápidamente recibió un abrazo por parte de Lily, ella no pensó que al aceptar acompañarlo en esa ocasión conocería una de las partes más duras que tuvo que pasar. Lincoln estaba tratando de enfocarse nuevamente en la realidad, hasta que sintió una mano sobre la suya, era Harold lo miraba como un padre a su hijo perdido.
– Entonces… no lo abandonaste, ¿estuviste ahí en sus últimos momentos de vida? – preguntó el hombre que sostenía su mano. Lincoln, ante eso, asintió levemente con la cabeza.
– No pude abandonarlo… no podía… Si lo dejaba ahí en la tierra, jamás me lo podría haber perdonado, tuve que llevarlo a base, solo. – En la mente de Lincoln solo había una imagen en esos precisos instantes, la de él cargando sobre su espalda el cuerpo de su hermano fallecido.
Howard cubrió parcialmente su rostro con su mano derecha, en su pecho se volvía a cubrir con una sensación de dolor interno tan profunda que sabía que iba a aullidos de pena y dolor en cualquier instante.
– Gracias por decirnos eso, Lincoln…– dijo Harold con la voz doblada hasta el punto de quebrarse. Lincoln asintió nuevamente ante las palabras del padre de su hermano.
Howard miró al suelo intentando buscar la manera más humana posible de decirle aquello que tanto quería desde que su hijo había regresado en el ataúd. Aunque muy en el fondo, las palabras de Lincoln finalmente lo habían liberado de un dolor que lo había atormentado mucho tiempo, solo buscó el valor para decirle unas palabras que se había guardado ya hace mucho tiempo. – Gracias… por no abandonar a Clyde… Pero tengo que decirte algo, hijo… No tienes idea… del profundo desprecio que desarrollamos hacia ti…– En la voz de Harold se escuchaba la culpa, pero al mismo tiempo una furia interna dentro de las palabras. Lincoln las sintió como puñaladas al alma, pero él no las negaba, en algún lugar dentro de su corazón él quería toda la culpa sobre sus hombros. Se merecía eso, se merecía todo eso.
– Lincoln… No sabes cuánto desprecié que te llevaras a nuestro hijo contigo. – Howard hablaba en un tono intranquilo, su voz se le notaba rota completamente y en sus mejillas corrían lágrimas por lo que le estaba diciendo a su segundo hijo – Yo sé que no fuiste tú quien lo obligó a ir contigo, tú nunca se lo pediste y sabemos que tú hubieras querido que él se quedara aquí con nosotros… Pero mi hijo tomó esa decisión por ti, por lo mucho que él te apreciaba… Se fue contigo a Afganistán… Y no sabes lo mucho que te odié por eso…– La culpabilidad en sus palabras se mezclaba con todo lo que había guardado dentro de sí durante mucho tiempo. – Queríamos culparte a ti por la muerte de nuestro hijo, Lincoln, en realidad no tienes idea de lo mucho que queríamos culparte de todo, Linc… Pero tú no le pediste que te acompañara al campo de batalla, tú no le pediste que se uniera al ejército, tú no influiste en esa decisión, Clyde sabía que ir había sido completamente su decisión. No podíamos culparte… no sería justo, ni para ti ni para su memoria, él que tanto te quería como su hermano. Tú no lo obligaste a ir, fue su decisión acompañarte al infierno y aunque te hayamos culpado de la muerte de nuestro Clyde y aunque te hubiéramos llamado asesino, tú no fuiste quien disparó en su contra, tú no fuiste el hombre que nos arrebató a nuestro hijo. Y, de todas formas, ¿qué ganaríamos nosotros con culparte? Eso no nos lo devolvería…
Cuando Howard terminó de hablar, recargó su cabeza en el hombro de su esposo para finalmente llorar silenciosamente sin consuelo. En el fondo él realmente lo quería culpar por todo, hacerlo sentir como la peor basura del mundo, ¿pero ¿cómo hacerlo? Aún con su rencor acumulado no podía hacerlo, no sería justo ni siquiera decírselo. Eso sería patear a alguien que ya estaba en el suelo. Solo dejó escapar su dolor mientras su marido recargó su cabeza en la de él para compartir el suplicio.
No era justo, no debía de serlo, pero Lincoln en su mente se lo decía una y otra vez, se merecía el odio, se merecía el rencor, se lo merecía todo, cada gota de odio acumulado de ambos padres se escuchaba en esa sala, él se había convencido a sí mismo que era su culpa, todo era su culpa. Lily no entendía la situación, debía estar en los zapatos de los tres hombres de la sala para entender todo el dolor que ahí mismo se tenía.
Por su parte, Lincoln miraba al suelo con los ojos envueltos en llanto, no emitía ningún sonido y su respiración, aunque entrecortada, no dejaba escapar el agonizante dolor fantasma de su pecho, porque si lo hacía iba a explotar en gritos y lamentos y no deseaba que Lily viera eso… No deseaba compartir la agonía de su corazón de cristal destrozado. Miles y miles de fragmentos esparcidos por todo su cuerpo, tanto de culpas, arrepentimientos y dolor, un Fantasma del dolor que ya no era ni la sombra de lo que en el antaño fue.
"Te odio, hermano… Pude haber tenido una hermosa vida fuera de todo esto… Pude haber tenido otra oportunidad… Pero no… Vine a acompañarte a este miserable lugar abandonado por Dios, tuve que venir a acompañarte a este maldito lugar, no sabes lo mucho que te odio, hermano… La sangre de ese niño en mis manos es tu culpa… ¡no mía!, ¡Todo esto es tu culpa, Lincoln!"
Súbitamente, las palabras de Clyde llegaron a su mente, cuando la violencia ya había llegado a un nivel inimaginable, cuando los cuerpos les llegaban a ambos lados, cuando la culpa los asesinaba por dentro, era cuando las palabras de arrepentimiento salían a la luz. No podía culpar a Clyde, no podía culpar a sus padres, en realidad él pensaba que todo el odio de la familia McBride era bien merecido, después de todo. Todo era su culpa.
–Hay veces que me hubiera gustado ser yo quien murió ese día… Yo me dije a mí mismo que Clyde murió por mi culpa… porque si él jamás me hubiera conocido, ahora estaría aquí con ustedes, señores McBride. Yo no quería causarle esto a él, yo jamás podría desearle esto a nadie… Pero yo no soy quién para decirles lo que se siente perder a un hijo. –
Durante unos minutos solo se compartió la tristeza en esa sala, Lincoln aún trataba de mantener la calma y la postura, sabía que esa escena había incomodado mucho a su hermana.
– Papá…– Lily dejó la taza de chocolate a un lado para tratar de ver a Lincoln a los ojos – Tú… tú no tienes la culpa… Nada de esto es tu culpa…– al desviar la mirada a su hermana, ésta tomó a su hermano de las mejillas para que la viera directo a sus ojos azules. – Tú solo querías ayudarnos… Pero en el camino pasaste, por tanto, tú no pudiste prever cada cosa que pudo haber pasado, no puede ser tu culpa, papá… Nada de lo que ha pasado pudo haber sido tu culpa. – Lily abrazó la cabeza de su padre para contenerlo, mientras los señores McBride la escuchaban tratando de calmarlo para que no siguiera culpándose por la muerte de su hijo.
Quizás en esos momentos podían gritarle a Lincoln "asesino", hacer que se fuera arbitrariamente de su hogar y que la conversación terminara ahí, pero ella tenía razón, no importaba cuánto le hubieran gritado, maldecido o incluso insultado, o tener cierta venganza en contra de los que indirectamente habían causado el dolor… Pero, aunque lo hicieran, ¿qué obtendrían con eso? Más que perder al único hijo que aún les quedaba, quemar los recuerdos de Clyde y Lincoln solo por intentar lastimar al soldado que lo único que quería era darle una oportunidad a su familia. El odio solo terminaría generando más odio, el odio contra aquellos que no tienen la culpa solo generaría heridas irreparables.
Pues la mayor expresión de justicia es el perdón. Y la mejor forma de perdonar era el sanar. Unos minutos pasaron y Lincoln logró volver a tranquilizarse gracias a su entrenamiento y al apoyo incondicional de su hermana. Lily después de un rato había tomado un receso para ir al baño, y el señor Howard fue a acompañarla para que conociera un poco más de la casa y ayudarla a no perderse en la misma.
– Gracias por… darme la oportunidad de volver a estar aquí y… Gracias... Necesitaba hablar con ustedes, señor McBride. – terminó de decir Lincoln mientras se vaciaban las últimas gotas de café de su taza.
– Sí, Lincoln… No te lo voy a negar, hijo, fue algo agradable volver a verte…– respondió Harold al finalizar su taza de café. – Y… me gustaría decirte que al contrario de todo lo que Howard o yo pudimos haber dicho o pensado anteriormente, fue agradable volver a hablar contigo, hijo, la verdad verte siempre fue y ha sido un regalo…– El hombre dirigió su mirada al ex soldado con confianza.
– Gracias, señor McBride. Yo espero poder seguir visitándolos más a menudo… De verdad sería algo muy grato…– Lincoln miró su taza entre sus manos con los restos de la nostalgia acontecida de momentos anteriores, hasta que Harold nuevamente llamó su atención.
– ¿Sabes? La muerte de un hijo no es fácil de superar. Jamás ha sido fácil, uno cree que morirá mucho antes de ver a sus hijos dentro del féretro, ya sabes, es lo que se dicta en la naturaleza; un padre no debería ver a sus hijos morir… Pero cuando te veo, Lincoln, solo puedo imaginarte sentado en esa silla, mirando al ataúd de tu padre. No puedo imaginarme lo que es perder un padre a la edad que tú tenías… Perder a un padre a una edad tan temprana no solo debió ser un golpe muy duro para ti sino para todas… En especial para ella. – Harold señaló a Lily, la única de las hermanas Loud que, aunque lo intentara, jamás pudo recordar el rostro, la voz o el amor de su primer padre. Algo que hizo suspirar pesadamente a Lincoln. – Y puedo entender tu decisión hijo, tú solo querías lo mejor para tu familia, querías sacarlas de la crisis económica. Tus intenciones eran nobles, pero quizás jamás entenderé por qué Clyde decidió ir contigo… Quizás fue por la hermandad que tenían, quizás fue porque en realidad entre los dos se cubrían las espaldas, pero la verdad creo que sus intenciones se fueron junto con él.
Lincoln miró confundido al padre de su hermano.
– No creo entender lo que me dice, señor McBride…– Lincoln dijo en un tono confundido. En realidad, no podía entender lo que él quería decirle.
– Mira… sé que a veces uno tiene que lidiar con las cosas que da la vida, como bien dicen: "Dios da y Dios quita". Pero lo que puedo decirte es un pensamiento que había rondado mi cabeza desde que el cuerpo de Clyde volvió a casa. Quizás el dolor que sentimos tú y yo sea el mismo. La pérdida de un padre o la de un hijo nunca son fáciles, no son cosas que se superen de un día a otro. Cuando hay una muerte en la familia, uno no sabe cómo seguir, o vivir sin esa persona que tanto se quiere, cada cosa que hacemos simplemente nos recuerda a ellos. Pero la vida sigue y aunque el dolor nos detenga, nos haga tropezarnos y nos haga caer, siempre debemos seguir adelante para honrar la memoria de aquellos que se fueron. No es fácil… No debería serlo. Tanto tú como yo sabemos que el deceso de un ser amado jamás es sencillo, pero mientras podamos honrar sus recuerdos y seguir adelante… Siempre habrá una forma de tenerlos presentes, aún después de la muerte seguirán brillando como estrellas, cuidándonos desde el infinito y más allá. – dijo Harold, mirando con confianza a su hijo, ambos sabían que la muerte era parte natural de la vida y que a veces las culpas de no haber dicho o hecho algo cuando aún se tenía la oportunidad eran cosas que dolían profundamente.
– Entiendo, señor McBride… Muchas gracias…– Lincoln asintió con la cabeza hasta que sintió una caricia algo diferente en su pierna buena, al mirar hacia abajo reconoció a un viejo gato negro y a su lado, una gatita un poco gordita – Hey, ¡Cliff! – Lincoln acarició el pelaje de su viejo gato, que ahora pertenecía a la familia McBride. Pero, aunque había pasado el tiempo, Cliff había reconocido a su antiguo dueño. – Rayos, amigo, hace años que no te veía. – Lincoln sonrió nuevamente al ver un viejo rostro que solía ser parte de su familia.
– Sí, y por lo que veo, él también te extrañó. – Harold miró a su gato con una sonrisa – ¿Sabes, Linc? Cuando nos lo diste para cuidarlo pues ya no podían mantenerlo, fue difícil para él adaptarse a su nuevo hogar, más que nada para Cleopatra y para Nefertari. Un gato nuevo en el hogar supuso un gran reto, pero terminó adaptándose y agarrándole cariño a sus nuevas amigas...– Harold miró a Lincoln acariciando la cabeza de su gato.
– Y que lo diga, señor McBride, yo siempre supe que traer a Cliff aquí sería una buena opción. Digo, era eso o dejárselo a la tía Ruth. Y a sabiendas de la pila de gatos que tenía en su hogar, habría sido imposible para Cliff encajar. – Lincoln cargó al gato y se dio cuenta que la edad gatuna ya era muy evidente en él de muchas formas, tanto en su pelaje como en su peso. Es decir, era un gatito viejo.
– Je je sí, pero, aun así, gracias por darnos a Cliff, fue uno de los mejores regalos que pudiste darnos, Lincoln. – Harold, al igual que el ex soldado, había recuperado su estabilidad emocional y ahora compartían un buen momento juntos como amigos o padre e hijo.
– Bueno, es que no encontré un mejor lugar para él que con mi segunda familia. – Lincoln miró a Harold y el señor McBride lo miró de vuelta; las palabras dichas estaban cargadas de mucho sentimiento y respeto por la familia McBride.
– Eres un buen hombre Lincoln, siempre has sido un buen hombre. Desde el día que te vi entrar por la puerta de nuestro hogar pude comprobarlo, y quiero que sepas que significa mucho para mí que hayas venido hoy a saludarnos… Pero…– Harold desvió su vista a un lado de la habitación. – Espero que entiendas que aún necesitamos un poco más de tiempo para superar esto… Howard más que nada.
– Sí… Eso lo puedo entender. – Lincoln se rascó la barbilla a sabiendas de lo que iba a venir a continuación.
– Por eso, hijo… No es por querer que te vayas de nuestro hogar… Es solo que necesitamos tiempo, él más que nada, ¿tú entiendes, cierto? – Harold en serio no pretendía que sus palabras fueran algo hirientes o que expresaran de forma indirecta que querían correrlo de su hogar, pero, muy al contrario, Lincoln meneó la cabeza aceptando las palabras del señor.
– Lo entiendo, señor McBride, no se preocupe – dejó la taza en la mesa con cierto aire de culpa, pero como Lily le había dicho, nada de eso era su culpa, simplemente un giro del destino de una moneda que nunca para de caer, y cuyo resultado siempre parece ser peor que el anterior.
En ese mismo instante, Howard volvía junto con Lily, y ella, con una sonrisa traía entre sus brazos un par de cosas, como cómics, una vieja consola de videojuegos y unos libros.
–Hola pá, ¡mira lo que Howard me regaló! – Lily volvió a sentarse junto a Lincoln, y él se quedó mirando lo que ella traía en las manos. Muchos de esos objetos los reconocía bien, eran las viejas historietas de Clyde, y también la antigua consola con la que solían pasar tardes de juegos de video inolvidables para todo niño.
– Hey. – Lincoln tomó uno de los cómics en sus manos y apreció la portada detenidamente. – Jack un Ojo: Devastación… Dios este era el evento favorito de Clyde. – Lincoln comenzó a ojear las páginas de la historieta como cuando era joven, para ver los paneles y viñetas del cómic.
– Bueno, es que, al ver el cuarto de Clyde, Lily vio algunas cosas que le interesaron, y pues… como ahí hay muchas cosas que solo ocupan espacio, pensé mejor en dárselas a alguien que quizás les pueda dar un mejor uso. – respondió Howard a Lincoln mientras se sentaba junto a su esposo.
– Sí, gracias Howard, y es que estos números son los que me faltaban en mi colección de Jack. – Lily puso a un lado sus regalos y comenzó a ver otro de los cómics. – Leí en internet que la Saga Devastación era uno de los mejores eventos de Jack. Incluso que superaba a Ace's Destiny y Time Lines.
– Je je, no tienes idea Lily, a mí me gustaba mucho cuando salió. – Lincoln miró la portada y recordó el día que Clyde le había enviado el mensaje de que sus padres se lo habían comprado. Ese día estaba tan emocionado que tuvo que hacer las tareas de Lori por dos semanas, porque ella lo cubrió solo por ir a leer dicho evento tan esperado. Toda la tarde se la pasaron hablando del primer episodio por horas, y no podían esperar al siguiente mes para poder leer la siguiente parte. La belleza de la infancia sólo podía ser opacada por la fealdad de la adultez.
– Sí y… ¡un gatito! – Lily sonrió al ver a Cliff y a Nefertari. – Dios, como amo a los gatos – Lily cargó a cargar al gato y comenzó a acariciarlo – ¿Sabes pá? Siempre quise tener un gato, pero mamá me dijo que ya no tendríamos espacio para animales en el hogar. – Lincoln, al escuchar eso, sonrió levemente, aunque Cliff reconociera a Lincoln y a Lily, ella no sabía quién era ese gatito viejo.
Ella había crecido en una era donde Papá ya no estaba en casa y nunca más volvería, donde Mamá ya no podía seguir en casa todos los días, Lori ya trabajaba para mantener la familia de pie, Leni se encargaba de lo que podía en casa, Luna desperdiciaba su vida y talento en bares de mala muerte, Luan forzaba sus chistes para tratar de hacer comedia, Lynn solo seguía acudiendo a la escuela porque la otra opción era empaquetar y apilar cajas. Y ella tenía a un hermano mayor como un padre. Ella no podía recordar la voz o el rostro de su Lynn Sr, no podía recordar ni el más mínimo detalle de él, ella era tan solo una bebé cuando su papá falleció, pues con eso, ¿cómo podría recordar a ese gato viejo? Por su lado, Lincoln no podía culparla por no hacerlo, apenas y ella tenía conciencia sobre su propia existencia, la única palabra que sabía pronunciar bien en ese momento era "Popo". Él tuvo que aprender a ser padre y madre a la vez, en un solo día, para ella y sus otras hermanas menores, y mayores, ocupando un puesto muy grande para él a sus 12 años, atrapado en un papel de padre mucho antes de lo que él hubiera querido. El hecho era que su hogar lo necesitó y aún lo necesitaba, porque cuando todo lo demás falló, él siguió de pie, aceptando el destino que la vida le había puesto enfrente, dándole la cara a la vida con fuerza pues él ahora debía ser el pilar sobre el que su hogar debía sostenerse, donde sus hermanas pudieran encontrar al menos confianza y seguridad de que todo iría bien, porque ya no había un padre a quien acudir cuando se enfrentaran a las situaciones de mayor necesidad, o una madre que siempre estuviera al pendiente de todo en casa. Ahora solo era él tratando de ser algo que con un esfuerzo titánico apenas y pudo lograr a los 15.
Porque cuando más se necesita un hombro donde llorar hay que ser fuerte para ser quien contenga una casa que se caía a pedazos, y tratar de no romperse en el intento… Él ya no tenía opciones, las había perdido el día que papá se fue para nunca volver, solo esperar a que las cosas o fueran mejor o empeoraran descomunalmente… Y siempre trataba de mantener ese pensamiento de que, si las cosas no empeoraban, debían mejorar, ¿no?... ¿NO? Debían mejorar… Dios no podía permitir que la situación siempre empeorara ¿verdad? ¿VERDAD? Esa desesperada pregunta siempre rondaba su cabeza y nunca había respuesta más que un silencio abrumador de un futuro incierto para él y para su familia.
Con una crisis y tantas bocas que alimentar, ya no había espacio para sus amadas mascotas. A veces la mejor decisión no era la más correcta sino la más justa, que se acomodara a las necesidades principales de la familia, y aunque consideraban a Chales, Cliff, Walt y Geo como su familia, ya no tenían cabida en el hogar… A veces, cuando las situaciones aprietan fuertemente los cuellos de una familia, hay que dejar ir el peso que solo detiene el paso. Suena injusto, de hecho, es injusto, pero las palabras que Lincoln le dijo a Lana y Lola eran ciertas, cuando tuvo que dar en adopción a Geo.
"En un mundo justo, esto no debería ocurrir… Pero este no es un mundo justo, este es un mundo donde se sobrevive con lo que se tiene. Y mientras haya menos bocas que alimentar será mejor para nosotros". Aún con el dolor de su corazón, él sabía que era necesario. Se lo repitió varias veces ese día, cuando Rusty y Rocky se llevaron al pequeño hámster a una vida mejor, debía de ser lo mejor, por Dios debía ser lo mejor; de lo contrario el dolor de sus hermanas por tener que dejar ir a otra mascota solo lo haría sentir mucho peor.
Ha llovido mucho desde entonces… pero aún podía sentirlo como si hubiera sido ayer.
– Lyl… ¿tú no lo recuerdas? – le preguntó Lincoln a su hermana, con la falsa esperanza en que al menos ella durante su infancia haya conocido a ese gatito.
– No papi, ¿debería? – respondió Lily inocente ante Lincoln, que no pudo evitar soltar un suspiro abrumador. Entonces era cierto, ella no podía recordar a Cliff… Lincoln aún quería aferrarse a la idea de que a base de pequeños fragmentos de memoria ella pudiera recordar a papá… Pero la realidad era muy distinta.
– Uh… Su… Su nombre es Cliff… Es un viejo amiguito de la Familia... – Lincoln trató de sonar alegre pero no podía evitar sentirse mal porque su hermana no tuviera memorias de una época más sencilla.
– Hmm, pues creo que es muy lindo. – Lily siguió acariciando el pelaje del gato, hasta que Nefertari se le acercó tratando de llamar su atención para que también le diera cariño – Oh ¿y quién es este gatito?
– Su nombre es… Nefertari, y es una gatita. – respondió Howard con una sonrisa ante el afecto que la pequeña le daba a la gatita.
– Awww es muy linda – Lily comenzó a rascarle la barbilla mientras la pequeña gata respondía ronroneando.
– Sí… lo es… Y Cliff también es un buen gato, ¿sabes? – Lincoln acarició al felino nuevamente – De hecho, tú ya lo habías conocido hace mucho tiempo… Pero seguías siendo una bebé en esos tiempos, ¿no lo recuerdas? – preguntó Lincoln, tratando de ocultar un desesperado intento para ella realmente recordara a su gato, lo que fuera, con tal que ella realmente tuviera solo una imagen de su primer padre.
– Je je, no creo que pueda papi, tú lo dijiste, yo era una bebé – respondió Lily, sonriendo inocentemente para volver a acariciar a ambos gatos. Lincoln solo miró con decepción al suelo, algo que ambos señores McBride notaron con algo de pena por Lincoln.
"¿Cómo podría recordarlo? Ella era solo una bebé cuando Lincoln se los trajo". Se preguntaban ellos internamente hasta darse cuenta de a lo que Lincoln quería llegar. Papá había fallecido cuando ella era la más frágil del hogar, y aunque ella quisiera no podría recordarlo.
Ella solo podía recordar al chico que la había cuidado y protegido desde bebé, el que la arropaba y le cambiaba los pañales, el que nunca le negó un abrazo, un beso o su compañía, el que la llevaba e iba por ella al preescolar todos los días y que le hacía su almuerzo todas las mañanas, el joven que le dijo que la amaba cuando mamá no podía hacerlo, el chico que le contaba historias antes de dormir, el que le ayudaba con tareas y trabajos de la escuela, el joven adulto que la llevó a su primer día de primaria, el que estuvo día y noche al pendiente cuando se enfermaba, el que le ponía curitas en las raspaduras de sus rodillas. Sin importar si perdía el sueño con tal de ver a su niña bien, en el hombre que la tranquilizó cuando supo que se iría lejos para entrenar prometiéndole que volvería a casa, que se había ido para darle una vida mejor y devolverle a su madre, y el hombre que estaba justamente a su lado, el hombre al que ella llamaba "Papá". Su papá… la única figura paternal que ella había tenido. Una palabra nunca había tenido tanto significado para Lincoln de tantas formas. Pero él realmente quería que ella tuviera por lo menos solo una imagen mental de su verdadero papá, Porque él quería negar que el recuerdo de su padre realmente hubiera muerto para ella.
Lincoln se levantó y miró al reloj de la sala, eran las 2:53, eso quería decir que ya se estaba haciendo tarde. Luego miró a los dos hombres que no podían apartar su mirada de aquella escena.
– Bueno, señores McBride… Fue agradable poder volver a hablar con ustedes, pero temo que ya tengamos que irnos. – Lincoln miró a su hermana, quien, decepcionada, también miró al reloj de la sala.
– Awww… ¿en serio debemos irnos? Es que quiero seguir acariciando a los gatitos. – Lily miró con cierta desilusión a Lincoln, que solo suspiraba ante tal petición.
– Me gustaría quedarme un rato más Lily, pero tenemos que avisarle a mamá sobre tu… pequeño periodo de vacaciones. – Lincoln le sonrió a su hermana, tratando de convencerla con sus palabras y con su actitud.
– Pues… Bueno…– Lily cargó nuevamente a Cliff con un rostro algo desilusionado. – Lo siento, gatito… Parece ser que aquí nos despedimos. – Lincoln observó por unos instantes cómo Lily cargó a su gato, esperando que, al mirarlo bien, ella podría al menos convocar solo un pequeño recuerdo… Algo tan siquiera pero tal como lo cargó, lo dejó en el sillón… Ahora sí debía preguntárselo, debía buscar las palabras correctas para ella, algo que no la lastimara más de lo que él podía imaginar.
– Los acompañaremos a la salida. – Harold se levantó junto a su esposo, el cual pensaba decirle algo muy importante a Lily.
– Oye Lily… Nefertari va a volver a tener gatitos en un mes. Y como dijiste que te gustan mucho los gatitos pues…– mencionó Howard en un tono apacible algo que hizo que Lily se volteara con un gran entusiasmo corriendo por su espalda.
– ¿De verdad? – Lily sonrió ampliamente ante el señor Howard, con la esperanza que le dijera aquello que ya se estaba imaginando con todo su corazón.
– Sí y pues… Me gustaría saber si te gustaría que te regalemos uno.
Lily dejó resplandecer su sonrisa con toda la alegría del mundo, algo que no evitó que corriera a abrazar a su nuevo amigo.
– Gracias, Gracias, ¡Gracias! – Lily rodeó a Howard con sus brazos, tomándolo completamente por sorpresa, pero, poco a poco él comenzó a aceptar el afecto y a regresarlo de la misma manera.
– Je je, no tienes que agradecerme Lily, todo por una buena amiga de la familia. – respondió Howard de esa misma forma tan amorosa y apacible… Como cuando hablaba con su propio hijo, como cuando solía hablar con Lincoln… Quizás era por las palabras que Howard le había dicho, pero la nostalgia de tiempos mejores siempre tocaba a su puerta amenazándolo, con memorias y recuerdos que lo apuñalaban en el alma y lo dejaban sangrando.
Él aún se seguía culpando internamente por la muerte de Clyde… Y como Harold le había dicho, Howard aún necesitaba tiempo para aceptarlo y perdonar.
No había sido su culpa… Pero aun así lo era… Lincoln cargó los regalos de su hermana hasta la camioneta de Lana y puso las cosas importantes en el asiento del copiloto. Solo esperaba a que ella terminara de hablar con Howard para poder irse de una vez, hasta que sintió que Harold posaba una mano en su hombro como forma de apoyo.
– Linc… Solo necesita tiempo, ¿ok? Tú sabes que Howard es un hombre… que requiere tiempo para aceptar algunas cosas, es obvio que la muerte de un hijo jamás será algo fácil de aceptar, y mucho menos algo con lo que se pueda vivir… Pero Howie tiene que entender que no es tu culpa, hijo…– Harold desvió su mirada dolorosa a la camioneta. – Como… Como dijo tu hermana, tu no pudiste prever todo lo que ocurrió. Hay veces que me gusta pensar que Clyde, al ir contigo, sabía lo que ocurriría, conocía los riesgos y el precio a pagar… Me gusta pensar que por lo menos su sacrificio no fue en vano… Pues sé… que eso te dio más fuerza para luchar y volver a casa. Y eso es lo más importante…– Lincoln volteó de nuevo a ver a Harold, quien le dedicaba una sonrisa con los ojos enrojecidos por las lágrimas – Puede que haya perdido un hijo… Pero estoy muy orgulloso de decir, que por lo menos mi hijo Lincoln regresó.
Lincoln sonrió finalmente ante esas palabras, simplemente volvió a acercarse a Harold para darle un fuerte abrazo al padre de su hermano.
– Gracias, señor McBride…. De verdad necesitaba eso. – Lincoln sintió apapachos por parte de Harold – *sniff* Gracias por habernos recibido en su hogar una vez más, señor McBride. – tragó saliva pesadamente aún con el nudo en su garganta – Gracias por todo.
– No, Lincoln, gracias a ti por visitarnos. – Harold se separó de Lincoln para verlo de nuevo,
– Pero quiero que recuerdes esto, hijo… Uno nunca sabe cuándo el tiempo se pueda terminar, pero tú ahora tienes el tiempo, tienes esta nueva oportunidad ante ti, aprovecha cada segundo ahora que puedes, no lo desperdicies, no te arrepientas de nada que hagas ahora en adelante, ahora que estás en casa disfruta de la vida… Disfruta cada momento con tu familia, hazlo como él lo hubiera querido. – Las palabras del hombre fueron mucho más profundo de lo que Lincoln hubiera imaginado.
Él tenía algo que nadie más tenía: la segunda oportunidad de reencontrarse, de poder vivir y estar junto a su familia, una oportunidad que siempre estaba desperdiciando cada noche cuando tomaba su revólver y jalaba el gatillo… Ahora realmente Lincoln se cuestionaba si seguir intentando cada noche arrebatar su propia vida solo para que su conciencia finalmente estuviera tranquila… Solo para probar un punto. No.
Era mucho más que eso. Pero le daba miedo admitir que quizás era cierto lo que su mente imaginaba.
– Bueno Lily, nosotros te avisaremos cuando los gatitos estén listos ¿de acuerdo? – Howard salía junto a la pequeña, la cual ya estaba soñando despierta con su nuevo gatito.
– Gracias Howard, solo espero poder venir a verlos cuando nazcan. – dijo Lily en un tono campante y alegre, aunque algo impaciente.
– Oh, no te preocupes Lily, puedes volver las veces que quieras, estaremos esperándote siempre. – Howard terminó de acompañarla con una sonrisa.
– ¿En serio? – Lily volteó su mirada incrédula hacia el siendo respondida de inmediato con un meneo positivo de la cabeza del hombre. – Muchas gracias Howard. – Lily lo abrazó por última vez ese día. Lincoln se acercó a verlos y no podía evitar mirarse a sí mismo ahí, agradeciendo a ese hombre por todo lo que había hecho por su familia durante los años de crisis. ¿Cómo olvidar eso? ¿Cómo olvidarse a sí mismo hace diez años? Una época más sencilla… Una vida pasada que ya no volvería…
– Bueno, pues nos veremos pronto, Howard. – Lily finalmente se separó para dirigirse hacia su hermano.
– Uh… Lily… ¿Podrías esperarme en la camioneta? – Lincoln miró a su hermana, la cual algo confundida asintió con la cabeza, para luego dirigirse a la puerta del copiloto y al abrirla encontrarse con sus regalos. Ella los tomó entre sus brazos y se subió a Lucille para luego dirigir su mirada a su hermano y a ambos hombres. – Bueno… Muchas gracias por recibirnos en su hogar, señor McBride… De verdad fue algo muy lindo volver a hablar con ustedes. – dijo en un tono algo apenado por el segundo señor McBride.
–Sí hijo, muchas gracias por venir a nosotros. De verdad fue muy grato verte una vez más aquí en nuestro hogar. - Howard puso una mano en el hombro del Ex Soldado con toda confianza y sinceridad. Pero aun así debía decirle algo, aún si eso le doliera profundamente en el corazón. –Pero… si de verdad nos aprecias y si de verdad apreciabas a Clyde… No quiero que vuelvas a nuestro hogar.
Esas últimas palabras dolieron… Oh sí que dolieron mucho para Lincoln, Harold le había dicho que Howard necesitaba tiempo, pero el solo decir esas palabras quebraron algo dentro del corazón hecho pedazos de Lincoln
–Entiendo, señor McBride…– No importaba cuanto se lo hubiera dicho Harold… No importaba cuanto se lo repitiera Lily… Todo era su culpa. Había dañado una familia por completo solo por la hermandad que tenía con su hijo.
"No tienes que agradecerme Lincoln, todo por un buen amigo de la familia". Eso se lo había dicho justo después de haberle regalado despensa para dos meses. ¿Cómo podía vivir así? ¿Cómo podía vivir con esas palabras cuando ellos le habían dado comida enlatada a él y a su familia cuando ya no tenían qué comer? ¿Cómo podía vivir sabiendo que ese hombre que quería tanto lo odiaba por la muerte de su hijo?… Pues era simplemente apegarse a lo que Harold le había dicho, por mucho que le doliera pasar tiempo lejos de la familia McBride.
–Uh… Tu hermana puede seguir venir las veces que quiera… Ella… Es que me recuerda a él y… Tu entiendes ¿no? – Howard balbuceó un poco mientras Lincoln solo asentía.
–Lo entiendo… Aunque aun así no puedo dejar que venga sola, si me entiende. – respondió Lincoln en un tono algo apagado mientras nuevamente la inconformidad se sentía en todo el ambiente. –Es… Solo que no puedo dejarla ir y venir sola, Lily aún es muy joven y necesita que la cuide, además… A ella le gusta que la acompañe a todas partes.
–Entiendo...– Howard dirigió su mirada al suelo y trató de no arrepentirse de las palabras que le había dicho al Ex Soldado.
–Trataré de mantenerme alejado… De cualquier forma, gracias por su hospitalidad. señor McBride.
En ese momento, Lincoln dio media vuelta para dirigirse a la camioneta donde Lily lo esperaba. No esperó disculpas o tan siquiera una palabra más de Howard era más claro que el agua.
Él lo culpaba… Él lo odiaba… Y Lincoln se odiaba a sí mismo, no solo por la muerte de su amigo sino por todo lo que había hecho y lo que estaba haciendo. Sí, solo quería lo mejor para su familia, pero eso no significaba destruir a otra que era igual de importante para él. Su hermandad con Clyde lo había llevado a ambos a este declive fatal.
Pero Clyde ya no debía de preocuparse por nada, él ya no tenía por qué tener preocupaciones, culpas, arrepentimientos o un dolor fantasma como él… Los muertos ya descansaban en total tranquilidad, durmiendo en una paz que ningún hombre o mujer hubiera conocido, dejando que el mundo siguiera su curso sin ellos. Y hasta parecía ser mejor decir: "Me rindo." Tomar el revólver y acomodar la bala en la recámara donde el martillo golpeara, y terminar con todo de una vez y por todas en lugar de seguir sufriendo… Tal como Lincoln lo quería, poner fin a todo, al sufrimiento, a la culpa, a los remordimientos, liberar su alma de las cadenas que lo arrastraban al infierno en vida que día a día vivía por todo lo que había hecho en Afganistán.
Y aunque sabía que, si se iría directo al infierno, por lo menos su dolor terminaría… Pero cuando el dolor de uno termina, el de otros empieza. Sus hermanas… Su novia, la gente que se preocupó y pensó en él cada segundo mientras estuvo lejos. En las promesas que hizo, las cosas que dijo, los lazos que formó y la familia que amó, todos sufrirían la última decisión de Lincoln. Siguió pensando mientras subía a la camioneta y la encendía para comenzar a ponerla en marcha, hasta que Harold se acercó a la ventanilla del conductor para verlo.
–Antes de que te vayas hijo, me gustaría darte esto. - Harold sacó de sus espaldas una caja algo grande de cartoncillo que puso en la mano de Lincoln. - Es… solo un pequeño recuerdo, sabemos que a él le hubiera gustado dártelo. – Harold cerró la mano de Lincoln y este miró a su mano con la cajita en él.
–Uh… Gra… Gracias Señor McBride. – Lincoln, aunque algo confundido y consternado por lo que había dentro de la caja, no le negó el regalo… Trató de imaginarse qué habría dentro, pero quiso esperar a verlo con sus propios ojos.
–Vuelve cuando quieras hijo… No importa lo que Howard haya dicho… Esta es tu casa también, aunque a él le duela aceptarlo solo necesita el tiempo, él no te puede seguir culpando para siempre de cualquier forma, tú sigues siendo parte de nuestra familia. – dijo Harold con una sonrisa melancólica en el rostro. Lincoln no supo qué decir pues las palabras le faltaban, Harold tenía razón. Howard no podía tener rencor toda su vida. Pues la mayor expresión de justicia era el perdón. Y aunque este llegara tarde, mejor tarde que nunca.
–Gracias señor McBride. Lo haré… Volveremos a vernos, espero... volver a estrechar su mano muy pronto. – Lincoln le estrechó su mano sonriendo.
Lentamente, ambas manos se fueron separando y un rato después Lincoln volvió a poner en marcha a Lucille. Los hermanos Loud retomaron su camino a casa mientras ambos señores McBride se abrazaron al ver la camioneta de la familia Loud partir rumbo al hogar. Ambos necesitaban hablar con ese hombre, aún con la pena y el arrepentimiento lo seguían considerando como un hijo, no importaba lo que se hubiera dicho, era su hijo al final de cuentas, no podían estar enojados con él, pues a sus ojos aún era ese buen muchacho que tuvo una fuerte hermandad con su primogénito y había llegado para sanar y perdonar, más Howard que dedicaría todo su tiempo ahora a buscar el perdón para el Ex Soldado. Ahora quizás ambos podrían dejar ir a Clyde en paz sabiendo todo lo que Lincoln les había dicho, fallecido más no olvidado, hacerle honor a su memoria y mirar nuevamente al futuro sin miedo ni tristeza, perdonando y aceptando como debía de ser, solo con esperanza y el poder volver a comenzar de nuevo.
De todas formas, ellos habían sido niños que no se habían integrado bien a la sociedad escolar y aunque tenían un cerrado grupo de amigos se tenían el uno al otro. Ambos eran verdaderos hermanos de alma, hijos de diferentes familias, pero hermanos, al fin y al cabo. Clyde siendo el hermano que Lincoln nunca tuvo y viceversa. Los señores McBride no podían odiar al hermano de su hijo, simplemente no podían, pues no era justo odiar a Lincoln. Pues, ¿cómo podrían odiar al chico que le dio un segundo hogar a un chico diferente? Que aceptó a Clyde como era, compartiendo sus gustos y experiencias, y que jamás en su vida vio la relación de sus padres como algo malo.
La familia McBride había adoptado a Lincoln como un segundo hijo, y Lincoln había adoptado a los McBride como su segunda familia.
Y aun cuando el hijo único de los McBride había ido a una mejor vida aún, tenían a un hijo ahí que había regresado con ellos, y a su hija para perdonar y cicatrizar.
Mientras tanto, Lincoln conducía dando sutiles miradas a la caja que había dejado encima del radio, quería abrirla, pero se preguntaba si debía hacerlo, ¿que podría tener? En realidad, no tenía una idea clara de que podría haber dentro… Quizás más tarde podría revisar, porque la verdad en esos instantes Lincoln solo quería pensar y llegar a casa a reflexionar sobre lo que estaba haciendo con su vida.
Clyde no tuvo la oportunidad de volver a casa junto a sus padres, era cierto que Lincoln tenía algo que nadie de su primer escuadrón tuvo, una segunda oportunidad… Si antes el reflexionar sobre tomar su revólver, girar el tambor y jalar el gatillo era una muy difícil decisión, ahora se duplicaba. Él quería encontrar no solo esa parte de sí mismo que había perdido en la guerra, sino la redención que lo liberara de esa carga tan pesada de culpas y arrepentimientos, él debía encontrar su fuerza para abandonar el falso alivio de la muerte y enfocarse en el futuro, quería aferrarse a fu familia con toda su fuerza para abandonar esa estúpida idea de suicidarse. Pero… ¿y si al final su única salida en verdad era la muerte?, quizás lo era… Pero…
"¿En serio serías tan cobarde para hacerle esto a tu familia? ¿Para hacerme esto a mí?"
–Oh, Ronnie… ¿Qué tienen tus palabras que siempre parecen tener razón? Tú más que nadie siempre pareces tener la razón. – dijo Lincoln en voz baja mientras su mano izquierda se posaba en su rostro. Pensar era tanto una bendición como una maldición. Pensar lo ayudaba tanto a reflexionar y al mismo tiempo lo estaba hundiendo cada vez más en la locura.
–Eh… ¿Sabes, papi? – Lincoln miró a su hermana, cuya voz afortunadamente lo había sacado de su trance. –Leí en internet que el evento de Destrucción fue uno de los que marcó permanentemente el legado de Jack. – explicó con una sonrisa mientras intentaba hacer plática para que su padre despejara su mente de los pensamientos y se enfocara en el aquí y ahora.
–Uh… Sí, de hecho, es muy bueno, cuando lo leí hace tiempo, me quedé impactado por lo que había ocurrido en el primer tomo. – Lincoln miró nuevamente al camino pensando… Pero súbitamente ya no eran los pensamientos de un hombre adulto con varios demonios en su espalda… Eran los pensamientos de un niño al que le emocionaba hablar de uno de sus pensamientos favoritos. – De hecho, lo escribió el novelista Alan Miller y fue ilustrado por Greg Romita Jr., cuando esos dos se ponen a trabajar siempre hacen obras maestras. - agregó mirando a su hermana con una sonrisa.
–¿En serio lo hicieron Alan Miller y Greg Romita? No inventes Papi, esos son leyendas en el mundo del cómic. Ellos hicieron Civil Battles y los Vigías. – respondió Lily emocionada ante las palabras de su padre.
–Ja ja ja ja sí lo sé, pero la verdad yo creo que el cómic, Ace Savi: The Card Knight Return es el mejor cómic de superhéroes de la historia, o sea comparar eso con Jack un Ojo: Devastación hasta es casi injusto. – siguió comentándole Lincoln mientras seguía atento al camino. Entre ambos hermanos Loud se comenzaba a tocar un tema que lo hacía muy feliz en su infancia, y en ese momento sonrió al recordar a su hermano y a sí mismo hablando exactamente igual que en esos instantes.
–Pero Frank Millar no cuenta, estamos hablando de Alan Miller, el trabajo que hizo en Vigías es catalogado como una de las mejores novelas gráficas de la historia. – Lily refutaba sus argumentos con una reseña de internet que había leído antes.
–Pero Frank Millar también ha hecho trabajos excepcionales. No por nada muchos de los cómics en los que ha trabajado son considerados obras maestras. Sino pregúntale a Mark Moore, cuando trabajaron en El Viejo Savi dijo que Frank era el mejor escritor que había conocido y que eso lo inspiró para que junto a Greg Romita a crear Civil Battles. – Lincoln sonrió cuando a su hermana le brillaron los ojos.
–Oh dios mío… Y Civil Battles es mi saga favorita de Maravilla Cómics. ¿Sabías que le van a hacer una adaptación al cine?
Lincoln sintió la alegría recorriendo el pecho cuando escuchó eso.
–No digas, ¿en serio van a hacer una película de Civil Battles? – La pregunta de Lincoln estaba cargada con la emoción infantil y el amor que un niño solo podría tenerles a los superhéroes de historietas.
–Sí, en la página de World Top Comics anunciaron que Spider Guy iba a hacer su debut en el universo cinematográfico de Maravilla. – La conversación entre ambos siguió y siguió, los dos estaban tan perdidos en la fantasía superheroica que no se dieron cuenta de que ya habían llegado a casa.
Lincoln solo sonreía como un niño mientras seguía compartiendo con ella todas sus experiencias en el mundo de los cómics, por lo que había aparcado la camioneta a un lado en la carretera solo porque él quería seguir hablando sobre sus historietas favoritas. Como en el antaño ayer con Clyde, donde los dos chicos solo hablaban de Arrrgh!, Videojuegos, Cómics, Películas y lo demás quedaba demás. Disfrutando de la alegría de la infancia hasta la llegada del ocaso en su familia, eran esos pequeños momentos donde Lincoln se sentía verdaderamente feliz, donde él sentía que verdaderamente podía ser ese viejo Lincoln Loud de siempre, al menos solo por unos instantes… Disfrutando de los pequeños momentos que ofrecía la vida.
–Pero es que la saga de Timelines también fue muy influyente, así ya era de conocimiento popular que existían varios universos. Cuando introdujeron a Speedy del Universo 1# y el Speeder de Universo 2# todo cambió. – Lincoln seguía refutando los argumentos de su hermana mientras ella también trataba de mantener la charla. –Mira, no estoy diciendo que Destrucción sea inferior a Card Knight o Timelines, pero es que también muchos de los eventos que hizo la editorial marcaron mucho a Ace, Jack y todos los super héroes que les siguieron.
–Sí, y yo no te digo que no papi, pero es que luego de Speed Point los otros eventos que sucedieron antes no habían ocurrido en realidad, y los eventos que acontecieron en la saga The Breaking Point dejaban de ser canon para introducir la nueva cronología oficial.– Lily miró a la ventanilla del carro algo cansada pues en su voz se notaba que había sido una larga charla, pero aún animada de seguir hablando sobre Savi, Jack y todos los héroes de ficción que tanto le gustaban. – Y es que en la saga Devastación en Universos Infinitos se nos explicaba más el trasfondo del multiverso y las consecuencias del cambio de Líneas temporales.
–¿Devastación en Universos Infinitos? – Lincoln escuchó bien el nombre del Comic y ahora sí estaba confundido, pero al pensar un poco se dio cuenta de que ese era uno de los que se había perdido. –Ahhh. Ya, escuché de eso cuando estaba en la academia militar, escuché que había sido todo un Boom entre los coleccionistas de Cómics. - Lincoln volteó su mirada a su hermana –¿Los tienes, Lyl? – preguntó con algo de emoción en sus palabras, sin duda alguna el poder disfrutar nuevamente de su pasatiempo favorito lo alegraba de sobre manera.
–Por supuesto que sí papi, incluso tengo la edición Monster que recopiló todo el evento en un solo libro. – respondió Lily sonriendo, hacía ya mucho tiempo desde que ella había compartido un momento tan agradable, y más tratándose de su padre.
Ambos necesitaban mucho tiempo juntos, Lincoln debía pasar mucho más tiempo con su familia.
Esos pequeños momentos… en los que realmente valía la pena vivir.
Al bajar de la camioneta, Lily se llevó su mochila y Lincoln le ayudó a cargar sus nuevos cómics y la consola que le habían regalado en la casa McBride. Al abrir la puerta, Lincoln escuchó la tele de la casa encendida, dejó las cosas cerca de la mesa de la computadora para revisar y al echar un vistazo alguien estaba viendo una película de guerra. ¿Leni? ¿Leni estaba viendo una película de guerra? ¿Por qué ella vería algo así?
–¿Leni? – Lincoln se acercó a la sala a ver si su hermana se encontraba ahí –¿Leni, dejaste la tele prendida? – al acercarse más, vio las imágenes en la tele, ahí fue cuando comenzó a reconocer momentos.
Un helicóptero de extracción era derribado por un lanzacohetes, Lincoln en ese instante se paralizó al verse ahí mismo, el campo de batalla estaba nuevamente frente a él y el helicóptero comenzaba a caer. A su alrededor la arena volaba furiosamente con los gritos y la miseria de siempre, balas volando por todas partes y los gritos de sus compañeros y de los terroristas viniendo por todos lados. Su pie no se podía mover, estaba paralizado por el suceso que ocurría ante sus ojos, sudor frío comenzaba a correr por su frente y espalda. Su nuca comenzaba sentir el peor espasmo de la historia. El helicóptero de combate descendió hasta culminar en una explosión y las abrasivas de llamas comenzaron a cubrir todo el ambiente corriendo fulminantemente a él. Sentía el fuego que se acercándosele, sus ojos envueltos en el terror observaron cómo las partes calientes y el metal se le venían encima. Lincoln quería moverse, pero no podía hacerlo, sus piernas le habían fallado por completo y sabía que en cualquier instante sería aplastado por la gran pieza de metal que había sido un helicóptero de combate…
–¿Linky? – Leni tocó el hombro de su hermano al ver que no respondía a sus anteriores llamados, y entonces él reaccionó de golpe y miró a su hermana a su lado.
–¿Le-Leni…? – tartamudeó. Al mirar a la pantalla de nuevo, estaban pasando a cortes comerciales.
–¿Qué pasó, Linky? Estaba en la cocina y escuché que me llamaste, pero cuando volví tú ya no respondías. – Leni miró con algo de confusión y preocupación el rostro de su hermano, el cual tenía los ojos aún llenos de terror absoluto. Nada había sido real, todo había sido un recuerdo muy vívido por lo que había visto en la tele. –¿Que ocurre, hermanito? ¿Por qué te ves tan asustado?
Lincoln desvió la mirada de la pantalla mientras la presión que sentía en su pecho disminuía, ver esas imágenes no le habían hecho nada bien.
–No… No es nada, Len – buscó el sillón para sentarse, se sentía estresado, muy estresado, tenía la frente perlada por el sudor y su respiración era irregular. –Dios… Es solo que...– Lincoln jadeaba repetidamente y Leni no entendía que ocurría o por qué se había puesto así y eso la preocupaba de sobremanera.
–¿Qué tienes, Linky? En serio me estás preocupando. – Lincoln en ese momento se cubrió los ojos con la palma de su mano, sintiendo sus dedos humedecerse al sentir las lágrimas saliendo. Todo se había sentido tan real, el fuego, la adrenalina, el olor del metal quemado, su corazón latiendo rápidamente conforme veía el helicóptero caer… Una maldita película le había llevado de golpe a Afganistán y él lo único que podía hacer era tratar de tranquilizarse y convencerse de que estaba en casa y no en el campo de batalla.
–Disculpa Leni… Es solo que… Dios…– Lincoln apartó la mano de su rostro mientras su respiración se tranquilizaba. –Eh… ¿Tú estabas viendo… ehhh, estabas viendo la tele?
–Ehhh… Sí, trataba de ver si había algo interesante, y en el botoncito que decía "guía" decía que iban a pasar la película de Réquiem por un Hermano. Esa película me gusta mucho. – explicó Leni, y Lincoln asentía con la cabeza, eso de alguna forma tenía sentido, pues ¿por qué su hermana vería algo tan horrible como la película que estaban pasando en esos instantes?, sería impensable…
–Ah… Bien… Eh...– Lincoln tragó saliva mientras su respiración volvía a regularse. –Y… bueno, ¿de qué trata esa película de Réquiem por un Hermano?
Leni, ante la pregunta, supo que debía responder con total sinceridad. Aunque aún se notaba preocupada por Lincoln.
–Bueno… trata de que él único hijo varón de una familia, es diagnosticado con una enfermedad terminal… Creo que era un tumor o algo así. – Leni se acomodó bien en el sillón mientras trataba de resumir la trama como podía – Y ya sin nada más que hacer, los mejores diagnósticos médicos le dan tan sólo unas pocas semanas de vida. – Lincoln en esos instantes escuchó atentamente a su hermana.
"Semanas de vida", se dijo internamente.
–Y es que es muy interesante ver cómo reacciona un chico al enterarse que pronto pues… va a fallecer. Y sus hermanas. Incluso te hace preguntarte si es que serán capaces de sobrevivir cuando el centro emocional de su familia les es arrebatado... Es muy linda. Me gustaría que pudieras verla. – Lincoln bajó la mirada –De alguna forma, Lucas me recuerda a ti, hermanito. – Leni sonrió al decir eso y acto siguiente recargó su cabeza en el hombro de Lincoln. –Tú por poco te fuiste… Pero regresaste por nosotras. Y no sabes cuánto te agradezco por ello. – Leni cerró sus ojos con un rostro completamente pacífico.
Las palabras de Leni sobre esa película le hicieron pensar, a veces la vida daba giros inesperados a cada instante, de alguna forma él era afortunado de que solo su pierna se le hubiera sido arrancada de tajo de su cuerpo, pero había gente en el mundo que no tenía la misma suerte, un ejemplo eran sus compañeros de pelotón. Clyde… Cosas tan pequeñas como enfermedades incurables podrían hacer que una familia quedara rota definitivamente y causar cicatrices enormes, entonces Lincoln se imaginó siendo el chico de esa película…
Él se había vuelto un soporte emocional para su familia, como un oído al cual poder hablar y sentirse escuchado, un escudo del cual defenderse de la crueldad de la vida, unas alas para poder tener esperanza en un futuro mejor y una persona en la cual sin importar qué siempre podían querer y confiar… Y todo eso lo mandaba al diablo solo con volver a tocar su cañón de mano.
Sí, la vida no era justa, y no tenía por qué serlo, pero por lo menos podía hacerla más llevadera. Réquiem por un Hermano… Parecía ser una buena película, quizás se quedaría a verla junto Leni y Lily. Quizás para pasar un momento en familia, quizás por la curiosidad que le producía la sinopsis de la película… O solo para darse cuenta de que otros la tenían más fácil que él. Una semana de vida solo para despedirse de todos los que amaba y morir finalmente dejando el mundo en paz y no con una bala en el cerebro, hasta parecía más justo que la pena de muerte establecida que él mismo se había puesto una vez que regresó de la guerra.
Solo para querer romperse la boca a puñetazos por pensar en una acción tan autocomplaciente, abandonar a su familia solo por estar en paz consigo mismo.
"Eres un cobarde", se dijo mentalmente mientras tomaba la mano de su hermana en las suyas.
"Eres un maldito cobarde, si dañas a tu familia permanentemente será tu culpa y de nadie más." Lincoln estaba nuevamente en esa posición, de desear la muerte, pero al mismo tiempo vivir por la el amor que tenía con la gente que tanto apreciaba. No… era su obligación seguir con vida por su familia. Ellas merecían al menos una pizca de felicidad después de haberlo tenido tan lejos por cinco años, decir "Me Rindo" no era una opción. No lo era, maldita sea,
"Te quejas porque la vida no es justa cuando tú solo la harás más injusta para ellas." Su conciencia lo volvió a golpear. "Les vas a arrebatar esta felicidad solo por cumplir tus caprichos, no eres solo un cobarde, eres un canalla por hacerle esto a las personas que te aman… La vida no es justa, pero hacérsela más injusta a personas que no tienen la culpa es la acción de un verdadero egoísta."
–Lo sé… Pero ya no quiero que duela más...– Lincoln se respondió a sí mismo en voz baja. algo que Leni no pasó por alto.
–¿Que te duele, Linky? – Leni miró a su hermano a los ojos, mientras él regresaba al mundo real una vez más.
–Uh… Bueno… Es un sentimiento que a veces tengo, Leni. – Lincoln comenzó a levantarse el pantalón para dejar ver su pierna sintética. –Hay noches que aún la siento… Hay días en los que siento que tengo dedos… Un pie o algo debajo de la rodilla. Pero luego echo un vistazo hacia abajo y me doy cuenta de que ya no hay nada ahí. – Lincoln volvió a cubrir su pierna y Leni, ante esa respuesta, pudo darle sentido a lo que había ocurrido con su hermano momentos antes, pues pensaba que el solo querer volver a sentir su pierna era algo muy doloroso para él por eso ya no quería que le doliera más solo recordar.
–Bueno… No sé cómo debe ser para ti, hermanito… Pero creo saber lo que se siente. – dijo Leni en voz baja tratando de sonar lo más respetuosa posible.
– No, Len… No sabes lo que se siente. Y espero que nunca sepas lo que es. – Lincoln dio un abrumador suspiro en esos instantes mientras la programación volvía a dar el anuncio de la película –¿Podemos cambiarle? La verdad no me siento con ánimos de ver películas ahora. – La voz de Lincoln se dobló al decir esa frase. Y la verdad es que no quería volver a ver la miseria que se vivía día a día en el campo de batalla.
Leni simplemente asintió, quizás ese no era un buen momento para ver la película que ella quería, pero por lo menos podría pasar tiempo con su hermano.
–Por supuesto Linc, dime ¿qué quieres ver? – La chica rubia tomó el control de la televisión y comenzó a explorar los canales que tenían.
Lincoln se quedó pensativo por unos instantes, aún con las imágenes del asalto fallido al pueblo afgano de Da Ghwandai Khar, no quería ver el horror de nuevo ante sus ojos, pero las memorias… Oh, las memorias no lo querían dejar en paz, y lo querían ver sangrar, como una marca permanente de los horrores a los que él mismo tuvo que afrontar por el amor a su familia. Más que las marcas de bala en su cuerpo, o su miembro fantasma, pero esas eran cicatrices más profundas y que le causaban mucho más dolor, cicatrices mentales que, aunque tomara terapias y meses de autoayuda jamás olvidaría ni una de las cosas que pasó en el campo afgano…
–Yo… Disculpa Len… Necesito ir a la camioneta, creo que olvidé algo...– Lincoln se levantó del sillón interrumpiendo a Leni, La cual miraba algo preocupada como su hermano se levantaba del sillón sólo para dirigirse a la salida.
Lincoln tomó las llaves de la camioneta de Lana. Se subió, subió las ventanas. Puso las manos en el volante y comenzó a enfocarse… En su hogar… En sus hermanas… En su madre… En su difunto padre…
Entonces avanzó de ahí, en sus amigos. En sus hermanos. En sus compañeros de vida…
Un poco más y se encontró con Clyde, la familia McBride… Sus compañeros del pelotón 47… Sus hermanos en armas… Los hombres que vivieron un día más ocultando sus rostros ante la batalla. Esperando a que el sol jamás volviera a salir. Como él… que esperaba que nunca más tuviera que levantar su rifle contra otro hombre en un mundo cuya regla principal era… "Son ellos o nosotros"… Eran hombres jóvenes que miraban al fondo de sus propias tumbas, creyendo que sí morían por lo menos Jesús tendrían piedad sobre sus almas, viviendo otro día ocultándose del juicio que cruelmente no se merecían, pero que tendrían por haber tomado vidas indiscriminadamente por órdenes de una ideología que ya los había abandonado a su suerte, su verdadero ser poco a poco desaparecía entre las balas y las llamas. En esos momentos dejaban de ser hombres solo para ser máquinas de guerra que podían ser sustituidas por cualquier pobre tonto que fuera enviado a ocupar su lugar.
Los sentimientos que tenía no podían ser correctos, no podían ser correctos… No podían serlo, la muerte ya no era solo dejar de existir, era una cara que cada vez que aparecía se veía y sentía más vacía. Una vida era eso, quitar oportunidades, quitarle un padre a un niño o niña, quitarle un hijo a una familia y mucho peor… Cuando le disparó a una madre en frente de su hijo pequeño, la vida se perdía tan simple como pisar una hormiga, nada se detenía por más que se quisiera. Cada vez la falta de significancia en una muerte se volvía más y más frecuente.
Hasta el punto de que asesinar a otro humano era simplemente como disparar y ya, no percibía ningún sentimiento de tragedia o tristeza por el simple hecho de extinguir una vida, simplemente ahí terminaba la historia de otro ser vivo y continuaba la de él.
Tomando y quitando vidas solo para que no tomaran la suya, y entonces Lincoln se dio cuenta de que por mucho que él haya luchado sin pensar en él mismo nunca recuperaría su alma… La había extraviado quien sabe cuándo, seguramente cuando mató a la madre de aquel pobre jovencito… O cuando vio las causas de un bombardeo cuando los padres salían con los cuerpos de sus niños, gritándole al cielo por la injusticia de que se les haya arrebatado la vida de su pequeño… La vida no era justa y eso lo demostraban aquellos que perdían a sus familias y amigos con la simple acción de pulsar un botón. Cuando los que nada debían eran siempre los que más temían.
Cuando la violencia ha llegado a un grado en el que se hacen cosas horribles solo por portar una bandera gritando "Libertad", apuntando un rifle de asalto en la cara de alguien más era cuando se perdían los valores humanos…
Venir pidiendo paz cuando ni un bando ni otro pueden hacer parar el río de sangre, en una guerra no había ni héroes ni villanos, solo asesinos que blanden banderas proclamando que su solución es la única, sin pensar en los que son aplastados por sus ideologías.
Y la paz era una Canción que muy pocos podían entender o cantar, muchos perdían el significado y otros solo la ocultaban entre gritos de violencia.
100 millones de soldados no podían estar equivocados… No podían estar equivocados… Porque debían de seguir cuestionando si lo que hacían era correcto, debía ser correcto y debía de haber una explicación para seguir matando… debía de haber una causa justa por la cual seguir muriendo. ¿Pero qué bando era el que realmente mentía? ¿Quién era el que realmente decía la verdad? ¿Cuál era esa causa justa que siempre se terminaba distorsionando a medida de los intereses de aquellos que movían la economía de la guerra?... Sino… solo nos estaríamos matando unos a otros porque en realidad no somos diferentes a los animales, era simplemente supremacía. Y que la ley del más fuerte los consumiera a todos en el fuego de la violencia.
Y Lincoln no podía parar de llorar con sus manos aún aferradas al volante… Pensar en todo lo que había hecho lo torturaba psicológicamente hasta el grado que… Ya no importaba si estaba en casa o no, él había muerto desde el primer momento que había pisado una tierra que no le pertenecía, para matar a la gente que había nacido en ella y proclamar la tierra en nombre de su propia nación.
Ellas lloraron cuando su hermano se fue… Yendo a una tierra tan lejana de la que nunca volvió… Buscando esperanza donde no la había… Buscando una verdad por la que no volvería… Pobre Lincoln Loud… Aún con 24 años y haber visto y presenciado el infierno en vida, seguía siendo un pequeño niño asustado en un mundo tan grande y desensibilizado que su sufrimiento o el de toda su familia le era indiferente al vasto y gran universo, en el que la vida humana no era más que la fracción de un segundo cósmico.
Sí había un dios el cual viera el sufrimiento de un hombre apenas regresado de la guerra, seguramente le tendría mucha pena… O mucha vergüenza… O mucho desprecio. Todo valía en realidad.
La vida no era justa… Solo se acomodaba a las necesidades de la gente.
Tan solo era adaptarse a las reglas del juego y esperar al juicio de la espada de Damocles.
Y si no podían adaptarse bien, la salida estaba ahí para quien fuera el cobarde que no supiera jugar. Simplemente que se apartaran para que otros que sí tuvieran el coraje alcanzaran la victoria. Les guste o no les guste, esas eran las reglas.
Lincoln gritó con fuerza aun sabiendo que quizás los vidrios de la camioneta no serían lo suficientemente capaces de contener tal desesperación, su pecho sangrante y su voz hecha pedazos eran la muestra de que no había a donde ir, no había con quién acudir para poder compartir el sufrimiento de la muerte en vida.
Entre su desesperación y llantos no se dio cuenta de que Lily lo miraba desde el porche, estaba preocupada pero no podía simplemente ir y preguntarle… Mejor dejó que él se lo dijera pues su padre estaba sufriendo como nunca. Entonces Lincoln dejó caer su cabeza en el volante.
Él estaba destruido. No solo por dentro sino por fuera.
Era un hombre roto por la vida misma y aún seguía de pie solo porque la muerte no lo amó cuando tuvo la oportunidad.
Después de un par de minutos, finalmente abrió la ventanilla del conductor, solo para respirar aire fresco. Sus manos temblaban y sentía un hormigueo en su cuello, hombros, espalda, su única pierna y en su cuero cabelludo, necesitaba eso, desahogarse y pensar en lo jodido de su situación.
Así que esa era su vida de ahora en adelante, no soportar escenas de una estúpida película de guerra solo porque la culpa y los recuerdos amenazaban con hacerlo descender más y más al infierno de la locura, el círculo séptimo de los Violentos.
Necesitaba calmarse o sino al entrar a casa nuevamente empezarían a llover las preguntas, enfocarse en el entrenamiento militar, mantener la cordura y sobre todo evitar que lo vieran llorar, eso era la parte más importante, si demostraba que él estaba bien, todo estaría bien. ¿No? Debía ser un pilar, inquebrantable e indestructible para sus hermanas. Él debía ser fuerte, debía de serlo por ellas. Todo podía fallar menos él… Ahora sal ahí y da tu mejor cara, campeón.
Lincoln estuvo a punto de bajarse de la camioneta hasta ver encima del radio la caja que Harold le había dado… Lincoln la tomó entre sus manos y la examinó… Era solo una pequeña cajita, no muy pesada por su contenido, pero aun así sabía que había algo dentro… Al agitarla pudo notarlo… Debía ser algo chico como un celular o un ra… Entonces Lincoln dirigió su mirada hacía la entrada de su hogar, su niña lo miraba expectante…
–Ay no… – Se dijo en voz baja al saber que ella lo había visto llorar y lo había escuchado gritar de desesperación. Lincoln se cubrió los ojos sabiendo que ahora ella tendría tantas preguntas que hacer, ¿qué le diría? "Oye Lily, no es lo que parece solo estaba gritando y llorando porque maté a mucha gente. Oye mi niña, no creas que estaba llorando, es que estaba riéndome de lo patético que soy, ¡Lily! ¿Quieres saber por qué lloraba?, es que me pegué en el dedo gordo del pie inexistente que tengo…" ¿Qué demonios le diría para justificar lo que había visto?... ¿Y solo decir la verdad? Si esa fuera una opción seguramente lo haría… Pero a sabiendas de lo mucho que preocuparía a su hermanita, era obvio que no era un buen momento de decirle… Algo se le ocurriría… Tarde o temprano algo se le ocurriría, así ella no haría preguntas y él no daría respuestas.
Una mentira blanca para tranquilizar la situación y así nadie sufriría… Más que él, ¿pero ¿qué podía perder? Al menos si fallaba no podía decir que no lo había intentado… ¿Verdad?
Lincoln se bajó de la camioneta con la caja de Harold en sus manos.
–Hola Lily. No te vi ahí pequeña, ¿qué ocurre? – Lincoln caminó hacia su hermana con una sonrisa falsa y con un tono de voz perfecto para ocultar lo que había sucedido en la camioneta. Lily no pudo evitar sentirse algo incomodada por la forma que le hablaba, hacía unos momentos lo había visto quebrarse en el auto de Lana. Estaba enmudecida y Lincoln sabía que lo había visto… Sabía que haría preguntas. Era hora de la fase dos. –Eh… ¿Qué haces aquí afuera, Lily?
–Bueno… estaba esperando que me ayudaras a subir mis cosas a mi cuarto… Pero ya no subiste y cuando fui a la sala no te vi con Leni y cuando le pregunté, ella me dijo que le dijiste que ibas a ir a la camioneta por algo. – Lily se veía algo ansiosa por decir la siguiente parte. Lincoln lo notaba en la forma que movía sus pulgares y en la forma que había desviado su mirada.
–Ah sí, ehhh se me olvidó esto. – Lincoln mostró la caja que Harold le había dado momentos atrás. –Recordé que lo había dejado en la camioneta y pues… regresé por ella. – Aunque eso fuera convincente para la mente de Lincoln, no explicaba cómo cuando llegó él estaba rompiéndose a pedazos como ayer en la conversación con sus hermanas.
–Pero… ¿por qué estabas…? – Era hora de la fase tres. Lincoln entonces fingió que se iba de lado, como si no tuviera su prótesis o algo había fallado, Lily vio a su hermano cayendo en cámara lenta como un árbol que había sido cortado por lo que ella realmente se preocupó. Lincoln había logrado convencer a Lily de que había perdido el equilibrio, o que su pierna prostética había fallado. Lincoln cayó en el pasto haciendo que su actuación fuera más creíble y cuando su hermana corrió a socorrerlo, era momento de la fase cuarto. –¡Papi!– Lily ayudó a su hermano a sentarse en el suelo. –¿Estás bien? – preguntó preocupada al verlo caer de esa forma.
–Uh… Sí Lily… estoy bien eh...– Lincoln pensó a la velocidad del relámpago una respuesta convincente para su niña, y cuando la tuvo, la soltó. –Es solo que a veces olvido que no es mi pierna real. – Lincoln miró a la parte de su cuerpo faltante mientras su hermana abandonaba la escena anterior y empezaba hilar las cosas desde ahí. –Perdona, pero es que creo que apliqué peso de más ahí, y pues… Ya sabes. A veces olvido que ya no tengo pierna y… Bueno...– Lily miraba a su hermano con algo de pena, no debía ser fácil vivir sin una pierna, no debía ser fácil ser él en su posición… Poco a poco se dejó engañar por la mentira y se dejó convencer por las palabras de Lincoln.
–Entiendo… ¿Es por eso por lo que estabas llorando, Papi? – Lincoln respiró hasta llenar sus pulmones a tope. Y poco a poco los vació con un pesado suspiro, vio a los ojos de su niña y como el maestro del engaño que se estaba volviendo, simplemente asintió con la cabeza. Lily en ese momento miró con algo más de pena a su hermano. Lo único que ella podía hacer era abrazarlo.
No se sentía bien al mentir, de hecho, no se sentía para nada bien decirle mentiras a su hermana solo para no decirle lo que tenía en realidad, pero era lo mejor para ella. Mientras menos supiera de todo lo que había vivido y hecho era mucho mejor, debía ser lo mejor para ella, pues ya se sentía muy mal solo de pensar que su hermana supiera que era un asesino y un criminal de guerra.
–No te preocupes Lily… Solo duele temporalmente – dijo con una voz algo apagada, su pecho estaba lleno de fragmentos de un corazón roto, y su cuerpo entero sangraba sin parar… Pero seguía siendo un soldado, debía mantener esa postura fuerte e inquebrantable ante ella y las demás. En realidad, era lo único que podía hacer para no preocupar más de lo que ya tenía a su pobre familia. –Ayúdame a levantarme...– pidió Lincoln mientras su hermana asentía con la cabeza.
Ella, con toda su fuerza, trató de levantar a su hermano. Lincoln, aunque hacía la mayoría del trabajo, no pudo evitar sentir cómo su hermana daba todo de sí misma para ayudarlo. Eso lo llenó de orgullo, porque sabía que no importaba lo roto que él estuviera, mientras su pequeña estuviera ahí para él todo estaría bien… Sí ella estaba bien, él estaba bien. Y eso era lo más importante…
"Egoísta". Una voz en su cabeza le recordó que su niña no estaría bien… No lo estaría si esa noche la bala le terminaba atravesando el cerebro… Todo por tener paz…
–Apóyate en mí si no puedes caminar bien. – dijo Lily de manera tranquila mientras utilizaba su propio cuerpo para que su hermano se apoyara en ella.
–Sí Lyl. No te preocupes pequeña. – Lincoln le sonrió con confianza a su hermanita, y ella le devolvía la sonrisa.
Ambos caminaron poco a poco a poco a casa.
Continuará en PostScript…
(Versión de Fanfiction.)
Este… Ha sido un viaje muy largo y sé que aún les debo una segunda parte de esta segunda parte.
Pero sé que valió la pena.
Al final aquí está Homecoming parte 2.
El cual tuve que recortar por ser muy largo, si lo hubiera dejado como estaba lo más probable es que habría muchas quejas por eso. Pero no se preocupen, espero que el PostScript no tarde mucho en llegar.
De antemano espero que puedan entenderme.
Así que esperen por el siguiente PostScript por que daré un anunció muy importante, de verdad discúlpenme por la tardanza. Pero después de terminar de escribir debo pasárselo a mi editora para que el trabajo esté mucho más limpio e impecable.
Por favor disculpen la tardanza.
También denle un vistazo a Loud House S.A.M.C.R.O. Es una historia a parte pero que tendrá muchas referencias de esta serie y viceversa.
Visiten a Greenfics en su canal de YouTube, él subió la parte 1 en su canal. ¡Apóyenlos! Hacen buen contenido y suben buenos Fics.
Visiten también a mi editora FHix en sus páginas de Facebook, Deviantart y Fanfiction Hace mucho contenido lindo e interesante, además de historias muy Lindas.
Síganme en Deviant, No subo mucho, pero… Últimamente estaré subiendo Diseños e Ilustraciones de LH Sons y Homecoming… ¡It's Something!
ArrobaObscurum-Draco
Les agradezco tanto a todas sus visitas, comentarios y Favs. De verdad chicos y chicas, los amo a todos, no haría esto sin toda la ayuda y soporte que me dan.
Chicos, chicas gracias a todos. Aquí los verdaderos artistas son ustedes. Sin ustedes yo seguiría publicando historias sin constancia ni relevancia. Muchas gracias.
De su Amigable Vecino.
El Sorprendente Eddy Araña.
(English Announces)
I hope to submit the Part 2 soon translated to English language, And Loud House S.A.M.C.R.O. Sorry for the long delay but I have some issues between I write, my editor adjusts, and I Translate. If someone can help me to do the translate I would appreciate it be very, very much.
Follow me on Deviant Art, I don't submit a lot, but… I will be submitting illustrations and designs of L.H. Sons and Homecoming… It's Something!
Obscurum-Draco
I thank you so much for all your visits, comments and Favs. Really, guys and girls, I love you all, I would not do this without all the help and support you give me, I appreciate your contributions so in the next chapter of Homecoming I will make a special announcement for all of you. For real.
Guys, girls, thank you all. Here the real artists are you.
Without you I wouldn't continue to publish stories without constancy or relevance. Thank you very much.
From your Friendly Neighbor.
The Amazing Spider Eddy.
Continuará en PostScript…
The Loud House: Lincoln Homecoming.
Un Lugar Que Llamar Hogar.
