¡Hola!
Lo primero, disculparme por la tardanza. He estado de exámenes y han pasado ciertas cosas que me han complicado el poder sentarme frente al ordenador para actualizar.
Segundo, ¡mil gracias por vuestros comentarios! Me dais la vida con vuestras palabras. Sois un amor y espero de corazón poder devolveros algún día todo el apoyo. Espero que os gusten los siguientes capítulos (iré subiendo dos capítulos por semana – Miércoles y Domingo).
Los comentarios sin cuenta en los responderé abajo.
Un besito muy grande
Ciao~~
―O'Brienn tiene la quaffle, se la pasa a Melbourne, Melbourne se adentra en el campo contrario, esquiva una bludger y le pasa nuevamente a O'Brienn. ¡Menudo contraataque está haciendo Slytherin! ¡Oh! ¡Pero Gryffindor no se está quedando atrás! ¡Hawke ha aparecido raudo como un rayo y ha recuperado la quaffle! ―la comentarista de la casa de Ravenclaw, Johanna Jackson, o JJ, como se la llamaba en sus círculos más cercanos, estaba a punto de saltar desde la grada de los profesores hasta el campo para poder hacer un seguimiento más minucioso―. ¡Sugawara se ha interpuesto y le ha robado la quaffle a Hawke! ¡Aquí se han quedado los intentos de Gryffindor por superar la aplastante victoria de Slytherin!
El público de la casa de la serpiente vociferaba eufórico viendo la victoria ya cercana de su equipo. Casi podía saborear sus primeros puntos, una victoria más que merecida contra la casa del león, sus enemigos acérrimos por la alta competitividad entre ambos. Había sido así desde generaciones.
―¡Oh! ¡Cuidado! ¡La buscadora de Gryffindor ha visto la snitch! ¡Si lo consiguen podrían ganar a Slytherin por una ventaja de diez puntos! ¿Qué harán las serpientes? ―continuó hablando JJ, mientras no apartaba la mirada del partido.
Koushi apretaba con fuerza la quaffle contra su pecho y se dirigía hacia el campo de Gryffindor, donde solo Daichi, el cazador, esperaba frente a los aros. Había que aprovechar aquella ventaja.
―No voy a dejarte marcar ―dijo el león confiado.
―Eso ya lo veremos ―le respondió Koushi lanzando con todas sus fuerzas la quaffle.
―¡Sugawara ha lanzado la quaffle! ¿Será este el fin de Gryffindor? ―Un ruido seco resonó por todo el campo. Por un momento, el estadio entero contuvo la respiración. La quaffle que tan directamente iba hacia uno de los aros sin vigilancia, había sido golpeada en el último instante por una de las bludgers y se había desviado tan levemente que golpeó la parte metálica del aro dorado, cayendo pesadamente al pequeño recinto de suave arena blanquecina―. ¡Menudo cambio de los acontecimientos! ¡Gryffindor ha atrapado la snitch! ¡Increíble! ¡Gryffindor gana!
El corazón de Koushi dio un vuelco a medida que los gritos de Gryffindor, y del resto de casas menos de la suya, rugían eufóricos. No podía ser… La victoria se les había escapado de las manos por tan poco, por un pelo, y había sido todo culpa suya. Si hubiera estado más pendiente de la bludger… Si hubiera prestado atención no solo a Daichi y a su estúpida competición con él… Si no hubiera estado tan cegado con marcar... Si hubiera mantenido la mente fría y serena como hacía siempre… Tal vez…
Con el alma en los pies, aterrizó en el campo junto al resto de sus compañeros y se disculpó sinceramente. Estaba destrozado al haber sido la causa de una victoria que estaba ya cantada. Aquel error podría suponer que, por consenso, le expulsaran del equipo. Sin embargo, pese a todo, nadie parecía querer escuchar lo que tuviera que decir. Estaban excesivamente absortos mientras se quejaban a la profesora Owlnest por la jugada de los leones, la cual alegaban que era ilegal. Se suponía que la bludger solo se podía desviar de su trayectoria para evitar que golpearan a los miembros del mismo equipo, no para golpear las pelotas que estaban ya en juego o en el aire.
Pero… ¿qué más daba?
Koushi estaba seguro que solo lo hacían por aquella derrota tan ajustada. Porque era el último partido contra los leones que tendrían muchos de sus compañeros. Además, para más inri, esto no era Quidditch profesional y nadie había salido, salvo el ego y la confianza de Sugawara, herido pero… eso poco importaba.
Tal y como pensaba, la profesora Owlnest rechazó las quejas de los de Slytherin y el partido quedó tal y como estaba, con la victoria de Gryffindor y la derrota de Slytherin. Sin poder soportarlo más, Koushi salió lo más rápido que pudo del campo de Quidditch, ignorando los llamados de su capitán y las palabras de ánimo que algunos de los alumnos de su propia casa le dedicaban.
No parecían enfadados pero necesitaba alejarse, aire, aire fresco, cambiarse la ropa mojada por culpa de la lluvia que había caído en los treinta primeros minutos del partido, sentarse en la sala común de su casa en las mullidas butacas de cuero negro frente a la chimenea y sumergirse en la lectura de uno de sus muchos libros hasta abstraerse del mundo, hasta que fuera la hora de la cena.
―¡Suga!
No por favor, suplicó mentalmente. El chico se giró tenuemente para observar cómo el cazador de Gryffindor se acercaba corriendo hasta él. No le había dado tiempo a quitarse el todavía mojado uniforme rojo y dorado de Quidditch ni a dejar la escoba junto a las del resto del equipo, puesto que la arrastraba sobre el césped mojado de los jardines. Era como si su único pensamiento fuera hablar con el culpable de la desgracia de Slytherin.
―¿Qué haces aquí Sawamura? ―preguntó con amargura Koushi. Sabía que él no tenía la culpa de la derrota de Slytherin pero había sido el único que le había seguido hasta allí cuando todo su cuerpo, desde su reacción, su huída, hasta su postura, gritaba a los cuatro vientos que lo único que deseaba es que le dejaran solo―. ¿No deberías estar celebrando tu merecida victoria?
Daichi ignoró el tono venenoso de las palabras del chico y dio un paso hacia delante, acortando la distancia entre ambos.
―Yo… Solo quería saber si estás bien ―respondió algo cohibido.
―Estoy perfectamente ―echó a andar hacia el castillo. En serio… Sólo deseaba quitarse el uniforme plata y esmeralda que no se merecía y leer un buen libro hasta la hora de la cena. ¿Tan complicado era de entender?―. En serio, vete con tus compañeros, te mereces celebrar esta victoria. Has jugado muy bien.
―Me han metido más de ciento cuarenta puntos ―replicó incrédulo―. ¿A eso le llamas jugar bien?
―Habéis ganado. Eso es lo que cuenta al final ―murmuró sin detenerse.
Daichi bufó por lo cabezota que era la serpiente y apresuró el paso haciendo que, con un rápido movimiento, le cogiera de la manga de la túnica y evitara que continuara caminando hacia el castillo. Koushi ni se giró. No quería que nadie viera su rostro compungido y roto por la rabia y el dolor.
―Por favor… Quiero estar solo ―pidió suplicante el chico con la voz ligeramente entrecortada, intentando que las lágrimas no se desbordaran de sus ojos y que el nudo de su garganta se deshiciera.
Antes de que pudiera pedírselo de nuevo, los brazos de Daichi le rodearon con fuerza, envolviéndoles en una cálida caricia que hizo que todo su cuerpo se tensara ante el íntimo contacto. No era la primera vez que se abrazaban pero, por lo que fuera, se sentía diferente, excesivamente diferente. Un montón de mariposas, que revoloteaban excitadas en su interior, le acariciaron la boca del estómago, enviando un montón de descargas eléctricas en forma de agradable cosquilleo en su suave piel.
Sin pensárselo, Koushi enterró la cara en el pecho del Gryffindor y, agarrándole la túnica por la espalda para afianzar el abrazo, rompió a llorar como un niño desconsolado cuyo único deseo es volver con su madre tras haberse perdido en algún lugar inhóspito. Los violentos espasmos de su cuerpo chocaban contra la ligera entereza del otro, cubierto por el protector del pecho y hombros, que hacía todo lo posible por evitar que el chico se derrumbara.
―Ven… ―acarició suavemente su espalda―. Vamos por aquí ―susurró contra su oído mientras le guiaba de la mano hacia el Bosque Prohibido. Un grupo de Ravenclaws, que charlaba animadamente comentando hasta el último detalle del partido, pasaron justo por el lugar en el que segundos antes habían estado ambos jugadores entrelazados. Koushi agradeció mentalmente que Daichi tuviera tanta sensibilidad y deferencia hacia él como para llevárselo de allí, para que no sufriera las burlas de nadie. Porque no habría sido capaz de soportar las burlas de las águilas.
El de Gryffindor continuó guiándole hasta la linde del bosque. Sin soltar la mano de Suga, lo condujo por entre los árboles, sorteando ramas bajas y raíces salidas que dificultaban el paso, hasta un pequeño claro donde unos cuantos thestrals pastaban tranquilamente. No tardó demasiado tiempo en sentar al chico en el suelo y, en el proceso, a él mismo también.
Koushi había dejado de llorar en cuanto se sentó, con un pequeño sonido indescriptible, pero todavía había rastros salados y tirantes de su pequeño momento de debilidad. Sus ojos estaban rojos, sus mejillas sonrosadas y decoradas grotescamente por pequeños caminitos brillantes por donde habían estado corriendo las lágrimas libremente minutos antes. Daichi le colocó un mechón detrás de la oreja y sonrió cuando los ojos castaños de Suga le miraron.
―Gracias ―susurró con la voz todavía ronca y rota. Se pasó bruscamente las mangas de la túnica del uniforme por la cara para eliminar las lágrimas que quedaban todavía sobre su piel antes de volver a mirarle. Sorbió ligeramente por la nariz.
Ambos permanecieron en silencio, mirándose a los ojos durante lo que a Suga le pareció un tiempo minúsculo. Le habría gustado observar los ojos de Daichi indefinidamente, poder disfrutar de los matices chocolate que le arrancaban los rayos de sol que se colaban entren las ramas, de sus pupilas dilatándose y contrayéndose por la luz brillante, hasta el movimiento de sus pestañas cada vez que parpadeaba.
Y no sabía por qué le pasaba esto.
Al final, fue Daichi el primero en romper el silencio en el que se habían sumido y que ninguno de los dos sabía cómo eliminar.
―Has jugado muy bien ―comentó sinceramente. La carcajada seca que escapó de la garganta de Koushi fue suficiente para que el león le mirara azorado y alzara la voz―. ¡Es cierto! ―exclamó, soltando un gallo tan estridente que se tapó la boca avergonzado. Koushi tuvo grandes ganas de reírse en su cara, pero no sería justo puesto que él también estaba acusando los mismos cambios.
Se aclaró la garganta, intentando que los cambios de voz que estaba sufriendo por culpa de la pubertad se mantuvieran dormitando un poco más. No era muy creíble que quién te estuviera hablando, intentando animarte, fuera el juguete de goma de tu perro. Sin embargo, aquello fue suficiente para hacer que Koushi sonriera de nuevo, aunque solo fuera tenuemente.
―Ha sido un desastre y lo sabes.
―Si la quaffle no hubiese sido desviada, habrías marcado y habríais ganado. No me habría dado tiempo a atraparla ―confesó rascándose la mejilla.
―Realmente habríamos quedado en empate ―le recordó evitando que Daichi dijera algo más.
―Pero…
Koushi negó con la cabeza y, pegando las piernas a su cuerpo, apoyó la barbilla sobre sus rodillas. Dejó escapar un suspiro y cerró los ojos.
―¿Sabes? ―comenzó―. Creo que me van a echar del equipo.
―¡¿Qué?! ―exclamó Daichi horrorizado. Sus ojos se habían abierto como si fuera algo impensable―. ¡Pero si ha sido solo un partido!
―O tal vez me vaya yo…
El Gryffindor gateó hasta ponerse justo delante del chico y le alzó la cabeza por el mentón tan súbitamente, que consiguió lo que quería. Que Koushi le mirase solo a él.
―¡¿Estás bromeando?! ―le gritó. Le ponía enfermo que pensara tan mal de él. ¡Había estado maravillosamente! ¿Por qué no quería verlo?―. ¡No puedes irte así como así solo por un estúpido partido! ¡Nos ibais ganando por una ventaja de ciento cuarenta puntos! ¡Habéis sido muy superiores en todos los aspectos! ―exclamó alterado. Pequeños gallos le salían de vez en cuando (los cuales Koushi encontró sumamente adorables) pero eso no le impidió continuar. Estaba ofendido y dolido que el mismo al que consideraba su amigo, tuviera tan poca estima de sí mismo. Y eso le enfadaba. Respiraba entrecortadamente y le miraba fijamente a los ojos, con una fiereza tan propia de un león que cualquiera encontraría intimidante. Pero no Koushi. Él pudo sentir cómo todo su cuerpo temblaba por aquella mirada, y no por culpa del miedo que pudiera emitir Daichi con ella. Sino por el aliciente que suponía para todas aquellas mariposas que afloraban en su estómago.
―Pero habéis ganado vosotros. Al final, eso es lo único que cuenta ―repitió nuevamente, amargamente, apartando con delicadeza la mano de Daichi de su barbilla, en un vano intento por calmarse, y centrando su mirada en el ciempiés que correteaba por la corteza del árbol.
―No opino lo mismo ―murmuró ligeramente enfurruñado, cruzándose de brazos. El Slytherin sonrió antes de mirarle por el rabillo del ojo. El sol apretaba con fuerza tras la intensa lluvia que había caído, rodeando con sus rayos la cabeza de Daichi, formando a su alrededor un halo casi celestial, iluminando su piel ligeramente más morena que la suya y arrancando cálidos destellos de sus ojos chocolate, ligeramente entrecerrados y protegidos por aquel escudo de pestañas negras. Koushi pudo apreciar cómo las facciones infantiles iban tomando, poco a poco, la dureza propia de las de un adulto, aunque aún le faltara mucho para terminar su desarrollo.
Su mandíbula se iba delineando tan delicadamente como su nariz, adquiriendo un aspecto regio; los pómulos comenzaban a sobresalir bajo sus dulces ojos y los labios carnosos y ligeramente brillantes gracias a la lengua que escapaba de ellos para lubricarlos, parecían prestarse encantados a una larga sesión de…
Koushi abrió los ojos como platos, tragando saliva dificultosamente, y se echó hacia atrás, con la espalda completamente recta pegada al tronco del árbol. ¿Qué acababa de ser eso? ¿Por qué se había quedado tan absorto mirando los labios de Daichi? ¿Por qué se le había pasado por la cabeza el besarlos? ¿Tenía algo que ver con el abrazo de antes? ¿O con el contacto casi irrompible de los dedos de sus manos entrelazadas? ¿O con la mariposas que revoloteaban caprichosas en su estómago?
Podía sentir cómo su corazón latía desbocado por semejantes pensamientos, resonando con fuerza en sus oídos, como su pulso se aceleraba como una poción en plena ebullición y la temperatura de su cuerpo se elevaba hasta el punto de sentir un frío sudor creciendo en su nuca. Su compañero le dedicó una mirada confusa mientras observaba como Koushi se pasaba la mano por el pelo y la nuca, nervioso, intentando alejar esos pensamientos de su mente.
―¿Estás bien, Suga? ―preguntó confundido, inclinándose un poco sobre el chico.
Un fuerte sonrojo cubrió las mejillas del chico, que se apresuró a asentir rápidamente, deseando que se alejara de su rostro para que no fuera capaz de escuchar la turbación de su corazón.
―¿Seguro? ―No parecía demasiado convencido―. Si quieres seguir llorando, puedes hacerlo. No voy a decírselo a nadie ―se llevó la mano al pecho y sonrió―. Puedes confiar en este león.
―¿Por qué? ―La pregunta le salió sola, rota y entrecortada, con un tono demasiado agudo denotando el cambio que también estaba experimentando su cuerpo.
―Porque somos amigos, ¿no? ―dijo, como si fuera lo más normal del mundo. Koushi le miró durante unos segundos antes de tirarse encima del chico y abrazarle, dejando que las lágrimas volvieran a caer por sus mejillas. Daichi le devolvió el abrazo, sorprendido ante la súbita reacción, acariciando suavemente su espalda. La quietud del bosque se rompía solo por el canto de alguno de los pájaros y por los sollozos de Koushi―. ¿Estás mejor? ―preguntó cuando el chico se separó ahogando el último de sus gimoteos.
―Sí…
Daichi le pasó los pulgares por las mejillas suavemente, justo por debajo de los ojos, para secarle las lágrimas que amenazaban con secarse, dejando la marca de la tristeza en su piel. Koushi esbozó una pequeña sonrisa. Se sintió un estúpido y un imbécil. Un idiota por llorar como un niño pequeño por algo que ni siquiera suponía un motivo en sí. Agradeció que Daichi no le atosigara ni le obligara a contárselo. Ni siquiera él lo sabía.
―Gracias… ―susurró.
―No tienes que dármelas ―La sonrisa que le dedicó bastó para que su corazón volviera a dar un vuelco vertiginoso.
Solo podía haber una razón por la que sintiera todos aquellos cosquilleos cada vez que Daichi le tocaba o miraba y era que le gustara. Decidió utilizar las preguntas que había leído en una revista de su madre hacía años y que él, como el niño curioso y ávido de lectura que era, se aprendió de memoria. ¿Lo consideraba un buen amigo? Sí, aunque no se conocieran desde hacía demasiado. ¿Estaba a gusto con él? Sí. ¿Pensaba en él con frecuencia? Para vergüenza suya, sí que se había descubierto pensando en el Gryffindor en las situaciones más inesperadas, como en clase o en la cama. ¿Se sentía seguro con él? Muchísimo. ¿Aprovechaba a mirarle furtivamente? Muchas veces, sobre todo en el Gran Comedor. ¿Le gustaría un contacto más íntimo? Sí…
Lo había pensado tan seguro que no tenía ninguna duda. Estaba enamorado de Daichi. ¡Solo tenía trece años! Aquella revelación le lleno de temor y miedo. No sabía cómo enfrentarse a ello. Tal vez solo fuera una confusión por el cariño y la comprensión que le había demostrado aquella mañana.
―Tengo una bolsa de diablillos de pimienta y sapos de menta ―le dijo con una pequeña sonrisa―. ¿Quieres que vaya a por ella?
―¿Y hacer que te pierdas la celebración de la victoria con tu casa? ―preguntó antes de negar con la cabeza―. No te preocupes. Ya estoy bien ―Le aseguró con una sonrisa―. Anda, vete a disfrutar un poco.
―¿Seguro?
Koushi soltó una carcajada.
―¡Pero mírate! Estás deseoso de irte ―señaló, a lo que el Gryffindor se sonrojó―. De verdad, vete. Ya has hecho más que cualquiera de mi casa. Muchísimas gracias.
Daichi se levantó para acuclillarse nuevamente y ponerse un dedo delante de los labios, como si estuviera sopesando algo.
―Me voy solo si prometes que dejarás de llamarme Sawamura ―dijo.
―¿Y cómo quieres que te llame? ―preguntó Koushi confundido.
―Daichi ―le animó a que lo repitiera―. Vamos. Dai-chi.
―Daichi ―repitió el Slytherin saboreando cada una de las sílabas. El león pareció contento―. Entonces tú tienes que llamarme Koushi.
―Koushi… ―la sonrisa que se pintó en sus labios renovó de energías el pequeño cuerpo de la serpiente. Su corazón latió con calidez y pronto se vio a si mismo devolviéndole la sonrisa―. Nos vemos por la tarde, ¿de acuerdo?
Entonces ocurrió lo que jamás pensaría que ocurriría. Daichi le dio un beso en la mejilla y se levantó para salir corriendo. La capa de su uniforme rojo y dorado ondeo contra el viento y desapareció entre los árboles como un destello fugaz.
Koushi se llevó la mano a la mejilla, atónito. Daichi le había besado la mejilla. Por un momento, recordó lo que su madre le dijo una vez cuando era pequeño. "Cuando alguien te de un beso en la mejilla, te está mostrando su admiración, su cordialidad y su amistad. Sonríe por ello porque habrás encontrado a alguien a quién has de atesorar."
No sabía si lo que realmente sentía por Daichi era amor o cariño pero, desde luego, pensaba cuidarle como si fuera lo más valioso de su vida.
DramaQueen: ¡Hola! ¡Mil gracias por tu comentario! Me alegro muchísimo de que te guste ^^ Era inevitable el no escribir sobre dos de mis fandoms favoritos. ¡Espero haberles hecho justicia!
Greencata: ¡Hola! Aquí estoy con las subidas. He tenido una serie de problemas que me han impedido el poder pasarme por . Pero ¡ya estoy aquí dispuesta a dar guerra! ¡Ay! ¡Mil gracias! Espero, de verdad, que te sigan gustando el resto de capítulos. ¡Espero hacerle justicia y cumplir tus expectativas!
