Una visita insólita

Como el fuego que se apaga, las pisadas de las bestias que les perseguían fueron desapareciendo. Al quedarse inmóviles en la llanura, el suelo debajo de ellos se movió, así como el resto del mundo en el que estaban. Antes de que Robin se diera cuenta, habían llegado al claro de un frondoso bosque. Había un bello estanque de agua cristalina y nenúfares. Algunas ranas se zambullían alegremente, y la brisa creaba ondas en la superficie.

"¿Y qué pasó entonces? Después de ir tras ellos, me refiero." Preguntó Lily, adelantándole desde detrás y sentándose a orillas del charco. Se quitó las botas y se remangó el pantalón.

"Llegamos a una plaza de la ciudad. El grupo de bandidos no superaba las diez unidades, por lo que no era una misión imposible." Comentó el peliblanco, acercándose a él y acomodándose sobre el fresco césped.

"¿Diez son mucho? Es que no recuerdo muy bien los números, y nunca me ha importado enfrentarme a una decena o a una centena." Murmuró el castaño, llevándose los dedos a la cabeza, como si así pudiera recordarlo mejor.

"Esto… supongo que eso es relativo para cada uno. Ocuparnos de aquellos bandidos desorganizados habría sido una labor de… dos guerreros experimentados, aproximadamente." Calculó el estratega, ladeando la cabeza en sus cuentas.

"¡Venga, cuéntamelo! ¡Pero no te extiendas en detalles, que tenemos muchas más batallas por las que pasar!" Saltó Lily, literalmente tirándose al estanque. Aunque el suelo bajo el agua no era lo suficiente profundo como para esconder al trajeado, éste desapareció entre las ondas del agua.

Mojando a Robin, Lily aterrizó a su lado, como caído del cielo. El peliblanco se levantó para quitarse su abrigo y extenderlo sobre el césped para que se seque con los gentiles rayos de sol que se filtraban en el claro. Al volverse al estanque, su superficie proyectaba sus recuerdos. En aquel momento, Robin decidió que debía hacerse con el grimorio responsable de aquella magia. ¡Así podría estudiar cualquier batalla con abundantes detalles! […]

"Perseguí a los Custodios a la ciudad del sur. Casi les perdí la pista varias veces, pero siguiendo el camino principal llegamos a la plaza del pueblo. Había unos cuantos puestos de fruta. Un puente separaba la zona de una iglesia en llamas. …"


Dices que no me extienda en detalles, pero realmente aquella no fue la batalla más larga. Para cuando hube llegado con ellos, Frederick ya había abatido a un bandido que estaba a punto de asesinar a una anciana y a su nieto. Primero le asestó un barrido de lanza ascendente y después le embistió con su yegua. Tuvo la consideración de taparle los ojos al niño para que no viera la sangre salir del bandido.

Mientras él regresaba con su señor, Chrom mantenía un duelo de espadas con un soldado forzudo. El peliazul parecía tener problemas para dominar el encuentro, por lo que su hermana cogió un puñado de frutas y comenzó a arrojárselas al malhechor. Las manzanas les llamaron la atención, los plátanos le extrañaron, pero los melones sin duda le rompieron la guardia.

Chrom logró hacerse camino con su espada hasta el pecho de aquel bandido, perforándole en un movimiento cargado de decisión. Para arrebatar una vida, uno debe estar preparado para recibir las represalias.

En éste caso, el compañero del abatido saltó por encima de los puestos de comida, olvidándose de la chica a la que estuvo a punto de forzar. Elevó su hacha sobre sus cabezas, dispuesto a acabar con el peliazul. Sin embargo, yo no estuve dispuesto a permitirle cumplir su venganza.

Interpuse mi espada con decisión, resistiendo la brutal embestida de su hacha. En vez de dejarme aplastar por su empuje, seguí el movimiento de mi carrera y le atropellé. Chrom dudó durante un instante, pero al segundo siguiente saltó sobre el bandido para ensartar su espada y prevenir algo peor.

"¡Robin! ¿Por qué nos has seguido?" Preguntó el peliazul al ayudarme a levantarme. Lissa corrió junto a nosotros, acercándose a la joven que casi fue tomada por la fuerza y curándole los moratones en los brazos, unos puestos de comida más allá.

"N-no estoy seguro, pero estoy armado y dispuesto a ayudaros a defender a los ciudadanos." Repliqué tras un momento de vacilación. No sé qué fue lo que vio Chrom, pero pareció aliviado al verme los ojos.

"Por supuesto. ¡La unión hace la fuerza! Simplemente no te alejes demasiado." Ordenó el líder, abriendo los ojos de par en par al ver como otro rufián se aproximaba a su hermana con una daga. La joven agarró a la rubia por los brazos, aterrorizada al verse en peligro de nuevo.

Cuando me di cuenta de lo que estaba a punto de pasar, mi cuerpo se movió solo. Saqué un libro dorado de entre mis ropajes y lo abrí por una extraña página llena de símbolos especiales. Apunté mi mano, y una bola de energía salió de mi palma. El ladrón de equipo ligero no se dio cuenta del ataque, recibiendo de lleno el impacto. Su cuerpo comenzó a sacudirse, convulsionando hasta caer al suelo.

Lissa se levantó con furia, aporreando su bastón de sanación contra la cabeza del moribundo bandido.

"¡Yo no soy delicada!" Le gritó con irritación. Una sonrisa asomó a sus labios después. Alguien la agarró del vestido, obligándola a subirse a una montura.

"Por favor, mi señora, permaneced a mi lado durante ésta batalla. No recibiremos cuartel al enfrentarnos a éstos experimentados malhechores: es matar o morir." Sermoneó Frederick con sangre en el rostro.

"Ya lo sé… Tenemos que pararles los pies." Asintió Lissa, agarrándose al caballero mientras se reajustaba sobre el caballo para que no se le subiera el miriñaque.

"¡Señor Frederick! ¡El enemigo se estará arremolinando en torno a la iglesia! ¡Desde allí podrán defender las entradas con mayor facilidad y controlar el rumbo de la batalla!" Avisé al castaño, sujetando el grimorio en una mano y mi espada de bronce en la otra.

"¿Cómo decís? ¿Cómo podéis estar tan seguro de que- ¡Oh! Estáis en lo cierto." Se sorprendió Frederick al dirigir sus ojos a la ruidosa iglesia. Un monje se había dedicado a tocar la campana como un loco para advertir a todos del peligro que corrían.

"Sé que es algo extraño, pero puedo ver el flujo de la batalla, el devenir de los combates, el armamento… Debo haberlo estudiado en alguna parte…" Murmuré llevándome la mano a la cabeza, intentando exprimir mis recuerdos en busca de respuestas.

"¿Estás bien, Robin?" Se preocupó el peliazul al notar mi frustración. "Has decidido luchar con nosotros, y eso te convierte en nuestro amigo. Saber que estás de nuestro lado me da coraje. Aunque… intenta apuntar tu mano en una dirección que no sea la mía." Mencionó, mirando a mi grimorio nervioso.

"¿Esto? La verdad es que no sé muy cómo se usa, pero mi cuerpo reaccionó por su propia cuenta." Mencioné, dirigiendo mi mano hacia él, asustándole. Retiré el brazo rápidamente al notar la mirada asesina de Frederick. *Suspiro* Es cierto que tiene razón en desconfiar de mí, pero también quería divertirme un poco, y la cara que puso Chrom mereció la pena.

"¿Y cuál es el plan, Robin? Si se han atrincherado en la iglesia dudo que logremos hacerles salir." Mencionó Lissa, dirigiendo sus preocupados ojos a los gritos procedentes del gran edificio. Eché un vistazo rápido a la zona, intentando elaborar un plan de acción. Había dos espadachines y un mago custodiando el puente, mientras que los otros tres esperaban en la entrada de la iglesia.

Si embestíamos de frente, podríamos derrotar a la primera fila de enemigos, pero los otros entrarían en el edificio y concentrarían sus defensas, creando una batalla de desgaste a través de las entradas a la iglesia. Además, había civiles en su interior, por lo que no podíamos permitirnos aquel riesgo.

"Señor Frederick, tú dirigirás la carga y te ocuparás de distraer a los enemigos del puente. Lissa, tú irás con él y le sanarás en caso de que corra peligro. Dudo que vuestra armadura os pueda defender de una llamarada." Me dirigí. Frederick intentó contestar algo, pero la rubia le rodeó entre sus brazos en un intento de zarandearle, comentando si estaría a salvo con ella.

Chrom y yo tenemos que llegar hasta su líder y acabar con él antes de que ordene la retirada, o las consecuencias serán terribles." Dicté con claridad, directo al grueso de la información. El caballero se mostró molesto con mi estrategia, probablemente asustado de dejar a su señor a solas con un potencial espía, yo.

"Entendido. ¡En marcha!" Rugió Chrom con fuerza, corriendo a paso ligero hacia el puente.

Mi plan no solo tenía en cuenta la fuerza aproximada del enemigo. Contaba con la responsabilidad de Frederick, obligándole a destruir a sus enemigos asignados sin piedad para venir tras nosotros tan pronto como hubiera acabado. Necesitaríamos esos refuerzos si nuestra batalla se prolongaba.

Tras avanzar por el puente, percibí una descarga eléctrica dirigiéndose hacia nosotros. Lancé mi propio hechizo para crear una sobrecarga que resultase en una explosión. Chrom se aprovechó de los residuos posteriores para asestar un tajo imprevisto en el desprotegido pecho del mago.

"¡Hyahahaha! ¡Venid a la matanza, corderitos!" Se rió el hombre junto a ellos. Me impactó ver que sabía su nombre. Garrick… ¿Por qué le conocía? …

El espadachín junto al líder de los bandidos pegó dos rápidos pasos hacia Chrom, dirigiendo dos peligrosas punzadas que le rozaron la cabeza. Usé nuevamente el hechizo 'Trueno', lanzando la bola dorada e inestable hacia el adversario de Chrom. El peliazul agradeció mi asistencia, aprovechándose del aturdimiento de su rival para asestarle un mandoblazo que entró por el hombro.

"¡Guh! ¡Morid, malditos gusanos!" Gritó Garrick, corriendo hacia mí con su exagerado cuerpo. Era como una enorme bestia. Supe que no sobreviviría a su ataque si lo recibía.

El rufián arrastró su enorme hacha por el suelo con la clara intención de ejecutar un tajo ascendente. Su postura encorvada daba a entender que le gustaban los ataques ascendentes, por lo que deduje que le costaría responder a un ataque con los brazos en alto.

Esperé hasta el último momento antes de dar un paso hacia atrás. El frío acero de la muerte pasó por delante de mi rostro, haciéndome un pequeño corte en la nariz y la frente. Enardecido por la adrenalina, dirigí mi espada hacia su pecho, pero apenas logré hacerle una rozadura. Iba a pecho descubierto, y aun así mi arma no logró hacerse paso a través de su pecho. … Ni me había preparado para atacar bien, ni hubo peso en mi tajo.

"¡¿Huh?!" Rugió el pelirrojo de barriga pintada de rojo. Siguió el movimiento de su brazo imitando a un molino de viento. Aquel segundo ataque ascendente no podría esquivarlo.

Cuando pensé que ya iba a morir, Chrom se interpuso entre el recorrido del hacha y yo, bloqueando con su espada dorada el duro impacto. Aunque fue un choque férreo e igualado, Garrick tenía una fuerza mayor que los dos juntos. Al tirar nuevamente del brazo, nos lanzó a ambos por los aires, empujándonos hacia atrás unos cuantos metros.

Chrom cayó mejor que yo, rodando por el suelo sin perder el agarre de su arma. Garrick reanudó su carrera para incrustar su sedienta hacha en el cráneo de alguien. El peliazul recuperó su guardia, esperando con decisión. El pelirrojo lanzó un tajo horizontal que Chrom esquivó al agacharse. El hacha siguió su recorrido y destrozó la barandilla del puente. Entonces se me ocurrió otro plan.

Garrick dirigió un rápido puñetazo al peliazul, y aunque Chrom logró bloquearlo, le tiró al suelo, dejándole a merced de sus ataques. Me levanté raudo como alma que lleva el diablo y empujé con todas mis fuerzas al pelirrojo por la grieta en la barandilla. Al tropezar con la demolida piedra, se precipitó sobre el río. Yo habría caído detrás de él, pero Chrom me agarró el brazo con desesperación.

Garrick sacó la cabeza del agua, confuso y perdido, sin entender cómo había acabado allí. Dibujé una sonrisa victoriosa en mis labios y, con la mano que sostenía el grimorio, lancé una bola de trueno al río. La electricidad viajó rápidamente a través de su cuerpo, tostándole sin piedad hasta que no pudo volver a moverse, llevado por la corriente.

"¡Robin! ¿Estás bien?" Me preguntó Chrom mientras tiraba de mi brazo para ayudarme a subir.

"Estoy bien: no te preocupes." Le sonreí una vez volvía a estar sobre el puente. Aun así, mi cuerpo estaba agitado y asustado.

"¡Chrom! ¡Robin!" Llamó Lissa mientras se acercaba a nosotros con su bastón fuertemente apretado entre sus manos. Su hermano fue a recibir su sanación encantado, pero la rubia le ignoró para curarme a mí primero mientras le chinchaba. "¿Quién es el delicado ahora?" Le hizo la burla, sacando su lengua.

Frederick llegó con nosotros con su armadura cubierta en sangre. Aunque su mirada era dura, parecía aliviado al ver que la batalla había concluido sin mayores incidencias.

"¡Santo cielo, Robin! ¡Has estado alucinante! ¡Espadas, magia y encima estrategia! ¿Hay algo que no puedas hacer?" Se emocionó la rubia, mirándome como si fuera una caja de sorpresas a punto de revelar lo más impresionante todavía.

"Sin duda no eres un pobre indefenso, eso es seguro." Se rió Chrom, recordando la lamentable forma en la que me encontraron. La luz del bastón de Lissa se llevó la herida de mi rostro como si de suciedad se tratara.

"En efecto. Tal vez incluso seáis capaz de explicarnos cómo acabasteis en el campo en el que os encontramos." Mencionó Frederick con ojos de halcón, desajustándose su armadura para quedarse en la ajustada camisa oscura que llevaba debajo. No te creerías su físico, Lily. Decir que estaba fuerte era quedarse muy muy corto.

"Entiendo vuestro escepticismo, señor Frederick, mas no puedo explicar por qué solo he logrado recordar ciertas cosas. Os ruego que me creáis: os he dicho todo cuanto sé." Intenté explicarme, honestamente agobiado por mi situación. Perder los recuerdos no es nada agradable, insistiré mucho en ello cuantas veces sean necesarias para que me creas, Lily.

"Has arriesgado tu vida para salvar vidas inocentes. Mi corazón me dice que eso basta." Sonrió Chrom al ser sanado, posando su brazo sobre mi hombro.

"¿Y qué os dicta el cerebro, mi señor? ¿No pensáis prestarle atención también?" Se hartó Frederick, incapaz de depositar su confianza en mí con tanta facilidad como sus señores. No mentía cuando dije que entendía su situación, lo cual no hacía sino sentirme en una urgencia mayor por recobrar mi memoria y contestar a cualquier pregunta que me hicieran.

"Frederick, los Custodios se beneficiarían mucho de los talentos de alguien como Robin. Hay bandidos y países vecinos que intentan teñir nuestras tierras de sangre. ¿De verdad quieres dejar escapar a un estratega tan capaz?" Planteó Chrom con paciencia y decisión. Lo cierto es que me sentí bastante orgulloso de mí mismo al ver la alta estima en la que me tenía. No le fallaría. "Además, creo en su historia, por rara que pueda parecer…" Añadió el peliazul con confianza, posando un brazo sobre mis hombros. Lissa se unió a su alegría con risitas.

"G-gracias, Chrom." Murmuré, notando la molesta mirada de Frederick. El tiempo le demostraría que tomó la decisión acertada.

"Bueno, ¿qué me dices? ¿Vendrás con nosotros, Robin?" Me propuso al volverse hacia mí con una mirada altiva.

"Será un honor." De verdad que lo sería. Y ya que ya sé por todo lo que pasamos después, sin duda alguna, lo fue. Y si te da por contarme lo que será de mí algún día de estos, seguirá siéndolo. … ¡No te rías y dímelo ya! *Suspiro* … Tarde o temprano me enteraré, Lily.


"Frederick y Chrom comenzaron a hablar sobre los bandidos que derrotamos. Al parecer, eran de un reino conocido como Plegia, limitando con Ylisse por el oeste. Envían pequeños bandas de asaltantes al territorio ylissense para instigar el estallido de una guerra, y al final eran los pobres aldeanos quienes pagaban el precio. Para eso estaban los Custodios: para proteger a los ciudadanos." Mencioné todavía sobre el césped de aquel claro bosque. Hacía tiempo que el mundo a nuestro alrededor no cambiaba bruscamente. Me di cuenta de que Lily se había quedado dormido a mi lado. Viéndole de aquella forma no parecía la misteriosa criatura que era, sino un hombre simple echando la siesta.

"¡Espárragos fritos!" Gritó el castaño al despertarse de golpe. Casi se me sale el corazón por la boca. Miró a su alrededor aturdido y se volvió a tumbar, soltando un largo bostezo.

"Entiendo." Fue su único comentario, como si nunca se hubiera quedado dormido.

Al menos aquello me permitió entender una cosa: el responsable de los cambios en aquel mundo era Lily. Mientras dormía, nada cambió. Sería lo mismo mientras él no estuviera cerca. … Sin embargo, escapar no tendría sentido. No podía imaginarme que siguiéramos en el Sacro Reino, por lo que mi mejor apuesta era permanecer a su lado en vez de aventurarme en aquel misterioso mundo desconocido y sin forma.

"Lissa parecía agitada al hablar del tema. Sería de la clase de personas que sienten el sufrimiento ajeno como propio. Frederick dijo que se acabaría acostumbrando, pero aquello no era algo a lo que uno se acostumbre realmente. Simplemente se desarrollaba tolerancia a las penurias y a la tragedia." Suspiré, contemplando como los árboles estiraban sus ramas sobre nosotros, cubriéndonos con sus hojas.

"Un aldeano mayor de amplia frente se acercó a agradecer nuestro rescate. Nos ofrecieron cobijo para la noche, además de proponernos un banquete para celebrar nuestro valor. Sin embargo, Frederick declinó su oferta antes de que llegara a más. Lissa comenzó a redactar una lista de instrucciones sobre cómo quería su comida, y se horrorizó al darse cuenta de lo que hizo el caballero." Proseguí, sin alterarme demasiado cuando las hojas nos cubrieron por completo, deslizándonos hacia algún sitio.

"Que tierna. Me pregunto si le gustará la tarta de queso…" Murmuró Lily felizmente. Al volverme para mirarle, de repente estábamos sobre la copa de los árboles, sentados en unas sillas hechas de ramas. En el espaldar de mi asiento colgaba mi abrigo.

El cielo volvía a estar iluminado con colores blancos y nublosos. En la distancia se podían ver unas maravillosas montañas flotantes. Sacó un pastel de dios sabe dónde y lo colocó sobre la mesa.

"Pasaríamos la noche al aire libre, acampando. Cazaríamos nuestra propia comida y nos buscaríamos nuestro propio fuego. Era un lugarteniente estricto, pero Lissa podría haber pensado de otros adjetivos que le describirían mejor." Me reí, cogiendo el plato de madera que apareció delante de mí y acercándolo para que Lily me sirviera un trozo de la tarta de queso.

"Y Chrom dijo 'solo sonríe cuando está a punto de asestar un hachazo a sus enemigos', ¡delante de su cara!" Comenzó a carcajear el castaño, colocando mi rodaja en menos de lo que canta un gallo.

"Aunque seguía mirándome de vez en cuando con sospecha, durante el resto del camino dejó de tratarme como si fuera el enemigo más peligroso del mundo. Echar un vistazo a mis habilidades le serviría para estar mejor preparado para enfrentarme, de ser necesario." Expliqué mientras buscaba por la mesa algún cubierto para satisfacer el apetito que aquel delicioso olor había despertado.

"Así que os marchasteis de la ciudad, en dirección a Ylisstol." Meditó Lily mientras me ofrecía una cuchara de metal.

"Lissa no paró de hacerme preguntas durante todo el camino. Aunque Frederick la habría detenido por ser irrespetuosa con un supuesto 'amnésico', lo cierto es que me ayudó bastante que pusiese a prueba mis conocimientos. Recordé mi edad, la clase de entrenamiento que había recibido y lo interesante que me parecía la estrategia, entre otras cosas. Parte de mi entrenamiento fue evaluar rápidamente tanto a mis enemigos como a mis aliados." Me llevé un trozo a la boca y me tomé mi tiempo para saborear aquel exquisito bocado.

"Conócete bien a ti mismo y a tu enemigo, y tendrás la victoria asegurada durante cien batallas… ¿no?" Planteó Lily al guiñar un ojo. Esa era exactamente la expresión que lo describía.

"Chrom participó de vez en cuando, interesándose por la clase de cosas que tome en consideración al pensar en el plan. Le alegró saber que prioricé la seguridad de los aldeanos, insistiendo en que me convirtiera en el estratega de su grupo. Me contó un poco más sobre lo que hacían los Custodios. Era una fuerza armada que velaba por la paz e intervenía en los conflictos."

"Sé de unos cuantos mundos que se habrían ahorrado muchas guerras de tener alguna organización similar." Mencionó Lily, jugando con su comida antes de llevársela a la boca.

"¿Te refieres a los que hay a través de la puerta dragón?" Pregunté a mi abogado, bebiendo un poco de agua que había sacado con el pastel.

"¡Oh! Así que conoces la puerta." Se sorprendió el castaño, mirándome con otros ojos.

"No llegamos a cruzar nunca, pues siempre había otros asuntos más importantes que atender." Suspiré, acabándome el último trozo.

"Entiendo." Murmuró Lily, alzando una mano a su lado. Las ramas de los árboles a nuestra derecha comenzaron a estirarse dibujando un círculo. Cuando las imágenes volvieron a aparecer en la figura que dibujaron, el cielo de aquel lugar ya había empezado a oscurecerse..


Lissa no paraba de quejarse. Nos habían ofrecido un lugar cómodo para pasar la noche y deliciosa comida por nuestros esfuerzos, era normal que no le hiciera ilusión acampar. Sin embargo, siguiendo su guerra de '¿quién es más delicado?', Chrom le recordó que dormir al raso curtía el carácter. Su hermana fue a replicarle, pero un bicho se le metió en la boca y comenzó a dar manotazos por todas partes. Tuve que agarrarla por los hombros para que no tirara a Frederick de su yegua en su agitación.

En cuanto mi barriga mencionó por mí el hambre que tenía, nos detuvimos para montar el campamento. Lissa comenzó a despejar la zona y Chrom recolectó ramas secas para hacer un fuego. En cuanto a Frederick y a mí, nos ocupamos de encontrar la comida. Se negó a reconocer el rastro de huellas que encontré, y sabía muy bien que le pertenecían a un oso. Será una bestia temible y feroz, pero mi magia fue capaz de paralizarle, dejándolo a merced de nuestras armas.

A cierta rubia no le hizo mucha ilusión la comida que trajimos, aunque no fue la única. Mientras que Chrom y yo devorábamos la carne de textura sucia, Lissa solo fue capaz de dar unos cuantos picoteos. El caballero dijo que no tenía hambre, ya que había almorzado demasiado aquel día. No lo dijo muy convencido.


¡Y aquí comienza la maravillosa narración de un servidor, el cocinero de los plátanos, Lily el grande! … ¿Qué? Tú estabas durmiendo a pierna suelta con Frederick, pero los principitos se dieron un paseo nocturno. Ya sabes lo que pasó. ¡Y créeme! ¡Querrás escuchar esto!

Lissa no estuvo dispuesta a dejar que Chrom se fuera solo a patrullar. ¡Nadie debía enfrentarse solo a la oscuridad de la noche, y menos en mitad de un bosque! Lo cierto es que fue un gesto bastante amable de su parte. Si realmente fuera la niña delicada que decía su hermano, no se habría levantado tan tarde para ir con él a una excursión.

Incluso durante la noche, algunas sombras surcaban los cielos, ya fueran murciélagos o pajaritos. Sin embargo, en aquel momento, ¡no había nada! ¡Un estruendo removió la tierra con violencia! ¡El suelo se rompió, sacudido por un terremoto proveniente de otro mundo! ¡El calor de la tierra comenzó a derramarse por el bosque, creando enormes antorchas de furia ancestral! ¡Fuego llovía cuan meteoros desterrados de la misma tierra, y el polvo y el humo marcaban el cielo!

Tanto Chrom como Lissa corrieron a un lugar seguro, escapando de las llamas que empezaron a devorar el bosque. Tras llegar a un claro, miraron al cielo, y lo vieron: otro mundo. Destellos brillantes se fusionaron en un punto, creando una distorsión en el espacio-tiempo rodeada por los símbolos que solo los dragones ancestrales conocen.

Como un ojo azul que se abre en la nada, un portal vomitó a dos terribles criaturas cuyo único pensamiento era simple y aterrador: matar. Sus caras estaban descompuestas, y de sus cárceles dentadas se desbordaba humo de ceniza.

Lissa se quedó atrás mientras Chrom se preparó para la batalla. Era el único armado, aparte de aquellos humanoides de ojos brillantes y descontrolados, quiero decir.

El primero de ellos corrió hacia el príncipe y saltó para desencadenar un brutal golpe con su hacha. ¡Pero Chrom fue más rápido, dando un paso al frente y rajándole el costado! Impasible ante sus heridas, el no-muerto giró su cabeza horrorosamente para clavar sus fríos ojos en el peliazul.

Con un movimiento claro y rápido, intentó alcanzarle el cuello de lado, pero Chrom interpuso la Falchion entre ellos. Tras un apretado combate de fuerzas, el príncipe liberó su potencial en un estallido furioso que derribó a su contrincante. Con un salto que yo calificaría diez de diez, hundió su espada sagrada en el resurrecto, el cual fue consumido por el gas del fracaso.

Un sollozo detrás de él le alertó, haciendo que su corazón fuera a mil por hora. Lissa estaba a punto de ser ajusticiada por el otro invasor, sola con su bastón para defenderse. El miedo se marcó en sus ojos mientras la criatura avanzaba hacia ella lentamente, zarandeándose como si no conociera el equilibrio.

Tras alzar su hacha para poner fin a una preciosa vida, alguien más cruzó el portal del tiempo. Un veloz joven… um… ¿Robin? ¿Deberíamos decir ya quién es? De todos modos ya lo sabemos, y se descubrirá tarde o temprano. … Vaaaaale. *Suspiro* Sí que te tomas en serio esto de hacer la narración bien… aburrido. *Sonrisa satisfecha al verle molestarse*

Un veloz joven recortó distancia entre él y la rubia, interponiendo su propia espada para bloquear el feroz impacto de espaldas. No hubo gozado del suficiente tiempo como para contestar de otro modo. Lissa abrió los ojos lentamente, sorprendiéndose al ver que había salvada, y no por su hermano, sino por otro chico peliazul. Después de que el salvador pidiera ayuda a su- quiero decir, a Chrom, éste comenzó a correr hacia ellos con fiereza.

El grito del príncipe bastó para distraer a la criatura lo suficiente. El recién llegado alzó su espada para librarse de la presión de su ataque, y con un baile de filos, Chrom y aquel desconocido enmascarado cortaron al monstruo por el pecho en direcciones opuestas, ¡dejando que desapareciera después de la forma más épica! *Tomar aire* Deberías haberlo visto, Robin.

"Menuda entrada." Dijo nuestro peliazul al recibir a su hermana entre sus brazos, asegurándose de que estuviera bien. "¿Quién eres?" Preguntó al notar la extraña aura de aquell- aquel joven.


"¡Jo, Robin! ¡Esto es difícil! ¡También tenemos que ocultar su género! ¿Cómo no os disteis cuenta de que era una mujer de todos modos?" Se cansó Lily, sacando un pastel de nata de debajo de la mesa. Pensé que lo iba a servir para que pudiera probar aquel otro plato, pero enterró su cara en la bandeja antes de que pudiera hacer nada. Tuve que soltar un suspiro para desatascar mi sorprendida garganta.

"En cuanto llegamos Frederick y yo con ellos, ella ya se había arrojado a la batalla, combatiendo a los resurrectos por su propia cuenta. Esa imprudente… Si tan solo nos hubiera dicho todo entonces…" Murmuré, apretando los puños sobre la mesa.

"…Nada de lo que pasó habría pasado." Dijo el castaño todavía con la bandeja en la cara, haciéndose de escuchar a través de la comida. "Fue en aquel momento en el que comenzaron los ataques del futuro, por lo que no teníais nada de contexto con lo que ella pudiera trabajar. ¿Qué iba a hacer? ¿Deciros que había visto el devenir de los acontecimientos y que debíais escucharla?" Planteó el manchado, quitándose el plato de la cara para mostrarme el desastre que se había hecho. Parecía un muñeco de nieve.

"Conociendo a Chrom, tal vez le hubiera creído, pero estoy seguro de que vuestro capataz ya había tenido suficientes historias increíbles por un día." Comentó mientras sacaba un cubo de agua y se lo volcaba encima como si nada. A aquellas alturas sus locuras ya no me sorprendían. Quiero decir, era lógico que se echara una cubeta de agua en la cara. ¿Cómo si no iba a limpiarse sobre la copa de los árboles? … Aquel mundo me había empezado a afectar a la cabeza…

"Pero estuvo sufriendo en silencio durante casi dos años…" Murmuré, notando un punzante dolor en mi pecho al tratar de imaginármelo. "Nunca logré que me contara lo que hizo durante todo ese tiempo… pero cada vez que miraba hacia atrás parecía afligida…" Entonces dirigí mis ojos dorados a mi abogado, cargado de seriedad.

"Lily, por favor, cuéntame lo que le pasó." Pedí con un temblor de piernas. El hombre de cabeza mojada me devolvió la mirada con la misma o más dureza. Se tiró un minuto entero observándome, sin decir ni palabra. Las gotas caían desde su barbilla a su pecho, primero con velocidad, y después con parsimonia.

"Hey, tranquilo, Robin." Soltó finalmente Lily, jugando con su pelo húmedo para hacerse extraños peinados. "Ya llegaremos a eso con el tiempo. Así, en general, le pasaron unas cuantas cosas duras… ¡Pero se enfrentó al endiablado Grima! Ella es muchas cosas, pero sobretodo es una idiota que no sabe rendirse, y lo digo con la mejor de las intenciones." Sonrió el castaño, agarrándose de los pelos para estirárselos hasta que le crecieran tan largos como a ella. De hecho, comenzó a peinarse como ella. "¡Tadaaaa!"

"Esto… mejor ponte otro peinado. Es perturbador verte con el suyo." Repliqué tras unos segundos. Lily comenzó a reírse mientras jugaba con su cabeza una vez más, recuperando sus cabellos. Tenía el pelo más largo que yo, y era tan lacio que parecía estar flotando.

"¿Sabes que una vez tuve el pelo azul y rubio? Era bastante extraño. No me gustaba aquella combinación mucho." Se rió el abogado al terminar de ajustarse incluso sus mechones sueltos y rebeldes.

"Bueno, ¿por dónde íbamos?" Saltó de repente el abogado, alzando los brazos sobre su cabeza y aporreando la mesa de madera. Ésta se resquebrajó como si fuera de cristal. La grieta comenzó a succionarnos con fuerza. Me intenté agarrar a algo, pero mis manos solo encontraron mi abrigo. Habría aguantado, pero Lily escaló por mi cuerpo hasta liberar mi ropa, intentando que le siguiera la 'corriente'. Tenía la misma cara que cuando hizo la última broma, pero yo seguía sin entenderlo. ¿Sería por lo de estar siendo succionados con la determinación de un río bravo? Qué rebuscado…

Durante unos momentos flotamos en un espacio oscuro e ingrávido. Pequeñas luces comenzaron a aparecer, arrojando la suficiente claridad para identificar nuestra ubicación.

Aquel lugar era una caverna inundada. Lily y yo flotábamos a la deriva, sin movernos del sitio. Las luces comenzaron a matizarse en diferentes tonalidades. Violeta, celeste, carmesí, cristalino… Era como estar bajo unas estrellas y constelaciones que nadie había visto jamás. Algún día querría traerla a un sitio así…

"Después de que la viajera del tiempo se arrojara a la lucha, se marchó a un bastión cercano al nuestro, donde se atrincheró. Con aspereza, derrotó a todos los monstruos que intentaron alcanzarla. Ni siquiera los monstruos con arco lograron rozarla. Era simplemente superior a nosotros… aunque muy probablemente Frederick la reduciría de igual modo."

"Aun así yo no perdería contra él en un uno contra uno, eso te lo aseguro, Robin." Me mencionó Lily, intentando defender su imagen como si fuera un niño chico. No pude evitar reírme. ¿Para qué decía aquello? Era una criatura desconocida capaz de alterar las leyes de aquel mundo a su antojo. Frederick me dedicaría una de sus miradas desaprobadoras si me oyera ahora, pero dudo que ni él pueda contra eso.

"En fin. Nosotros fuimos al otro bastión cercano. Nos proporcionaría una ventaja estratégica importante, además de compensar nuestros escasos números contra las hordas de no-muertos."


Afortunadamente, aquel bastión tenía unas cuantas cosas que fueron de gran ayuda: tablones para bloquear las entradas, pociones para nuestras heridas e incluso ballestas preparadas para ser usadas. Frederick se quedó en el patio de la fortaleza, asegurándose de mantenernos a salvo de cualquier intruso. Lissa nos traía las flechas de los baúles que había en la despensa, mientras que Chrom y yo corríamos sobre las murallas para eliminar a los resurrectos que intentaban escalar la pared para entrar, cargados con las ballestas.

Lo cierto es que el joven misterioso estaba haciendo todo un espectáculo en su fuerte: corría por los dientes de la muralla mientras eliminaba con rápidos y precisos movimientos a los monstruos que se arremolinaban a su alrededor. Aunque no logró defender su castillo, no paraba ni un solo segundo, evitando así ser superado en números.

"¡Chrom, cuidado!" Avisó Lissa al abrir los ojos como platos. Unos brazos se aferraron a los del peliazul y tiraron de él. Uno de los soldados de piel pálida y ojos brillantes había usado a sus compañeros de trampolín, atrapando así a nuestro compañero. Lissa intentó sujetarle, pero ni ella ni yo logramos impedir que se cayera. Al menos tuvo la suerte de que los cuerpos putrefactos le salvaran de la caída.

Frederick estaba asestando lanzazos a diestro y a siniestro contra las grietas del portón de madera, eliminando a aquellas viles criaturas que intentaban irrumpir en su terreno. Estaba tan concentrado que no pudo acudir al rescate.

Me alcé sobre los dientes de la muralla y preparé mi grimorio. Comencé a lanzar bolas eléctricas una detrás de otra, procurando no alcanzar a Chrom. Éste se levantó rápidamente de la pila de cuerpos paralizados, sacando su Falchion para defenderse. Los otros resurrectos que habían estado intentando subir la pared cambiaron de objetivo, fijando sus siniestros ojos en el peliazul.

Un repentino dolor punzante me alcanzó en la pierna, tirándome de donde estaba y cayendo de espaldas. Lissa se arrodilló a mi lado, utilizando su bastón para facilitar la extracción de la flecha. Me intenté poner en pie, pues Chrom había comenzado a luchar por su vida, y nosotros no podíamos apoyarle.

Al reincorporarme con el grimorio entre las manos, dispuesto a seguir, un caballo atropelló a un grupo de tres resurrectos que se abalanzaron contra Chrom por la espalda.

"¡Tomad eso, malditos gusanos! ¡Así os lo pensaréis dos veces antes de atacar a alguien por detrás!" Rugió una mujer de corto cabello pelirrojo. Llevaba una armadura roja y blandía una espada robusta. Su caballo no estaba tan protegido como la yegua de Frederick, pero a cambio de aquello se movía con una viveza mayor.

Mi visión percibió algo de azul. Una figura saltó de detrás de aquella mujer salvaje, dibujando un sorprenderte arco al dar una voltereta de espaldas. En mitad de su salto, cargó una flecha y perforó la cabeza de un arquero que había estado a punto de cobrarse la vida de Chrom.

"Como os decía, mi nombre es Virion, mito y leyenda, arquero de arqueros. ¿Considerarías brindarme vuestra bella mano en matrimonio, dulce Sully?" Preguntó aquel galán. Tenía una pañoleta blanca colgando del cuello de la camisa azul. Sus brazos estaban resguardados por hombreras blancas y finas. En sus caderas colgaban unos protectores redondos con forma de escudo azul.

"Espera, ¿qué acabas de decir? ¡Oh, ya lo pillo! Ahora es donde te pateo tu cara de cretino. Esa es la broma, ¿no?" Contestó la pelirroja, ordenando a su caballo a saltar para apastar a los caídos con sus pezuñas.

"Una dama con vuestras virtudes no tendría por qué-"

"¡A cubierto!" Avisó Chrom, agarrándole de la cabeza para que se agachara. Una inmensa hacha voló sobre sus cabezas trazando giros. El tal Virión se volvió con decisión y comenzó a sembrar a flechas al responsable. Para ser tan pomposo, no fallaba ni un tiro.

Entre Sully y yo terminamos de derrotar a los monstruos junto a la pared. Para cuando hubimos terminado, Virion ya cargaba la última flecha de su carcaj, asustado. Aquel monstruo humanoide era distinto: pese a parecer un puercoespín de los proyectiles clavados que le perforaban, no caía al suelo.

El peliazul alzó su Falchion para detener el machaque de su inmensa hacha. Por un momento pensé que no lograría resistir: aquella bestia parecía feroz más allá de lo mortal. Virion retrocedió unos pasos, y en cuanto vio a la rubia a mi lado, le pidió que le entregara las flechas que tenía entre sus brazos. Lissa me miró durante un instante, como pidiéndome permiso. Una rápida cabezada sirvió de respuesta.

Sully agarró a aquel 'cebollino' y le montó detrás suya para ir a ayudar al capitán. Lissa terminó de curarme la pierna, y acto seguido fui corriendo a apoyar a Frederick, quien tenía problemas con un grupo de cinco resurrectos en el patio. Aunque le intentaban morder, las placas de su armadura se lo impedían. No obstante, apenas lograba moverse tras ser agarrado por uno de esos monstruos.

Tras verme acudir a su rescate, sacó el resto de sus fuerzas para liberarse, y como si una onda emanase de él, los resurrectos fueron repelidos. En el suelo y a nuestra merced, no tardamos mucho en ponerles fin.

Chrom salió de aquel encontronazo de fuerza al dejar el peso aplastar el espacio a su lado, apartándose para no ser machacado. Con un rápido movimiento punzante, perforó el pecho de aquel no-muerto de gran tamaño. Sin embargo, no pareció afectado en lo más mínimo.

La criatura agarró el brazo del peliazul y le lanzó sobre su cabeza, aferrando su agarre de su arma para cortarle en dos al caer. Lissa gritó en terror desde el bastión al verle correr peligro, y su pequeña constitución no fue obstáculo para que cogiese una cuerda y bajase la muralla.

El hacha que aguardaba en el suelo, esperando a cobrarse la vida del capitán, comenzó a moverse. No obstante, cuando estuvo a punto de ejecutar su demoledor golpe, una flecha le entró por un lado de la cabeza y le salió por el otro, obligándole a perder el equilibrio y a detener su ataque.

Chrom aún tenía su Falchion entre sus manos. Si algo le había enseñado la experiencia era a no quedarse desarmado, por lo que se aferró a su espada con tesón. Al descender sobre la criatura, acompañó su caída con un tajo furioso que cortó al monstruo en dos. Sus terribles mitades de humo negro fueron consumidas por un gas morado, como si hubiera sido una invocación de un nigromante o parecido.

"¡Mi señor! ¿Estáis bien?" Preguntó Frederick en cuanto regresamos con ellos, derrotados ya nuestros enemigos.

"Sí, le debo la vida a Virion. Espero que me permitáis devolveros el favor de algún modo." Sonrió Chrom a su salvador.

"No temáis, mi buen señor, pues un humilde servidor solo ha cumplido con su deber como caballero." Replicó el hombre de largos cabellos, pasándose la mano por el cuello para realzar su forma con elegancia. "Pero he de decir que nada me complacería más que unirme a vosotros." Añadió con una mirada extraña.

Chrom buscó a su lugarteniente, preguntándole al respecto. Frederick dejó escapar un suspiro, mirándome primero a mí y luego a Virion.

"No os diré lo que debéis hacer, mi señor, pero sabed que sea cual sea vuestra decisión, nada me impedirá mantener un ojo en una figura tan sospechosa como la de este tal 'Virion'." Mencionó el castaño, poniendo algo nervioso al peliazul de cabellos más claros. Yo me sentí aliviado de que alguien me relevase de mi lugar como potencial espía.

"Todo eso está bien, ¡pero-" Fue a decir Lissa, todavía asustada.

"¡Hay alguien que todavía está luchando! ¡Capitán, sus órdenes!" Avisó la jinete, preparándose para cargar contra las 'ratas apestosas'.


"Después de ayudar a exterminar a los últimos no-muertos, la calma regresó al bosque por fin." Suspiré, desplazando mis ojos sobre las constelaciones de mentira.

"¿Ya no salía más lava? ¿Ni meteoros?" Se aburrió Lily, reincorporándose en la caverna acuosa. Sacó una escalera de algún sitio y la apoyó en una estructura subacuática convenientemente situada.

"No, nada de eso. Lissa se aseguró de darle las gracias encarecidamente su salvadora. 'Aquel' joven se presentó como Marth, el héroe de leyenda. Había luchado con presteza, ocupándose de la mayoría de los monstruos por su propia cuenta. … Debió sentirse bastante apurada cuando nos vio a su lado, esperando escuchar su historia. Lo único que nos contó fue la terrible catástrofe a la que se enfrentaría nuestro mundo." Comenté mientras me acercaba a las escaleras.

"¡Y os dejó con la palabra en la boca! Todo un personaje, esta chica. Pagaría por escuchar los pensamientos que tuvo entonces." Se rió Lily, ofreciéndome su ayuda para subir, la cual acepté.

"Por mucho que nos hubiera gustado perseguirle para preguntar más sobre él, acabábamos de enfrentarnos a un enemigo desconocido. Por ello, nuestros pasos fueron destinados a la capital cuanto antes. Iba a ocurrir un caos, y les necesitarían allí." Murmuré al trepar las escaleras. Lily comenzó a darle golpes al techo de gemas. ¿Por qué le estaría costando tanto trabajo abrir aquella trampilla? … No me hizo sentir muy a gusto ver que ya me había acostumbrado a aquel mundo.

"¡Por la cojera del aceite chorreante, ábrete condenado!" Rugió el castaño, empujando contra el techo con todas sus fuerzas.

Con un último tirón, un rayo de luz irrumpió en la cueva, ensombreciendo la luz natural de las gemas. Una melodía familiar resonó en la distancia. […]

Al salir, estaban de vuelta en el edificio en el que apareció el peliblanco por primera vez. El patio en forma de 'C', la fuente de las gotas de rocío que caían de las hojas de un árbol de piedra, la música que se originaba al colisionar en la superficie, la agradable brisa de verano, la llanura, el lago que reflejaba las distantes montañas…

"De vuelta aquí, ¿eh? Me gusta este lugar. ¿Dónde es?" Preguntó el estratega a su abogado al abandonar la cueva.

"Nada de aquí es ningún sitio, Robin, ya te lo dije cuando nos conocimos." Replicó Lily al cerrar la trampilla de la que salieron como quien no quiere la cosa.

"Bueno, también se supone que no eres nadie, y sin embargo, estoy hablando con alguien." Se rió inocentemente el cliente, intentando ser amistoso mientras se acercaba a la bella fuente de la melodía. Cuando llegó a su lado, el viento comenzó a resonar entre las petrificadas hojas del árbol, insuflándoles vida gris, pero vida móvil y danzante. Como resultado, las campanillas recibieron el acompañamiento de un suave violín que abría el alma.

"Robin… no… preguntes por 'nadie'. Estaré loco, pero incluso yo hago lo que hago por una razón." Murmuró Lily con la primera cara triste que mostró nunca. Por algún motivo, Robin fue capaz de percibir un angustiante dolor tras sus palabras. Había mucho más detrás de aquel abogado, fiscal, jurado y juez, pero por alguna razón no quería hablar de ello.

"Está bien." Resopló el peliblanco, volviéndose a las ondas de la fuente. Sin embargo, no tenía intención de detenerse allí. Era alguien curioso que disfrutaba de un buen reto intelectual; siempre lo había sido.

No le pasaron desapercibidas las misteriosas caras que ponía de vez en cuando su abogado. Podía ser juguetón, dulce e incluso ingenuo; pero también era maduro, consciente y estoico. Y, entonces, por primera vez desde que le vio discutir consigo mismo, había revelado un sufrimiento que escapaba su comprensión.

"¿Tienes que ir al baño? Yo sí." Sonrió entonces el castaño, esperando a su lado con las manos en la cintura.

"Lo cierto es que agradecería una visita." Contestó el peliblanco tras preguntarle a su vejiga.

Sin embargo, mientras caminaban hacia el edificio para visitar el lavabo, Robin no pudo dejar de darle vueltas a la cara que puso Lily. Había dicho que no preguntaría por 'nadie', pero 'alguien' estaba sufriendo, y él quería ayudarle. Al fin y al cabo, Lily estaba de su lado, fuera lo que fuera lo que estuvieran haciendo, y eso le convertía en su amigo. Y Robin cuidaría de sus amigos. Por algo se sacrificó para poner fin al terror de Grima, ¿no?

Al abandonar el patio en búsqueda de los servicios, un temblor sacudió el mundo en el que estaban. Ninguno llegó a darse cuenta, pero los pájaros que habían estado bebiendo a orillas del lejano lago alzaron el vuelo con terror. En un punto del cielo, entre las nubes con forma de tigre y los picos de la nevada montaña, una mancha de café se derramó en el aire. Una figura se asomó desde su oscuro nido, posando sus ojos en el sencillo edificio en la distancia.

Sin embargo, cuando estuvo a punto de cruzar el umbral, alguien le cerró la puerta en las narices. Todavía no era su turno.


Podrá parecer que la historia se centra en la 'recapitulación de los hechos'… en ese 'juicio' de Robin… *Suspiro* Que mal me quiero. Me meto en unos líos con mis historias… Si no desafío las morales de pareja, salto a la comba con la cordura que no tengo… y aun así, todavía pretendo darle un sentido a todo.

Bueno, el ritmo lo marco yo, así que no debería poder quejarme si hago la historia muy larga. Sin embargo, dejé bastantes cosas pendientes en mi anterior historia (por no decir TODO), así que no creo que dejé para dentro de mucho mucho retomarlo. (Lo de mucho es relativo)

Sin embargo, lo más probable es que la prosiga una vez haya finalizado su traducción. Tal vez antes, no lo sé. Depende de cómo me encuentre al respecto. De todos modos, en la versión en inglés estoy haciendo las cosas mejor, ahora que sé lo que sé, y comprendo mejor a los personajes. También voy a añadir unas escenas que podéis contar con una mano y os sobrarían dedos.

Suficiente de eso. Memento Mori. Recordad… cuál es el título de ésta historia. … Estoy liando bastante el lío, pero lo mejor de todo es que creo que puedo hacerlo y salirme de rositas. Se aprecia el feedback, patatín patatán, a ver lo que hago de ésta historia y… no vemos. *Guiño, guiño* *Codo, codo*