Holas! Pues aquí está el capítulo 2 totalmente revisado. No sé si lo volveré a revisar porque ya es tarde y alguna cosa se me habrá pasado, pero no problem!

Este fic tiene tantos fallos por todas partes que a veces me avergüenzo de haberlo subido. Espero no ser la única que se sienta de ese modo con sus primeros fics.

[11/2/16]


Reencuentro

Los ojos de Alice estaban desenfocados. Llevaban así días, casi semanas; aunque cada cierto tiempo, volvían a la realidad y miraban a su alrededor, a los ojos de su familia.

La tensión era palpable en la mansión Cullen; tanto, que se podía cortar con un cuchillo. Todos parecían un témpano de hielo desde que Alice había dado la alarma, unos cuantos días atrás. Inmediatamente dejaron todo lo que hacían para prestar atención a lo que Alice quería decirles. Lo recordaban perfectamente.

Mientras seguían mirando fijamente a los ojos de Alice, Carlisle rememoró lo acontecido. Rosalie estaba peleándose con Emmet y Jasper porque ella quería ver programas de la Discovery y ellos jugar un rato a la consola, cuando escucharon el grito agudo de la pequeña vampiresa. Jasper inmediatamente había abandonado la disputa sin sentido para auxiliar en lo que fuese a su esposa; pero nada le pasaba a ella. Se dio cuenta entonces de que era algo que había visto. Pero Alice no dijo nada, solo se quedó sentada en la misma posición, con las piernas recogidas delante de su pecho y balanceándose con la mirada perdida; la misma posición que tenía ahora.

— ¿Qué ves, Alice?- volvió a murmurar Carlisle, despertando a todos de su estado de piedra- ¿Qué le ha pasado a Edward?- preguntó preocupado, pues llevaban varios meses sin saber nada del mencionado.

Esme soltó un sollozo ahogado, creyendo que algo grave le había pasado a su hijo. La familia miró a Esme, Carlisle y a Alice alternativamente.

— No es Edward,- habló por fin la vampiresa- es Bella.- dijo con voz pastosa, como si su lengua estuviese dormida. Había pasado mucho tiempo sin que nadie mencionase su nombre.

Un escalofrío de terror cruzó por la espalda de todos. ¿Qué peligro acechaba a la frágil y encantadora humana? ¿Qué tan peligroso era para que Alice estuviera en ese estado catatónico?, se preguntaron todos.

— ¿Qué?- casi gritó Rosalie- Dinos, Alice, ¿Qué ves?

La nombrada giró su cabeza y la orientó hacia la rubia con la mirada perdida, concentrada en el futuro todavía.

—Nada.- murmuró- No veo absolutamente nada.

Silencio sepulcral. Todos sabían lo que eso significaba, pero nadie quería admitirlo. Bella no podía estar muerta.

— Imposible- dijo negando con la cabeza Carlisle- la dejamos segura en su casa de Forks.

Nadie respondió, estaban todavía pesando en la las palabras de Alice.

Cierto es que era poco probable que algo pasara en aquel pueblecito frío y lluvioso de Norteamérica, pero teniendo en cuenta la mala suerte de Bella, casi todo era posible. Jasper miró por la ventana, buscando algo en qué distraerse, para evitar las emociones que recibía de su esposa.

Estaba preocupado por la humana que tanta felicidad había traído a su familia. La verdad, pensó él, es que desde su partida de Forks, nada había sido igual que antes. Edward desapareció pocas semanas después de llegar a su nuevo hogar en la isla británica (lo suficientemente lluvioso y nublado como para salir a la calle a la luz del día), dejando solo una nota como aviso. Tampoco habían seguido con sus vidas, como había pedido Edward cuando les convenció de abandonar el pueblo: Esme no volvió a entusiasmarse por nada y miraba por la ventana suspirando más veces de las que quería admitir, al igual que Alice. Emmet perdió la sonrisa y aunque intentaba animar a la gente con sus chistes y bromas, todos podían ver que no llegaba la diversión a sus ojos.

Carlisle pasaba más tiempo fuera de la casa, que en compañía de otros, Jasper mismo no podía permanecer con su familia mucho tiempo. Y Rosalie... ella jamás había llorado, en sentido figurado, por otras personas; ella veía lo mucho que la quería su marido y estaba celosa, pero eso no quería decir que no echaba de menos la presencia de la humana en la casa. No podía evitar pensar a veces con recelo que cómo se atrevía esa humana a afectarles tanto, pero en el fondo sólo quería a su familia de vuelta.

Jasper suspiró. Nadie había pensado que era tan difícil irse de aquel lugar, dejar a la humana sola.

— ¡Jasper!- llamó Alice, asustada.

— ¡¿Qué ocurre?!- Jazz llegó a su lado como una centella, tragando el nudo que tenía en la garganta al percibir tantos sentimientos intensos juntos- ¿Qué has visto?

— La he visto, pero ha sido muy rápido, un destello muy fugaz.- dijo ella, enfocando el rostro del otro.

— ¿Has podido ver dónde estaba?- interrumpió Carlisle a lo que Jasper iba a decir.

— Está en un bosque- Alice frunció el ceño por el esfuerzo.- yo diría que está en... ¡Espera!- sus ojos volvieron a mirar a la nada. Los Cullen se tensaron- la he vuelto a ver- respiraron hondo de alivio- ¡Está aquí!

— ¿Aquí, en Inglaterra? Imposible- Emmet habló por fin negando con la cabeza.- No puede haber desaparecido y aparecido de repente en otro continente.

— Sé dónde está. Vamos.-Alice se levantó y emprendió la marcha hacia el bosque cercano con el resto detrás de ella.

Corrieron a toda la velocidad que le daban las piernas, querían volver a ver a Bella, asegurarse de que estaba bien.

Emmet estaba muy entusiasmado con la idea de volver a ver a la que fue su compañera de juegos y bromas durante mucho tiempo. Fue feliz en aquella época porque los días se habían vuelto más entretenidos, esperaba con ansiedad a que amaneciera para despertar a Bella y gastarle bromas. Miró a Rosalie y se sorprendió de que ella demostrara su ansiedad y ganas de verla de forma tan obvia, creía que Bella le caía mal. Miró a Jasper y a Alice, a Carlisle y Esme; todos con la misma expresión marcada en el rostro. Emmet dirigió la mirada al camino que recorrían, Alice delante guiándoles, aunque era innecesario porque sabía a dónde conducía el sendero por el que corrían. Este llevaba a uno de sus lugares favoritos, un claro que estaba delante de una cueva donde solían haber osos.

Dos segundos después Alice se detuvo abruptamente en el lugar donde acababan los árboles. Todos fijaron la vista en el mismo punto; había un bulto negro muy grande (que resultó ser un oso, pero de los más grandes) tirado en medio del lugar. No había nada anormal, exceptuando el hecho de que ningún animal había venido a llevarse el cuerpo ya frío del oso.

De repente, Rosalie abrió muchísimo los ojos y soltó un grito ahogado, señalando con un largo dedo níveo. La familia siguió la mirada de la vampira y lo que encontraron les dejó atónitos. Había una figura que se levantaba del suelo al lado del cuerpo del animal, limpiándose la sangre de la boca con lo que quedaba de una camisa azul. No pareció reparar en ellos y siguió con la limpieza de su rostro como podía, soltando un suspiro. Entonces, el desconocido se tensó y se giró hacia ellos en un movimiento muy veloz.

Era una vampira. Aparentaba unos 17 o 18 años y tenía el cabello castaño oscuro, casi negro. No era muy alta, ni muy desproporcionada, y por supuesto no era fea; su silueta era perfecta, naturalmente, esbelta, y a pesar de su aspecto deplorable se notaba la gracilidad con la que llevaba su cuerpo, como una bailarina.

Pero nadie se fijó en ello, eran sus ojos lo que les distraían. Eran de un color borgoña brillante, aterrorizantes, que encajaban en el rostro cubierto de restos de sangre (rezaron para que fuera solo del animal); aunque no parecían peligrosos. Es más, daba la sensación de que ella les tenía miedo por la forma en que los abrió tanto y un torrente de emociones pasaba por ellos a toda velocidad, aunque su rostro permaneció con la misma expresión. De entre los labios entreabiertos, asomaban colmillos afilados de un color blanco perfecto y la mano que limpiaba su mejilla seguía ahí, inmóvil.

Sin avisar, la vampira sonrió ampliamente, mostrando todos los dientes, la felicidad permaneciendo finalmente en sus ojos. Rápida como una centella, corrió hacia ellos sin que pudieran defenderse, pero, fue aún mayor la sorpresa al ver cómo abrazaba a Alice, casi que estrangulándola.

— ¡Alice! Oh, Alice, ¿Eres tú de verdad?- dijo todavía abrazando a la pequeña vampiresa- Me alegro de volver a vert-

No terminó la oración porque Jasper, asustado, apartó de un empujón muy violento a la vampira de una estupefacta Alice. Esta ya había identificado a la extraña, pero no dijo nada. Nadie se movió mientras la vampira se levantaba del suelo y los miraba fijamente con esos ojos del color de la sangre.

— ¡Oye!- dijo ofendida- ¿Por qué has hecho eso?- frunció el ceño, todavía sin moverse. Su voz era suave y cantarina, era preciosa.

Todos se miraron a los ojos, esperando a que alguien hablase, así que Carlisle decidió adelantar un par de pasos y habló en voz alta y clara:

— ¿Podrías decirnos quién eres?- dijo cauteloso mirando los ojos de la otra, pues sabía que ese era el color de los ojos de los neófitos, seres muy inestables.

— No me digas que no me recuerdas, Carlisle- bufó ella-. Sé que he cambiado, pero no es para tanto- dio un paso hacia delante, asustando a los Cullen.

Ella se sorprendió de su reacción y su sonrisa resbaló de su rostro, sus labios apretándose en una línea gruesa. Sus hombros se hundieron y sus ojos perdieron brillo, volviéndose de un color mate. No dio otro paso, quedándose de pie en el mismo lugar. Bajó la cabeza y ocultó su rostro entre el pelo.

—Ya veo- murmuró, con la voz quebrada- tal vez fue un error venir aquí. No tengáis miedo, que no os molestaré más.- se giró y pudieron observar, en los sitios en que la poca tela que quedaba no cubría, una piel blanca como la tiza surcada de cicatrices horribles apenas visibles entre el líquido rojo. Ella dio un paso, aumentando el espacio entre ellos- Adiós.

Nadie dijo nada, no se escuchaba otro sonido aparte de los pasos de la extraña, que se alejaba lentamente.

— ¡Espera!- gritó Alice y la otra se detuvo, dándose la vuelta.- ¿Bella? ¿Eres tú?- Alice sonrió intentado aligerar la situación. La otra vampira también sonrió, volviendo algo de brillo a su mirada.

— Sabía que tú nunca me olvidarías, Alice.- dijo acercándose con cautela, ignorando los movimientos nerviosos de Jasper- Jazz, no te preocupes. Nunca le haría nada a mi mejor amiga.

Las dos se acercaron lentamente hasta fundirse en un abrazo nostálgico. Y ante la determinación de Alice, los demás, poco a poco, caminaron hasta ellas y se unieron al abrazo, menos Jasper, quien todavía no confiaba en Bella. Pero la pregunta era, ¿qué le había pasado a esa chica para llegar en ese estado hasta un sitio tan lejano a Forks?

— Me alegro de que estés bien- le susurró Carlisle, feliz.

— Y yo de haberos encontrado- le respondió ella.

Se separaron y Bella los volvió a mirar a ellos, a su familia, la que tanto había buscado con ahínco todo ese tiempo. Es verdad que le había costado, pero ahora todo tenía sentido, había demostrado que eran reales, no un producto de su imaginación. Sonrió, contenta.

Había vuelto al hogar.

— Y... oye, Bella- la llamó Emmet.

— ¿Si?

— ¿Cómo es que estás al otro lado del Atlántico?

Bella dudó un poco al contestar, no sabía qué decir ni por dónde empezar. Era una pregunta con truco, aunque sabía que debían hablarlo, pero era mejor hacerlo más tarde, en casa. Hablarían mucho y debía prepararse primero.

— Es una historia muy larga y aburrida- dijo por fin.

— Entonces creo que deberíamos volver ya a casa, ¿no?- Recomendó Carlisle, conduciendo él mismo a su familia hasta la casa.

— Vale. Pero debo recoger algo primero- ellos se detuvieron y la esperaron mientras observaban cómo ella corría hacia un arbusto cercano, se agachaba y cogía algo del suelo, una mochila negra y pequeña. La poca tela que cubría su espalda se movió, enseñando aún más cicatrices que tenían forma vertical alternando con las horizontales que vislumbraron antes, aunque algunas eran marcas de mordedura de vampiros. Jasper se estremeció. Sabía el dolor que causaban unas heridas como esas, y se preguntó de verdad por qué cosas había pasado Bella para encontrarles.

— Ya está,- confirmó ella, enredando y desenredando las cuerdas de la mochila entre sus dedos, nerviosa por la atención que recibía de su familia.- vamos a casa.

Bella los alcanzó de un salto y siguió el rastro que habían dejado cuando venían. Emmet se detuvo un momento, extrañado por algo. Se giró y observó el claro atentamente. Había algo que no cuadraba, ¿los árboles, quizás?, pero no le dio importancia, así que se fue dejando el cuerpo vacío del oso abandonado en aquel claro.

Corrieron y corrieron, con Bella en la delantera, seguida de Carlisle y Esme y el resto detrás de ellos.

La verdad, pensó Rosalie, es que Bella había cambiado mucho exceptuando lo obvio debido a su transformación. No sonreía como antes ni parecía la misma persona. Se estremeció al pensar que tal vez en todo ese tiempo que la habían dejado sola (y desprotegida, como indicaban sus cicatrices) le habían afectado demasiado. Cerró los ojos, arrepintiéndose de haber apoyado la idea de marcharse de Forks, de herir a Bella de ese modo, de herir a su marido y a ella misma en el proceso; se sentía muy culpable. Miró Jasper de reojo, pero si él se dio cuenta de ambas cosas, no dio muestras de ello. Se lo agradeció en silencio.

Entonces, ante ellos apareció el jardín delantero de la acogedora mansión blanca de tres pisos. Sin detenerse, Carlisle y Bella llegaron a la puerta; abriendo el primero la puerta para todos, entrando él mismo el último. Todos se dirigieron al enorme salón principal de la casa y se sentaron los que cupieron en el sofá de color café y otros simplemente se quedaron de pie, les daba igual. Miraron expectantes a Bella mientras intentaban ignorar con éxito el olor a sangre que ella desprendía, aunque era casi imposible porque su piel apenas y se veía detrás de ésta.

— Bien, creo que es hora de que hablemos de esto.- empezó Bella- Pero antes de todo quería deciros no es vuestra culpa nada de lo que pasó, y aún menos tuya, Jasper.- dijo mirando al suelo y no al nombrado. No podía ver esa expresión en su rostro. Jasper no dijo nada, pero apoyó su peso en la otra pierna, incómodo.

— Pero Bella, ¿Quién te ha hecho esto?- preguntó Alice señalándola- ¿Quién te ha convertido?- concretó.

Bella respiró hondo, un gesto muy humano que sorprendió a todos en la sala. Pero su respuesta les dejó atónitos.

— Fue Jonathan. Jonathan Parker- levantó la cabeza y miró fijamente a Carlisle sonriendo débilmente- te manda saludos.

Los Cullen pudieron observar cómo por el rostro de Carlisle aparecía la estupefacción y luego el reconocimiento.

— ¡Ah! Jonathan, sí, ya me acuerdo de él. Me alegro que esté bien.- sonrió recordando la época en que vagaba por Europa y el amigo que hizo por casualidad.- Pero... ¿Qué hacía en Forks?

— Bueno...- dudó mientras pensaba las palabras antes de decirlas- realmente fue a verte, Carlisle. No estabas en casa, pero cuando ya se iba, me encontró a mí.- se estremeció ligeramente. Otro gesto humano.

— Espera, espera, espera... me he perdido. Para empezar, ¿Quién es ese tal Jonathan y por qué te convirtió?- Emmet no soportaba el no saber.

— Jonathan fue mi amigo durante unos años cuando me fui de Italia. Recuerdo que intentaba convencerlo para cambiar su tipo de alimentación.- contestó Carlisle- ¿Y cuándo os encontrasteis?

Bella volvió a cerrar los ojos y dijo, con una sonrisa triste:

— No es una historia muy feliz, ¿De verdad la queréis escuchar?- miró sus manos llenas de sangre. A saber de dónde ha salido, pensó Jasper.

—Sí, y cuenta todos los detalles, por favor- pidieron.

Bella respiró hondo, organizando las ideas intentando poner un orden coherente a lo que quería decir y no soltarlo todo de sopetón.

—El día en que él me dejó, me perdí en el bosque intentando seguirle. Me encontraron en la madrugada del día siguiente, en estado de shock y catatónica.- hizo una pausa y abrió los ojos, midiendo las reacciones en su familia. Esme había puesto una mano encima de su corazón, sus ojos tristes pero resueltos. El resto se tensó esperando que continuase. - La primera semana no me moví de mi cama, no tenía ganas de comer y no hablé con nadie, ni siquiera con Charlie, hasta que decidí que debía vivir una vida normal, como prometí. Volví al instituto y al trabajo, hacía todas mis tareas en casa y hablaba de vez en cuando con mi padre; pero nadie volvió a hablar conmigo, no me miraban directamente a los ojos y dejaron de llamarme. Charlie hizo lo que pudo, no le culpo de nada. Trajo a mi madre para que me llevara a Phoenix, pero me negué; luego me quiso llevar a un psiquiatra, y yo sabía que debía ser sincera y había preguntas que no podía responder. ¿Quién quiere pasar el resto de su vida encerrado en una habitación acolchada?-suspiró.

››Pasaron cinco meses en los que me sumí en un estado que me permitía esquivar el dolor la mayoría del tiempo, pero tenía consecuencias. Me aislaba del resto del mundo: mis sentidos se nublaron y no podía percibir nada a mi alrededor; pero era todo lo que tenía y lo acepté encantada.- miró por la ventana evitando las miradas compasivas de su familia-. No podía dormir y la verdad es que en esa época tenía un aspecto horrible. Estaba tan pálida y ojerosa que a veces juraría que, desde lejos, se me podría haber confundido con un vampiro.-rió sin gracia mirando por la ventana- A principios de Enero, Charlie me obligó a relacionarme con otras personas, así que me fui a ver una película de terror con Jessica.- cruzó las piernas nerviosa. El recuerdo no era algo fácil de contar- No sé qué paso ese día, pero desperté de algún modo y empecé a tener alucinaciones. Escuchaba voces... bueno, su voz, y realmente creí que me había vuelto loca de verdad.

››Un par de días después, salí de casa y me fui a pasear por el bosque, no me acuerdo por qué- se encogió de hombros-. Cuando me di cuenta de que me había perdido, ya era de noche y no veía nada.- pausa más larga que las anteriores. Debía ser cuidadosa al hablar, porque no quería que su familia supiese todo. Quizás debería guardarse los detalles sangrientos para otra ocasión.

››Entonces, un oso enorme me atacó- alguien soltó un grito ahogado, Esme probablemente- era más fuerte que yo, y más alto a cuatro patas. Me rompió casi todos los huesos de un zarpazo y me estaba desangrando, sabía que iba a morir. El oso estaba a punto de dar el golpe de gracia para comerme, cuando apareció mi salvador, Jonathan.

— ¿Pero cómo pudo soportar el olor de tu sangre? Quiero decir, él seguía la dieta tradicional.- Carlisle intentaba pensar en otra cosa para distraerse.

— No, Carlisle.- negó Bella con la cabeza.- Él te hizo caso y cambió su alimentación. Tenía los ojos dorados.- sonrió ampliamente la vampira.

Carlisle soltó un suspiro de alivio. Le alegraba saber que le habían escuchado, que todo el esfuerzo no había sido en vano.

— Él mató al animal y me miró, pero no dijo nada. Cuando se iba, le pedí que me transformara. Se sorprendió al ver que sabía qué era él, por supuesto, pero luego me dijo: ‹‹¿De verdad lo deseas? Sabes que puedes morir››. Yo eso ya lo sabía, pero no me importaba si me mataba, la verdad que no me importaba nada más que volver a verle, saber que había hecho una vida feliz lejos de mí- algunos se movieron incómodos ante ese comentario, pero Bella no le dio importancia-. Jonathan me sacó de ahí y me mordió.- Se estremeció violentamente, recordando, y dejó de hablar.

— Sé que tal vez no quieras hablar de esto, pero, ¿Luego me podrías contar tu experiencia? Es por si tengo que convertir a alguien en otro momento- pidió Carlisle esperando una negativa.

— Más tarde- dijo después de pensarlo un poco.

— De acuerdo- se conformó.

Bella se tranquilizó y continuó:

— Cuando desperté, tres días después, no me acordaba de nada ni de nadie. Me sentía perdida, pero Jonathan se quedó conmigo para ayudarme. Siempre le estaré agradecida por todo lo que ha hecho por mi.- dijo con una sonrisa que casi era como las de antes, al menos eso se conservaba.- Pero, a pesar de los cambios en mis sentidos, había algo diferente porque... - Se detuvo de repente y abrió mucho los ojos con mueca de terror sin motivo aparente. Luego, ella se levantó bruscamente y soltó una especie de gruñido y grito, a la vez que su expresión cambiaba a una de ira.

— No puede ser, no... Todavía no ¡Ahora no!- gritó enredando los dedos entre el cabello, corriendo de un lado a otro rápidamente.

— ¡Qué!- Soltó Em de repente. Sus músculos se tensaron preparándose para atacar a lo que fuera que le estuviera haciendo daño a su hermana.

— ¿Qué pasa?- Alice se separó de su marido y fue con su amiga- ¿Cuál es el problema?- no podía ver nada, pero quería ayudar a su mejor amiga.

— Es…- se detuvo frente a la puerta que había abierto, sopesando si debía decirles- Es Victoria.

Todos en la sala enmudecieron. Victoria, la pareja de James, el que hizo daño a Bella hace casi un año, estaba aquí para hacerles daño.

— ¿Sigue viva?- preguntó Carlisle con el ceño fruncido.

— Sí. Poco tiempo después de que os fueseis vino a por mí, solo que no sabía que yo ya era un vampiro- sonrió enseñando los dientes blancos y perfectos.- Por ello, desde entonces me acosa con su pequeño ejército.

Jasper se sorprendió por las últimas palabras, "con su pequeño ejército". Jadeó sorprendido mientras recordaba sus días en la guerra entre vampiros, en la que usaban neófitos como soldados.

— Espera... ¿Con un ejército? ¿De qué?- Rosalie se le adelantó.

— Sus marionetas, vampiros neonatos como yo, pero son muy violentos.- Los Cullen miraron fijamente a Jasper, sabiendo a lo que se refería Bella. Esta no hizo preguntas, no las necesitaba; pero la explicaciones eran para después.- Debo irme de aquí.

— ¿Adónde?- preguntó Emmet siguiéndola.

— A cumplir con la rutina- dijo con voz cansada. Echó a correr hacia el bosque, sabiendo que todavía podían oírla- Me molesta que siempre sea lo mismo.

Emmet pensó por unos segundos a qué se refería con rutina, cuando se dio cuenta de que no habían escuchado nada sobre ataques de neófitos por las noticias. ¿Querrá decir eso que Bella los mataba? ¿Dónde estaba la Bella asustadiza a la que siempre fastidiaba? Sacudió la cabeza, ignorando los interrogantes, para seguirla cuando hubo desaparecido.

Recorrieron un trayecto diferente al de antes. La vampira corría todo lo rápido que podían sus piernas de manera que se le perdió de vista pronto; era más rápida que los demás, casi tanto o más que Edward.

Cuando la alcanzaron, ella estaba de pie mirando a ningún punto en particular del otro lado del claro en que estaban. Esperaron unos pocos segundos cuando escucharon una voz aterciopelada y dulce en la dirección hacia la que miraba Bella. La voz se reía de forma siniestra, pero el rostro de Bella no cambió de expresión, permaneció seria, pero imponente, tenían miedo de mirarla a los ojos siquiera. Una figura femenina que reconocían apareció en el claro acompañada de otros vampiros neófitos; "sus marionetas", como Bella les había llamado. Victoria aplaudía con una sonrisa de oreja a oreja, enseñando todos sus dientes amenazadoramente.

— Mira tú por dónde... Al parecer la pequeña y desprotegida Bella ha encontrado a su querida familia, pero... ¿Dónde está Edward?- se burló Victoria- ¡Ah! ¡No está! Admítelo, estúpida, él te ha abandonado para morir.- Victoria estaba enloquecida, el rostro en una macabra sonrisa. Pero no comprendían la fijación de la vampira con Bella.- Ríndete y déjame matarte de una vez por todas.

Los Cullen no dijeron palabra. El miedo y la sorpresa no les dejaba. Eran cerca de diez neófitos sedientos de sangre, contó Rosalie. Enmudeció, sabía que no saldrían vivos de esta, eran demasiado fuertes y les superaban en número. Ella se giró para mirar a Bella quien no se había movido todavía, pero abrió los labios para contestar.

— Mi familia no tiene nada que ver con esto, Victoria. Déjales irse.- pidió Bella con voz tranquila.- Por favor.

— No tengo por qué obedecerte, así que no, se quedan para verte gritar mientras mis amigos te arrancan la piel a tiras.- dijo haciendo un movimiento que abarcaba a todos los neófitos que estaban detrás de ella.

Emmet ya no podía más. No le perdonaría nunca que hirieran de esa manera a su Bella, su querida hermana. Iba a decir algo, pero Jasper lo interrumpió:

— Sabes en lo que te estás metiendo al usar de esta manera a los vampiros neonatos, ¿verdad?- preguntó, serio- Los Vulturi vendrán a por ti.

Victoria lo miró a los ojos fijamente antes de contestar. Jasper no podía estar seguro, pero percibió cierta burla en los ojos rojos, y negro en los bordes, de Victoria. Tanteó sus emociones para cerciorarse, pero no pudo diferenciar nada claro en medio del torrente de locura, rabia e ira.

— Lo siento, pero te equivocas. Dejémoslo así.- respondió ambiguamente antes de dar un paso hacia atrás, dejando a los neófitos delante, protegiéndola- Y ahora...

— Por favor, moveos hacia atrás y no os metáis en esto.- dijo Bella, a toda velocidad.- Sobretodo tú, Emmet.

Los Cullen asintieron dieron un par de pasos hacia atrás. Cuando Victoria terminó de hablar, los neófitos avanzaron un paso. Otro paso. Se acercaban a ellos lentamente con los músculos tensos, dispuestos a atacar. Emmet, ignorando la orden de Bella, empezó a correr para atacar a los enemigos; pero Bella lo empujó hacia atrás poniendo una mano en su pecho y, con el impulso, ella se lanzó hacia delante con velocidad hacia los neófitos, que se abalanzaban sobre ella igualmente.

— ¡Bella, no!- gritó Alice, queriendo estar con su amiga, pero Carlisle la detuvo negando con la cabeza. Debían quedarse quietos.

Mientras tanto Jasper observaba la batalla, absorto. No podía moverse, emocionado y asustado a la vez. Estaba emocionado al recordar el tiempo que pasó en campos de batalla luchando, y se veía a sí mismo reflejado en Bella. Era fuerte, era una neófita al fin y al cabo, y también era hábil, ya que al contrario que muchos neonatos era capaz de utilizar su fuerza de forma inteligente. Se sentía orgulloso de que Bella fuera su hermana cuando ella saltó casi ocho metros y, mientras caía en picado, le arrancaba la cabeza a una vampira rubia. Una sonrisita se le escapó en el momento en que Bella mordió el cuello a un vampiro de cabellos morenos, y los brazos le temblaron de emoción cuando su hermana inmovilizó otro par rubio y los redujo hasta el suelo. Pero estaba asustado también porque era algo horrible, el ver cómo Bella rompía brazos, piernas, mordía y arañaba a la vez. Parecía un ángel destructor, con un rostro que te distrae cuando sabes que vas a morir; un ángel con la muerte pintada en los ojos como la sangre.

Pero de repente despertó cuando se escuchó un crujido espantoso. Todos en el lugar miraron fijamente a Bella. Su brazo estaba en una posición extraña y la vampira se lo sostenía con el otro brazo. Su rostro no demostraba ninguna expresión, solo miraba a los neófitos que tenía delante mientras, de un solo gesto, ponía el brazo descolocado en su lugar.

Nadie se movía, era como si el tiempo se hubiera detenido con ellos cuando Bella y sus enemigos se estudiaban mutuamente; ellos con el hambre asesina plasmada en el rostro, ella con semblante serio. Los Cullen no se movieron, tampoco. Todavía no se habían repuesto de ver a su querida Bella, que acostumbraban ver tan indefensamente humana, desmembrando neófitos sin ningún sentimiento aparente. Era increíble ver cómo ella sola vencía con facilidad a tantos a la vez en clara desventaja, aunque ella fuera una vampira neonata también. Emmet miró un momento a Victoria, que estaba apartada de la batalla estudiando a Bella con una sonrisita en el rostro. Se preguntó entonces por qué Bella no había atacado primero a la vampira, y cayó en la cuenta de que eran los neófitos los que la impedían moverse. Dio un paso hacia delante, para ayudar en algo, pero le volvieron a detener. No debía interferir.

Entonces los dos bandos, los neófitos y Bella, se pusieron en movimiento a la vez. La Cullen no dio ningún paso, pero plantó bien los pies en el suelo y se quedó en el sitio, preparada para el golpe. El más adelantado llegó por fin, dientes preparados, pero no llegó a morder nada más que aire porque Bella le agarró firmemente la cabeza, esquivando los brazos que buscaban atraparla, no mostrando señales de dolor cuando alguno llegaba a darle. El vampiro se detuvo de golpe y cayó al suelo con el desconcierto y el dolor pintados en el rostro. No se levantó ni se movió. El resto tuvo la misma suerte y, uno a uno, tocaron al suelo con la misma mueca del primero.

Para ese momento, Bella ya se encontraba frente a la otra vampira, Victoria.

— No veo el motivo de hacerle esto a tanta gente, Victoria. Podríamos haberlo hablado tranquilamente sin recurrir a las vidas de estos humanos inocentes.

— Oh por favor, no hagas como que no te enteras. Sabes perfectamente como yo que es tu culpa todo esto. Si no te hubieras metido en un mundo que no te concernía, nada de esto estaría pasando. James no estaría muerto y tu estúpido Edward no te habría abandonado a tu suerte. No tendríamos que haber caído en este ciclo de asesinatos y locura.

— Eso no nos hace iguales.- refutó Bella- Yo no asesino personas. Victoria bufó.

— ¿Ah sí? ¿Y qué me dices de todos los neófitos que has matado con ese poder de pacotilla que tienes? Son casi personas, ¿no te sientes culpable? ¿Y sobre aquella chica?- Victoria no dio más detalles, pero Bella palideció- Si... veo que te acuerdas.- sonrió.

— ¡Yo no la maté!- chilló Bella apretando el cuello de la pelirroja con la mano sana- Ella sobrevivió. Yo no la maté- repitió, pero parecía que intentaba convencerse a sí misma con el rostro descolocado, parecía que su máscara de serenidad se hubiera roto.

— ¿De verdad?- rió otra vez Victoria- Entonces, explica esto.

En ese momento apareció en el claro otra vampira. Tenía el cabello corto, por la barbilla y escondía el rostro detrás de éste, pero sus ojos escarlata eran claramente visibles. Caminaba de forma inestable, tropezando sin caerse y sus brazos colgaban a los costados.

Bella aligeró el agarre en el cuello de Victoria y esta aprovechó para darle una patada en el estómago a la Cullen, pero ella no la soltó. Bella regresó a la realidad y atrapó los brazos de Victoria y sujetándolos por detrás, inmovilizándola. Ella serpenteó entre los brazos de la otra y se escapó con velocidad, pudiendo huir del lugar; pero Bella la siguió y la detuvo de una patada, tumbándola hacia el suelo. Se sentó sobre Victoria, impidiendo cualquier movimiento.

— No permitiré que huyas, esta vez no, Victoria. Has llegado muy lej-

Bella no terminó la oración porque la neófita que acababa de llegar arremetió contra Bella con violencia, aunque al contrario que con los anteriores enfrentamientos, Bella no se defendió. Victoria aprovechó la oportunidad para escapar, pero Emmet reaccionó rápido y la detuvo mientras Jasper acudía a socorrer a su hermana, quitándole la neófita de encima.

Bella estaba en estado de shock, sin moverse y con los ojos abiertos de par en par. Jasper sostuvo a la neófita entre sus brazos, consciente de lo que hacía; sabía que esta se revolvería violentamente, que le intentaría morder, que le intentaría romper sus extremidades. Pero la inmovilizó completamente, impidiendo cualquier movimiento, hasta que ella se calmó y dijo:

— ¿Por qué estoy aquí? ¿Quién me ha hecho esto?- murmuró desorientada. Parecía que acababa de despertar de un mal sueño- ¿Quiénes sois?- Miró asustada la escena que la rodeaba, su creadora revolviéndose en brazos de otro vampiro, gente de ojos raros que la miraban atentamente a ella y otra vampira que estaba tirada en el suelo, inmóvil. Le sonaba de algo, pero no lo pudo pensar mucho, porque su atención fue desviada.

— ¡Tú!- gritó Victoria desde el suelo, varios metros más allá- ¡Te dije que la mataras, inútil!- Se revolvía insistentemente entre los músculos de acero de Emmet.- ¡Bella! Todo es tu culpa. ¡Si nunca hubieras nacido, nada de esto estaría pasando!

Ante ese comentario, Bella reaccionó, por fin. Se levantó del suelo despacio entre un silencio digno de tumbas, se enderezó y caminó lentamente hacia la neonata. Se detuvo cuando las separaba casi un metro y levantó el rostro aún aturdido. No dijo nada, tampoco se movió, al igual que la neófita que permanecía asustada entre los brazos de Jasper. Bella no dijo nada todavía, el brillo en su mirada se había esfumado.

Hubo un silencio que ni siquiera los pájaros se atrevieron a interrumpir, hasta que la chica habló, mirando a Bella.

— ¿Quién eres?- parecía sincera- Me recuerdas de algo... pero no puedo estar segura. ¿Por qué estoy aquí? ¿Quiénes son estas personas tan raras?

Nadie contestó y una brisa suave meció los cabellos de Bella, que levantó los brazos lentamente, las palmas abiertas.

— Perdóname, Anne- Parecía que quisiera llorar- Lamento haberlo arruinado todo.- Terminó mientras por fin tocó a la chica con las manos desnudas, como en una suave caricia maternal.

Al principio no pasó nada, pero medio segundo después, la neófita se tensó y gritó de terror. Desvió su vista entre la pelirroja que recordaba haberla instruido en esta nueva vida, y luego a la vampira que llamaban Bella, asustada.

Nadie sabía que ocurría, excepto Bella y Victoria, que miraban indiferentes, como un niño que ha perdido el interés en sus juguetes. Era horrible, como si estuvieran quemando a la neófita viva, pero sin fuego. A Jasper le recordó vagamente al efecto del poder de Jane, así que se preguntó qué clase de poder habría adquirido Bella con su transformación.

Dos segundos después, la tal Anne cayó al suelo sin vida, como sus antiguos compañeros. Jasper se la quedó mirando unos momentos antes de levantar la vista y dirigirla a Bella, quien escondía su rostro detrás de una cortina de su pelo. No encontraba ninguna explicación a lo que había visto. La verdad, es que Bella cada vez le sorprendía más y más.

— Lo has hecho de verdad...-murmuró Victoria- No te creía capaz... bueno, qué más da,- se encogió de hombros como pudo desde el suelo.- eso no cambia el hecho de que la has matado.

— Victoria-la llamó Bella con voz suave, pero nada tranquilizante- Te has pasado esta vez. No tenías por qué inmiscuir a tantos inocentes en tu intento de venganza con mi familia y contra mí. - dijo poniéndose en movimiento de nuevo, caminando hacia el lugar en que Emmet mantenía inmovilizada a la vampira.

Bella se detuvo en frente de ellos y se agachó, acercando el rostro a Victoria. Se miraron a los ojos, Victoria con rabia, Bella indiferente, sin energía.

— Que sepas que tus jueguecitos no funcionan conmigo, estúpida. Sea lo que sea que les haces a mis neófitos no me hace efecto.

— ¿En serio?- una sonrisita se le escapó, enseñando parcialmente los colmillos blancos- Em, suéltala, por favor.

Él titubeó, inseguro, pero creyó que no debía contradecir a Bella, así que soltó a Victoria al mismo tiempo que la vampira atrapaba el cuello de la otra entre sus dedos. Todos esperaban que ocurriese como con los otros vampiros, pero nada pasó; el rostro de Victoria no cambió en nada.

— ¿Ves? Te lo dije. No me pasa nada.- dijo entre carcajadas- Eres una inútil, todo lo que haces no sirve para nada. No sirves como vampiro, tu poder es muy simple y no me hace efecto; y como yo, muchos de seguro. Estarías mejor muerta.

Ante esas palabras, los Cullen estaban horrorizados, naturalmente. Después de todo el camino que había hecho su Bella para estar con ellos, con Edward, le decían eso. Miraron a Bella, esperando una reacción de su parte. Cualquier cosa, lo que fuera que les dijese que su Bella no había muerto, porque temían que el tiempo y el dolor hubiesen hecho a Bella olvidar su humanidad.

Jasper, por otro lado, tensó sus músculos acostumbrado a las reacciones de los neófitos comunes. Ellos siempre atacaban a lo que fuera que estuviese a su alrededor, y sobre todo cuando se alteraban por cosas muchos más simples que eso. Pero, por supuesto, Bella no demostró ningún sentimiento en el rostro. Quizá se ensombreció un poco, pero pudieron observar cómo su mano apretaba con más fuerza el cuello de la otra.

— Victoria, -murmuró Bella con voz de ultratumba- este será tu final después de todo. Se acabó, Victoria, ya me he cansado de ti y de tus tonterías.- sintieron que se refería a algo más que a los ataques de neófitos, pero decidieron callar- Por favor, alejaos unos metros- terminó dirigiéndose a la familia Cullen.

Le hicieron caso y dieron varias zancadas hacia atrás, quedando a casi diez metros más atrás de su lugar inicial. Desde su posición, pudieron observar cómo Bella cerraba los ojos y, acto seguido la atmósfera del claro cambió. El aire se hizo pesado y agobiante, ahogante; y si ya de por si la luz del atardecer lluvioso de Inglaterra era gris, se volvió más sombrío y muerto. Pero lo más impresionante fue ver cómo la hierba verde del suelo se amarilleaba lentamente al igual que las hojas en los árboles. Nada se movía ni se escuchaba.

Excepto los alaridos de dolor de la vampira aprisionada entre las manos de Bella. Era lo mismo que con Anne, la neófita que conocía a Bella, pero había cosas diferentes. Victoria se sabía mover e intentaba escapar de la prisión de acero, pero no pudo, y poco a poco fue perdiendo las energías hasta que ya no se movió más y cayó al suelo, muerta.

Silencio.

Nadie pronunció palabra, ni siquiera los animales se atrevieron a molestar. Bella miraba el cuerpo inmóvil de la vampira que alguna vez se llamó Victoria, pero luego se giró y miró con esos brillantes ojos rojos a su familia.

Era como un monstruo, un monstruo irreconocible en medio de una pequeña montaña de cuerpos inertes. Ese vampiro no era su Bella, ella había cambiado, siendo sustituida por esa criatura de colmillos afilados, piel blanca y fría, ojos amenazadores. La criatura dio un paso en su dirección, provocando que todos se asustaran y los músculos se le tensaran involuntariamente. Jasper y Emmet adelantaron un paso y protegieron su familia con su cuerpo, evitando cualquier tipo de ataque, totalmente de forma involuntaria. Ella entrecerró los ojos y su boca se volvió una línea gruesa, pero no se acercó más; por el contrario, se dio la vuelta y levantó el cuerpo más cercano, el de Victoria.

Luego, procedió a recoger todos los demás y los amontonó en una pila. Los Cullen no sabían lo que hacía, pero prefirieron quedarse quietos, por si acaso. Se miraron entre ellos a los ojos, desconcertados, asustados. No sabían lo que pasaba, lo que había pasado; o peor, lo que iba a pasar. Alice era incapaz de ver nada, su poder estaba anulado de momento.

Habían otros interrogantes: ¿Qué significaban las palabras de Victoria? ¿Por qué no abrían los ojos los vampiros? Pero Esme, muy lejos de pensar en la batalla que acababan de presenciar se preguntaba qué era lo que le habría ocurrido a su niña. Qué le habrían hecho para cambiarla tanto y por qué había perdido tanto; aunque sabía la respuesta, tan simple y tan concreta que daba miedo. Era su culpa.

— Alice-llamó Bella. La nombrada dio un respingo y se asomó desde la espalda de Jasper.

— ¿Si?

— ¿Tienes cerillas a mano? O al menos algo para encender.- dijo sin mirarles todavía, tenía la vista fijada en el montón de hojas y ramas secas que cubrían la pila de cadáveres.

— No. Lo siento...

— Yo sí tengo.- Dijo Carlisle adelantándose situándose al lado de Jasper y Emmet. Sacó el pequeño encendedor de su bolsillo derecho y lo lanzó a la vampira.

— Gracias- dijo atrapándolo en el aire.

Se agachó y tomó una de las ramas muertas y la acercó a la llama ya encendida. Esta prendió y Bella la puso junto a las demás, repitiendo el proceso con otras ramas y hojas en distintos lugares formando así una hoguera.

Cuando los cuerpos empezaron a quemarse y a desprender ese humo púrpura característico, Bella se irguió y encaró por fin a los Cullen.

— Lamento todo esto, de verdad. Pero ella podría haber huido mientras os ibais. -les dijo acercándose lentamente, con cuidado.- Pero no tengáis miedo, por favor. Soy la misma Bella.

Siempre con sumo cuidado, ella se detuvo y esperó sus reacciones. Al principio, nadie se movía, pero luego, Carlisle dio un paso hacia delante ante las miradas nerviosas de su familia. Carraspeó intentando aligerar la situación y habló:

— ¿Podremos confiar en ti?- Bella le miró un momento sin responder, ladeando la cabeza ante la pregunta- Quiero decir... si tenemos que prepararnos, solo por si acaso.- añadió intentando no parecer brusco. No debía alterar a un neófito, le enseñaron tiempo atrás.

Bella rió suavemente.

— No os preocupéis, no soy peligrosa, al menos que yo sepa. Nunca le haría daño a lo único que me queda.- dijo cuando pararon las risas.

Alice se sobresaltó por las últimas palabras, "lo único que me queda". Eso quería decir que... no podía ser cierto. Miró al suelo, avergonzada por todo lo que le había pasado a su mejor amiga, su hermana. Entonces recordó que no había terminado de contar su historia, así que se adelantó hasta ponerse al lado de Carlisle, ignorando la mano de Jasper que la intentaba detener.

— Vámonos, Bella, tienes que terminar de contar tu historia, ¿verdad?- sonrió, pero no sirvió para disminuir la tensión.

— Cierto, cierto. Me has dejado con la intriga, y también tienes que explicarme lo que ha pasado aquí, señorita.- añadió Emmet con su tono natural, relajando sus músculos. Se separó del resto y caminó hasta Bella, agarrándole el brazo derecho.- A casa, a casa.

Increíblemente, todos dejaron de estar tensos, como si Emmet hubiera roto una barrera invisible entre Bella y la familia. Rosalie suspiró, no servía de nada detener a Em, así que los demás le siguieron la corriente y se pusieron en marcha dejando atrás la humareda violeta. Cuando llegaron a la casa, volvieron al salón y se sentaron, algunos, en el mismo lugar de antes pero Alice fue a la cocina. Escucharon el sonido del agua caer y luego los pasos suaves de la vampira sobre el parqué del suelo. Llevaba un trapo húmedo entre las manos.

— Toma, Bella- le tendió la tela a la nombrada- límpiate.

— Gracias, Alice- aceptó ella empezó a quitarse la sangre seca de la piel.

Comenzó por la cara, bajando luego por el cuello y hombros, al final, pasándolo por los brazos y las manos. No se esforzó mucho porque luego se ducharía y saldría mejor, pero era cierto que el olor era potente, tanta sangre mezclada.

— ¿Lo que huelo es sangre humana?- preguntó como quien no quiere la cosa Emmet.

Los demás se acercaron más a Bella y olisquearon. Esme y Carlisle palidecieron aún más, si cabe; era cierto, había sangre humana mezclada con la animal por toda la piel y ropa de Bella. Retrocedieron rápidamente, un poco asustados; todos, excepto Alice y Emmet, quienes confiaban en su hermana y sabían que ella no se alimentaría de humanos. ¿O sí?

— Bella... tú no... habrás...- Carlisle no pudo terminar porque Bella le interrumpió.

— ¿Beber sangre humana?- dijo con una pequeña sonrisa y seguridad en la voz. Ellos asintieron con la cabeza.- Sí, pues lo he hecho- si ya de por si no confiaban mucho en esa nueva ella, esas palabras acentuaron las dudas.- ¡Dejadme terminar! He bebido sangre humana, pero no he matado a nadie.

— ¿Qué quieres decir con eso?- se interesó Carlisle acercándose un poco.

— No os riáis, pero... cuando no podía soportar más la sed... aprovechaba que estaba por los hospitales y... robaba bolsas de sangre- bajó inmediatamente la cabeza, avergonzada; el pelo le tapaba el rostro.- Sé que es cutre, pero es que no veía otra salida y realmente odio matar sea vampiro, humano o lo que sea.

Aún después de haberlo pedido, Emmet rompió a carcajadas, casi cayéndose al suelo. Fantástico, pensó Bella, ya tiene chiste para fastidiarme el resto de mi existencia.

— Sé que eres torpe, pero no creí que derramases sangre de las bolsas encima de ti- pudo decir entre risas.

— ¡Oye, que yo nunca derramé ni una gota!- respondió ofendida levantando la cabeza- Como dije antes, me pasaba los días nublados en los hospitales... echando una mano en lo que pudiese.- explicó pasándose una mano por el pelo, nerviosa e incómoda.

Se hizo silencio inmediatamente. ¿Qué había dicho? Emmet se enderezó y sacudió la cabeza, incrédulo. ¿Habrían escuchado mal?

— Espera, ¿me estás diciendo que estabas en contacto directo con humanos, su sangre, y ni siquiera te alteraste?- habló por fin Jasper, apoyado de pie en una pared cercana.

Bella calló, pensando si contarle esa parte de la historia también. Era algo difícil de explicar y no sabía si lo haría bien.

— ¿Y bien?- preguntó Carlisle interesado sentándose enfrente de Bella- ¿Podrías responder? Por favor.

— Para contestar a eso tendría que contar lo que pasó antes.- dijo lentamente eligiendo las palabras adecuadas- Como decía antes de la interrupción de Victoria, cuando desperté de mi transformación, era todo muy extraño, pero había algo que no esperaba.- aspiró sonoramente por la boca, símbolo de nerviosismo- ¿Nunca les ha pasado que, cuando estás muy feliz, se lo contagias a los de tu alrededor; o por el contrario, cuando estás triste, los demás también?- algunos asintieron lentamente, comprendiendo.- Bueno pues yo... ¿cómo explicarlo?- miró hacia todos lado buscando algo que la ayudase.- Observad.- dijo levantándose.

Se preguntaron a dónde iba, pero ella se detuvo delante de uno de los muchos jarrones en donde Alice ponía y quitaba flores como le placía. Bella lo miró un par de segundos y levanto la mano derecha, cerrando sus dedos desnudos alrededor de la planta que había allí y esta empezó a marchitarse con relativa rapidez, de forma antinatural.

Los Cullen estaban sorprendidos. Eso era lo que Bella les había hecho a los enemigos de antes, les había quitado las energías hasta que morían como la flor, a la que se le cayeron los pétalos y literalmente se volvió polvo.

— Esto, esto es lo que me ocurrió... lo que me ocurre. Mis sentimientos cuando era humana se intensificaron con mi transformación y ahora pueden hacer daño, matar a los que están a mi alrededor.- dijo sacudiéndose el polvillo de las manos, pero se quedó en el sitio.

— Pero tú... nosotros te tocamos y aquí estamos- dijo Emmet, no comprendiendo- Tu poder funciona con personas especiales o...- dejo la frase sin terminar.

— ¿Mi poder? Lo siento Emmet, pero estás equivocado.- sonrió intentando evitar enseñar los dientes- Éste no es mi poder. Sólo son mis sentimientos. Lo que habitaba dentro de mí aún desde que era humana y que me ha acompañado hasta esta otra vida.

— ¿Qué?- preguntó Rosalie, quien estaba al lado de Carlisle.

— Mi poder es la razón por la que seguís vivos. Si no lo estuviera usando ahora mismo, más de diez kilómetros al rededor mío hubiera sido borrado del mapa.- se detuvo unos momentos, recordando aquellos primeros días en que se sintió más perdida que nunca.- Cuando fui a Denali, Eleazar me dijo que era un "escudo" mental, que podía evitar que otros se metan en mi mente- todos inmediatamente pensaron en Edward y sus problemas para escuchar sus pensamientos, pero nadie comentó nada-, y que era lo que mantenía a raya todo. Hasta entonces lo había controlado por instinto, pero he entrenado desde entonces.

Enmudecieron. Eso era algo impresionante, pensó Emmet, realmente asombroso. Pero se paró a pensar en algo, cayendo en la cuenta inmediatamente.

— Entonces, ¿Siempre estás usando tu poder?

— Las veinticuatro horas del día, los siete días a la semana,- asintió ella-así que me es un gasto impresionante de energía, ya que no es un poder como el de Jasper, por ejemplo, que lo hace de forma natural. Es como las visiones de Alice; ella "llama", por así decirlo, su poder. Imagínate, Alice, lo que sería estar siempre mirando el futuro, lo más lejos que puedas, y no poder bajar la intensidad con la que lo intentas.- ella se estremeció- sí, da jaqueca, lo sé; pero creo que dejé claro que odio matar, aunque sean plantas.

Ellos se tomaron unos segundos para digerir sus palabras, pensando en cada sonido que había pronunciado.

— Para responder a tu pregunta, Jasper.- él levantó la cabeza y la miró- siempre vigilo mis emociones, la energía que uso, mi escudo y mi fuerza para no romper nada. No creo que la sed sea un problema.

— Impresionante...- susurró Carlisle, con los ojos brillantes.

— No creo que lo sea tanto- Bella bajó la mirada, avergonzada de ser el centro de atención.

— Claro que sí, Bella- interrumpió Jasper a lo que quería decir su padre- te comportas como un vampiro de siglos y no de meses.

— Eso mismo me dicen por ahí- rió Bella- pero no soy tan especial, creo.

— Pero, ¿Cómo has hecho para pasar desapercibida entre humanos, con ese aspecto?- señaló, Emmet- No creo que sea normal ver a una vampira de ojos rojos cubierta de sangre por la calle.

— Siguiendo con la historia,- dijo volviendo a su sitio en el sofá- cuando tuve consciencia de todo lo que me pasaba, aprendí a utilizar mi poder; y, con la ayuda de Jonathan, a controlar mi fuerza y mis emociones. Cuando supe que no mataría a nadie, volví al pueblo.- bajó la mirada entre avergonzada y triste- Se corrió la voz de mi desaparición, y posteriormente, de mi muerte. Charlie juró sobre mi tumba que alguien pagaría por esto, aunque ahora no está solo, al menos; el marido de Sue Clearwater, Harry, murió dos días antes de mi funeral de un paro cardíaco, así que Sue y Charlie están más o menos juntos, dándose apoyo mutuo. Me alegro por él.- Bella sonrió un poco, una sonrisa débil- Me quedé en Forks un tiempo, pude recuperar mis cosas, como mis zapatos-movió los pies, contenta. Los zapatos que tenía estaban algo deteriorados, pero seguían enteros- Poco tiempo después tuve que irme. Los lobos Quileutes me echaron del pueblo, así que...

— ¡Qué!- Gritó Jasper- ¿Los lobos Quileutes? ¿Estamos hablando de los mismos?

— Si te refieres a los descendientes directos de Efraín Black y los demás que hicieron el tratado con vosotros; sí, los mismos.- respondió ella con total sinceridad.

— ¿Y pudiste con ellos? ¿Cuántos eran?- preguntó Em, emocionado con la idea de enfrentarse a los lobos que recordaba.

— ¡No! No nos peleamos. Hablamos tranquilamente y les ayudé con algunas cosas, por lo que los cuatro y yo llegamos a un acuerdo; yo me iba de Forks y ellos apoyaban la mentira de mi muerte y mi conversión. Puedo volver, claro, pero cuando ellos consideren que no soy peligrosa- agachó la cabeza.

Alice no se lo podía creer, tenía razón. Bella estaba sola, totalmente sola y no puede volver a ver a su padre; era espantoso. Se imaginó a ella misma en esa situación y se estremeció ligeramente, más pálida que de costumbre.

— ¿Qué ocurre?- dijo Jasper muy preocupado, ya que se había percatado de la posición en que estaba su esposa, abrazándose a sí misma y mirando al suelo- ¿Has visto algo? ¿Le pasará algo a Bella?

— No es nada, Jazz, no pasa nada. Además, recuerda que no puedo ver a Bella.

— ¿De verdad?- Bella le preguntó, sorprendida.

— Sí, es cierto. No he podido verte desde... desde hace meses- dudó en la última oración; obviamente estaba ocultando algo, pero nadie insistió. Si Alice no quería de decir algo, era por una razón de peso.

— Entonces tenía razón.- se dijo Bella. Carlisle, quien escuchaba atentamente cada palabra que salía de la boca de Bella con interés y brillo en los ojos, así que se giró hacia ella preguntando con la mirada.- Cuando Eleazar me dijo de mi escudo, pensé que era sólo mental aunque fui descubriendo que también repelía otros poderes, pero no sabía que podría contra el tuyo, Alice.

— ¿Como qué tipo de poderes?- preguntó Carlisle.

— Casi todos -respondió tranquilamente- como por ejemplo el de Jasper, ¿A que no percibes nada en el lugar dónde estoy?-preguntó mirando a dicho vampiro. Este asintió con la cabeza, afirmando el hecho de que no percibía nada de Bella- Básicamente mi poder me vuelve invisible a todo aquello fuera de lo físico. Podéis verme, oírme, tocarme y detectar mi olor; pero hasta ahí. La verdad es que gracias a eso he podido llegar tan lejos sin matar a nadie.- sonrió, pero luego la sonrisa se esfumó- Me he librado de la vida aislada, no como los otros.

— ¿Otros?- preguntó Rosalie.

— Las personas que ha tenido la suerte de perder a alguien importante o le han pasado... cosas, si sirve de eufemismo, y han vivido para contarlo- dijo con sarcasmo en la voz- Y tampoco tienen el mismo poder que yo.

— No entiendo. ¿No eres la única que puede... "matar"?- dijo Emmet.

— No, en realidad somos muchos con esta maldición. ¿Te suena de algo el Triángulo de las Bermudas?- él asintió- Cuando pasé por ahí descubrí que debajo del agua hay una vampira como yo, pero se aisló totalmente del mundo hace muchísimo tiempo y no sabe lo que su malestar provoca. Pero no todo el mundo está bajo el agua; en los altos picos, y en sitios deshabitados es donde se ocultan y he podido hablar con ellos. La de cosas que tienen para contar, tienen experiencia de siglos o incluso milenios en algunos. Ni en la escuela me dijeron tanto sobre los Aztecas o las tribus Germanas.

— ¿Y por qué a ti no te pasa nada?- dijo Jasper.

— Porque yo padezco lo mismo que ellos y no me afecta- se encogió de hombros, restándole importancia- si hechas un vaso de agua al mar, no pasa nada, ¿verdad? Por esa razón, entre otras cosas, no he podido vencer a Victoria hasta ahora. Ella perdió a James aquella vez, aunque lo único que no me gusta es que transformó el dolor en rabia y deseo de venganza, eso la cegó hasta el punto de no darse cuenta de que se enfrentaba a una neófita- volvió a elevar los hombros, indiferente.

— ¿Por qué otras razones no pudiste ganarle antes? Quiero decir... ¿qué pasó esta vez que cambió las cosas?- Emmet estaba cada vez más contento y ya no podía sonreír más porque las leyes de la física no le dejaban. Era su compañera de juegos perfecta, ya era hora de encontrarse con un reto de verdad.

— Primero, porque estabais tú y Jasper para retenerla. Ella siempre escapaba cuando me entretenía con los neófitos, lo que me recuerda... ¿Por qué habrá traídos menos esta vez?- se preguntó a sí misma, poniendo la mano en la barbilla realmente intentando desentrañar el misterio.- Han sido muy pocos comparado con el número normal.

— ¿Pocos? ¿A eso le llamas tú pocos?- se asustó Esme con una mano en el pecho, en el lugar donde estaba su corazón detenido- Podrías haberte hecho más daño, o peor, haber muerto.

— No te preocupes Esme. Lo de hoy ha sido algo fácil, comparado con la última vez.- sonrió a Esme tranquilizadora- Lo que me lleva a la segunda causa del porqué de mis fracasos. Victoria es una tramposa,- resopló torciendo la comisura de la boca hacia abajo, gesto de fastidio- siempre espera que esté distraída en alguna de mis noches de vigilancia en las calles para llegar con casi veinte neófitos. Eso es jugar sucio- frunció el ceño a la vez que todos se quedaban quietos. ¿Habrían escuchado bien? ¿Veinte, en serio? Si era una broma, era una de mal gusto. Bella lo ignoró y siguió contando, cada vez más molesta- Quiero decir, acercarse tanto a una ciudad es peligroso.

Seguro que ya habréis visto las marcas de mi espalda y mis brazos, ¿verdad?- Emmet asintió por todos, perdiendo la sonrisa- Eso fue hace un mes, si mis cálculos no fallan. Los medios informativos ya había puesto la mira en mí y yo me iba del continente hacia aquí. Victoria vino, me amenazó, gritó y demás cosas y me lanzó varias tandas de sus "soldaditos".- se detuvo un momento y levantó los restos de la manga izquierda de su camisa hasta arriba del todo. Pudieron ver una línea de un color diferente casi en la unión del brazo con el hombro. Después, Bella levantó los trozos de tela vaquera que eran sus pantalones hasta un par de centímetros por encima de la rodilla derecha, había otra línea en esta. Jasper y Alice cerraron los ojos y no dijeron nada, conocían esas marcas- Huyó cuando creyó que iban a acabar conmigo, pero conseguí volvérmelas a poner antes de que se me echaran todos a la vez encima. Estuvo cerca, por lo me retrasé un poquito recuperándome. Lamento no poder haber venido antes.

Silencio de nuevo.

Carlisle miró a Bella a los ojos, buscando algo que le dijese que todo era mentira, que ella no había sufrido, que todo lo que contaba era una exageración. Quería que todo fuese una pesadilla y que volvieran a atrás en el tiempo, hasta el momento del décimo octavo cumpleaños de la chica y evitar lo que pasó ese día. Pero lo que vio fue sinceridad en los ojos de ella. Lo que decía era cierto, totalmente; pero vio también que escondía algo, algo que prefería no contar y se preguntó qué sería. También se preguntó si algún día llegaría saber exactamente todo sobre su historia, todo, sin guardarse nada. Sería difícil, de seguro; pero conociendo a Bella, si hablaban un poco podrían llegar a un acuerdo.

Por otro lado, Jasper miraba otra cosa. Había dejado de escuchar lo que dijo Bella desde que les mostró la cicatriz típica que quedaba cuando te arrancaban un miembro, y se había fijado en su cuello. Cuando Bella se agachó para poder subir la tela de sus pantalones, parte de lo que quedaba de su camisa se movió, dejándole una vista perfecta de lo que la tela cubría anteriormente.

No se fijó en el color de su piel, ni en el hecho de que Bella dejaba poco a la imaginación; su vista se desvió a la hilera de marcas de mordidas que había en su clavícula. Tan parecidas a las suyas. Miró también su mandíbula, ligeramente deformada por cicatrices que quedaban tapadas por el pelo, pero que ahora se habían descubierto. Todo en Bella le daba nostalgia, se sentía otra vez como en aquella época, cuando podía hacer lo que quería; luchar y vencer. Prueba de ello había por todo su rostro y brazos, marcas de batallas vividas, de triunfos y de dolor. Por eso la entendía, sabía cómo se sentía cuando te arrancaban una pierna, sabía lo que era matar para sobrevivir, comprendía ese sentimiento de soledad por dentro que veía en sus ojos borgoña.

Entonces Bella, como si hubiesen pronunciado su nombre, se giró miró a Jasper a los ojos, dorado contra rojo. Ella encontró lo que buscaba en aquellos ojos, vio a alguien que entendía lo que había hecho, y no vio lástima por ella, así que sonrió ligeramente. Él respondió, pero lo escondió inmediatamente. Su encuentro había durado apenas centésimas de segundo, y ya los demás se estaban descongelando. Bella apartó la mirada y, de un movimiento rápido de cabeza miró a Carlisle, quien seguro tendría muchas preguntas; pero todavía nadie decía nada. Su pelo se movió debido a esa acción y descubrió el otro lado de cuello de Bella; lugar en el que Jasper podía ver una marca especial de mordida, diferente a las demás.

La curiosidad le corroía, quería saber el tacto de esa cicatriz tan peculiar, comprobar lo que sus ojos le decían. Por eso, avanzó relativamente lento para un vampiro y se acercó a Bella. Movió su mano derecha ante la atenta mirada de su familia y de Bella, querían saber qué iba a hacer; y entonces, Bella se tensó en el sitio abriendo mucho los ojos.

— ¡No!- gritó y empujó a su hermano lejos de ella sin dejarle la oportunidad de tocarla. Rezó para que no la hubiera ni rozado y retrocedió varias zancadas asustada hasta que su espalda tocó la pared de madera de la otra punta de la sala.

— ¿¡Pero qué...!?- dijo Emmet, reaccionando por fin yendo primero a ver el estado de Jasper.

— ¡Bella! ¿Qué te ha pasado?- Esme y Rosalie se levantaron del sofá y avanzaron hacia Bella pero ella las detuvo.

— ¡No! ¡No os acerquéis! Por favor...- suplicó envolviéndose a sí misma en sus brazos intentando tranquilizarse- Dadme un momento, por favor- dijo algo respirando entrecortadamente, pero lo suficientemente civilizada para que se tranquilizasen los demás.

Los Cullen se detuvieron donde estaban y miraron a Bella, asustados. Al final iba a resultar que Bella era tan neófita e inestable como los demás, o que se había vuelto violenta; pero luego miraron a Jasper quien se estremecía ligeramente mirando a Bella con los ojos muy abiertos.

— Jasper, ¿estás bien?- Carlisle cambió su tono a uno más tranquilo, el que usaba normalmente en los hospitales.

— Sí -contestó solamente.

— Jasper, yo... lo siento mucho- se disculpó Bella tranquila del todo mientras se erguía- pero... es peligroso que me toques.

— ¿Pero tu poder no era muy eficiente?- Emmet se medio burló- No me digas que era mentira.

— No os he mentido, es solo que... aún cuando mi poder está a cien por cien, que es el caso de ahora, los vampiros con algún tipo de poder sensible a las emociones o los pensamientos, pueden sufrir una pequeña fracción de mi interior, mi maldición. No les mata, pero aún así duele y no quiero hacerte daño, Jasper. Lamento haber sido tan brusca.

— Descuida, yo debería disculparme por acercarme. Pero tengo una pregunta, si yo puedo sentirte con el escudo al cien por cien, ¿Por qué la planta de antes ha muerto?- dijo mirándola, pero evitando los ojos.

— Porque las plantas son seres vivos más simples que los humanos. Mi "maldición" no les afecta de la misma manera a los humanos, vampiros, animales y plantas.- empezó a explicar, caminando hacia la familia.- Cuando toco a un ser vivo o vampiro, primero ataca su cuerpo y su mente por igual, pero el cuerpo no aguanta, así que la mente se desconecta. Es en ese punto que humanos y vampiros se diferencian; en humanos, la mente es débil también y el humano muere; pero en vampiros, quienes son más fuertes, no pueden morir. Solamente desconectan y podrían volver, pero no saben hacerlo y quedan suspendidos en el vacío del dolor para siempre.

— ¿Y tú si sabes, acaso?- preguntó Emmet, un poco ofendido.

— Pues sí. De hecho lo hago diariamente- miró un momento la hora en el reloj de la pared. Eran casi las cinco de la mañana y empezaba a clarear-, debería hacerlo dentro de un rato. Me he puesto un horario, así puedo dormir de día y salir por las noches.

— ¿Dormir?- preguntó Carlisle.

— Sí. Así es como lo llamo, aunque no es exactamente dormir como cuando era humana. Yo puedo controlar el momento y el lugar, y tampoco tengo sueño. Duermo cuando mis niveles de energía alcanzan un nivel peligroso, o cuando puedo. Lo malo es que solo puedo dormir un par de horas, como mucho. Debo estar alerta.

— Ya, ya- dijo Alice, cambiando de tema-, pero, ¡Te olvidas de lo más importante!

— ¿Qué es?-dijo Bella.

— Me va a dar algo. Vete a bañar y cámbiate de ropa, por Dios. No soporto ver ese insulto a la moda.- dijo con voz indignada.

— De acuerdo, creo que necesito cambiarme de ropa. Apesto de verdad.- dijo Bella dirigiéndose por las escaleras tranquilamente poniendo los ojos en blanco. Mientras subía al segundo piso, Alice se giró a Jasper.

Él tenía una cara horrible. Había palidecido aún más que su color natural, y observaba el suelo con la mirada perdida, sin moverse.

— ¿Estás bien?- le preguntó preocupada.

Él solo asintió, lentamente.

Nunca se lo diría a nadie, pero le había dolido— y le seguía doliendo— cuando tocó a Bella.

Porque sí había llegado a tocarla y una descarga eléctrica cruzó por su brazo, luego llegando a todo su cuerpo. Lo había ocultado muy bien, pero cuando miró a Bella a los ojos de nuevo, antes de que ella desviara su vista, pudo descubrir el porqué de su reacción antes de explicarlo.

Y dolía, dolía de verdad; y el solo pensar que había sido una pequeña parte de los sentimientos de Bella, le hacía estremecer. Entonces se preguntó, mientras miraba cómo Bella subía las escaleras, hasta dónde llegaban las consecuencias del error que cometió hace ya varios meses, el día en que Bella cumplió dieciocho años. Se dijo, también, que haría lo que fuese para ayudar a su hermana, encontrar lo que ella había perdido, abrazarla como los demás.

Quería recuperar el tiempo perdido.