Capítulo 2

El punto de vista de la víctima

Merlin odiaba la caza. Él siempre la ha odiado y probablemente siempre lo hará. Simplemente no podía ver la diversión en cazar criaturas indefensas y menos aún ver esto como un deporte, un juego. Pero hay una cosa que Merlin odiaba más que la caza de animales. Y esa era la caza de personas, de brujos.

Pero tuvo que jugar su parte. La ineludible verdad es que él estaba de pie junto a Arturo y sus caballeros, atrapando a uno de los suyos. Había tratado de darle una oportunidad. Misteriosamente caían rocas, árboles que impedían seguir los caminos, incluso los caballos caminando en la dirección equivocada. Pero sus esfuerzos fueron en vano y ahora tendrían que ver morir a otro los suyos a manos de su mejor amigo.

"¿Que daño te he hecho yo?, ¿Cuál ha sido el delito que cometí para que me cacen como a un animal que no descansara hasta el día de su muerte?"

El hechicero no declaraba su inocencia, no tenía sentido. Pero las palabras que dijo sonaron más desesperadas que cualquier alegato de inocencia. Eran las palabras que Merlín gritaba en su cabeza todos los días, a medida que más y más de su clase eran asesinados por la forma en que nacieron.

"Eres un brujo". Escupió Arthur. "Tu practicas la magia, ese es tu crimen. Abiertamente desafías la ley en un intento de engañar a la gente para que crean que la magia puede ser una fuerza del bien. Yo mismo he sido engañado por esas palabras y no dejare que otras personas sufran a manos de la magia, al igual que yo lo he hecho".

El rostro de Merlín permaneció impasible, pero cada una de aquellas palabras lo golpeó, provocando un dolor parecido al de mil cuchillos desgarrándole. Arthur nunca creería que la magia podría ser fuerza del bien. Todo su trabajo había sido en vano. Él tendría que esconderse durante el resto de su vida, vivir como una sombra hasta el día de su muerte. Y era su culpa. Arthur se había vuelto contra la magia para siempre y no había nada que pudiera hacer para cambiar eso.

"Es pura maldad."

"No. No, Arthur no podía pensar en eso. Por favor, dígname que él realmente no piensa eso."

Merlin estaba tan atrapado en sus propios pensamientos que no escucho las siguientes palabras del hechicero, pero sí se dio cuenta cuando el hombre desapareció de la vista de todos, como si jamás hubiese está allí. Miró a su alrededor como hicieron los caballeros, alegre de que el hombre hubiera escapado, pero confuso preguntándose como lo había hecho. Para desaparecer necesitaría de una magia poderosa, que él debió de haber sentido y no lo hizo, y luego la sintió.

De repente, se podía sentir el poder en el aire, no sólo la energía normal, esta era antigua, tan antigua como el mundo mismo. Era el tipo de poder que sólo había sentido una vez en su vida, cuando estaba en la cueva de cristal, el lugar donde nació la magia. Y entonces vio el hechicero de pie encima del acantilado, y podo escuchar claramente sus palabras las cuales le congelaron, llenándolo de una sensación de temor.

"Lo siento, Arthur Pendragon, realmente lo siento. Pero tus últimas palabras me han probado, sin dejar duda alguna que los Pendragon nunca cambiará. Has demostrado que nunca serás un amigo de la magia. Has fracasado en tu destino, y ahora deberás pagar el precio".

"Has demostrado que tu destino no puede realizarse, y el precio que has de pagar será caro. Cuando el sol se levante el tercer día, tu destino se convertirá en polvo. Perderás la única cosa que te ha mantenido con vida, la única persona que tiene en sus manos tus esperanzas y sueños. Sin ella los Pendragon nunca volverán a gobernar sobre Camelot, Albión nunca llegara y no habrá esperanza alguna. Teme la llegada de aquel día Arturo Pendragon, pues cuando llegue solo habrá miedo y desesperación y sabrás que todo ha sido por tu causa."

El mundo pareció congelarse en ese momento. No. No, no podía referirse a... no podía ser cierto. Pero la criatura encima de ellos no estaba mirando a Arthur, o a sus caballeros, estaba mirando directamente a Merlín, con una gran tristeza dibujada en su rostro. Y luego pronuncio sus últimas palabras, las cuales no llegaron a emerger por sus labios, haciendo eco alrededor de la cabeza de Merlín helando la sangre en sus venas.

"Lo siento Emrys."

Y entonces se había ido.

El mundo parecía moverse de nuevo y con él, el sonido, la luz y el color fueron traídos de vuelta. Merlin podía oír las conversaciones de los otros, pero su cerebro no podía procesar lo que decían. Era como si su mente estuviera atrapada en un bucle, repitiendo las últimas palabras del hombre una y otra vez.

"Lo siento Emrys ... el sol se levante ... el tercer día ... tu destino se convertirá en polvo ... perderás ... que mantienen tus esperanzas y sueños ... Albion nunca llegara ... hay esperanza ... la desesperación ... Lo siento ... Lo siento ... "

Él iba a morir. Y no había nada que pudiera hacer al respecto.


Había tratado. Oh dios lo había intentado. Había intentado todo lo que podía pensar. Había buscado el hombre, contra toda esperanza de que pudiera encontrarlo, para hacerle levantar la maldición, pero nada, había desaparecido, como una hoja en el viento que se perdía para siempre. Y lo peor, Arthur no lo sabía. ¿Cómo podría saberlo?, ¿Cómo podía decirle que la persona a quien el gran y poderoso ser mágico se había referido era su estúpido e idiota sirviente? No podía saberlo.

Pensó que era Gwen, por supuesto que sí, todos se encontraban frenéticos montando protecciones que aseguraran que la reina iba a vivir. Pero Merlín sabía que todo era inútil. Si realmente fuera Gwen la que estuviera en peligro, un elevado número de guardias no la salvaría. Pero no era ella. Era él.

Podía decir que estaba asustado, pero puso buena cara para Arthur y sus caballeros, pero en el fondo estaba aterrorizado de lo que estaba por venir. Y él sabía que no importa lo asustado que estuviera, tenía que al menos tranquilizar a Gwen pues ella estaría bien.

"No te preocupes Gwen. Arthur encontrará una manera. Siempre lo hace. Tú no estás en peligro. Lo prometo."

Estaban sentados solos en un pasillo en desuso, y sabía que tenía que hacer todo en su poder para detener su miedo.

"Merlin tengo miedo, ¿Y si no pueden hacer nada?, no puedo dejar Arthur solo, no ahora. Y... y... tengo miedo por mí también. Yo... yo no quiero morir."

Por primera vez desde que se había enterado de la noticia se echó a llorar, dejando de lado todas sus emociones reprimidas y llorando en su hombro.

"Está bien Gwen." Le frotó la espalda, dejándola llorar, sabiendo que era mejor así. "No van a hacerte daño. Te lo prometo. Y ¿cuándo he roto yo una promesa?."

Miró hacia arriba, con los ojos rojos e hinchados, y le sonrió, mirándolo con la más radiante mirada de todo el día. "Gracias a Merlín, eres un gran amigo, siempre lo has sido. Y si me muero..."

"No lo harás."

"Pero si lo hago. Hazme un último favor. Cuida de Arthur por mí."

"Claro. Harías lo mismo por mí."

Piensa por un segundo que casi ve la intensión y el sentido en sus palabras, pero pronto ese destello de entendimiento se va y ella es una chica muy asustada de nuevo. Tratando de ocultar su miedo y esperando desesperadamente que su amigo tenga razón y todo salga bien nuevamente.

La noche antes del tercer día, acude a su último recurso. Se pone de pie en el campo se ha visitado tantas veces y llama a los cielos a el último de su especie, con la esperanza de que todavía haya una oportunidad de cambiar el futuro. Pero las palabras que oye están lejos de ser reconfortantes.

"Lo siento, joven brujo. Pero si esto es cierto, y Arthur ha fallado en su destino, entonces debe pagar un precio terrible, y tú también. El destino debe tener éxito, no importa lo que cueste. Si esto es lo que se ha anunciado, significa que tu muerte, y sólo tu muerte, restablecerán el destino".

"Pero pensé que mi destino era proteger a Arthur. Unir la tierra de Albión con él. ¿Cómo puedo hacerlo si voy a morir?"

"No joven brujo. Tu destino era asegurarte de que Arthur se convirtiera en el rey que estaba destinado a ser, para asegurarse de que unirá la tierra de Albion. También era su destino traer de vuelta la magia de esta tierra, si se ha predicho que esta es la única forma de que esto suceda, entonces no puedo hacer nada para detenerlo. Lo siento joven brujo. Pero no hay nada que yo pueda hacer".

"Pero no es justo." Incluso a él las palabras le suenan infantiles y tontas, pero son verdaderas. ¿Por qué tiene que pagar por los errores de Arturo? ¿Por qué tiene que sacrificar todo por el destino?

"No." Esa palabra parece provenir de la misma alma de dragón, y en ella Merlin puede sentir que también sufre, a su manera.

"Si yo pudiera hacer algo para evitar esta gran tragedia, lo haría. Pero no puedo" El dragón suspiró. Un suspiro de pesar profundo que llenaba su propio ser. "Te extrañaré Merlin. Como he dicho antes. Será un mundo muy vacío sin ti."

"Adiós, viejo amigo." Merlín sonrió, con una última sonrisa triste, el dragón le dio una última mirada, luego extendió sus grandes alas de bronce, y se elevó hacia la noche.

Se dirigió lentamente hacia su casa. Cuando llegó a Camelot, se dio cuenta de que todavía tenía una cosa que hacer. Una tarea que debía completar antes de dejar este mundo para siempre. Poco a poco y con mucho dolor se abrió paso por la familiar ruta, llegando a las puertas que ocultaba a su mejor amigo de los ojos del mundo. Arthur había dado órdenes de no ser molestado, pero Merlín no podía irse, no sin decir adiós.

Empujó las puertas, recordando aquella otra vez que había entrado en esa habitación, pensando igualmente que sería la última vez. Pero esta vez no había escapatoria, esta vez era realmente el adiós.

Al entrar, Arthur se sobresaltó, él y Gwen estaban sentados juntos, con las mano entrelazadas, Merlín casi podía sentir el dolor que sentían al pensar que era su última noche juntos. En ese momento estaba casi contento de que no fuera Gwen la que dejaría esta vida. Si Arthur perdiera a Gwen de nuevo, nunca se recuperaría. Tal vez era mejor así.

"Merlín". Arthur parecía aliviado, pero su voz a pronto cambio a una de molestia. "Te dije que no quería ser molestado."

"Lo sé Arthur. Pero tengo que decirte algo...", necesitaba decir esto ahora, antes de que lo perdiera completamente.

"Merlín, ¡fuera!", Arthur no entendía. Tenía que quedarse. Tenía que decirle..."Pero Arthur..."

"¡Ahora!"

La voz de Arthur se llenó de una furia que nunca había oído antes. Era la voz de un hombre que está desesperado, y no se detendría ante nada para conseguir lo que quiere. Un hombre que está a la espera de una gran tragedia, sin poder hacer nada, sin poder salvar lo que más ama. Sólo puede sentarse y ver como su vida se desmorona a su alrededor. Merlín casi huyó en ese momento, pero se mantuvo firme, sabiendo que tenía una última cosa que decir.

"Está bien Arthur, me voy, sólo recuerda una cosa."

Había tanto que quería decirle, "Arthur yo soy un brujo, Arthur sólo vivo para protegerte a ti y a Camelot, Arthur, te he salvado más veces de lo que nunca sabrás, Arthur era yo, Arthur me voy a morir, Arthur esto es un adiós, Arthur, tengo miedo". Pero lo que salió fue lo único que realmente podía decir, aquello que haría a Arthur entender cuando mirara hacia atrás.

"Yo siempre seré tu amigo. Esto no fue tu culpa."

Cuando se quedó solo de nuevo se detuvo. Él sabía que él iba a morir, pero nunca había imaginado cómo iba a pasar las últimas horas de su vida, tal vez contándole a Arthur acerca de sí mismo, y explicar cómo la magia puede ser utilizada para el bien, tal vez hablando con Gaius acerca de todas las cosas que habían hecho, y qué decir a todo el mundo cuando se hubiera ido.

Pero en lugar de eso se había encontrado vagando solo por los familiares pasillos vacíos del castillo, memorizando cómo se veían, por última vez. Caminó por todo el castillo, visitando todos los rincones, incluso la cueva que había visto tantas veces antes, y donde por primera vez se había enterado de su destino. Por último, visitó los establos, parecía un lugar extraño para pasar la última hora de su vida pero no lo era.

Había pasado mucho tiempo en los establos, preparando a los caballos, o limpiándolos como castigo, pasó la mayor parte de su tiempo allí despotricando sobre Arthur, de cómo él nunca le apreciaba y como aquello no era justo, esperando que un día viera lo equivocado que estaba. Ahora estaba en el establo con su montura y la de Arthur, acariciando suavemente sus narices por última vez, sabiendo que nunca volvería a verlos.

"Hey," dijo, dándoles una última palmadita. "Gracias por escuchar." Luego se dio la vuelta y se dirigió hasta sus aposentos cuando el cielo comenzaba a a aclarar. Camino por los silenciosos pasillos, subió por la escalera de caracol, hasta llegar a la familiar puerta de madera que había visto por primera vez hace tantos años.

Entro lo más silenciosamente que pudo. Sólo entonces se dio cuenta de que en realidad nunca se había despedido de Gaius. Mientras caminaba por la habitación, se acordó de su última conversación con el hombre que había cuidado de él durante tantos años...

"Merlín, tenemos que hacer algo. Tenemos que salvar a Gwen."

"Gaius, estará bien. Lo he solucionado. Gwen no sufrirá ningún daño. Te lo prometo."

"¿De verdad?, ¿Lo hiciste?, Bien hecho Merlin. Estoy muy orgulloso de ti. ¿Estás seguro de que todo va a estar bien?"

"Lo prometo."

"Merlín. Un día Arthur verá lo mucho que has hecho por él. Un día será verdaderamente consciente de ello, por ahora sólo lo sé yo y me siento orgulloso de llamarte hijo."

Gaius se había tragado las mentiras con la misma facilidad que todos los demás. Pero tenía que decirle la verdad ahora, le debía eso por lo menos. No podía hablar con él cara a cara, sería demasiado doloroso, pero él le escribiría una carta. Una carta diciéndole lo mucho que significaba para él, y que estaba arrepentido y que le dijera a Arturo...

Fue mientras se abría camino a través de la habitación que sucedió. Un único brillante rayo de sol atravesó la ventana y aterrizó en el suelo junto a sus pies, trayendo nueva luz a la habitación que hasta ese momento se había mantenido a oscuras. En ese momento fue como si el mundo entero se congelara, y él se encontrara suspendido en un solo momento para siempre. Pero no lo estaba.

Merlin cayó, golpeando el suelo mientras su aliento le dejaba con una estremecedora respiración final. Su mano extendida, arañando el aire, tratando de alcanzar algo. Su respiración era cada vez más débil, y su visión estaba borrosa alrededor de los bordes dando a la habitación un aire irreal, una atmósfera de ensueño. Su corazón parecía desvanecerse, sus latidos eran más débiles a cada segundo. Lo último que Merlín vio fue un brillante rayo de luz solar, que marcaba el nuevo día. Entonces sus ojos se cerraron y cayó en el olvido.


Nota: Hola, solo quería aclarar algo que olvide el capitulo anterior, tratare de actualizar una vez por semana, hoy he hecho una excepción puesto que ya tenia el capitulo listo. Esta es mi primera traducción, si encuentran un error les ruego que me lo hagan saber, pues no tengo beta y algunas cosas pueden escaparse de mis ojos.

Gracias por leer.

Atentamente: S.D.