¿ES EL DESTINO?
Capítulo 1: Un pedazo de vida
"No sé exactamente cuando, cómo y dónde nací, pero fui encontrada frente al Hogar de Pony una noche de invierno del año 1998 junto con otra niña que se convirtió en mi hermana, Annie."
Sheree inició la lectura con curiosidad mientras la noche seguía devorando las horas.
"En el Hogar de Pony me criaron la señorita Pony y la hermana María, ellas... mis dos madres, nunca me sentí sola, porque a mi lado estaban mis hermanos Tom y Annie, desafortunadamente, o afortunadamente, la relación con Tom siempre fue de rivalidad hasta que él fue adoptado por el señor Steve Stevenson, fue en ese momento que Annie y yo revelamos un secreto que guardábamos en lo más profundo de nuestros corazones: Deseábamos un papá y una mamá.
Años más tarde conocimos al señor Britter, él y su esposa buscaban una niña porque habían perdido a su hija, la elegida fui yo, pero los rechace, cierto era que quería unos padres, pero no si eso significaba dejar a mi hermana, no así ella que acepto la propuesta y meses después solo me mando una nota para decirme adiós."
No me extraña – dijo Sheree saliendo al balcón – cada quien piensa en su propio bienestar por mucho que quieras a alguien – miro a la ciudad y rápidamente movió su cabeza como queriendo espantar sus pensamientos.
"Cuando recibí aquella nota deseé que fuera una broma, deseé ser yo quien estuviera despidiéndose, o tal vez, yo hubiese regresado al Hogar por no obedecer a mi madre al no renegar de mi origen. Sin embargo, la vida ya me tenía un camino... uno que a veces sueño es distinto. Corrí con todas mis fuerzas hacía la colina de Pony y lloré, lloré aferrada a la carta de Annie, de pronto una melodía atrapo mi atención y las lágrimas se detuvieron, junto a mí se encontraba un joven muy apuesto, recuerdo que en ese momento pensé "Así deben ser los príncipes" y decidí nombrarlo el Príncipe de la Colina, después de todo sólo tenía 10 años en aquel momento, mi príncipe vestía un kilt y sus gestos eran suaves, su voz sonó tan tierna cuando me dijo "Eres mucho más linda cuando ríes que cuando lloras" Si alguien me hubiera dicho que ese encuentro cambiaría toda mi vida nunca le hubiera creído"
Sheree no comprendió a qué se refería y siguió leyendo atentamente, descubrió que la chica Candice encontró el emblema del príncipe y que poe su afán de volverlo a ver acepto ser adoptada por la familia Legan.
Mientras el relato iba avanzando, Sheree no podía creer que dos niños fueran tan ruines, cada humillación, cada momento amargo que le hicieron pasar, pero admiro la forma en que ella siguió, también leyó el relato que mencionaba el encuentro con un joven llamado Albert, un vagabundo amante de los animales, según entendió, un jovencito vanidoso, Archie y al hermano de éste, Stear, y cuando llego a Anthony la pelinegra creyó que Candice al fin se había encontrado con su príncipe, pero estaba muy equivocada...
" Cuando lo vi me sorprendí muchísimo, estaba en el Portal de las Rosas en la mansión de Lakewood, yo lloraba por otra maldad de Elisa y Neil y él me dijo exactamente las mismas palabras de hacía dos años y también, de la misma forma desapareció.
Supe su nombre al ser invitada a la mansión de las rosas, pero también descubrí que Anthony era el favorito de Elisa y él negó conocer la colina de Pony, aún así me sentí muy atraída por Anthony, me sentía en las nubes cada que lo veía y estaba cerca de él, era tan atento, guapo y generoso porque a pesar de saber que yo era la criada de los Legan siempre me trato como a su igual. Stear y Archie también se portaron amables conmigo llenándome de atenciones, pero solo tenía ojos para él: Mi príncipe. Soporte los malos tratos por él, por verlo un día más y quizá, pensaba, él se fijaría en mí... compartimos mucho tiempo juntos, y siempre me llenaba de ilusiones pensando que cuando fuéramos grandes nos casaríamos.
Pero Elisa se dio cuenta de mis sentimientos y junto a su hermano me culparon de ladrona, por supuesto, que su madre y la Tía abuela, cabeza de la familia Andley, les creyeron, enviándome de inmediato a México."
La aguja del reloj del tiempo seguía recorriendo su camino circular, dejando en cada trazo una secuencia de grandiosidad, pero Sheree apenas y sentía su caminar.
La pelinegra leyó sobre el fallido viaje a México, la nueva adopción de Candice, el rechazo de la Tía abuela Elroy, pero todo lo compensaban los momentos vividos con Anthony.
"Sin embargo, una vez más conocería el sabor amargo de las despedidas al presenciar la muerte de Anthony.
Los días posteriores a la muerte de Anthony fueron los más difíciles de mi vida, hasta ese momento, que pensé que no lo resistiría. Estaba triste la mayor parte del tiempo, lloraba en silencio cuando estaba acompañaba por Stear y Archie para no entristecerlos más. Regresé al Hogar de Pony cargando la culpa por la muerte de Anthony y fue Albert quien me hizo ver que con solo llorar desperdiciaba mi vida y mancillaba el recuerdo de aquel quien fuese mi primer amor."
¿Qué haces, Sheree? – interrumpió Leandro la lectura.
Leo – dijo mirándolo sonriente, él tallaba sus ojos medio dormido todavía.
¿Dormiste? – preguntó al verla con la misma minifalda negra y suéter rojo, ella negó con la cabeza avergonzada, Leandro se acerco y le dio un ligero golpe en la cabeza – Te reprenderán si tienes ojeras – advirtió y ella se estiro lo más que puedo.
Cárgame - ordenó estirando sus brazos como si fuese una niña pequeña. El rubio sonrió y la tomo en sus brazos, ella era una niña muy mimada, quizá sus padres la consintieron mucho o quien quiera que la haya criado porque la pelinegra nunca le contaba nada de lo que fuera sus vida antes del modelaje.
¡Te amo! – Leandro tomo sus labios con ternura y ella correspondió de la misma forma, la llevo a la cama y la arropo, dormiría al menos dos horas.
Leandro fue a la cocina y notó que Sheree había desempacado y ordenado todo lo de esa habitación, además había comprado algo para la despensa, decidió hacer algo para comer porque sabía que ella se levantaría con hambre.
Un par de horas después, se oía la llave de la regadera, era Sheree quien después de un buen descanso, refrescaba su cuerpo con un baño tibio.
¿Comerás? – preguntó Leandro.
¡Por supuesto! – exclamó tocando su estomago.
¿Y esa ropa? – el rubio miro de arriba a abajo a la pelinegra, ella vestía un pantalón holgado de color negro, una playera de verde con mangas en color crema y unos tenis negros.
Estoy de vacaciones, puedo vestirme como la gente normal – dijo mostrándole la lengua y sentándose subiendo un pie en la silla, Leandro no podía creer que la jovencita que tenía enfrente luciera vestidos de diseñador y fuera a los mejores restaurantes, definitivamente, Sheree era sencilla.
¿Cuándo empiezan las grabaciones? – inicio la platica Sheree.
Pasado mañana, ¿iras a verme? – Leandro era un actor con mucho ángel, a sus 23 años ya había estado nominado a un Oscar y ganado un globo de oro.
Después de la portada de Sheree, Leandro le pidió que lo acompañara a Londres para filmar algunas escenas de la nueva película en la que actuaría, la pelinegra hablo con su representante y, por primera vez en dos años, se tomo unas vacaciones para estar con su novio. Hacía dos noches que habían llegado a Londres y se instalaron en un departamento propiedad de Leandro.
¿Quieres pasear por la cuidad? – preguntó el joven.
Sí, me encantaría conocerla – contesto emocionada y levantando su servicio para llevarlo al fregadero.
¿Cómo? Has viajado a Londres al menos dos veces – preguntó extrañado siguiéndola.
Sí, pero la primera vez solo vine a la semana de la moda y había mucha gente en la ciudad, y la segunda vez no tenía con quien disfrutarla – esto último lo dijo casi en un susurro, pero Leandro lo escuchó y extrañamente se sintió feliz.
Los jóvenes regresaron muy noche a su departamento y después de unas horas de sueño, Sheree se levantó, no estaría tranquila hasta no terminar el diario de Candice.
El relato la llevó hasta la decisión del tío abuelo William de enviarla a Inglaterra para estudiar en el Real Colegio San Pablo, describió el motivo que la impulso a irse, a la gaviota herida y amable capitán, todo con detalle, especialmente la noche de año nuevo.
"Yo tenía 14 cuando lo conocí... hace tanto tiempo ya... éramos muy jóvenes. Había una fiesta en gran salón del Mauritania. Era la primera vez que brindaba con champaña y eso, obviamente, provoco un ligero mareo en mí. Mi acompañante, la mano derecha de mi padre adoptivo, George Jonson, me recomendó salir a tomar un poco de aire fresco. Quizá fue la bebida, porque en ese momento confundí a un joven que estaba entre la bruma con Anthony, pero al acercarme se visualizo un largo cabello que se mecía al compás del viento gélido y una capa que o protegía, él miraba hacia el horizonte de pronto, se volvió a mí y desde ese momento mi vida tomo un giro diferente y para siempre.
Pero ese no fue nuestro único encuentro, él era alumno del Colegio San Pablo, y siempre coincidíamos, con el tiempo he llegado a pensar que me seguía o espiaba. Terry... ese era su nombre, a veces era tierno y generoso, pero otras tantas me embromaba, la ironía era su arma favorita.
Terry me hacía sentir en la gloria y al mismo tiempo en el infierno, y por esa razón yo no podía siquiera definir qué sentía por él.
Alguna vez escuché esta frase: "Nunca valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos" fue así como me di cuenta que lo amaba, pero era demasiado tarde, él había partido a América y yo lo despedía desde el muelle con ojos llorosos.
Regresé a América y después solo vinieron encuentros casuales y muy breves, nuestro noviazgo comenzó a través de largas cartas donde no teníamos miedo de expresarnos libremente.
Me titule como enfermera y él trabajaba como actor, uno muy talentoso. Su primer protagónico lo hizo con "Romeo y Julieta" un amor que termina en tragedia... al igual que terminó el nuestro. Cuando recibí el boleto de ida solamente, me ilusione, soñaba día y noche en una vida a su lado, como su esposa...
Pero la moneda ya estaba en el aire y la suerte no estuvo de nuestro lado...
Llegué emocionada y me sentía inmensamente feliz, aunque todo el tiempo sentía a Terry preocupado por algo, fue hasta el segundo acto cuando conocí la verdad. El accidente y la deuda, dos palabras que no me gusta entrelazar, sin embargo, en ese momento me hicieron tomar una decisión, la más importante de mi vida. Jamás podríamos ser felices si permanecíamos juntos, la culpa nos hubiese corrompido y con mi corazón en pedacitos, tomé mi maleta y regresé a Chicago.
Deuda de honor - se dijo Sheree – supongo que en esos tiempo eran importantes porque ahora, cada quien lucha y defiende lo que quiere con uñas y dientes... cada quien sigue a su propio corazón... – una sombra apareció en los azules ojos y de nuevo un mal recuerdo surco su mente, pero lo espanto de inmediato y regreso a la lectura.
En su diario Candy describió el accidente y los detalles de su separación, de cómo Terry empeño su palabra obligado por el chantaje emocional que la madre de Susana y la misma Susana ejercían en él.
¡Qué! – exclamó la pelinegra y Leandro se asomó, tenía su cepillo de dientes en la mano y la miraba con el ceño fruncido, ella solo sonrió saludándolo con su mano y el joven regreso al baño – Un favor nunca se cobra y mucho menos a ese precio, qué clase de persona era esa tal Susana. ¿Cómo pudo ponerle precio a su "acto heroico"? Condenarlos a los tres... – una nueva sombra cubrió sus ojos – Candice... yo sí tuve el valor de luchar por lo que amo – y de reojo miro la puerta entreabierta del cuarto de baño.
Sin embargo, Sheree tenía razón, la definición errónea de deber y honor que ellos tenía los obligo a ser infelices, Candy renunció a Terry porque no podía basar su felicidad en la infelicidad de Susana, no así ella, quien con su egoísmo nunca pudo ser feliz, arrastrando a Terry y a Candy.
"Los días pasaron y trataba de convencerme a mí misma que había tomado la mejor decisión, que Susana era una gran mujer y que a su lado, Terry sería feliz. Pero mi razón y mi corazón estuvieron en una lucha interna por muchos años, porque sabía que lo amaba más que a nadie y que jamás podría olvidarlo"
Lo que continuaba era cómo descubrió la identidad de su padre adoptivo, ese que desde siempre se volvió su mejor amigo... su hermano.
El bello rostro de Sheree se pintó de confusión al notar que había una separación y que ahora aparecían las letras: T. G. G, también cambió el tipo de letra, comenzó a leer.
Continuará...
Ceshire…
