La ciudad de Nueva York era bañada gentilmente por los rayos del sol, y con un patrón empezó el día. Las calles principales se aglomeraron en cuestión de una hora, en los cafés el adictivo olor a café llenaba las fosas nasales de quienes entraran.
Un joven rubio, de ojos azules que eran cubiertos por unas finas gafas y alto caminaba por las bulliciosas calles de la ciudad, en su boca una hamburguesa con doble queso era devorada…
De repente un intenso dolor se hizo presente en su pecho y una jaqueca insoportable se anido en su cabeza.
Gritos de agonía y llanto de melancolía y desgracia. Se tapo los odios, y aun así los escuchaba. El dolor se hacia cada vez mas fuerte.
El trafico paro, y las cafeteras dejaron de servir. El público miro el cielo que se llenaba cada vez mas de humo y ceniza, los perros empezaron a ladrar y las aves dejaron de volar.
Nueva York la ciudad que nunca descansa, paro y miro horrorizada como las Torres Gemelas eran atentadas por aviones.
¡AYUDA! QUE ALGUIEN AYUDE. NOS DUELE.
Su mente era invadida por todos esos gritos y si aumentamos los sollozos. Tomo suficiente fuerza para mirar hacia arriba.
Se arrepintió.
…
Algo en su interior le gritaba por que fuera a Nueva York, podía sentir la boca de su esófago cerrarse y la preocupación se hacia cada vez mas grande en su interior.
-Alfred… Dios mío que este bien.- Rogo mientras tomaba entre sus dedos el crucifijo que colgaba de su cuello.
Al llegar al aeropuerto de Nueva York pudo observar una multitud frente a los vitrales y otra aglomerada en el televisor que colgaba. Los vuelos se habían cancelado y los últimos aviones aterrizaban.
Temerosa se acerco al televisor. Sus ojos se abrieron y sus pupilas de dilataron.
-No… ¡Dios no!-
Sin más corrió hacia la calle, sus sandalias con piedras incrustadas chocaban contra la acera, su blusón blanco se mecía suavemente.
En cuanto mas cercaba estaba de su destino un fétido olor a quemado se hacia mas fuerte, lo que vio a continuación le corto la respiración.
…
No lo podía creer, simplemente era imposible. Y sin embargo las torres caían estruendosamente al suelo.
Sus pupilas temblaban al igual que su cuerpo, y de aquellos vivaces ojos lágrimas caen. Su cuerpo no resistió mas y callo de rodillas al pavimento.
Su mente se cerró…Y lo único que su mente captaba era…
UN ATAQUE TERRORISTA.
…
Corría y corría sin importarle el hecho de que la correa de su sandalia se había roto. Nada importaba solo el. Y entonces lo vio.
Arrodillado en el suelo, con la mirada perdida y un sinfín de lagrimas acariciando sus –ahora pálidas- mejillas.
-¡Alfred!- Le llamo Isabel mientras corría a su encuentro. El rubio no pareció percatarse.
-¡Alfred!- Volvió a gritar, mientras caí a su lado.
Ahogo una mueca de dolor al sentir sus rodillas raspadas.
Alfred seguía sin reaccionar. Isabel se mordió el labio y tomo una mano que ahora soportaba su peso.
Fue cuando rubio pareció reaccionar, pero en vez de recibirla con una cálida mirada brinco.
Estaba aterrorizado.
-Me-México?-
-Si, soy yo.-
-Ellos…Ellos….-
De sus ojos azules brotaron mas lagrimas mientras escondía su cabeza en la curvatura del cuello de la muchacha, lagrimas salieron sin parar…Y México…México lo sostuvo en sus brazos hasta que terminara aquella pesadilla.
En memoria a todas las victimas del 11-S
