-El sueño que deseamos cumplir es muy diferente a la realidad que se nos presenta. ¿No es así? Has crecido creyendo que lograrías lo que otros no. Y de todas formas vives con miedo, miedo al rechazo. Creí haberme deshecho de eso hace mucho tiempo. ¿Por que ha vuelto ese miedo, mi pequeña?
El centro comercial se hallaba repleto de gente, y todos sus hermanos no tardaron en perderse en sus tiendas, cada uno buscando algo que necesitaba. Ella tuvo que quedarse cuidando a la menor por orden de su madre, la cual también se introdujo en el mundo de las compras.
-Ya te he dicho que no me llames así. —Alguien estaba sentado en los escalones, rodeado de oscuridad, abrazando sus piernas, y con la respiración agitada; se veía muy débil— No vengo aquí desde hace mucho. No creí volver por una estúpida razón como esta.
Vio a Luan saliendo de una tienda de disfraces, llevaba consigo varias bolsas que probablemente eran trajes de payasos o magos. Le pidió que fuera ella quien se encargara de Lily, pues tenia algo más importante que hacer. Su hermana iba a responder de forma negativa con un chiste, pero al ver su rostro suplicante no tuvo más opción que aceptar su petición.
-Esto no es falta de autoestima, esto va más lejos. Alguien maravillosa como tu no debería estar sufriendo de esta manera. Entonces, ¿A que le temes? Dime, sabes que puedes confiar en mi.
Se movilizo rápidamente hacia una de las atracciones que presentaban ese día por la celebración de la noche de brujas. Un laberinto de espejos extremadamente gigantesco, donde se decía que las personas tardaban horas en salir, e incluso se dijo que alguien no lo consiguió. Trago saliva. No le daba miedo entrar a un lugar así, lo que le daba miedo era con quien (o que) se encontraría dentro. Le pidió al encargado, un joven malhumorado, que le diera una entrada para el laberinto. El muchacho le dijo que esperara en la fila, otras diez personas aguardaban su turno para ingresar.
-No sé... Es ridículo que le tema a algo así. Sé que soy buena, que no tengo de avergonzarme por como soy. Es solo que a veces me gustaría recibir... No lo sé.
Alguien llamaba a su celular, reviso de quien se trataba. Su madre no se debía enterar donde se encontraba en ese momento, eso arruinaría sus planes. Silencio su teléfono, mas unos minutos después sintió como vibraba. Recibió un mensaje.
-Pequeña, no tendrías que temer a esos envidiosos que te ofenden, que te insultan diciendo que no tienes talento. Le prestas más atención a los que te odian, que a los que te adoran. Ven, deja que me deshaga de esas inseguridades y te libere de tu dolor.
El mensaje de una de sus hermanas le preguntaba donde se hallaba, la familia iba a abandonar el centro comercial pronto. Respondió diciéndole que los alcanzaría después, que no se preocuparan.
-¿Terminaste? —La voz no respondió, esa era la señal de que había concluido con su tarea. Volvió a las escaleras para sentarse de nuevo, dándole la espalda al ático y rearmando su posición anterior. Sus inseguridades dejaban de atormentarla, y su confianza se fortaleció tanto que decidió preguntarle algo más a su amigo— ¿Eres real?
La fila se acortaba, solo un par de minutos más y podría terminar con esto. Su móvil recibió otro mensaje. Ahora su hermana le pedía que por lo menos le dijera donde estaba para no preocuparse tanto. No se había percatado de que las horas pasaron volando. Fastidiada por su insistencia no quiso responder.
-¿Dudas de mi existencia? Vamos a definir la palabra "real". ¿Es que acaso existe? ¿Como podremos saber con exactitud si algo es falso o real? Pregunta a un ciego si los colores existen, pregunta a un profesor si la ignorancia es real, pregunta a un abogado si existe el bien o el mal. Sé que piensas que puedo ser parte de tu imaginación, un fragmento de tus pensamientos, un tornillo suelto de tu cabeza. Y quien te culparía. ¿Como diablos puede existir algo que se deshaga de tus miedos?
Más mensajes del mismo emisor estuvieron llegando, insistiendo en que respondiera. Finalmente su turno llego. Era la siguiente y ultima, sí ingresaba por esa gran puerta negra ya no habría vuelta atrás. Opto por apagar su celular para que no la siguieran molestando, no sin antes enviar un ultimo mensaje.
-Puedo demostrar que soy real. Hay otro ser como yo, con distintas habilidades. En un lugar donde lo falso es alabado, y lo real es condenado. Puedes ir sí lo deseas. Solo necesitas creer en mi, y confiar.
"Lo siento, necesitó quedarme un poco más. No tardare demasiado." No quería dejar preocupada a su familia. "No te preocupes Leni. Dile a mamá que llegare en la noche."
-En el centro comercial, a la vista de todos, se haya uno de los míos. Para verlo, para invocarlo, solo basta decir algo que conoces muy bien.
Los senderos eran estrechos, las paredes eran espejos, el sitio era iluminado por unas cuantas luces en el techo color escarlata y era muy difícil diferenciar los accesos a otros caminos. El lugar estaba en silencio y calma, los sonidos del centro comercial se fueron apagando más y más a la vez que se sumergía dentro de esa atracción.
-Espera y sigue.
Pronunció las palabras cuando se planto delante de uno de sus reflejos y miro sus propios ojos fijamente.
-Espera y sigue.
Sí, espero a que sucediera algo, a que el vidrio se rompiera, o las luces se apagaran, o al menos que se oyera una voz tenebrosa. Nada, ni un cambio. Ni siquiera hubo un cambio en su reflejo, quien seguía viéndola, quieta, cuando ella ya estaba moviéndose.
-Así es, mi pequeña Luna.
Su contra parte en el vidrio cerro los ojos, al igual que los miles de reflejos que ya no imitaban lo que hacía. No tenia a donde ir, estaban por todas partes, y la salida se perdió. Un coro de voces se escucho retumbar por las paredes, aumentando el volumen gradualmente, diciendo exactamente lo mismo.
-¡Es real! ¡Es real! ¡Es real! —Era un taladro que penetraba su cráneo. De no haberse tapado los oídos, podría haber sangrado— ¡Él vive! ¡Son sus elegidos! ¡Necesita más poder! ¡PODER!
Las jóvenes en los espejos desaparecieron, las voces se oían tan fuertes como siempre. Luna estaba desesperada, jamas espero encontrarse con algo así. Creía que esta experiencia se parecería a la que tenia en casa a la mitad de la noche cada vez que necesitaba conversar con alguien además de Lincoln o sus otras hermanas.
Cayo arrodillada, no sabía cuanto tiempo más sus tímpanos soportarían tal fuerza vocal antes de reventar.
-¡Mi ayuda! ¡Es necesaria para liberarlo! ¡SÁCAME! ¡SOLO TIENES QUE DECIRLO! ¡POR FAVOR! -Era una mezcla de pedido de ayuda, con un grito de desesperación, y un toque de desprecio.
Imágenes de ojos psicóticos con venas rojas parecidas a ramificaciones aparecieron en los espejos, todas las pupilas apuntaban hacia la muchacha. No soportaba más, quería irse, huir de ahí. Pero estaba en blanco, la adrenalina aceleraba su corazón y su sangre recorría su cuerpo con tanta rapidez que sentía como es que sus venas palpitaban. Se tiro al suelo y tomo una posición fetal, lágrimas empezaron a deslizarse por sus mejillas, la desesperación se incrementaba.
-¡Dilo! ¡Dilo! ¡Dilo! ¡Dilo! ¡Dilo! ¡Dilo! —No veía más, tenia sus párpados cerrados. Esas voces se acercaban, y algo comenzó a tocarla en la espalda. Una mano— ¡DILO! ¡DILO! ¡DILO! ¡DILO! ¡DILO! —No tenia idea de lo que quería que admita. El miedo no le dejaba pensar con claridad. Aunque quizás, solo quizás, el miedo fuera la respuesta. Tal vez su instinto le transmitía el miedo a propósito, por que esa era la respuesta. Esa era la solución.
-¡DILO! —Sintió a cientos de manos tomándola al mismo tiempo, acariciándole en diversos lugares, algunas hicieron un agarre brusco, estaban listos para tirar de ella y romperla en pedazos.
-¡Eres real! —Grito. Las voces se apagaron de golpe, y ya nadie la tocaba. No quiso levantar la vista, no quería encontrarse con los ojos llenos de locura que no dejaban de observarla. Lloro un rato más. Lloro por mentirle a su madre, por alejarse de sus hermanos, por haber venido a este lugar.
Lloro por tener miedo.
Entre sollozos, alzo la cabeza para revisar si es que aún seguían ahí. Lo único que vio en el espejo que tenia delante fue a una adolescente suplicando como una niña pequeña. Abrazándose a si misma, apoyando su cabeza en el suelo, y con bolsas debajo de sus vidriosos ojos. Una imagen patética.
Lloro por confiar en esa voz.
Era hora de volver. No necesitaba más pruebas, estaba convencida de que algo habitaba en su ático. No estaba demente. Alguien, algo, él, o eso, fuese lo que fuese, era malo.
Y lloro por que sabía exactamente como deshacerse del trauma que sufría ahora mismo.
-Te divertirás. Además, podrías traer algo para mí.
Ahí encontraras a un ser superior a un fantasma, mi hermano. Es la representación de lo que creemos que sucederá, la mayor posibilidad de un calculo. Una ilusión. No importa cuanto creamos que sucederá algo, mientras no pase, seguirá siendo una ilusión, una probabilidad que no sucede. Te ayudara a que estés segura de mi existencia.
Soy algo que ha existido antes del inicio, algo que existirá después del fin.
Cuando el Sol queme todo, y se escuchen gritos de ayuda, los únicos supervivientes que quedaran son aquellos reyes que siempre supieron que hubo algo más. Y salvaran este mundo, salvaran a la humanidad. Por que siempre hubo algo más.
Somos la oscuridad que los protege.
Somos los dioses que les mienten.
Somos los pintores de falsa fe.
Somos los hijos de sus rivales.
Con armas encima y leyendo biblias.
Largo de aquí, y salva tu fe. Lejos de esta puerta.
La primera fase del plan estaba completa, quedaban otras tres.
