Segundo one-shot. Este está ambientado en el segundo curso de Hogwarts de los Merodeadores, cuando descubren que Remus es un hombre lobo (aunque claro, ahí todavía no eran oficialmente los Merodeadores, por eso no he podido llamarles por sus motes ._.)
–¡¿Qué? ¡¿Un licántropo? –exclamó Sirius, que casi se atragantó con una rana de chocolate. James les había contado a Peter y a él lo que les había oído hablar a Remus y a la señora Pomfrey en la enfermería hace unos minutos. La reacción de Sirius y James fue simplemente de sorpresa. A ambos les costaba pensar que el más responsable y tranquilo de sus amigos se convirtiese en una bestia sedienta de sangre una vez al mes. Por otro lado, ese mismo pensamiento pareció asustar un poco a Peter, que no se esforzó en ocultarlo.
–Um… da un poco de miedo, ¿no? –dijo nervioso mientras se frotaba las manos–. Quiero decir… hemos estado compartiendo esta misma habitación con un… hombre lobo durante casi dos años.
Potter torció el gesto y fue a sentarse a los pies de su cama, pero no contestó.
–A mí eso no me preocupa –respondió Sirius–. Lo que más me choca es que Remus nos lo haya estado ocultando durante tanto tiempo.
–Hombre, yo ya sospechaba que nos estaba ocultando algo –explicó su mejor amigo–. No me digáis que solo era yo al que le extrañaba que se tuviera que ir una vez al mes por no se qué razones. Los cuentos que nos contaba ya dejaban de sostenerse.
Los otros dos asintieron.
–Sí, bueno. ¿No os habéis fijado, además, en las cicatrices que tiene en el torso y en los brazos? Ahora todo encaja.
Los tres se quedaron callados, pensando en la presente situación. Entonces se oyeron unos pasos lentos y vacilantes dirigiéndose a la habitación. Sabían de quién se trataba.
–Tíos, ahora no digáis nada –susurró James–. Estoy casi seguro de que me vio en la puerta de la enfermería.
Los otros dos asintieron al tiempo que la puerta se abría. Remus entró, les lanzó una breve mirada a sus amigos y se dirigió a toda prisa y mirando al suelo hacia su cama, consciente de que a esas alturas ya debían saber su secreto. Y nadie querría ser amigo de una bestia. James, Sirius y Peter le siguieron disimuladamente con la mirada, esperando a que fuese él quien diese el primer paso.
Lupin rompió aquel incómodo silencio.
–Sólo he venido a por los libros de Transformaciones y Encantamientos –se arrodilló junto a su baúl y se guardó ambos libros en la mochila–. Ya me voy.
Cuando se dirigió a la puerta, Sirius se puso de pie de un salto.
–Ey, ey, Remus. Espera, anda.
El chico, sin darse la vuelta, se detuvo. Pero no dijo nada.
–Queremos hablar contigo –intervino James.
–No hace falta que digáis nada. No quiero que digáis nada –contestó con voz contenida.
James y Sirius se miraron. Mientras tanto, Peter permanecía sentado en su cama, sin atreverse a abrir la boca.
–Venga, no seas así –replicó Potter mientras también se ponía en pie–. No es para tanto, Remus.
–No habléis de lo que no tenéis ni idea –abrió la puerta y se dispuso a salir antes de que Black se pusiese delante de él, empujando la puerta con la espalda.
–Mira, Remus. Podemos hablar por las buenas o podemos tirarnos aquí toda la tarde sin problemas. No nos importa.
Lupin cerró los ojos y suspiró.
–Déjame pasar, Sirius, por favor –susurró. A los otros tres chicos les dio la impresión de que estaba a punto de derrumbarse.
–Remus… siéntate, anda –James dio una palmada a la cama.
Cabizbajo, por fin se sentó. Decidió que era mejor dejar las cosas habladas, aunque eso le costase la amistad con sus tres compañeros.
Pettigrew se sentó a su derecha, Potter a su izquierda y Black se sentó en frente, en el suelo. Estuvieron en silencio durante tres largos minutos.
–Lo siento –dijo por fin el licántropo sin levantar la mirada–. Sé que debería habéoslo contado, pero… tenía miedo.
James le pasó un brazo por los hombros y le sonrió de forma reconfortante.
– ¿Miedo de qué? ¿De que te pusiéramos un collar y te atásemos a la cama? No pasa nada, Remus.
Sirius se apartó el pelo de los ojos y también sonrió.
– ¡Pues claro que no! Mira, eres un hombre lobo, ¿y qué? Peter es bajito, James es un merluzo y yo… me he manchado la túnica de chocolate. Si aquí todos tenemos nuestros problemas.
Potter le dio una patada a su mejor amigo y Lupin al fin levantó la mirada. En su cara se dibujó una sonrisa que se desvaneció a los dos segundos.
–Es que desde que me mordieron, desde que tenía cinco años, me han rehuido –apretó los puños en las rodillas–. Los demás niños no querían jugar conmigo porque sus padres les decían que yo no era bueno y… desde entonces dejé de tener amigos. He pasado unos años horribles.
James le frotó los hombros otra vez y Sirius enarcó las cejas.
– ¿De verdad creías, Remus, que nosotros te íbamos a dejar tirado sólo porque te crece una cola una vez al mes?
Él asintió un poco avergonzado.
–Venga ya, que nosotros sí que somos tus amigos.
Remus le sonrió.
– ¿Y dónde te llevan cuando… te transformas? –preguntó Peter tímidamente.
Los ojos de Sirius se iluminaron.
– ¡A la habitación de Snape!
Lupin no le hizo caso y carraspeó.
–A la Casa de los Gritos. La señora Pomfrey me lleva allí en las noches de luna llena por un túnel que hay debajo del Sauce Boxeador.
James entrecerró los ojos y sonrió.
–Así que se puede ir a Hogsmeade a través del Sauce Boxeador, ¿eh?
–Sí… y lo paso mal, muy mal.
Black se quedó pensativo unos segundos y después se levantó para sentarse en las rodillas de James. Éste le dio un cabezazo suave.
–Oye, tú... pesas un poquito, ¿sabes?
Sirius se rió, pero le ignoró y miró a Lupin.
–Tú no te preocupes, Remus. Ya se nos ocurrirá algo para que no tengas que sufrir tú solo.
El licántropo miró uno a uno a sus amigos y les sonrió.
–Gracias, chicos… muchas gracias.
Sus tres amigos le dieron una palmada en la espalda y le devolvieron la sonrisa.
–Venga, vámonos a comer.
James dio por finalizada la conversación y Remus y Peter se dirijieron hacia la puerta. Sirius no se levantó de las rodillas de James y, para rematar, le rodeó el cuello con un brazo mientras que con la mano libre le hacía pequeños círculos sobre el pecho y le ponía su mejor mirada de niño bueno.
– ¿Me llevas en brazos, mi pequeño y adorado Jimmy?
El aludido sonrió y le dio un empujón, tirándole sobre la cama para después lanzarle una almohada a la cara.
–Te recuerdo que antes me llamaste merluzo, mi pequeño y adorado Blackie.
Y entonces los cuatro amigos se dirigieron juntos y sonrientes al Gran Comedor. Y, por otro lado, Remus se sintió más feliz que nunca.
Los tomatazos y las amenazas de muerte son bien recibidas en forma de review ^^
