El lazo que era rojo

Una noche de copas

La noche había llegado rápido. Diana cerró sus ojos, dejando caer el libro que estaba leyendo en su cama. A pesar de su corta edad, la niña había desarrollado un gran amor por la lectura debido a que sus padres, desde muy pequeña le habían contado historias para hacerla dormir, lo que devino, en cuanto creció, en esta pasión que Ash estaba muy contento de desarrollar junto a ella, y es que después de la muerte de su esposa, habían sido las novelas y cuentos lo que lo salvó de una severa depresión. Ash cogió el libro que tenía su hija en las manos, sonriendo al darse cuenta de que era un viejo libro de anotaciones donde Serena había escrito algunas historias de su propia mano e imaginación para el deleite de su hija. Sabía que era de los favoritos de su niña.

Delia entró por la puerta de la habitación de Diana, poniendo una mano en el hombro de su hijo.

- ¿Ya se quedó dormida, verdad?

- Sí—afirmó Ash, llevando el flequillo rubio de su hija a un lado, y depositando un dulce beso en su frente.

Se paró y caminó hacia la sala seguido de su madre. Su saco negro le esperaba en una de las sillas del comedor.

- ¿Estás segura de que no tendrás problemas?

- Por supuesto, hijo—dijo Delia con una sonrisa—Si te he criado a ti, no tendré problemas con ningún niño.

- Muy gracioso, mamá.

- Anda, ve con cuidado—dijo ella, alcanzándole el saco. Ash se lo puso y Delia le acomodó el cuello y el cabello con infinito cariño.

- Si sucede algo, me llamas, estaré aquí en un santiamén.

- Tranquilo hijo, mereces divertirte. Ahora, anda que ya es tarde y no es de buena educación hacer esperar a tus amigos.

- Te quiero, mamá—le dijo, mientras se despedía de ella con un beso en la mejilla.

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Había acordado encontrarse con el doctor Pokemón cerca del centro de Ciudad Verde, en un café llamado "El Bidoof cocinero". Bajó del metro porque no sería prudente ir en su automóvil si sabía que iba a beber. Se dio cuenta de que algunas mujeres cerca de la estación estaban vestidas provocativamente. Y entonces se dio cuenta que había un concierto público de beneficencia en uno de los locales de diversión más conocido de la ciudad. ¿Cómo lo hizo? Pues observando la enorme pancarta de fondo blanco que había en uno de los edificios al salir de la estación.

Localizó el café rápidamente, donde el doctor Pokemón le saludaba con el brazo levantado. Brock había cambiado durante esos años, pues había estado saliendo con una chica de nombre Erika, a la que Ash había visto solo una vez.

- Erika no quiso venir, ¿verdad?—le dijo Ash, dándole la mano y recibiendo un pequeño abrazo de su amigo.

- No, últimamente ha estado con algunos malestares—dijo Brock, levantando la cartilla del restaurante.

Ash miró a su vez, y cuando el mozo se acercó, le pidió un whisky doble. Su amigo, por el contrario, pidió un jerez.

- Y bueno, ¿Qué dice el trabajo?—preguntó Brock, mientras ambos esperaban por sus bebidas.

- Lo normal, no suelen molestarme mucho los fines de semana.

- Apagas tu móvil, ¿Verdad?

- Los fines de semana son para Diana.

- ¿Quién iba a pensar que te casarías tan joven?

- Ni yo mismo lo entiendo—afirmó Ash, recibiendo el whisky que llegaba de la bandeja del mesero. Apuró un poco del líquido ámbar de su vaso. —Pero fue maravilloso.

- Dawn aún no te perdona que hayas dejado que otra chica diseñara el vestido de Serena.

- No era solo otra chica—dijo el entrenador entre risas—Era la misma reina de Kalos en ese entonces.

- Bien—dijo Brock, tomando el jerez de un trago—Conozco un lugar para pasarla genial esta noche.

- ¿Un lugar?—dijo Ash sorprendido, tomando el resto de su whisky y dejando un par de billetes en la mesa del local—Creí que solo nos tomaríamos unos tragos…

- Claro que no, amigo mío—le dijo Brock, avanzando por las calles de Ciudad Verde—Este lugar es perfecto, tiene un ambiente extraordinario. Créeme que te digo que te volverás a enamorar cuando vayas allí.

- Si tú lo dices—dijo Ash, escéptico, y con la mente en el rostro de Serena. Cuando lo recordó, automáticamente una sonrisa se formó en sus labios.

Siguió a Brock durante unos minutos, hasta que llegaron a un bar de decoración rústica, y acogedoras luces. La música sonaba fuerte, pero las canciones le eran conocidas y no le desagradaban.

- Vamos—le dijo su amigo.

Con una mirada desaprobatoria, pero a la vez, divertida, Ash entró en el bar.

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Unas horas después, le era difícil recordar cómo había llegado allí. La música sonaba cada vez más fuerte a su parecer, y había perdido la cuenta de cuántas copas de aquella deliciosa bebida frutada se había bebido. Había estado bailando con una mujer, se movía bien y le hacía disfrutar del baile, pero era sosa, de esas mujeres fáciles que a él no le interesaban en lo más mínimo. Ni siquiera tenía una conversación que valiera la pena como para seguir durante unos momentos más con ella. Parecía más ocupada en llevar sus manos por lugares que a Ash, ciertamente le incomodaban.

Después de un momento la mujer desapareció. Ash no le dio importancia, y se dirigió al baño. Aprovechó para refrescarse la cara, y de pronto se sintió más relajado y fresco. Salió hacia la barra y pidió una botella de agua mineral, que el barman le entregó con una sonrisa.

En ese momento, el compañero del barman sirvió una copa a una persona que, recién se daba cuenta estaba en ese momento a su lado. Ash intento verla bien, pero la oscuridad del local y el humo de los cigarrillos que abundaban por doquier le permitieron apreciar los detalles del rostro de la muchacha que conversaba animadamente con una chica al lado suyo. Ash por un momento se sintió intrigado, hasta que un joven bastante bien parecido le pidió bailar y la chica lo aceptó con una sonrisa.

El entrenador abrió la botella de agua mineral preguntándose qué habría sido de Brock, por lo que dio una mirada alrededor del local en busca del doctor. Le pareció verlo en la pista de baile, meneándose y disfrutando con una chica guapa que el no conocía. Sonrió al verlos, pero en ese momento sus ojos se dirigieron, a su parecer, de manera automática hacia una figura conocida.

La chica que había estado a su lado, estaba bailando con el joven, moviéndose de manera sensual y sonriendo, mientras tenía una copa en su mano, sonriéndole coqueta y divertida. Ash por un momento se sintió sobrecogido. El cabello de esa persona era de un color extraño, no lo podía definir bien, sin embargo esa chica era misteriosa y a él le causaba una muy buena impresión. No se había sentido así desde que descubrió sus sentimientos por Serena, así que, tomando una decisión, cerró la botella del agua mineral y se dirigió hacia la pista de baile.

Mientras avanzaba, la canción que en ese momento sonaba por toda la discoteca terminó. La chica se despidió de su acompañante con un beso en la mejilla. Pero en el momento en que se disponía a regresar, Ash se paró frente a ella, y puso una cara de sorpresa al verlo. A Ash le pareció como si estuviera sonrojada, por lo que se acercó, y deslizó su brazo suavemente por alrededor de la cintura de la chica. Ella volteó a verlo, y le sonrió de la misma manera que al otro chico.

- ¿Quieres bailar?—le dijo al oído.

Pudo sentir como ella se estremecía ante su contacto, lo que le hizo sentir muy sorprendido, pero a la vez complacido. Ella cogió la mano de él y lo arrastró dentro de la pista, pasando el brazo por su cuello, y ambos moviéndose al ritmo de la música que se escuchaba por todo el local. Bailaron una, dos, tres canciones… Prácticamente perdieron la cuenta de ello. Volvieron a la barra muchas veces entre risas, y caricias cada vez más naturales y espontáneas.

Pronto se vieron en un abrazo tranquilo, con Ash poniendo el brazo por encima del hombro de ella. Y mientras ella volteó después de un chiste ocasional, Ash se vio atrapado en sus ojos verdes, depositando un beso en los labios de la chica, que fue correspondido de inmediato. Y después vinieron más, besos más pasionales, más toqueteo, hasta que finalmente salieron hacia la parada de taxis ambos abrazados. Esta vez con el alcohol embotándole por completo la cabeza, Ash pudo apreciar que el color de cabello de la chica era un pelirrojo extraño, casi de color naranja. No le prestó atención al tema, y ambos entraron al taxi. Ash sacó su Smartphone, y todo el camino se la pasaron tomándose fotos de todo tipo, principalmente de los besos que se daban. En muchas ocasiones, Ash tuvo que apartar suavemente a la chica que lo besaba con ternura en el cuello. Pronto llegaron a un hotel que Ash ni siquiera recordaba que conocía. Y desde entonces los recuerdos se habían vuelto como imágenes de un espejo empañado, donde él y ella de protagonistas, estaban sobre la cama, besándose, tocándose, apretándose y gimiendo uno el nombre de la otra, hasta que durmieron abrazados.

Por ello, sentía los ojos tremendamente pesados en ese momento. Cuando los abrió, se dio cuenta de que esa no era su cama, y ni siquiera era su casa.

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A Misty siempre le había gustado salir a bailar con sus amigas. Era divertido y en algunas ocasiones podía conocer a alguien especial. Después de todo, ella ya no esperaba al que hubiera querido desde hacía tiempo. Por lo que hacer eso la distraía aunque nunca llegaba a nada serio con los ocasionales acompañantes que conocía en dichos centros de diversión. Pero esta vez había sido completamente distinto. Quién iba a saber que aquel pasado del que tanto había huido estuviera en el mismo lugar, y que sobre todo se hubiera portado tan bien con ella, aunque no diera señales de reconocerla. Se había sentido tan bien, él había sido tan dulce con ella, que en ese momento se sentía plena… pero con un malestar tremendo. No recordaba nada más allá de la discoteca, como si su cerebro estuviera bloqueándole la información a propósito.

Entonces intentó moverse, pero un dolor como el de un latigazo en la espalda se lo impidió. Dio un pequeño gemido e intentó estirar los brazos y las piernas. Sin embargo, algo se lo impidió. Era algo grande y caliente, que emitía un sonido pesado de respiración, que la hizo abrir los ojos con horror. Pronto, miró hacia su pecho, dándose cuenta de que estaba desnuda. Casi echando una maldición, encontró una camisa en el suelo, y poniéndosela, se levantó de la cama. En ese momento, un mareo vino a su cabeza, y entro al cuarto de baño para poder arrojar el contenido de su estómago.

Se levantó para verse en el espejo. Pudo reconocer la toalla rosada de su propio baño. Miró a su alrededor consciente de su localización por primera vez. Felizmente se encontraba en su apartamento. Quien sabe en qué otro lugar podía haber terminado. Se volvió a mirar hacia el espejo, y se lavó con profundidad tratando de borrar cualquier ojera reveladora de debajo de sus ojos. Cuando se vio presentable, salió con precaución del baño, para darse cuenta de que en la cama ya no había nadie, y al mirar hacia un lado, pudo observar la espalda del entrenador, trabajada con los años, mientras trataba de ponerse sus pantalones. Al parecer sintió el sonido que hizo la puerta del baño al abrirse, porque volteó lentamente, y le dedicó una sonrisa de disculpa.

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Y ahí estaba en frente la chica. Ash simplemente trató de dar una sonrisa de disculpa. Él no era de hacer esas cosas, nunca le había pasado de haber estado con una chica a solamente horas de conocerla, y no quería parecer un patán o un mentiroso. Para ser sincero, se sentía intimidado y triste. Su mano derecha se dirigió automáticamente hacia el anillo que llevaba en su anular izquierdo.

- Hola—empezó el chico.

- Hola—respondió ella.

- Yo soy Ash Ketchum—le dijo él.

- Lo sé—dijo ella con una sonrisa.

Ash la miró sorprendido. Sobre todo por el hecho de que él había estado fuera de Kanto bastante tiempo.

- ¿Quieres comer algo?—le dijo la chica.

- Sí, claro—le respondió. Se llevó la mano un momento a la cabeza y le dijo, sonrojado—Pero… tienes puesta mi camisa.

La chica se dio cuenta en ese momento y bajó las manos extendiendo la camisa hacia abajo. Ash se dio cuenta de que debía salir de la habitación. Vio la puerta detrás de ella, y vio su salvación.

- Usaré el baño.

Entró de inmediato y cerró la puerta detrás de él. Se miró al espejo. Un Ash totalmente despeinado le devolvió la mirada. Vio el jabón a un lado y comenzó a sobar las manos en él.

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Misty de inmediato sacó de uno de sus cajones la ropa interior que le faltaba, y se la puso rápidamente. Asimismo, escogió un short cómodo y un top que le permitiera estar cómoda y se dirigió a la cocina para poder cocinar algo para el chico. Él aún no se había dado cuenta de quién era, tan despistado como siempre. Llenó la cafetera con agua y de granos de su alacena, mientras untaba unos panes con mantequilla para poder usar la tostadora. Miró hacia la habitación nuevamente y pudo ver nuevamente al chico mientras se secaba el cabello. Verlo semidesnudo le hizo recordar algunas sensaciones de la noche pasada que la hicieron sonrojar de inmediato. Asimismo, terminó de untar el pan en el momento en que él tomaba la camisa y se la ponía encima de sí mismo.

Acondicionó la mesa y sirvió dos tazas de café humeante. Ash la vio hacerlo y le ayudó con lo que llevaba en las manos. Ambos tomaron el café en silencio.

Y entonces Misty le miró y le sonrió. Ash lo hizo a su vez.

- Lo siento—le dijo él.

Ella no esperaba esa respuesta.

- Creo que no fue propio de un caballero hacer lo que hice anoche… No… No era mi intención hacerte algún tipo de daño.

- No te preocupes—dijo ella, algo aliviada por lo que él le decía—Ash… tú… ¿No me reconoces?

Ash estaba bebiendo el café, y la pregunta lo tomó por sorpresa. Si pensaba que había hecho mal, ahora saber que lo había hecho a alguien conocido… Pero volvió a observarla y no recordaba. Negó con la cabeza ante ella.

Misty dio un pequeño suspiro.

- Aún tengo la bicicleta que me devolviste en Johto.

El sonido de la cerámica cayendo rompió el silencio de la habitación. Cuando Misty volvió a ver al chico, éste estaba completamente anonadado.

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Y los recuerdos volvieron a él como si una sartén golpeara su cabeza. Y todo coincidía, los ojos, el rostro, el cabello, todo indicaba que se trataba de Misty Waterflower, amiga suya de la que no sabía desde hacía años. Ash bajó la cabeza.

- No… no es la manera en que esperé reencontrarme contigo…- le dijo observándola.

- ¿A qué te refieres?

- Misty… Tengo una hija—le dijo viéndola a los ojos. Puso su mano sobre la mesa—Y estoy casado.

El rostro de Misty era inescrutable. Ash trató de interpretar algo. Se acercó, pero cuando iba a poner una mano sobre el hombro de ella…

- No me toques—le dijo Misty.

Ash retrocedió.

- Lo siento mucho—volvió a decir. Y retrocedió a la puerta—En serio… Esto no debió haber pasado.

Esto cayó pésimo en la chica. Ash vio como levantaba la cabeza lentamente y con los ojos llorosos le empezó a gritar.

- ¡Lárgate!

Ash vio el momento en que tomó una de las tazas y se dio cuenta de que no estaba seguro en ese lugar. Abrió la puerta y salió del departamento.

La taza terminó por estrellarse en la puerta, y cayó al suelo haciéndose añicos. Misty empezó a llorar.

- No fue un error para mí…

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Pasaron algunos días después de los sucesos antes narrados.

Una tarde, Misty volvía a su oficina dentro de la escuela, cargada de las carpetas de los alumnos, donde habían dejado las redacciones que ella les había encargado para la semana que cursaba. Aún no se sacaba de la mente el recuerdo de la noche tan maravillosa que había pasado con Ash. Tampoco había ido a recoger a Diana a la escuela, pero ella agradecía eso internamente, pues no sabía cómo reaccionaría frente a él.

La siguiente carpeta a revisar era la de Diana. Para tener ocho años, era una niña bastante despierta y no se llevaba mal con ninguno de sus compañeritos. Ash y su madre la habían criado bien, pensó tristemente. No sabía nada del chico desde que se había casado, pero ahora recordaba ni siquiera saber cuál era el nombre de la madre de Diana. En ese momento, otra de las profesoras entró a la oficina.

- Sakura—le dijo, con una idea repentina— ¿Tienes el reporte de traslado de Diana Ketchum?

- Claro, Misty—le dijo Sakura, sacando un file de uno de los porta documentos de su escritorio—Me preguntaba cuando me lo ibas a pedir.

- Justo ahora—respondió con una sonrisa.

Misty volvió a la carpeta de Diana. Miro los dibujos de la niña, al parecer sabía manejar bien los trazos, porque eran dibujos definidos y bonitos. Pudo reconocer a Ash en varios de ella, acompañados de una figura que llevaba un sombrero que siempre pintaba de rosado. El tema del dibujo era: "Mis padres".

Misty sonrió y abrió el reporte de traslado. Había varios papeles relacionados a certificados médicos de salud de la chiquilla, pero hasta la parte final se encontraba el reporte psicológico. Y en ese momento, el file se le cayó de las manos, al leer la primera línea de la evaluación.

"Madre fallecida, criada por el padre".

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Gracias por leer. Despues de un tiempo retomo esta historia. Ya esta hecho el esquema básico de la historia, asi que la historia tendrá un aproximado de 5 episodios. Espero que les guste el segundo.

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Karyatoz.