Capítulo 2: Seat next to you

(Asiento a tu lado)

La puerta del compartimiento se abrió, sobresaltándole. Una niña pelirroja, de su misma edad, con una sonrisa de disculpa, asomaba la cabeza.

―¿Puedo pasar? El resto del tren está lleno... ―explicó.

―Claro―respondió Teddy, y le devolvió la sonrisa. Juntos, acomodaron el equipaje de la chica. Teddy la miró asombrado; ella traía por lo menos el triple de cosas que él y eso sin contar la enorme jaula donde un pájaro marrón le miraba amenazante. ¿Pero es que esa chica estaba loca? ¿Cómo se le ocurría entrar con un pajarraco como ese a Hogwarts?

―Eh... Soy Teddy, Ted Lupin―se presentó, intentando sonreír. ¡Qué difícil!

―Hola, Teddy. ¿Puedo llamarte Teddy, verdad? En fin, yo soy Carol Henderson. Un placer conocerte, Teddy. Y dime, ¿es tu primer año en Hogwarts? ―la niña había dicho todo eso muy rápido y sin respirar.

―Esto..., eh..., sí, es mi primer año, Carol―contestó. Hablar con fluidez no era su reacción para cuando estaba nervioso, evidentemente. En eso era igual a Remus.

―¡El mío también! ¿No es emocionante? ¡Eh esperado toda mi vida para esto...!―bla, bla, bla. Y siguió hablando, hablando, y hablando. Sin parar. Él asentía, sin prestar mucha atención...

Miraba el paisaje por la ventana, disimuladamente. A la hora y media de viaje, se oyó ruido en el pasillo y un montón de gente se acumuló frente a la puerta de su compartimiento: la señora del carrito (tendría que contárselo a Harry) estaba pasando. Después de comprar algunas cosas (estaban muertos de hambre), volvieron a su compartimiento. No habían pasado ni quince minutos cuando la puerta volvió a abrirse. Entró un niño, de cabello oscuro, bajito y flacucho, diciendo maldiciones contra alguien.

―Hola, soy Dan Turner, ¿me puedo sentar?

―Claro―dijo Carol, mirándole con atención―. Yo soy Carol y él es Teddy.

El niño, Dan, hizo un gesto de cabeza para saludarlos y se sentó. Parecía incomodo.

―¿Es tu primer año en Hogwarts, Dan?―preguntó Teddy, intentando cortar el molesto silencio que (milagrosamente) se había creado. Dan sonrió, emocionado, y asintió―. El nuestro también. ¡Será genial!

―Sí, supongo. Yo no sabía nada sobre la Magia, ni sobre Hogwarts hasta que recibí la carta. ¡En casa todos quedamos muy impresionados! ―contestó Dan. Carol sonrió.

―Tus padres son muggles, ¿entonces?―preguntó Carol.

―Sí, sí, son personas normales…no como nosotros... ― Carol y Teddy rieron: era una rara expresión. ¿Es que ellos eran monstruos anormales, o qué?

Pararon de reír cuando vieron que Dan los miraba con expresión enojada.

― ¿Ustedes también se van a reír de eso? ¡Pensé que eran mis amigos!

―Lo somos, Dan. Lo siento. No nos reíamos de tus padres, solo nos hizo gracia que... Ya, no importa. Lo siento―se disculpó Carol. Teddy corroboró sus palabras. El chico pareció conformarse porque volvió a sonreírles―. Por cierto, Dan, ¿por qué dijiste "también"? ¿Alguien se ha reído de ellos?

―Sí ―asintió―, por eso vine aquí. Verán, yo estaba en el compartimiento de al lado, pero los estúpidos que estaban sentados conmigo me echaron... Dijeron algo así como que era "un vulgar Sangre Sucia"... Y no tengo ni idea de lo que significa, pero no sonaba para nada amistoso, se los aseguro―contestó Dan, enojado.

Carol y Teddy murmuraron a la vez con ironía:

―Futuros slytherins.

―¿Qué? ¿Slytherins? ¿Qué es eso? ―preguntó Dan, confuso. ¡¿Es que esos dos nunca podían ser claros?

Antes de que Teddy tuviese tiempo de responderle, Carol tomó a Dan de la mano, empujó suavemente a Teddy fuera del compartimiento y salieron al pasillo. Sin escuchar las protestas de sus nuevos amigos, entró con decisión en el compartimiento de al lado, varita en mano. Está loca, pensó Teddy, loca de verdad. Y por la expresión de terror en su cara, Dan pensaba exactamente lo mismo.

Carol pasó la mirada por cada uno de los cuatro chicos que estaban ahí: todos eran gordos y fuertes, parecían extremadamente estúpidos; todos menos uno. Era flaco y alto, de pelo rubio y ojos fríos que los miraban burlones; parecía el jefe. Carol plantó la mirada en él.

―Discúlpate con Dan, Yaxley―le dijo Carol al chico, con voz peligrosa y amenazante. Parecía que Carol conocía al tal Yaxley...

―No me des órdenes, Henderson―le respondió el chico―. No me pienso disculpar con un Sangre Sucia, sería humillante. No te juntes con él, Carol, es solo basura. Tú vales mucho más que eso.

―¡Arrepiéntete, Yaxley!―bramó Carol y levantó un poco más la varita―. Tengo suficientes halagos estúpidos en mi casa, Yaxley, no necesito más. Ahora, estúpido, pídele disculpas a Dan. Además―añadió―si alguien te escucha diciendo eso, estarás en serios problemas.

―¿Sangre Sucia? No te preocupes por mí, Henderson. Nadie dirá nada, ¿verdad?-preguntó, mirándoles significativamente. Dan negó rápidamente, pero Teddy no contestó.

Yaxley rió y todos sus amigos lo imitaron. Teddy avanzó un paso y sacó la varita.

―¿Y tú quien eres?―preguntó Yaxley―. ¿Otro Sangre Sucia patético? ―se burló.

―Soy Ted Lupin, y esa palabra está prohibida; podrías ir a Azkaban―contestó él, furioso. ¡¿Por qué no había heredado la calma que todo el mundo decía que su padre tenía?

―¡Oh! Sí, ya sé quién eres. Eres el hijo bastardo del lobo muerto, ¿no? Sí... ―dijo, burlón. Todos lo miraron sorprendidos, incluso sus amigos. Yaxley lo miraba con asco.

―Sí, soy yo―respondió con fingida indiferencia. No le hacía

―Yaxley, discúlpate con Dan―exigió Carol otra vez.

―No. Y no me hables así: me debes respeto; soy tu prometido―comentó Yaxley. Teddy miró a Carol sorprendido: ¿prometido? ¡Pero si eso no se hacía desdela edad media, más o menos! Si ese chico era su prometido... ¡Pobre Carol!

Pero antes de tener tiempo de abrir la boca, Carol se había abalanzado sobre Yaxley y le había tirado una maldición (que bien podría haber sido de nivel de segundo año). Yaxley se cayó, inconsciente, con la cara llena de asquerosos tentáculos verdes. Sus enormes amigos se los quedaron mirando, como si estuvieran esperando que los atacasen también a ellos; sin hacer absolutamente nada.

―Salgamos antes de que estos estúpidos reaccionen y se les ocurra hacer algo ―les susurró Carol, y agarrándoles por un brazo los sacó del compartimiento.

Teddy estaba realmente sorprendido: Carol acababa de demostrar que era una excelente bruja. ¡Y le había dado una buena lección a su prometido!

Cuando entraron en el compartimiento, el enorme pájaro marrón (la mascota de Carol) ya no estaba dentro de la jaula, sino que estaba libre y los fulminaba con la mirada, como si estuviera regañándoles. ¡Era el colmo! ¡Un pájaro que se escapa de su jaula y los rezonga!

Dan, que no lo había visto antes, se escondió tras Teddy ahogando un grito.

Carol se acercó al animal.

―Lo siento, Asriel. Sé que no debí atacarle, pero es que lo odio tanto... No le digas a mi padre, no vale la pena... Yaxley ya se lo contará de todas formas... ―murmuró Carol mirando al pájaro.

―Ehm...¿Carol? ―llamó Teddy―. ¿Qué es eso? ―preguntó, señalando al pájaro.

―¡Oh! Él es Asriel, mi halcón. No se preocupen, es inofensivo... Es solo que está algo enojado porque he atacado a Yaxley... Mi padre me lo ha regalado, es para que me vigile. No debo hablar mal de él, ni de Yaxley, debo portarme bien, y hacer honor a mi familia―explicó Carol, como si estuviese lo recitando de memoria.

―Ah...Ya, es un halcón―seguro, un animal de lo más inofensivo―. Cambiando de tema, ¿quién era ese tal Yaxley? Ha dicho que es tu prometido… pero, vamos, esas cosas no existen desde hace años.

Carol sonrió de costado:

―Me temo, Teddy, que esas cosas todavía existen en algunas familias muy antiguas, como la mía. Se llama Tom Yaxley, y es, efectivamente, mi prometido. Lo odio. Mi padre es muy amigo de su familia; yo lo conozco desde pequeña. Hace unos meses, mi padre ha arreglado con su familia mi futuro matrimonio con él―explicó―. Es que mi padre, es muy conocido y respetado en la comunidad mágica.. Ya saben..., es millonario, ni una gota de sangre muggle en sus venas, apoya la purificación de la sangre y todo eso. En fin, es toda una estupidez―Asriel, el halcón, hizo un extraño ruido, como una protesta―. Lo siento, Asriel, pero es la verdad.

―Carol, ¿dónde has aprendido esa maldición? ―preguntó Dan, refiriéndose al estado en que había quedado Tom Yaxley.

―En mi casa. Es que mi padre me ha enseñado bastante. Dice que para estar en Slytherin hay que tener maestría, y que no puedo estar atrasada en los estudios―rió amargamente―. Aún tiene esperanzas de que quede en Slytherin. ¡Ni de broma! ¡Yo jamás quearé allí! ―dijo Carol―. Aunque mi padre está haciendo todo lo posible para que sea así: creo que hasta intentó sobornar a la directora... ¿Y ustedes? ¿En qué casa quieren estar?

Hablaron hasta que el tren llego a Hogsmeade. Teddy y Dan seguían impresionados por el resentimiento que Carol sentía hacia su padre, pero no lo demostraron.

Al llegar, lo primero que vio fue a Hagrid que lo saludó encantado:

―¡Teddy! ¡Cuánto me alegro de verte! ¡Por fin entras a Hogwarts! ―se fijó en su aspecto― y...¡WOW! ¡Estas igualito a tu padre! ¡Has hecho un buen trabajo, amigo! ―comentó sonriente―. ¡LOS DE PRIMERO! ¡LOS DE PRIMER AÑO POR ACA! ¡PRIMER AÑO!

Teddy, Dan y Carol fueron los primeros en subir a los botes. Al ver aparecer Hogwarts, se quedaron tan maravillados que no supieron qué decir.

Hagrid los dejó frente a la puerta del castillo, donde McGonagall los esperaba (aunque fuese directora, prefería seguir haciéndolo ella). Al verle, la profesora McGonagall se quedo tan impactada por su nuevo aspecto que casi pierde el equilibrio. Le tomo unos segundos recomponerse. Carol y Teddy, que la conocían, la saludaron:

―Buenas noches, profesora McGonagall.

La directora los condujo hasta el vestíbulo, donde les dijo su característico discurso. Al entrar al Gran Salón todas las miradas se posaron en los de primero, que nerviosos hicieron una fila. Los alumnos fueron pasando, llamados por la directora, por el Sombrero Seleccionador. Teddy vio como Tom Yaxley iba directo a Slytherin, junto con sus enormes amigos; vio como Dan iba a Gryffindor (se sintió intensamente feliz por él), vio con Carol se sentaba en el taburete y el sombrero (después de pensarlo detenidamente) la mandaba también a Gryffindor.

Y Teddy deseo con toda su alma estar en Gryffindor también. Como su padre. Como Sirius Black. Como James Potter. Como Lily Evans. Como su padrino. Como Ron y Hermione. Como Ginny. Como Dan y Carol. Todas personas valientes. En Gryffindor, junto a sus amigos. Y cuando se sentó en el taburete, con el Sombrero Seleccionador sobre su cabeza, ese era su deseo: ser un Gryffindor. Y el Sombrero se lo concedió. Todo el Gran Salón vio la enorme sonrisa de Teddy Lupin y su grito de jubilo fue tapado por los aplausos de su mesa que, contentos, le hacían un lugar para que se sentara entre sus amigos.

Y durante un segundo le pareció ver a McGonagall con una sonrisa de orgullo dirigida hacia a él.