Capítulo 1: 'La gran noticia'

Los personajes son de Stephenie Meyer, la cual no ha aceptado regalarme ni un solo vampirito. La trama es nuestra.


Alice POV.

Llevaba como media hora parada ahí y lo único que hacía era observar mi estómago y luego al espejo. ¿Cómo había sido tan idiota? Es decir, ninguna persona caía en cuenta de qué tanto cambiaba su cuerpo a diario a menos que hubiese un verdadero e impresionante cambio.

Tres meses desde el accidente de la playa. Tres meses y una panza sospechosa se reflejaban en mi expresión aterrorizada. Ya que lo recordaba, el mes después de que Jasper y yo… bueno, ya saben, había tenido un retraso y me había casi desmayado al comprar la prueba de embarazo (que dio negativo, por cierto). Creía que había sido demasiado idiota al cantar victoria tan rápido: esas pruebas tenían un alto rango de fallo.

Maldita sea, tenía mucho miedo. Quería aferrarme a la idea de que estaba engordando por haber comido de más. ¿Y por qué rayos, en principio, había comenzado a comer de más? Vale, oficialmente era una idiota. ¿Acaso no me habían dado suficientes charlas sobre las jodidas abejas y flores? Al parecer no.

¿Pero si de verdad, de verdad, sólo era sobrepeso y falta de ejercicio? Tenía esperanzas, ¿sí? No me juzguen. Igual y era necesario descartar las opciones. Eso o terminar apareciendo en «No sabía que estaba embarazada». Ok, tampoco llegaría a ese nivel de subnormalidad; pero… ¿un bebé? ¡Tenía diecisiete años, por dios! Ni siquiera sabía cambiar un pañal.

Suspiré, la realidad, fuese cual fuese, me iba a aplastar como un elefante; así que tomé las llaves del auto y salí a descubrir qué diablos escondía la panza sospechosa. Había una clínica a pocas cuadras de mi casa y se me ocurrió que era muy conveniente. Rayos, ¿de verdad acababa de pensar eso? Yo no estaba embarazada. ¿O sí? ¡No, joder, plantearse la posibilidad es el comienzo de la fase de aceptación!

―¿Entonces?

La mujer que tenía enfrente no se inmutó y siguió leyendo. Sip, llegados a este punto pueden asegurarse que estaba al borde de un colapso emocional, lo cual se traducía en unas terribles ganas de golpear el calmado rostro de aquella rubia.

―Estás embarazada, felicidades. ―y como si no acabase de arruinarme la vida con tres palabras, se encogió de hombros y me entregó el resultado de los exámenes antes de darse media vuelta y salir de ahí.

Un creciente temor me embargó y dejó paralizados mis músculos. Las pruebas de sangre tenían un riesgo de error menor al uno por ciento. No había para dónde huír. Sólo que… esto no me podía estar pasando a mí. No, no, no. Viendo «Teen Mom» por MTV ese tipo de problemas parecían ocurrir en una realidad alterna (a la cual yo no pertenecía, cabe destacar). En ese momento sentí que me iba a derrumbar, que no podía aguantar la carga emocional por mucho tiempo. No sé cómo llegué al auto, sólo aparecí de repente ahí. Me hundí en el asiento y cerré los ojos.

Me hice primero la pregunta más imbécil: ¿quién era el padre del bebé? Tomando en cuenta que no tenía novio porque «era una odiosa malhumorada», no había demasiadas opciones (sólo había una, para ser más clara). El padre… vale, aún no estaba lista para pensar su nombre. Ni siquiera quería que se enterara. No se veía muy responsable; seguro debía tener como dos hijos y yo no le iba a cargar el tercero.

Definida la cuestión, pasé a lo siguiente: ¿cómo disimular el embarazo? Iba a engordar incluso más y entonces sería imposible ocultarle el embarazo a Jasper (sentí que el estómago se me revolvía al pensar en él) y a todos los demás. Igual, aplazaría la noticia por el mayor tiempo posible mientras pensaba en las excusas perfectas.

Ah y por último: ¿cómo decírselo a mí familia? Era más que obvio que las únicas personas en las que podría depositar toda mi confianza eran ella y mi hermano. No pensaba mucho en papá, lo más seguro es que cuando volviera ya el bebé hubiese nacido. Podía decirle algo como: «Oh, ahora tienes un nieto. Lamento que hubieses estado demasiado ocupado para detenerte en casa antes; también lamento que mi hijo no vaya a comprender qué es un abuelo...»

«O un padre» Pensé mientras las malditas nauseas que no habían aparecido meses atrás afloraban en ese momento. Sabía cómo era crecer sin un padre y me dolía pensar en tener un bebé bajo esas condiciones. Me hacía sentir culpable y ya tenía suficiente de eso.

Encendí el auto y puse el reproductor a todo volumen, concentrándome en la música. No tardé mucho en llegar. Vi que el auto de mamá estacionado y comencé a pensar qué iba a decir cuando entrara.

"Mamá, tengo tres meses de embarazo. No te había contado antes porque, verás... yo soy idiota. Ni siquiera me había dado cuenta de que me estaba creciendo una panza. Cabe destacar que el padre del niño es un tipo con el que no he intercambiado más de dos palabras".

Bueno… eso no sonaba bien. Rodé los ojos, esa iba a ser una charla difícil. Mi madre era la mejor del mundo; pero nunca habíamos tocado el tema de los bebes y las abejas y eso. Podía tener cualquier reacción.

Sin pensarlo mucho, tomé mis cosas y bajé del auto. Cuando estuve frente a la puerta suspiré y abrí. Así era mejor, por si quería echarme para atrás, que fuese muy tarde ya. Mamá estaba sentada en uno de los sofás del recibidor. El corazón me latía frenético.

―¿Va todo bien? ―preguntó. Debía tener una pinta patética―. Siéntate.

Le obedecí y me dejé caer a su lado. ¿Cómo comenzaba? La tensión se hizo tan densa que se podría haber cortado con un cuchillo. Tenía el sobre con el resultado del examen en una mano y sentí que me estaba quemando.

―¿Qué ocurre? ―insistió, esta vez mirándome con atención―. Cuentas conmigo, lo sabes, ¿verdad?

No resistí un segundo más. Tiré la prueba del delito a la mesa y me eché a llorar. Era seguro por las hormonas, ni se fijen; aunque ahora todo me parecía culpa del embarazo. Quizá lo mío era psicológico. La vi, por entre las lágrimas, sacando el papel que había dentro del sobre y leyéndolo con avidez. No quise ver su expresión, así que me cubrí el rostro con las manos.

―Alice ¿esto es…?

―Sí. ―la interrumpí, ahogando un sollozo.

―Vale, tranquilízate. ―pero yo parecía una regadera. Pasó mucho tiempo hasta que agoté el recurso de las lágrimas. Ella no dijo nada y no sabía qué significaba eso. La culpa me estaba matando.

―Yo no quería decepcionarte…

―Alice, sabes que te amo. Tú y tu hermano son mi mayor orgullo; pero esto… es difícil. Muy difícil.

En ningún momento subió el tono de su voz. ¿Por qué podía gritarme? Sus palabras parecían evidenciar cansancio, tal vez derrota, pero nunca rabia. Dios, así era peor hacía que me sintiera como la peor escoria del mundo. La había traicionado, lo sabía.

―¿No estás molesta?

―¿Me va a servir de algo molestarme? ―me dirigió un intento de sonrisa y se masajeó las sienes―. Ya el daño está hecho y vas a tener que asumir muchas responsabilidades que yo no quería que tuvieses a esta edad.

―Supongo que va a ser así. ―suspiré.

Bueno, ya me había jodido la vida, ¿qué más me quedaba que la resignación?

―Sí, va a ser. ―dijo ella, tomando mis manos y mirándome a los ojos―. Vas a tener a ese bebé y yo te voy a apoyar porque soy tu madre y eso es lo que hacen las madres. No voy a dejarte ir por el camino fácil ya que estás metida en esto.

Guardé silencio. ¿Abortar? Sí, no iba a mentir, lo había pensado bastante; pero era demasiado moralista y cursi para quitarle la vida a un ser que no tenía la culpa de que yo fuese una completa imbécil. Llámenme débil, o lo que les dé la maldita gana; el punto es que antes de esa charla ya había decidido cargar con la responsabilidad.

―Te prometo que no lo haré. ―dije abrazándola―. Gracias. Por quererme. Por todo.

―No agradezcas. Sólo compórtate a la altura de la situación. ―asentí y mamá se separó de mí―. Por cierto, ¿quién es el padre?

Desvié la mirada al suelo. Rayos, era obvio que iba a preguntarlo.

―No hay un... padre.―Vale, denme el premio a la respuesta más estúpida.

―Oh vamos. ―replicó―. Darwin ya descartó la teoría de la generación espontánea hace años, no me vengas con eso.

Bufé, era una lástima no poder crear de la nada un ser vivo; ese mecanismo parecía más fácil.

―De verdad, de verdad, te ruego que no me obligues a hablar del tema. Al menos no hoy.

Frunció el ceño. Era claro que no esperaba esa respuesta y esperé no molestarla… demasiado.

―El tema es delicado, comprendo. ― suspiró al fin―. ¿Te hicieron daño acaso? No podría vivir con eso, Allie.

Vale, visto desde ese punto, sí que era preocupante; pero no pude evitar rodar los ojos al recordar cómo había ayudado al futuro padre a desvestirme.

―No. ―el daño me lo hice yo sola―. Fue un error con consentimiento.

―De acuerdo. ―me dio una palmada en la espalda―. Entonces, lo dejamos para otro día.

― Todavía estoy en shock, eso es todo. ―intenté sonar calmada―. Tengo tres meses de embarazo y es muy sorpresivo el asunto del…

―¡¿Tres meses?!- repitió, abriendo los ojos como platos.

―Sí, bueno, soy un poco despistada. ―me sentí idiota. (Más idiota, quiero decir)

―Eso te deja seis meses. ―comentó, acomodando un mechón de mi cabello detrás de mi oreja―. Seis meses para darle la noticia al padre.

Y aunque mamá tenía su habitual tono calmado, hubo un matiz de severidad que no pude evitar notar.

―No sé si quiero que se entere. Quizá… quizá sea más fácil si no lo sabe.

―Tiene que saberlo. ―y no parecía haber contradicción posible ante aquello―.¿No te va a apoyar? Lo superaremos; sin embargo no has de negarle el beneficio de la duda.

―Entiendo y estoy consciente. ―sí, la parte en la que Jasper me mandaba a la mierda resultaría el punto álgido de mi patética existencia; pero las cosas eran como eran y ya―. Sólo necesito tiempo, no sé cómo abordarlo, ¿sí?

―Vas a tener que averiguarlo antes de que sea muy tarde.

Sí, la forma de mi cuerpo no iba a poder disimularse por siempre. Eso me recordó a que, llegados al punto, tendría que comprar ropa más grande. Pantalones de maternidad. Un escalofrío involuntario me pasó por la espalda ante la imagen. Yo odiaba, detestaba con toda mi alma la ropa de maternidad. Ahora sí podía morirme, la vida era una perra.

―Déjame guardar el secreto un rato. ―murmuré, todavía perturbada con el tema de la moda.

―¿Ni siquiera me vas a contar a mí, hermanita? ―dijo Jamie, que estaba terminando de bajar las escaleras.

Dudé sobre qué contestar. Mi hermano menor era mi mejor amigo y mi confidente; pero no me parecía el momento indicado para esta conversación. Le dirigí una mirada suplicante a mi madre y ella me devolvió una de "tú te lo buscaste, afronta tus problemas". Perfecto, estaba sola.

―Jamie… tú….―dilo de una maldita vez ―. Vas a ser tío.

Silencio incómodo. Desgraciado silencio. ¿Nadie podía tener la amabilidad de encender el equipo de sonido?

―¿Qué?

Su cara no tenía precio, parecía que fuera a desmayarse, el color del rostro se le había esfumado y estaba más pálido que un espectro. En otros momentos me hubiese sido gracioso.

―Ya oíste, ¿no? Voy a tener un bebé y eso te convierte en el tío. Genética básica. ―tan sutil como una patada en las bolas, Alice. Muy bien.

Él sacudió la cabeza y compuso la expresión más sombría que jamás le había visto.

―¿Quién te hizo esto?

―Yo misma lo hice.

―Me refiero al nombre de mi cuñado. ¿No puedo saberlo? ―oh, sí: por más que intentara disimularlo, estaba furioso.

―¡No es tu maldito cuñado! ¡No quiero tener nada que ver con él! ―exploté (siempre había tenido problemas de paciencia, así que ya se imaginarán cómo iría eso con el embarazo)―. Sólo está feliz porque te voy a dar tu primer sobrino, ¿de acuerdo?

―¡Claro que lo es! ―vociferó Jamie. De acuerdo, no era la única con carácter en la familia―. Tiene que asumir sus responsabilidades. Lo más sensato es que te pida matrimonio.

―¿Estás de la puta cabeza o no sabes en qué siglo estamos? ―mamá carraspeó por mi mal uso del vocabulario y yo la ignoré―. Si no estás dispuesto a aceptar a tu sobrino bajo mis condiciones, pues… me buscaré otro tío.

Me puse en pie de un salto. Él arqueó las cejas y resopló.

―¿Quién se supone que será el otro tío si no tienes más hermanos?

Subí corriendo las escaleras casi explotando de la rabia por su burla indirecta. Antes de entrar en mi habitación me volteé a donde se encontraba mi hermano y… un momento, mamá había desaparecido.

―Voy a adoptar a un hermano y va a ser mucho mejor que tú. Y…―en ese punto ya Jamie estaba casi echándose a reír―. ¡Me voy a comprar un perro!

Cerré con un golpe la puerta de mi cuarto. Me tiré en la cama, puse una almohada sobre mi cabeza y comencé a gritar. ¿Me voy a comprar un perro? Genial, gran réplica. Quizá había sido un poco dura con él, pero era un terco y no había mucho qué hacer. Además, eso de gritar y despotricar contra todo el mundo era una buena terapia, ¿eh? Me ayudaba a desahogarme, y a sacarme toda la mierda de adentro.

Maldito alcohol, maldito jugador de baloncesto que estaba buenísimo, maldita falta de autocontrol. Ni siquiera me había dado cuenta que había comenzado a llorar de nuevo (ya pensaba que me había deshidratado).

―¿Vas a dejar de hablar sola o vuelvo al rato? ―bromeó Jamie, que estaba apoyado en la pared.

¿Cuánto tiempo llevaba allí?

―Lárgate. ―dije, secándome las lágrimas e intentando componer una mirada asesina.

―Tenemos que hablar. Esta vez en serio. ―suspiró, sentándose en el borde de la cama―. Allie, yo te quiero muchísimo, es sólo que no puedo soportar la idea de que alguien te haga daño.

Tenía una expresión afligida que lucía demasiado madura para su rostro; aunque, si vamos al caso, yo no tenía moral para pensar eso. Si acaso sabía cuidar de mí misma y había engendrado a una criatura, lo cual, requería un grado de responsabilidad al que nunca en mi vida había aspirado.

―Yo también te quiero. ―murmuré, apoyando una mano sobre la suya―. Por eso te pido que entiendas que esto fue producto de una insensatez. Debí pensar las consecuencias; pero ya sabes que nunca he sido muy responsable.

Jamie me pasó un brazo por los hombros.

―Saldremos adelante. ―dijo.

―Lo haremos. ―o eso esperaba―. ¿Sabes? Hum… vas a ser un gran tío, estoy segura.

―Esperemos que tú seas igual de buena como madre que como hermana.

Sonreí, él sonrió. Nos abrazamos en silencio y dejamos que el tiempo pasara así. Jamás, jamás en mi vida había tenido un momento tan sentimental con mi hermano. Era extraño y, sin embargo, reconfortante.

―Oye ―carraspeé, incómoda, cuando nos separamos―. No le vayas contando por ahí a la gente que tengo un lado… ya sabes, humano.

Jamie rió.

―Ni una palabra. ―juró―. Ahora descansa. Tú y mi futuro sobrino ya han pasado mucho por hoy.

Tenía razón. El agotamiento físico y mental había mermado mis fuerzas. Dios, qué vulnerable me sentía. Yo, que siempre había intentado hacerme la dura, hoy había removido un sinfín de emociones ocultas. Si seguía por ese camino, terminaría con un trastorno de bipolaridad. Ojalá y toda esta mierda se acabara pronto.

―¿Crees que vaya a ser un niño? ―no pude evitar preguntar antes de que él se fuera.

―Claro que sí. Eso es lo que quiero.

Se encogió de hombros y cerró la puerta, dejándome ahí con otras tantas cosas qué pensar. ¿Un niño o una niña? Obviamente prefería una niña, así descargaría mi obsesión por la moda en ella. ¡Eso sería maravilloso! Aunque, bueno… podría arreglármelas si resultaba ser niño. Bah, ya sabría a su debido momento.

Me desvestí y me puse el pijama. Seguí dándole vueltas a todas las posibilidades hasta que el sueño me venció. Era increíble lo mucho que esa gran noticia cambiaría mi forma de ver las cosas. Mañana sería el comienzo de una nueva etapa y la única que se daría cuenta de ello era yo.


Que tal chicos ^^ aquí vuelvo yo! Publicando otro cap. La verdad es que me he inspirado con esta historia bastante! Ya ven que publico muy seguido... espero que me ayuden a seguir con mi inspiración dejándome algun review... si no tarde o temprano la inspiración se agotará *suspira pesadamente*

Bien sin mas que escribir, esperando que les guste mucho y prometiendo publicar tan seguido como ahora.

Se despide, Katherine. Besos! :)