Capitulo 1: "El bautizo del Lobo"
En una aburrida, problemática e insegura ciudad sin mencionar poco conocida y con poco que ofrecer, en un país subtropical que dejaba mucho que desear.
Ryan R. Rousfier, un joven inseguro y despreocupado, bipolar y sobre todas las cosas, infeliz. Despierta una vez más. Tarde, como siempre, ya que al no tener deberes, ni obligaciones los viernes. Duerme hasta tarde, a eso de las 4:43 p.m. se da cuenta de que esta vez se había pasado, la noche anterior se había acostado temprano, más de lo usual. Y había dormido casi toda la noche, sin embargo había despertado casi cinco horas mas allá de su rutina de dormir hasta el medio día, y por si fuera poco otra vez con ese sueño donde es, un débil lobo que es masacrado por un cazador enfurecido. Le resta importancia a este hecho, y se pone a pensar una vez más.
En ese nombre que retruena en su cabeza. Se lo repite a sí mismo
–Leonard Alphonse...- En su mente, aquel nombre no era más que un par de nombres que su imaginación habría escogido al azar, y nada más. Sin ningún significado, se inquieto, salto de la cama y fue a cepillar sus dientes y preparase para salir, pues la noche anterior había quedado con una amiga muy cercana, e iban a discutir algo sobre la chica que le gustaba. La cita era para las 4:30, ya había pasado tiempo desde esa hora y por si fuera poco, incluso en taxi se tomaría 10 minutos más a lo sumo para llegar al centro-plaza de la ciudad. Se viste rápido y sale de su casa, al verlo tan apresurado su madre le exclama
–¿¡Vas a salir!?- y acto seguido, le justifica a Ryan
–¡El cielo esta de locos, parece que lloverá muy fuerte hoy!-
Ryan, molesto por su suerte. Se dice a sí mismo, "típico." Y le responde a su madre
–Si madre, saldré. Que es importante..-
Su madre asiente con la cabeza y le dice que se cuide, pues algo estaba mal en el cielo esa tarde. Era obscuro, frio. Y tormentoso como pocos. A Ryan le traía sin cuidado si llovía o no, pues ver a su amiga Fabiana era todo en su mente. "A veces, una persona necesita ser escuchada, necesita la atención de alguien más. Esas "veces" varían en frecuencia, pero son la verdadera razón por la cual las personas se agrupan. Por eso son una raza social". Palabras de un viejo profesor de Ryan, quien le hiso cambiar su opinión acerca de si mismo.
Carlos, su viejo profesor, la verdad no entendía por qué recordó esas palabras. Y, no le importaban la verdad. Mientras rezaba por un taxi, el frio y húmedo aire de tormenta acariciaba su mejilla. Pero, por más que lo esperara y pidiese un "favor" a Dios, ningún taxi o transporte público pasaba por ahí, paso el tiempo y se hicieron las 5:40 p.m. rápidamente. Ryan no tardo mas en maldecir el momento, y en molestarse por ello. Entonces, se dispuso a voltearse y volver a casa.
Ya que, tal vez Fabiana no estuviera esperándole. Pero eso era lo de menos, era cuestión de cumplir palabra, nada más. Apenas había dado 3 pasos un auto llega con gran velocidad y se detiene atrás del, haciendo un fuerte y agudo ruido a causa de aquellos 4 neumáticos sobre el asfalto aún seco. Ryan se asusta, y voltea rápidamente. Ante sus ojos, un bello, nuevo y de apariencia muy costosa Mustang rojo. Atónito, se dispone solo a mirar, su vista solo podía ver un mustang que se detuvo en frente de el mientras iba por el camino que Ryan necesitaba seguir, mirando la puerta del copiloto se pregunta y dice a sí mismo
–¿Que auto tan caro, que estará esperando?- La puerta del conductor se abre al otro lado del mustang, Ryan se da cuenta, se apena e intimida pensando que el conductor lo regañaría por quedarse parado allí. Voltea la mirada, y se dispone a darse la vuelta e irse. El hombre que se baja del Mustang le detiene con un optimista grito
-¡Oye, niño! ¿A dónde ibas?- Ryan se ofende un poco por que este "tipo" le había llamado "niño", su actitud cambia a agresiva y le responde impetuoso
–¡No soy un niño, y eso no es tu problema "viejo"!- El hombre se sorprende de ver que un joven que parecía estar a punto de echarse a llorar en cualquier momento le allá respondido así, rodea el auto caminando a una velocidad calma e intimidante acercándose a Ryan.
Sin embargo, Ryan. Enfurecido, no se movía ni mostro signo de temor. Solo se quedo allí parado, observando con mirada de "lárgate" a este joven hombre que se acercaba hacia él, para su sorpresa. Su rostro parecía, ciertamente familiar. Cabello castaño, un rostro limpio, gafas negras muy obscuras cubrían sus ojos. Le daban un aire engreído, una camisa blanca, y pantalones "serios", negros.
Nada de jeans, ni tampoco ningún otro accesorio a parte de esas gafas. Llega intimidante, y se inclina un poco para estar de cara con Ryan, pues –Este hombre, era más alto que él. El hombre rompe su cara seria molesta, y le da a Ryan una sonrisa de alegría –Ryan se confunde y aleja de él, le grita
-¡¿Qué te pasa, quieres besarme o que!?- El hombre se echa a reír y le responde
–Tranquilízate, niño. ¡Que no voy a morderte!.- Tras esto, se quita sus gafas con la mano izquierda, y extiende la derecha hacia Ryan, quien no reacciona, pues está perplejo al ver que este hombre que se presento ante él, era muy parecido a aquel cazador de su sueño. Milésimas de segundo después de extender su mano el hombre se presenta
–Leonardo es mi nombre, ¿cuál es el tuyo?- Por un segundo, algo estaba mal. Ryan se intimido, toda la rabia en su pecho se desvaneció. Y, el viento frio de la tormenta había cesado también. Ryan se tomo otro momento para ver el rostro del hombre parado frente a él, su cabello castaño era poco usual. Liso y hasta hace pocos segundos ondeaba al viento, este tipo tenía un aire de ser alguien muy importante y con mucho dinero. Sin mencionar que Ryan, como cosa rara, admitió ante sí mismo –Estar verdaderamente celoso del hombre extendiéndole la mano, pues... ante sus ojos, este hombre era todo lo que el soñaba llegar a ser.
Ryan extiende su mano y el hombre la toma, como un apretón de manos amistoso y se presenta.
–Mi nombre es Ryan, y... estaba esperando un taxi...para ir al centro-, Leonardo responde
–Hmph, un gusto Ryan. Pareces un joven interesante, me caes bien. ¿El centro, eh?. ¿Para qué ibas allí en una tarde tan fea como esta?-
Acto seguido, ambos se percatan de que aún se estaban tomando de la mano, se sueltan de forma apresurada. Se miran el uno al otro, ambos estaban un poco apenados y, ante esta situación. Sin ninguna razón aparente, se echan a reír alegremente, como si se conocieran de toda la vida. Tras la breve risa, la rabia de Ryan era algo pasado, el viento empezó a soplar otra vez, ¡Con toda su fuerza! Siendo el vocero de la lluvia que estaba por caer. Ryan mira la hora en su teléfono móvil, 5:45 le responde a Leonardo.
–Bueno, la verdad... iba a verme con una amiga, pero.. Me quede dormido hasta muy tarde, la cita era para las 4:30... Pero...-, Leonardo corta las palabras de Ryan y le dice con una sonrisa
–Si confías en mi, puedo llevarte.- Ryan, no tenía nada que perder ante esta persona, sus ojos. Bellos ojos cafés no parecían tener ninguna mala intención.
No había razón para que alguien quisiera secuestrar a Ryan, hijo de un padre trabajador y de un ama de casas. Una familia humilde y desconocida, ropas sencillas. Una camiseta negra y un jeans azúl claro. Botas simples, y nada llamativo. Por si fuera poco su móvil no era la gran cosa, no alcanza ni el precio de 20$. Ryan asiente con la cabeza, y le responde
–Por favor... Yo, estaría muy agradecido- Dese ya hace varios minutos atrás, cuando Leonardo se quito sus lentes, la actitud de Ryan había cambiado una vez más a pasiva. Leonardo toma la iniciativa y corre al otro lado del Mustang para entrar en él desde el lugar del piloto, Ryan camina y se dispone a abrir la puerta del copiloto. Levanto su mirada, y allí estaba él. Leonardo, este hombre que apenas acaba de conocer. Y sentía que le conocía desde siempre, se quedo una vez más detenido allí, pensando.
Leonardo, también levanta su mirada y ve a este joven mirándole, con aquellos ojos pequeños y negros. Con una mirada triste, como si nunca nadie hubiera hecho algo así por él. Leonardo sonríe, su sonrisa era sincera. Sin exaltar nada, y sin mostrar sus dientes. Dientes blancos que reflejaban a alguien responsable y sano. Apenas sonreír, le dice
–Jeje, ¿Tengo algo en la cara?, ¿Nos vamos?- Ryan se apena una vez más, y se disculpa
–No, no!... perdóname, yo... estaba pensando...- Leonardo se echa a reír y le responde optimistamente.
–Ryan, tranquilízate. ¿Sí?, ya te lo dije. ¡No voy a morderte, y no me molesta que me mires al rostro, si para eso lo tengo!- Ryan aguanta las ganas de reírse otra vez, pues ya la situación le pareció bastante homosexual. Y, el es "homofóbico". Ambos suben al lujoso auto y se ponen en camino al centro-plaza.
El auto estaba frio, demasiado para Ryan que solo llevaba esa fina camiseta negra. Luego de menos de un minuto, Ryan cruza sus brazos en un intento por sentirse más tibio. Leonardo nota este comportamiento, y apaga el aire acondicionado del auto. Ryan, sorprendido por su gesto le pregunta
–¿Qué pasa, señor Leonardo?- Leonardo suelta una carcajada orgullosa y le responde
-¡¿A quién llamas "señor?!- Ryan, se pone serio, voltea la mirada y dice, en voz baja –Solo los idiotas responden una pregunta con otra. Leonardo le escucha, puesto que el silencio era aturdidor, de todas formas. Esa era la intención de Ryan, y Leonardo responde, otra vez con un tono de orgullo
–¡Claro!, ¿Y tú?-; A lo que Ryan responde
-¿Yo qué?- Leonardo no se aguanta y grita
-¡Te eh pillado, chico listo!- Ryan entiende su error apenas escucharle y, una vez más –El ambiente se había vuelto cálido y amistoso entre ambos.
Entonces, Leonardo retoma el tema sobre lo de "señor" le explica que no le gusta, pues no esta tan viejo como para que Ryan le llame así, se ponen a discutir al respecto y al darse cuenta, ya habían recorrido la mitad del camino, después de todo. El centro no estaba lejos, Leonardo le dice –No me gusta estar llamándonos por nuestros nombres.- Ryan le responde
-¿Ah sí, y como quieres que te llame?- Leonardo, otra vez con su tono orgulloso. Se pone sus gafas una vez más, y le responde
-¡Llámame Leon, niño!- Ryan, chocado por su actitud, se dice a sí mismo (¿Por qué siempre me topo con gente rara?) y responde
–¿No sería mejor llamarte Leo?- Leonardo se niega, e insiste en que Ryan le llame Leon, en esto. Llegan al centro plaza, antes de bajarse del auto Ryan le dice
–Muchas gracias, "SEÑOR" Leon- Otra vez esa sonrisa se dibujo en el rostro de Leon
-De nada, pequeño Ryu.- Dijo, Ryan inquieto le pregunta por qué le ah llamado "Ryu", dijo que sonaba de videojuegos y que no quería que lo llamara así, Leon se niega y le explica que, no se ah fijado en otra persona que en él para llamarle así. Ryan se hunde en sus pensamientos y se da cuenta de algo, que se dice a sí mismo. Con aires de "¿Que está pasando?" En su mente; (Es la primera vez que alguien me pone... un lindo apodo...) El silencio se rompe, con la tímida voz de Ryan, en su faceta más humilde y tímida
-¿Puedo tener tu número de teléfono...?- Leon, se sorprende de este gesto. Saca su billetera y toma un billete de 50, donde anota su número de teléfono, correo electrónico y dirección. Apenas ver eso, Ryan grita
-¡Mierda, te pasas!- Leon se rie y exclama
-¡Empezaba a pensar que no sabias malas palabras!, quédatelo. ¿Sí?- Ryan se niega, pero Leon insiste y le dice
–Es un regalo, por favor acéptalo. No tienes que gastarlo, solo guárdalo.- El tono orgulloso se había convertido en un tono dulce, casi paternal. Ryan sonríe, asiente. Y agradece, Leon le responde
–Gracias, fue divertido conocerte. Por favor, llámame. ¿Sí, Ryu? Y toma esto también. Esto pone nervioso a Ryan, León le dio una chaqueta blanca, con motivos grafiti y etc, en negro.. Ryan quedo encantado con la chaqueta, aunque era obvio que solo era un préstamo.
-¡Claro! Bueno, ¡tengo que irme!, ¡Adiós, gracias!- Respondió, y cerró la puerta del Mustang, se alejo lentamente intentando no voltear, se puso la chaqueta, era suave y aun estaba algo fría por estar en el auto. Pero Ryan estaba feliz, mientras Leon encendía su auto y se alejaba.
Leonardo, "Leon", Ryan lee con cuidado todo lo que Leon puso en el billete, y se pregunta a sí mismo.
-¿Tanto dinero tiene para andar regalando billetes de 50?, vaya... Seguramente es hijo de algún millonario ó es un gran ingeniero. Perdido en sus pensamientos se da cuenta que dejo algo importante de lado, con prisa. Saca su móvil y mira la hora, "6:00pm" una hora y media de retraso, por
si fuera poco. Estaba oscureciendo aún mas, el cielo tormentoso empezó a soltar "gritos de guerra" fuertes truenos a la distancia que resonaban más de 3 veces cada uno. Se hacía obvio que caería una gran tormenta, y parecía que la fiesta iba a durar toda la noche.
Camino al centro de la plaza mientras intentaba llamar a Fabiana con su móvil, al igual que lo intento antes de salir de casa y mientras esperaba un taxi, Fabiana tenía su móvil apagado. La actitud de Ryan cambio a agresiva otra vez, golpeándose mentalmente a sí mismo con cosas como "¿Tan enojada está conmigo?" y "La eh cagado, después de lo mucho que le moleste para verla hoy..." En eso, justo sobre la pantalla de su móvil, cae lo que parecía ser la primera gota de lluvia, como gritándole "¡Vete, te vas a mojar!" Ryan, entiende el mensaje y se dispone a irse a casa caminando.
Lamentablemente no paso mucho tiempo hasta que empezó a llover con moderación, pero con un viento muy fuerte. Camino y camino bajo la lluvia, sin ningún remordimiento por todo lo que había pasado. Otra vez, su mente se nublaba con la imagen de ese hombre, de ese nuevo amigo. Mientras caminaba paso por la casa de Fabiana, no se detuvo a preguntar ya que imagino que sería mucho molestar. Camino unos segundos más, paso la escuela secundaria donde estudio hacia apenas un año. Siguió caminando, noto un grupo de gente en una casa, a una casa de la secundaria.
A pesar de la lluvia y el viento pudo distinguir dos figuras, Fabiana. Y cierta persona "especial" para él, ambas estaban bastante entretenidas. Y al parecer, Fabiana estaba con su novio Ryan sonríe, ya que estaba preocupado por Fabiana. Y decide seguir caminando pues, ya estaba bastante oscuro. Y habían pasado ya las 6:20 pm. Estaba preocupado, pues en cercanías a su casa robos y similares eran comunes, pero no tenia de otra que seguir caminando.
Antes de notarlo, lagrimas empezaron a brotar de sus ojos. Pero era extraño, aún lo único en su mente era ese hombre, quien le había tratado tan bien apenas conocerle. Y por si fuera poco, se parecía mucho a aquel cazador en sus sueños. Pero, a ciencia cierta, no sabía si estar asustado o aliviado por haber conocido a este "Leon".
Ryan camina tembloroso, bajo la lluvia fría. Un cielo tormentoso, y una mente tan tempestuosa como el mismo cielo oscuro. Aquel cielo que no mostraba luz, salvo por los ocasionales rayos que caían a la distancia. En su mente, seguía la imagen de ese hombre orgulloso, Leonardo.
Al caminar pensaba en que pasaría en llegar a casa, y en todo lo que ponía ese billete, y más importante aún
-¿Por qué le pedí su número?- Esa pregunta era como un desgarro de sangre interior para él, alguien tímido que nunca le había pedido algo así a nadie. De la nada decidió pedírselo a ese hombre, un acto extraño que lo dejo muy confundido. "Leonardo D. Alfonso." Un hombre misterioso la verdad, en estos tiempos nadie se detiene a ayudar a otra persona. Y menos a alguien como yo
Se decía a sí mismo mientras su concentración burlaba los estruendosos truenos y las frías gotas de lluvia. De pronto, escucha una bocina de auto justo detrás del, se asusta y voltea velozmente. Para darse cuenta de que, allí estaba. Ese flameante mustang, lleno a velocidad NULA siguiéndole el paso. Ryan se sorprende una vez más, más preguntas surgen en su confusa mente.
-¿Me estará acosando este tipo? ¿ME estará acosando a MI?- A pesar de esas preocupantes incógnitas se acerco al Mustang, el vidrio del asiento del copiloto se bajo Dentro estaba él. Leon, aún orgulloso, y como si fuese inmune al frio, llevaba un gran barquilla en su mano derecha, conducía con la izquierda. Ryan se queda mudo al ver que, en una noche como está el estaba comiendo helado, en su auto que ya de por sí era bastante frio.
Por si fuera poco, el aire acondicionado al máximo. Leon, otra vez tomo la iniciativa
–Ryu, no te quedes allí parado como guardia de seguridad. ¿No piensas subir?- Busco en medio de los asientos revolviendo una tina de helado de fresa, exclamó
–Te compre esto, ven acá niño.- Con esa sonrisa tranquila en su rostro. Cada vez lo dejaba mas confundido. A simple vista, Leonardo parecía alguien tan frio. Pero se estaba portando de mil maravillas con Ryan, e incluso le nombro "Ryu". Ryan se subió sin decir nada, y él le dijo
–A partir de ahora, serás Ryu. Al menos para mí. ¿Está bien?- "Ryu" asintió. Y respondió.
–Está bien, Leon.-
Leon soltó una carcajada, y exclamo una vez más
-¡Mírate, mojado y tembloroso, pareces un corderito asustado, espabila!- Ryan cambia de actitud, a aquella actitud seria y sarcástica.
-¿Oh, sí?. ¿¡Y yo soy aquel "tipazo" que se pasea en tormentas, comiendo helado de fresa!?. Imagine que estarías haciendo algo mas masculino como, fumar. Le dijo, Leon sonríe y le responde.
-Ayy Ryu, un hombre no se mide por ese tipo de cosas. Nadie es más hombre por joderse los pulmones. Ni por embriagarse hasta vomitar, esas cosas son... errores, de nuestra asquerosa sociedad.- El tono que Leonardo puso en esas palabras, era frio.
Y a la vez, tenía tanta razón. Un tono muy diferente a su tono amistoso, u orgulloso Ryan quedo cautivado ante tales palabras, pues Leonardo parecía ser muy sabio. Quedo en silencio. Por lo que Leon tuvo oportunidad de decir algo más.
–Y bien, ¿Cómo te llamas?-, Ryan respondió.
–Ryu. Señor Leon, me llamo Ryu-.
La alegre risa de Leon se alzaba triunfante, cerro el vidrio, y una vez más. Un increíble silencio se apodero del ambiente. Se quedaron así un buen rato el camino estaba muy despejado a pesar de que a duras penas eran las 7:00 pm, Leon le ofreció la tina de helado a Ryu, quien le acepto gustoso. A pesar de que estaba mojado y con frio, pero esté tuvo problemas para abrirla.
-¿Quieres que te ayude, pequeño Ryu?- pregunto arrogantemente mientras conducía.
-¡No!, ¡déjame Leon yo puedo solo!- Parecían, una vez más. Un par de amigos que se conocían de toda la vida, Ryu en su intento por destapar la tina aplico demasiada fuerza, le abría pero como consecuencia salpico helado.
Para su sorpresa, era helado de mantecado con fresas. Salpico helado sobre el guardafangos del auto, sobre su asiento, alcanzo incluso al parabrisas. Y desde luego, a sí mismo. El rostro de Ryu pasó de estar feliz a estar terriblemente apenado en solo milésimas de segundo, -
¡Lo siento!- exclamó, agitado volvió a tapar la tina de helado, su personalidad había cambiado otra vez. A la forma más tímida en su total expresión. Leon, lo observa mientras intenta limpiar la salpicadura de mantecado. El rostro de Ryu apenado, tenía varias gotas de mantecado, sobre todo en su mejilla izquierda. Leon intento calmarle desde un principio
–Ryu, Ryu no pasa nada, cálmate...- Pero Ryu no se calmo, estaba demasiado apenado.
Leon piso fuertemente el freno, y como es lógico el auto se detuvo de golpe. A causa de esto Ryu acabo golpeándose contra el guardafangos. Se calmo, levanto el rostro y miro a Leon, quien encendió las luces internas del Mustang. Miro a los ojos de Ryu, que parecía poder echarse a llorar en cualquier segundo y dijo
–Ryu, por favor. No pasa nada. ¿Sí?- Con aquella dulce y cálida sonrisa. Ryu no tenía palabras, así que no pudo hacer otra cosa que mantenerse en silencio evitando romperse a llorar. Leon se acerco a él, quien no hiso más que mirar las gotas de lluvia contra el cristal. Se acerco a su rostro, tan cerca que podían sentir su respiración. Leon susurró al oído de Ryu,
-Mírate Ryu, primero piensa en ti. ¿Sí? Ni si quiera has limpiado tu mejilla- Con cuidado, con su mano derecha tomo a Ryu de su barbilla y levanto su rostro. Aunque Ryu no volteaba. No podía ver a Leon tan cerca de él. Su corazón latía muy rápido, la lluvia y los otros autos pasar era lo único que se escuchaba, mientras allí estaban orillados a un lado de la autopista. Leon volvió a decir algo más
–Por favor Ryu, debes pensar un poco más en ti. No me tengas miedo, ¿vale?. – mientras sostenía su barbilla, se inclino un poco más. Apoyándose suavemente con su mano izquierda sobre la pierna izquierda de Ryu. Lamio con mucha delicadeza el mantecado de su mejilla. Acto seguido se aleja lentamente observando intrigado, esperando la reacción de Ryu...
Ryu, se sonroja y paraliza."-¿¡QUE ESTA PASANDO!?-"Se autopreguntó. Leon volvió a conducir, pero Ryan. Solo tenía miedo y confusión dentro. Leon recién terminaba con su barquilla cuando noto que había una fresa en el guardafangos, le tomo y se la ofreció a Ryu
–Ten, por lo menos come esto.- con esa voz suave y comprensiva, sin dejar de ser alegre y optimista. Ryu intentó tomar la fresa pero Leon le apartó y dijo
–Cómela.- Ofreciéndosela a la boca. Ryan, entendió el mensaje pero estaba muy apenado como para hacer eso. Leon lo noto, sonrío, bajo un poco la velocidad y volteo a ver a Ryan;
-Ryu, ya te lo dije. Conmigo no tienes que estar asustado, come la fresa.-; le dio esa sonrisa confiada y tranquilizadora, Ryu de nuevo. Con su más tímida fase, un poco sonrojado se inclino y mordió la fresa lentamente. A lo que Leon respondió
–Muy poco agresivo, para ser un lobo!. Ryan, amigo mío. Ryu, pequeño YO hare todo un hombre de tú.- Ryan no comprendió a lo que se refería Leon, tampoco se dio cuenta. De que ese hombre orgulloso había logrado entrar en su frío corazón. Pero, si sabía una cosa. A su lado había alguien en quien podía confiar. Quien le había nombrado "Ryu".
Ante los gestos de su nueva amistad Ryan se suelta un poco, su actitud cambia a tranquila y desenvuelta. Mientras le explica detalladamente en donde vive a Leon, le cuenta cosas sobre su vida. Le sede su número de móvil. Y le confiesa que odia estar vivo, y que tiene varios pesares. Leon, al instante se muestra interesado, preguntando el por qué, qué, y desde cuándo.
Pero antes de que Ryan, Pudiera responder habían llegado a su casa. Ryu le promete contarle luego, Leon acepta y enfatiza que es una promesa. Le vuelve a prestar su chaqueta, aunque seguía mojada y le pidió amablemente
–¿Devélamela cuando nos volvamos a ver, vale?- Ryan asiente con una sonrisa en su rostro, y le responde entusiasta.
-¡Vale, señor Leon!, Buenas noches, hasta pronto y...- Cambia una vez más, su voz tímida y menguante de nuevo se hace escuchar, para completar la frase diciendo
-.. Esperare tu llamada...- Leon sonríe y responde alegremente
-¡Claro, no te preocupes por eso!, soy alguien ocupado pero te llamare mañana. Ahora vete a tu casa, no me gusta que estés hay parado en la lluvia. Además, no te diste cuenta pero estuvimos paseando de más. Y ya pasan de las 8...- Ryan se exalta y se va corriendo a su casa. Leon se queda con un aire alegre, se dice a sí mismo
–Que joven más interesantes. Hasta no me molesta que me llame "señor"- Enciende su auto, y se va. Mientras se aleja Ryan se asoma a la puerta de su casa, y ve aquel lujoso Mustang desaparecer a la vuelta de la esquina.
