-Ningún personaje me pertenece, ni sus características físicas ni las emocionales. de lo único que soy dueña es de la historia creada para ellos. Aclaro que es OC, cambian algunos acontecimientos que pasaron en el anime, es decir, otro personaje lo llevara acabo, respetare la esencia de los personajes en su totalidad.

Cap. 2

Neil podía contar con los dedos de una sola mano las ocasiones en las que su padre le hablaba, descartando por su puesto las reprimendas. Estaba demás tratar de entender a su padre, muchas veces ocupado como para prestarles atención y ahora, tiempo después, ayudándolo con su hermana.

-sé que te sorprende Neil-. La voz del Sr Leagan detuvo sus pensamientos. -pero hasta yo que no estoy tanto como quisiera en casa puedo darme cuenta la poca buena influencia que fue dejarte a las faldas de tu madre y ahora a las de tu hermana. No me mires así hijo, yo las adoro, pero sabemos que llegan hacer insoportables en algún momento del día-. Lo último lo dijo esbozando una sonrisa, una que sinceramente el más joven ahí no conocía y le sorprendía de sobremanera.

-padre. Nunca he cuestionado el cómo nos educaste o dejaste de educar, pero en algún momento debiste darte cuenta que no era como que muy correcto la sobreprotección de mi madre hacia mi persona-. Tras lo dicho pudo ver como una sombra de pesar surco los cansados ojos de su padre.

-es verdad. Pero he visto cómo te vas despegando justamente de esa cobertura, no me justifico, yo era el responsable de darte una educación conforme a tu rol en esta sociedad. Por ello y otras cosas que he observado, quiero decirte Neil que, si tienes el propósito de tomar mi puesto en el banco o adentrarte de otra manera en el mundo laboral y estudiar para ello, cuentas con todo lo necesario por mi parte-. Y lo decía de todo corazón, como el buen padre que tardo en ver que tenía que ser, ansiaba lo mejor para su hijo y que este se valiera de sus propios recursos; desgraciadamente para el nivel social en el que se movían era necesario contar con ellos además de una preparación que solo la vida y la carrera que este eligiera le ayudarían a conseguirlo.

Quien le hubiera dicho que su padre pensaba así de él o que tenía esas aspiraciones tan ajenas a lo que otros padres planean para sus hijos, como bodas por mero arreglo comercial, económico y social.

El sinceramente no se había planteado el que hacer, ciertamente la vida de ocio después del colegio San Pablo le ha llegado a fastidiar, pero de ahí en fuera no aspiraba a más nada. Días tan monótonos, que pasan tan rápido como lento, algo que le costaba a el mismo explicarse.

-padre, sinceramente no he pensado en nada de lo que me has dicho. Siempre imagine que terminaría casado con alguien que mi madre aprobara al igual que sería para con Eliza. No aspiro a nada y no tengo ningún motivo para superarme o plantearme metas y conseguir llegar a ellas-. Hace mucho, sino es que nunca, se había sincerado consigo mismo y como efecto, con alguien más en este caso su padre.

Nuevamente el sr Leagan le lanzo una mirada que no sabría cómo interpretar.

-lo se hijo y en gran parte es mi culpa. Pero te puedo proponer algunas actividades. -este guardo silencio esperando la aprobación de su hijo para así continuar.

Neil no tenía nada que perder más que tiempo, del cual a estas alturas le sobraba. Así que se encogió de hombros, para escuchar que más le diría a su papá.

-perfecto. Antes que nada, puedes probar en conocer lo que hago, las habilidades que se necesitan tener para llevar el mando y delegar responsabilidades. Sobre la marcha me podrás decir tus inquietudes, así como si te agrada o no para así ver otras opciones-.

Al joven Leagan le agradaba de cierta manera la idea, pero algunas cosas deberían de cambiar. -acepto la propuesta, siempre que también vea y aprenda desde el primer escalafón para llegar al puesto que posees-. Le propuso levantándose del lugar que ocupaba para estrecharle la mano a su padre en señal de aceptación. Vio la sonrisa en su padre de que su hijo estaba haciendo lo correcto y una calidez definitivamente le incómodo.

-mejor contrapropuesta no pudiste darme. El lunes a las 8:30 de la mañana vendrás conmigo-.

Después de otro cruce de palabras, salió del despacho hacia su habitación. Le extrañaba ver la hora y notar el cansancio de golpe en su cuerpo, aun después de no hacer nada. Aunque la tensión de ser descubierto por parte de la rubia, sus amigas y sus primos fue tal vez lo que más le canso.

-Candy, yo no estoy cambiando por ti, solo estoy siendo como debí de ser. Aunque no creo dejar mi altives o soberbia, deberías ya haber aprendido que es necesario para sobrevivir a esta clase social de la que tanto huyes-. Y era verdad, no se engañaría diciendo que cambiaba para agradarle a la rubia y que se llevaran, en lo más mínimo necesitaría de algo así. Simplemente era hora de cortar por lo sano con las actitudes de las mujeres de la familia y si trabajando y estudiando se libraría de ello, bienvenido sea entonces.

-como si te importara mi existencia. No te culpo, a mí tampoco me importa-. Desde que la volvió a ver, se le hizo en tan poco tiempo la costumbre de hablar somo si ella pudiera oírle. Bueno las horas de ocio y aburrimiento le pasaban factura.

Acostado en su cama, las horas pasaron extrañamente rápido. Descansaba el cuerpo mas no su mente, poniéndose a pensar en que le gustaría gastar sus horas en el ámbito laboral. Estando en eso escucho las voces de su madre y hermana dando órdenes, miro el reloj en su habitación 6:45 de la tarde y empezó a debatir internamente entre hacerse el dormido y verlas hasta mañana o hacerse el muerto y verlas algún día de nuevo.

Opto por lo primero, cuando todo estuviera en relativa calma bajaría por algo que cenar. Aún tenía mucho que pensar.

Las semanas y meses pasaron, ya se había acoplado rápidamente al ritmo de la oficina de su padre. Recordaba ese primer lunes, estaba listo para observar el flujo constante de empleados y clientes, era realmente sorprendente la logística que se manejaba en algo tan serio como el manejo de cuantiosas cuentas bancarias y por ende una muy fuerte cantidad de activos dentro del banco. Por petición de su padre, empezó estando con este hombro a hombro, leyendo contratos y clausulas para que se familiarizara con el enjuague técnico, por decirlo de cierto modo, que se manejaba ahí. Su padre le había explicado que respetaría la petición que le hizo, pero era de prioridad el que se empapara del conocimiento de ese puesto ya que de ello dependería que rumbo tomaría en la universidad.

Mientras más fue comprendiendo sobre la circulación del dinero dentro del lugar, más le fue sorprendiendo los conocimientos previos que necesitaría. Empezó, muy a escondidas de su padre, a llevar y traer documentos dentro de las áreas existentes. Observaba el llenado de formularios, cartas poder, proyectos, etc. Ahora entendía la serie de carpetas y archivos que llegaban todos los días bajo el brazo de su padre a la casa.

Las universidades eran muy estrictas y por mucho dinero o apellido que se poseyeran no dejaban entrar en destiempo a las clases, sabiendo eso salía de las oficinas empezó a ir a la biblioteca tanto de su padre, como la pública. Podría gastar parte de su comisión comprando libros, pero de alguna u otra manera empezó a guardarlo para la universidad, no es que su padre no lo fuera apoyar, pero también quería darse ciertos lujos estando ahí. Nada malo.

Entre tantas visitas en la biblioteca publica, se encontraba en el área de administración. Había empezado a llevarse libros de finanzas, brincando ahí a los de contabilidad pasando hasta donde se encontraba ahora. Cargaba 4 libros mientras iba por el 5to, la comodidad de poder llevárselos a su hogar se los daba su apellido, nada mal que sirviera de algo que no fuera intimidar. Tan concentrado estaba en adquirir el libro que le recomendaron, que cuando tiro de él y se impulsó para atrás, no noto que alguien pasaba siendo así derribada la persona junto con las cosas que cargaban ambos.

El inmediatamente se agacho, ya que de reojo había visto que se trataba de una mujer con quien había tropezado.

-disculpe señorita, estaba tan enfrascado en obtener mi libro que no note su presencia-. Neil ya se estaba enderezando con los libros de la mujer en sus brazos, ya que vio que ella recogía los que el tiro.

Al mismo tiempo, la mujer se disculpaba también. -para nada caballero, fue mi culpa. Iba distraída ya leyendo sin esperarme a poder sentarme para hacerlo-.

Cuando ambos hablaron y se percataron de las voces que escuchaban, rápidamente subieron sus miradas para encontrarse de la manera más bizarra posible.

- ¿Candy? -.

- ¿Neil? -.

Para Neil la forma en que la rubia dijo su nombre sonaba más a miedo y sorpresa, que a sorpresa y asombro como fue en el caso de él. La vio retrocedes y apoyar su espalda en el librero que se encontraba ahí, eso le dolió, pero entendía.

No es que le interesara, pero no pretendía que la chica se asustara. -hola Candy, disculpa que te lastimara. Como dije, estaba mi mente en el libro y no te vi ¿estás bien? -. este solo vio que ella asentía con la cabeza y por su naturaleza no pudo evitar enojarla, mas no ofenderla.

-ya veo. Se que he mejorado físicamente, pero no es para que se te corte el habla-. Siendo objetivo, sonó mejor en su cabeza que cuando lo dijo.

Candy lo miro incrédula. ¿Qué se creía Leagan? - No Neil, no te ves en lo más mínimo diferente. Me disculpo nuevamente por estar en tu camino, que tengas linda tar…- se vio interrumpida cuando vio un gesto de incomodidad en él, optando por guardar silencio.

-olvídalo Candy, da Igual. Que tengas linda tarde-. Él iba a decir algo más, pero era inútil y no sería él si le decía algo amable o le preguntaba casualmente por su vida. Era mejor una retirada antes de seguir viendo la hostilidad en la mirada de la rubia.

Él ya tenía sus libros en sus manos, así que sin esperar que ella dijera nada más le dio la espalda y se retiró del lugar.

Llego a su casa más enojado que frustrado, buena señal para él, puesto que la indiferencia hacia las demás personas le resultaba más cómodo.

-Neil, hasta que llegas. Vamos a salir a dar un paseo-. Eliza esta arreglada para el tour del día, ir a visitar a sus amistades.

-yo creo que no Eliza. Lo que menos quiero es volver a salir por el resto de día-.

Eliza vio cómo su hermano cargaba una serie de libros, entraba a su habitación y azotaba la puerta de la misma manera como si esta lo hubiera insultado. Eliza pocas veces acepta un no por respuesta y como terquedad es su segundo nombre, fue inmediatamente a la habitación de él y sin más entro para encontrar los libros tirados en el suelo y a su hermano acostado en la cama con uno de sus brazos tapándose los ojos.

-tu nunca puedes aceptar una negativa de mi parte, ¿cierto? -. suspiro el castaño con pesadez, pero sin dirigirle una mirada.

-así es y no veo porque te sorprendes, tonto-. Empujo las piernas de Neil para sentarse en la cama. -puedo entender que estés en la oficina de papá todo el día, que te aburres en casa, pero aun así me niego a aceptar que no salgas ni siquiera un rato conmigo-.

Neil empezó a reírse. -porque no admites que sin mi te aburres también Eliza. O mejor aún, admite que me quieres para cargar tus comprar y no sentirte sola sin compañía masculina mientras las demás damas están ahí con sus parejas-.

Tras el comentario la habitación quedo en silencio. Cosa que le sorprendió al dueño de esta, se quitó el brazo de la cara para poder ver a su hermana.

-mira Neil, no sé qué te tiene enojado y frustrado, pero eso no te da el derecho de que me vengas a decir esa serie de cosas. No soy la mejor hermana, pero creo que jamás te hecho maldades, sino que las hacemos juntos-. La joven se levantó de la cama y salió de la habitación dejando tras de sí a un castaño por lo más confundido y si se podía más frustrado aún.

-maldita sea, lo que me faltaba. Con lo que me costó bajarle el enojo por abandonarla en las mañanas-. Y es que su hermana había hecho el berrinche colosal cuando se enteró que él se iba a ir con su padre a las oficinas y ni que decir su madre, argumentando que ¿Cómo su pequeño iba hacer un empleado más del lugar?

Eliza tenía razón, si se peleaban, pero como los hermanos que eran. Las maldades eran siempre para terceras personas y nunca entre ellos. Así que con todo el fastidio del mundo se dirigió rumbo a la habitación de su hermana.

-abre tonta-. Siempre el cálido amor entre familia.

-piérdete inútil-.

Neil volvió a reír. -si madre te escuchara hablar, te mandaría de vuelta al san pablo sin importarle la guerra-.

Escucho un suspiro tras la puerta de la habitación. -madre sabe de mí y de ti cosas peores y míranos, tan consentidos y mimados como siempre-.

En eso escucho como se abría la puerta, revelando a su hermana con cara de enojo. - ¿Qué quieres Neil? -.

-no voy a salir contigo hoy-. Apenas soltó eso veía como la puerta iba con toda la intensión de darle en la cara, cosa que por poco pasa sino es que él logra detenerla y terminar de hablar. -tan impulsiva como siempre. saldremos mañana, hoy no tengo humor y seré más pésima compañía de lo que ya soy-.

Eliza relajo el agarre de la manija de la puerta. -quiero que me digas que te tiene de mal humor, porque por lo que cuentas siempre en la cena, estas muy a gusto con padre en las oficinas-. Se hecho a un lado para dejarlo pasar.

-no te daré muchas explicaciones, pero solo diré un nombre-. La miro mientras se acomodaba en la salita que poseía su hermana en el balcón.

-te puedo tirar por la ventana-. Y no lo decía como pregunta su hermana.

-Candy-.

El joven solo vio cómo su hermana retorcía la boca tras escuchar ese nombre.

-que fastidio contigo Neil. ¿ahora por qué andas pensando en la huérfana? -.

-me la encontré en la biblioteca y no diré más nada-. Sentencio con la mirada de que no aceptaría un interrogatorio.

-va, como quieras. Solo déjame decirte una cosa, ella no te conviene. Y no lo digo por la piedra en el zapato que es, si aún no estuviera esa involucrada con nuestra familia igualmente no te convendría ¿te imaginas los problemas que te traería? Su pasado y su clase no va con nuestro ritmo de vida Neil, siempre ha importado eso aun cuando no te guste. Así que es mejor que vayas desechando cualquier idea amorosa con esa tipa-.

La miraba con la ceja alzada ¿su hermana dándole consejos? Esa Eliza era falsa, no podía ser su hermana.

-no me mires así, soy tu hermana, aunque no queramos-. Sonrió. -es obvio, al menos para mí el darme cuenta de tu fijación ella-.

-oh, y yo que pensé que tu mundo giraba solo en torno a ti-. Evitaría a toda costa hacerle notar a su hermana, que sus palabras lo hicieron pensar.

-hermano, hermano. Mi mundo te incluye, lo quiera o no-.

Ambos se miraron y sonrieron. Si bien se parecían, por lo mismo se comprendían entre ellos. Por muchos años siempre han sido solo ellos 2 en ese pequeño círculo que admitían haber creado en base a sus acciones y así estaba bien, así se sentían bien.

Tras esa platica los meses fueron pasando, el empeño de Neil por aprender lo más que se podía de todos, era la base para seguir aferrándose a la posibilidad de haber encontrado algo que le llamara la atención aparte de ser un bravucón. Aun pese al ajetreado nuevo ritmo de vida, buscaba la manera de siempre cumplirle a su hermana. La plática que se sostuvo en esa habitación le enseño a no solo ver a una compañera o colega de maldades, sino realmente a la hermana que le apoya, muy a su manera, y que él también le apoyaría como protector que el sería más delante de ella.

Diciembre toco de nueva cuenta la puerta, ya con los fríos que hacían sacar las nuevas prendas cálidas de temporada, donde ya se ansiaba que llegaran las fechas festivas para descansar y pasar con la familia en medio de festejos; por lo mismo, la actividad dentro de las oficinas del banco estaba al 100%. Muchos documentos que tener en regla para la espera del siguiente año, muchos otros tantos documentos que apremiaban ya que eran generalmente para el retiro de fuertes sumas de dinero, mismo que seguramente patrocinarían las mejores reuniones en los círculos sociales de chicago.

- ¡Neil! Trae por favor los documentos del Sr. Lewis y del Sr. Peterson-. Una voz proveniente de alguna de las oficinas ahí, lo saco del trance con el que había empezado el día.

-En un momento, Sr Miller-. Si, él estaba respondiendo de buenas maneras a alguien que le estaba emitiendo una orden. Algo que jamás diría en voz alta entre los jóvenes con quienes se codeaba en las fiestas a las que asistía, bastante era soportar lo que decían a sus espaldas como aguantar aún más y no poderles borrar las sonrisas con un puñetazo.

El cambio en las maneras de Neil había sido notorio para todos: Eliza lo sentía menos manejable, su hermano era ya alguien que le sostenía los berrinches verbales a un nivel que ella nunca se hubiera imaginado; por otro lado la madre de estos veía como su hijo se desenvolvía de mejor manera y como este acudía con menos frecuencia a su protección, era menos influenciable; el Sr Leagan era el más orgulloso ahí, ver a su hijo de esa manera tan independiente aunque aún le quedan sus rasgos de orgullo era algo que poco a poco moldearía a su favor y más en la elite en la que se encontraban.

El mismo Neil se había dado cuenta del cambio en su persona al empezar a aprender a que no a todos se les tiene que mirar por arriba del hombro y lo confirmo de la manera más confusa…

Meses atrás, varios tantos meses atrás, entro a la casa escuchando las pláticas tan singulares que se daban ahora en la sala principal por donde corría una buena brisa aun para las fechas de verano que era.

-no viene como protagonista, pero eso es lo que menos importa-. Escucho hablar a una de las "amistades" de su hermana

- ¿es verdad que estudiaste con él? - pregunto otra joven

Vio como Eliza se regodeaba en su lugar. -por supuesto, fuimos muy íntimos amigos-.

Neil alzo una ceja al escuchar eso, íntima amiga ¿de qué masoquista?

-oh Eliza, tenemos que ir a la obra. ¿Es tan guapo como se rumorea? -.

-tranquila querida, al menos mi familia ya adquirió los boletos. Y respondiendo a tu pregunta, es más, mucho más guapo. Es tan galán, digno representante de la nobleza inglesa-. Suspiro esta.

Tras lo dicho, Neil por fin pudo atar cabos y hablaban ni más ni menos que de Grandchester. El castaño entro haciéndose notar en la sala de estar.

-así que el señorito Grandchester vendrá a la ciudad. Que sorpresa que haya salido actor-. No saludo, no valía la pena. Fue directo a las licoreras a servirse un trago.

-así es Neil, ¿también eras amigo de Terry? -. Camila era tan fácil de engañar, fue prácticamente la que sustituyo a luisa al llegar a América.

Neil tomo asiento lejos de ellas, por seguridad. -En lo más mínimo. Ni el me soportaba ni yo le aguantaba-.

-ya veo. Que difícil debió haber sido la amistad entre ustedes-. La afirmación la hizo otra chica, mirando a Eliza. Julissa era otra amiga más, muy tierna para estar con ellos.

Antes de que su hermana pudiera siquiera hablar. -ustedes son tan hermosas como inocentes. ¿Creen que Eliza pudo ser íntima amiga de Grandchester? Señoritas, no me hagan reír. -se dirigía a la puerta. -Mi hermana era, mucho antes que yo, la enemiga número uno de él. Permiso-.

Al subir las escaleras escucho el grito de su hermana llamándolo, como buen hermano subió lo que quedaba corriendo y riendo para así encerrarse a piedra y lodo en su habitación.

Tras esa noche, las semanas pasaron y llego la noche del estreno de la obra en chicago. Se vio cruelmente chantajeado por las mujeres de la familia para que él asistiera, no es que no le gustara el teatro o la compañía ahí, pero presentía algo.

No era más que llegar a lugar y todo se volvió extraño. En las escaleras para entrar, ahí estaba ella, por fin con otro peinado, con ropas que le acentuaban mejor el cuerpo, pero como siempre con ese aire jovial en su rostro. El la miro de frente y enseguida le dio la espalda, su propósito no era ignorarla sino lograr que ni su madre ni hermana la viera… fallo en el intento.

- ¿Quién tenemos aquí? ¡La dama de establo en el teatro! – Eliza la miro con superioridad. -vas a entrar por la puerta de atrás, supongo. Porque sinceramente dudo mucho que alguien como tú, tenga los medios para entrar a un lugar como este-.

-Eliza, cállate. Tiene más recursos que nosotros, te recuerdo-. Le dijo cerca al oído a su hermana.

-te cayas Neil- lo reprendió su madre.

-Buenas noches Sra. Leagan. Buenas noches Eliza, Neil-. Respondió como si nada de lo anterior hubiera sucedido. -Agradezco la preocupación, pero si tengo el medio para entrar-. La rubia sacaba de su bolso un boleto. – Así que, si me lo permiten, me retiro-. Hizo el ademan de despedida y se retiró del lugar.

- ¿Quién se cree esa huérfana? -. Eliza estaba roja del coraje.

-¿Quién se cree? Bueno es una Andrew y lo más seguro es que ese boleto sea regalo de Grandchester-. Tras lo dicho se ganó una mirada de odio por parte de su hermana.

-Ya basta los 2, no te rebajes-. Decía su madre a su hermana, mientras ambas miraban con desdén por donde se fue la rubia

Entraron pasando por un lado de Candy, llegaron al palco de la familia. Eliza buscaba donde posiblemente se sentaría la rubia, además de que estaba esperanzada con tener la posibilidad de ver a Grandchester. En esa tarea estaba cuando más gente empezó a llegar, saludando y presumiendo de la estancia del lugar. Minutos más tardes Neil se percató de la usencia de su dolor de cabeza personal y salió a buscarla, encontrándola en el escenario que más se temía.

-Dudo mucho que él te quiera ver. Te ahorre la pena, querida. - vio cómo su hermana tiraba papeles al piso dándose la media vuelta para regresar por donde vino.

El castaño se había escondido detrás de los pilares viendo el final del episodio, se acercó a la rubia fijándose principalmente en el suelo, el boleto hecho pedazos. La vio inclinarse para recoger los restos que quedaban, él no la detuvo, espero hasta que se levantara y lo mirara.

- ¿Qué más Neil? ¿otra burla acaso? -. por fin lo miraba.

Este no respondió, estiro el brazo con algo en la mano dirigiéndose a ella.

-Toma, no me lo pidieron. Nunca lo hacen-.

Candy estiro la mano y tomo lo que le ofrecían, era un boleto. Quiso decir algo, pero Neil ya se había alejado de ella.

-Estúpido-. Se escucho decir en algún lugar de la oficina.

- ¿Qué pasa Neil? - a su padre no le sorprendía ese lenguaje.

El joven suspiro con cansancio. -pasada mucho y a la vez nada. No te preocupes padre-. Encogiéndose de hombros y con documentos en mano siguió con el ritmo dentro del banco en este mes de diciembre.