DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

SUEÑOS AJENOS

CAPITULO 1

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Junio 27, 2005

A partir de hoy todo podría cambiar y aún no sé si eso será bueno o no...

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- Buenas noches, cielo – saludó a Tanya que revolvía una salsa de espárragos en la cocina

Su guapa novia se volteó a verle con una sonrisa.

- Sí que has tardado hoy

- Ni lo digas. Una urgencia a última hora.

- ¿Problemas?

- No, en realidad. Un niño con un golpe por una caída de un columpio – explicó – Pero está bien, no se ha hecho nada.

- Mejor así. Venga, vete a la ducha que la cena ya casi está lista.

Cuando salió del baño veinte minutos después, Tanya servía la cena.

Tanya Denali era ginecóloga en el Presbiteryan donde él trabajaba como pediatra. Habían comenzado su relación dos años atrás y hacía seis meses que vivían juntos en el departamento de él, en el SoHo.

Al acabar el instituto en Forks, Edward había marchado a Nueva York donde había estudiado la carrera de medicina en la Universidad de Columbia, para especializarse en pediatría.

Había elegido Nueva York porque era donde su hermano Emmett vivía con su esposa Rosalie.

Edward había estado viviendo con ellos durante unos meses y le habían ayudado a instalarse por su cuenta.

Desde entonces vivía en la ciudad.

Al acabar la universidad se había casado con Irina Liubovna, buscando tener lo que su hermano y Rose tenían.

Irina había sido su compañera de clases y habían salido durante seis meses. Su matrimonio fue casi tan corto como su noviazgo y a los nueve meses se divorciaron.

Desde entonces se tomaba sus relaciones con más calma y a pesar de que vivía con Tanya, no tenía planes de matrimonio a corto plazo, por más que su familia amara a su novia, e insistieran en verlo casado y formando su propia familia.

Su hermana Alice también había estudiado en Nueva York y de la misma forma que sus hermanos mayores, se había negado a volver a Washington al acabar los estudios.

Teniendo a sus tres hijos y sus dos nietos, los hijos de Emmett, allí, los Cullen no tardaron en dejar Forks, en cuanto Carlisle se había retirado tres meses atrás.

- ¿Qué es esto? – preguntó Edward levantando el DVD que había sobre la mesita del salón en cuanto se instalaron en el sofá con sus tazas de café, después de cenar.

- Oh, una película que alquilé para ver esta noche

- ¿Cumbres Borrascosas? – preguntó extrañado

- Sí, pero es una versión nueva de la MTV

Edward hizo un mohín disgustado. Había visto Cumbres Borrascosas en su versión de 1939 con Laurence Olivier y Merle Oberon y también en la versión que Juliette Binoche y Ralph Fiennes hicieron en 1992. Esta versión de la MTV por alguna razón no le parecía que fuese a ser muy fiel al libro.

- ¿Crees que puede ser buena?

- No lo sé – confesó la chica – Pensé que te gustaría verla

- ¿A mí? – inquirió sorprendido – ¿Y por qué lo pensaste?

- Hoy terminé de desembalar las últimas dos cajas que envió Esme de tu habitación en Forks – explicó en un sorpresivo cambio de tema, que resultó no ser tal.

- ¿Tiene eso algo que ver con que hayas alquilado esta película?

- Sí – sonrió la chica petulante y fue hasta el estudio antes de volver con un libro en las manos – Este libro estaba entre tus cosas

Edward estiró la mano y tragó saliva al tomar la vetusta edición de Cumbres Borrascosas que Tanya le entregó.

- Vaya – suspiró cuando los recuerdos le asaltaron.

- Sí, me sorprendió que no te hubieses traído ese libro cuando hiciste tu traslado. Sobre todo teniendo en cuenta que debías adorarlo, dado el desgastado estado. Además he visto que tiene subrayados diálogos y escenas enteras.

- Hacía siglos que no veía este libro

- Nunca me imaginé que fueras tan fanático de Emily Brontë

- No creo que lo fuera – confesó

- Pero leías mucho este libro

- Un poco, sí

Llegaron a su mente las imágenes en blanco y negro de la última vez que vio a Bella Swan, su novia de instituto y la dueña del libro.

Recordaba su cuerpo desnudo teñido de naranja por las llamas de la chimenea que se reflejaban en su piel.

Besaba las suaves pecas de su espalda mientras recitaba para ella las palabras de Heathcliff.

Habían pasado doce años de aquella última noche, pero aún recordaba el dolor que había oprimido su pecho cuando la vio subirse a aquel coche.

El rostro lloroso de Bella con su mano apoyada en el cristal de la ventanilla del coche, era la última imagen que tenía de la chica que había amado tanto.

Aún después de doce años, todavía le oprimía el pecho esa triste angustia.

- ¿Está todo bien, cariño? – preguntó Tanya preocupada ante su rostro inexpresivo

- Eh, sí, claro – sonrió aunque su sonrisa no llegó a sus ojos – Sólo recordaba

- ¿Qué cosa?

- Nada, cielo, tonterías. Venga – dijo entregándole el DVD – veamos qué tal estos Catherine y Heathcliff modernos

- Hey, hablas como un viejo – rió la chica mientras se levantaba del sofá para acercarse al reproductor de DVD

.-.-.

Bella se observó en el amplio espejo del baño buscando algún tipo de diferencia en su cuerpo desnudo.

Sopesó sus pechos apretándolos, observó su plano vientre poniéndose de costado, miró con atención sus caderas.

Nada había cambiado. Sus pechos no se veían más llenos ni los sentía más sensibles. Las aureolas de sus pezones tenían el mismo tono rosado de siempre. Su vientre y sus caderas se mantenían inalterados.

Pero aún así no pudo evitar pensarlo. Tenía un retraso de diez días y eso nunca le había sucedido.

No podía evitar imaginar la reacción de Garrett, su novio desde hacía ocho años.

Nunca se habían planteado la opción de tener hijos pero era muy probable que ahora estuviera embarazada sin haberlo buscado.

Sabía que Garrett había estado muy estresado estos últimos días por el estreno la próxima semana de su primera temporada como primera bailarina del American Ballet Theatre.

Éste era también un importante trabajo para Garrett como coreógrafo, y todo lo que había trabajado para llegar allí junto a ella, lo inquietaba.

Pero decirle que iban a tener un bebé, sin duda alguna lo alteraría.

Habían regresado a los Estados Unidos hacía ya casi tres años, cuando Garrett Pace, su profesor de danza desde que tenía 16, quien además era su novio desde que había cumplido 20, le había conseguido una audición que la había instaurado como solista de la compañía.

Ahora, tres años después, cuando finalmente Maggie Barnes se había retirado, Bella había ocupado su lugar como primera bailarina.

Su debut sería en el personaje de la exquisita Giselle.

Habían trabajado tanto por este momento, que era inevitable que ambos estuvieran ansiosos y nerviosos.

- Isabella – le llamó Garrett al otro lado de la puerta del baño – ¿Estás bien?

- Sí – respondió a la vez que se calzaba sus braguitas y la amplia camiseta que utilizaba para dormir – Enseguida voy

- Es tarde, cariño, deberías dormir.

- Sí, aquí estoy – dijo abriendo la puerta para encontrarse al hombre de pie frente a ella

- ¿Está todo bien? – indagó preocupado acariciando su mejilla

- Sí, perfectamente – sonrió pasando a su lado para ir hacia la cama

- ¿Estás nerviosa por el estreno? – sonrió indulgente rodeándola con sus brazos cuando se acostó a su lado

- Un poco

- Todo estará bien, no tienes de qué preocuparte. Te has preparado mucho para esto, cariño.

- Sí, lo sé

- ¿Te preocupa Renée? – aventuró el hombre

- ¿Crees que debo preocuparme por ella?

- Desde luego que no, querida. Tu madre ha esperado años por verte en el papel de Giselle

- Por eso mismo. Podría defraudarla

- Nunca la defraudarás – aseguró convencido

Su madre había dejado el ballet cuando había resultado embarazada a los 20 años. Siempre había querido protagonizar el papel de Giselle, pero nunca había tenido la apariencia frágil y delicada que exigía ese rol. Menos aún después de dar a luz, cuando su cuerpo cambió drásticamente.

Desde que Bella había cumplido 4 y la había inscripto en clases de ballet, se había encargado de todo lo necesario para que la chica se convirtiera en primera bailarina de alguna importante compañía.

Cuando Bella cumplió los 16, asesorada por Garrett Pace, un bailarín inglés retirado de 26 años, que se había convertido en el profesor y representante de Bella, se llevó a la chica a vivir a Londres.

Allí audicionó para el Royal Ballet y comenzó sus clases de danza.

Allí mismo entró a la compañía y allí fue una importante solista hasta que cumplió 25 y Garrett consiguió que la admitieran en la compañía neoyorkina del American Ballet Theatre.

Bella no podía imaginarse lo que molestaría a su madre que ella se hubiese embarazado justo en ese momento, que estaba a sólo dos semanas de su debut como primera bailarina.

A pesar de eso, Bella no podía evitar emocionarse con la idea de tener su propio hijo.

Un bebé creciendo en su interior.

SU bebé creciendo en su interior.


Hola! Sé que todos esperaban este capi hace más de una semana. Ojalá las cosas hubieran sido diferentes y lo hubiese podido subir entonces.

La semana pasada fue la peor de mi vida pero por suerte todo está mejorando, mi mamá tuvo un problema de salud muy grave y tuve que viajar de inmediato y evidentemente me desconecté de todo. Gracias a Dios todo está mejorando.

Les agradezco a todos la paciencia y muchas gracias también a todos quienes se preocuparon al ver que no había publicado.

Aquí subo el primer capi que ya tenía preparado para subir. No sé cuándo podré publicar el siguiente ya que todo depende de cómo vaya todo. Les vuelvo a agradecer la paciencia y la comprensión.

Gracias a todos por la acogida que ha tenido este nuevo fic. Gracias por los reviews, alertas y favoritos, y gracias por leer.

Dejo el adelanto del próximo capi:

El hombre sonrió ante su rostro asustado antes de prestar atención a lo que le entregaba.

- ¿Qué es esto, Isabella? – preguntó con extrañeza molesta

- Una prueba de embarazo

- Sí, eso ya lo veo, pero ¿qué significa? ¿para quién es?

- ¿Cómo para quién? – inquirió frunciendo el entrecejo – Para mí, ¿para quién más podría ser?

- ¿Para ti? – exclamó perplejo

- Sí. Tengo un retraso de 10 días.

Besitos y nos seguimos leyendo!

(De nuevo prometo no abandonar "El duque y la cortesana")