HOLA A TODOS, ADVERTENCIA DE LEMON, SI NO QUIEREN LEERLO, SÁLTENSE EL FRAGMENTO HASTA LA PARTE INDICADA. ES LA PRIMERA VEZ QUE ESCRIBO LEMON ASÍ QUE NO SÉ SI ESTÁ BIEN. ESTO VA DEDICADO A UNA AMIGA, FAN DEL LEMON, QUE ESTABA ANSIOSA PORQUE HICIERA ALGO ASÍ. POR ESO... AQUÍ TIENES TU PRECIADO LEMON LIGHTLESSDAY.
Capítulo 2
Destino final, la isla maldita
(Breeanna)
Hacía tiempo que no sonreía tanto, tanto tiempo como el que llevaba creyendo que Will había muerto. Aún recordaba el dolor en mi pecho el verle ser absorbido por el vórtice de oscuridad creado por el siervo de Gysterion antes de que hubiera podido acabar con su patética vida. Sus lágrimas y su triste sonrisa antes de esfumarse en la oscuridad. Necesitaba saber lo que le había pasado esos últimos cien años. Se lo iba a preguntar, en el barco rumbo a Kamekor.
-Bree, despierta-dijo una voz proveniente del exterior.
Parpadeé varias veces para darme cuenta de que Lucy estaba frente a mí, chasqueando los dedos para sacarme de mi mundo de sueños.
-Ya sé que tu reencuentro con Will es magnífico, y me alegro, pero hay que subir al barco así que no te quedes plantada en medio del puente.
Era cierto, un grupo de personas a mi espalda gruñía y refunfuñaba porque estaba quieta en medio del puente de acceso al barco. Me apresuré a pasar el puente y dejar pasar a las personas que tenía detrás.
Una vez hube pedido perdón, empecé a buscar a Gajeel con la mirada, que había pedido ocuparse de Viare. Me gustó la idea, pero seguía temiendo que Viare hiciera alguna jugarreta, y debía cumplir mi promesa.
(Flashback, quince años atrás)
-Lamento lo sucedido con el Phantom Lord, Bree.
-No pasa nada, Ian-respondí-Es normal que la gente rechace lo que no conoce.
-Te tienen miedo-murmuró el muchacho.
Yo asentí.
-Gajes del oficio. Al parecer me pasaré el resto de mi inmortal y patética vida divagando por el mundo como un vagabundo.
-No digas eso-exclamó Ian-Encontrarás tu sitio en este mundo. Todos lo tenemos.
Esbocé una sonrisa amarga.
-En estos doscientos años no lo he encontrado, ¿cómo voy a encontrarlo ahora?
Ian giró la cabeza a un lado.
-Porque vales la pena.
Sorprendida, miré a Ian.
-¿Qué…qué quieres decir?
-Estos últimos dos años… estando contigo… yo…
Esperaba que el miedo me invadiera, miedo a que confesara algo, pero ese miedo no llegó. ¿Por qué? Porque sabía lo que quería decir, y lo que yo iba a responder.
-Ian-le insté-Dilo.
-Ha sido el mejor año de mi vida-susurró, aún sin atreverse a mirarme-Por eso quería pedirte que…
Se volvió un momento pero cuando me miró se giró de nuevo, sonrojado. Esbocé una sonrisa. Era tan tierno…
-Ian, yo siento lo mismo-murmuré, y mi sonrisa se desvaneció-Pero ya conoces mi juramento, inmortalidad hasta que Gysterion muera, y es imposible. Tú envejecerás, y yo permaneceré así, para siempre. No puedo casarme.
Ian suspiró, desconsolado. Me dolía, claro que sí, Ian había sido el único capaz de llegar a mi corazón desde la muerte (supuestamente) de Will, pero no podía renunciar a mi juramento, la humanidad dependía de mi absurda existencia.
No quería verle así, ya había hecho daño a demasiada gente, así que le abracé. Él sorprendido, me devolvió el abrazo.
-Tal vez no pueda estar contigo, pero por eso te haré una promesa.
-¿Qué tipo de promesa?-inquirió Ian con voz temblorosa, acariciándome el cabello.
-Viare-musité contra su camisa.
Ian se tensó, su mano sobre mi cabello se detuvo.
-¿Lo dices en serio?-murmuró.
Separé mi mejilla de su pecho y le acaricié el pelo castaño oscuro.
-Muy en serio.
-Pero debe saberlo-añadió Ian.
-Lo sabrá, en su momento-respondí decidida.
(Flashback finalizado)
-¡Vuelve a agarrarme y te tragarás mis puños!-gritó una voz.
Viare.
-¿Quieres intentarlo?
Gajeel.
-Lo que faltaba-murmuré.
Gajeel y Viare estaban junto al palo mayor, el uno frente al otro, con expresión amenazante.
-Encima de que me secuestráis haced el favor de tratadme con honores-exclamó la muchacha.
-Como si te los merecieras, niñata engreída.
-¡Repite eso, trozo de hierro oxidado!
-Todo lo que quieras, tierra seca.
-Calmaos ya los dos-intervino Natsu, que le había pedido a Wendy que usara Troia sobre él para aguantar el viaje.
-¡Cállate, ojos puntiagudos!-gritaron Viare y Gajeel a la vez.
Natsu parecía a punto de saltar sobre ellos pero le puse una mano sobre el hombro para detenerle.
-Déjamelo a mí.
Natsu se hizo a un lado. Usé mis poderes de aire para elevar a ambos contrincantes y dejarles colgados de un poste del barco.
-Vosotros dos, ya está bien-dije cruzándome de brazos-El viaje hasta la isla va a ser largo así que me haréis el favor de no pelear. Gajeel, sé que Viare está siendo insoportable, pero no te reduzcas a su nivel. Y Viare, por ahora seré buena y te daré la oportunidad de relajar esos sumos, pero como te sigas comportando así te obligaré a seguirnos nadando, y las dos sabemos que no sabes nadar.
Viare me dedicó una mirada envenenada antes de suspirar y asentir. Gajeel también asintió así que les bajé del poste. Natsu nos observaba divertido, sobre todo para burlarse de Gajeel, que le fulminó con la mirada antes de dirigirse a los camarotes. Viare agarró un cabo y subió al palo más alto.
-Viare es incorregible-musité en voz baja, pero no lo suficiente como para que cierta persona no me oyera.
-No tuvo la educación de unos padres, ¿me equivoco?
Sorprendida, miré a Erza, que estaba apoyada en el la borda del barco con los brazos cruzados.
-Lucy y yo le preguntamos a Crux sobre Viare-explicó Erza.
Asustada y sorprendida, me acerqué a Erza para que nadie oyera nuestra conversación.
-¿Qué sabéis?-inquirí con sequedad.
Erza, con expresión seria, me respondió.
-Su padre, Ian Drake, lleva casi diez años en prisión. Su crimen: matar a un mago que, según él, pretendía matar a su hija. Viare fue criada en el White Anchor, el gremio de magos más cercano al lugar en el que vivía Ian. Viare se mantenía lejos del resto de magos, entrenaba sola… no hablaba con nadie. Lo único que sabían de ella sus compañeros de gremio era que su padre estaba en la cárcel, que era una Dragon Slayer de la tierra y que todos los trabajos que realizaba eran exitosos y rápidos. El único misterio en su expediente es su madre. Ian nunca habló de ella, pero los rumores dicen que le abandonó a él y a Viare cuando ella tenía tres años. ¿Razón? Desconocida. Ni siquiera Viare conoce a su madre. Pero algo me dice que ella tenía sus propias razones.
-No me gusta que la gente insinúe tan descaradamente-respondí con un susurro amenazante.
-¿Prefieres que lo diga alto y claro?
Apreté los dientes y reduje velozmente la distancia entre Erza y yo, daga en mano. Manteniéndola en el borde del barco y usando mi daga en su cuello, le susurré.
-No te atrevas o no dudaré en matarte, recuerda que en este viaje eres inútil.
Pero Erza se mantuvo firme.
-¿Por qué no se lo has dicho?
Mi mano tembló un momento, pero sujeté con fuerza la daga y la pegué más a su cuello.
-No he encontrado el momento adecuado, pero se lo diré. Además, no es asunto tuyo.
-Lo es de Viare-respondió Erza-Necesita saber que tiene una madre.
Cada vez más furiosa, empujé un poco más a Erza hacia el borde del barco, su espalda se dobló.
-¡No es asunto tuyo!-exclamé, alzando más la voz de lo que pretendía.
-¡Bree! ¡Detente!-gritó Lucy.
Me alejé dos metros de Erza de un salto. Lucy, Natsu, Gray y Will habían aparecido de repente. Gray se acercó a Erza, un fino río oscuro le brotaba de la mandíbula. Le había cortado. Gray le examinó la herida y se volvió hacia Natsu.
-Busca a Wendy, Erza necesita que…
-No es nada, Gray-respondió Erza.
-¡Pero a ti que mierda te pasa!-me gritó Lucy-¿Estás loca? ¿Querías matarla? ¿Qué pretendes?
Lucy estuvo a punto de soltar más locuras pero enmudeció cuando le lancé la daga, que cortó un mechón de su cabello.
-Volved a meteros en mi vida o decid una palabra y cortaré algo más que ese pelo tuyo.
Lo último que vi antes de volverme hacia los camarotes fue la mirada extrañada y sorprendida de Will. ¿Qué haría si llegaba a saber que tenía una hija? No estaba segura, pero tampoco quería saberlo. Ambos habíamos sufrido demasiado… pero a la vez no quería alzar más muros entre nosotros, si le ocultaba lo de Viare viviría el resto de mi vida con la culpa en mi corazón.
Entonces lo decidí. Se lo contaría, y si optaba odiarme lo aceptaría, yo me lo había buscado.
(Lucy)
Las manos aún me temblaban por la sorpresa mientras observaba a Wendy usar sus poderes para curar el corte de Erza. Natsu estaba a mi lado, sentado en un barril.
-¿A qué se refería Bree?-inquirió el muchacho.
Bajé la mirada. No podía decirlo. Tenía el presentimiento de que Bree lo averiguaría si se lo decía a alguien.
-Como Bree ha dicho, si contamos algo nos matará-musité, aterrada por ver el auténtico poder que poseía esa misteriosa maga.
-No lo hará-replicó Natsu-Nosotros os protegeremos. Por favor, explícame lo que le pasó a Bree.
Suspiré. Natsu tenía razón, éramos un gremio, el gremio de Fairy Tail, y nosotros protegemos a nuestros compañeros.
Asentí, temerosa.
-¿Recuerdas a Crux? Uno de mis Espíritus Celestiales.
-Eh…ahora mismo no caigo-respondió Natsu.
-Él puede averiguarlo todo de cualquier persona, y Erza y yo decidimos investigar sobre el pasado de Viare. Erza decía que esa chica le daba muy mala espina. Las dos nos sorprendimos al descubrir que su madre era Bree.
-¿Qué?-exclamó Natsu-¿Cómo?
-Recuerda que a pesar de parecer que tiene dieciocho años tiene más de trescientos.
-Por eso se cabreó tanto…
-¡Pero sigue sin ser excusa!-repliqué-Lo único que hizo Erza fue instarle a decírselo a Viare.
-Digamos que a veces Erza tiene una peculiar manera de decir las cosas-dijo una voz detrás del pilar de madera en el que me apoyaba.
Gray.
-¿Lo has oído?-inquirí.
Gray asintió. Estaba de brazos cruzados mirando a Erza. Seguramente ella también les estaría explicando lo sucedido a Wendy y Juvia. Solté una risa amarga al darme cuenta de que ambas estábamos ignorando la amenaza de Bree. Me pregunté dónde se había metido, al igual que Will, Viare, Gajeel, Happy, Charle y Lily.
-Viare es la única que debería saberlo, y no tiene ni idea-comentó Gray.
-Debemos decírselo-aconsejó Natsu.
-No es una buena idea-replicó Gray-Aunque es cierto que no es justo que Bree lo oculte, ese problema les corresponde a ellas. No podemos interferir.
Natsu apretó los dientes.
-Odio cuando tienes razón-musitó el muchacho.
Gray soltó una risotada.
-Creo que iré a disculparme con Bree-murmuré pensativa-No quiero que el ambiente se siga caldeando y, además, lo que hicimos estaba mal.
Natsu sonrió y le puso una mano en el hombro.
-Esa es nuestra Lucy.
Esbocé una sonrisa y salí de la bodega para dirigirme hacia los camarotes. El de Bree estaba justo al mío. Llegué al camarote de Bree, y estuve a punto de llamar a la puerta… hasta que oí algo:
-No puede ser cierto…-balbuceó alguien, un chico: Will-Viare es…
-Lo siento, Will-musitó Bree.
-¿Lo sientes?-exclamó Will-Me dices que tienes una hija con… otro hombre…¿y me dices que lo sientes? ¿Por qué? ¿Tan fácil fue olvidarme?
-¡Había pasado casi cien años creyendo que habías muerto! ¿Crees de verdad que me fue fácil superarlo?
-Pues no lo parece-replicó con sequedad el muchacho.
-¡Will, espera!
Oí unos pasos acercarse a la puerta y yo me apresuré a entrar en mi camarote antes de que alguien descubriera que oía conversaciones ajenas. A través de la puerta pude oír los pasos de Will acercarse y alejarse con velocidad del pasillo de camarotes femeninos.
A pesar de la gruesa pared que separaba nuestros camarotes pude oír el llanto de Bree, potente y desgarrador hasta el punto de que las lágrimas abnegaron mis ojos.
Fue entonces cuando me di cuenta de la presión a la que estaba sometida Bree, y que tanto Erza como yo nos habíamos pasado, presionándola más aún. Pues sobre ella estaba el peso del destino de Gysterion por un lado, y por el otro, su hija Viare y su amor perdido, Will. Bree sufría, y debía hacer algo para animarla pero… ¿cómo se anima a una maga cuya hija desconoce su existencia, que acaba de descubrir que su amor estaba vivo y que este la rechaza por tener una hija? Posibilidades: cero.
El día pasaba, y a la hora de cenar Bree no se presentó.
-¿Dónde se puede haber metido?-inquirió Wendy.
-Está en su habitación-respondí sin dejar de mirar el plato de comida-No quiere salir.
-Juvia la ha oído llorar-añadió Juvia apoyando la cabeza sobre la palma abierta-A Juvia le rompe el corazón.
-¿Llorar?-dijo Natsu sorprendido-Bree no parece una maga que acostumbre a llorar.
-¡Qué más da!-exclamó Viare pegándole un mordisco a un muslo de pollo-Esa tía está loca, creo que tiene un trastorno bipolar.
-No hables así de la persona que lleva trescientos años viviendo por derrotar a uno de los enemigos más temibles de la humanidad-habló Will.
Me sorprendió después de su discusión con Bree, pero me di cuenta de que cierta persona le había convencido al ver a Erza fulminándole con la mirada.
-¿Enemigos?-repitió Viare-¡Es cierto! ¡No me habéis dicho una mierda de lo que va este viaje!
-Supongo que no habrás oído hablar de Gysterion-habló Erza, pero la expresión de Viare indicaba lo contrario.
-Gy…Gysterion…-balbuceó la muchacha.
-¿Sabes quién es?
Viare temblaba y lágrimas brotaron de sus ojos. De repente se levantó y dio un golpe contra la mesa.
-¡Ese bastardo mató a mi madre!
Todos los presentes miraron a Viare sorprendidos y extrañados, pero ella lo tomó por fascinación.
-Mi padre me dijo que el mago que intentó matarme era sirviente de Gysterion, y que su objetivo era acabar con todos los magos poderosos que pudieran obstaculizar su camino. Mi madre era una Dragon Slayer de la tierra y murió por culpa de Gysterion. ¿Ese es el objetivo? ¿Acabar con Gysterion?
Ninguno de los presentes respondió, seguían sorprendidos por el hecho de que Viare creyera que su madre estaba muerta de verdad.
-¿Pero qué mierda os pasa? ¿Os comió la lengua el gato o qué?
-¡Eh!-exclamó Happy ofendido-Los gatos comemos pescado, no lenguas.
-Es un dicho, estúpido gato-repuso Viare.
-No insultes a Happy-intervino Natsu.
-¡Parad los dos!-exclamó Erza-No podéis seguir portándoos como niños pequeños, nos enfrentaremos a una gran amenaza y no nos podemos permitir estas absurdas discusiones así que tened un poco de cordura.
Viare se sentó cruzándose de brazos. Natsu hizo los mismo y ambos se fulminaron con la mirada. Erza suspiró y me dedicó una mirada preocupada. No tardé en entenderla. ¿Cómo íbamos a enfrentar los peligros con esa actitud?
Will se levantó de la mesa, había sido el primero en acabar de cenar. A pesar de saber que Erza había tenido unas palabras con él, seguía preocupada, así que devoré el último trozo de carne y me levanté rápidamente de la mesa.
Salí del comedor y me choqué con la espalda de Will en el pasillo. Pude recomponerme para ver la extrañada expresión del muchacho.
-¿Por qué tanta prisa?-inquirió Will.
Entonces me bloqueé. ¿Qué le decía? Noté cómo los colores subían a mis mejillas y por evitar una situación peor lo solté sin pensar.
-¿Vas a ir a hablar con Bree?-inquirí.
Sorprendido, me miró fijamente, asintiendo.
-¿Cómo lo sabes?
-No lo sabía-admití-Sabía que Erza había hablado contigo pero quería asegurarme de que fueras a hablar con Bree.
-No hace falta que me sermonees-respondió Will, parecía molesto, pero sobretodo preocupado, como si se sintiera… culpable-Como has dicho, Erza ha hablado conmigo.
Dubitativo miró por uno de los ojos de buey que había a mi derecha.
-¿Es cierto que ella…?
Curiosa, esperé a que acabara la pregunta.
-¿Estaba llorando?
Yo asentí, pesarosa. Eso parecía dolerle a Will más de lo que esperaba. De repente, Will soltó una risa grave, pero era una risa amarga, sin alegría.
-Ahora me arrepiento de lo que le dije, he estado pensando, poniéndome en su lugar, y me he dado cuenta de que yo no habría sido muy diferente. Después de todo lo que ha sufrido vengo yo y le recrimino el hecho de que tuviera…-tragó saliva-…una hija.
-Tú eres el único que la podrá consolar-añadí.
-Lo sé-murmuró Will-Iré a hablar con ella ahora. Por cierto, tú eres Lucy, ¿verdad?
Yo asentí.
-La maga estelar-añadí.
Will me miró fijamente… en mi opinión demasiado.
-¿Qué… qué pasa?-musité, incómoda.
-Nada-respondió Will con una encantadora sonrisa antes de volverse hacia la salida del pasillo-Nos vemos luego, maga estelar.
Antes de que se volviera por completo, vi una extraña chispa en los claros ojos de Will. Era un brillo extraño, un brillo que ocultaba, pero no era el momento adecuado de pararme a pensar en su significado así que me giré y entré de nuevo en el comedor, donde seguían mis compañeros de gremio, mis amigos.
(Breeanna)
Oí un par de golpes flojos en la puerta de mi camarote. Respiré hondo, me enjugué las lágrimas y hablé.
-¿Quién es?-inquirí, como imaginaba, mi voz estaba tomada y sonaba débil.
-Soy Will-musitó el muchacho.
Mi corazón se detuvo. ¿A qué había venido? ¿A restregarme mi pecado? No, Will no era así, tal vez hubiera pasado mucho tiempo, pero no sería capaz de hacer eso, no era cruel. Pero a pesar de eso, mi alma estaba destrozada, y no podía dejar entrar al culpable tan fácilmente.
Con las piernas temblorosas, me acerqué a la puerta y me apoyé en el marco.
-¿Qué quieres?-pregunté, mi voz era terrible, prueba de todas las lágrimas que había derramado.
-Yo…-parecía indeciso, temeroso-He venido a disculparme.
Sorprendida, respiré hondo y esperé a que añadiera algo más.
-Siento mucho haber sido injusto contigo-siguió hablando Will-Lamento haber perdido el control. Sé que estos cien años habías creído que estaba muerto, que habías sufrido. Lo que… hiciste, era decisión tuya, no tengo derecho a inmiscuirme. Y por todo eso, lo único que puedo decirte es que lo siento. ¿Podrías perdonarme?
Sin pensármelo dos veces abrí la puerta de golpe agarré a Will de la camiseta y le metí en el camarote. Cerrando la puerta de una patada, abracé a Will con fuerza.
-Claro que te perdono-respondí entre lágrimas de emoción.
-¿Tan… fácilmente?-musitó Will, parecía preocupado.
-¡Pues claro!-exclamé mirándole con una sonrisa-Y si te preguntas por qué la respuesta es fácil: te quiero, Will.
Will sonrió y volvió a abrazarme. Mis manos en torno a su cuello y las suyas en mi espalda. Noté sus frías lágrimas en mi mejilla. Me separé de él y le froté la mejilla, quitándole las lágrimas.
-Te quiero, Bree-musitó con una tímida sonrisa.
Mis lágrimas brotaron de mis ojos, emocionada. Uní mis labios a los suyos, deseando que todo ese dolor que había anidado en mi pecho durante tantos años desapareciera. Aún recordaba lo que era tener sus cálidos labios pegados a los míos. Con ganas de más, enredé mi lengua en la suya, él la recibió con agrado.
Esos besos, en un principio dulces, se volvieron salvajes, sedientos. Hundí mis dedos en su pelo negro y él se abrió paso por debajo de mi camiseta y empezó a acariciarme la espalda.
Sabía cómo acabaría eso, y no me importaba, Will era la única persona en el mundo con el que no habría tenido la más mínima duda. Bajando las manos lentamente desde su nuca a sus hombros y de sus hombros a los pectorales llegué al borde de su camiseta. Todo esto sin dejar de besarnos.
INICIO DEL LEMON
Al notar Will mis intenciones, deshizo el beso y me miró con una sonrisa pícara.
-¿Quieres revivir viejos momentos?
Me mordí el labio y le dediqué una mirada hambrienta antes de empezar a retirar la camiseta. Una vez fuera, nos dimos otro beso antes de que Will me quitara la camiseta, quedándome así en un sujetador blanco y anodino, nada sugerente, pero que Will ignoraba, centrándose solo en lo que había debajo.
Besándome de nuevo, puso sus manos en mi espalda, con el objetivo de desabrochar el sujetador. En cuanto este acabó en el suelo junto con mi camiseta y la de él, Will, agarrándome de los glúteos, me levantó en peso y me llevó hasta la cama.
Me tumbó con delicadeza y, sobre mí, me dedicó una mirada y una sonrisa llenas de lujuria y picardía antes de empezar a lamer uno de mis pechos y a juguetear con el otro con su mano derecha. Sus roces hicieron que gimiera de placer.
Al oírme Will sonrió y empezó a mordisquearme el pezón. Con la otra mano bajó lentamente desde mis caderas a mi intimidad, la cual empezó a masajear por encima de las braguitas que llevaba.
-0Estás muy mojada, ¿no?-dijo Will con picardía.
-¿De quién… crees que es… la culpa?-musité conteniendo los gemidos.
Will sonrió y empezó a besarme salvajemente mientras que una de las manos seguía jugando con mi pecho y la otra en mi intimidad
-Will…-gemí.
Ese último gemido hizo que el muchacho metiera la mano debajo de las braguitas y retomara el masaje. La excitación me erizaba el vello y estaba deseando que llegara a más. Will metió un dedo y yo gruñí de placer.
Habían pasado tantos años que apenas recordaba lo que era esa clase de placer. De un dedo pasó a dos, metiéndolos y sacándolos cada vez más deprisa. Retomamos el beso mientras sus dedos exploraban un poco mi interior. El clímax se acercó y no pude evitar gruñir de placer cuando me corrí sobre la mano de Will.
Will esbozó otra sonrisa lujuriosa antes de empezar a descender con besos, lametones y mordiscos desde mi cuello, pasando por mi pecho, mi estómago y llegando a mi intimidad. Me quitó las braguitas, machadas con el fluido cálido que también había en los dedos de Will. Metió ambos dedos en su boca y empezó a besar y lamer mi intimidad, sacándome más gemidos placenteros y profundos.
Pero había otra cosa que quería dentro de mí a parte de los dedos y lengua de Will.
-¿No crees que ya es hora de sacar de la jaula a ese amiguito tuyo?-inquirí con una sonrisa, mordiéndome el labio.
Will me devolvió la sonrisa. Empezó a desabrocharse el cinturón y a bajarse los pantalones junto con los calzoncillos. Ya casi había olvidado lo grande que era el miembro de Will. Deseando tenerle dentro, le dediqué una mirada hambrienta a Will.
-Venga, hazlo ya-le pedí.
Will me miró con picardía. Acarició mi intimidad con su miembro lentamente, como si tanteara el terreno, pero él ya había explorado ese terreno anteriormente.
-¡Vamos!-le supliqué acercándome a Will, pero él se separó con una amplia sonrisa.
-¿Cómo se piden las cosas?-inquirió.
Sabía que a Will le gustaban los juegos así que sonreí, mordiéndome el labio.
-Por favor-le pedí con un gemido lujurioso.
-Así me gusta-dijo con otra sonrisa.
Agarrándome de los muslos, se dispuso a penetrar mi intimidad. Una vez la punta estuvo dentro, el resto lo recorrió de una embestida, haciendo que soltara un gemido placentero más fuerte que los anteriores.
Las primeras embestidas fueron lentas y profundas y a medida que mis gemidos perdían intensidad Will aumentaba la velocidad, dándome un placer que no vivía desde hacía años.
Aferrando con fuerza las sábanas y a punto de un nuevo clímax, solté un gemido pronunciando el nombre de mi amado.
-Estoy a punto de correrme-musité entre dientes.
-Yo también-anunció Will, pero vi sus intenciones de correrse sobre mí.
-No es necesario-añadí-No estoy en mi época fértil.
Will sonrió y aumentó la velocidad y la potencia de las embestidas, a punto del clímax. Gemí con fuerza cuando me corrí, el semen de Will no tardó en fluir, cálido y espeso.
FIN DEL LEMON
Ambos exhaustos, nos tumbamos el uno junto al otro, suspirando.
-Ya recuerdo por qué te echaba tanto de menos-bromeé entre risas y sin aliento.
Will también se rio, pero más que una risa parecía una exhalación.
-Yo también te he echado de menos, pero por más razones.
Yo sonreí y miré a Will, su figura bien musculada pegada a la mía. Me acerqué a él y le abracé el torso, apoyando la cabeza en su pecho..
-Te quiero, Will.
-Y yo a ti, mi preciosa Bree-respondió acariciándome el corto cabello castaño.
Nos quedamos así unos minutos, y antes de que mi sueño pudiera vencerme Will me habló.
-Esa maga estelar…
Yo sonreía. Se había dado cuenta.
-Lo sé, desde el primer momento en que la vi lo supe.
-¿Se lo dirás?
-Decirle que conocimos a su bisabuela, la rica Daniela Heartfilia, no es algo de importancia.
-Es una curiosidad-objetó.
-Si surge el tema tal vez se lo cuente-respondí-Pero ahora debemos descansar, mañana llegaremos a Kamekor.
Will suspiró. Era la tercera vez que íbamos. Él me había acompañado siempre. Fue el único superviviente de la primera generación y desde entonces nuestros lazos se habían estrechado cada vez más.
Nadando en mi mar de pensamientos no tardé en sumirme en un profundo sueño.
HOLA DE NUEVO, ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO, Y SI NO ES ASÍ, MANDADME UN REVIEW CON ESOS FALLOS, MI OBJETIVO ES MEJORAR. GRACIAS POR LEER MI FIC.
