Yo! Vengo con el segundo drabble. Supongo que no aclaré que esto es una tabla de drabbles, 10 en total. La tabla es de placebo y las canciones que se usan son: every me, every you; meds; without you im nothing; song to say good bye; special needs; infra-red; english summer rain; I do; Burger queen; Broken promise. Si no han escuchado esas canciones, se las recomiendo. Los drabbles están en el orden de las canciones… So, aquí el drabble.

2.- Y el sexo, y las drogas, y las consecuencias…

Las cosas avanzaron de manera rápida. Me seguí acostando con el yorozuya, teniendo precauciones de no ser encontrados y acumulando sentimientos compasivos por él. Me dejé llevar al final por el río caudaloso que era, viendo cómo se hundía poco a poco.

Gintoki puso el pretexto de que necesitaba tener trabajo a solas, y Kagura acabó yendo a ayudar al dojo de Shipachi y su hermana. Me pidió que fuera a diario a su casa. Y así lo hice: la primera semana estuvo bien, el sexo fue activo y caliente. La segunda semana a veces estábamos muy borrachos como para siquiera tener una erección. La tercera y cuarta semana, Gintoki daba pena. Había conseguido una droga que podía inyectarse y casi siempre que llegaba a su casa él estaba dormido. A veces estaba con su propia orina encima. Lo bañé cada que fui a verlo. Lo tomaba en brazos y lo llevaba a la regadera, a mojarlo, despertarlo y espabilarlo. A veces tomamos afrodisiacos después de eso y la cosa funcionaba, teníamos muchas rondas, a veces ni siquiera quería tomar nada con él porque llegué a pensar que alguno de los dos se moriría ahí mismo… Y lo más probable es que no fuera yo.

El yorozuya siempre pedía que lo desnudara, así que cuando acabábamos y yo me cerraba el cierre de los pantalones, él se quedaba con la mirada ida, las piernas abiertas y convulsionándose tenuemente. Los labios los dejaba abiertos y jadeaba, también babeaba; poco a poco se iba relajando. Me deslumbraba cómo tenía los ojos apagados y cómo roncaba cuando dormía. A veces lloraba y se abrazaba de mí, que intentaba protegerlo. Las drogas no iban bien. Sabía que podía detenerlo por ello, que si dejaba de pagarle por el sexo quizá dejara de humillarse con esa droga, pero no lo hice, porque me gustaba verlo doblarse, sucumbir y estar sedado. Era como un bebé. Mi bebé. Estaba esa alarma de tener que sacarlo pero… Bañarlo, limpiarlo, que dependiera de mi… Me hacía sentir menos como el jefe que le pagaba por abrir un rato las piernas y más como un amante al cuidado de su persona amada. Vamos, que me hacía sentir que lo que teníamos se tocaba, era real y no sólo era un teatro para mí.

Pero claro, no soy tan imbécil.

Cuando me enteré que el plazo iba a terminarse y que finalmente los chicos iban a regresar, lo bañé, aireé el futón, hice el aseo de toda la casa y le dije que si volvía a consumir alguna mierda lo iba a arrestar y de hecho, iba muy en serio. Realmente planeé meterlo a prisión (asumía que podía tenerlo bajo mi cuidado más tiempo y que quizá podía hacer que cambiara; con tristeza me negaba eso, sabía que incluso así no era tan fácil). Gintoki hipó, diciéndome que era un idiota, que Kagura iba a matarlo y que Shinpachi iba gritarle hasta quedarse mudo. Le acaricié el cabello, escuchando cada una de sus palabras, intentando consolarlo. Cuando se quedó dormido, salí a comprarle helado, para cuando se despertara. En el camino de regreso, sólo podía recordar algunas de sus frases mientras lloraba. Estoy solo. Tirado, solo, muy solo. No voy a olvidarte, Hijikata. No voy a olvidarte, Toushiro. Con mucha probabilidad, pensé, él no va a recordar que estuvo llorando como un bebé mientras hipaba y me decía Toushiro, Toushiro con esa expresión mortificada. Pero no me iba a poder olvidar de esa cara llorosa. Se me había grabado con fuego toda esa sensación de miseria; se sentía palpable, húmeda y asquerosa. Gintoki babeó y moqueó, y de repente no entendía sus palabras. Me había encomendado a los seres divinos para que los chicos llegaran más tarde y Gintoki estuviera en sus cinco sentidos.

Qué voy a hacer, qué voy a hacer, maldita sea.

Ver sus pestañas, sus labios y esas mejillas rojas por el llanto, me hizo recordar la primera noche. Gintoki brilla como el sol, se oscurece como la noche y llora como el verano. No sé cómo hizo para atraparme en su mundo, pero cuando me di cuenta de que la miseria que teníamos me gustaba, ya era muy tarde para el retorno. Y de cualquier forma, ni siquiera quería regresar a lo que había antes, me gustaba mi realidad en ese momento, es decir, me gustaba él, no podía pedir más. Quizá estaba equivocándome en darle dinero cada que nos acostábamos, pero no sabía qué más hacer, él lo pedía y yo lo entregaba. Tampoco era como que pensara en acusarlo con Kagura y Shinpachi, ellos no debían ver la miseria que tenía su jefe. Ni siquiera yo quería verla. Me bastaba conmigo mismo para estar hasta la coronilla de conmiseraciones.

Al final, me tragué todo eso y seguí con la frente en alto. Porque eso es lo un hombre hace.