Notas del autor: ¡Perdonar si es un poco cortito! ¡Prometo extender más el próximo!
Capítulo 2
-Sé muy bien el porqué no lo has hecho. Es comprensible. Tendrías...-Sherlock se giró paulatinamente hasta la vista de John, apretando la mandíbula-Lo que tendrías que afrontar son tus sentimientos.
Se quedó callado, frunciendo levemente el ceño en un gesto de contrariedad y sorpresa.
-¡¿Qué?!- atisbó a preguntar exasperado, mientras clavaba las manos contra el reposabrazos de su viejo sillón y se revolvía los pies.
-Pupilas dilatadas, tensión muscular; dirección de tus manos, pies y piernas mirando hacia mi, ligero incremento de sudoración. ¿Quieres qué continúe?-empezó a exponer mientras le escudriñaba e iba dando pequeños pasos hacia él con rostro sombrío.
-Sherl...
-Pulso acelerado, mirada mantenida en mi más de cuatro segundos sin apartarla ni pestañear, nerviosismo en mi acercamiento, absoluta negación de tus sentimientos delante de otras personas sutilmente alarmante...-siguió diciendo, ignorándolo al interrumpirle, mientras cada vez se acercaba más al rostro de John, encontrándose a sólo unos escasos centímetros, apoyando los codos en el reposabrazos del sillón con las manos juntas.
Mientras tanto, John se encontraba cada vez más irritado y exaltado. Una gota de sudor frío recorrió su frente y se revolvió el pelo en un gesto grácil de nerviosismo, mirando fijamente a Sherlock sin poder pronunciar palabra.
En un movimiento veloz, Sherlock volvió a girarse y en unos segundos volvía a encontrarse al lado de la ventana, todavía con el violín en mano. John cogió aire, intentando serenarse.
Sherlock estuvo admirando el tránsito de la calle unos minutos, absorto en sus propios pensamientos. Un nuevo silencio incómodo volvió a inundar la sala, hasta que desvió la mirada hacia John, apoyando su mentón en su hombro, sin girarse enteramente.
Se miraron directamente a los ojos, fulminantes. Y John vio, por primera vez, la mirada más triste y melancólica, cargada de aflicción y pesadumbre, que Sherlock hubo hecho desde que le conoció. Unos ojos que guardaban todos los sentimientos tan bien guardados que contenía Sherlock, pero que solamente muy pocas veces sacaba a la luz. Una sola mirada bastó para que a John se le encogiera el corazón.
-Y aún así...-aspiró lentamente el aire de la habitación, como si quisiera aclarar su mente.-Aún así te casas.
-Lo siento, yo...No puedo más.
Y John salió corriendo del 221B de Baker Street, mientras Sherlock volvió a girarse para ver salir al doctor a través de la ventana, con un aire desolación en su cuerpo.
El doctor empezó a andar estrepitosamente calle abajo. Estaba demasiado nervioso para poder pensar a dónde ir exactamente, así que empezó a andar firmemente hacia donde fuera que le llevara el destino.
Se encontraba confundido. Más confundido que cuando vio a Sherlock tirado en el pavimento de la calle, con un gran charco de sangre tiñendo su cabeza. Más confundido que cuando conoció a Mary, en ese viejo hospital en el que antes trabajaba, y aún más confundido que cuando Sherlock reapareció en su vida, descolocándola totalmente.
Aminoró los pasos, adentrándose en la entrada de un pequeño parque con unos cuantos árboles de más, que se mecían ante la fuerza del viento otoñal. Su respiración entrecortada fue calmándose a medida que pasaba el tiempo, pero la sensación de confusión entre sus sentimientos no quería salir todavía.
Las palabras de Sherlock resonaban en su mente, como si de una reproducción automática se tratara.
Lo que tendrías que afrontar son tus sentimientos.
¿Afrontarlos? ¿Cómo?
¿Sentimientos? ¿Por quién?
...
¿Por él?
Preguntas sin respuesta aparecían ante la mente de John.
¿Sin respuesta?
Quizá siempre supo la respuesta desde el primer momento en que le conoció; quizá solamente no quería escucharla por miedo a los acontecimientos posteriores.
Quizá era demasiado obvio para los dos.
Y de pronto algo hizo "clic". Se dio cuenta de las palabras pronunciadas por Sherlock, y, uno a uno, surgieron todos los recuerdos de John sobre el detective. Recuerdos, ahora recordados desde otra perspectiva, des del lado de la cruda realidad que había intentado ignorar con el paso de los años.
Porque cuando Sherlock cayó, una parte de él cayo consigo, incluso sintió como si se le hubiera parado el corazón en el mismo instante en que Sherlock se encontraba tumbado en el pavimento.
Porque cuando conoció a Mary, quiso creer que ella reemplazaría el vacío que sentía, y aunque no fuera así, siguió intentándolo. Porque era lo que las personas hacían.
Porque aunque nunca recuperase ese vacío, fingir que todo estaba bien le hacía un poco más feliz.
Y luego reapareció en su vida, como un truco de magia. La primera vez que le vio, entre esa mezcla de rabia y furia que sentía por haberle engañado, sentía que necesitaba saber si era él de verdad. Si realmente estaba enfrente de él, con esos labios arrogantes y esos rizos azabaches, ahora un poco más largos, tapando descuidadamente los cristalinos ojos en los que sentía que se perdía en cuanto le miraba y...
Supo que quería a Sherlock Holmes. Con toda su alma, y que estuvo a punto de cometer el mayor error de su vida.
-Mierda...-resopló mientras empezó a trotar hasta correr de vuelta a Baker Street.
Subió rápidamente las escaleras de 221B, tan rápido como se lo proponían sus piernas. Llegó hacia el umbral de la puerta y, segundos después, le pareció como si todo fuera una pesadilla.
-¿Mary?-atisbó a preguntar John, aún con el aliento entrecortado por la caminata.
¡Ta chán!
Capítulo segundo subido. Sé que prometí subirlo antes pero... -se esconde- ¡Mi imaginación decidió huir de mi! ¡No es mi culpa!
Bien. Espero que os haya gustado y seguramente el próximo sea el último capítulo.
Sé que tendría que haberlo terminado aquí pero...Una idea de última hora decidió meter a Mary en todo este embrollo, así que...¡Sigue sin ser mi culpa!
Ahora sí, prometo subir el tercer y último capítulo cuanto antes. Quizá mañana. Lo prometo.
¡Gracias por leerme!
