¡Yeah! He vuelto ¿A qué estuvieron esperando mucho por esto? ¡No desesperen más! ¡Aquí está la actualización!
Disclaimer: Ningún personaje que aquí aparezca o sea mencionado me pertenece, todos son propiedad de su respectivo dueño: Yoshihiro Togashi.
Advertencia: Yaoi. Lemon, (+18), Semi-AU, Neko!Killua.
Sus ojos se abrieron con pesadez y lentitud.
Parpadeó una, otra y otra vez, hasta que por fin pudo aclarar la vista, pero solo pudo contemplar la oscuridad que rodeaba en cada uno de los rincones. Se sentó sobre el colchón mientras llevaba una de las manos hasta su frente ¿En qué momento había llegado a su cuarto? No lo recordaba.
Hasta que los recuerdos llegaron hasta él.
«E-ese pervertido... » Sujetó con fuerza las sabanas. «Últimamente estoy muy cansado e imagino cosas tontas. » Se dejó caer sobre la cama estirando los brazos. —Creo que... buscar a Ging me estresa.
—¿Quién es Ging, amo Gon? —preguntó una voz a su lado.
Mecánicamente, movió su rostro hacia uno de sus costados y allí, sentado sobre el lado derecho de la cama, tapado solamente hasta la cintura, estaba aquel "gatito" que había adquirido por internet.
—¡¿Qué demonios haces aquí?!
—Muy buenos días amo Gon~. No esperaba esa clase de recibimiento, además, usted mencionó el nombre de otra persona y eso no me agrada—. A pesar de estar fingiendo molestia, un poco de verdad tenía esa frase. —Usted solo debe decir mi nombre, ya sea entre murmullos, quejidos, jadeos, gemidos o incluso gritos; ahora. Quiero mi beso de buenos días...
—¡¿Q-qué..?! ¡Aléjate de mí, pervertido y ponte algo de ropa! —gritó mientras se sonrojaba furiosamente y en medio de la vergüenza, le lanzaba una de sus almohadas.
«Él es divertido y que sea algo tímido lo hace mucho más tentador... » Se relamió con lentitud. —No tiene que ser agresivo amo. Si Killua-chan no se ha portado mal, a menos claro... que mi amo quiera que sea malo... ¿Le gustaría castigarme?
—¡¿Qué?!
—¿No sabe lo que significa esa palabra?
—¡Claro que sí sé!
—Qué alivio, creí que mi amo era un idiota...
—¡No lo soy! ¡Eso no es lo... lo que yo quiero!
—Ah~. Ya entendí... ¿Quiere ser usted el que sea castigado? No será problema para mi amo, haré que usted sea un niño bueno luego de mi "escarmiento".
Gon se sonrojó furiosamente. —¡Ya detente...! Deja de ser... tan pervertido...—. Su cuerpo chocó contra el respaldo de la cama y entendió que había retrocedido en un intento por alejarse él. —¡N-no te me acerques! ¡No te atrevas a tocarme o te...!
—¿Qué harás? ¿Me castigaras? ¿Me darás nalgadas? ¿Me negarás sexo? ¿O tal vez evitarás que me corra al hacer el amor contigo?—. Lo miró con desinterés aunque al ver al moreno sorprendido hizo que prestara más atención a la situación. —¿Qué me harás? No creo que... ¡Oh! Entiendo, ¿Cómo no se me ocurrió? ¿A usted le gusta el sado-masoquismo? La verdad nunca lo he intentado pero sé bastante del tema...
—¿Eh?
—Vaya... conque a mi amo le gusta las cosas fuertes y que sean rudos con él. Que pervertido—. Su cola de pelaje blanco se meció de un lado al otro ante la emoción. —¿Quién creería que un virgen fuera tan perverso?
Sentía como su corazón latía aceleradamente; ¿Era sólo él o la habitación se había vuelto más caliente? —¡Ya basta! Estás... malinterpretando mis palabras.
Al ver esos ojos almendra, vio un destello oscuro a su alrededor. «Se puede ver que es muy inocente y ni siquiera reconoce las emociones de su propio cuerpo... » Killua se arrastró lentamente sobre las sabanas y en un rápido movimiento se sentó sobre el regazo del moreno. —¿Le gusta lo que ve amo o todavía no cree que todo esto le pertenezca sólo a usted?
—D-detente... por favor...—. Sintió como el felino repartía pequeños y fogosos besos por sus mejillas y cuello. —Killua... —murmuró su nombre con voz ahogada.
¿Qué era lo que le hacía sentir de esa manera... tan extraña?
El albino logró oír ese llamado, y resignado se alejó del pelinegro. Quiera o no aceptarlo, ese niño es su amo hasta que termine el mes y ordenes eran ordenes; Suspiró mientras se sentaba en la cama con una mirada aburrida en el rostro, viendo como el menor trataba de calmar su respirar.
—Si usted se comporta de esa manera... nunca podré cumplir con las normas del acuerdo.
—¿A-acuerdo? —repitió, mas luego se sintió como un tonto al hacerlo—. Killua. ¿Q-qué quieres decir con un "acuerdo"?
—Eso no suena como una orden—. Cruzó los brazos a la altura de su pecho. —Si usted quiere algo, debe ordenármelo. Así funcionan las cosas...
—P-pero... si yo te ordeno algo ¿Eso significa que soy superior a ti, no?
—Qué lindo, mi amo es inteligente. Bravo.
Gon lo fulminó con la mirada. —¡Para tu información no soy tan estúpido como crees! Y-y en cuanto a lo otro... no quiero ordenarte nada, no me parece correcto ¿Lo mejor no sería llevarnos bien como dos simples conocidos?
—¡No se puede! ¡Se supone que eres mi amo!
—¡Pero no quiero serlo! ¡Yo quería ser dueño de un gatito!
—¡Y lo eres! ¡Su gatito está frente suyo!
—¡Sólo veo a un gato pervertido que intenta hacer... bueno… hacer "eso" conmigo!
—Sexo...
—¿Eh-eh?
—Se dice sexo...
Tomando otra almohada, se la lanzó. —¡Y-ya sé lo que es!
—Entonces... dilo como es. —replicó esquivando hábilmente el ataque.
—¡N-no importa! Eso no es importante...—. Sujetó las sabanas con fuerza. —N-no quiero ordenarte, no me parece correcto ¿Y tu opinión? ¿No importa? ¡Eso no está bien!
—Déjame ver si entendí... ¿Estas pidiendo... que no quieres ser mi amo, porque según usted, no es "bueno" y hay desigualdad entre ambas partes?—. Killua podía sentir como una pequeña vena palpitaba en su frente.
—¡Sí! ¡Eso!
—¡Si serás idiota! —bramó enfurecido golpeándolo en la cabeza. —¡¿Qué acaso no comprendes la diferencia entre amo y esclavo?! ¡Es más que obvio que va a existir una diferencia de poderes! ¡Aprende historia básica maldito infeliz!
Llevó una de sus manos hasta la zona del golpe mientras una sonrisa surcaba su rostro. —No me trataste de "usted"...
—¿Eh?
—¡No me trataste de "usted"!—exclamó con alegría—. Eso quiere decir ¡Que a ti no te gusta tratarme de "amo" todo el tiempo!
Luego de unos minutos de silencio, el albino suspiró resignado. —Idiota. —refunfuñó por lo bajo mientras volvía a cruzarse de brazos—. Al comprarme, se estable un acuerdo entre las partes…
—¿Q-qué quieres...?
—¡Idiota! ¡¿No me pediste que te explicara sobre el acuerdo entre ambos?! ¡No me hagas decir cosas que no quieras escuchar!—. Gon negó con la cabeza una y otra vez. —Bien... pero no vuelvas a interrumpirme porque te aseguro que la pasarás muy; en sencillas palabras... El acuerdo dice, que los gatos como yo le pertenecen a sus compradores hasta cumplir los treinta días y al terminar el tiempo límite me iré de aquí, ya que comenzaré un nuevo contrato con otra persona.
—¿O-otra persona?—. Frunció ligeramente el ceño y una mirada triste se situó en su rostro. —¿S-siempre es así?
—¿Ah eso? Sí. Siempre es así, se supone que tenemos nuevos amos cada mes y nunca se puede repetir en el mismo año—. Dio un pequeño bostezo. —Usted es mi primer amo y podría decirse, que "estreno" mis conocimientos con este acuerdo.
—¿A-a qué te refieres?
—Amo Gon ¿Qué cree usted que yo puedo otorgarle?
El moreno cruzó los brazos y cerró sus ojos al meditar la respuesta. Volvió a descubrir su mirada al encontrar la "respuesta". —¡Ah ya entiendo!
Killua sonrió. —Ya era hora... creí que seguiría teniendo esa cara de estúpido y...
—¡Ustedes dan compañía a personas solas como yo, no! Eso es muy lindo de su parte... pero, no creo que sea correcto cobrar tanto por su compañía ¿No sería mejor bajar el precio? Tú salías muy caro, aunque solo te compré para molestar a Ging. —murmuró bajito eso último—. Aunque, aun no entiendo porque estás desnudo y eres tan pervertido conmigo...
El felino se levantó de la cama ágilmente y, sin explicación alguna, se golpeó la cabeza contra una de las paredes murmurando insultos que Gon no alcanzó a escuchar. Se alejó unos centímetros, tomando una bocanada de aire, y volvió a sentarse en la cama.
—Agradece que eres lindo...
—¿Eh? ¿Por qué lo dices?
Obviando esa pregunta, continuó: —...Si no el mundo te comería crudo.
—¿Uh? No entiendo lo que me dices.
—Este mes será difícil...—. Torció la boca en una mueca de desagrado. —Volviendo al tema anterior ¿Qué le gustaría saber amo?
—¡Gon!
―Ya sé cómo se llama, amo.
—¡No! ¡No! ¡Dime Gon!—. Le sonrió. —Mi nombre es Gon, Gon Freecss y mientras estés aquí, me gustaría que me llamases así. Yo te diré Killua ¿Te parece bien?
Fue una de las primeras veces, en que el albino se quedaba sin palabras. —S-si es-es es el pedido de mi amo, no me puedo negar...
—¡Ya-ta! ¡Tengo otro amigo!
—¡¿Q-qué?!
—Aunque... mi nuevo amigo es medio pervertido. —murmuró ignorando las palabras del de cabello cano— .No tan pervertido como Leorio, pero si como Hisoka...
—¡Amo espere... yo…!
—Ahora que recuerdo... Hisoka no es mi amigo, es como mi rival ¿O tal vez un "ami-enemigo"? Nee nee, Killua ¿Tú qué opinas? ¿Cómo se le puede llamar a alguien que quiere enfrentarse a ti y sólo desea matarte en una pelea, aunque también te ayuda y aconseja cuando lo necesites? Tanto Leorio como Kurapika dicen que lo mejor no es acercarme a él, porque no sólo quiere pelea conmigo, creen que quiere otra cosa y...—. Se detuvo al ver la expresión en el rostro del otro niño. —¿Eh? ¡L-lo sie-siento Killua! Cuando comienzo a hablar no hay nada que me detenga.
—No se preocupe amo Gon, no ha sido nada.
—¡Gon!
—Ah cierto. G-Gon. —dijo su nombre en un tartamudeo—. ¿En verdad, no comprendes el motivo por el cual se hacen los acuerdos? Nosotros brindamos… eh... ciertos "servicios" a nuestros amos. Y por lo general, siempre son viejos mayores los que nos contratan…
—Pero... yo no soy un anciano ¡Tengo catorce!
—Aún eres joven... me sorprendió bastante tu decisión. Nunca creí que mi primer cliente sería tan joven como yo y si te lo estás preguntando, también tengo catorce, salvo que en este año cumplo los quince...
—¡Yo hace unas semanas los cumplí! Eres mayor que yo.
Cruzándose de brazos, murmuró. —Eso parece; al ser un "novato", mis compañeros siempre me relataban sobre sus contratos y en la gran mayoría, eran viejos pervertidos quienes pedían sus servicios. Siempre gatos de mi edad hasta los veinte años—. Torció la boca en una mueca de disgusto. —Muy pocas mujeres son las que nos contratan...
─Eso debe ser difícil…
—Peor es para las niñas, ellas son contratadas desde los quince años hasta los veintisiete.
—¿En serio?
—Sí, ellas trabajan de esa manera...
Lo interrumpió una vez más. —No, eso no...—. Killua lo miró curioso al no entender. —¿Qué si en verdad había gatitas? ¡Rayos! Hubiera pedido una gatita, así Pitou tenía una pareja y Kaito y yo seríamos abuelos. Además, sería tierno tener una gatita bonita y ¿Eh? ¿Killua? ¡¿Q-qué estás...?!
Un grito de dolor se manifestó en la habitación.
Y uno muy feo.
—Eso te pasa por hablar de esa manera de sucias y viles arpías en mi presencia—. Deshizo las garras viendo como el moreno continuaba llorando por el rasguño que le hizo a su mejilla. —¡Deja de llorar! ¡Eso es tu culpa por hablar de mujeres cuando me tienes a mí!
—Pero...
—Además, ninguna gata mugrosa haría lo que yo puedo hacer contigo—. Estiró uno de sus dedos y con él quitó la pequeña gota de sangre, para luego llevárselo a los labios. —Nadie... nadie podrá hacerte sentir como lo haré yo. Mis "servicios" serán los mejores para ti, al punto de que nunca podrás olvidarme, ni quitar de tu cabeza los recuerdos de nuestros encuentros—. Gon se sonrojó. —Entonces ¿Qué le parece si comenzamos desde ahora, nyan~?
—¿Eh?—. Se vio empujado con brusquedad y dos manos sujetaron con fuerza sus muñecas. La sonrisa descarada en el rostro del albino le hizo estremecer y sentirse un tanto incómodo. —¿K-Killua?
«¡Maldición! Yo no soy así... pe-pero... no me gustó imaginármelo con una mujer... ¡Con una sucia arpía! » —Me has hecho enojar... —murmuró con voz ronca. «¡Ninguna tendrá su virginidad! ¡Sólo yo! ¡Sólo yo seré el dueño de su cuerpo! » Rió por lo bajo antes de lamer lentamente la mejilla herida. «...Sólo yo veré esa faceta pervertida en él... »
—Killua... detent-te...
—No, estoy molesto—. Repartió dulces besos por la garganta del menor. —Gon~. —ronroneó su nombre—. Ahora sabrás que clase de servicios damos.
—¿S-servicios? ¡Eh!— Una mano se adentró en su camisa, acariciando cada rincón de su piel, desde el vientre hasta el pecho. —¡N-no! B-basta... —pidió con la voz quebrada—. D-de-dete-tente... por favor...
Al quitarle la molesta prenda de vestir al moreno, sonrió. —Nop. No voy a hacerlo—. Continuó jugueteando con aquellas protuberancias rosaditas. —Debes aceptarme.
Gon corrió su rostro en un vago intento por deshacer del agarre. —N-no...
—...Acéptame... —murmuró depositando un sutil beso en su mejilla—. Quieras o no, seré tuyo hasta que se cumplan los treinta días. Estaré junto a ti vayas a donde vayas, te seguiré a donde sea y durante el tiempo en que estemos juntos, te seré fiel.
—B-basta...
Con una sonrisa altanera, se subió al regazo de su amo y comenzó un lento movimiento de caderas, asegurándose de rozar las pelvis de ambos. —Eres lindo resistiéndote, pero, no creo que dure para siempre. Descuide amo Gon~. —dijo en un ronroneo—. Killua-chan hará un buen trabajo.
Un jadeo escapó de los labios del pelinegro al sentir como besaban su cuello con suavidad, mordiendo y lamiendo, cerró los ojos con fuerza ante aquella sensación desconocida que sentía su cuerpo; su corazón latía desbocado, las mejillas se encontraban muy sonrojadas, la respiración errática y un constante hormigueo le hacía subir la temperatura.
—Killua… más por favor. —suplicó al sentir una incomodidad entre sus piernas, junto con las breves lamidas que le otorgaban la otra persona—. ¡K-Killua! —gritó asustado al sentir un dolor diferente a los anteriores.
Sonrió ladinamente. —Es marca se te ve muy bonita...—. El albino rió. —No te voy a comer...a menos que usted lo desee amo—. Lamió su labio inferior con lentitud y sensualidad. —Pero... nada me impide tomar un pequeño aperitivo antes del plato principal.
—¿A-aha... pertivo...?
Sin responder a esa pregunta, Killua sacó con perspicacia los pantalones del moreno y sonrió orgulloso al ver como éste se sonrojaba furiosamente al notar que su ropa interior podría apreciarse, y no solo ello, la prenda de vestir parecía estar un poco más oscura de lo que recordaba. Riéndose por lo bajo, tocó sobre la tela blanca el miembro casi erecto y sonrió coquetamente ante el sonoro gemido ajeno que llegó hasta sus oídos.
—Vaya, mira como estas y eso que ni siquiera he comenzado con lo bueno. —comentó tomando el elástico de los bóxer para bajarlos con cuidado—. Eres un pervertido. ¿Te gusta, no?
Gon no pudo responder, solo se concentraba en el calor que absorbía su cuerpo por completo.
El albino se había cansado del juego previo y sin dudarlo, comenzó a recorrer el pene del moreno con su lengua. Subiendo desde los testículos hasta la punta para detenerse allí un momento, sólo para juguetear con la glande, dando pequeños besos y lentas lamidas.
En medio del placer y el calor el moreno empujo sus caderas hacia adelante, tomando desprevenido a su compañero. Éste entendió el mensaje y aceleró el ritmo, hasta sentir que el menor se estremecía notoriamente.
Ver su rostro sonrosado, el sudor en la frente y la expresión de absoluto placer era una delicia. Un premio del cual solo él podría disfrutar: su primera vez.
Killua deslizó uno de sus dedos entre las nalgas ajenas hasta que encontró una pequeña y estrecha entrada; eso fue necesario para que Gon alcanzase su ansiado clímax, llenando completamente con su cálida esencia las fauces del mayor.
Al cabo de unos minutos, el felino alzó la vista y sus mejillas comenzar a arder. Su amo estaba sudado, con el rostro rojo y tratando de recuperar el aliento, sin contar el hecho de que se encontraba desnudo de la cintura para abajo y con su camisa a medio subir, dejando a la vista los pezones erectos; para él fue una de las imágenes más eróticas y tentadoras que haya visto en su maldita vida.
Un gemido brotó de su garganta. —Y-ya no puedo... no puedo contenerme—. Tomó una de las piernas del moreno, quien no pudo alguna resistencia, para llevarla hasta su hombro derecho y aproximó su propio cuerpo. —...T-te haré mío... Gon~.
¡Al diablo con todo!
Lo haría suyo y de eso estaba seguro. Pero, cuando la entrada de la habitación se abrió con brusquedad toda la "inspiración" se fue por el caño.
—¡Gon mi pequeño y virgen amigo! —exclamó una voz conocida por el moreno—. ¡Hoy tenemos una fiesta grandiosa y con Kurapika hemos venido a...!—. Su voz fue convirtiéndose en un murmullo, hasta terminar por desaparecer, al ver a un muchacho desnudo de espaldas a la puerta. —¿Eh?
Killua bufó. «Adiós intimidad. » Bajó la vista su miembro, que aún no había metido en la entrada de Gon, y frunció el entrecejo.—¿Necesitas algo?
—Eh yo...—. Se rascó nerviosamente la cabeza mientras se inclinaba varias veces. —C-creo que... mi amigo y yo nos equivocamos de departamento y etto... yo... mejor me voy ¡Lo siento mucho amigo! —mencionó avergonzado antes de abandonar el cuarto y cerrar la puerta detrás de sí—. ¡Oye Kurapika!
El rubio levantó la vista del libro en su regazo y le dirigió una mirada curiosa al pelinegro. —Leorio ¿Dónde está Gon? Creí que irías a despertarlo para poder ir a la reunión.
—Es una fiesta no una reunión. —le corrigió divertido—. Di conmigo Kurapika. Fiesta, F-I-E-S-T-A.
—Bien hecho Leorio. Mereces un premio—. Dejando el libro a un lado, se levantó de su asiento para darle palmaditas en el cabello a su amigo médico. —Muy buen trabajo, eres un buen chico.
—Gracias, siempre me esfuerzo al… ¡Eh! ¡Idiota!—. Dio unos pasos hacia atrás y le señaló con el dedo. —¡Cierto! ¡Me engañaste Kurapika! ¡Me trajiste a otro lugar! ¡Eres un pervertido!
Suspiró cansado y con la mayor calma del mundo, dijo: —Leorio, deja de ser el mismo idiota de siempre y dime a que rayos te estás refiriendo…
—¡Está no es la casa de Gon!
—En primer lugar, Gon no tiene una casa, vive en un departamento y en segundo lugar ¿Qué estás diciendo? ¡¿Cómo no puede ser la casa de Gon?! ¡Desde hace dos años que vienes a este lugar solo para emborracharte y tomar el alcohol que Gon no puede!
—¡No es cierto, no es cierto!—. Kurapika lo miró sorprendido al notar sus mejillas sonrosadas. —¡Aquí no vive Gon! Esta es la casa de un niño raro de pelo blanco y ojos azules. Me engañaste ¡Y lo peor aún, es que al ir a su habitación lo encontré desnudo y a punto de tener relaciones con alguien más!
Parpadeó. —¿A Gon?
—¡A Gon no! ¡Sino a ese niño extraño!
—Leorio, entiendo que seas idiota pero esto es demasiado—. Cerró sus ojos al suspirar. —Mira las paredes, están repletos de cuadros y fotografías en las que TÚ y YO aparecemos junto a un niño de pelo negro y lindos ojos almendrar.
—¿Dijiste lindos ojos almendra?—. Leorio se carcajeó. —No sabía que Gon era de tu tipo.
El Kurta se sonrojó levemente y sin contener su fuerza, pisó el pie ajeno. —Como te iba diciendo, este departamento es solo de Gon. No puedo haber ningún niño de pelo blanco y ojos azules. A menos qué…
Detuvo su lloriqueó, y los pequeños saltos que daba con su pierna sana, para voltear el rostro en dirección al rubio. —¿A menos qué... ? —repitió estúpidamente, sin soltar su pie "herido".
—A menos que... ese niño de pelo blanco esté con Gon.
—¡Eso es estúpido! Gon nunca nos ocultaría algo importante...
—En eso tienes razón. —mencionó más calmado y asintiendo estando de acuerdo.
—Además, ese niño estaba desnudo y a punto de tener sexo con quien parecía otro niño...
—Oh, vaya. Sí que eres impertinente Leorio. Les arruinaste la noche.
—¡No fue apropósito! Solo sucedió.
—Entiendo.
Luego de varios minutos de silencio, ambos terminaron cayendo en cuenta de un pequeñísimo detallito pero que era muy importantito...
—¡Ahhh, ese niño era Gon! —gritaron a coro al borde de la histeria y el terror; a una velocidad casi inhumana y muy sorprendente en ellos, corrieron hacia la habitación del moreno. —¡Gon!
—¿Uh? ¿Kurapika? ¿Leorio?—. El pequeño pelinegro parpadeó sorprendido ante la intromisión de sus amigos. —¿Qué hacen aquí?
—¿Dónde está? ¿Dónde está ese maldito pervertido que te hacía esas cosas?—. Leorio buscó con la mirada en cada uno de los rincones a ese mocoso-roba-purezas. —¡No te escondas maldito copo de nieve! ¡Ya verás lo que haré!
—Gon ¿Te encuentras bien? —preguntó el rubio al aproximarse a su amigo.
—Ehhh Sí… ¿Por qué no habría de estarlo?—. Sostuvo la toalla blanca sobre sus hombros. —¿Por qué Leorio está así?
Kurapika sonrió nerviosamente. —Dijo que vio a alguien extraño en tu habitación... contigo...
Levantando unas maletas gritó. —¡Yo sé que estás aquí! ¡Sal y pelea!
─¿Leorio bebió otra vez esos licores que Ging me envió?
—Desearía que fuera eso. —respondió entre suspiros—. ¡Leorio! ¡Falsa alarma creada por tu mente pervertida y vulgarmente asquerosa!
—Pero... ¡Sí él estaba aquí!
—Leorio.
—¡Yo lo vi! ¡Estos dos lindos y sexys ojitos lo vieron!
—¡Leorio, ya cállate de una vez! —gritó el Kurta para luego lanzarle un almohadón al rostro—. Ignóralo Gon, solo está delirando.
—Entiendo. Por cierto Kurapika ¿Por qué están aquí? ¿Sucedió algo malo? —preguntó mientras secaba su cabello húmedo.
Kurapika lo miró con una pequeña sonrisa. —No Gon, no ha ocurrido nada malo. Es sólo que, nos convocaron a una reunión importante en un hotel cercano a este y vinimos por ti—. El moreno levanto la vista, causando que sus cabellos mojados cayeran sobre su frente. —Y nos metimos a tu apartamento con la llave que nos diste, espero eso no te disguste.
—No, descuida, está bien. Después de todo, para eso les di una llave extra de aquí.
—Claro Bueno, nosotros esperaremos por ti afuera, tomate el tiempo necesario para arreglarte; Leorio ¿Qué haces en el suelo? —preguntó al comprobar el estado de su otro amigo.
—Ah eso... me canse de buscar a ese mocoso y ahora estoy tomando un descanso—. Sonrió nerviosamente a lo que el Kurta suspiró. —¡Kurapika suéltame!—. El rubio lo tomó por uno de sus brazos y comenzó a arrastrarlo hacia la salida. —¡Gon, no te quedes ahí y ayúdame!
—Lo siento Leorio ¡Nos vemos luego!—. Se despidió con la mano y al ver que estaba una vez solo, suspiró. —Killua, ya puedes salir.
La pequeña puerta del armario se abrió. —Te odio por hacerme esto. —dijo calmadamente—. ¿Sabes? No te hará daño acomodar un poco la ropa.
—Creí que a un amo no le se hablaba de esa manera.
—Tú quisiste cambiar las reglas del juego, así que ni te quejes. —replicó mientras se quitaba algunos calcetines de su cabeza—. ¿Me puedes explicar por qué terminé en ese lugar?
—No quería que ellos te vieran. Leorio no iba a reaccionar bien—. Sonrió nerviosamente al recordar la primera rabieta de su amigo ¡Y fue solamente porque Menchi le pidió ayuda para acomodar su vestido y no a él!
—Ambos son raros, pero, no me gustó como te hablaba el que parecía mujer.
—Kurapika. —lo corrigió.
—Eso no me interesa—. Se acostó en la cama, viendo como el pelinegro tomaba unas botas verdes y se las ponía. —¿A dónde vas?
—Ya lo oíste, tengo una reunión importante y no creo que pueda faltar—. Acomodó su camisa azul y tomó la chaqueta verde que hacia juego con sus shorts. —Quédate aquí y no salgas. Hay comida en la alacena, puedes ver la televisión o dormir. Asegúrate de no hablar con extraños y esas cosas.
El albino bufó para luego estirarse sobre las sabanas. —Si mamá.
Gon se sonrojó al ver la espalda firme del albino y los músculos a medio marcar de sus brazos. Sacudió la cabeza bruscamente para deshacer de aquellos pensamientos y le sonrió al felino. —Volveré en unas horas, cuídate Killua.
Unos minutos pasaron y la casa quedó en silencio. Aunque Killua no se haya molestado en despedirse, se entristeció al ver partir a su amo y en medio del aburrimiento decidió dormir un poco, pero al cerrar sus ojos, las imágenes de lo sucedido entre ambos inundaron su mente al punto de hacerlo estremecer y gemir suavemente. Tener al moreno a su merced fue una de las cosas más maravillosas que había hecho.
Le gustó y lo peor, era que quería más.
«Supongo que, en algún momento será mío... » Su corazón se agitó con rapidez y un suave tinte rosado se situó sobre sus mejillas.
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—¡Killua! ¡Ya llegué! —gritó luego de dejar su saco sobre uno de los sillones. —¿Estará dormido?
Gon suspiró. Había sido un día bastante agotador y ciertamente esperaba que fuera de esa manera: Al ir a su habitación no se sorprendió de encontrar la luz apagada y menos al ver que el albino dormía tranquilamente abrazando una de las almohadas.
«Se ve muy cansado. Tal vez haya...! » Oír un estornudo lo hizo detenerse. —¿Killua?—. Rozó con cuidado uno de sus hombros y rápidamente alejó su mano. —Estás helado... —murmuró al sentir la temperatura del cuerpo del albino—. Eso te pasa por ser pervertido y andar desnudo...
Volviendo a suspirar, buscó entre su ropa algo que pudiera caberle y encontró otra piyama que Mito-san le había obsequiado. Y con el rostro completamente sonrojado, se dispuso a vestir a su mascota; ahora, Gon estaba peor de sonrojado al ver su cuerpo destino, pero terminó recordándose que hacía eso por una buena causa.
Con el mayor cuidado del mundo le puso la ropa interior tratando de no tocar el, "eso" del de tez blanca, luego los pantalones y por último la camisa.
—Solo faltan los malditos botones. —murmuró en un intento de alentarse a sí mismo—. ...Solo espero que no se enferme ¡Whaaah!—. Dos brazos ajenos aprisionaron su cintura y antes de que se diera cuenta, su cuerpo terminó encima del otro.
—Mío~. —murmuró adormilado, con una bonita sonrisa en el rostro y dando un ligero apretón a su agarre. Ronroneó gustoso al percibir un agradable aroma a bosque a su alrededor, sea de quien fuere le gustaba y mucho: era muy dulce.
Por su parte, Gon quedó estático. ¿Qué acaba de ocurrir? Primero estaba vistiendo a este pervertido y luego ¡Pam! Estaba encima de él y con la cabeza y manos en su pecho. Ante ese hecho se sonrojó, sus palmas sentía la cálida y suave piel ajena.
«Demonios... no quiero quedarme así con él... » —Supongo que no hay otra opción y creo que no me soltarás ¿Verdad?; si me entero que estás despierto Killua y juro que te hago dormir bajo la lluvia.
Killua sonrió entre sueños. ¡Ninguna sucia arpía o gata asquerosa podía hacer lo que él! Nadie podría tener a Gon de esa manera, ni aunque lo intentaran porque él se los impediría. Ese niño era sólo suyo.
Y durante estos treinta días se lo haría saber.
¡Bien! Se cuidan mucho. Me gustaría saber que les pareció y todo eso. ¡Nos veremos prontito si se da la oportunidad!
¡Muchos besos!
Atte: Canciones de Cuna.
