Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, La historia y trama tampoco me pertenece, Es propiedad de Isabella Pattinson Masen, Yo solo soy su BETA.

Comentario de la autora: Bueno aquí comienza mi primer fic con lemmond, Espero disfruten de él, Le quiero dar gracias a mi gran amiga Alice Rathbone Whitlock por su ayuda como beta, Cosa que hace genial y por facilitarme su blog para subir este fic… Mi advertencia es que este fic está creado para mayores de 18 años y contiene fuerte "Escenas" así que si eres menor de edad y sensible a estas cosas, Obténganse a leer. Gracias por sus Review y besotes a todas. ¿Dejarian un Review, plis?

Capitulo 1: Nueva oportunidad de empleo.

Me desperté al sentir una suave pero mínima molestia en mi rostro, dándome una sensación de calor en mi cara. Con pereza abrí los ojos suavemente y mi vista se fijó con incredulidad en la venta de mi habitación; allí donde el sol brillaba, no en su máximo esplendor, en absoluto, pero si lo bastante sorprendente para el pueblo de Forks, ya que en esta insignificante localidad llueve más que en cualquier parte de los Estados Unidos. De un salto entusiasta salté de la cama y fui directamente hacia mi ventana para luego abrirla de un tirón, saqué mi cabeza hacía afuera de la ventana e inspiré el delicioso aire mañanero deleitándome también con los mínimos y casi imperceptibles rayos de sol. Las nubes por su parte no estaban del todo desaparecidas pero dejaban al fin que el sol se viera, ¿por qué tenía que ser justo cuando me iba? Suspiré y con un entusiasmo renovado tomé mi neceser, me dirigí al baño y luego me di una relajante y placentera ducha. Cuando terminé de arreglarme, me maquillé un poco y salí de mi habitación para luego bajar las escaleras de mi casa y adentrarme en la maravillosa cocina que mis padres tenían, donde justamente se encontraba mi adorada madre dándome la espalda, muy ensimismada en su labor de preparar su delicioso desayuno familiar; tal vez el último desayuno familiar donde yo estuviera.

— Buenos días, madre. —saludé con alegría. Inmediatamente llamé la atención de mi madre ya que se dio la vuelta suavemente y cuando por fin sus bellos ojos se posaron el los míos, sonrió de la manera más maternal y tierna que halla visto alguna vez, esas sonrisas ella solo se las regalaba a su familia.

— Buenos días, Alice, querida. ¿Cómo dormiste, cariño? —respondió, acercándose a mi para darme uno de esos abrazos tan maternales que solo ella sabía dar. Le sonreí enternecida y le di un suave beso en la mejilla haciendo que sus ojos brillaran de alegría. Por una parte odiaba el tener que irme de aquí, todo por que extrañaría a horrores a mi familia, en especial a mi madre, pero también deseaba salir de este pueblo de mierda en el cuál no valoraban mi esfuerzo ni mi esmero por ayudar a la gente aún en los aspectos en que yo lo hacía.

— Bien, mamá, mi cama siempre será la mejor.

Mi madre soltó unas sonoras carcajadas armoniosas al escucharme, mi corazón en ese instante latió con ternura, ¡amaba tanto a esta mujer! Justo en ese instante hizo acto de presencia mi padre, entrando con su elegancia habitual a la que él era completamente desconocido. Sonreí al verlo, mi padre a primera vista espantaba a todo el mundo, tenía un aire que desprendía poder, riqueza y mandato, por lo mismo todos le tenían respeto. Pero si tan solo lo vieran como es de verdad creo que todo el mundo sería su amigo.

— Buenos días, papá. —murmuré mientras lo abrazaba con fuerza, cerrando los ojos al inspirar su aroma tan varonil. ¡Ay, papá, me harás tanta falta!

— Buenos días, Allie. —respondió correspondiendo a mi abrazo. Su voz al final de la frase sonó entrecortada y con el dolor teñido en sus palabras, él sufría al imaginarse que su hijita, su niñita, se iba al fin de casa, del pueblo donde nació.

— Alice, querida, tu hermano al teléfono. —musitó mi madre sacándome de mi burbuja, la cual era un preciado momento callado pero importante de padre e hija. Sonreí como verdadera idiota al escuchar que mi hermano me llamaba, de seguro se acordó de mi mudanza de hoy y quería hacerme saber que tengo su apoyo, eso era malgastar saliva literalmente, sabía de sobra que contaba con su apoyo. Amaba tanto a ese idiota.

— Voy. —murmuré alejándome suavemente de mi padre, con una sonrisita idiota le arrebaté el móvil a mi madre de las manos y contesté: — Hola, guapo.

Hola, linda. —contestó la voz de mi hermano al otro lado de la línea. — ¿Cómo van las cosas, preciosa?

— Muy bien, los camiones de mudanza llegarán en unos minutos.

Me alegro, Sweetie, me alegro. Pero dime, ¿necesitas de mi ayuda?

— No, hermanito, muchas gracias pero todo está listo y dispuesto. —musité poniendo los ojos en blanco por mi apodo, mi hermano y su linda forma de decirme "cariño".

Okay, pero cualquier cosa me avisas, Sweetie.

— Si hermanito, no te preocupes. —suspiré sonriente. A decir verdad me encanta como visualizaba en mi mente mi nueva aventura, personalmente no me encontraba un alma aventurera ni peligrosa pero todo lo que tenía que ver con algo nuevo me entusiasmaba de forma inmediata.

¿Quién lo iba a decir? Yo, Alice Brandon, la chica que tiene 23 años de edad que aún vivía con sus padres, no por su voluntad si no que por motivos de dinero, por fin salía del nido y se aventuraba a conocer lo desconocido, por fin este pajarito iba a ser libre de todo cotilleo o malas habladurías que tenía a mis espaldas; no es que me interesaba pero ya estaba aburrida del mismo tema todo los días. En el pueblo de Forks era reconocida por ser la flamante hija de los respetados Alisson y Nathaniel Brandon, mis pobres padres eran conocidos en este pueblo por que mi padre era un psicólogo muy reconocido por su buen trabajo mientras que mi madre era reconocida por ser una señora dedicada completamente a su trabajo de diseñadora de hogares, los dos eran extremadamente buenos en lo que hacían. Mi hermano mayor llamado Diego Brandon era un prestigiado dueño de una empresa de computadoras llamada Brandon H.T. A pesar de tener solamente 26 años, Diego parecía representar menor edad, parecía de verdad un chiquillo de no más de 18 años, él era increíblemente guapo con su pelo negro, esos ojazos suyos de color gris y esa estatura tan alta, poseía un cuerpo que todas deseaban y era millonario de bote, pero solamente había una sola persona que llamara la atención romántica de mi hermano. Siguiendo con respecto a mi vida, había decidido tomar en cuenta los consejos de mi queridísima prima y mejor amiga: María Hoffman quién era hija de la hermana de mi madre, mi tía Michelle Hoffman.

Recuerdo débilmente que María y yo hemos sido amigas inseparables toda la vida, jugábamos juntas todas las tardes, en la adolescencia nos acompañamos mutuamente en las fiestas o salidas nocturnas, nos dimos apoyo en nuestras primeras citas, nos contamos todo sobre nuestro primer beso, la primera vez..en fin siempre fuimos inseparables y orgullosamente reconozco que esa situación no ha cambiado para nada. María hace ya bastante tiempo atrás me había aconsejado dejar Forks e irme a una cuidad más grande donde tuviera una oportunidad más llevadera con mi apreciado trabajo, donde me dieran la oportunidad de demostrar lo que en verdad era mi vocación; así que sin pensarlo mucho tiempo decidí de que era hora de aventurar y buscar nuevas oportunidades. Ya estaba harta de que todos me apuntaran despreciablemente con el dedo por ser una Sexóloga, ¡Dios! ¿Qué tiene de malo mi profesión? Según mi punto de vista, ser sexóloga era exactamente igual que un Doctor de cualquier especialización, incluso mejor que ser un cirujano. Pero al parecer la gente no comprendía eso y me juzgaban, ellos consideraban que una Sexóloga era casi igual que ser una prostituta, ¡Por Dios!

— Alice, la mudanza llegó, cariño. —me avisó mi padre. Sonreí entusiasmada y dando saltitos fui a recibir a los amables señores que llevarían mis cosas a mi nuevo hogar.

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Nueva York era mejor de lo que había imaginado, era una cuidad tan grande, tan bella que me dejaba sin aliento. Nunca fui de esas chicas que se encerraban en su mundo, en su cuarto y no querían salir jamás pero nunca había conocido cuidad alguna aparte de Washington, esto era maravilloso. Recorrimos las calles suavemente y me sorprendió darme cuenta que la cuidad estaba atestada de gente, la multitud llenaba las calles caóticamente pero a pesar de aquello nadie se detenía a saludar ni a conversar, todos estaba metidos en su propio mundo laboral estresante. Las calles eran adornadas por miles de carros pasando a una velocidad inverosímil, los gritos eran un murmullo permanente en la cuidad, las bocinas se escuchaban por todas partes, en definitiva la cuidad era muy ruidosa.

Entonces cuando llegamos al cual sería mi nuevo hogar, mi quijada se abrió de golpe al observar detenidamente el edificio elegante y sofisticado que se hallaba en frente de mí, mi prima, quién me acompañó en todo momento, se rió por lo bajo y me condujo hacia el interior del edificio para luego mostrarme mi nuevo apartamento. En la parte inferior del apartamento, justo en frente de la salita de estar, se hallaba un hermoso ventanal amplio que daba una hermosa vista a toda la cuidad de Nueva York, también allí mismo había un balcón que dejaba disfrutar de la paz completamente. Los sillones, las sillas, las mesas, todo estaba perfecto, no había ni un solo detalle que no me gustara de mi nuevo hogar. Con la ayuda de María comencé a decorar mi apartamento como yo quería, dejándome llevar por la nueva sensación de ser independiente totalmente, de la sensación de que por fin eres una persona responsable y madura para seguir con tu vida sola, por que cuando uno nace las madres siempre se aseguran que sus hijos estén preparados para seguir solos sus caminos y si no lo estaban no los dejaban ir. Sin duda nos demoramos muchas horas ordenando mi hogar pero quedé muy conforme con mi trabajo, lamentablemente María se tuvo que ir pero me recordó incesantemente la fiesta que teníamos donde conoceríamos a más gente y nos haríamos un poco más sociables.

Con nerviosismo un poco me preparé para la bendita fiesta, lo único que sabía es que la daba una de las familias más ricas de Nueva York, los Whitlock, y que además también serían invitados familias de su mismo estatus social, como la conocida familia Cullen, en honor a unos de sus hijos mayores porque el muy suertudo estaba de cumpleaños. A María la había invitado el mismísimo cumpleañero pues tenía una relación "amistosa" con mi prima mientras que ella inmediatamente se aprovechaba de la situación para meterme a mí en la ecuación. Me coloqué un hermoso vestido de color violeta, largo hasta los tobillos pero con una abertura en la pierna derecha, me maquillé sin exagerar y me puse mis fantásticos zapatos que hace poco me había dado el gusto de comprármelos, tomé mi bolso con sus cositas necesarias y esperé a que mi mejor amiga y prima viniera a recogerme.

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A los veinte minutos después me encontraba en la gran mansión Whitlock rodeada de gente rica y sus estúpidas conversaciones sin sentido alguno, al parecer María le encantaba este mundo tan falso pues estaba muy entretenida hablando con todas las chicas que se encontraban a nuestro alrededor, mientras que yo solo dejaba que nos rodeasen la chicas pero no participaba amenamente en las conversaciones tan superficiales que todas las chicas allí tenían.

Entonces allí estaba yo, sentada y rodeada de chicas sin cerebro, tratando de establecer conversación con alguna de ellas, y ahí fue cuando los vi…En total eran cuatro, dos mujeres y dos hombre. Por su parte, uno de los hombre era muy guapo, su cabello brillante sobresaltaba con sus rizos rubios, sus ojos azules tan bonitos recorrían la estancia, mientras que el otro era otro guapo chico alto, de cabellos cobrizos y rebeldes, tenía unos penetrantes ojos verde esmeralda y su expresión era inescrutable, parecía un hombre frío y serio mientras que el rubio de veía muy simpático. Mientras que una de ellas tenia un cabello hermoso acaramelado, unos hermosos ojos verdes muy parecidos al chico de pelo cobrizo, su hermoso rostro era en forma de corazón y una expresión dulce, mientras que la otra chica era muy hermosa, tenía un hermoso cabello de color castaño con pequeños reflejos rojos, sus ojos eran dos profundos y hermosos marrones achocolatados de sinceridad pura, su cuerpo era escultural digna de una modelo de Victoria' Secret, llevaba un precioso vestido rojo pasión que se adhería a su cuerpo. Lo que más me llamó la atención fue ver como esa chica de ojos marrones se aferraba con sus dos manos al brazo del chico del pelo cobrizo, tomándolo de la mano firmemente como su si vida dependiese de ello, mientras que él la sujetada de la cintura posesivamente y fulminaba con la mirada a todo aquel que mirara con ojos lujuriosos a la joven que era su acompañante. Mientras que el chico rubio, que debería tener entre los veinte-muchos y treinta-pocos, con la chica de cabello acaramelado estaban tomados de la mano pero no tan posesivamente como los otros.

— Ellos son los Cullen, una de las familias más ricas de Nueva York. —susurró una chica al lado mío, siguiendo la mirada de mis ojos que estaban posados aun en ellos. Según más bien recordaba, la chica se llamaba… Jessica Standley. — El rubio es el patriarca de la familia, el padre, se llama Carlisle Cullen mientras que la mujer que está a su lado es su esposa, Esme Cullen. El hermoso chico de cabellos cobrizos y mirada dura se llama Edward Cullen, es guapísimo obviamente pero en el instituto no salía ni tomaba en cuenta a ninguna chica, las ignoraba a todas, incluso a mi. —la chica habló como si fuera lo más importante del mundo. — Hasta que a la vida de ese guapo llegó Isabella Swan o Bella como se hace llamar, entonces él cambió completamente y se enamoró perdidamente de ella, a decir verdad no sé que le vio, hasta yo soy más bonita que esa chiquilla. Justamente la que está a su lado, aferrándose a él como una idiota, es Isabella Swan, bueno más bien Bella Cullen, su esposa.

— ¿Su esposa? —inquirí asombrada, sin poder evitarlo. Acaso… ¿Cuántos años ellos tenían que ya se habían casado?

— Sí, su esposa. —rió Jessica malvadamente. — Se casaron a los 18 años, todos pensaban que ella estaba embarazada pero al parecer se casaron por "amor" pues nunca se le vio barriga ni nada, ahora los dos tienen 23 años y siguen igual de enamorados que antes.

— Vaya, eso es muy romántico. —sonreí al ver como Edward besaba la cien de Isabella suavemente, con tanta ternura que me dio envidia. ¿Cuándo yo tendría un hombre así a mi lado? Obviamente había tenidos novios, no muchos pero eran importantes, pero con ninguno de ellos había sentido ese hormigueo en el estómago, ese enloquecimiento del corazón cuando lo ves, esa corriente eléctrica que te recorría el cuerpo cuando lo tocas, todas esas cosas que describían en las novelas de Amor verdadero. Incluso con algunos era cuestión de sexo, nada más que eso, sexo duro, bueno y duradero pero más allá de ello no pasaba nada.

— Si, claro, como no. —murmuró Jessica con sarcasmo. Se notaba a simple vista la envidia y los celos estúpidos que ella tenía en contra de la pobre Señora Cullen, la esposa de Edward Cullen, tal ves Jessica aún no olvidaba el rechazo de ese chico hacia ella y su única manera de vengarse era cotilleando cosas malas sobre él y su bella esposa.

Ignorando a Jessica, me acerqué vacilante a la familia Cullen con la idea de presentarme a ellos. ¡Diablos! ¿Qué les digo? Hola, soy Alice Brandon y me acerqué a ustedes porque quiero saber más sobre el pasado tan romántico de Isabella y Edward. Si, claro, como no, de seguro así me echarían con una patada y pensarían que soy loca de remate. Pero de pronto Isabella me dio la perfecta oportunidad de acercarme a ellos sin tener que dar explicaciones, ya que la pobre estaba caminando hacia una mesa con la intención de sacar un vaso de vino para ella y su marido, cuando de pronto pierde el equilibrio con sus tacos y casi cae al suelo, pero gracias a Dios alcancé a sujetarla fuertemente del brazo.

— ¿Esta bien, señora? —Susurré un poco asustada. ¡Mierda, se me escapó el "señora"! ¿Qué pasa si no le gusta que la llamen así? Pero todos mis temores fueron ahuyentados cuando ella alzó la vista suavemente y me sonrió, con un bella sonrisa sincera. Parecía no incomodarle el que le dijeran señora, incluso parecía acostumbrada a ello.

— Si, no se preocupe, señorita. Y gracias por la salvada. —contestó con una armoniosa voz, sonriéndome con sinceridad. Me simpatizó inmediatamente e intuí que algún día íbamos a ser grandes amigas. Justo en el momento que iba a decir algo, escuché una aterciopelada voz decir:

— Bella, amor, ¿te encuentras bien?

Justo en frente de mí se encontraba Edward Cullen, un Adonis que bajó de su reino de Dioses. Tenía un hermoso y rebelde cabello cobrizo, unos penetrantes e intimidantes ojos verde esmeraldas, un cuerpazo para matar y una voz demasiado sexy para su bien. Tragué saliva fuertemente cuando lo vi, ¡Alice por Dios está casado y además tiene a esa hermosa chica como su esposa! ¿Crees que la dejaría a ella que parece actriz de cine por ti? Además se nota que la señora Cullen es buena persona y si quieres ser su amiga no puedes fijarte en su marido. ¡Reacciona por Dios!

— Si, cariño, estoy bien. —respondió ella sonriente. — Incluso le debo la vida a esta chica que me salvó de la humillación, subiera sido vergonzoso mi caída.

Él soltó una armoniosa carcajada mientras yo sonreía.

— Ay, mi amor, nunca cambiarás. Pero de todas formas gracias, señorita, por salvar a mi esposa.

— No tiene nada que agradecer señor, solo fue una ayudadita y eso no le viene mal a nadie. —contesté sonriente.

— Comúnmente soy yo él que salvo a mi esposa de estas caídas pero por primera vez no estuve ahí para ayudarla.

— ¿Se cae muy seguido, señora? —pregunté en dirección de la señora Cullen.

— OH, si. —contestó ella sonriendo cómicamente. — Lamentablemente, para mi desgracia, tengo un romance eterno con el suelo.

Solté unas carcajadas, esta chica tenía buen sentido del humor.

— OH, pero que modales los míos. —rezongué avergonzada. Estiré la mano en dirección de la señora Cullen. — Mi nombre es Alice Brandon.

— Yo soy Bella Cullen. —sonrió la mujer, era muy agradable. — Y él es mi esposo, Edward Cullen.

— Un gusto, señorita Brandon.

— El gusto es mío, señor y señora Cullen. —musité estrechando la mano de Edward.

— ¿Nos acompañaría a tomar un vaso de vino, señorita Alice? —preguntó Bella.

— Con gusto, señora Cullen.

— OH, por favor. —exclamó Edward sonriendo. Tomó a su esposa suavemente del a cintura. — Llámenos solo Bella y Edward, ¿si?

— Solo si ustedes me llaman Alice solamente.

Y así poco a poco comencé a conocer a las maravillosas personas que eran Edward y Bella, eran los dos un verdadero amor de personas. Al final resultó ser que Edward no era tan frío y enfadado como se vio al principio, esa solo era su fachada para la gente desconocida, mientras que Bella era una chica verdaderamente cariñosa y muy buena persona; los dos eran perfectos, el uno para el otro y se notaba bastante el amor que se tenían. También Edward me presentó a los padres de él, Carlisle y Esme quienes son unas personas muy buenas y generosas a más no poder. De a poquito empecé a disfrutar de la fiesta con la compañía de los chicos, era una velada agradable hasta que una hermosa señora rubia, de unos ojos celestes como el cielo, muy refinada y elegante se acercó a mí.

— ¿Alice Brandon? —preguntó mirándome.

— Si, ¿Quién es usted?

— Me presento, mi nombre es Elissa Whitlock.

— Un gusto, señora Whitlock. —contesté, estrechando su mano.

— ¿Podríamos hablar en privado, por favor? Tengo una interesante propuesta que hacerle.

— Claro. —acepté.

Con pasos vacilantes por parte de las dos, nos alejamos del tumulto de personas y nos fuimos a un lugar apartado del todo el bullicio y donde nadie nos veía. ¿Qué quería esta señora de mí?

— Usted es una Sexóloga, ¿verdad, señorita Brandon?. —inquirió. Fue completamente directa y se fue al grano inmediatamente, me sorprendí por su pregunta.

— Exactamente, ¿Por qué?

— Señorita Alice, yo quiero que usted trate a mi hijo, por favor. Se le pagará lo que sea, lo que usted desee, solo dígame el monto y yo lo fijo, pero por favor trate a mi hijo como su paciente.

Pero… ¿Qué es lo que tiene su hijo, señora? —pregunté intrigada.

Alguien como ellos, ricos y llenos de lujos, jamás han tenido problemas. Al menos que su hijo sea Homosexual y ella quiera cambiar esa circunstancia, pero me negaba a creer eso. Jamás en la vida había escuchado que un hombre rico y lleno de lujos sea gay, eso era muy bizarro. Además el hijo de la señora era "amigo" de María y ella con sus amigos siempre tenía sexo, eso era seguro, así que sabía de antemano que este chico también se había acostado con mi prima, todos lo hacen.

La señora Whitlock suspiró muchas veces, se removió inquieta en su lugar para luego soltar un suspiro muy largo y mirarme a la cara.

— Mi hijo… mi hijo es adicto al sexo, señorita Alice. Ese es su gran problema.

— Pero eso no es un problema. —negué con la cabeza, sonriendo. — Eso es normal para su edad, incluso es normal en los hombres. Con el tiempo se le pasará y volverá a la normalidad…

— Es que es ese el problema, señorita, él no tiene 18 o 17 años como para comprender su comportamiento y echarle la culpa a las hormonas, es un hombre maduro ya, tiene 24 años ¡Y no puede seguir así! —exclamó enfadada, golpeando la mesa con su puño. — Todas, todas las mujeres que conoce se las llevas a la cama, todas. Las folla sin piedad, rápido, duro, sin importarle que los demás lo escuchen o que no esté solo en casa. No puede ver chica que se le cruce encima, porque inmediatamente se la quiere llevar a la cama, ¡es un adicto al sexo! Los primeros años lo dejé pasar, pensando bobamente igual que usted, que se le iba a pasar, que era una etapa de la pubertad y todo eso, pero no, me equivoqué irremediablemente, nunca se le pasó ni nunca se le pasará si no es atendido, si no busca ayuda medica y por lo mismo estoy aquí, pidiéndole ayuda a usted para que me salve a mi hijo, por favor.

— ¿Y que pretende que haga, señora?.

— Acérquese a él, hágase su amiga. Trátelo sin que él lo sepa, cúrelo sin que él se dé cuenta, hágase pasar por su amiga para que así poco a poco lo vaya sanando con todo lo que usted sabe. Juro que le pagaré lo que sea.

— Okay, esta bien, lo haré. —suspiré, tenía una oportunidad de trabajo al menos que se aparte del hospital al cual trabajo.

— Pero hay una condición.

— Dígamela.

— Usted no puede tener sexo con él, Alice, no puede.

— Eso lo sé, nunca he tenido sexo con mis pacientes y nuca lo haré, no rompo las reglas de mi profesión, jamás. —musité con fidelidad, eso nunca me pasará a mí.

— Entonces vamos. —sonrió la señora. — Ven que quiero presentártelo para que luego comiences con sus curas.

Con pasos decididos nos paramos de nuestros asientos y no dirigimos a la hermosa casa o Mansión donde vivía la familia Whitlock completa. Pasaron por el hermoso y bien equipado porche y luego entraron en la casa, donde en la sala se escuchaban pequeños gemidos y sonidos sexuales. Sonreí para mi misma, el chico ya me había dado la primera impresión, gemía como las mil maravillas.

La señora Whitlock carraspeó fuertemente para hacerse notar junto a mí, ella estaba verdaderamente incómoda con la situación mientras yo estaba divertida y tranquila, estaba tan acostumbrada a todo eso. Entonces ante el carraspeo los sonidos cesaron abruptamente y un "¡Mierda!" masculino se escuchó por lo bajo, luego un sonido de protesta por la chica que de seguro reclamaba por que él había sacado su polla de dentro de ella, eso era tan típico.

Cuando de pronto, por la sala aparece el ser más hermoso que alguna vez en mi vida había visto, su hermoso cabello rubio era casi platinado y sedoso, sus hermosos ojos celestes brillaban llenos de excitación, su cuerpo era glorioso y esplendido, muy bien marcado todo. Al momento de verlo me sentí mojada, excitada y salvaje, ¡Dios como me gustaría montar ese cuerpo, chupar ese cuello mmmm! ¿Qué mierda me pasaba? Jamás me había pasado eso con un paciente, ¡jamás!.

— Jasper. —dijo la señora dirigiéndose a él, quien estaba abrochando sus pantalones y su cinturón. — Quiero presentarte a la señorita Alice Brandon, una chica nueva en Nueva York.

Entonces la mirada de él se fijó en mí, sus ojos brillaron con malicia y sin pudor alguno recorrió mi cuerpo con la mirada, midiéndose los labios suavemente. Me sonrojé un poco pero lo dejé pasar, me estremecí de pies a cabeza al ver su mirada lujuriosa puesta en mi.

— Vaya, madre, me has traído la carne más fresca que he tenido alguna vez. —sonrió malicioso cuando vio que yo quedaba sin respiración, de seguro con ese hombre voy a tener que ser cuidadosa. Mientras tanto las palabras de la señora Whitlock se repetían en mi cabeza… No puede acostarse con él, señorita, ¡Diablos por que acepté esa estúpida propuesta?