Solo en uno de los carruajes tirados por thestrals, Draco Malfoy observaba el gran castillo de Hogwarts en mitad de la noche estrellada. En los carruajes cercanos se escuchaban las risas y conversaciones de otros alumnos con más suerte que él; una vez más, volvió a envidiarles por la simplicidad de sus vidas, algunos de ellos ni siquiera veía a las negras criaturas que les llevaban tirando de los carruajes.

Al fin habían llegado, atravesó la puerta del castillo lo más rápido que pudo y llegó al Gran Comedor. Se paró en seco en la puerta. Había cinco mesas. Una de ellas tenía los cuatro colores –verde, rojo, azul y amarillo- y había gente de todas las casas allí sentadas, todos de su curso. Sintió como se le caía el alma a los pies, ¿cómo se suponía que tenía que reaccionar a eso, sentándose a hacer amigos? Ese simple pensamiento, le pareció tan irónico que esbozó una pequeña sonrisa.

-Dios mío, Draco, no me digas que te vas a quedar ahí parado mirando la mesa, ven conmigo –Astoria Greengrass le agarró del brazo y tiró de él hacia un lado de la mesa en el que había varios Slytherins y Ravenclaws, ninguno relacionado con el Señor Tenebroso.

-¿No es este Draco Malfoy? –preguntó una chica Ravenclaw con el ceño fruncido.

-Sí, ¿algún problema? –respondió Astoria.

-No, para nada, si le has traído será porque confías en que no es el mismo, ¿no es así? –inquirió Mandy Brocket mirándole a él.

-Espero que sí, intentaré no defraudados –contestó Malfoy seriamente.

-Bueno, de todas formas, no pareces tan gilipollas, además, según El Profeta actuabas bajo presión, ¿no? –preguntó burlón alguien a quien recordaba como Bradley Chambers después de haber jugado al quidditch con él.

Su conversación fue interrumpida al ver a la profesora McGonagall ponerse de pie ante todos los alumnos, solo entonces, se hizo el silencio. La selección de los alumnos de primero fue hecha como todos los años, ella hizo el habitual discurso añadiendo algo que la mayoría sospechaba.

-… Este curso, va a ser otra oportunidad para todos. Los que cometieron errores, están a tiempo de remediarlos, empezar otra vez. Sé que algo que siempre le habría gustado a vuestro antiguo director, habría sido veros a todos juntos, por lo que el último séptimo –los que no cursaron el curso pasado- estaréis todos juntos en una misma torre. En cada piso estarán las diferentes casas y todos podréis estar en cualquiera de las dos salas comunes de la torre. Aprovechad esta experiencia para congeniar con el resto de casas, espero que disfrutéis de este curso, que es el último que pasarán juntos. Antes de que comencéis a comer, me gustaría avisaros de que ante cualquier sospecha de que algún alumno practica artes oscuras, accidentes misteriosos o desaparición, el culpable o sospechoso no será expulsado, sino enviado a Azkabán. Y sin más rodeos, comiencen el banquete.

Inmediatamente en las mesas aparecieron numerosos manjares: estofados, pastas, arroces, verduras, rosbif, chuletas, costillas… toda la comida imaginable. Hermione comía un plato de arroz con verduras mientras observaba a Ron comiendo como un cavernícola. Desgraciadamente tenían que comer con las otras casas y no podía estar con Ginny, pero al menos tenía a Luna.

-Ron, como sigas comiendo así luego te va a doler la tripa –advirtió Harry al ver a su amigo comerse su quinto plato de costillas- y aun no hemos llegado a los postres.

-¡Pero fi aun no eftoy nafa lleno! –respondió con la boca llena.

-Ron, al menos intenta comer como las personas –intervino Hermione.

Harry dejó de prestarles atención y se dedicó a observar a los nuevos profesores, en Pociones, una bruja que habían presentado como Dianne Ross observaba a sus alumnos muy seria, tendría unos cincuenta años, llevaba el pelo recogido en un moño y unos grandes ojos azules que no paraban quietos; Flitwick seguía tan pequeño como siempre impartiendo Encantamientos; Minerva McGonagall, a pesar de ser la directora seguía siendo la profesora de Transformaciones; la Profesora Sinistra, de Astronomía; Firenze el centauro de Adivinación; Hagrid, de Cuidado de Criaturas Mágicas; Binns el aburrido fantasma, de Historia de la Magia; Herbología, Pomona Sprout y la que más le interesaba: Defensa Contra las Artes Oscuras, una tal Sarah Thomas, moviendo la cabeza vio a una mujer rubia de no más de veinticinco años, delgada y de ojos verdes, ésta sonreía a Hagrid y parecían muy entretenidos en su conversación.

El final de la cena le dio la excusa perfecta para alejar a Ron de la comida, le agarró del brazo y le arrastró hacia la puerta. Iba demasiado pendiente de arrastrarle así que no vio como se chocaba con Rose Vane, una chica del otro séptimo –un año menos-.

-Lo siento, no te había visto –se disculpó ella ruborizándose.

-No te preocupes, ha sido culpa del pesado de Ron, iba más pendiente de que se moviese que de por dónde iba –sonrió Harry.

-Bueno, lo cierto es que quería preguntarte algo –contestó con un parpadeo.

-Dime –contestó viendo como Ron se alejaba con Hermione quedando a solas con Rose.

-Pues… la verdad es que llevo fatal la Defensa Contra las Artes Oscuras, el curso pasado fue horrible en eso… y me preguntaba si, bueno, si tú me ayudarías.

-Claro, no te preocupes, además ahora que estaremos dando lo mismo me será más fácil saber por dónde va todo, tú solo búscame, ¿vale?

-Muchas gracias, Harry.

-No hay de qué, y ahora, lo siento pero tengo que irme, ya nos veremos –y despidiéndose con un gesto desapareció entre la masa de gente que salía del Gran Comedor.

Rose se quedó donde estaba feliz consigo misma, Harry le encantaba y había encontrado la excusa perfecta para conocerle bien y que pasasen tiempo juntos, igual y todo conseguía que dejase a la insufrible Weasley por ella.

Ginny había observado la escena desde una columna cerca de la puerta, y antes de perderle de vista interceptó a Harry entre la gente. Cogiéndole de la mano le llevó a una clase vacía y cerró la puerta tras ellos. Se cruzó de brazos y le miró muy seria.

-Ginny, ¿te pasa algo?

-No, Harry. Solo que me preguntaba de qué estarías hablando con esa Vane.

-¿Rose? No te preocupes, no es nada, nos hemos chocado, estábamos hablando y me ha pedido que si podía la ayudase con Defensa Contra las Artes Oscuras porque se le daba fatal.

-Yo que tú no me confiaría mucho con esa, además ni siquiera hemos empezado el curso, es ridículo que te pida ahora ayuda.

-Tranquila, nunca te dejaría por ella –sonrió Harry acercándose a Ginny.

Ginny seguía algo molesta, pero cuando Harry rozó sus labios con los suyos se le olvidó. Ese simple roce fue cobrando fuerza, pero unos golpes en la puerta les sobresaltaron.

-Harry, Ginny, ¿estáis ahí? –gritó Ron.

Harry miró a Ginny, pero esta negó con la cabeza, así que no contestó. Cuando escucharon las pisadas alejándose Harry se volvió hacia ella.

-Vámonos de aquí, venga, que puede entrar cualquiera.

Salieron de allí tomados de la mano en silencio y subieron las escaleras. Ahora estaban en torres diferentes por lo que se despidieron con un beso y cada uno se fue por su lado.

Después de haber estado un rato en la Sala de los Menesteres con Ron, haber hablado un poco y haberse besado, Hermione se dirigió al baño de los perfectos, murmuró la contraseña y entró. Gracias a dios no había nadie, se desnudó lentamente, abrió varios de los grifos que más le gustaban hasta que la gran bañera, que más parecía una piscina estuvo llena. En el aire había vapor, olía a jazmín y el agua estaba perfumada y cubierta de burbujas. Se metió por unas escaleras que había y se quedó allí flotando varios minutos, nadó un poco y se sentó en las escaleras aun cubierta de agua.

-Granger.

No había oído entrar a nadie, se giró y se encontró con Draco Malfoy cubierto solo con una toalla de pie detrás de ella. Como estaba en las escaleras, las burbujas, el agua y el vapor aun la tapaban asi que no pudo ver como se ruborizaba.

-Da igual, no te había visto, volveré cuando termines –dijo Malfoy con inusitada amabilidad.

-No te preocupes, yo ya me voy.

-En serio Granger, me da igual esperarme.

-Mira Malfoy, aprovecha ahora que no sé cuando saldré si me quedo.

-Granger no seas pesada, me voy.

-Malfoy.

-¿Qué?

-Esta discusión es estúpida. Te voy a decir lo que haremos, vete a ese grifo de allí –le dijo señalándole uno dorado un poco lejos- ahora, ábrelo. ¿Ves?

Del grifo habían empezado a salir vapores muy densos que nublaban la vista.

-Vale, ya está, ¿y ahora qué?

-Pensaba que eras algo más inteligente. Con esto no te veo, no me ves, nos bañamos los dos y como si el otro no estuviese, problema arreglado.

Malfoy dudó un poco, pero Hermione le escuchó quitarse la toalla y un salpicón le indicó que ya se había metido.

-¿Por qué no te has sentado con tus amigos en el expreso? –preguntó Hermione sin ocultar su curiosidad.

-¿Por qué te importa?

-De hecho, no me importa, pero tengo curiosidad.

-Bueno, digamos que he decidido cambiar. –Al escuchar esto Hermione alzó una ceja incrédula- Si, Granger, sí, va en serio. No comparto sus ideales, la mayoría son unos imbéciles, unos lameculos y otros directamente son unos psicópatas.

-Vaya, y eso de sus ideales ¿a qué te refieres?

-Mira Granger, quiero que comprendas una cosa, si yo no te soporto no es porque seas una sangre sucia, es algo que me da completamente igual, si no porque me sacas de mis casillas. La sangre nunca me ha importado, nunca he creído en la causa del Señor Tenebroso, no soy ni un asesino ni un torturador, no disfruto viendo sufrir a la gente y bueno, como los dos sabemos, ahora no soy nada asi que puedo volver a empezar, ¿no?

-No. Lo cierto es que te equivocas, tú sí que eres algo, algo que siempre serás para los que te hemos conocido y para muchos que no. Tú eres un mortífago, aunque ahora no tengas la marca, aunque no estés en Azkabán, es algo que siempre sabremos, mucha gente dudará de ti, no puedes pretender empezar de cero. La gente, sus acciones, pensamientos y palabras no desaparecen sin más. La gente se seguirá acordando de que apuntaste a Dumbledore con una varita, que tu padre era uno de los más fieles seguidores de Voldemort, que has sido durante los últimos seis años desagradable, cruel e insoportable con casi todos. Aunque realmente no pensases lo que decías, el caso es que lo decías y las cosas no se demuestran con palabras, sino con acciones. Si quieres cambiar empieza ya, y no solo de palabra, tu actitud respecto a la gente por ejemplo, nadie es inferior a ti así que no trates a la gente como si fuese porquería de los zapatos, aprende a decir las cosas a todo el mundo aunque no les soportes, sé paciente y ten respeto por las cosas y por los demás.

Tras el discurso de Hermione ninguno de los dos dijo nada, cada uno inmerso en sus pensamientos. Draco le dio muchas vueltas a lo que ella dijo, la escuchó salir del agua con un chapoteo, a los pocos minutos escuchó la puerta del baño abrirse y cerrarse. Tenía razón. Decidió que empezaría al día siguiente, se despidió de su aura de superioridad y desprecio y salió del baño de prefectos. Era consciente de que a esa hora no debía andar por el colegio así que procuró no hacer ruido, subió las escaleras hasta el cuarto piso y entró en la habitación que le habían asignado. Ese año la compartía con Spinks, Bole y Derrick. No les conocía casi, eso era algo a su favor, le aseguraba que no eran mortífagos y una oportunidad para conocer gente. La habitación era espaciosa, tenía cuatro camas grandes con dosel, las colchas eran verdes y plateadas y los muebles eran elegantes. Había también cuatro cuartos de baño no muy grandes. Su cama estaba entre Bole y Derrick, se desnudó quedando en calzoncillos y se tumbó boca arriba. Tardó bastante en dormirse dándole vueltas y más vueltas a lo dicho por Granger. Tal vez a ella también debería darle una oportunidad, era comprensiva, le había escuchado, dado un buen consejo y defendido, y todo eso en el mismo día. ¡Ah! Y lo más importante, habían tenido una conversación civilizada. Con esos pensamientos se quedó dormido poco a poco.

Ron se despertó de mal humor esa mañana, había dormido mal con sueños llenos de pesadillas recordando a su hermano, la guerra y a Voldemort. Se quitó la manta y observó dormir a sus amigos. Neville roncaba tirado en la cama, Harry dormía envuelto en las sábanas y Seamus estaba quieto como un muerto con las sábanas hechas un guiñapo a los pies de la cama. Viendo que ninguno parecía tener intención de despertarse se levantó para darse una ducha. Apartó las sábanas a patadas, cogió una toalla y entró en el baño. Había una pequeña bañera, pero rechazó la idea de darse un baño y abrió la ducha. Se desnudó rápidamente pero antes de meterse se observó en el espejo del baño. Haciendo caso a su madre –gracias a la intervención de Hermione- se había cortado el pelo, había crecido más todavía y gracias al duro año al que se había sometido con Harry y Hermione estaba delgado y musculoso, sus ojos azules, después de haber superado un poco la muerte de Fred habían recuperado su brillo. Sacudiendo la cabeza se metió bajo el chorro de agua caliente que salía del grifo dando una capa de vaho al espejo.

Un piso más arriba, Draco Malfoy se despertó de un salto al escuchar un grito. Abrió los ojos y movió la cabeza a los lados intentando ver de dónde provenía el grito. Había sido Derrick, quien a su lado se revolvía en sueños peleando con un enemigo invisible.

-Maldito Derrick –murmuró Draco relajándose tras el susto.

-Siempre ha sido un tío raro –explicó Bole- lleva con esas pesadillas desde hace un año y medio, siempre está callado y no sé, tío, pero siempre está serio.

Draco le miró dudando si darle su opinión –que estaba mal de la cabeza- pero prefirió ahorrársela y vestirse. Se puso una camisa blanca, la corbata verde y gris, el jersey gris oscuro del colegio con el escudo de su casa en verde y plateado, los pantalones largos, la túnica, unos calcetines oscuros y unos mocasines negros. Entró en el baño para arreglarse y dar su retoque característico, se lavó la cara, se peinó el flequillo hacia arriba conservando la raya al lado, se desabrochó el primer botón de la camisa, se aflojó un poco la corbata y se echó colonia; cogió su mochila con los libros y bajó al Gran Comedor.

Pasó por la Sala Común sin saludar a nadie y atravesó varios pasillos hasta llegar abajo, era pronto y seguramente solo habría ocho o nueve personas en el Gran Comedor. La parte buena de la mesa de su curso era que poca había poca gente que se atreviese a acercarse, y los que se atrevían no eran tan madrugadores, así que se sentó solo. Había nada más dos Hufflepufs bastante feas que se fueron unos minutos después de entrar él. Cogió la jarra de té, se llenó su taza y observó sus opciones: gachas de avena, tostadas, huevos con beicon, palmeras, ensaimadas, napolitanas… No sabía que elegir, pero tras unos momentos de duda decidió que cogería la última palmera glaseada que estaba en frente de él, pero cuando alargó la mano para cogerla, alguien más rápido se la quitó. Irritado levantó la vista para ver exigir su palmera, pero se encontró con la mirada burlona de Hermione Granger, quien ante sus narices empezó a mordisquear el borde de su palmera.

Contenta de haberle molestado, Hermione cogió una taza, la llenó de leche y se sentó frente a Malfoy que aun la miraba ceñudo, al final había optado por una napolitana de crema.

-Esta palmera esta riquísima Malfoy, ¿cómo es que no te has cogido ninguna? –preguntó dispuesta a molestarle.

-Es que resulta que la obesidad femenina se va a poner de moda y algunas se adelantan a las tendencias –replicó con malicia.

-Anda, por eso solo quedaba una… Qué pena, pobres chicas. –comentó como quien no quiere la cosa.

-Mira Granger, cállate y déjame desayunar en paz, que además la mesa es muy grande y te has tenido que sentar aquí delante a amargarme la mañana.

-No te lo creas tanto Malfoy, que no eres tan importante, lo que pasa es que aquí estaba la última palmera de la mesa. Bueno yo me voy ya que aun no he mirado mi horario –dijo dándole un último sorbo a la leche y desapareciendo por la puerta.

Draco se quedó terminando su taza de té unos minutos más hasta que empezó a llegar la gente. No entendía porque Granger estaba tan simpática con él desde que habían llegado –sin contar su discusión en el andén- aunque de todas formas le venía mucho mejor, si Granger no le veía con malos ojos probablemente el resto de gente tampoco.

Harry y Ron bajaron riendo por la escalera, después de su ducha Ron se había tranquilizado y volvía a estar contento. Harry le contaba a Ron lo de su encontronazo con Rose Vane y la reacción de Ginny.

-Ginny es muy celosa y lo sabes, no la hagas ni caso –dijo meneando la cabeza restándole importancia.

Una campana que anunciaba la hora de entrar en clase interrumpió su conversación, se levantaron y corrieron hacia su primera clase con su nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras.

Hermione llegó corriendo al Aula de Defensa Contra las Artes Oscuras, había estado en la biblioteca después de desayunar y no había oído el timbre, menos mal que la señora Pince la vio y la avisó, pero aun así se dio cuenta de que llegaba tarde. Intentó respirar normal y llamó suavemente a la puerta, no obtuvo respuesta pero abrió de todas formas. Su sorpresa fue mayúscula al comprobar que no había nadie en el aula, estaba totalmente vacía. Abrió la boca sin poder creérselo. La primera clase del año y se la perdía.