Hola!

Luego de ver sus lindos comentarios no pude resistirme a escribir las continuacion lo mas pronto posible ^^

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Suspiró sonoramente por la nariz mientras buscaba como loco por el antiguo Japón; la maldita de Aome había desaparecido sin decirle nada más que quiera estar sola, ¡keh! ¿quién entendía a las mujeres?, por supuesto que él no.

Captó su olor no muy lejos del árbol donde estaba, gruño al oler su excitación, al parecer de deseo, pero ¿por qué?, sin poder evitarlo sintió curiosidad por saberlo, saltando entre los árboles se acercó hasta el lugar donde estaba la peli negra y olio algo en el aire que el éxito de inmediato, confundido, negó con la cabeza intentado quitar esas ideas de su mente, debió haber sido un aroma traído por el viento y ya.

—Hey Aome ¿qué haces?- de un salto estaba a su lado viéndola extrañado— Oye ¿estás bien? —Al ver que esta comenzó a toser desenfrenada mente a lo que le palmeó un poco la espalda— Keh, sí que eres un desastre— de verdad la chica hacia cosas demasiado ridículas para su gusto.

—Inuyasha— en un tono risueño, apenas la oyó se detuvo en el acto y las orejas de irguieron sobre su cabeza instintivamente ante la señal de peligro, claro está que él nunca fue conocido por su rápidos reflejos- ¡Abajo!- gritó Aome con la fuerza de una mujer molesta.

—Aome... — inuyasha gruño al sentir su rostro golpeando contra la dura tierra, ¡por supuesto!, eso sin contar que creía tener la nariz rota, con lentitud subió la cabeza pero... Ahí estaba otra vez, ese olor a excitación que le provoco un escalofrío por todo el cuerpo— ¿Eh?— dijo mientras tomaba una gran bocanada de aire. —Esto es…

Con los ojos cerrados comenzó a buscar el aroma y si... Venía de Aome, de su Aome, porque era suya desde la primera noche que lo vio en una luna nueva, momento que montó su espalda, cuando uso su ahori llenándole de su olor sin saber que estaba quedaba impregnado por muchos días, que lloró por el incontables veces cuando estaba en peligro... Suya y de nadie más.

—Aome— murmuró acercándose cada vez más. Al final, solo estaba a escasos centímetros de ella.

—Inuyasha. — el susurro de su nombre le hizo volver un poco a la realidad— ¿Qué haces? — preguntó sin intentar ocultar su nerviosismo. En un intento de recobrar compostura respiró por la nariz fuertemente, grave error; el aroma le llego de golpe oliendo una mezcle entre excitación y deseo que lo volvió loco al instante. Sin pensar en sus acciones se acercó cada vez más a ella, hasta que sintió el contacto de los labios con los suyos... Divina gloria.

Gruño por lo bajo mientras se acercaba más, si es que era posible- a la sacerdotisa. No entendía, pero había un sabor en específico en los labios de Aome que lo vivió loco, era como ese alimentó traído de su época por la chica una vez. Sencillamente no tenía la fuerza de voluntad suficiente como para dejar de lado ese increíble sabor.

Al sentir como esta jalaba sus cabellos de forma dominante gruño como el animal que era; paso sus brazos por esa fina cintura y la pego más a fu cuerpo mientras se acostaba sobre ella sin llegar a hacerle daño con su peso.

—Aome... — dijo excitado separándose un poco y viéndola directo a los ojos.

—Inuyasha... — dijo jadeando en busca del aire faltante.

Todo su auto control se fue por la borda en ese entonces.

Su lado youkai afloró en ese momento, sin separarse ni un centímetro de la peli negra, usó sus garras para desgarrar la ropa que esta traía puesta; esa pequeñísima falda que lo volvía loco, y que al correr daba demasiado a su creativa mente, además de esa camisa manga larga que dejaba a conocer, el gran busto que esta poseía. Oyó el rasgado de la tela y los pequeños quejidos de la chica al ver su ropa destrozo, claro está que muy poco le importó.

Con lentitud llevó su boca al cuello de la misma, sintiéndola estremecerse al pasar uno de sus colmillos por esa sensible área, pero se recordó que no, aun tendrí tiempo para eso.

Gruñendo en voz baja comenzó a acariciar las blancas piernas de la sacerdotisa, primero con lentitud, casi rozando la piel, para luego ir más salvajemente usando ligeramente su garras y parando en las caderas de la misma. Antes de obligarla a levantarlas en el aire pegando su pecho al suyo y despegando la espalda del suelo.

Sin dudarlo llevó su boca hasta los pechos de ella —la camisa anteriormente destrozada— disfrutando de los gemidos de esta que salían involuntariamente de su cuerpo…

—¡Ah! — ese gemido fue mayor a los anteriores debido a que inuyasha había mordido su pezón por completo, dándole un dolor muy excitante y agradable a la vez. —Inu-yasha— susurró echando la cabeza hacia atrás como peso muerto, dejándose llevar por las habilidosas manos del hanyou.

¿Cómo había llegado a esta situación?, no tenía idea. ¿Estaba segura?, no del todo pero sabía que no tenía nada que temer. ¿Le gustaba lo que hacía?, o por kami… si, y mil veces sí. ¿Iba a sentarlo mil veces por destrozar toda su ropa?, o, claro que si lo haría hasta dejarlo inconsciente.

—¡AH! — ahora si grito al sentir como de golpe este había lamido toda su entrada, lamiendo por todas partes y dejándola viendo manchones blancos. ¿Cuándo le había sacado las bragas?, solo rogaba al cielo que este no las hubiese rota o sino ni el mismo Naraku lo salvaba de su ira.

Sin estar consciente de los pensamientos sádicos hacia su persona, el Taisho siguió con su ardua labor de satisfacer a la Higurashi.

Antes de que esta llegase a su preciado orgasmo, este detuvo su tarea ganándose quejas por parte de la chica, la cual llevó desvergonzadamente sus manos al cabello de este para comenzar a empujarlo, incitándole a llevarla a su preciada liberación. Riendo divertido por la impacientes de la chica, Inuyasha subió hasta estará cara a cara con ella, para luego besarla con deseo y necesidad.

Aome de inmediato comprendió la forma en la que este se posicionaba entre sus piernas, por lo cual llevó sus manos a su espalda para luego comenzar a quitarle el estorbo traje de ratas de fuego. ¿El mal nacido estaba vestido mientras ella estaba desnuda?, eso sí que no. Puso ambas manos en su pecho separándola de ella, recibiendo gruñidos dignos de un perro por su parte. Claro que ni se inmutó por ello.

—Quítatelo. — le ordenó con tal serenidad que ella misma se sorprendió. Con una sonrisa lasciva en su rostro el inu-hayou se separó un poco de esta para luego quitarse la molesta tela roja, siendo seguida por el ahori blanco que traía debajo. En ese momento a Aome se la secó la boca y tuvo que pasarse la lengua por los labios. El tipo estaba como dios mandaba, claro que lo hubiera visto antes, pero siempre recubierto de sangre y múltiples heridos la mayoría de las veces letales. Pero ahora, ahora lo podía ver sin peligro ni nada interpuesto; sin pena la chica llevó su mano para luego rozar con las yemas de los dedos los pectorales de este, disfrutando de los estremecimientos por su parte.

Luego de ahí todo fue muy rápido. En un segundo el peli plateado estaba sobre ella besándola como si no hubiese un mañana; antes de poder decir nada ya estaba despojándose del resto de su ropa quedando ambos en las mismas condiciones; antes de poder decir algo ya la había penetrado sin miramientos, provocándole un gran dolor que pasó luego de unas cuantas estocadas, convirtiéndose en puro placer para ambos cuerpos.

—¡Inuyasha! — gritó al tiempo que rasguñaba salvajemente la espalda del chico dejando unas visibles marcas rojizas. Este en respuesta mordió el cuello de la chica hasta llegar a sangre. Así, junto el dolor de la herida y el increíble placer, la chica alcanzó su orgasmo tiñéndose la vista de blanco y sintiendo un estremecimiento por todo su cuerpo desde las puntas de los pies hasta la cabeza. Luego de unas cuantas embestidas más sintió como dentro suyo se calentaba con la semilla del hanyou, al tiempo que este literalmente aullaba como un perro.

Luego de dos rondas más, ambos chicos habían terminado rendidos uno al lado del otro. Ninguno de los dos dijo ninguna palabra en ningún momento, antes que el inu-hanyou se parase para luego ir en busca de su ropa, poniéndosela en el proceso.

—Inuyasha. — ente el llamado el chico volteó a ver a su compañera, compañera… le gustaba como sonaba esto —¿Y mi ropa? — ahora su tono era acusatorio mientras se cruzaba de brazos ocultando sus senos, solo llevando la única prenda que se había salvado del "ataque": sus bragas.

Al chico le recorrió un escalofrió por toda la columna vertical al tiempo que disimuladamente veía a atrás, donde se encontraban hechos jirones la ropa de Aome.

—Pues, bueno verás lo que pasa es que— este veía a los lados nerviosamente en un vano intento de salvarse de esta, aumentando su terror al sentir un aura maligna emanar de la sacerdotisa.

—Inuyasha. — entrecerró los ojos mientras inhalaba lentamente; estaba de buen humor, dependiendo de lo que dijese podría perdonarlo.

—Es que te veías muy gorda en esa ropa.

En fin… un gran cráter terminó en el suelo junto a una encolerizada Aome, la cual solo usaba el traje de ratas del hanyou mientras seguía hundiéndolo cada vez más en la tierra


Espero que este final sea de su agrado. Intente ponerle mas detalles al tiempo que mejore un poco los detallitod que tenia.

Gracias por los comentarios

Dejen follows, favorites, reviews, lo que sea para saber que les gustó!

Bye...