Buenaaas! Por fin está aquí el segundo capítulo! Ha sido un verdadero reto no subirlo hasta hoy, creo que soy la que más deseaba postearlo, y eso que ya sé qué pasa! XD
Resumen: Nos quedamos en la habitación de Kurapika y Leorio y acabábamos de descubrir (bueno, vosotros XD) que Kurapika es en realidad una chica. Para colmo de males, Leorio no tiene otra cosa que hacer que llegar en ese preciso momento y descubrirla... digamos que en paños menores XD ¿Qué pasará ahora? Aquí dejo mi segundo capítulo para que lo disfrutéis.
Importante: Todos los personajes que aquí aparecen pertenecen solo y exclusivamente a Yoshihiro Togashi, ese gran mangaka al que todos amamos porque un día tuvo la genial idea de crear el maravilloso manga conocido como HunterXHunter :3
!Espero que lo disfrutéis tanto como yo disfruté al escribirlo!
Historia de un pendiente
Capítulo 2: Ojos escarlata X Una preciosa melodía
La chica se tapó el pecho con las dos manos. La toalla no se había desprendido, gracias al cielo, pero se había deslizado lo suficiente para hacer notar su pecho prominente. Kurapika se ruborizó intensamente mientras notaba cómo su corazón latía cada vez más y más deprisa. Y sabía demasiado bien lo que pasaba después de que le latiera con tanta fuerza.
El destello escarlata fue lo que sacó a Leorio del desconcierto. Aunque aún llevaba las lentillas, el cambio de color era tan llamativo y repentino que, a esa distancia, se podía apreciar por los bordes del iris. Era totalmente consciente de lo que significaba ese color cerca de Kurapika, y ahora, además, sabía que quien estaba en peligro era él.
Kurapika arremetió contra él y, a pesar de que Leorio puso todas su fuerzas en mantenerse de pie, logró derribarlo. Luego empezó a darle dolorosos puñetazos en la cara. Leorio sentía el sabor de la sangre en su boca. Nunca habría pensado que él (ella… Kurapika) fuera tan fuerte. De haber sido una persona normal, ese arranque de furia ya lo habría dejado inconsciente. Aún así, no podría soportarlo mucho más tiempo, y ella (él… lo que fuera) no parecía dispuesta a parar todavía.
Entonces, por encima de los puñetazos y sollozos de la chica (…Kurapika), se escuchó una melodía que detuvo los golpes.
Kurapika la oyó y, repentinamente, fue capaz de calmarse. Dejó de verlo todo rojo, y vio lo que le había hecho al pobre Leorio. Su cara estaba prácticamente destrozada. Sus ojos estaban amoratados y sus mejillas ensangrentadas. La chica se miró los nudillos y vio que también tenían sangre. No sabía distinguir cuánta sangre era de él y cuánta de ella misma.
—Gracias, Senritsu —dijo, con un hilo de voz. No sabía cómo había sido capaz de llegar a aquello. Leorio no tenía culpa de nada, todo lo que estaba pasando era sólo culpa suya.
Alzó la mano derecha y materializó sus cadenas. Se concentró unos momentos en adquirir de nuevo sus ojos escarlatas, y luego levantó su pulgar derecho.
—Cadena Sagrada —pronunció para activar la habilidad.
Posó con cuidado la cruz en la frente de Leorio y dejó que el Nen hiciera su trabajo. En pocos segundos, el rostro del muchacho estuvo completamente restaurado.
Lo primero que vio Leorio cuando pudo enfocar la vista de nuevo fue a un ángel. Luego comprendió que sólo era la luz de la habitación, que quedaba justo detrás de la cabeza de Kurapika. Luego sus ojos se dirigieron irremediablemente a sus pechos. El arrebato de la chica había deslizado aún más la toalla, y ahora casi se los veía por completo. Eso, unido al hecho de que la tenía justo encima con sólo una toalla para cubrir su cuerpo…
La chica notó cómo la miraba y se levantó de un salto, ajustándose la toalla muerta de vergüenza. Luego corrió hacia la puerta. Justo en la entrada, y sin volverse, musitó:
—Lo siento mucho, Leorio.
—Kurapika —dijo Senritsu, ofreciéndole la llave de su habitación.
La chica hizo un gesto de agradecimiento con la cabeza y se dirigió apresuradamente hacia la habitación de la compositora.
Senritsu y Leorio se quedaron mirándose uno a la otra, ella desde la entrada y él desde el pasillo. Leorio se levantó y se secó el sudor de la frente: estaba tan sonrojado que había empezado a sudar. No había sangrado por la nariz de puro milagro, y fue realmente una suerte, ya que entonces Kurapika habría montado en cólera de nuevo.
—Senritsu-san… ¿tú lo sabías?
La mujer no dijo nada por unos segundos. Luego asintió con la cabeza.
—Es difícil ocultarme algo con mi maldición —repuso, con voz triste.
—¿Cómo… qué fue lo que te lo confirmó?
—Si te soy sincera, no fue fácil. De vista, es cierto que parece una chica, sobre todo por su rostro, pero sus ojos rudos y llenos de rabia y su actitud me despistaron. Inconscientemente, acepté que era un chico. Ella hablaba en masculino y sus latidos estaban tan cargados de odio que no podía percibir que estaba ocultando algo. Pero, pese a esto, los latidos de una chica son ligeramente diferentes a los de un chico.
—¿Ah, sí?
—Sí. Son más complicados de descifrar. Las mujeres tenemos miles de cosas en la cabeza, cosas que se entremezclan con nuestras emociones y sentimientos y que afectan por completo a los latidos. Los hombres, en cambio, sois un poco más lentos en enlazar pensamientos, pero en cambio vuestras emociones son más intensas. Más adelante seguía confirmando mi teoría: cuando le pregunté sobre su pasado me lo explicó, pero aún parecía que ocultaba algo. Algo que la avergonzaba y que no podía contarle a nadie. Algo muy personal.
—Podía ser que había matado a alguien.
La mujer negó con la cabeza.
—No era el latido de alguien que oculta algo así. Cuando recuerdas una experiencia de ese calibre, tus recuerdos se mezclan por un instante con las emociones que sentías en ese momento. Una chispa de rabia, miedo, satisfacción y culpa. En sus latidos no oí nada de eso. Y luego… estaba lo tuyo.
Leorio levantó la cabeza, frunciendo el ceño.
—¿Lo… lo mío? —Senritsu se quedó callada, indecisa— ¿Qué le pasa conmigo, Senritsu?
—No… no soy yo quien debe decírtelo.
—¡Senritsu! —Leorio avanzó hasta ella y se agachó para ponerse a su altura. Ella apartó la mirada, pero él la agarró de los hombros y la obligó a que lo mirara— ¿Qué significa lo mío, Senritsu?
Ella negó con la cabeza, pero luego suspiró, rindiéndose.
—Tú ya lo sabes. Lo noto por tus latidos.
Leorio se llevó una mano al pecho. ¿Lo sabía? No podía ser lo que estaba pensando. Recordó el rostro de la chica (porque ahora lo tenía claro, era una chica) cuando la había agarrado del brazo. Su cara colorada, sus dientes apretados, sus cejas fruncidas, sus ojos… Sus ojos transmitían un millón de emociones. Vergüenza. Miedo. Dolor. Inseguridad. Culpa. Pero…
¿Habría montado en cólera de esa forma de haber sido otra persona el que la hubiera descubierto? Tenía entendido que a los Kurutas se les ponían los ojos rojos cuando experimentaban una emoción que no podían controlar. Una emoción tan fuerte como el odio y la rabia que sentía por el Ryodan. Y esa emoción…
—Se le pusieron los ojos rojos por la vergüenza que sentía. Pero no lo habría sentido con tanta intensidad si yo no le importara tanto.
Senritsu asintió y lo miró a los ojos, con ternura.
—Cuando piensa en ti, cuando te tiene cerca… sus latidos son los más hermosos que he escuchado en mi vida. Le calmas y le aceleras el corazón a la vez. Su sonido es puro, dulce, inseguro y tan intenso que hay veces en las que me gustaría taparme los oídos, porque es demasiado apasionado. Pero, aún así… lo más doloroso es que, cuando estás con ella, tus latidos son muy, muy similares. Y es terrible. Y es precioso. Porque, cuando estáis juntos, vuestros corazones se armonizan y cantan una melodía tan hermosa y dolorosa que me gustaría seguir escuchando hasta morir de dolor. Una melodía que nunca nadie sería capaz de plasmar en un pentagrama.
Leorio apartó la mirada, ruborizado. Era cierto que se sentía atraído por Kurapika, eso era algo que lo tenía preocupado desde hacía meses. Porque, si a él le gustaban las mujeres (y sí, le gustaban mucho) y no le atraían los hombres (para nada), ¿por qué se sentía tan bien cuando estaba con el chico? Y ahora ya lo entendía.
Era tan lógico que no le hacía justicia. Cómo la fría lógica podía explicar algo tan mágico y maravilloso como los sentimientos de un chico hacia una chica. Todo era a causa de las hormonas. Cuando estaba cerca de él, la chica irradiaba hormonas de forma inconsciente. No podía evitarlo, era tan involuntario como los latidos de su corazón. Si Kurapika hubiera sido chico, Leorio nunca se habría sentido afectado por las hormonas, porque los hombres emiten hormonas distintas a las de las mujeres, y siendo él hetero no las habría recibido. Pero ella era una chica, por lo que sus hormonas le afectaban, y mucho. Por eso le llamaba tanto la atención el Kuruta.
Pero, aún así… se sentía muy confuso. Era plenamente consciente de que el Kurapika que conocía y la Kurapika que acababa de conocer eran la misma persona. Era como un Kurapika mejorado, muy mejorado. El "Kurapika definitivo". No podía evitar recordarla encima de él, semidesnuda, con su blanca y suave piel sobresaliendo de la toalla. Pero por eso mismo, a la vez eran dos personas completamente diferentes. Simplemente por el hecho de que uno era un chico y la otra, una chica. Su amistad se había basado en que eran los dos hombres, y por ahora, no podía concebir en sus recuerdos a una Kurapika chica.
Además, ¿dónde quedaba su amistad ahora? Acababa de descubrir que había sido engañado durante todo el tiempo que había estado con él. Creía entender sus razones, las entendía porque era capaz de empatizar fácilmente con las personas. Al principio Kurapika se mostraba reservado, pero más adelante empezó a abrirse a él y a los demás. Aún así, ¿cómo confesar algo tan personal y que podía cambiar tantas cosas? Probablemente él habría hecho lo mismo. Y, a pesar de todo…
A pesar de todo, aún se sentía engañado. Molesto con Kurapika por no haber sido capaz de confiar en él. Molesto consigo mismo, por no haber descubierto la verdad a pesar de los indicios. Molesto por estar molesto, pese a que entendía perfectamente los temores de la chica. Molesto por que fuera todo tan complicado, por no poder quedar tan amigos después de descubrir algo tan importante.
Cuando alzó la cabeza, se dio cuenta de que Senritsu ya se había ido. Y se sintió molesto por no haberle dado las gracias. Le había hecho comprender tantas cosas sobre su relación con Kurapika…
Bien, pues ahora Leorio está dudando entre perdonar o no a su amigo... amiga... lo-que-quiera-que-sea (no os preocupéis, yo también me lío constantemente) No seáis duros con él, al fin y al cabo es como si de repente a vuestro mejor amigo le salieran boobs y se os presentara en bikini a lo happy...
Supongo que os habréis dado cuenta en que este capítulo ha sido más corto que el anterior. La verdad es que solo podía cortarlo ahí, ya que ahora pasaremos a ver qué tal le va a Kurapika (UUUH, SPOILEER!) No os preocupéis, los siguientes capítulos serán más largos, y el último será como un macrocapítulo, de hecho me odiaréis por haceros leer tanto XD
Bueno, como siempre (o como en el capítulo anterior) os pido que me digáis qué os ha parecido, si se está manteniendo interesante, si hay algún error (tanto ortográfico como en la historia, no os cortéis), si queréis preguntarme algo que no hayáis entendido del todo, si os parece que los personajes están mal definidos, CUALQUIER COSA.
A algunos de vosotros ya os lo dije, pero lo diré otra vez aquí: Mi intención es subir cada capítulo los martes, coincidiendo con el nuevo capítulo del anime (sí, bueno, hoy no lo he hecho así, ¡pero es que no podía esperar más!), de manera que el siguiente estará listo dentro de una semana.
¡Espero vuestros comentarios!... ¿En serio soy la única que echa de menos la caña de Gon y el monopatín de Killua?
