CAPITULO 2

¿QUIEN ERES TU?

De pronto la puerta de la estancia de la mansión se abre, para dar paso al joven amo que traía en sus brazos a la joven que había encontrado, el vestido en su traje de montar color gris y una camisa blanca, entraba al vestíbulo con aquella mujer en brazos, ella continuaba desmayada, sus ropas y ella misma estaban empapadas por la caída. Doroty y la tía abuela se levantaron para verlo. La primera en hablar fue Eloy.

-a quien has traído? - no salía de su estupor por ver la escena mientras su sobrino atravesaba la estancia para ir aúna de las habitaciones de la mansión; lo único que dijo él como explicación ante la mirada atónita de aquellas dos mujeres fue – ella estaba inconsciente en la orilla del rio- era liviana como una pluma – gracias a Dios que la vi-

La tía abuela lo seguía de cerca preocupada por su actuar mientras se acercaban a la primera habitación disponible- pero hijo, ¿quién es ella?, ¿de dónde ha salido? - mientras caminaba aprisa tratando de darle alcance a su sobrino que caminaba de prisa.

A la estar en la puerta de la habitación solo volteo a ver a su tía, su cara era de preocupación por la pobre mujer que llevaba en brazos y dijo firmemente- podemos conocer la respuesta a todas las preguntas después tía no le parece- abriendo aquella puerta con solo empujarla – tenemos que cuidar de ella en primer lugar- la conmoción de la casa era mucha, el joven amo había llegado con una joven rubia inconsciente con sus ropas mojadas y no sabían nada de ella, tía Eloy estaba a punto de estallar del impacto; al entrar a la habitación de huéspedes dijo – Doroty por favor acompáñeme, tenemos que cambiarle de ropa o podría enfermarse-

La tía abuela levantaba sus manos con desesperación, como era posible que este muchacho fuera tan confianzudo por dios, al escuchar la orden se detuvo- pero, William¡- dijo para evocar la poca cordura que pensó tuviera su sobrino. Pero al reaccionar la puerta de la habitación estaba cerrada. Los minutos pasaron para que se abriera esa puerta y ella estaba a la expectativa.

De pronto se abrió esa puerta blanca dejando ver a Doroty como salía. ¿La tía abuela se acercó a ella – dime muchacha como está la joven? - dijo fríamente la tía, al mirar que Doroty tenía entre sus manos la ropa de la joven.

-no hay mejoría, pero estoy aplicando una pasta de sándalo señora- dijo la apenada mucama

Eloy movió la cabeza- tomen ropa de Patty para ella – la mucama asintió y se retiró, mientras caminaba la tía abuela vio cómo se caía algo de entre la ropa de aquella muchacha y se apuró a recogerlo. ¿Era un brazalete de oro puro con unas joyas azules incrustadas en su alrededor, pero como llego esto aquí? ¿Será que sea el mimo brazalete? No lo creo, pero- con miles de preguntas en la cabeza preferida recogerlo y guardarlo para ella, cuando despertara aquella joven sin dudada tendría que hablar con ella.

La tarde había caído en la mansión, en el enorme comedor se encontraban William y Eloy sentados en la gran mesa de caoba, decorada con un gran mantel blanco mientras Doroty y el resto de la servidumbre encargada se disponía a servir la cena, el silencio mientras esto ocurría era muy grande así que la tía abuela decidió romperlo.

-hijo ¿no te parece que deberíamos informar a la policía sobre ella? - sugirió la tía abuela abrumada aun por la repentina llegada de la joven esta mañana. El la miro desconcertado mientras Doroty serbia el primer plato de la cena- no me malentiendas hijo, pero no sabemos nada de ella ¿Quién es? ¿de dónde ha salido? -

Albert la miro firme ante la decisión- no tía, la muchacha despertara y podremos saber su historia no veo conveniente informar a la policía sobre el hallazgo-Doroty termina de servir la comida- gracias Doroty- dijo Albert con una sonrisa, volvió a ver a su tía - ¿Qué vamos a decirle al oficial por ejemplo? Que traje a la casa alguien que ni siquiera sabemos quién es-la miro fijamente- se imagina las preguntas que harán ¿qué paso con ella?, ¿de dónde es? - si eran muchas preguntas por responder, el silencio reino el comedor por unos minutos.

Albert lo interrumpió después de meditar sobre un sentimiento raro que había sido el impulsor para traer esa mañana aquella chica- tía, no sé cómo explicarlo, pero sentí que la conozco de algún lado, ¿Cómo?, ¿Por qué? No puedo decirlo con seguridad, pero cuando me acerque a ella, un sentimiento de dolor y a la vez de necesidad de protegerla- la tía abuela lo observaba en silencio y atenta mientras comía – y eso que aún no veía su cara en ese momento- cerro sus ojos y evoco el momento que junto al rio la observo mientras le quitaba sus rizos de su cara- pero sentí que ella no era una extraña, algo dentro de mí lo decía- la tía abuela lo miro atónito su voz seguía firme- y puedo garantizar que este sentimiento no es un producto de mi imaginación sino más bien mi corazón la reconoció en cierta forma- la tía abuela solo atino guardar silencio mientras su cara se descomponía entre un sentimiento de miedo y de preocupación.

La noche había caído y la luna se encontraba en lo alta dela propiedad. Albert se encontraba en la habitación junta a la de aquella muchacha, su necesidad de estar al pendiente y aclarar m muchos de sus dudas que tuvo al tener aquella rubia pecosa entre sus manos no lo dejaron despegarse m ocho de ella, aun en la insistencia de su tía; el cansancio acumulado o tal vez queriendo callar su mente lo hicieron dormir en la amplia cama de esa habitación, entre sabanas de lana y enfundado en su pijama de seda se encontraba pasible dormido en su habitación, el ruido de la noche era lo único que retumbaba en aquella mansión donde sus habitantes dormían.

De pronto sintió una extraña sensación alguien lo estaba vigilando atraído por un sentimiento de alarma abrió sus ojos y el azul de ellos se abrimos al descubrir que aquella mujer de rizos dorados y ojos verdes estaba junto al inclinada al borde de su cama y lo miraba de una forma fija e inquietante alumbrada por solo la luz de una vela. Ante aquel hecho él se levantó inmediatamente y se sentó en la cama, aquella mujer de mirada penetrante y ojos profundo fijo su mirada en el como si estuviera en un especie de trance.

Aquella mujer al ver la cara de espanto del joven se levantó para sentarse junto al con esa mirada serena se acercó no apartando la vela como tratando de recordar solo para decirle- ¿es acaso usted mi esposo? - fue lo único que dijo, mientras William se levantaba ante su mirada que permanecía fija.

Abrió su puerta y grito- Doroty ven- aquella mucama se apresuró a ir, pues ella había dejado en la habitación con aquel huésped, el sueño la había vencido, pero cuando escucho el grito de su señor se levantó de inmediato acomodando su chal y apareciendo en aquella habitación se quedó sin palabras al ver que la muchacha estaba adentro

-ayude al señorito a regresar a su habitación por favor- ella asintió y se acercó a la joven tomándola del brazo para ayudarla a retirarse, pero aquella mirada verde profundo jamás despejo los ojos de aquel hombre alta de mirada celeste.

William tratado de volver a dormí, pero su inquietud era m lucha, solo cerro los ojos y suspiro- la tía abuela tiene razón mañana mandare a traer a la policía para que la investigue- por más que trato el sueño lo abandono y a primera hora de la mañana se levantó llamando a la policía, seguiría el consejo de su tía.

Eran las 8 de la mañana de aquel día en la habitación sencilla donde se encontraba la muchacho, una cama un par de tocadores, un ropero y una cama que estaba enfrente a la puerta con sabanas finas, aquella amplia ventana que daba al jardín, permitía que entrara la luz aquel lugar, se encontraba el capitán de la policía de chicago sentado junto a un oficial de pie a un costado de la cama de mujer haciendo las preguntas de rigor, era una hombre de complexión media, no muy alto su pelo era negro y robusto, con una mirada fija tratando de saber que pasaba continuaba con el interrogatorio a esa chica

-¿Cuál es su nombre?- preguntaba mientras la chica aun en pijama se encontraba sentada en aquella amplia cama, la tía abuela vestida en un hermoso vestido azul fuerte se encontraba a la do derecho de la joven, sus manos estaban cubiertas por guantes negros y una chalina, recargado a un costado del enorme ropero mirando fijamente a la ventana y con los brazos cruzados, vestido con una camisa a cuadros blancos y azules, pantalanes de casimir azul fuerte y un par de tirantes, se encontraba Albert escuchando el interrogatorio .

-no lo sé – respondía la joven inmóvil aun tratando de recordar con la mirada perdida.

El oficial seguía con el interrogatorio mientras su compañero apuntaba ágilmente en su libreta- ¿alguien ha tratado de dañarla?

-molo se- repetía otra vez aquella mujer que con cada pregunta se angustiaba mas

- ¿estaba tratando de escapar de alguien o de algo? – las miradas figas en ella

-no lo sé- repetía mientras la tía abuela la miraba tratando de recordar si la había visto en otra parte sus manos jugaban frente de ella.

El interrogatorio continuaba- ¿hay algún peligro en su vida? ¿O se siente amenazada por alguien? -decía el frio policía

Ella movía su cabeza en forma de negación y su cara parecía de angustia absoluta mientras giraba su rostro al ver al policía y decía- no lo sé, no puedo recordar nada- la desesperación comenzaba a ponderarse de ella su voz temblaba, mientras Albert continuaba escuchando el interrogatorio m ocia su cabeza, repitiéndose que no era justo que la pobre muchacha pasara por esto, pero fue la mejor decisión tal vez ellos pudieran ayudarla a recordar algo.

El oficial habla un poco más fuerte- no comprendo señorita usted debe recordar algo, trate de recordar por favor, cualquier cosa que nos pueda ayudar para saber quién es- las miradas intercambiaron la tía abuela y Albert, esa pobre muchacha decía la verdad ambos lo sentían había perdido la memoria. El interrogatorio seguí por parte de las autoridades necesitaban una pista de quien era esa muchacha, ella tenía una cara de preocupación mientras seguía moviendo su cabeza indicando que no podía recordar.

-señores será mejor que dejemos esto aquí como ven la joven no recuerda nada- dijo enérgicamente el patriarca de los Andrew.

El oficial de policía se levantó- estoy de acuerdo con usted señor Andrew si la chica puede recordar algo utilla por favor avísenos estaremos al pendiente- dijo fríamente mientras volteo a ver a su compañero- buenos días – retirándose de la habitación.

La joven empezó a llorar mientras salían y Doroty se quedaba acompañándola o mejor dicho consolando a la pobre muchacha.

Una vez en la estancia y solos la tía abuela hablaba con William- el medico dijo que ella estaría mejor dentro de 24 horas y eso lo que ha pasado. Dirigiéndose a Albert que observaba perdido en la ventana mientras ella se acercaba – ve por ti mismo hijo – en un tono de molestia siguió con su monologo- ella puede viajar ¿Por qué no le echas ahora? - Albert solo escuchaba perdido en sus pensamientos, si entendía la preocupación de su tía, pero algo dentro de él le decía con una fuerza arrasadora que tenía que cuidar a esa pobre mujer que estaba en su casa.

En una habitación asolas la pobre mujer se levantaba, era una habitación extraña para ella, pero lo peor de todo era que ella no se reconocía, no sabía dónde estaba ni quien era. Entre su desesperación algo le llamo la atención y se levantó; en medio de los dos grandes ventanales que tenía la habitación se encontraba un cocador sencillo de madera y con un espejo. Comenzó a caminar a hacia él. Su mente le jugaba una mala pasada – quién soy?, como puedo pedir que confíen en mi si ni yo misma me recuerdo, si veo en eses espejo y una no reconozco mi figura, este hermoso vestido blanco de satín y todo lo que soy es prestado, mi cara están lejana que aun tratando con todas mis fuerzas para recordar mi nombre no puedo- sus manos tocaban su rostro mientras un par de lágrimas de impotencia y de rabia por no poder recordar se figuraban en su hermoso rostro blanco y poco a poco esos ojos de verdes se llenaban de lágrimas.

En la estancia la discusión seguía, la tía abuela no daría un paso atrás hasta que esa mujer saliera de la mansión- entiende hijo, ella ha perdido la memoria, no es nuestro problema es de ella- mientras albur seguía debatiéndose por qué no hacer caso a su tía cuando era lo más sensato, pero su corazón. Hay ese corazón que él pensaba muerto le decía que no la echarla tía vio su duda y continuo- y quien sabe hijo, ella podría estar recordando todo y quiere robarnos o entrar a esta casa, tal vez solo sea un juego de ella el haber perdido la memoria para mover tu noble corazón y que se quedara en la mansión. Puede ser una arribista cualquiera- hablaba la tía mientras se paseaba en la habitación, Albert se mantenía estático- ¿quién sabe? Podría haber matado o robado a alguien y quiere esconderse aquí vio la oportunidad, debe pretender que perdió la memoria para así evadir la policía y que tú la resguarde- la tía abuela veía la confusión del rostro de Albert sabía que sus argumentos eran pesados y verdaderos, tal vez le daría la razón.

Mientras tanto la joven salió de su cuarto, deambulaba por el comedor y entro sin querer a la biblioteca, atraída como por una fuerza que desconoció, giro al ver un violín recargado en un enorme sofá, sin pensarlo un minuto casi por una necesidad en medio de tanto dolor, lo tomo y comenzó a tocar una bella melodía para tratar de apaciguar su alma.

La discusión o monologo de la tía abuela seguía- por una vez sal del mundo de fantasías y del buen corazón que tienes hijo y enfrenta la realidad, que tu dolor no te ciegue hijo- estaba a punto de hablar cuando escucho la bella melodía que lo hipnotizo y salió corriendo haber de donde provenía, la música parecía tan pasible que calmaba los demonios de su cabeza cuando algo inesperado paso. Ahora no era solo melodía sino una bella canción que lo hizo buscar va más afán el origen de la misma.

Estabas solo así era. Empezamos a llorar juntos- el empezó a buscarla, pero la estancia no estaba, la música se perdía y el corría a buscarla, salió por la amplia puerta el jardín, dejando se guiar por esa melodía- estabas solo así era. Empezamos a llorar juntos, nuestros dolores fueron similares. Empezamos la curación de uno al otro- se quedó petrificado cuando vio que a lo lejos en una banca junto a su gran fuente de piedra, la misteriosa joven continuaba con la melodía, sin saber si ir por ella o quedarse escuchándola – tú me haces sonreír, tú me haces vivir, tú me haces reír, tú me haces vivir, ahora te volviste en una parte inseparable de mi- Albert empezó a caminar despacio no quería que terminara la música y la letra lo llenaban de paz – ahora estoy con sumido por tus pensamientos, ahora te volviste en una parte inseparable de mi- de pronto la tía abuela salió a buscarlo y llego donde se había detenido por unos segundo, ella también escuchaba esa canción, intento seguir caminando para detenerla pero Albert de tuvo su brazo derecho impidiéndole que la detuviera ella lo miro extrañada.

Ella se levantó siguiendo tocando el instrumento y caminando en la siguió desde una distancia producente mientras la escuchaba- estoy un poco lleno, estoy un poco vacío; soy un desastre pero a pesar de eso aquí estoy- su cara de Albert estaba más angustiada al escucharla – soy un poco ingenuo, son un simple hombre, pero quiero estar a su lado, ahora somos inseparables- en ese momento Albert no dudo no sabía como pero esa canción esa canción- no hay suficiente tierra o cielo para saber cuánto te amo, cada mundo parece incompleto sin ti- la gota que derramo el vaso, Albert dejo que continuara con la canción, él se dio media vuelta ante la mirada atónita y preocupante de su tía y entro a la casa, sabia a donde dirigirse sabía qué hacer. Entro a la casa sin cerrar la puerta, las ventanas estaban abiertas y levantó la tapa del piensa y comenzó a tocar.

Ahora usted es lo único que llena todos mis huesos y mi ser; ahora se convirtió en una parte inseparable para mí- la voz fuerte y dulce de Albert se escuchaba por el jardín; ¿ella no quiso seguir cantando se voltio para buscar ahora de donde provenía esa melodía que aun resonaba por su cabeza, la tía abuela empezó a sudar y murmuro- será posible que ella? - la muchacha continuo su camino como hipnotizada por aquella música

Estaba solo y así era, nos encontramos y empezamos a llorar juntos, nuestros dolores fueron similares y empezamos la curación de uno al otro- Albert cantaba esa bella canción son seguridad de recordar cada una de las letras mientras el piano seguía tocándose solo. La joven entro por fin a la casa y lo vio en la entrada será el que tocaba y continuaba con la canción; la misma que rondaba por su cabeza y sin saber cómo era lo único que recordaba.

Veo a través de tus ojos- el volteo a verla sin dejar su labor-ahora te convertiste en una parte inseparable de mí, que ha convertido mis noches en día- ella se hiba aproximando ante la sorpresa de que el conociera esa tonada, la tía abuela entraba a la casa con una cara de angustia y preocupación observando la sincronía que tenían ambos.

Él se levantó al no poder más seguir, cuando la vio frente a el – esta canción es mía y también lo son las letras, dime ¿dónde has escuchado esta melodía antes? - dijo firmemente acercándose a ella mientras mantenía estática en medio de la entrada- recuerda por favor ¿dime quien hizo esa melodía? Dime ¿quién hizo esa letra? - ella lo miraba caminar con esa cara de desesperación así ella, mientras la tía abuela se tapaba la boca ella sabía perfectamente para quien había sido esa canción, solo a ella se la había hecho solo aquella mujer que robo el corazón de su nieto hace tiempo.

Ella empezó tratando de forzar su mente a recordar donde había escuchado esa melodía, pero su mente esta en blanco solo esa canción llegaba a ella- ¿dime donde escuchaste esa canción? - le decía con su mirada de desesperación, como podía ella saberla si solo a una mujer se la había escrito solo a una

Ella vio la desesperación en su rostro y no pudo más – no lo sé, solo le puedo decir que acabo de recordar esta canción, y es lo único que recuerdo en mi mente-él no lo podía creer tal vez ella no había muerto, pero entonces hizo algo muy arriesgado para asegurarse que fuera su canción y hablado acercándose a ella.

-si no hay obstáculos en el camino-acercando se a ella tratando de descifrarla.

-no me gustaría que el destino nos separara- dijo ella convencida de lo que respondía mientras se acercaba a él.

-yo he olvidado en un instante- dijo acercándose

- la condición de mis sentimientos, porque en mi corazón solo hay una persona que viven en ellos- dijo con seguridad la letra que continuaba.

La desesperación se apodero de el- ¿quién eres tú? ¿quién diablos eres tú? – le dijo buscando en sus ojos una respuesta para lo que estaba pasando- ¿Cómo sabes esa canción que fue un poema hecho para alguien? Su cara, su corazón y su alma buscaba una respuesta.

Ella vio la confusión en su cara, ella también quería comprender que pasaba- yo también no puedo entender por qué no puedo recordar más que la letra de esa canción- mirando al suelo – mis recuerdos parecen perdidos en el tiempo- lo miro a sus ojos esos ojos que le daban paz y hablo con el corazón- no soy más que una pregunta ahora, entiéndeme no soy quien o que soy por ahora- en la miro y comprendió que por más que insistiera aquella mujer decía la verdad no recordaba.

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La noche caía en el cementerio local, solo la fría briza del viento se dejaba sentir, las tumbas desoladas por la luz de luna, el silencio de aquel sitio era suficiente para que cualquier humano sintiera que se congelaba sus huesos, solo un hombre era capaz de deambular por aquellos lucubres lugares, el sepulturero, era un hombre peculiar.

Un hombre de edad avanzada, confluían robusta, piel morena cabellos desarreglado, siempre vistiendo con un pantalón de lana café, una camisa vieja blanca y un saco largo de color café de gamuza, en su mano derecha un bastón donde colgaba de un pie túmido por alguna enfermedad de niño, él vivía solo en una casucha al final del cementerio, su única obligación era el cuidar de aquel lugar, era tarde y sus huesos viejos pedían descanso así que como siempre llegaba a su casa a descansar.

Recorrió como hace mucho tiempo ese largo camino de piedras en medio del tumbo, entro a su casa donde la chimenea esperaba por ser encendida y esa casa tomara vida; eso hacia cuando en el murmullo del viento que se filtraba por una de las ventanas de la casa, lo hizo voltear no solo era el viento sino un leve susurro infernal que se dejaba sentir.

Sin dudarlo camino con su paso lento siempre marcado por el bastón que sostenía, se dirigió a la ventana y la abrió sin miramiento, sintió el aire frio que lo rodeaba, pero aquel murmullo se hizo más presente – hoy hay algo nuevo que debo saber- salió al paso más aprisa que podio tenía que oír lo que los muertos rezaban.

Cruzo la puerta de salida de su casa y abrió de nuevo esa vieja cerca que delimitaba a casa del cementerio y comenzó su conversación- sé que hay algo que me quieren decir, algo que deben hablar, algo que debo oír- fue su suplica para el viento- díganme que necesitan decirme hoy- el hombre buscaba entre las tumbas sin moverse quién de los muertos había evocado su presencia, solo estaba ayudado por un viejo quinque- decirme quien de ustedes ha evocado a este viejo- su mirada era incesante entre las tumba de pronto algo llamo su atención, a lo lejos sobre una tumba de aquel panteón, un pájaro negro un cuervo se encontraba parado en una cruz.

Vio aquel paraparo infernal, sintió en sus tullidos huesos un gran miedo, el ave lo ducto sin dudo, la presentación de dos viejos enemigo, o al menos él pensaba así- un pájaro ha volado desde el cementerio, significa que algún espíritu maligno también ha volado- dijo firmemente mientras sostenía con su única mano libre la linterna intentando saber qué dirección había tenido, perdiéndolo en cielo de la noche.

Era un hombre solitario pero muy sabio, su familia siempre había cuidado de aquel cementerio desde que llegaron de la tierra lejana de Escocia, la gente decía que sus abuelos y sus padres habían sido hechiceros de aquellas tierras, que tuvieron que salir de ahí por la persecución así ellos y habían llegado al nuevo mundo escondiéndose de sus perseguidores; tal vez lo que contaba la gente no era todo verdad o simplemente no habían pasado así.

El recordaba muy bien lo que un día le dijo su abuelo que habían salido de Escocia porque después de permanecer en la corte de aquel país un antepasado suyo había cometido un error, no había podido salvar de una posesión a un hijo de un noble de aquel lugar, la verdad era que si pertenecía aúna estirpe secreta de hechiceros druidas de aquel país. Al no poder cumplir con su cometido fueron cazados por aquel noble, apenas habían podido huir de aquel país, pero sus prácticas ahora solo se limitaban al uso de las hierbas y ayudar a sanar a los más necesitados. Habían conseguido encargarse de aquel panteón no solo por trabajo sino por obligación pues en sus venas corría esa maldición de velar y cuidar que los muertos encontraron su paz y que ninguno regresara a esta tierra.

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La noche caía en la mansión de los Andrew, había sido un día lleno de emociones y ahora los residentes descansaban como la noche anterior. Albert se había retirado por la tarde a las oficinas del emporio; para trabajar, las damas se habían ocupado en las labores de la casa, así como aquella joven que pidió poder ayudar en algunas cosas como pago de su estadía, la tía abuela accedió con tal de no verle la cara.

Eran altas horas de la noche Albert había llegado cansado, había tomado un baño y ahora en pijama y sin poder dormir por sus tormentos personales se dirigió a la biblioteca, donde tomaba una copa de vino, saboreando el amargo sabor de la misma, recordando su dolor. En su mundo de pensamiento escucho unos toques en su puerta que lo sacaron de ahí y lo obligaron a volver al mundo de los vivos.

Se levantó a abrir la puerta alguno de los sirvientes traía algún mensaje, cerrando los ojos trata de recordar quien más podría perturbarlo, su fiel amigo George estaba terminando unas negociones en Asia ya hace un mes y no lo esperaba, con pesadez se dirigió a la puerta y su sorpresa fue mucha al abrir esa puerta y en contra a su demonio de rubios cabellos y ojos verdes enfundada en una bata de seda fina blanca, la cual se ajustaba a su cuerpo perfectamente, su cara era de espanto- ¿tu? ¿Qué paso? - fue lo único que pudo decir mientras la joven entraba a la biblioteca.

Aun con miedo se puso enfrente de él y le hablo – lo siento por molestar a estas horas- sus manos jugaban en su cuerpo y la preocupación se veía reflejada en su cara – discúlpame, pero estoy realmente asustada- dijo

- ¿asustada? ¿por qué? ¿de quién? - dijo sin inmutarse pensando que algún animal del bosque hubiera entrado a la habitación de la muchacha.

Aun temblando le contesto- oigo ruidos extraños, la voz de alguien que se ríe en mi habitación- dijo con valentía, aunque Moria del miedo solo recordando la risa espeluznante que había escuchado.

Aun sin poder comprender lo que pasaba le dijo- ¿Qué? ¿Haber alguien se está riendo en tu habitación? - dijo sin comprender lo que le decía

Ella al ver que no le creía bajo su mirada, no se iría de ahí sin él, tendría que convencerlo- te juro que estoy diciendo la verdad yo lo escuche-

Sin tener más remedio, bajo la cabeza si ambos pretendían dormir algo esa noche tendría que ir a investigar- entonces vamos a ver te parecer- ella asintió y lo acompaño por el pasillo el hiba decidido pesando encontrar alguna explicación para lo que sucedía esa noche y después volver a su mundo de pensamientos, al entrar a la habitación llevaba un quinque para alumbrarse, entro tratando de buscar alguien causante de aquel ruido.

Entraron juntos a la habitación inspeccionando con los ojos que podría haber ocasionado aquel ruido, en el momento que llegaron al pie de la cama, lo escucharon, era una risa espeluznante que hacía temblar, la risa de ultratumba e dejo escuchar por toda la habitación.

Albert no llegaba a comprender lo que pasaba, pero no demostraría el miedo solo dijo viendo a la puerta de la habitación- es cierto lo que me dijiste, yo también pude escucharlas- se vieron a los ojos como dándose valor.

Con el valor que tenían ambos salieron a inspeccionar la estancia pensando que encontrarían al causante de los ruidos, pero fue imposible dar con él, al llegar a la estancia se pararon junto a la puerta de entrada de la mansión, sus cuerpos sudaban fríos, pero se mantenían a la expectativa de lo que sucedería y de nuevo la macabra risa retumbo por las paredes de la estancia.

Ahora estaban seguros la risa provenía de afuera, ¿pero ¿cómo era que se escuchaba tan cerca?, sin duda algo estaba mal, pensó Albert, aunque era un hombre de mundo, un poderoso empresario sin ti miedo una fría ráfaga atravesó por su cuerpo.

Se voltearon a ver los dos, sin decir una palabra entendieron que debían de hacer, salir al patio y buscar el origen de esas risas.

Tomo la mano de la chica y con la otra el quinque traía y en un acto heroico se dirigió abrir la puerta, no sabía que le esperaba detrás de ella, lo único que tenía seguro es que encontraría al culpable o ¿no?