CHAPTER 2

Nota: (1) Harry Potter y sus personajes no son míos. Y sí a J. K. Rowling y Warner Bros. Entertainment Inc. Este fanfic no tiene fines de lucro, es pura diversión. (2) Contiene slash (Relación chico x chico), Lemon (sexo explícito entre personajes) y MPREG (embarazo masculino), así que si no te gusta o te sientes incómodo con él, es simple: No lo leas. (3) Esta es una historia UA -Universo Alternativo- o sea, ocurre en una realidad paralela e inexistente en la cual TODO puede ocurrir.

Esta historia le pertenece a Tassy-Riddle

Cursiva: Escritos en cartas; Entre – "…" – Pensamientos; Entre –… – Diálogos y escenas.


El majestuoso reino de Hogwarts hacia división con otros dos magníficos reinos: Beauxbatons, que se encontraba en la costa este, donde reinaba un clima mediterráneo suave y una rica vegetación. Éste era gobernado por la familia Delacour, la cual tenía a la princesa Fleur y a su hermana, Gabrielle, como herederas. Era un reino tan bonito como Hogwarts y una familia real, de igual forma, era muy querida por sus súbditos. En la costa norte, por su vez, se encontraba el imponente reino de Durmstrang. Éste contaba con un clima más frío, pero que aún si poseía una de las faunas y floras más exuberantes que se podía pensar. El rey, Grindelwald, sin embargo, no poseía herederos y mientras se casó sin amor, su esposa murió sin haberle proporcionado un hijo. Las malas lenguas dijeron que su muerte fue debido a la fría aversión de su esposo, y desde entonces, el rey nunca se volvió a casar, quedándose solo en el inmenso reino, con un mirar perdido que indicaba un amor jamás alcanzado.

Mientras tanto, en una bella mañana de sol, el rey conyugue de Hogwarts se encontraba en el Salón de Marshalés, que se asemejaba a una inmensa Sala de Estar, sentado en un confortable sofá de caoba aterciopelado mientras miraba al pequeño Alex que jugaba con sus caballitos de madera y soldaditos de plomo en el bello tapete persa de la sala. A pocos pasos de los dos, sentado en uno de los sillones, Harry leía una magnífica novela que le mantuvo en las nubes y le ayudaba a olvidar la ilustre cena a la que los Malfoy habían asistido al palacio hace algunas semanas.

Si al menos la vida real pudiese ser como los libros…

―¿Qué estás leyendo, Harry? – La voz de su Pa le sorprendió.

―Una magnífica novela que se llama: "El Doncel de la Torre".

―Interesante.

―Es una historia de un infeliz doncel que es obligado a casarse, por sus insensibles padres, con un noble cruel que asustaba a todos en el reino…

James arqueo una ceja en claro señal de advertencia.

―Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. – Declaró con solemnidad y una sonrisa sarcástica. – También porque, el doncel del libro tuvo mucho mas suerte que yo, ya que un bello campesino se enamora de él y lo rapta el día de su matrimonio.

―Y me imagino que él y este campesino viven felices para siempre.

―Aun no llegó al final, pero probablemente sí.

―Qué lindo. Pero es una pena que un libro no muestre las consecuencias de este encantador y apasionado acto irreflexivo. Como por ejemplo, la vergüenza por la cual los padres del doncel pasaran o incluso el hecho de que un campesino jamás podrá proporcionarle una vida cómoda al joven doncel.

―Ellos podrán no vivir con lujo, pero vivirán con amor.

―Por supuesto. Pero no te olvides, hijo mío, cuando el hambre entra por la puerta, el amor sale por la ventana.

Harry reviró los ojos, irritado.

―Eres tan pesimista, Pa.

―No. Solo soy realista.

―Cierto, pero no tienes que preocuparte porque yo no pretendo fugarme con ningún campesino. Sin embargo, yo sé cuáles son mis obligaciones.

―Me alegra oír eso.

―Pero si aparece un pretendiente mejor…

―Harry… – Lo mira con desaprobación.

―Bueno, nunca está de más intentarlo.

―Ya conversaremos sobre eso. Tú sabes muy bien que tu padre y yo tenemos una sola palabra.

El chico apenas suspiro y volvió a concentrarse en el libro, al menos en el maravilloso mundo de las fantasías las cosas sucedían bien. Sin embargo, antes de que el mismo Harry pudiese terminar el capítulo en el que estaba, suaves toques en la puerta indicaron que un criado traía algún recado.

―Majestades. – El hombre de media edad hizo una larga reverencia. Y con el asentimiento de James, continuo. – Un mensajero del reino de Durmstrang trajo esta carta para el señor y para el rey.

―Bien, déjame ver.

Al abrir el sobre y desenrollar el pergamino, James pudo contemplar la bella caligrafía del rey. Extrañado, observó que era una carta del propio puño de Grindelwald, invitándolos a un baile en su reino. Generalmente, los consejeros u subordinados eran los que se encargaban de las invitaciones, pero por lo visto, el rey vecino quebró esta regla solo para invitar a los monarcas que él consideraba verdaderos amigos. Detalle que claramente requería asistir al evento para no hacer alguna ofensa.

Estimados reyes Sirius y James,

Tengo el placer de invitarlos, y a vuestra familia, a un baile en mi reino el próximo Domingo. Imagino que sus hijos pequeños no podrán asistir debido al horario en que el evento se realizará, pero será una gran alegría recibir a vuestra majestad el joven príncipe Harry, no lo veo desde su ultimo cumpleaños como ya saben, le tengo mucha estima al chico.

Sera un placer hospedarlos en el palacio, en caso de que deseen pasar la noche, y espero que respondan al pedido de este viejo rey, que extraña mucho a sus amigos.

Un caluroso abrazo,

Rey Gellert Grindelwald IV.

Harry, que se había levantado para leer la carta por encima del hombro de su Pa, sintió un frío recorrer su espalda al ver aquellas palabras. Un baile en Durmstrang. Un baile en donde los Malfoy, de alguna manera, encontrarían la forma de ir. Un baile en la cual su querido prometido pasaría la noche entera atormentándole con irritantes intentos para hacerlo bailar. Un baile que, por más que le pareciese divertido al rey Grindelwald, Harry no deseaba asistir.

―Muy bien… – James suspiro cuando vio que el criado los dejaba solos. – Ordené a tu dama preparar tus trajes, Harry.

―Pero yo no quiero ir.

―No es cuestión de querer.

―Por favor, Pa. Con seguridad, los Malfoy también estarán allá y yo no quiero verle la cara a Draco, al menos, no mientras viva.

―Yo pensaba que ya te habías acostumbrado con la idea del matrimonio.

―Ya me acostumbre, con la idea de casarme, no con la persona con quien seré obligado a vivir el resto de mi vida.

―No hagas las cosas más difíciles, Harry.

―Pero Pa…

―Tú vas y se acabó. No es un pedido, es una orden, ¿lo entiendes? – La voz fría y el mirar severo indicaban al chico que no sería una sabia decisión replicar.

Y con una sonrisa triste, Harry hizo una reverencia al más mayor.

―Sí, señor.

Segundos después, el joven príncipe abandonaba el salón con lágrimas contenidas en sus bellos ojos. A James no le gustaba que su querido hijo sufriera así, pero Harry tenía que entender que a veces, la vida no daba opciones. Y era mejor aprender aquella lección temprano, antes de que fuese demasiado tarde.

―Cuando yo sea rey – Una voz infantil interrumpió sus pensamientos. – voy a hacer una ley que prohíba al hermano mayor estar triste.

James apenas sonrió con cariño al inocente niño sentado en el tapete. Sin embargo, él sabía, que cuando Alex fuese rey, ellos no englobarían el destino de Harry. Solo esperaban que él y Sirius estuviesen haciendo lo correcto al permitir aquel matrimonio. Y que tal vez, no se arrepintiesen después, cuando las consecuencias escapen de sus manos.

~•~

Finalmente, llegaba el día de tan esperado baile en Durmstrang. Para inmensa alegría de Harry, la carroza real de Hogwarts seguía al palacio del reino vecino acompañada por la carroza de los Malfoy, y en ese exacto momento, mirando con resignación por la ventana del transporte, el joven príncipe pensaba que sería una gran idea que la carroza de su prometido descarrillara y cayera a lo más profundo de un barranco. Por desgracia, no tuvo mucha suerte, y así, todos llegaron sanos y salvos al palacio de Durmstrang.

Y que palacio. Luego de la entrada, ellos siguieron por un maravilloso jardín rodeado de flores, arboles, e inmensas fuentes con imágenes de dioses griegos y escenas épicas. La estructura del castillo era un verdadero sueño, enorme, magistral y adornado por elegantes tapices, candelabros de cristal y piedras preciosas. La alcoba real, tras un gran pasillo con grandes obras de arte en las paredes, se podría llegar a la Galería de los Espejos: una habitación utilizada por el rey como una especie de sala de estar. A Grindelwald le gustaba sentarse en ese lugar, a veces para leer allí durante toda la noche. Los espejos creaban un efecto inimaginable para él, cuando la luz de las velas se refleja una y mil veces. Las ubicaciones paralelas de algunos espejos evocan la ilusión de un paseo sin fin. Y mas allá de las cámaras de los reyes, el palacio todavía tenía cuartos para los nobles, cientos de habitaciones, antesalas y oficinas, por no hablar de un gran salón con salida al jardín, donde ocurrían los bailes y fiestas.

Y es en aquella inmensa sala que, en ese momento exacto, ocurría una de las más sofisticadas y exquisitas fiestas de aquel reino que seguramente sería recordada a través de los siglos. Cuando desembarcaron del carruaje, la familia real de Hogwarts y los Malfoy se dirigieron a la gran sala, donde una orquesta tocaba bellísimas músicas que acompañaban la danza de los jóvenes e incluso de los no tan jóvenes. Algunas pequeñas mesas de mármol bien distribuidas proporcionaban un lugar agradable para sentarse y hablar de la política a la moda, en medio de deliciosa champagne y canapés que eran traídos por los criados. Todos los nobles que asistieron a las gran sala de baile estaban usando sus mejores galas, doncellas con bellísimos vestidos y joyas, donceles con elaboradas túnicas y ornamentos, y caballeros con levitas de seda y botas de cuero que solo un buen presupuesto puede permitirse.

Sin duda, una fiesta en el reino de Durmstrang era algo mágico, algo que Harry no quería vivir, pero que de nuevo no tenía opción.

―Señoras y señores – Después de tocar las trompetas, un criado anunció. – La familia real de Hogwarts. El Duque y Duquesa de Slytherin con su heredero.

Inmediatamente, todos los nobles hicieron una reverencia al ver a Sirius y James, cogidos del brazo, descendiendo las escaleras frente al centro del salón, donde el propio rey Grindelwald se encontraba para esperarlos. Seguidos por un indignado Harry que era obligado a tomar el brazo de Draco, y detrás, la orgullosa pareja Malfoy.

―¡Majestades! ¡Qué alegría verlos en mi reino!

―Fue una honra recibir su invitación, rey Grindelwald. – Sirius sonreía, estrechando la mano que el monarca le ofreció, después de la debida reverencia.

―James, como siempre, estás hermoso. Ya sé a quien salió el pequeño Harry.

―Gracias, Majestad. – Con una dulce sonrisa, el rey conyugue de Hogwarts dio un espacio para que su hijo saludase al más mayor.

―Oh, aquí está él, ¡el príncipe más bello de todos los reinos!

―¿Cómo está, mi rey? – Las mejillas del chico estaban rojas de vergüenza, que dejaban su imagen aún más encantadora.

―Muy bien, pequeño. Pero basta con ver cómo has crecido.

―Gracias…

―Imagino que ya estás con un pretendiente a la vista, ¿no es así?

―Desafortunadamente.

―¿Perdón?

―Lo que mi hijo quiso decir, majestad – Sirius interrumpió. – Es que de hecho, él ya está comprometido con el joven Draco Malfoy, hijo de mi hermana Narcisa y de su marido, el Duque de Slytherin, Lucius Malfoy.

Los mencionados hicieron una reverencia al rey, que los saludó con la cabeza. Así, Harry aprovecho que sus padres y la pareja Malfoy comenzaron una constructiva conversación con el rey sobre las transacciones comerciales entre los dos reinos, para escaparse de su querido prometido antes de que éste tuviese la brillante idea de…

―¿Me concede esta pieza, mi príncipe?

Demasiado tarde.

―No.

―Oh, creo que tú conoces el significado de la expresión "pregunta retorica". Entonces sabes que no me interesa tu consentimiento.

Harry estaba a punto de replicar algo grosero cuando se vio arrastrado a la pista de baile. Con seguridad, sería una larga noche. El imbécil de Draco agarraba su cintura con fuerza, guiándolo por el salón con inflexibilidad y dominio, de quien agarra una posesión la cual exportar. Bueno, al menos pisaría muchas veces los pies de su querido prometido. Oh, sí… él se iba arrepentir.

~•~

Tom Marvolo Riddle era un Conde, hijo del Marques Thomas Riddle y de su esposa, Merope Riddle. Un hermoso hombre de 25 años que llevaba a sus pobres padres a la locura, pues ningún doncel o doncella parecía buen o bastante para él. Tom contaba con un porte altivo, mirar soberbio y una sonrisa maliciosa en la comisura de sus labios que mandaba a centenares de donceles y doncellas a la locura. Era alto y poseía un cuerpo atlético de músculos bien definidos, la imagen perfecta del Dios Apolo que descendiera a la tierra. La cara varonil enmarcada por un cabello negro, sedoso y bien cortado. Y un par de ojos escarlatas que parecieran dos rubís lapidados y hacían a más de uno el no aguantar la intensidad de su mirar por mucho tiempo. Nunca un rojo fue tan imponente, color de ojos que él heredó de su padre, ya que ninguna persona en toda la inmensidad de los tres reinos –Hogwarts, Durmstrang y Beauxbatons– poseía algo igual.

El joven Conde era también el próximo en la línea de sucesión al trono, en caso de que el rey Grindelwald muriese sin dejar un heredero, pues su madre era prima de un monarca y así, él creció en el palacio con solo un propósito, el de aprender a administrar un reino. Y contrario a lo esperado, Grindelwald no parecía degustado con la idea de ser sucedido por él, por lo contrario, tenía gran estima al joven. Y era así como los padres de Tom, acababan preocupados por el hecho de que el joven Conde nunca pudiese conseguir un compromiso serio. Pero Tom siempre alegaba que ningún doncel o doncella que le era presentado estaba a su altura.

―Son todos superficiales, triviales y de espíritu débil. – Murmuró él, mientras caminaba por el salón e ignoraba los suspiros enamorados que dejaba detrás.

En aquella noche, completando su elegante imagen, Tom usaba un conjunto de camisa de seda negra, del mismo color que su pantalón, y un par de botas de cuero encima. Una imponente chaqueta verde-musgo, con adornos plateados en el contorno, daba un bellísimo contraste visual que era coronado con una corbata de seda blanca, con bordados vedes, alrededor de las solapas.

―Él es lindo… – Oía que murmuraban algunas doncellas y donceles.

―Es el hombre más bello del reino.

―Vean esos ojos…

―¡Y aquel porte, por Dios!

―Si al menos yo pudiese tener alguna oportunidad…

―Es maravilloso.

Pero ningún comentario parecía llamar su atención.

Los ojos rojos recorrían el salón con desinterés, no había un doncel o doncella que no suspirase por verlo. Pero ninguno le interesaba. Ningún era lo suficiente para él. Hasta que lo vio… Hasta que sus ojos se perdieron en una inmensidad esmeralda.

¿Quién era aquel bello joven?

¿Quién era el poseedor de esos ojos tan bellos y al mismo tiempo tan tristes?

Entonces oyó el anuncio y se dio cuenta. Aquel era el famoso príncipe de Hogwarts, el príncipe que según los rumores era el doncel más bello de todos los reinos. Y por primera vez en su vida, Tom tenía que darle la razón a los rumores. Aquel joven príncipe era el ser más hermoso que jamás haya contemplado en sus 25 años de existencia. Un aura de inocencia, timidez y suavidad parecía envolverlo de tal forma que era imposible no perderse en su imagen. No sumergirse en tamaña belleza, misterio y esplendor.

Por primera vez Tom Riddle se sintió interesado en alguien.

Por primera vez quiso estar con alguien.

Por primera vez…

…Alguien era digno de estar con él.

De repente, Tom observo como el lord almidonadito que acompañaba al joven príncipe, prácticamente lo arrastraba para bailar. ¿Sería posible que aquel chico de nariz empinada y aire de soy-el-mejor-del-mundo no comprendía el significado de las palabras caballerismo y gentileza para con un doncel? No, por lo visto no. Pero a juzgar por la sonrisa maliciosa que surgía en los labios del joven doncel siempre que pisaba los pies de su acompañante, sin duda, su venganza se estaba realizando.

― "Ingenioso…" – Pensó el Conde con una sonrisa, sin perder de vista aquel bello ángel de ojos esmeraldas que era obligado a dejarse deslizar por el salón.

~•~

―¿Draco, querido? – Harry sonrió inocentemente a su prometido, después de otra más dolorosa pisada en su pie.

―¡Ay! ¿Qué pasa?

―¿Me podrías hacer la gentileza de ir a buscarme una bebida?

No queriendo desaprovechar aquel momento en que Harry, finalmente, lo trataba de forma dócil y deseando darle un merecido descanso a sus pies, Draco asintió inmediatamente.

―Y también, no te olvides de poner una fresa en el champagne.

―Déjamelo a mí, y espérame aquí.

―Sí, y no te tardes, querido.

Y claro que solo bastó perderlo de vista para que Harry se colase sigilosamente al salón de la terraza que ofrecía una hermosa vista al jardín. Por fin pudo respirar un poco de aire fresco y verse libre de la irritante presencia de Draco. A algunos metros de allí, un divertido Tom Riddle observaba la escena y al notar que el joven príncipe escapaba de aquel pedante lord, no lo pensó dos veces antes de seguirlo. No sabía exactamente porque, pero sentía que aquel encuentro marcaría su vida.

Cuando llegó a la terraza pudo contemplar de cerca la arrebatadora belleza de Harry y quedó sin palabras. La única cosa que podía hacer era grabarse aquella imagen e intentar no olvidarla por el resto de su vida. El joven príncipe usaba una elaborada túnica blanca bordada con hijos de oro blanco, larga, pero que dejaba los suaves hombros descubiertos. La túnica era abierta a la altura de las rodillas y así, dejaba a la vista un pantalón de seda ligera, verde claro, que complementaron el look con pequeños zapatos de charol, blanco y una gargantilla de diamantes que dejaba el cuello blanco aun más hermoso y brillante. Pero era la esmeralda en el centro de la gargantilla que acentuaba el brillo de los ojos de Harry y hacía al pobre Conde contener la respiración por algunos segundos.

¿Cómo una criatura podría ser así de hermosa?

¿Cómo un ser humano podía desprender tamaño brillo?

No era posible.

El joven príncipe de Hogwarts no era un ser humano. Era un ser divino.

Y por primera vez en su vida, Tom se mostró interesado por cuestiones divinas.

―Parece un ángel… – Murmuró él, arrancando una bella rosa blanca de uno de los inmensos ramos de flores que adornaban los pasillos del salón, y saliendo al encuentro del bello príncipe que se hallaba apoyado en la pared baja de la terraza para mirar el jardín.

Era un lugar muy bonito, pensaba Harry, al observar los grandes árboles, arbustos y flores que hacían de ese jardín un rico escenario para ser vislumbrado. Nunca imaginó que en Durmstrang existiesen flores tan bellas y exóticas. El perfume de las rosas parecía llegarle hasta esa distancia, como si una de esas lindas rosas estuviese a pocos centímetros de su rostro.

―Un bonito escenario, ¿no lo cree? – Una profunda y seductora voz interrumpió sus pensamientos. – Pero no se compara con vuestra belleza, joven príncipe.

―¿Cómo…?

―Soy el Conde Tom Riddle, un placer. – Con una elegante reverencia, Tom entregó la rosa a un sorprendido príncipe.

Harry estaba, en pocas palabras, boquiabierto. Ese hombre era la descripción perfecta de los héroes de sus cuentos de hadas. Hermoso, con un aire seductor y una sonrisa que parecía eclipsar el brillo de la luna. Ningún Don Juan o Casanova le llegaría a los talones a aquel imponente Conde que conseguiría dejar al joven príncipe asombrado a primera vista.

―El placer es mío, Conde Riddle. – Saludó con las mejillas levemente sonrojadas.

―Quedé sorprendido al ver que alguien tan bello como vuestra majestad, quedara solo, en una fiesta tan exuberante.

―Bueno… – Se acordó de Draco. – el señor debe conocer un dicho: antes solo que mal acompañado.

―Claro, pero ¿puedo hacerle compañía, mi príncipe?

―Por favor, llámeme Harry. Y si el señor es una buena compañía, ¿por qué no?

―Eso dependerá de su juicio, Harry. – Con su mejor sonrisa seductora, Tom llevó la pequeña mano de Harry a sus labios y la besó delicadamente. – Sin embargo, no estoy seguro de que esté a su altura.

―Apuesto a que el señor siempre dice eso a los donceles y doncellas que conoce.

―No apueste cuando tiene grandes oportunidades de perder, joven Harry.

―Yo no tengo miedo de perder, Conde Riddle. – Aquella dulce y desvergonzada sonrisa hizo que un extraño calor recorriera el cuerpo de Tom.

―¿En serio? ¿Y de que más cosas vuestra majestad no tiene miedo?

―De muchas cosas, pero principalmente de hombres seductores que piensan que tendrán a cualquier doncel a sus pies.

―¿Estoy yo incluido en esa categoría?

―Eso depende. ¿El señor piensa que puede estar incluido en ella?

El chico estaba verdaderamente divertido, pensó Tom con una sonrisa.

―Hermoso, carismático e ingenioso. Sin duda, el príncipe de Hogwarts es una pieza rara.

―Cuidado, Conde Riddle, puedo asegurarle que el príncipe de Hogwarts no se siente ni un poco cómodo cuando es comparado con "una pieza", y aunque sea rara.

―Perdóneme.

―Esta perdonado. Después de todo, no puedo quedarme enojado con alguien que se presento con una flor tan bonita como esta.

―Las rosas blancas son la especialidad del reino, pero no tengo duda que de los lirios, clavos y orquídeas que hay en el jardín también le encantarían con su belleza.

―Sin duda…

―Una belleza que se vería eclipsada, claro está, por sus ojos, pues éstos desprenden un esplendor indudablemente mayor.

De nuevo, las mejillas de Harry ganaron un bello color carmín.

―El señor es un galán irreparable, Conde Riddle.

―De alguna manera, mi príncipe. – Tom aproximó sus cuerpos peligrosamente, perdiéndose en esos bellos ojos esmeraldas. – Pero no puedo negar que deseo impresionarlo solo para tener sus lindos ojos fijos en los míos.

―Sus ojos… – Harry dijo. – También son muy bonitos…

Una sonrisa aún más cautivadora surgió en los labios de Tom. Y Harry, que estaba a punto de ser sumergido en aquellos fuertes brazos, que parecían a un paso de rodearlo, despertó de repente, al ver por encima del hombro de Tom la conocida silueta de Draco, buscándolo por el salón.

¿Y ahora?...

… Fue el inevitable pensamiento que tuvo.

Mierda, ese maldito estaba al acecho de él y no demoraría en encontrarlo. Necesitaba hacer alguna cosa. Necesitaba pensar rápido. Y tal vez, ese seductor Conde pudiese ayudarlo.

―Conde Riddle…

―Dime Tom.

―Tom, si tanto quiere usted impresionarme, por favor, sáqueme de aquí.

―¿Cómo? – Arqueó una ceja. Aquello era demasiado repentino.

―Hay una persona que yo no quiero que me encuentre.

―Oh…

Ahora todo tenía más sentido.

―¡Rápido! – Harry miraba con evidente desespero como Draco se acercaba a la terraza en su búsqueda.

―Bien, venga conmigo. – En un acto impensado, Tom tomó la mano de ese hermoso joven que acabase de conocer y lo guió en dirección a una escalera de mármol en caracol que conectaba con la terraza del jardín.

Parecían fugitivos. Corrían dados de la mano absortos por los arbustos y árboles, sonriendo y sintiendo la adrenalina recorrer sus cuerpos libremente. Sí, por primera vez en su vida Harry se sentía libre. Y por primera vez, Tom sentía que su mundo tomaba color, no eran solo reglas y negocios, pero acciones espontaneas con un audaz doncel que era nada más, y nada menos, que el príncipe de Hogwarts. Aquel chico era realmente una gema pulida. Los pensamientos de Tom estaban perdidos en esos hermosos ojos verdes que de pronto habían iluminado su vida, cuando por fin pararon para respirar, sentándose en el borde de unas pulcras fuentes que mostraban un doncel y un hombre, abrazados, y rodeados por pequeños cupidos. Zeus y Ganimedes. La primera pareja de doncel y varón retratados en la mitología.

―Creo que usted ya está a salvo, joven príncipe.

―Agradezco su acto heroico. – Sonrió de forma cómplice, mientras intentaba normalizar su respiración.

―¿Puede decirme de quien intentaba huir?

Harry solo suspiro.

―De mi irritante primo. Pero no quiero hablar sobre eso ahora, el solo recordar hace que pierda el ánimo.

―Entonces vamos a dejarlo a un lado. Una noche tan linda como esta debe ser aprovechada con alegría, ¿no crees?

―Por supuesto… – Harry sintió su corazón dar un salto cuando el guapo Conde se acercó y entrelazó sus manos, mirándolo con algo que se asemejaba a la veneración y cariño.

Así, los minutos pasaron, y después las horas, como escasos segundos para los jóvenes nobles que conversaban bajo la luz de la luna. Los temas fluían con naturalidad, desde sus experiencias en la infancia hasta los momentos más tediosos que vivían en ese tipo de fiestas y las sonrisas forzadas que muchas veces eran obligados a dar. Harry encontró en Tom un hombre culto, refinado, amante de las bellas artes y poseedor de un humor sarcástico divertidísimo, pero por encima de todo un caballero que escondía su amabilidad con un aire seductor peligroso para cualquier clase de respeto. De la misma forma, Tom halló en Harry un joven dulce, inteligente y enamorado por las novelas de buena calidad que ocultaba una faceta astuta y desfachatada tras una sonrisa tímida y esos ojos deslumbrantes.

Sin duda alguna, uno estaba encantado por el otro. Y el encanto era tanto que los primeros rayos del sol ya surgían en el horizonte cuando notaron que la fiesta había terminado. En ese instante, Harry pensó que sería un doncel muerto cuando sus padres lo viesen, pero que aun así moriría feliz, pues conocer a Tom cambió completamente su vida.

―¿Tú crees en el amor a primera vista, Harry?

Las mejillas del príncipe, que en aquel mismo momento apoyaba la cabeza en el hombro del mayor, otra vez adquirieron un bello color rosado, obligándolo a desviar su mirar.

―Es algo que solo encontraré en los libros, Tom… – Dejó escapar un suspiro. – Pero… debo decir que esta noche me llevo una bonita historia.

―Esta historia podría hacerse realidad.

En el escenario de un magnifico amanecer, protegidos por la sombra de la estatua en mármol de Zeus y Ganimedes, sus ojos se encontraron y ellos notaron que estaban mucho más cerca. Inmediatamente, Tom enfocó los bellos labios rosados que le eran ofrecidos de manera inconsciente por el joven príncipe, después que éste cerrara los ojos a la espera de el tan esperado contacto. El Conde claro, no se hizo de rogar y junto sus labios en un casto beso, deleitándose con ese contacto como quien probaba el más suave elixir. El toque dulce y suave logro transformarse en una experiencia intensa y apasionada, pues Harry separó solícitamente los labios dejando que la lengua de Tom explorase su boca con vehemencia y deseo. Cielos… Harry nunca sintió tanto calor en su vida. Contrario al viento helado de la mañana, el joven príncipe sentía que su cuerpo estaba en llamas y que las fuertes manos del Conde, recorriéndole, no conseguían aplacarlas, pero si aumentar esas llamas.

―Es mejor… – Tom se separó con suavidad, pues si continuase así tendría serios problemas con el reino vecino. Ya se imaginaba el escándalo: "El Conde de Durmstrang y el Príncipe Doncel de Hogwarts son atrapados en pleno jardín". No, era mejor hacer las cosas de la manera correcta. – Es mejor que lo lleve de regreso a sus aposentos, mi príncipe.

―Sí… – La mente de Harry se encontraba completamente nublada. – Si, es mejor.

―Más tarde mis padres hablaran con los tuyos.

―Cierto…

―Luego podremos estar juntos.

Con una sonrisa boba en los labios, Harry se dejó guiar hasta sus habitaciones en el ala norte del palacio que habían sido preparados para la familia real de Hogwarts. Y con un inmenso cuidado para no despertar a sus padres que probablemente dormían en el cuarto contiguo, él ingresó en la suite, después de despedirse del Conde con un beso apasionado que ansiaba lo que estaba por vivir. Dejando detrás aquel hombre que en una noche cambiara completamente su vida, con una promesa de que en algunas horas podrían formalizar su hermoso compromiso.

―Solo puede ser un sueño… – Harry suspiro, recostándose en la puerta que acabara de cerrar y deslizándose hasta sentarse en el suelo con un mirar perdido y una sonrisa en los labios. Ese hombre, el Conde Tom Marvolo Riddle, era su príncipe azul. El héroe de sus sueños finalmente se hacía realidad.

Y Tom, por su parte, mientras caminaba por los conocidos pasillos en dirección a su habitación personal, no podía dejar de pensar que finalmente encontró a alguien con quien compartir su vida. Alguien que estaba a su altura. Alguien tan dulce, ingenioso y hermoso que llegaba a superar sus expectativas. Harry James Potter-Black, el príncipe doncel de Hogwarts, el elegido para permanecer a su lado por el resto de sus días.

―Maldito… – Una fría voz se dejó oír por el corredor que ahora se encontraba vacío.

Un par de ojos grisáceos habían contemplado aquella despedida tan calurosa. Y eso no le agradó ni un poco.

Continuará…


Próximo Capítulo: ―Pero padre… – El claro mirar que Sirius le lanzó hizo que el joven suspirara y bajara la cabeza para no arruinar más los problemas de lo que ya estaban.

(…)

―Soy Hermione Granger, majestad, y seré su dama de compañía.

~•~•~

Aclaraciones:

-El castillo Durmstrang está basado en el Palacio de Versalles. Quien desea verlo, solo deben colocar en Google: Palacio de Versalles.

N.T.: Primero que nada, agradezco mucho a mooniemouse27, Souh Ikki, ValeryVampire y también a lobalunallena por sus reviews y el hecho de que les haya encantado tanto como a mi esta historia. No obstante, sus felicitaciones deben ir a Tassy-Riddle quien es la autora original de la historia, y quien me permitió hacer la traducción. Bueno, ahora dirigiéndonos a este capítulo... pues... ¿qué les digo? Al igual que ustedes, yo también leo los capítulos mientras los traduzco... y... este capítulo estuvo... uff... juro que me contuve de gritar (sobre todo porque estaba en una biblioteca) pero bueno, ¿qué me dicen ustedes? Al fin Tom y Harry se conocieron e hicieron ''clic'' al instante. ¿Romántico, eh? Pero tal parece que nuestro ''querido'' Draco no quedó muy contento. Y no se preocupen, yo también quiero saber que pasara en el próximo capítulo. Como me toma dos días aproximadamente traducir un capitulo (porque son largos) entonces, cada dos o tres días habrá un capítulo nuevo, dependiendo de que tan ocupada esté, ¿de acuerdo? Keep calm and read Harry Potter.
¡Gracias, Tassy-Riddle!