Disclaimer: La historia original y personajes pertenece a Square Enix.
Comentario de Autor: Un primer capítulo más corto de lo que pretendía, pero tenía que arracar de alguna forma y ha sido esta. Disfrutadlo.
Midgar
Caminaba por las ruinas de la vieja Midgar sin señal alguna de vida por las desérticas calles. El último ruido que había escuchado desde hacía una hora era el del helicóptero de Reevees alejándose del lugar.
Fue por esto que le extrañó escuchar pasos pesados al acercarse a una bifurcación de la estrecha calle por la que se movía.
Rápidamente se escondió tras el muro de una de las pocas casas en pie, apoyando la espalda contra este y colocando el cañón de Alivio de Cerbero hacia arriba, a la espera de comprobar el causante del ruido.
Segundos más tarde, echó un vistazo rápido al camino que había estado frente a él y comprobó que había dos enormes perros de los Tsviets, caminando y olisqueando por el lugar. Al parecer habían notado su olor, aunque de momento lo seguían buscando.
No lo pensó demasiado, dios un giro brusco hacia su izquierda y salió al camino quedando de cara a los perros mientras disparaba su pistola con la firmeza de su derecha. Al instante, los dos perros lo miraron con un ronco gruñido y corrieron hacia él. Las balas del hombre rebotaban en la dura coraza que las bestias llevaban en torno a su modificado cuerpo.
Vincent decidió dejar de disparar de frente y esperó los pocos segundos que le quedaban a que los perros estuviesen lo suficientemente cerca. Entonces dio un salto hacia el muro de su izquierda, apoyando los pies en el cemento para dar un mortal hacia atrás en el momento en que los Tsviets pasasen corriendo bajo él sin ser aun conscientes de su rápida maniobra.
Cuando los caninos mutantes pasaron corriendo bajo el pistolero, este, aun en su salto de espaldas, dirigió su arma a la nuca de lo que ya no podían llamarse animales, acabando primero con un y luego con otro en menos de una milésima.
Las bestias se desplomaron al tiempo que Valentine acababa su salto con una rodilla hincada en el suelo y sin perderlos de su vista.
"Vincent Valentine"
Una suave voz de mujer hizo que Vincent levantase la vista al instante, siendo visible parte del blanco de sus ojos en torno a sus iris granate debido al escalofrío producido por el recuerdo de aquella visión que le atormentaba.
Pero, a pesar de su ansia o su temor, en cuanto volvió la vista a su frente no encontró nadie de quien pudiese surgir la voz que lo seguía. Se llevó una mano a la frente y miró su garra.
"Lo siento mucho"
Ahora las palabras procedían del fondo de sus recuerdos, marcadas a fuego en el brillo de sus refuerzos metálicos. Grabadas en sus ojos por el infinito tiempo que le quedaba.
Se puso de nuevo en marcha, alertado por la presencia de los perros Tsviets y en busca de soldados de los mismos para contar con la ventaja del factor sorpresa.
xxxxxxx
Disparó tres veces desde su posición. A la rodilla, al hombro y al pecho. Y la última soldado Tsviets estaba aniquilada. Calló con el sonido seco de un plomo y desparramó los cartuchos que le quedaban en la metralleta el tiempo que el cristal de su casco se resquebrajaba.
Vincent saltó del gran contenedor industrial en el que estaba apostado tras un par de cajas del viejo cargamento ya en desuso y se acercó al último Tsviets con el que había acabado.
Miró el cristal roto durante unos segundos, preguntándose en que parte de todos aquellos cables quedaría el rastro de la persona que alguna vez había sido aquella mujer. Los Tsviets eran despiadados. Secuestraban vidas humanas y las convertían en soldados controlados por materia y cables. Un destino cruel para unas personas humildes y felices.
El pálido continuó su camino hacia el interior de Shinra, que en la actualidad ya apenas contaba con sistemas de seguridad operativos. Desde el patio en el que estaba accedió a la tercera planta que reconoció gracias a su antigua pertenencia a los TURCOS.
Recorrió los pasillos cruzándose con salas de reuniones, laboratorios e incluso una desgastada sala de entrenamiento para SOLDADO. Pero no había rastro de más enemigos por el lugar. Al contrario de lo que parecía debido a la seguridad de la terraza, lo más probable era que aquello que estuviese rondando Midgar desde Shinra, estaría en los laberínticos sótanos.
Caminó con calma por la estancia, comprobando el penoso estado de los establecimientos más modernos y lujosos de la gran Midgar en su día. Cristales rotos, fusibles quemados, muebles destrozados, paredes derrumbadas, antiguos cuadros… La magnánima Shinra propiedad del magnate de Rufus Shinra, uno de los hombres más codiciosos e imprudentes que el mundo había conocido. Ahora su foto quemada se deterioraba en aquel edificio más lentamente que su salud en su cara silla de ruedas.
Bajó las escaleras con su infinita paciencia, fijándose poco en lo que sus ojos ya habían visto más de una vez en un viaje que no planteó demasiado ajetreo hasta llegar al primer piso. En cuanto bajó los últimos escalones, dos pequeñas máquinas redondas con un radar en su parte central se acercaron a él a toda prisa, dedicándole descargas eléctricas a las piernas, pecho y cabeza.
A pesar de que los primeros ataque consiguieron darle en el cuádriceps y en el costado la potencia de las máquinas no era la suficiente como para inutilizarlo con aquello.
De un golpe limpio de su izquierda izo rodar el cargador de su arma y, tras dar un salto hacia atrás para tomar distancia de tiro, dedicó un disparo decisivo que reventó el centro de una de las máquinas. La otra, tras dar una vuelta sobre sí misma mientras cargaba energía, se lanzó contra el hombre quien le dedicó una patada que la dejó boca abajo a algunos metros de él.
Vincent se acercó unos pasos y dio otro tiro a la zona blanda del robot rastreador haciendo que dejase de mover las robóticas patas. Nuevamente el silencio.
xxxxxxx
"Uplink Successful. Now commencing SND"
"La conexión con los datos adjuntos a la base data de las investigaciones de la Dra. Crecent ha sido satisfactoria. Búsqueda de la protomatira comenzada. Nuevo documento sin revisar."
Una luz brillante. Y un aguijonazo atravesó la cabeza de Vincent de lado a lado obligándole a hincar una rodilla en el suelo al tiempo que soltaba un quejido agarrando su sien. Comenzó a respirar con fuerza mientras sentía las costillas hacer presión sobre sus músculos. Apretó los dientes y se agarró el pecho, la voz le sonaba más ronca.
"¿Recuerdas nuestro lugar bajo aquel árbol?"
Su pecho se paró por un instante y una figura brillante se presenció ante su ya borrosa visión antes de que soltase un alarido desesperado.
