Capítulo 1:
"Un verano turbulento"
Un taxi estacionó delante de mi casa. De él salió un hombre metiendo las maletas de Sirius y de Harry en el maletero. Estos estaban despidiéndose de Prue y sus hermanas.
-Es la hora. Tenemos que marcharnos ya- dijo Sirius.
-Lo sé.- le respondió Prue.- Te echaré de menos- se abrazó a él.
-Yo también. Pero tenemos que hacerlo por ella- dijo mirándome a través de mi ventana.
-ya.- Harry entró en el coche tras despedirse de sus nuevas amigas. Ni siquiera se había despedido de mí y eso me tenía triste.
-Pronto nos volveremos a ver. No te preocupes.- dijo Sirius segundos antes de que se montara en el taxi y se marchará. Antes de que el coche se perdiera a lo lejos, Sirius echó una última mirada a mi madre y a mi. Harry en cambió, no miró atrás. Mi madre y sus hermanas entraron minutos después al interior de la mansión.
-No sé Prue. No creo que Sirius sea el culpable de lo que le ha pasado a nuestra sobrina. Él no se merece que le saques así de tu vida. Sirius te ama y lo sabes.
-Lo sé Phoebe. Pero no me queda otro remedio. Pero no pienso dejarle. Sólo ha tenido que ausentarse temporalmente de la casa, pero pronto volverá, cuando mi hija recapacite y comprenda que lo que ha hecho está mal.
-¿Tú crees?
-Seguro, no te preocupes. Ahora voy a salir. He de comprarle los libros a Sandra para su próximo curso en el Colegio.
-Te acompaño. Debo comprar remedios que nos faltan.
-Está bien. Adiós Phoebe.
Me pasee lentamente por mi habitación. Estaba muy nerviosa después de la salida de Sirius y minutos después de mi madre. "Seguro que ha salido para encontrarse con él." Me decía a mi misma enfadada. Me senté en el borde de la ventana, y me dispuse a esperar su regreso.
Dos horas después un coche aparcó lentamente en la puerta de mi casa. De él salieron Prue y Sirius. Al volver a verle, me enfadé más. Mis presentimientos de que estaban juntos eran ciertos. Y eso me enfadaba aún más. Tras darse un largo beso de despedida, mi madre entró en la mansión con una bolsa en la mano. Yo me quedé observando a Sirius, hasta el momento en que él me vio mirándole por la ventana, y me aparté bruscamente de ella. Minutos después entró Prue trayendo en sus manos la bolsa.
-Hola hija. Te traigo tus libros del nuevo curso escolar. Te los dejó encima de la mesa, para que tú puedas...
-¿has estado con él verdad? No me mientas...
-Hija.. yo no...
-¡No me mientas porque te acabo de ver besándote con el!.
-Me encontré con él en Londres mientras te compraba los libros y me acompañó hasta casa...
-Ya.. y luego llegas aquí y os veo besándoos...
-Escúchame bien lo que te voy a decir. Yo te adoro, eres mi hija y no quiero perderte después de todo lo que ha pasado entre nosotras. Pero yo amo a Sirius, y no quiero separarme de él. He aceptado por ti que se marchara de esta casa, pero no me pidas que rompa con él, porque no lo voy a hacer. Nada me hará separarme de Sirius, ¿entendiste?
-¡Pues yo no te permito que salgas con él! Sirius no te conviene, estuvo en Azkaban por...
-Por un delito que no había cometido. Y esta conversación se termina aquí, jovencita. Nada hará que cambié lo que te acabo de decir. Reflexiona bien sobre todo esto. Hasta mañana.- Dijo mientras abría la puerta dispuesta a marcharse. Pero antes de que cerrara dicha puerta, le dije:
-¡Nunca le voy a aceptar! Y tú lo sabes...- Nada más irse, me tumbé en mi cama. Estaba agotada. Lo acontecido hoy me tenía exhausta, así que nada más cerrar los ojos me quedé dormida.
La medianoche había caído sobre mí. La luna relucía claramente sobre mis pies. A cada paso que daba, el miedo me recorría con más rapidez. Algo me perseguía, algo que lo que buscaba era matarme. Me encontraba en un bosque, muy familiar para mí. Entonces escuché unos ladridos de un perro, y aceleré mi paso. A los pocos minutos, me encontré corriendo desesperadamente. Tropecé con una rama y caí de bruces contra el suelo. Los ladridos del perro dejaron de sonar por un momento. Rápidamente me incorporé, y seguí corriendo. Volví a escuchar al perro detrás mía. Entonces decidí esconderme en el primer lugar que encontrara. Vi un árbol pocos minutos después y allí me escondí. La oscuridad de la noche, hacía que no se pudiera ver nada. Saqué mi varita cuando vi la silueta del perro a mi espalda. En unos segundos esta se convirtió en una figura humana levantando una varita. Entonces me habló con una voz fría y extrañamente familiar para mí:
-Sal, no tengas miedo. Sólo quiero hablar contigo y luego matarte...- En ese momento, una mano me cogió del hombro y me sacó de mi escondite. Y después...
Desperté sobresaltada al sentir como alguien tocaba a mi ventana. Era la lechuza de Hermione. Aún asustada por el sueño, me levanté lentamente y abrí la ventana. "Sólo ha sido una pesadilla, no te preocupes, no pasa nada". Me dije lentamente. La lechuza se posó sobre mis hombros y le quite la carta que iba en sus patas. Al desplegar el pergamino, vi la letra de Hermione.
Querida amiga:
Mañana empezamos un nuevo curso en Hogwarts. Me he enterado de lo que ha pasado con Sirius y con Harry. Lo siento mucho, amiga. Tú no te preocupes, ya verás como todo se arregla. Te escribo para animarte, y para recordarte que el otro día fue el cumpleaños de Harry. Me imagino que se te habrá olvidado por tu pelea con él. No dejes de felicitarle, aunque estéis enfadados. Estoy segura que él te lo agradecerá. Te presto a Pidwing para que le envíes algo a Harry. No seas tonta, y felicítale. Bueno amiga, mañana nos veremos. Besos
Hermione.
Releí el pergamino más de una vez. Hermione tenía razón, había olvidado por completo el cumpleaños de Harry. Aunque en realidad no me sentía con ganas de felicitarle después de todo lo que había pasado. Pero tras pensarlo detenidamente, decidí que lo mejor era enviarle algo, así que empecé a escribirle unas líneas. Pero no se me ocurría nada que ponerle. Tras varias cartas rotas, llegó la que más me convenció:
Querido Harry:
Hace unos días fue tu cumpleaños, y no sé por que no te pude felicitar. Perdóname la tardanza. Deseo que todo te vaya bien junto a tu querido padrino. Bueno, aquí te mando un regalo por cumplir 15 años. Espero que te guste. ¡Felicidades!
Yo
No sé por qué terminé firmando "yo" en vez de poner mi nombre. Quizá porque no quería que Harry supiera que la carta era mía, o tal vez porque ya sabía que él descubriría que era mía sin necesidad de que yo se lo contara.
Tras cerrar el pergamino, decidí salir en plena noche, para buscar un regalo para Harry. Sabía que podía ser peligroso, pero no me importaba en aquel momento. Así que me vestí sin hacer ruido, le di de comer a Pidwing y salí por la ventana. Nadie en mi casa se dio cuenta de que había salido.
Era medianoche y todo estaba cerrado. Ninguna tienda quedaba abierta. Así que tras mucho caminar, decidí viajar en el autobús noctámbulo hasta Londres, en busca de una tienda mágica. Llegué tan rápido como aquella primera vez con Harry hace un año. Me di cuenta, de que todas las tiendas mágicas estaban abiertas. Rápidamente, entré en una y me dispuse a comprar el primer regalo que encontrara.
Pero no fue así, ya que había un montón de regalos, y todos eran perfectos para Harry. Entre ellos había un estupendo juego de quidditch que le encantaba y un libro titulado "los misterios del quidditch cien milenios atrás" la historia del quidditch desde sus inicios. Cuando me decidí por comprar esto último, descubrí algo brillante que relucía en la estantería más alejada de todas. Al acercarme, descubrí que se trataba de un colgante hechizado. La mujer de la tienda, se acercó a mí lentamente y me tocó el hombro.
-Jovencita, es hora del cierre. Ya son las tres de la mañana. Elige rápido lo que quieras comprar. Eres la última.
-¿Ya son las tres? Qué rápido se me ha pasado el tiempo.- La mujer vio el gran interés que yo tenía por aquel extraño colgante.
-Veo que te ha gustado el colgante. Eres la primera que es atraída por él.
-¿sí? ¿posee algún poder?
-Algo así. Lo forjó Aquel Que No Debe Ser Nombrado hace doce años.
-¡que!- exclamé asombrada.- No puede ser...
-Así es. Se dice que lo hizo para embrujar el corazón de su amada. Pero nunca lo consiguió.
-¿Se sabe quien era su amada?
-Solo sabemos que era una joven brujita adolescente que le dio un hijo, cuando la hechizó con sus diabólicos poderes.
-Pero no sé sabe cual es su nombre...
-correcto. La leyenda dice que el colgante llamará a otra jovencita para reunirse con el Príncipe Tenebroso y...
-¿Y?
-Ya no sabemos más, ya que nunca el colgante había reaccionado con nadie... Bueno, ¿Qué vas a comprar finalmente?
-Aquel libro.- dije mientras lo cogía apartando rápidamente de aquel colgante.
-son diez libras.
-Aquí tiene. Buenas noches
-Espera- dijo cogiendo el colgante con una sonrisa en los labios.- Ya que nadie quiere el colgante, y puesto que tú has... bueno, da igual, te lo regalo.
-¿en serio? Pero si cuesta 50 libras...
-No te preocupes, es tuyo. Cógelo.- Lentamente me lo metí en mi bolsillo. Ese colgante me hacía sentir una sensación muy extraña.- Que pases un buen día.
Salí de la tienda, deseando llegar a mi casa. Pero todo se había vuelto de repente muy oscuro. Impaciente, me preparé para esperar el autobús Noctámbulo para que me llevara de nuevo a San Francisco. Pero algo distrajo mi atención. Unos ruidos detrás de unos matorrales, hicieron que me alteraran. Pude ver una silueta negra parecida a un perro, y cuando me decidí a acercarme a ella, una mano fría me tocó el hombro. Pegué un grito atronador. Al darme la vuelta, vi el rostro del hombre al que más odiaba en el mundo: Sirius Black.
-¿Se puede saber qué estás haciendo aquí a estas horas de la noche? No sabes que es peligroso.
-Me has asustado... Podías ser más delicado, ¿no?
-No, porque no sé si lo sabes, pero estás en peligro. ¿A quien se le ocurre salir sola a estas horas de la noche? Y encima venir aquí... ¿Y si yo hubiera sido Voldemort?
-Pero no lo eres... Y deja de regañarme, que tú no eres nada mío.
-Lo sé, pero me preocupo por ti.
-ya.. tu lo que quieres es robarme a Prue, como ya conseguiste alejar de mi lado a Harry.
-Eso no es verdad y tu lo sabes...bueno, dejemos de discutir. Tienes que volver enseguida a casa. Tu madre y tus tíos están preocupados por ti.
-¿Cómo lo saben? ¿Acaso se lo has dicho tú?
-Claro que no. Prue me llamó alarmada y me dijo que habías desaparecido, entonces me dispuse a buscarte. Y ahora mismo te he encontrado. Así que Vamonos.
-¿Qué? ¿Tú me vas a llevar a casa?- pregunté incrédula. Vi como se sorprendía ante mi pregunta.- Pues prefiero que no me lleves a casa. Puedo ir perfectamente yo solita, no te necesito para nada.- dije enfadada alejándome de él. Pero Sirius me alcanzó velozmente y me llevó hasta su coche mágico.
-No digas tonterías.. estás tú muy equivocada si crees que te voy a dejar con el peligro que te acecha.- Obligada y asqueada subí hasta el coche. Como este era mágico, no tardamos mucho en llegar a mi casa. Al aparcar, me preguntó:- dime, ¿Por qué me odias tanto? Yo no he hecho más que preocuparme por ti, y ayudarte en todo...
-si, ya... eso dices. Pero lo único que has logrado es fastidiarme más la vida.- Sin esperar a una respuesta por su parte, salí del coche y me dirigí a la puerta de mi casa. Sirius salió después. Tenía un rostro afligido pero a mi no me importó en absoluto. Llamó al timbre y a los pocos segundos apareció mi madre con aspecto preocupado. Se notaba que no había dormido nada en toda la noche.
-Menos mal que ya estáis aquí.- Dijo mirándome.- Estaba muy preocupada por ti.
-Tan poco era para tanto, sólo salí a comprar una cosa...
-¿Qué no es para tanto?- dijo asombrada Phoebe saliendo detrás de Prue- ¿no Sabes que te podía haber pasado algo?
-Pero no me ha pasado nada.- dije saliendo al paso y subiendo a mi cuarto sin esperar a que me siguieran regañando. En la entrada se quedaron solos Sirius y mi madre.
-Cariño, gracias por encontrarla. Si no llega a ser por ti... Estaba muy preocupada.
-tranquila, todo esta bien. Gracias a dios no ha pasado nada malo.- dijo abrazándola.- Bueno, me tengo que ir. Ya es muy tarde, y mañana tengo que llevar a mi ahijado pronto al colegio. Buenas noches.
-Gracias por todo- le volvió a decir mi madre. Luego le dio un beso de despedida, y Sirius se fue hasta su coche. Tardó un buen rato en arrancar. Se sentía culpable por lo sucedido aquella noche. Mis palabras resonaban en su mente como bombas. Tras reflexionar todo, se marchó hasta su casa.
Cerré mi puerta con cerrojo para no tener que darle explicaciones a mi familia. Los sucesos habían ocurrido tan deprisa, que ni siquiera tenía tiempo de pensar con claridad. A los pocos minutos de entrar en mi cuarto, escuché como mi madre llamaba a la puerta para entrar.
-Abre. Tenemos que hablar.
-Quiero estar sola. Vete.- le dije secamente. Prue al comprobar que la puerta estaba cerrada a cal y canto se marchó triste. Nada más irse, yo me puse a llorar sin poder controlarme. Ni siquiera supe por qué lloraba...
Me acerqué lentamente hacia donde estaba Pidwing y coloqué la carta que había escrito para Harry en sus patas. Luego saqué de mi bolso el libro que le había comprado por su cumpleaños y también se lo adherí.
-Bueno, feliz cumpleaños Harry...-dije mirando al vacío mientras la lechuza se alejaba volando. Pensando en Harry me tumbé en mi cama. Sin poder dormirme, recordé las palabras de la dependienta y busqué el colgante que me había regalado. Sin saber por qué me lo colgué al cuello. Quizás esperaba que ese colgante me llevara directamente hacia mi mayor enemigo, pero la realidad fue que no sucedió nada. Lentamente, me fui quedando dormida.
En el salón de la mansión, se encontraban mi madre y Phoebe. Ambas tampoco podían dormir.
-¿Cómo está?
-No ha querido hablar conmigo. Se ha encerrado en su cuarto.
-Creo que la consientes demasíado, hermana. Pienso que no ha sido correcto que dejaras que Sirius se marchara de la casa solo porque ella te lo pidió.
-Lo sé. Pero compréndeme, no quería volver a perderla, después de lo que me costó que aprendiera a quererme un poco.
-Entiendo. Dentro de unas horas volverá a Hogwarts y pasarás un tiempo sin verla.
-Lo sé. Espero que durante ese periodo reflexione y comprenda mejor esta situación. Además deberá hacerlo, si no quiere pasarlo mal también en el Colegio con su nuevo profesor de Defensa Contra Las Artes Oscuras.
-Es verdad... No me acordaba... Pobre de él y de mi sobrina como sigan así las cosas...
Lejos de San Francisco, en una casa cerca de Londres, Harry Potter no dejaba de pasear de un lado a otro por su salón. La angustia de presentir que algo malo me había pasado le sobrepasaba. Minutos después se sintió aliviado al ver entrar por la puerta a su padrino.
-¿Y bien? ¿La has encontrado? ¿Cómo está?
-No te preocupes. Está bien. La localicé cerca de aquí, saliendo de una tienda de magia.
-¿Qué hacía allí a esas horas de la madrugada y sola?
-no lo sé. Pero por fortuna todo ha sido un susto, y ella ahora está en su casa sana y salva, así que ahora será mejor que te acuestes, porque mañana empiezas...- un ruido en la ventana le impidió terminar su frase. Harry se acercó a ella y vio entrando por la ventana a la lechuza de Hermione.-Es la lechuza de Hermione, Pidwing ¿no?
-Así es. Voy a ver que es lo que quiere.- Leyó la nota con detenimiento, y luego abrió el paquete que venía adherido. Se sorprendió al saber que se trataba de ese libro, ya que hacía tiempo que quería comprárselo.- Es un regalo por mi cumpleaños.
-¿De Hermione?
-Viene firmado con el sobrenombre de "yo" pero por la letra y por lo que pone sé de quien es- dijo tristemente. Al ver la reacción de Sirius dijo:- Sí, debe ser de Sandra.
-Claro... eso sería lo que ha ido a comprar esta noche a la tienda de magia: tu regalo. Y por lo que veo te ha encantado.
-Sí. Ella me conoce muy bien y ha acertado por completo.- dijo pensando en todo lo que había acontecido con nosotros.- bueno, me voy a la cama que dentro de poco empieza mi nuevo curso en el Colegio.
-Espera Harry.- dijo cogiéndole de la mano.- Aún no entiendo porque rompiste vuestra relación. Se nota que ambos os queréis mucho.
-Lo sé... pero después del daño que te ha hecho no podía seguir con ella como si no hubiera pasado nada.
-Por mi no deberías haberlo hecho. No merece la pena. Su problema en conmigo, no contigo.
-Todo lo que te hace daño a ti, me lo hace a mi... Bueno, no es momento para hablar de esto ahora. Otro día continuaremos con esta conversación. Buenas noches.- Harry se despidió de su padrino y se fue a su cuarto. Allí se dejó caer sobre su cama, y se quedó dormido pensando en el regalo que acababa de recibir, y en la carta que venía con él. Se pudo dar cuenta perfectamente de que en esas líneas se plasmaba el rechazo hacia su padrino. Este, mientras tanto, se quedó pensativo en el sofá. No quería dormirse, porque tenía mucho en lo que pensar. Sobre todo con respecto a su nuevo puesto de profesor en el Colegio Hogwarts y como me lo podría tomar yo cuando me enterara.
