Una que otro consejo para entender más o menos esta trama.

[…] = cambio de mundos alternos

. . . = cambio de escena.


Personalidades inversas


Cuando abrió los ojos, para su sorpresa era el mismísimo Lance. La única diferencia era que este estaba vestido con otra ropa que no era la que acostumbraba a llevar: llevaba una camisa blanca con botones, arremangada de las mangas, y la llevaba fuera el pantalón negro que portaba junto con unos zapatos deportivos color azul marino y un curioso reloj en la muñeca derecha. El mismo color que lo representaba como el paladín del León Azul, pero ahora dudaba que, en ese lugar tan extraño, fuera un paladín de Voltron.

Pero mejor dejó esa idea de lado. ―Quítate de encima. ―gruñó molesto e indiferente, frunciendo nuevamente el ceño, removiéndose como un gusano bajo el cuerpo de Lance. Por alguna extraña razón se sentía raro estando a merced de una persona, no era para nada común que alguien te tomara por sorpresa y te tirara al suelo. Y luego te tuviera como una bestia indefensa.

Pensó que, si le gruñía, se alejaría y lo dejara en paz o que le diera algo para defenderse como siempre ocurría cuando Lance le contradecía algo, si bien no lo hacían a menudo, era muy probable que en algún momento terminarían en una discusión o inclusive en una pelea a muerte. Pero Shiro los detenía a tiempo que querían sacar las garras del león. Lo único de diferente a lo que paso después de que Keith lo amenazara o algo por estilo, no recibió la respuesta que esperaba; en vez de una expresión enfadada, solo recibió un rostro inexpresivo por parte del moreno.

― ¿Por qué estas molesto conmigo? ―fue lo único que recibió como respuesta, pero sin ningún tono de sentimiento como siempre demostraba. Tenía un tono completamente neutro. Que lo dejaron con los ojos completamente abiertos de la sorpresa. ― ¿O estas molesto con otra cosa que no sea yo? ―la pregunta lo tomó desprevenido. Aún más cuando Lance acercó su rostro al suyo como si fuera una costumbre que lo hiciera.

―N-No te acerques demasiado, invades mi espacio personal. ―trató de sonar amenazante, pero eso no le fue posible. ― ¿Por qué me miras tanto? ―trató de hacer que él se alejara por responder su pregunta. Keith hizo su cabeza hacia atrás para evitar esos ojos azules que lo analizaban, para descubrir que ni él mismo sabia del todo. ―Ya, deja eso. Me incomodas. ―pero no funcionó como quería. Más se acercó a su rostro, que Keith juraba estaba caliente. Y tampoco sabía el porqué de eso.

―Solo reviso si no me estas mintiendo como acostumbras. ―fue la respuesta que recibió. Unos segundos que le parecieron eternos al pelinegro, Lance se alejó para estar simplemente encima de él. ―Al parecer no. ―y finalmente soltó las manos pálidas del chico, se levantó y se quedó parado con un Keith todavía recostado en el césped, tieso. Lo miró y su rostro perdido en el cielo anaranjado, seña que casi iban a terminar las clases de la tarde. Le pareció muy tierno, pero no mostró emoción al respecto. ―Levántate, ya casi es hora de irnos. ―Lance, en vez de irse, solo desvió la mirada. Metiendo los manos en los bolsillos de su pantalón.

Mientras tanto Keith, sacudió su cabeza despertando de su letargo para levantarse como rayo. Haciendo una acrobacia para hacerlo. Pero Lance no le prestó atención a eso, se fijó más en el vestuario que Keith traía puesto, y le pareció raro que no llevara su cabello amarrado en una coleta bajo, y mucho menos loas anteojos gruesos y grandes que siempre portaba. Más bien, todo lo llevaba, al contrario. Exceptuando el vestuario claro. Le atrajo la atención que tuviera una chaqueta bastante llamativa.

Pero no dijo nada, lo conservó para sí mismo. ― ¿Qué tanto me miras, tonto? ―la voz de Keith, lo hizo mirarlo.

―No es nada. ―el moreno se volteó, indiferente. ―Vámonos.

. . .

― Si no estabas en la clase de matemáticas con el profesor Slav ― hablo Lance rompiendo el silencio entre ellos dos, pero sin mirarle. Keith levanto la vista hacia el moreno que le daba la espalda ― ¿Dónde rayos estabas? Te busque y no te encontré, así que lo deje. ―caminaban por los mismos pasillos donde Keith había estado anteriormente con Coran y pasaron justo al lado de la puerta donde él lo encontró atrapado.

― ¿De qué hablas? ― pregunto Keith haciendo una mueca.

Pasando por alto la pregunta del pelinegro, Lance siguió. ―Primero pensé que estabas con tus amigos, donde pasas todo el tiempo con ellos. ―el moreno rascó su cabeza con su dedo índice, sin mostrar emoción alguna. ― ¿Cuál eran sus nombres? Creo que Gunk y gidge, o algo así.

El de mirada violeta abrió los ojos en sorpresa y dirigir toda su atención a las palabras de Lance al escuchar los nombres de sus compañeros paladines, no pudo evitar acelerar su paso. Keith su posiciono a la par del chico más alto. ― ¿No querrás decir Hunk y Pidge? ―dijo confuso e impresionado Keith corrigiendo, creía inaudito el hecho de que Lance no recordaba los nombres de sus propios amigos de la guarnición.

― Eso, Hunk y Pidge. Creí que estabas con ellos.

― ¿Con ellos? Explícate.

― Si, con ellos. ―repitió la palabra el moreno, desde que salieron del túnel que daba camino de regreso a los pasillos, finalmente volteo a verlo mientras le hablaba. ―Ya sabes, siempre están juntos a la hora del almuerzo, o en la biblioteca, y cuando terminan las clases, se van juntos.

― Y ¿Dónde están? ―preguntó impaciente el paladín. Si eso significa que Hunk y Pidge también estaban en este extraño lugar o mundo ya ni sabía cómo llamarlo o talvez, estaban en la Tierra. Keith alejo al instante esas suposiciones, negando rápidamente con la cabeza. No debería ser la tierra en donde se encontraba. Lo único después que recordaba antes de estar en ese horrible lugar oscuro y apestoso; Allura los había invocado para una misión en la sala de control, ya todos los demás ya se habían reunido solo faltaba él, pero antes de llegar, sintió un golpe, luego negro, y cuando se dio cuenta, estaba en ese estúpido armario encerrado y con Coran enfrente.

―No lo sé. ―respondió simplemente Lance secamente. Sinceramente no le importaba donde estaban, pero como le preguntó Keith, hay que ser sinceros.

Keith gruño por un respuesta tan corta y seca. Aun no se acostumbraba a este extraño y nuevo Lance que de repente apareció, literalmente sobre él. No soportaba que fuera demasiado seco y serio, casi tan contrario al Lance que conocía. Aunque también podría pensar que eran completamente diferentes. Hizo una mueca ante ese pensamiento. El Lance de ese mundo era un poco callado o completamente porque a veces no llegaba a confesarle sus verdaderos pensamientos sobre algo. Pero demasiado tosco, tiene una mala lengua y muchas otras cosas que le disgustaban.

―Mejor dime hacia dónde vamos, Lance. ―suspiró Keith, alcanzándole el paso y caminar a su lado. ―Por lo apresurado que estas, me imagino que vas a la oficina de Allura.

Lance abrió los ojos y lo miro de reojo, con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón. Keith ni siquiera se había dado cuenta que tenía los párpados cerrados. ―Y de las veces constantes que has ido, te sabes la ruta exacta hacia dónde ir. ―comentó Keith, inclinándose en frente de él.

―No recuerdo que eso fuera una noticia para ti. ―el pelinegro tragó duro ante la respuesta del moreno. Nunca antes le había pasado esto. ―Cada vez que me saltó la clase de matemáticas me mandan a la dirección. Pero como eres un estudiante que está en el cuadro de honor, haces que esté al corriente con esa materia tan aburrida. ―la comisura de sus labios pareció curvarse para arriba. Y para Keith, fue la posiblemente sonrisa que pudo ver por primera vez de ese Lance tan excéntrico. ―Te debo más de una.

―No es como si eso fuera importante. ―Keith no sabía sobre lo que exactamente estaba hablando, pero pensó que, si talvez no demostraba que no era de ahí, no levantarían sospechas que era un Keith que venía del espacio y era un paladín de Voltron. Se cruzó de brazos desviando la mirada. Tenía que encontrar la manera de como regresar a su universo, pero sentía que debía cumplir con algo antes o simplemente era su instinto que le jugaba una broma. Resopló y miró a Lance, hizo otra mueca al verlo estoico de nuevo. ―Como que tu cara esta entumecida casi todo el tiempo. ―fue lo primero que a Keith se le vino a la cabeza, sin decirlo completamente consciente.

―Yo siempre fui así. Dejando eso de lado, a mí me parece que perdiste la memoria. ―Lance contestó, sorprendiendo a Keith que siguió caminando a su lado y sus ojos se abrieron casi al instante. ―Por si no te has dado cuenta, llevas un buen rato preguntando o diciendo cosas como si no supieras nada sobre eso. ―el moreno se detuvo y se paró en frente de Keith impidiéndole el paso, se agachó un poco para estar a su altura. ―A primera vista te ves demasiado sospechoso. ―lo miró de arriba abajo.

―Es no es cierto. ―Keith, consiguió que su voz no sonará como si estuviera mintiendo, pero no eso no fue suficiente para Lance. Su mirada era demasiado intimidante para alguien como él.

―Esa expresión que nunca antes había visto en ti me demuestra que ocultas algo y estas mintiéndome.

Keith gruño molesto. Lance levantó las cejas. ―No sabes controlar tus emociones.

Eso tomó muy desprevenido al pelinegro. Que retrocedió un paso y se puso en alerta. ―Tú qué sabes sobre mí. ―lo miró con una mirada retadora.

Lance avanzó un paso. ―Todo, yo sé cada secreto de ti, eres demasiado fácil de leer. Keith.

¿Desde cuándo esta conversación se volvió en un reto? es lo que se preguntaba el aludido. Ya juraba que estaba sudando frio, eso era raro, nunca en su vida se había sentido tan intimidado por alguien. Instintivamente el pelinegro dirigió su mano derecha hacia la funda de su cuchilla de su cinturón, cruzando su brazo por detrás para que su contrincante no se diera cuenta. Pero si no había otra manera, tendría que pelear con él.

El moreno de ojos azules, avanzó de nuevo otro paso. Keith instintivamente retrocedió al mismo tiempo ― Por ejemplo: se lo de la cicatriz en tu hombro derecho.

Esto tiene otro propósito, pensó Keith. Lentamente puso su mano sobre la chuchilla, pero sin sacarla de la funda. Por instinto el paladín mantuvo sus sentidos atentos, ante todo con la mirada azulada sobre él como si de un águila se tratara. En cambio, el moreno estuvo atento en todos los movimientos del chico más bajo, como se ponía en alerta de pelea y de qué manera se ponía tenso ante su presencia. Le parecía un juego bastante inocente, en su retrospectiva, mejor dicho.

―Tú no estuviste cuando sucedió eso. ―dijo Keith. ―Además, eso no te incumbe. Ni siquiera tuve ganas de hacerlo. ―gruñó.

―Tienes razón, pero eso no quita el hecho de poder aconsejarte cuando lo requieras, o cuando tú quieras palabras alentadoras. ―las palabras de Lance parecían tener la más obvia razón del mundo. Keith casi se atraganta con su propia saliva de nuevo. Una más de ese tipo de respuestas, juraba que iba a explotar. ―Siempre acudes a mí. ―esa fue la gota que derramó el vaso. ―Sin embargo, a pesar que no me digas nada, siempre me doy cuenta si te haces daño o algo por el estilo. ―dio otro paso.

―Mientes. ―tuvo que aguantarse las ganas de gritarle a Lance. Esto le estaba pareciendo demasiado extraño. ¿Acudir a él? ni en sus peores pesadillas hará eso. Él no era para nada bueno en ese tipo de cosas cuando se trataba de él. ―Y ya cállate, que me estas desesperado tu-

―Una cosa más. ―Lance levantó su dedo índice haciendo callar a Keith, que solo quedo estático ante eso. ―En la forma de tu comportamiento, en este momento estas irritado. ―el de ojos violeta no se había dado cuenta en que momento el moreno pego su frente contra la suya suavemente, casi de una forma cariñosa que, en vez de eso una sensación opuesta a ella atravesó su cuerpo completamente. ―También que, aun no dominas la disciplina personal. Eso es lo que te decía Shiro ¿No?

Ahora los ojos de Keith se abrieron a mas no poder, sus pupilas se distorsionaron de manera impresionante inyectados en furia desconocida y con una expresión que como si hubiera visto lo peor del mundo. ¿Desde cuándo Lance sabía todo de él? ¿En qué momento el estúpido de Lance sabía leer los sentimientos con tan solo una mirada y ya? estaba cansando de que Lance adivinara como se sentía, que mencionara las palabras que decía Shiro y lo que más le jodia era que: Acudía a Lance como si fuera lo suficiente débil para necesitar de su fuera, que ni tenia para empezar.

― ¿¡Quién te dio permiso de hablar sobre mis descontroles!? ―gritó con todas sus fuerzas sin poder aguantarlo más y se abalanzó sobre él sin pudor alguno. Ya que prácticamente habían tocado la campana de salida, pero por su grito eufórico no pudo escucharlo a tiempo. En el momento justo que tocaron y los estudiantes salieron de sus aulas, Keith ya estaba casi sobre él, y todos aprovecharon en sacar sus celulares y grabar toda la pelea entre esos dos, que casi nunca o jamás se agarraban a puños duros. ― ¡Maldito bastardo!

En el punto del salto, Keith sacó de la funda de su bolsillo la daga, y con una velocidad la cual todos se sorprendieron, la daga creó una ráfaga de viento al momento que rozó apena la mejilla de Lance, esté ya sabía sobre cuál movimiento de primero haría, así que aprovechó de qué manera estaba el brazo del pelinegro y con un rápido movimiento, que nadie pudo notar; agarró la muñeca de Keith, jaló su brazo para atrás con fuerza, tomó la cintura del chico con su mano libre y unió sus pechos con firmeza. Y tuvo la oportunidad de sentir el corazón de Keith latiendo con fuerza contra su caja torácica.

Keith no tuvo tiempo de reaccionar cuando pasó todo aquello. Solo trató de atacarlo y ya sentía que alguien lo sostenía de la cintura y lo pegaba a su pecho, como una dama y estuvieran bailando un tipo de baile que no le interesaba saber. Sentía que sus pies eran elevados y estaba a la altura de Lance. que por unos notables centímetros lo rebasaba

Lance retenía con su mano morena con fuerza inhumana, el brazo de Keith que temblaba por la fuerza que ejercía aun con la chuchilla en mano con que intentó atacarlo, que resultó fallido. Keith no creía posible que con una sola mano estaba deteniendo su brazo, suerte, porque estaba a punto de implantarle la cuchilla por el culo. La vista de Keith estaba fija en el pecho de Lance, lo que no había notado en todo en estos minutos que han estado juntos. Su olor, impregnada en su camisa blanca.

― ¿Lo grabaste?

―Sí, grabé los suficiente para subirlo a internet. ―unos chicos que estaban casi unos metros lejos de ellos, uno tenía un teléfono en la mano y el otro que era más bajo que él, estaba su lado viendo la pantalla de dicho objeto, tecleando y todo para, los oídos de Keith, que esos habían grabado todo eso. ―Se hará viral hermano. ―rieron ambos. ―Pobre de Lance. ―después se fueron corriendo con sus mochilas en la espalda hacia la salida. ―Y qué mejor con una escena de esos dos abrazados, parecen gays.

[…]

Un hombre con un mechón blanco y con una cicatriz en el rostro perseguía a un chico adolecente de cabello negro y ojos violetas que corría como si su vida dependiera de ello.

En otras palabras, el adolecente llamado Keith, huía de Shiro.

― ¡Keith regresa acá, es una orden! ―el grito irritado del paladín negro retumbó en todos los rincones del castillo. En vez de arrepentirse por el grito, Shiro mantenía puesta su mirada a la pequeña espalda del pelinegro que estaba a unos pocos metros delante de él corriendo.

― ¡¿No se suponía que deberías estar muerto?! ―contradijo Keith gritando a todo pulmón. ― ¡¿O es que acaso saliste de un repollo o algo?! ―el pelinegro corrió más rápido. La última vez que vio a Shiro, fue casi dos años antes de su partida, hacia la misión Kerberos acompañado con dos reclutas más que fueron elegidos para la dicha tarea de extraer objetos desconocidos del espacio. Pero hace 9 meses atrás se enteró de que por un error del piloto chocaron y se dieron por muertos. Lloro días por esa noticia, no aceptando el hecho de que su hermano había muerto en esa misión que ni el mismo se lo creía. Sin más recordaba los otros dos reclutas que también se dieron por muertos con Shiro, era el padre de su amiga Pidge: Sam Holt y su hermano mayor Matt Holt.

Y ahora en este maldito mundo extraño. Shiro estaba vivo y coleando corriendo detrás de él. La única diferencia de que ahora tenía unos cambios físicos: el mechón que sobresale de su cabello que es blanco que antes no era blanco y la cicatriz que traspasaba todo su rostro por encima de su nariz.

Oyó unos gritos detrás él, pero no les prestó atención. Keith corría por cada pasillo nuevo que se encontraba, por una razón, cada una era un poco diferente.

Sus piernas le empezaron a doler y su respiración se estaba volviendo pesada, señal de que se estaba cansando. Jadeante Keith se apoyó en unas de las paredes intentar recuperar el aliento.

― ¿En dónde estoy? ―Keith se retiró los anteojos y quitar con su antebrazo el resto de lágrimas que quedaron atrapados en sus ojos. Se preguntó así mismo sin esperar una respuesta de parte de alguien en específico. Estaba desorientado y sin nadie a quien acudir, bueno, las personas que estaban ahí eran una réplica exacta de sus amigos en la universidad, se alegró de ver a Lance ahí, pero estaba diferente; ese "Lance" no era su Lance que digamos. El Lance que conocía era serio, tosco, y grosero refiriéndose al espacio personal y casi de pocas palabras. No uno muy grosero que fue con él diciendo que no era Keith o algo así, tampoco ruidoso, alocado y molesto, solo le bastó en el momento que se encontró cara a cara con él, cuando de repente estaba con la cara estrellada en el piso y eso de que hace unos segundos antes se estaba ocultando en el almacén de limpieza de Coran cuando unos chicos lo estaban persiguiendo. ―Todo este lugar es inmensamente grande, pero bastante avanzado si se habla de tecnología. ―pensó en voz alta viendo las paredes

Solo camino un poco y empezó a toser agresivamente. Tosió un par de veces más por el esfuerzo excesivo de sus pulmones por respirar rápidamente. Keith se agachó un poco golpeando suavemente su pecho para recuperar el aliento. ―Que me muero. Algún día lo haré si me excedo de nuevo. ―exhaló grandes cantidades de aire para poder respirar normalmente. Suspiró y se paró. ― ¿En qué parte de este castillo me encuentro?

Keith observó todo a su alrededor y las luces que estaban como colgando en las paredes, parecían estar hechas de algún cristal; no sabía mucho sobe cristales espaciales, pero tenía entendido que algunos de ellos, tenían la especialidad de dar energía a cualquier cosa, era tan potente la energía que emanaba, que incluso podía alimentar a un número de 10 plantas de electricidad. Siguió caminando, observando detenidamente los detalles muy parecidos a los jeroglíficos egipcios, eran bastante curiosos. Dobló en una esquina hacia la derecha para encontrarse con un tipo de puerta más delante de color blanco con esas franjas azules que siempre había en cada puerta que pudo ver en todo su recorrido. Se dio cuenta de eso y caminó rápidamente hacia ella. Se paró delante y automáticamente unas puertas se deslizaron, abriéndose para que Keith tuviera acceso libre para entrar.

―Impresionante. Es un cuarto demasiado espacioso. ―entró cauteloso, pensando en no tocar nada para que se meta en problemas por culpa de su curiosidad. Caminó silenciosamente hasta el centro, miró todo a su alrededor, las paredes y el suelo eran de color blanco, el techo tenía una luz que iluminaba bastante el lugar. Acomodó distraídamente sus anteojos en el puente de su nariz, empujando con el dedo medio. ― ¿Debería tener esto algún tipo de propósito? ―se preguntó a sí mismo, en una pose pensativa.

De un momento a otro, una voz femenina con un timbre robótico habló en un idioma que Keith no tuvo tiempo de reconocer. ―Pero que rayos. ―dijo, retrocediendo. Cuando del techo, un tipo de agujero se abrió y de ahí, salió una especie de robot con una lanza de arma en mano, que cayó acuclillado, pero luego se paró. ― ¿Qu-Qué es eso? ―donde inmediatamente, este se aproximó corriendo en su dirección para atacarlo con dicho objeto en su mano, atacándolo con gran velocidad. Keith, si apenas pudo esquivar el primer ataque lanzándose al suelo y cubriendo su cabeza para protegerse. ― ¿¡Es un soldado de luchas o qué!? ―exclamó, parándose y comenzando a esquivar todos los ataques que ese humano de metal intentaba insertarle.

El pelinegro solo corría de aquí para allá, haciendo todo lo posible que esa cosa como él lo llamaba no lo tomará desprevenido o lo atacará. Solo podía agacharse para que la lanza que tenia de arma lo tocara. ― ¿¡Desde cuando existen cosas alienígenas así!? ―gritó, sintiendo que las lágrimas amenazaban con salirse de sus ojos por el miedo intenso que ahora sentía, sin decir toda la adrenalina recorriéndole el cuerpo cuando alguien te persigue. ― ¿¡O está programado para algo!? ―sus palabras hicieron clicken su cabeza. Y sus cejas se fruncieron, una seña que demostraba que estaba analizando la situación. ―Si esa cosa esta atacándome, de algún modo tiene que haber un nivel de dificultad. ―pensó con seriedad, volteando a verlo. ― ¿En qué nivel estará ahora? ―cuando el arma de su oponente quiso darle un golpe vertical, el pelinegro con ayuda de su pierna izquierda, lo esquivó haciéndose a un lado. ―Tengo una idea. ―pensó Keith.

El pelinegro, en los segundos que saltó hacia su lado izquierdo, donde la máquina estaba viniéndose hacia abajo por la fuerza de su ataque y por la gravedad, Keith acumuló fuerza en su pierna derecha, sus gruesas cejas negras se fruncieron más, su expresión cambio y le dio una patada sorpresiva al humano robótico, logrando su objetivo de lanzar lejos su arma y dejarla caer en una parte visible para el pelinegro, el aludido se deslizó en el suelo al ver que esa cosa se aproxima ante él, pero Keith fue más rápido y su movimiento ágil lo ayudó a ir en donde estaba la lanza y tomarla en sus manos. Sonrió orgulloso ante ello sin perder su inocencia. Se puso en posición de ataque, apretando en sus manos la lanza.

Pero el destino le deparó algo. No se esperaba que, al robot, le saliera otra arma igual que la suya por una de las extensiones de su brazo. Keith abrió la boca formando una perfecta "O" y dejó caer sus brazos, sin poder creerlo. ― ¿Es enserio? ―exclamó con sarcasmo. El robot corrió hacia él y Keith esta vez sí reaccionó a tiempo, por que interpuso la lanza con la del robot para que este no lograse tocarlo. ―Al parecer no son unos simples robot después de todo. Bastante originales. ―sonrió con diversión, dando un paso adelante, poner fuerza bruta en sus brazos y lograr hacerlo retroceder.

―Keith, aquí estas. Te he estado persiguiendo por todas partes. ―estaba tan ocupado peleando con el soldado robot, que Keith olvidó que alguien lo estaba correteando. Pero no era Shiro quien había entrado, era Lance. ― ¿Qué haces peleando con uno de esos? ―la cara que puso ese Lance, le pareció un poco extraña, puesto que estaba acostumbrado al ver a un Lance que no demostraba emociones. ― ¿Estas loco de remate o qué?

―Ho-Hola Lance. ―tartamudeó nervioso. Pero su vista se enfocó en un ataque que esquivó con una voltereta. Vio a Lance y los ojos de él estaban abiertos, dedujo que impresionado. ― ¿Me podrías ayudar con este pequeño problema? ―le preguntó con apenas un hilo de voz. Keith estaba empezando a cansarse por esa pelea.

―Eso resuélvelo tú, yo solo vine a informarle a Shiro donde estas. Así que me voy. ―Lance se fue caminando de espaldas a la puerta, ocultando la mitad de su cuerpo, despedirse con la mano y una expresión cómica que no le hicieron nada de gracia al pelinegro.

― ¡No espera! ¡Ayúdame!

― ¿Por qué debería hacerlo? ―Lance se asomó entrecerrando los ojos, no creyendo mucho si debería o no. ― ¿Qué acaso no sabes pelear?

― ¿¡No ves que estoy haciendo mi esfuerzo por no morir a manos de un soldado robótico!?

La expresión de Lance, hizo que Keith pensara que este estaba analizando la situación con una enorme lentitud. Eso era realmente impresionado. Lance siempre tenía una respuesta rápida. Y Keith creyó que este no pensaba lo suficiente como para saber en qué situación se encontraba. ―No lo creo.

―Si serás más hipócrita. ―susurró Keith sin poder creer lo que sus ojos u oídos miraban y escuchaban, negando con la cabeza. Pero respingó cuando el robot aplicó más fuerza, haciendo que su cuerpo se inclines hacia atrás y sus piernas fueran sus únicos soportes. Y se desesperó con lágrimas en los ojos, como siempre. ―Ya llegó mi fin. ―lloriqueó Keith dramáticamente con lagrimillas de cocodrilo.

―Primero: no seas tan dramático. ―Lance se acercó, entrando de nuevo a la habitación y caminó hacia Keith refunfuñando. ―Segundo: ¿Podrías repetir lo que susurraste en mi cara? ―y fue el turno de susurras tétricamente, amenazándolo. Sabiendo a cuentas que este Keith, le temería ante su rostro aparentemente enojado. ―Y tercero: ―enumeró con su mano. ―Si no me lo dices, no te ayudare. ―se volteó y se cruzó de brazos.

Esto no era lo que yo tenía planeado. ―pensó Keith, muy, pero muy arrpentido.

. . .

―Bien, ahora que atrapamos a Keith. ―Shiro miró al nombrado, quién solo pudo encogerse en sus hombros en el suelo sentado, claramente arrepentido. Y a Shiro, absolutamente cansado. ―Tomaremos un descanso antes de volver a lo que estábamos.

―Al fin, ya era hora.

― Me duelen las patas ― se quejó adolorida la paladín verde, sobándose sus pies que le ardían como el fuego de tanta corrida. ―Siento como si se me fueran a caer. ―Pidge se dejó resbalar, hasta queda media sentada en el lugar de la mesa. ―No puedo más.

― Tengo hambre. ―dijo Hunk sobándose el estómago con unos ojos cómicos lagrimosos.

― Yo igual tengo hambre Hunk ― apoyo Lance, sentándose a lado derecho del paladín amarillo que escuchaba sonidos provenientes de su propio estomago hambriento. El moreno se estiro sobre la mesa de la cocina cual minino suspirando con cansancio y con un toque de irritación ― Y todo por culpa de Keith.

El nombrado volvió a encogerse en su lugar, ocultando su rostro entre sus rodillas ante la mirada de enojo de Lance sobre él. ― Lo siento. ―susurró Keith con una sonrisa nerviosa. Para ser sincero consigo mismo, estaba completamente arrepentido por todo el alboroto que causó durante la última media hora, no era su intención causar problemas, pero aún se sentía abrumado con todo lo que estaba pasando. Aun no podía afrontar el hecho de que su hermano Shiro estaba vivió justo enfrente de él y de que sus compañeros de clase de igual manera estén aquí.

Y con ese Lance de ahí. Tampoco es su Lance egocéntrico de pocas palabras y de que siempre arriesgaba su vida por diversión saltando de edificio en edificio haciéndolo temblar de miedo. ―Lamento mucho haber causado todo eso. ―musitó en voz alta sin darse cuenta.

Los demás se le quedaron viendo. Incluso Shiro, quién solo pudo esbozar una ligera sonrisa. ―No te preocupes.

― ¿Qué? ―Keith levantó la cabeza para verlo con una expresión dolida. ― ¿Entonces… me perdonan? ―no pudo evitar hacer esa pregunta.

―No tienes por qué pedir disculpas. ―el paladín negro se acercó hasta quedar al lado del pelinegro. Shiro posó su mano en el hombro de Keith. ―Sabemos que, para ti, todo esto es nuevo y extraño. ―Keith ante eso, desvió la cabeza con pena. ―Es normal que te sientas abrumado por todo lo que pasaste. ―Shiro sacudió harmoniosamente el hombro de Keith. Riendo paternalmente.

―Shiro tiene razón. ―la voz de Hunk interrumpió. Keith y Shiro miraron al paladín amarillo, quién estaba con una sonrisa. ―Sabemos muy bien que esto de Voltron y todas esas cosas están fuera del rango de la imaginación de una persona, y era muy probable que te volvieras desquiciado. Lo entendemos, porque nosotros somos esos paladines que salvan al universo entero. ―Hunk relató eso como si fuera lo más simple del mundo. ― ¿Tú crees que esto no nos pone un poco locos?

―Bueno. Eso no es a lo que exactamente me refería. ―dijo Keith.

― ¿Entonces? ―preguntó Pidge. Ahora estaba bien sentada y con un brazo en la mesa y su cabeza recostada en su mano. ― ¿Por qué reaccionaste de esa manera? ¿Tiene algo que ver con nosotros?

Pidge no se dio cuenta que había hecho casi la pregunta clave. Keith se sobresaltó. ―Para serles sinceros, bastante. ―respondió. Con una gota de sudor bajándole por la cien.

―Impresionante. Entonces de dónde vienes, ¿Hay una copia de nosotros? ―preguntó Hunk, asombrado al igual que todos por dicho descubrimiento. ―Debo estar seguro que es igual que aquí ¿No?

―Lamento decirte que la respuesta es no, Hunk. ―oyeron la voz del Alteano pelirrojo que había entrado en la sala, con tazones de esa sustancia gelatinosa y babosa color verde. Ninguno hizo una cara al ver esos tazones llenos, excepto Keith. Pero no fue del asco, sino de curiosidad. ―Los universos semejantes a este, en muchas ocasiones son diferentes o con varias similitudes. ―explicó, respondiendo a la pregunta de Hunk.

―Pero son iguales. ―dijo Pidge.

―Nunca son iguales, en algún punto deberían tener una que otra cosa que no sea como aquí. ―Coran repartió los tazones con esa sustancia verde que ya todos conocían y que ya acostumbraban a comer, a pesar de su mal y extraño sabor. Coran puso un tazón en el lugar del paladín rojo, pero estaba vacío el asiento correspondiente. Y miró a Keith, quién estabas entado en el suelo. ―Keith, ¿Por qué no vienes y te sientas en la mesa? el suelo no es muy cómodo que digamos. Aparte que ahí no te conviene.

―Es que, no quiero molestar ahí. Y porque siento que yo no correspondo ahí. ―fue lo único que dijo Keith, bajando sus piernas para cruzarlas, voltear la cabeza y jugar nerviosos con sus dedos de las manos. ―Y porque… ―Keith miró de reojo a Lance que, hasta ahora no había dicho nada. Solo estaba viendo y siendo de espectador en toda la plática.

― ¿Por? ―insistió Coran.

Keith suspiró sin tener más remedio. Evitando que su mente recuerdo esos incomodos o podría llamarlos así, los últimos momentos en el que estuvo con Lance. ―Ya voy. ―se paró y con un poco de precaución, se acercó al asiento y se sentó con delicadeza. Quedando rígidamente erguido por la presencia de Lance a su lado, muy diferente al que estaba acostumbrado.


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