N.A: Ya empezaba a pensar que nunca podría actualizar este fic. ;; Espero que les guste este fic, ¡Arriba el SouHaru! (?) Edit: Había olvidado decirles, ya que alguien preguntó, que la historia se sitúa entre las nacionales y la marcha de los chicos a la universidad, por lo que aún permanecen cada uno en sus respectivas academias.

Pairing: SouHaru [SousukexHaruka]

Advertencias: Relación hombrexhombre, lenguaje vulgar en ocasiones.

Disclaimer: Free! y sus personajes le pertenecen a Kyoto Animation y Ohji Kouji.


El de ojos zafiro suspiró, lamentando su suerte. Aún no entendía porque tenía que ser él quien recibiera los estúpidos mensajes de Rin. Para un día en el que había decidido llevar consigo el móvil –Makoto había insistido mucho en que cualquier día podría pasar una catástrofe a nivel mundial y él no se enteraría por ir desconectado de la humanidad– el pelirrojo decidía dar rienda suelta a su imaginación. No le molestaba recibir mensajes del tiburón de vez en cuando, claro que no, pero sí podían llegar a ser molestos cuando solo son historias ficticias escritas en mayúsculas y con faltas ortográficas. Y aún más cuando el protagonista de dichas historias en Sousuke Yamazaki.

No es que odiase al chico o algo por estilo, pero no estaba en su lista de amigos tampoco. Todo habría ido bien si él se hubiese quedado con Rin, así Haruka habría ido al mercado sin toparse ningún obstáculo en el camino y habría comprado la mejor caballa. Pero no había sido así y ahora se tenía que conformar con una caballa de segunda. Decidió que lamentarse no le ayudaría nada y agradeció al menos por haber conseguido un ejemplar de dicho pez, peor habría sido llegar al mercado y toparse con que la amable señora de la pescadería le dijese que ya no quedaban caballas, eso habría sido el fin. Pero no había sucedido por lo que debería estar cómodo con su situación. Situación que se tornó bastante incómoda cuando al llegar a su casa, se topó con cierto castaño en la puerta al borde del llanto.

-¿Makoto? –El de cabello oscuro estaba confundido, no tenía ni idea de lo que le podía haber ocurrido al de ojos esmeralda, y esperaba que no fuese nada grave.

-¿Haru? –El castaño levantó la vista para toparse con los ojos zafiros del mayor– ¡Haru, por fin has llegado! ¡Ha sucedido una catástrofe!

-¿Catástrofe? –El delfín elevó una ceja en señal de incomprensión– ¿De qué estás hablando?

-¡Es Sousuke, Haru! ¡Ha desaparecido! ¡Rin me ha enviado unos mensajes diciendo que habían peleado y-! –La orca se detuvo al darse de cuenta de que Haruka suspiraba cansadamente, como si todo aquello fuese algo que le aburría demasiado– ¡Haru, por favor! ¡Tenemos que ayudar a Rin, sí Sousuke es secuestrado por discutir con él, nunca más podrá volver a dormir tranquilo!

Sí algo tenían en común la orca y el tiburón, era, sin duda alguna, su tendencia al melodrama. Haruka lo había confirmado, cuando a comienzos de curso, mientras trabajaba en una de las figuras de Iwatobi el cúter se le escapó y le cortó ligeramente, apenas había sangre y le habría bastado con una tirita, pero tanto Makoto como Rin se habían puesto como fieras y poco había faltado para que llamaran a una ambulancia. Rei los detuvo a tiempo, al menos. Entre eso y que el castaño era realmente ingenuo –sólo había que remontarse a cuando se creyó que realmente los padres de Nagisa le iban a mandar a un lugar remoto en el mundo– el delfín había acabado acostumbrándose a que, cuando Rin enloquecía y enviaba ese tipo de mensajes, era probable que el castaño apareciera hecho un manojo de nervios.

-Tranquilízate, Makoto. No han secuestrado a nadie, Rin solo ha exagerado las cosas. –Aquello debería tranquilizar a la orca, según la lógica de Haru, pero el chico seguía igual de nervioso que antes, y el delfín se vio obligado a aportar una prueba para su afirmación que prefería no haber tenido que usar– Me encontré con él hace unos minutos, antes de ir al mercado, está bien, hablé con él para que volviese a Samezuka, seguramente ahora mismo está de camino.

Y en los ojos esmeraldas apareció ese brillo que Haruka no quería que apareciera. Desde hace unos días, había notado que Makoto aprovechaba cualquier ocasión para nombrar a Sousuke en sus conversaciones. Cualquier contexto era bueno para sacar el tema del chico de ojos turquesa y exigir al delfín que diese una opinión sobre él –de más de tres palabras, la vez que contestó "nada bastante bien", el castaño le fulminó con la mirada– y éste no sabía por qué. No entendía ese repentino interés en saber que pensaba o dejaba de pensar sobre Yamazaki, durante el concurso e incluso en las competiciones, nadie le había preguntado nada y ahora era la caballa de cada día. Sospechaba que Rin tenía algo que ver con todo aquello, pero tampoco le apetecía decirlo, equivocarse, y aguantar a un tiburón ofendido durante toda una semana. Era mejor permanecer callado –para variar–.

-Haru, tenemos que hablar.

El de ojos zafiro sabía lo que se le venía encima, eso era un "entra en casa porque esto va para largo". Entrar en su casa no era lo que le molestaba, obviamente –tenía que entrar de todas formas para dejar la caballa en el frigorífico o se estropearía–, si no lo que esto suponía. Durante todo este tiempo en el que el nombre de Sousuke Yamazaki aparecía día tras día en sus conversaciones, supo que llegaría el momento en el que Makoto le explicaría el porqué, y no es que no quisiese saberlo, pero sospechando como sospechaba que Rin estaba detrás de todo, sabía perfectamente en torno a qué giraría la charla. Y aún así no pudo evitarla. Lamentó por segunda vez en el día su suerte, invitando a Makoto a sentarse en la sala mientras el guardaba la caballa. Apenas finalizó aquello, acudió a sentarse a la espera del discurso.

-Bien, Makoto, ¿de qué querías hablarme? –El delfín se adelantó para ser el primero en intervenir, cuanto antes empezasen, antes acabarían y antes podría tomar su caballa.

-Primero, Haru, quiero que sepas que en ningún momento quiero incomodarte hablando de esto. –El mayor asintió– Si no todo lo contrario, me gustaría que gracias a esto consiguieras abrirte más para que pueda ayudarte. ¿Lo entiendes?

El delfín asintió de nuevo, sabía que Makoto era de ese tipo de persona que solo busca lo mejor para los demás, pero no entendía que tomara tantas precauciones a la hora de hablar de algo que supuestamente, de principio, no tendría por qué incomodarle.

-Está bien. Verás, Haru… Sé que tú y yo no solemos hablar mucho sobre temas, uhm, ¿amorosos? –Y el de menos altura vio que el castaño apenas podía evitar un sonrojo con solo pronunciar la palabra, sí lo normal era que eso sucediese, no le extrañaba que Nagisa le dijese de vez en cuando que era como un robot, ¿qué tenía esa palabra para sonrojarse por ella? – Pero creo que ahora es una buena oportunidad para hacerlo… Como sabrás, la semana pasada quedé con Rin.

El mayor asintió, recordaba que Makoto se había disculpado por no haberle avisado de que había quedado con el tiburón, aún cuando no tenía ningún compromiso con el de orbes zafiro. Así que a fin de cuentas, Rin si tenía algo que ver en todo esto.

-Estuvimos hablando, y, en cierto punto, descubrimos que ambos habíamos estado pensando en lo mismo. Y eso es… En que Sousuke y tú parecíais ser más que amigos. –Haruka abrió los ojos sorprendidos, ¿en qué universo vivían Makoto y Rin para deducir que el de ojos turquesa y él era "algo más qué amigos"? No escuchaba algo tan descabellado desde que Nagisa dijo que iba a adoptar un pingüino y que viviría en su frigorífico, Makoto pareció leerle la mente en ese momento, porque se apresuró a aclarar lo que había dicho– ¡No es tan descabellado como piensas, Haru! Al principio yo pensé que os odiabais, y Rin compartía mi opinión, pero pequeños detalles nos hicieron cambiar de idea.

-¿Pequeños detalles?

-Sí, al principio habían pasado desapercibidos, pero en las competiciones noté que te fijabas bastante en él. –Haruka agudizó la mirada, él no miraba a Yamazaki, era él quién se interponía en su contacto visual con el agua poniéndose en medio– Después, un miembro del club de natación de Samezuka le dijo a Rin que vio como Sousuke te acorralaba contra una máquina expendedora en una de las competiciones, y finalmente, unas chicas de nuestras clase me preguntaron hace unas semanas quién era el chico de cabello oscuro y ojos turquesa que había ido a buscarte el otro día al instituto.

Haruka sintió que no tenía escapatoria, no porque tuviese algo que ocultar, si no por la inquisidora mirada de Makoto sobre él, lo sabía, el castaño había activado su función de "protector" y ahora estaba cabreado con el delfín por no haberle contado hechos tan importantes como ser acorralado o recibir una inesperada visita de quien te acorraló –dentro de lo cabreado que podía estar, el castaño era demasiado amable incluso para eso–. Y ahora que repasaba los hechos, no sabía cómo explicarle a Makoto que no estaba interesado en Yamazaki –al menos no en el modo en el que Rin y él querían– sin pasar antes por él "no me estaba acorralando con connotaciones amorosas, me estaba amenazando", porque aquello crearía un gran escándalo que, sinceramente no quería presenciar. En realidad no quería presenciar nada, solo quería comer su caballa. Sí Rin había mantenido también aquella "charla" con Yamazaki, entendía que éste se hubiese ido de Samezuka un rato.

-Creo que Rin y tú deberíais descansar un rato, Makoto.

Conversación acabada, determinó Haruka. Más el moreno no se dio por satisfecho y trató de obligar al de ojos zafiro a que le contase todo lo que había pasado cuando había tenido encuentros que él desconocía con Sousuke. ¿De qué hablasteis? ¿No te parece normal que sospeche si te va a buscar a la escuela? ¿Qué necesidad tenía de acorralarte para "charlar"? ¿No te haría daño, no? ¿Estás seguro de que no hicisteis más que hablar de Rin? Haruka nunca había tantas oraciones interrogativas juntas y qué, además, tuviesen como objetivo ser respondidas por su persona. Algunos lo fueron con monosílabos, otras con una simple mirada de aburrimiento que el castaño estaba acostumbrado a interpretar. Y aún así, no dejó de insistir.

-Sabes que puedes contarme lo que quieras. –Dictaminó finalmente el más alto, haciendo que el delfín se sorprendiese ante la ausencia de interrogación al final del mensaje.

-Sí, lo sé, Makoto. –Contestó, ganándose una de esas tranquilizadoras sonrisas del menor, Makoto nunca cambiaría, siempre buscaría ayudar a los demás y sus sonrisas lo solían conseguir.

-Entonces, ¿por qué no me cuentas lo qué pasó? –Oh no, esto aún no finalizaba.

Ya era la segunda vez que Haruka decidía que la conversación había acabado de manera incorrecta. Tan incorrecta que al final la charla se acabó alargando hasta la noche gracias a la intervención –electrónica, Haruka decidió que debería desinstalar Skype de su móvil sí quería evitar que cosas como esas sucedieran de nuevo– de Rin, quién, tal como pensaba el de orbes azules, había tenido mucho que ver en ese repentino interés tan marcado por Yamazaki y él que mágicamente había aparecido en el chico-orca.

-¡No me puedes mentir, Haruka! –Había gritado el tiburón, el delfín tenía el volumen del teléfono bajo, así que no es como si sus tímpanos hubiesen sufrido algún daño, pero sospechaba que aquellos que habitaban los cuartos colindantes al de dientes afilados podrían estar planteándose la compra de tapones para los oídos– Sousuke y tú creéis poder engañarme, pero ni siquiera lo soñéis. Ambos evitáis la pregunta porque tenéis miedo de enfrentar vuestros verdaderos sentimientos, ¿cierto?

Haruka cerró los ojos, suspirando. ¿Cuánto más tendría que aguantar esto? Rin solía ser un poco sentimental, sí, pero nunca había esperado que considerase tener tanto tiempo libre como para ponerse a crear parejas entre sus amigos. Y menos que si quiera pensase que Yamazaki y él pudiese tener algo más que una relación cordial o de respeto como mucho. La amistad parecía algo realmente lejano para ellos.

-¿Qué? ¿No me contestas? ¡Eso ya significa algo!

-Sí, significa que quiero ir a preparar la caballa de una vez. –Acató el de cabello oscuro, levantándose para ir a la cocina a pesar de las quejas del tiburón.

Para su suerte las quejas del chico acabaron por detenerse al entender que Haruka estaba realmente preparando la caballa y que aquello había pasado a ser su prioridad número uno –todo pasaba a ser prioridad uno sí se trataba de dicho pez–, y, por lo tanto, no tenía sentido seguir tratando de que le hiciese caso, pero aquello no hizo que se callara, no, por supuesto que no, aprovechó que Sousuke había ido a hacer algunos ejercicios al gimnasio de Samezuka –cuando había llegado, el alto nadador había hecho multitud de cosas en el cuarto, pero finalmente parecía haber decidido ir al gimnasio – para compartir teorías sobre los dos nadadores de cabello oscuro con Makoto, cuando el de ojos turquesa estaba presente no podía hacerlo, y con las últimas novedades no iba a desaprovechar la oportunidad. Estuvieron hablando durante al menos una hora –hasta que Sousuke decidió que ya se había cansado de ejercitarse, volvió, y se encontró con Rin hablando con Makoto de sus teorías románticas, lo que causó que le obligará a dejarse de tonterías en ese mismo momento y le quitase el móvil–, a Haruka le dio tiempo a preparar la caballa, comérsela, lavar los platos y descansar un rato mientras ambos nadadores mantenían tesis infundadas vía Skype. Sin darse cuenta ya casi era medianoche y el de ojos zafiro le sugirió al de orbes esmeraldas que se quedase allí a dormir, éste aceptó y aunque en un principio, al ir a la habitación, trató de conseguir que Haruka le dijese algo sobre Yamazaki, decidió que de nada servía, después de todo el delfín no era muy comunicativo normalmente y con ese temas aún lo era menos. Así que se rindió al sueño aún con las teorías de Rin sobre esos dos en mente.

Al día siguiente, Makoto consideró que no debía hablar del chico de cabellos oscuros, después de todo no quería que aquello resultase molesto para Haruka. Éste se lo agradeció, un día sin escuchar el nombre de aquel individuo era tan maravilloso como un día con caballa de primera calidad. Se sentía afortunado. El día avanzó bien –dos de los profesores estaban enfermos, así que los dos chicos de tercer año disfrutaron de dos horas libres –, ni Nagisa ni Rei habían recibido los alarmantes mensajes de Rin, Gou tampoco estaba enterada de nada de eso y aquello ayudó a no tener que nombrar al fuerte nadador de Samezuka durante todo el día. Lo único malo es que ese día no habría práctica, los de segundo año estaban en época de exámenes y las actividades del club habían sido suspendidas, Haruka había insistido en que podrían practicar al menos Makoto y él, pero el castaño se lo había prohibido, además de exámenes, hacía frío –al delfín poco le importaba la temperatura del agua, pero el chico orca sabía perfectamente que para Haruka era fácil constiparse y no quería que algo como eso pasara por querer nadar en un día como ese– así que al final ambos tuvieron que volver a casa mientras lo demás miembros de segundo año permanecían en la biblioteca del instituto para estudiar. O eso creía Haruka, pero su maravilloso día –si obviaba el hecho de no poder nadar, porque entonces automáticamente pasaría a uno de los peores días de su vida– se desvaneció en el aire cuando, al salir del instituto, se encontró con que alguien le esperaba.

-Hey, Nanase.