¡Hola! Muchas gracias por su paciencia. Como dije en mi página de facebook he estado enferma últimamente y muy ocupada con actividades extracurriculares, por lo tanto no había tenido oportunidad de actualizar de forma regular.

No obstante ya estoy de vuelta y les quiero entregar de forma rápida esta segunda entrega de Inalcanzable que por cierto, me sorprendió muchísimo lo que gustó. En verdad muchas gracias, ustedes nunca me dejan de sorprender y me llena de profunda felicidad cuando leo sus comentarios.

Pero bueno, no perdamos más tiempo y con ustedes:


-2-

El camino del caos.


—¿No creen que está haciendo un sol infernal? – exclamó Boruto mientras se colocaba una mano en la cara, para sentir el alivio efímero de la sombra contra su lastimada piel.

—Boruto, aún no hemos salido del bosque y ya te quejas del sol. – comentó Sarada a su lado, mientras afianzaba su mochila de misiones a su hombro.

—El sitio a donde nos dirigimos se encuentra en la frontera con la Nación de la Tierra, ¿No es sí, Konohamaru-sensei? – preguntó Mitsuki, ignorando el humor de sus compañeros. Konohamaru caminaba a su lado con total tranquilidad.

En los últimos años y con el fin de la guerra, transitar por los caminos entre naciones era sumamente pacífico. Si bien podrían haber uno que otro bandido, no eran suficiente reto como para intimidar a un ninja, por lo que el recorrido se volvía sumamente monótono.

—Así es. – se sacudió un poco el cabello para quitarse el sudor, ese día estaba haciendo mucho calor. —Según el pergamino del solicitante, tenemos que encontrarnos con un ninja de la tierra para que nos guíe al palacio del señor feudal.

—Konohamaru-sensei, ¿Y por qué específicamente nos querían a nosotros? – interrogó Sarada, quien se había quedado con esa duda tras la conversación del día anterior, cuando Konohamaru había ido a reclutarla a su propia casa.

—Según dice el escrito, el feudal pidió el apoyo de un grupo de genin por qué deseaba protección extra. No específica más pero según el informe nos pidió a nosotros porque la fama de nuestro equipo se ha extendido con creces. – se sostuvo la barbilla haciendo halarse de una sonrisa presuntuosa, justo como cuando era un niño.

—¡Era de esperarse! – Boruto se cruzó de brazos sin dejar de asentir. —Nosotros somos increíbles.

—Me alegra que la gente nos aprecia, aún fuera de la aldea. – contribuyó Mitsuki, quien por cierto lucía con una sonrisa igualmente orgullosa. Sarada se encogió de hombros. Aún eran un grupo en sus inicios, pero no estaba de más sentirse halagada por tal manifestación de respeto y consideración por parte de los feudales.

—Por cierto, Sarada. – Konohamaru desvió la atención de la anterior conversación. —¿Tus padres no se quejaron después de lo de la otra noche?

—¿Eh? Oh, no descuide, Konohamaru-sensei. Ellos saben cómo es la vida de los ninjas. – el maestro asintió. —Lo que pasa es que tanto mamá como papá están algo aprensivos. – lo último lo dijo ligeramente sonrojada.

—¿Aprensivos? – Boruto arqueó una ceja. —Tu padre no es alguien así, ¿O sí? – el Sasuke que Boruto había conocido era un hombre muy sereno y frío. Demostraba sus emociones en bajos niveles y solía hablar sólo lo estrictamente necesario. Por lo que, que Uchiha Sasuke se mostrase más comunicativo de la cuenta era inverosímil para él.

—Mmm, pues verán. – Sarada se rascó la nuca, apenada y esto llamó la atención de todos los hombres. —Mamá está… esperando. – se escuchó un sonido ahogado, como si fuera lo más sorprendente del mundo. Tanto así que se detuvieron de su caminar y se fijaron en Sarada como si esta les acabase de decir el secreto mejor guardado del mundo.

—¿Es en serio? – Konohamaru fue el primero en hablar, también estaba sonrojado. Quizá porque conocía a Sakura de muchos años y se imaginaba lo feliz que estaría. Sarada asintió para su deleite. —Es maravilloso, Sarada, felicitaciones.

—Increíble, el Clan Uchiha debe estar de fiesta.- Mitsuki mostró su emoción palpando el hombro de la chica. —Mis felicitaciones a tu madre y a ustedes, claro.

—Esperen, ¿Qué de emocionante tiene que la madre de Sarada esté esperando algo? –las miradas se hicieron tan filosas como navajas, la emoción del momento se transformó en pena ajena y Boruto se percató de esto. —¿Qué? Es sólo mi opinión. Yo también he esperado por cosas y nadie me felicita.

—Boruto. – Konohamaru llegó a su lado y le puso una mano en su hombro. —No cabe duda, eres hijo de Naruto.

—¿Eh?

—Lo que Sarada quiso decir es que su madre está esperando un bebé. – explicó con paciencia Mitsuki.

—¿Un bebé? ¿De quién? – al escuchar esto Sarada se talló la cara con la mano.

—¿De quién más? ¡De ellos! – exclamó frustrada la chica. —Me refiero a mis padres. Boruto, tendré un hermano o hermana. – el muchacho parpadeó y tras unos segundos su boca se abrió.

—¡¿Qué?! ¡Sarada eso es maravilloso! – todos soltaron el aire en una exclamación. —¿Qué?

—Eres lento, chico. – Konohamaru se adelantó. —De cualquier forma, es una magnífica noticia, Sarada.

—Sí, lo es. Por eso estaban algo estresados ese día.

—Ahora entiendo. – comenzaron a caminar de nuevo.

—Y, Sarada, ¿Cuándo nacerá? – Boruto lucía más entusiasmado que la chica.

—No lo sé, mamá no está segura del tiempo del embarazo, pero con suerte en unas estaciones más.

—Es grandioso, tener hermanos es divertido. – alegó Boruto.

—Sí, es interesante. – los dos jovencitos se detuvieron de nuevo ante la exclamación de Mitsuki. —¿Qué?

—¿Tienes hermanos? – preguntaron al mismo tiempo. Éste asintió. —¿Cuántos y desde cuándo? – volvieron a preguntar ellos.

—No estoy seguro de esas preguntas, pero sé que tengo hermanos. – lo respondió con tanta serenidad que ambos jóvenes se sintieron espantados.

—Vaya caso que eres. – suspiró Boruto, para dar por zanjado el tema.

—Miren allá. – Mitsuki pareció tomarse aquello con naturalidad y en lugar de discutir con Boruto, como cualquier otra persona pudo haberlo hecho, señaló interesado al frente. Justo ahí se encontraba el término del bosque y el inicio de un valle rocoso con montañas por delante. Sin duda la vista del País de la Tierra.

—Esa debe ser la frontera. – Konohamaru se puso al frente. —Umm, pero no veo a nadie para recibirnos.

—Ahí hay una caseta. – comentó Boruto.

Se trataba de una pequeña construcción que servía de sitio de descanso para los viajeros, además de que marcaba el inicio de la nación de la Tierra y el final del país del Fuego.

Cuando el escuadrón se acercó lo suficiente se percataron de tres figuras que descansaban bajo la sombra de la misma, estaban cubiertos por capas y sombreros de paja. Uno de ellos reaccionó al verlos y se levantó rápidamente para acercárseles.

—Es un placer saludarlos, ustedes deben ser el grupo de ninjas enviados desde la hoja, ¿No es así? – era difícil negarlo, tenían las bandanas que marcaban su procedencia.

—Sí, los somos. – habló Konohamaru. —¿Quién es usted?

—Ah, sí, disculpen mis modales. Mi nombre es Reki Adachi, jounin de la aldea de la roca, ellos son mis asistentes, Miyu y Ko. – las otras dos personas que estaban sentadas se levantaron. Los dos vestían con capaz emplumadas, bastantes gruesas para el clima y bajo su sombrero tenían una larga cabellera de cabello rizado, la cara de ambos estaba oculta con máscaras que cubrían desde la mitad de la nariz a la barbilla, como las de Kakashi, así como gafas oscuras que bien cubrían el resto de su identidad.

Los hombres reverenciaron con educación cuando Reki los presento.

—Es un placer. – los ninjas de Konoha saludaron igual.

—Ellos no pueden hablar, disculpen. – intervino Reki. —Cuando eran más jóvenes tuvieron problemas en una misión y les cortaron las lenguas. – el horror se visualizó en los más jóvenes. —No obstante aún trabajan de forma precisa, espero no sea un impedimento.

—No, claro que no. – Konohamaru agitó sus manos apenado. —Entonces, supongo que en lo que respecta a la misión, todo será dirigido con usted.

—Sí, descuiden. Estoy bajo las órdenes directas del señor feudal y se me pidió que los escoltara directo a su palacio. – Reki parecía ser un tipo animado y amable. Él a diferencia de sus compañeros vestía de forma más veraniega. Su capa era delgada y gris, portaba pantalones rojos y un chaleco marrón, como todo ninja de la aldea de la roca, además de botas montañesas, un rasgo inusual, pero aceptable. No tenía vello facial y al parecer estaba calvo, pues a diferencia de sus asistentes el sombrero era lo único que le cubría la cabeza.

—De acuerdo. – Konohamaru les analizó un momento pero no encontró nada sospechoso con ellos, en realidad se portaban muy amables. Naruto le había pedido que no se confiará y que se portara cuidadoso frente a cualquier señal que pudiera interpretar como negativa. No obstante, todo parecía ir por buen camino, así que se confío.

—¿Quieren descansar un poco? Nosotros hemos llegado aquí desde hace un día, pero imagino que ustedes llevan caminando más tiempo.

—Estamos bien, podemos seguirles. – les echó un vistazo a sus alumnos y estos asintieron en silencio.

—De acuerdo. – Reki apuntó hacia el norte. —La capital en donde vive el Daimyo es en esa dirección. Pasaremos por una zona al descubierto y otra llena de montañas, tenemos que ser cuidadosos, por que las temperaturas son extremosas tanto de día como de noche.

—Muy bien, confiamos en ustedes. – Konohamaru se volvió a su equipo. —Chicos, colóquense protección extra para el sol. – ellos obedecieron en silencio. Se colocaron capas similares a las que solían usar cuando cruzaban el desierto para ir a Suna, éstas tenían capuchas, aunque cuando corrían se recorrían por el viento.

—Estamos listos, sensei. – informó Boruto, quien fue el primero en alistarse.

—Reki-san, los seguimos.

—Sí. – con un movimiento de la cabeza Miyu y Ko se adelantaron. —Yo iré detrás de ustedes, después de todo soy su escolta. Mis dos amigos podrán guiarlos sin preocupación. Les pido que no rompan la formación.

—Está bien. – asintieron los cuatro.

—Perfecto. ¡Miyu, Ko, a correr! – pidió con voz alegre y los dos de enfrente emprendieron la carrera. El equipo Konohamaru se sorprendió al verlos emitir tanto polvo como una tolvanera. —¡Qué esperan ninjas de Konoha, corran! – indicó con júbilo.

—Eh, sí. Chicos, aceleren el paso. – animó el adulto. No creyó que ellos fuesen tan raros. Los genin corrieron tan rápido como podían para alcanzar a los dos ninjas de la roca. El recorrido inició de esta forma.

Anduvieron así un largo tiempo, no podían precisar cuántas horas en total pero cuando menos acordaron el sol ya se estaban poniendo y ciertamente, esto causó algo de desespero en los jóvenes. Los ninjas de la roca en cambio todavía corrían con gran lucidez. Los dos hermanos mudos habían guiado al grupo a través de una tierra poco fértil y se aproximaban al nacimiento de un gran cañón.

Boruto elevó un poco los ojos para percatarse de las enormes montañas que hacían sombra ocultando aún más rápido el sol. Miró de soslayo a sus compañeros, Sarada y Mitsuki estaban empapados de sudor y Konohamaru, quien iba al frente lucía algo preocupado, posiblemente por su bienestar físico. Un ninja no debe quejarse sobre la cantidad de trabajo y peligro que abarca su profesión, pero esto lucía poco prometedor, en varias ocasiones había chocado con Reki, quien sólo se limitaba a sonreír, pero no a bajar la velocidad.

Entonces Miyu y Ko se detuvieron y se apresuraron a ver la zona antes de adentrarse entre las paredes de piedra. Dieron un vistazo cuidadoso a su capitán, quien asintió al momento se les acercaba.

—Entiendo. – susurró mientras se veían fijamente. —Estamos a punto de entrar al cañón, ¿No están exhaustos, o sí? – claramente podía verlos jadear, pero por razones de orgullos ellos no dirían que sí.

—Un poco. – comentó Konohamaru. —¿Qué tan grande es el cañón?

—Lo suficientemente grande como para que nos lleve todo la noche. No obstante, aunque suena mal, deberíamos continuar, después de todo las afueras del cañón están llenas de depredadores y bandidos que suelen asaltar a los desvalidos.

—No le tememos a los ladrones. – aseguró Boruto.

—Eres un chico valiente, ¿Eh? – sonrió el shinobi de la piedra. —Sugiero que crucemos una parte, tanto Miyu como Ko son expertos rastreadores en este terreno. Confío en que ellos nos guiarían sin problema.

—Suena interesante, pero creemos que encontrar un lugar lo suficientemente seguro para descansar es prioridad. – opinó Konohamaru. —Como verá, Reki-san, mi equipo está sólo conformado por genin, no puedo ser demasiado duro con ellos y obligarlos a permanecer en vela tanto tiempo.

—¿Ah no? – Reki cambió su rostro por primera vez en el día. —Umm, supongo que las políticas de entrenamiento en la hoja son más blandas que en la Aldea Oculta en la Roca. – se cruzó de brazos y sonrió con sorna. —Nuestros estudiantes y genin están acostumbrados a tratar situaciones así, por eso pensé que ustedes serían iguales.

—Podemos permanecer mucho tiempo en vigilia, pero estoy convencida que es necesario el descanso de vez en cuando para completar ese objetivo. – habló con educación Sarada, mientras empujaba un poco sus gafas.

—Oh, es una buena observación, señorita Uchiha. – la cara del sujeto volvió a ser amistosa. —No obstante, a diferencia de ustedes, a mí me atan las peticiones del feudal. Si perdemos demasiado tiempo será a mí a quien castigarán, espero comprendan mi situación.

—Comprendemos. –asintió Mitsuki. —Propongo un trato, caballeros y señorita, ¿Por qué no avanzamos un poco y descansamos en cuanto tengamos un sitio favorable? Partiremos temprano, tan sólo necesitamos algunas horas de descanso y estaremos como nuevos.

—¡Oh, un chico razonable! – se le acercó a Mitsuki y se agachó un poco para verle de cerca. —¿Cómo te llamas?

—Mitsuki.

—Mitsuki-kun, eres un buen diplomático. –le felicitó y se volvió a sus compañeros. —Quizás podamos avanzar hasta la mitad esta noche, pero será necesario redoblar el paso. Si hacemos eso, prometo que tendremos como mínimo cinco horas de descanso, eso sí aprovechamos la poca luz que queda, ¿Qué me dice, Sarutobi-san? – dijo dirigiéndose repentinamente al líder de Konoha.

—Escalar montañas requiere más chakra de lo normal. – buscó en una bolsa de su pantalón. —Muchachos, están son píldoras de soldado, las usaremos como una ayuda extra. De esta forma tendrán un aumento de chakra espontaneo.

—Pero sensei, ¿Qué no si ingerimos esas píldoras estaremos tan llenos de energía que no podremos ni dormir? Suena a un estimulante no muy acto para niños. Además, mi madre me ha dicho que cómo efecto secundario el cuerpo queda tan agotado que el usuario debe reponerse durmiendo más de un día.

—Descuida, Sarada. Estas píldoras tienen menos intensidad. Sus efectos son un apoyo extra para la batalla solamente. Las preparé yo mismo. Sólo durará unas horas, por lo que si se cansan puedan ingerir otra y la recuperación no será tan extenuante. – animó Konohamaru. —Reki-san, ¿Usted desea también alguna?

—Oh no, yo me encuentro bien. – rechazó con amabilidad. —Mis años de experiencia me respaldan, pero creo que tiene razón, Sarutobi-san, quizá ellos sí necesiten de ese aditamento, usted y yo ya debemos estar acostumbrados a estas misiones extenuantes, ¿No es así?

—Claro. – él sonrió distraídamente y extendió la palma a sus alumnos. —Con una bastará, prometo que el efecto secundario no será tan fuerte.

—De acuerdo, sensei.- Sarada fue la primera en tomar la píldora. Le siguió Mitsuki y finalmente Boruto. El efecto fue casi inmediato. Sus ojos resplandecieron rebosantes de energía y ciertamente su aspecto cambió a uno lleno de vitalidad.

—¡Esto es sorprendente! – alardeó Boruto.

—Sí, siento el cambio. – agregó Mitsuki.

—Mi cuerpo se siente más ligero. – Sarada apretó sus dedos repetidas veces.

—Esa es la actitud, chicos. Incluso puede que podamos atravesar todo el cañón. – rio mientras se giraba a sus compañeros. —El sol está cayendo más a prisa. Miyu, Ko, confiamos en ustedes. – los hombres asintieron y se prepararon para correr nuevamente.

—¡Vamos! – motivó Konohamaru a sus chicos, éstos le siguieron de cerca.

Habían corrido por lo menos durante cuatro horas sin descanso y según Reki aún no estaban en la mitad. La noche era espesa y negruzca, se preguntaban cómo era que los ninjas de la roca podían continuar corriendo con gafas puestas a pesar de la oscuridad, no obstante no se habían detenido ni para reconsiderar el curso, algo bastante sorprendente.

—Sarada, ¿Puedes ver algo con tu Sharingan?- Konohamaru lucía algo ansioso, desde que les había dado las píldoras de soldado y mientras más se adentraban en el terreno, su expectativa crecía. Le hubiera pedido a Boruto que él usara su dojutsu, pero aún estaban intentando descifrar su control por completo y no quería alertarlo demasiado, siendo el más escandaloso de los cuatro.

—Echaré un vistazo. – susurró ella. Lo primero que visualizó fue a sus compañeros, Boruto iba delante de ella y Mitsuki a su lado, pero tras ignorar al rubio, prosiguió al frente. Era bastante cómodo usar el Sharingan para ver el exterior, lastimosamente también muy agotador, dado que aún no estaba completamente acostumbrada a usarlo de manera indiscriminada. La silueta de los dos hombres frente a ella llamó su atención. El chakra parecía expedirse de sus cuerpos de una manera distinta, era algo que ya anteriormente había visto, pero no recordaba donde. El color también era diferente, un poco más verde que lo normal. Después miró alrededor de forma disimulada, no había nada perceptible excepto animales y vegetación, escasa por cierto. Guardó su barrera sanguínea y suspiró.

—¿Y bien?

—Pues… no puedo detectar ninjas cerca, tampoco ninguna clase de genjutsu, sin embargo… - no pudo continuar su discurso, los guías se detuvieron precipitadamente.

—¿Qué sucede? – Reki se adelantó al ver que frenaban. —¿Está todo en orden, Miyu? – se dirigió al de la derecha, quien fue el primero en detenerse. El hombre enmascarado señaló con el dedo un pequeño claro, en donde había arena suave y espacio suficiente como para que el grupo entero pudiera descansar. —¡Ah, con qué era eso! – la tensión de su cuerpo descansó. —Muchachos, estamos en un sitio que podemos usar para descansar, tal como prometimos. Lo cierto es que todavía no estamos a la mitad del paso, pero supongo que unos cuantos kilómetros no serán muy diferentes. – al escuchar esto se relajaron bastante, es especial Konohamaru, pues el efecto de la píldora pasaría pronto.

Cuando se instalaron rápidamente tanto Ko como Miyu desaparecieron entre las sombras. No les causaba una buena impresión, pero Reki, con su actitud optimista los despreocupó.

—Seguramente fueron por algo para cenar, dejen que ellos vaya, después de todo conocen este sitio como la palma de sus manos. – sin esperar más tomó bastante agua de una cantimplora. —Ah, ha sido una buena carrera, ¿Verdad?

—Este sujeto tiene la misma actitud que Gai-sensei. – señaló Konohamaru en voz baja a sus alumnos.

—¿Se refiere a Maito Gai, la Bestia Azul? – preguntó Mitsuki.

—Sí, cuando yo aún era un estudiante él iba de aquí para allá con una actitud muy positiva, motivando con entrenamientos sobre forzados a sus pupilos.

—Creo… Que él fue el maestro de Neji-ojisan. – puntualizó Boruto, mientras se dejaba caer sin mucho cuidado en la arena suave.

—No he escuchado mucho sobre él. – admitió Sarada.

—Actualmente está retirado. – afirmó Konohamaru, haciendo más amena la conversación.

—¿Retirado? – Reki se unió sin pretenderlo demasiado. —Es una pena, he escuchado historias por parte de algunos altos mandos sobre ese ninja. Dicen que es sorprendente… O lo era, si ya se retiró.

—Aun así Gai-sensei no pierde su chispa. – argumentó Konohamaru. —Pese a no poder caminar, continua con sus rutinas extravagantes de ejercicios.

—Eso es bueno, siempre hay que estar preparados, es mi lema. – opinó Reki mientras se sentaba con ellos.

—Oigan, ¿No creen que los señores Miyu y Ko se han tardado demasiado? – la voz aterciopelada de Mitsuki dijo de pronto, todos le miraron expectantes.

—Mmm, es verdad. – Reki se puso de pie, el fuego revoloteó soltando chispas. —Ellos ya deberían… - su voz se cortó abruptamente.

Todo pasó demasiado rápido, incluso más de lo que Konohamaru hubiera admitido. La tierra debajo de ellos se abrió precipitadamente y una plasta de tierra, con una forma similar a fauces devoró al ninja de la roca de un solo bocado.

Un cuerpo largo y pétreo vino después, así como la exclamación ahogada de un animal. El equipo de Konoha retrocedió rápidamente para apreciar la figura de la bestia. Parecía un ciempiés, pero su tamaño y proporciones reales eran sólo imaginarias, pues en plena oscuridad resultaría muy difícil verlo como realmente era.

—¡Aléjense, atacará de nuevo! – pidió Konohamaru, cuando el animal azotó su cabeza contra las paredes de roca en busca de sus presas.

Sarada activó el Sharingan con rapidez y Boruto, buscó la manera de activar su ojo derecho.

—¡Detecto un gran flujo de chakra emanando de la criatura! – dijo el Uzumaki, mientras volvía a esquivar otro embate, esta vez de su cola. El animal era enorme.

—¡No veo que sea una ilusión, es un animal real! – especificó Sarada.

—Ahora entiendo por qué Miyu-san y Ko-san no están aquí, probablemente esta criatura los atacó. – compuso Mitsuki, habían llegado a un punto lo suficientemente alto en las rocas en el cual no podrían ser alcanzados.

—Tendremos que rescatarlos, dudo mucho que todavía hayan sido digeridos. Su piel debe ser tan dura como parece, tengan cuidado de no… - pero sus órdenes murieron en instante, cuando de la pared de roca en la cual se sostenían, una mandíbula extra tomaba al maestro ninja de un solo tajo.

—¡Konohamaru-sensei!

—¡Sarada, cuidado! – Boruto la tomó de la cintura y la haló lejos del alcance de la otra criatura.

—¡Por aquí! – Mitsuki estiró uno de sus brazos y los atrajo aún más arriba en el risco.

—Tenemos que rescatar a Konohamaru-sensei. – rectificó Sarada, tras agradecerle a Boruto por su ayuda.

—La piel que le recubre es tan espesa como la roca. – señaló Mitsuki, colocándose una mano en la barbilla. —Propongo un ataque directo, al mismo tiempo o consecutivo.

—¿Te refieres a crear una apertura? – puntualizó Boruto.

—Sí y cuando la pared esté lo suficientemente débil rematarlo.

—Es una buena idea, pero tenemos dos de esas cosas.

—Umm, supongo que alguien deberá ser la carnada. – se encogió de hombros, Sarada sonrió al oírle decir eso.

—Me parece bien. – Estaba colocando una hilera de vendas alrededor de sus nudillos. —Propongo que Boruto y yo ataquemos al mismo tiempo mientras que Mitsuki los distrae. – hubo silencio, ellos estaban esperando a que terminara su planteamiento. —Puedo usar mi fuerza y Boruto su rasengan, Mistuki es rápido y flexible, estoy segura que podrá arreglárselas por unos segundos.

—Está bien. – el muchacho de piel pálida se perfiló contra el risco. —Aunque debo llamar primero su atención. – se preparó para saltar. —Les aconsejo que ataquen con el impulso de la gravedad. – los jóvenes asintieron. —¡Aquí voy! – el muchacho saltó sin meditarlo demasiado. Tanto el rubio como la morena se quedaron para preparar sus ataques, con sus barreras sanguíneas sería muy fácil identificarlos.

Los enormes gusanos bailaban como serpientes en cortejo alrededor de las paredes, buscando con el olfato a los niños, puesto que no parecían tener ojos. Mitsuki identificó un punto entre ambos y se coló ahí.

—¡Oigan, lombrices! – gritó lo más fuerte que pudo, los animales se voltearon a él instantáneamente. Mitsuki sonrió con parsimonia. No esperaron mucho para atacarlos, pese al tamaño y su armadura eran muy agiles. El que se había comido a Reki le atacó primero, las mandíbulas en forma de triturador se empecinaron contra Mitsuki quien simplemente esperó.

Cuando el animal lo devoró éste apareció en su cabeza. Había hecho un jutsu de sustitución, algo básico pero efectivo.

—Estoy aquí, bestia. – de nuevo habló con tranquilidad. El otro bicho saltó sobre él en un impulso poderoso, saltó con rapidez y astucia, las bestias se impactaron una contra otra. En el aire y viendo cómo estas se habían vuelto repentinamente torpes rio contento, sin embargo había de confiarse un poco. Una de las colas lo embistió en pleno aterrizaje y lo empujó contra la tierra. Mitsuki recibió el golpe seco y cayó en la arena, quedando inmóvil.

—¡Oh no! – Boruto se tambaleó en el filo de la columna de roca. —¡Esto es malo!

—Espera. – Sarada lo detuvo del brazo, el muchacho se había descentrando al punto que su rasengan perdía poder.

—¿Estás loca? Esas cosas van a…

—¡Es momento! – Sarada señaló el esfuerzo de Mitsuki, mientras él siguiera en el suelo los animales descuidarían por completo la zona superior del cañón. Se inclinaron lentamente contra el cuerpo de Mitsuki y les dejaron al descubierto gran parte de la espalda y la cabeza.

Los dos genin saltaron juntado todo el chakra posible.

—¡Sal de ahí, Mitsuki! –pidió Boruto y el muchacho se levantó tan rápido como pudo. Ciertamente ya los había visto venir y se esforzó en escapar. Las lombrices, al ver que se movía decidieron lanzarse sobre él nuevamente, pero sus cabezas descendieron repentinamente cuando recibieron el embate de los muchachos.

Sarada golpeó al que se había tragado a Konohamaru y Boruto al que ingirió a Reki. El golpe de la chica fue lo suficientemente fuerte como para obligar al ser escupir al jounin, en cuanto al rasengan de Boruto, la energía penetró en la coraza destruyendo una buena parte.

La salida de Konohamaru no pudo ser menos dramática. La lombriz emitió una buena cantidad de vapor, humo y flamas pequeñas. El descendiente de Hiruzen salió disparado con la fuerza de su Katon y el golpe de Sarada. Quedó impactado y pegajoso contra una pared de tierra.

—¡Lo logramos! – festejó Boruto.

—¡Cuidado! – Mitsuki señaló a las criaturas, estas se habían recuperado demasiado rápido. Sarada, quien estaba en la espalda del animal, visualizó cómo su espesa piel volvía a recubrirse de tierra y roca. Miró su mano y se dio cuenta que había sangrado un poco.

—¡Sarada! –llamó Boruto al verla absorta. El exoesqueleto del animal se removió y la lanzó por los aires.

—¡Te tengo! – Konohamaru saltó en su rescate.

—Gracias, ¡Ah, que es ese olor! – no pudo evitar cubrirse la nariz.

—Lo siento, es gas. El interior de sus entrañas estaba repleto. – el ninja se detuvo en una de las paredes con ayuda de su control de chakra.

—¡Cuidado! – Mitsuki se las arregló esta vez para tomar a Boruto de la chaqueta y correr entre las paredes. Una de las criaturas escaló dejando un surco enorme mientras los cazaba.

—Espera, tengo una idea. – dijo su compañero rubio, a medida que veía que la bestia se les acercaba.

—¿Qué idea? – Mitsuki estaba calmado, pero también algo ansioso, por lo que no se detuvo. Su control de chakra en tan avanzado nivel le permitía continuar corriendo por las paredes sin perder el equilibrio.

—¡Kage Bunshin no jutsu! – Boruto se multiplicó en cuatro personas y saltaron sobre el gusano. El animal se detuvo y se desvió persiguiendo los clones. —¡Ataquemos! – indicó a su compañero y éste asintió. Aún les quedaba energía, podían lograrlo.

Los clones del chico rubio iban cayendo uno a uno y cuando el último sucumbió en las mandíbulas de la criatura y ésta pareció desconcertada, intentando rastrearlo nuevamente. Habrían de aparecer otra vez los genin para encargarse de la situación.

—¡Rasengan! – Boruto había juntado más energía de lo normal aumentando formidablemente el tamaño de su espera. Mitsuki hizo resplandecer su chakra, concentrando una buena parte de éste y energía natural proclamada desde su alrededor. El golpe sería lo suficientemente eficaz para noquear a un jounin, esperaba que pudiera lograrlo con el monstruo.

Los dos dieron de lleno contra el insecto. El rasengan de Boruto voló a gran velocidad por el espacio y junto al puño de Mitsuki, que se esperaba como mangual dieron al mismo tiempo. El animal se doblegó por completo y exclamó sin aire mientras se desplomaba. Uno cayó y los chicos, orgullosos de su trabajo en equipo cayeron suavemente contra el cuerpo de su adversario.

Por otro lado, tanto Konohamaru como Sarada estaban teniendo su propia batalla. El enorme gusano se movía con reticulada precisión, su cuerpo se torcía constantemente para alcanzar a los ninjas que saltaban de un sitio a otro. El jounin escaneó las oportunidades nuevamente y apreció a sus otros dos alumnos que se habían encargado del peligro por su lado. La táctica de ellos había sido noquear al animal, lo cual no era particularmente malo, pero se necesitaría mucha potencia.

Rápidamente se giró a Sarada, ella estaba a la expectativa de sus órdenes. Sonrió de lado, podría hacer algo más que usar fuerza bruta, eran ninjas después de todo.

—¡Sarada! – llamó Konohamaru. —Acércate. – se escondieron rápidamente tras una roca para impedir que la bestia no los dejase hablar. —La coraza es dura, pero podremos hacerle daño si nos lo proponemos. Llama a tus compañeros y diles lo que acabo de decirte. Yo lo distraeré y crearé una apertura.

—Está bien. – la tierra se removió alrededor de ellos, el cuerpo del animal se enredó contra ellos en un intento de constricción. Dieron un salto impresionante evitando ser pulverizados.

—¡Ahora! – gritó a la chica para que corriera en un punto libre. —¡Recibe esto monstruo! ¡Kage Bushin: Kunai! – lanzó varias estrellas y estas se multiplicaron en una lluvia encarnizada. El animal recibió el impacto con escaso daño no obstante, el siguiente paso vino con más poder, cuando pequeños papeles bomba atados en las cuchillas explotaron destrozado parte de su coraza.

El humo se dispersó groseramente entre los alrededores junto con la grava desprendida de la piedra que se hallaba sobre la piel del insecto.

—¡Lo tengo! – Boruto fue el primero en ubicar el punto débil tras el estallido. La armadura se había roto dejando ver en el regazo del animal una abertura lo suficientemente grande como para atacar directamente. Saltó con potencia junto por su espalda y preparó su ya tan conocido legado.

—¡Rasengan! – la diminuta esfera desapareció y el bicho a penas se regresaba para encararlo.

—¡Katon: Goukakyu no jutsu! – Sarada llamó su atención y de una forma poco ortodoxa. La llamarada le dio justo en la boca abierta, quemándole una buena porción de tejido, el animal retrocedió intimidado y más tarde volvió a doblegarse hacia abajo por el golpetazo del rasengan invisible del Uzumaki.

Se escuchó un gemido lastimero y más polvo se despendió cuando se desplomó en el suelo.

—¡Sujétalo! – pidió Konohamaru, ya estaba en el aire preparando su siguiente ataque.

—¡De acuerdo! – Mutsuki estiró sus extremidades como si fuesen de goma y enredó una porción de su cuerpo. Tanto Boruto como Sarada lo sujetaron de la cintura y la espalda, ayudándole a hacer fuerza. La criatura intentó enderezarse otra vez pero no lo consiguió. La abertura en la armadura ahora era más grande y no sólo eso, tenía un hueco provocado por la potencia giratoria del rasengan del chico.

—¡Esto será tu final! – Konohamaru descendió de golpe y de un pergamino sacó una impresionante katana. La imbuyó en chakra, justo como el viejo Asuma solía hacerlo con sus cuchillas y se preparó para rematarle.

La hoja entró hasta el fondo mientras realizaba un corte profundo, así pues el chakra de naturaleza viento que expedía se convirtió en un remolino cortante.

—¡Suéltalo! – pidió el líder del equipo y los chicos lo hicieron. Con el arma clavada en la carne más suave giró la empuñadura liberando más chakra. El cuerpo del enorme ser quedó despedazado y algunas partes volaron pegándose a las paredes del cañón, así como éste se derrumbaba contra las rocas al perder la vida.

—A eso le llamo acabar con las plagas. – bromeó Boruto.

—Konohamaru-sensei ha estado impresionante.- halagó Mitsuki.

—Estoy cansada. – Sarada se dejó caer mientras se sentaba en el suelo. —Mi cuerpo se siente débil.

—Umm…- Boruto suspiró e hizo lo mismo. —Yo también. Creo que la adrenalina del momento pasó.

—Quizá sea el efecto de las píldoras de soldado. – contribuyó Mitsuki.

—¡Chicos! – Konohamaru llegó donde ellos. —¿Se encuentran bien?

—Sí… ¡Que es ese olor! – se quejaron al mismo tiempo.

—¿Eh? – el ninja mayor olió sus ropas. —Ah, lo siento. Creo que parte de sus fluidos me bañaron.

—Eso lo hace mucho peor. – se quejó Boruto. —Pero bueno, conseguimos detenerlo.

—Estuvieron impresionantes chicos, estoy orgulloso.

—Desafortunadamente, Konohamaru-sensei, hemos perdido a nuestro guía. – Mitsuki señaló el cuerpo destrozado de la lombriz.

—¡Ah, es verdad! – Konohamaru comenzó a sudar. —Por todos los cielos, espero que Reki-san no… Es decir, lo que acabamos de hacer.

—Descuide, la lombriz que devoró a Reki-san fue esa. – señaló Mitsuki, pero su rostro continuaba ensombrecido. —Sin embargo, me temo que tal vez no haya podido sobrevivir a sus jugos gástricos.

—Que desdicha. – lamentó Konohamaru. —Espero que el feudal entienda este penoso incidente, así como la aldea de la Roca.

—Tendremos que decir lo que pasó en realidad. – Sarada concluyó mientras tocaba delicadamente sus nudillos, aún le dolían. —Nunca esperé que existieran animales como estos. Son terribles.

—Si estamos en su territorio podría apostar a que hay más de ellos.- lo dicho por Mitsuki en verdad les perturbó. Tenía absoluta razón, era peligroso quedarse ahí por demasiado tiempo, después de todo el olor a los animales muertos atraería más depredadores.

—Creo que tenemos que empezar a movernos. – motivó Konohamaru, él también estaba cansado. —Sé que es duro, pero es la única forma en la que podremos sobrevivir.

—Sensei, ¿Tendrá más de esas píldoras? – pidió Boruto, visiblemente exhausto.

—Déjame ver. – comenzó a buscar entre sus cosas. El rostro contrito del ninja los hizo fruncir el ceño. —Me temo que las perdí en la batalla. Pero descuiden, una vez que salgamos de la zona de peligro podrán descansar.

—Pues qué remedio. – Boruto se levantó lentamente sacudió sus ropas. Los otros dos le siguieron con pesadez. —Vamos, hay que salir de aquí.

—¿Se van tan pronto? – una voz resonó en la cima de los acantilados. Las miradas inevitablemente volaron hasta toparse con la silueta de un hombre. A su lado y desde las rocas, emergían lentamente Miyu y Ko.

—¿Quién es? – preguntó Konohamaru, puesto que no había casi nada de luz más que la de la luna en menguante.

—Es Reki-san. – identificó Boruto, su ojo derecho estaba activado.

—Debo admitir que fue un gran desempeño. Estoy emocionado al respecto. – señaló a las lombrices que estaban en la tierra inmóviles.

—¿Qué significa esto? – preguntó molesto Konohamaru.

—¿Qué, pregunta Sarutobi-san? – se cruzó de brazos, fingiendo que lo pensaba. —Pues bien, creo que es muy obvio. – soltó una pequeña carcajada.

Los chicos se levantaron ante la presión. Sus cuerpos estaban cansados, pero al parecer la batalla aún no estaba concluida.

—¡Esto es una ofensa para la unión de las aldeas ninja y las naciones! – protestó Konohamaru. —¿Por qué de pronto decidió atacarnos? ¿No será que en realidad el señor feudal quería nuestras cabezas?

—¿El feudal? – Reki negó con una sonrisa. —No, esto es un proyecto más personal. – su vista giró en torno a los más jóvenes. —Pero qué generaciones tan imponentes tenemos aquí. – al notar este hecho Konohamaru se colocó frente a sus alumnos.

—Déjelos fuera de esto, si busca pelea yo le haré frente. – protestó el adulto.

—Es conmovedor el ver cómo protege a sus estudiantes, pero no creo que realmente entienda lo que está pasando. No estoy aquí por motivos de honor o supremacía, el proyecto que llevaré a cabo es algo en verdad personal e inspirado por otra clase de méritos. – se inclinó ligeramente hasta ellos. —Usted tiene, Sarutobi-san, entre sus filas individuos interesantes… Los convierte en un buen material de explotación e investigación, a decir verdad.

—Estén preparados para la retirada. – susurró Konohamaru. Pelear no resultaría demasiado bien, no en sus condiciones actuales. Sin embargo, Reki vio venir esto y se rio de nuevo, a pesar de la espesura de la noche podía percatarse de todo.

—¿Retirada? ¿No me digan que piensan escapar? – chasqueó los dedos y la tierra se sacudió ante una presión telúrica causada por una inesperada vibración. El cuerpo de los insectos recobró vitalidad. El que habían noqueado Boruto y Mitsuki se levantó de nuevo y siseó furioso.

El que Konohamaru había destrozado por la mitad se sacudió independiente en cada extremo hasta que, para su sorpresa, otra cabeza brotó de la parte cercenada.

—¿Pero cómo es que…?

—¿Qué no lo sabe, Sarutobi-san? – agregó sonriente Reki. —Si partes a una lombriz por la mitad ésta puede regenerarse y dar origen a otro espécimen. Ahora bien, sé que tres lombrices de roca es interesante de ver, pero... – Ko y Miyu se acercaron a su jefe y éste, sin escrúpulos clavó sus manos por la espalda hasta llegar al interior de sus entrañas.

Los shinobis vomitaron sangre y se retorcieron pero sin emitir ningún sonido.

—Acaba… de apuñalar a sus compañeros. – Sarada se sintió horrorizada al ver este hecho.

—Sello activo. ¡Liberar! – gritó y sacó sus manos lo más rápido que pudo, los cuerpos sin vida de los ninjas cayeron por el risco. Inesperadamente, los cadáveres cambiaron y se agrandaron, dando paso a una metamorfosis enfermiza, en donde la carne muerta se regeneraba y servía para dar paso a dos lombrices más.

Al final, el peso colosal de los animales causó eco en el cañón, al igual que sus bufidos. Se vieron rodeados de cinco gusanos megatónicos. El equipo Konohamaru se recorrió lentamente hasta toparse con las espaldas de sus compañeros.

—¿Sabían que las lombrices de roca son una especie muy rara que presumiblemente posee el exoesqueleto más duro de todos? Y ustedes están frente a cinco de ellas, son afortunados. – Reki cayó sobre la cabeza de uno de los animales. Comenzó a hacer sellos con las manos.

—¡Salgamos de aquí! – Konohamaru se adelantó, intentó correr a una abertura pero los animales cortaron su paso.

—¡Oh, no, me temo que no puedo dejar que se vayan! – Reki terminó su jutsu y ante esto, las pareces del cañón desprendieron roca y tierra, uniéndose de manera segmentaria en un domo que se cerraba poco a poco. —Hagamos las cosas un poco más interesantes. – la luz de la luna se hizo cada vez menos perceptible. —Esto apenas comienza. – Entonces, el domo quedó completamente bloqueado.

Todos escuchaban atentamente la historia que Konohamaru acababa de relatar. La habitación del hospital estaba repleta de personas, entre ellas Naruto, Hinata, Sasuke, Sakura y el resto del equipo de ninjas que serían enviados para la búsqueda. Después de anunciar el motivo de la reunión, Naruto pidió a todos ahí que se digirieran al hospital, pues una buena parte de todo era conocer lo que había sucedido el día de la desaparición de Sarada.

El relato de Konohamaru gritaba "engaño" por todos lados. Desde el principio la petición de la misión había sido sospechosa, no obstante, Naruto quizá había pecado de no ser tan desconfiado y asignarla. A pesar de que sí tenía sospechas sobre esta, no fueron suficientes como para que el grupo no saliera de la aldea en su camino.

Según el relato de Konohamaru todo parecía ir desde lo más normal a lo más sospechoso. Contó lo más detallado posible y lo que su cerebro postraumático podía asimilar.

Él estaba lleno de lesiones, algunas serias y otras no tanto, entre las que descartaba un traumatismo craneoencefálico leve, fracturas costales múltiples y posible envenenamiento por una sustancia no reconocida pero con una baja letalidad. Boruto y Mitsuki continuaban inconscientes, habían sido sometidos a terapia intensiva debido a sus lesiones, principalmente el hijo de Orochimaru, sin embargo, tras unas horas los dos estaban estables y lo suficientemente fuertes como para estar en una habitación individual, sin vigilancia continua.

Sasuke lucía el ceño completamente fruncido. Sólo él sabría lo que planeaba hacer con aquel hombre que osó lastimar a su hija y su alumno, pero, fuera de la ira que podía consumirlo, estaba atento repasando en su cabeza la historia que el joven ninja acababa de contar.

—¿No recuerdas nada más? – preguntó Naruto tras un largo silencio.

—Lo siento, me duele la cabeza cuando intento presionarme. – bajó la cabeza apenado. —En verdad lo lamento. – se dirigió ante Sakura y Sasuke. La pareja tenía una postura rígida y demacrada, más Sakura que su esposo.

—¿Por qué…? ¿Por qué Sarada fue la única? – Sakura apretujó sus dedos contra sus ropas. —¿Qué demonios intenta hacer ese hombre? – le temblaban los hombros, su emociones eran aún más explosivas puesto que estaba embarazada y por ello, también sus cambios hemodinámicos solían atacarla hasta hacerla perder el conocimiento.

—Sakura. – Sasuke pasó una mano por su espalda, apoyándole y guiándola a una silla. —No es bueno que te presiones tanto. – la hizo sentar, ya estaba muy pálida y podía ver el pulso alocado en su cuello a simple vista.

—No puedo… no puedo dejar que ese hombre le haga algo malo a mi niña. – insistió en un reproche sin fuerzas. —Tengo que hacer algo, tengo que recuperarla.

—Sakura-san. – Hinata se le acercó y colocó sus brazos alrededor de su espalda, dándole el apoyo que sólo una madre a otra podía dar. Los otros ninjas que estaban ahí se miraron intermitentemente, esto estaba demasiado tenso.

—Lo haremos, Sakura-chan, relájate. – Naruto quiso acercársele, pero la mirada acusadora de la mujer lo hizo retroceder. No la culpaba, él también estaba molesto consigo mismo.

—Konohamaru. – Sasuke habló con una voz aún más pastosa. —¿Pudiste ver algún distintivo en sus ropas? ¿El nombre de algún clan o nación ninja?

—Su apellido Adachi podría ser un indicio. – puntualizó el muchacho.

—Investigué su apellido con la Tsuchikage, no existe ningún ninja con ese nombre entre sus filas. Me temo que es alguien ajeno. – comentó Naruto. —No obstante, sus motivaciones deben tener algo que ver con Konoha o nuestras familias. Quizá un enemigo del pasado. –ahora se dirigía a Sasuke, él simplemente respondió a su mirada, pero sin decir nada.

—¿Tienes alguna clase de muestra para seguir su rastro? – se atrevió a hablar Kiba.

—Mis ropas de ese día quizá. – opinó Konohamaru.

—Sí, podría funcionar.

—Me sorprende bastante que existan las lombrices de roca. – de la nada, Shino Aburame, el rastreador del clan Aburame habló entre ellos. Había sido canalizado por Shikamaru como su opción más rápida. —Ciertamente son considerados leyendas entre los entomólogos.

—¿Qué significa eso? – preguntó Naruto.

—Que esas criaturas son en verdad sorprendentes. Controlar a una de ellas es imposible, al menos en teoría.

—Entonces estamos tratando con un domador de insectos. – repuso Naruto.

—Repasaremos las teorías en el camino. – habló Sasuke mientras se dirigía a Sakura y extendía su mano. —Como capitán del escuadrón, les pediré que se preparen para la misión. Nos veremos en la salida de la aldea en treinta minutos. – los ninjas asintieron ante sus palabras. —Konohamaru. – Sasuke se dirigió al joven, quien estaba nervioso de encararles. —Sería ideal que estuvieras con nosotros, pero comprendo que no. Hmp. Recupérate. – tanto él como Sakura salieron de ahí a paso regular. Todos quedaron en silencio, pensaron que le diría algo hiriente, pero eso estaba demasiado cerca de ser una aceptación a sus disculpas.

—Ustedes deberían hacer lo mismo. – sugirió Naruto al resto del equipo y los ninjas, ni tardos ni perezosos se apresuraron a salir.

—Naruto-niichan. – Konohamaru le dirigió una mirada entristecida, Naruto suspiró.

—Está bien, Konohamaru, entiendo los riesgos que nuestro oficio trae. No estoy molesto contigo. Sólo espero… que tanto Sasuke como Sakura-chan recuperen a Sarada pronto.

—Naruto-kun. – Hinata se le acercó y tomó su mano en señal de apoyo.

Sakura miró cómo Sasuke terminaba de alizar su ropa. Todo el proceso de preparación había sido tortuoso y silencioso. La pareja estaba sumida en luto y esto le causaba terribles malestares a la futura madre. Sasuke la miró, estaba sentada en el sofá, sosteniendo una foto de su hija y ellos, una relativamente reciente. Lloraba en silencio, algo inevitable.

—Sakura. – el hombre se le acercó lentamente y se sentó a su lado.

—Sasuke-kun. – ella se recargó en su costado e introdujo la cara en su pecho, buscando consuelo. —Quiero ir con ustedes. – se lo había pedido por enésima vez, pero Sasuke de nuevo se negaba.

—Sabes que no puedes. – su única mano acarició su cabello con cuidado.

—Pero es mi hija, mi pequeña Sarada… si, si le pasara algo yo…

—Shh, tranquilo. – le acarició la espalda. —Nada de eso sucederá. – su rostro lucía triste, pero fuerte, como un pilar al cual Sakura deseó aferrarse con más ahínco. —Traeré de nuevo a Sarada. Pronto ella estará sana y salva con nosotros, no permitiría que nadie la dañase. – Sakura se enderezó para verle de frente. —Son mi familia y no dejaré que nada les dañe. – su mirada se fue al vientre de su esposa después a sus ojos. —Lo prometo.

—¿En verdad, Sasuke-kun? ¿Prometes que regresarás con ella? ¿Qué todo estará bien?

—Sí, es una promesa. – unió sus frentes con cuidado. —Traeré a Sarada de vuelta.

—Gracias, Sasuke-kun… - Sakura continuó llorando. Él la sostuvo un poco más y cuando el momento lo ameritó se levantó para ir al encuentro de sus compañeros. Sakura lo despidió desde la puerta con impotencia y esperanza, él caminó con férrea voluntad. Todo aquel que se atreviera a dañar a su familia se lo regresaría multiplicado por mil. Su sangre Uchiha bullía con el coraje que tanto los caracterizaba. El amor se convertía en odio, la desesperanza en coraje y su felicidad en sed de venganza.

El viejo vengador se levantaba una vez más por la misma causa: su familia.

Continuará…

Pues bueno, ahora sabemos qué le sucedió al equipo de Konohamaru par que resultaran tan mal, lo que vendrá a continuación se revelará en su respectivo momento. Por ahora Sasuke ha ido a rescatar a su hija y las emociones están a flor de piel. Espero lo hayan disfrutado.

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Yume no Kaze.