Finn creía que todo estaba perdido, cada día enloquecía aún más, cada día su sonrisa se volvía más falsa. Estaba desesperado, la quería, quería verla devuelta, quería besarla una vez mas aunque se terminara quemando. Quería devuelta su mirada, las sonrisas que le dedicaba, su amor peligroso donde el único herido fue el. Una relación donde sus corazones se prendían cada vez que se veían, tanto fue que Finn fue el que resulto quemado. Jamás le dio explicaciones de porque terminaron, jamás pensó en el daño que se estaba haciendo cada vez que pensaba en ella. Era consciente de lo peligroso que era pero jamás pensó que dolería tanto, debía vivir con el recuerdo aunque aquello le disgustase.

Pasaba las noches pensando en que se equivocó pero jamás encontró un error, él le dio el más sincero amor, pensó que era su amor verdadero, se aferró a ella... grave error, ya no podía pasar una noche sin pensar en ella, sin terminar golpeando las paredes hasta que le sangraran los nudillos, no podía pasar una noche sin romperse aún más.

Se levantó furioso y tomo su chaqueta, otra noche en la que no podía dormir, como si fuera su rutina se dirigió a la cafetería de DP para inyectarse su dosis de cafeína diaria. Ya era la tercera vez que iba en el día y una de las tantas en todo el mes, el café era la única solución y era en lo único que gastaba su dinero. No quería beber porque sabía que eso lo enloquecería y podría cometer alguna locura.

Apenas entro en el local sonó la campanita que anunciaba que alguien había llegado. Busco con la mirada a DP pero no la pudo encontrar, ella sabia exactamente lo que el bebía frecuentemente. Se dirigió a la barra y diviso una cara nueva, una chica con cabellos rubios, ojos celestes y probablemente de su misma edad. Se sentó en uno de los taburetes y la observo por un momento, esa chica tenía unas manchas oscuras debajo de sus ojos, probablemente, por falta de sueño. Dejo de observarla y pidió lo de siempre: Un café doble con una cucharada extra de café, sin azúcar y levemente caliente. Estaba demasiado apurado para beber un café caliente, se sentía realmente fatigado aunque aún seguía sin poder dormir.

Pacientemente espero mientras jugueteaba con los cordones de su chaqueta bajo la atenta mirada de la cajera. A veces miraba de reojo a la chica a su lado que estaba sentada, desde hace un tiempo, mirando el menú. Llamo la atención de la cajera y pidió un café normal, parecía no tener demasiados problemas para mantenerse despierta.

La camarera llamo su atención y le entrego su café doble, sin titubear se lo tomo de un solo trago mientras buscaba dinero para pagar lo que consumió y dejaría una pequeña propina como lo hacía diariamente. Dejo el dinero debajo de su taza y se quedó mirando de reojo a la chica que estaba a su lado. Estaba seguro de que había estado unos diez minutos hasta que escucho a alguien carraspear la mirada, busco el propietario de aquel sonido hasta topar con la mirada de la chica que lo miraba con repugnancia.

-¿Podrías dejar de mirarme de reojo? -dijo la chica un poco molesta- No es que me moleste que veas mi belleza, pero no quiero que gente como tú me mire.

-¿Gente como yo?-dijo el chico un poco sorprendido

-Gente que sufre por alguien que probablemente ya ha olvidado todo lo que han pasado -dijo la chica mirándolo de reojo mientras tomaba su café.

-¿Cómo estas tan segura de que yo estoy sufriendo alguien? -dijo el chico expectante

-Porque eres como un libro abierto, puedo leerte cuando quiera y manipularte como quiera.-dijo la chica levantándose de su taburete dirigiéndose a la salida.