Hazuki se limpió una lágrima "Vete, por favor. No puedes verme así"

Masaru dió un paso adelante "¿Hazuki?" Ese paso fue suficiente, la luz de la luna se asomó en el cielo y se posó sobre la cabeza de la joven frente a él, cabeza que era adornada nuevamente por el sombrero de bruja "¿Hazuki? ¿Acaso eres una..?"

La chica se ocultó otra vez tras el frondoso árbol y suplicó "No lo digas, por favor. Estás en lo correcto. Soy una bruja, bueno una aprendiz y cuando supere todas las pruebas tu pequeña frase me condenara, así que por favor no lo digas"

Masaru se rió, no pudo hacer otra cosa "¿Es una broma verdad Fujiwara? No sabía que eras bromista"

La chica casi aprovecha esa abertura pero una pequeña mirada a su amigo se lo impidió, él estaba comenzando a dudar. En sus ojos se podía ver como pensaba y pensaba y, como un rompecabezas, las millones de piezas que esparció junto a sus amigas a lo largo de los años, comenzaban a encajar. No sabía qué imagen resultaría, pero en el fondo de su mirada se podía ver enojo y, solo con esa pequeña fracción de emoción, Hazuki temía averiguarlo

Masaru en shock retrocedió "Así supiste lo de la trompeta. Todas las cosas extrañas que han ocurrido desde tercer grado son por tu culpa"

Hazuki casi sale desde atrás del árbol, pero se contuvo y se deslizó hasta el suelo, mientras oía a su amigo decir cada cosa extraña que notó con los años "¿Lo planeaste todo?"

Hazuki se colocó de pie sorprendida "No"

"Entonces solo no confiaste en mi"

"Si confio en ti Masaru, lo hago, pero…"

"No eres la única" No era pregunta, sin embargo la chica se encontró asintiendo "Ese chico también lo es ¿verdad?"

"¿Qué chico?"

"El chico pelinaranja, ¿o es sólo un cliente de la tienda?"

Hazuki se asomó nuevamente, pero el chico no lo notó, estaba perdido en su cabeza "Masaru, realmente confío en ti, pero no podía decírtelo, está prohibido y en estos momentos no estoy segura de que pasará ahora"

"Nada" La chica miró a los ojos del chico, quien le regresaba la mirada vacía, era como volver a ver al chico de hace un par de años, el chico que le gritaba a la maestra, al que pensaban era un delincuente, al chico con barreras de acero cubriendo su entorno para protegerlo "Nada va a pasar, porque no diré nada de esto… ni tampoco te veré a ti"

"¿Masaru qué?"

"No, Fujiwara, adiós" el chico corrió y Hazuki se quedó petrificada, el siempre cálido tono de su amigo había desaparecido, al igual que las esperanzas de la chica de recuperarle. Fujiwara, eso había dicho, igual que muchas veces antes, sin embargo lo que impactó a la chica fue la diferencia de esta ocasión, porque no era cálido o preocupado o asustado, era frío, eran tan frío que la había congelado en su lugar por lo que parecieron horas. Masaru había desaparecido e ir a buscarlo ahora sería echarle sal a la herida, una herida apenas abierta que le atravesaba el corazón, a ambos. Así que lentamente cambió a su apariencia normal, subió el árbol y ya no estaba en la realidad, todo era mecánico: Acomodar los cojines, colocarse la pijama, acostarse... Solo entonces, una vez en el refugio de su cama, abrazó fuerte a su oso, al oso que escogió por el color de su cabello, al primer objeto que escogió por si misma, solo porque le recordaba que no está sola y ahora le recordaba que fue su elección no decirle y ahora lo había perdido. Lloró, porque perdió a su amigo de la infancia, lloró porque no sabía lo que pasaría ahora, lloro porque sus elecciones fueron equivocadas, lloró porque era su culpa. Jamás debió decidir, jamás debió cuestionar las decisiones de su madre y jamás volvería a hacerlo. Fue amiga de Doremi durante años de este modo y podría seguir siéndolo, y lo intentaría con todo, porque era lo único que le quedaba, eso y unos bellos recuerdos de su amigo peliverde, que por su culpa, perdió esta noche y probablemente jamás recuperará. Sin notarlo, en su estado robótico tomó la ocarina, que desapareció al sentir sus lágrimas.

Hasabe estaba preocupado. No era común que su amigo llegara tarde a la escuela. Pero hoy interrumpió la clase al entrar y tomó asiento sin mirar a la maestra. En el descanso se quedó en su lugar recostado, tenía bolsas bajo los ojos y no hablaba. Su amigo estaba mal y no quería decirle.

Masaru por su parte se encontraba haciendo lo mismo que la noche anterior, repasando cada momento extraño de los últimos años y después de pensarlo sin descansar, había llegado a una conclusión. Las cinco chicas eran o fueron brujas, al igual que esos extraños y desagradables chicos. Escuchó el timbre de la escuela y ya no sabía qué era lo que anunciaba ni le importaba, podía quedarse y esperar a que su amigo saliera del soccer, pero si lo hacía, le preguntaría y aún no tenía ánimos de hablar, además de que le prometió a su 'amiga' no decirlo y no estaba de ánimos para inventar excusas. Miró el reloj, aún faltaban diez minutos para salir y quería distraerse un poco, así que por primera vez en el día abrió su mochila para sacar su cuaderno, pero se encontró algo sorprendente. La ocarina. Esa ocarina que en algún momento le causó tantos problemas, tantas noches sin dormir y ahora aquí estaba para quitarle el sueño una vez más. De repente un sentimiento desde lo más profundo surgió, ayer hizo lo mejor que pudo para contenerse y ahora ya no podía más "¿Qué se cree? Ahora piensa que porque sé que tiene magia puede usarlo en mi contra. Pues se equivoca. Si piensa que mandarme este juguete me hará sentir culpable, se equivoca. Esta vez es su culpa, al igual que cuando le dijo a su amiga que él se la había dado y él como idiota saltó al río para ayudarla. Esta vez no iba a guardar su enojo, le diría exactamente lo que pensaba, comenzando con la ocarina"

Cerró su mochila de golpe y salió del salón, sin importarle si la maestra lo notaba. Tenía un largo camino que recorrer y rápido si no quería que lo vieran.

Hazuki estaba triste. Sus amigas de la academia lo notaron y la dejaron sola. Estuvo cada receso mirando por la ventana y durante las clases intentó poner atención, pero no era mucho. Había perdido a su amigo la noche anterior y esta mañana no pudo encontrar su ocarina, cuando más la necesitaba desapareció. Ninguno de sus padres la había tomado y Baaya dijo que esta mañana no la vio antes de despertarla. Lo único que le dejaba a pensar era magia. Una vez sus amigas usaron la magia estelar en ella, tal vez un rastro quedó almacenada en su interior y, al igual que el peliverde, se enfadó con ella y se marchó. Distraída anotó las notas de la canción que tanto la calmaba, más su violín lo dejó en casa. Sus manos temblaban, anoche había llorado hasta dormir y hoy estuvo resistiendo las ganas toda la mañana luego de no encontrar su tesoro. No podía arriesgarse a dañar su amado violín que tanto había compartido con ella. Sus amigas le llamaron la atención, había estado tarareando la canción desde hace algún tiempo y ya el salón estaba desocupado.

"Hazuki, es hora de ir a casa"

La chica les sonrió "Gracias Kao. No escuché la campana" El gracias era sincero, el ambiente competitivo de la escuela había causado que sus amigas aún la llamaran por su apellido, pero hoy no hubiera soportado escucharlo, no cuando la última vez significó algo tan distinto a la amistad.

Las chicas caminaban animadas hacia la salida, Hazuki se alegró que su ánimo no les afectara y decidió caminar un poco más retrasada del grupo. Un chillido le llamó la atención

"¡Chicas!" Era Kao

Himeko la miró asustada "¿Qué sucede Kao?"

"Miren es un chico esperando en la entrada"

Himeko se ocultó tras Hazuki "No puede ser, debe ser una 'visita' de las chicas de último año"

Kao saltó emocionada "¡Lo sé! Siempre pensé que eran mitos."

Hazuki fue arrastrada tras la barda "¿De qué hablan chicas?"

Kao sonrió "Hasta que te nos unes"

Himeko asintió "Que bien… en cuanto a lo otro, Kao es mejor contando estas cosas"

Kao se preparó y miró seria "Se dice que la regla de la Academia Karen sobre la comunicación con los chicos ha existido desde tiempos inmemorables, sin embargo entre las chicas se crea un acuerdo. Si llegas a último año, y eres lo suficientemente valiente, invitarás a un chico a la escuela, el te esperará a la salida y tú lo tendrás que besar frente a todas las demás chicas y la directora que espera en la puerta. La directora ha impedido todos los encuentros por tres años, dado que no puede castigar a la chica que se atreva, porque no está sola. Pero, se dice por los corredores que los últimos años nunca jamás ha entrado un chico a plena luz del día para esto, lo hacen de noche y es entonces cuando son las 'visitas'. Ninguna chica ha sido tan valiente hasta ahora somo para enfrentar a la directora al respecto, y por eso ninguna chica tiene novio"

Himeko jadeó "¿Ninguna?"

"Ninguna mientras esté en esta escuela"

Hazuki se rió de la gravedad de sus amigas por no tener novio "Doremi no sobreviviría" luego suspiró, mientras sus amigas se preocupan por no tener novio ella se preocupa por no tener a su amigo. Mientras sus amigas se lamentaban levantó la mirada y miró al chico, muchas chicas lo rodeaban o lo esquivaban en igual proporción, pero nadie le hablaba. Miró con más detalle y luego caminó lentamente hacia él. Al estar fuera del círculo lo miró a los ojos y el chico la notó, caminando en su dirección, enojado, abiertamente enojado. Una vez delante de ella habló con el mismo tono frío de anoche "Fujiwara debemos hablar, ahora. Sígueme"

La chica solo pudo asentir, por miedo a que este fuera otro sueño y su voz la despertara, una vez más.

Se fueron del lugar, ignorando los susurros a su alrededor y a los gritos que llamaban a la chica, lo habían hecho todo el día, y esta vez no fue la excepción, caminaron pensando en como se había visto el otro. Se detuvieron en el parque, donde todo terminó y volvió a empezar, ya que en el fondo los dos esperaban que esto fuera solo un sueño más y este parque lo arreglaría.

Masaru se detuvo en un lugar apartado, donde nadie pasara ni por accidente.

"Lo lamento Masaru, sé que debí habértelo dicho, o mejor aún mostrarte, pero no podía, yo.."

Masaru estaba enojado y se sintió igual que aquella vez en el muelle, no podía resistirlo "Confíe en tí, sentí pena por tí, me preocupe por ti y me sentí culpable cada vez que derramaste un lágrima de tristeza. ¿Alguna vez te importé?"

Hazuki lo miró decidida "Cada día desde que te conozco"

"Entonces ¿por qué? ¿por qué no me dijiste?"

"No sabía lo que pasaría si lo decía, una vez usé magia prohibida y perdí mi magia por diez días y…"

Masaru se comenzó a pasear, no quería explotar. no aún, no sin saber "¡Claro, si me lo decías la perderías por once!"

Hazuki se indignó "¡Eso no es cierto! ¡No te dije porque no sabía que podría pasarte a ti! ¡Eres mi amigo…!"

"¡¿Pasarme?! ¡No me ha pasado nada y veo que a ti tampoco, solo admitelo, no confías en mí y solo me estabas manipulando. Cada. Maldito. Día!"

Hazuki resistió las lágrimas, eso había sido duro y ambos lo sabían, pero Masaru no estaba dispuesto a ceder, no hoy.

"No sé por qué no ha pasado nada, quizás nadie se ha enterado, pero lo que sí sé es que jamás te manipulé. Si quieres irte vete, esta vez no te voy a detener. No eres quién tiene la culpa y ningún regalo va a arreglarlo, solo quiero que me perdones, por favor, pero si para eso necesitas tiempo te lo daré, todo el que necesites"

Masaru comenzó a ceder, la chica estaba triste, sus lágrimas caían por su rostro sin que lo supiera y él podía ayudarla, porque en el fondo no era una mala chica. Él no sabía toda la historia, tal vez se la podría preguntar, pero lo haría otro día, porque si hoy lo hacía cedería y no podía hacerlo. Desesperado miró el paisaje, los niños jugando, el árbol tras la chica y nuevamente estaba mirando a la chica, su amiga desde la infancia, la única que lo ha defendido y creído en él siempre...Pero también es la misma que no confió en él después de todo lo que han pasado, la misma que confió los secretos de ellos dos a sus amigas brujas, la misma que una vez más intentó hacerlo sentir culpable ahora frente a él y mandando la ocarina...No cedería, porque esta vez no le correspondía, porque esta vez fue ella quien cruzó la raya, la borró y volvió a dibujarla donde más le convenía y él debía mostrarle que no era su juguete, ya no más. Su tren de pensamiento fue interrumpido por la ocarina que aterrizó en su mano, por sí misma y la chica actuó sorprendida. Tenía suficiente.

"Te tomaré la palabra. Me alejaré de ti, pensaré en todo lo que hiciste y me alejaré, pero no volveré Fujiwara, porque no dejaré que me manipules otra vez"

Le mostró la ocarina "¿Pensabas que esto arreglaría algo?"

"¿De dónde la sacaste?"

El chico dudó, un segundo antes de responder "Ya veo porque eras amiga de Segawa"

Hazuki no entendía qué pasaba, la ocarina, Onpu ¿qué decía? "Masaru, regresame mi tesoro, por favor"

Masaru río mientras lloraba sin notarlo "Vaya tesoro, lo regalas, le cuentas al mundo sobre él, lo usas como señuelo ¿y le dices tesoro? pues ya no más" Masaru cerró los ojos y la arrojó contra el pavimento, para luego mirar al piso

"Jamás esperé que tú fueras la que me traicionaría Fujiwara. Jamás"

Hazuki estaba aterrada, pálida como un fantasma y se arrojó al suelo para tomar los pedazos de su querido tesoro, tomó cada uno sin importarle si le hacían daño. Los tomó y miró a su amigo, quien le evitó la mirada. Lo había perdido y esto lo demostraba, no tenían ningún tesoro que los uniera, ninguna confianza, solo recuerdos, ahora dolorosos. Una vez tenía todos los trozos que pudo le levantó lentamente "Adiós Masaru" y corrió fuera del parque.

Masaru estaba destruido, aún peor que esa ocarina y la chica no podía llevar sus pedazos consigo, porque Masaru jamás se lo permitiría. Le había hecho daño y sin embargo una parte de él estaba dispuesto a perdonarla… No… estaba dispuesto a pedir perdón y ayudarla con la ocarina al igual que lo hizo en el río aquella vez, donde debió sospechar de la chica cuando escuchó un llamado desde lo profundo del agua y encontró su tesoro, corrección juguete. Juguete que rompió para desligarse de ella, para apartarla, para que no lo volviera a usar en su contra, para asegurarse que lo que decía lo decía en serio, para poder olvidarse de ella, porque si lo conservaba o sabía que ella lo hacía, cedería y no podía hacerlo. Debía olvidarse de ella y seguir con su vida, ya tenía suficiente con los viajes constantes de su padre y con sus intentos por no olvidar el rostro de su madre. Ella era solo una distracción y una demasiado poderosa. Antes de salir del parque miró hacia atrás "Adiós Fujiwara" y corrió, porque ya no podía resistirlo. Hoy había demostrado que no era tan insensible como parecía, pero ahora que no tenía a nadie que lo viera, no podía dejar de demostrarlo, así que corrió a casa y se encerró en su cuarto, cerrando las persianas para no ver al parque donde todo comenzó y donde pareciera que todo llegó a su final. "Adiós Hazuki"