CAPITULO 1: Mis días en el infierno

Un día…

Dos días…

1 año…

3 años…

¿Cuántos habrán pasado ya?

Había perdido la cuenta de cuánto tiempo llevaba en ese lugar, asfixiándome, ahogándome, torturándome. Pero lo que me reportaba mayor dolor era que mi pequeña hubiese quedado sola. Sabía que a esos bastardos no les costaría nada encontrarla y hacer de su vida miserable.

Grité al sentir el látigo perforar mi carne otra vez, y tener la carne quemada no ayuda mucho a que el dolor sea suave. Tenía la sensación de llevar una eternidad en ese lugar, pero si fuera así creo que mis heridas estarían curadas, lo cual es imposible porque estoy muerto y todavía peor… estoy en el infierno. ¿Por qué? ¿Por qué es que estoy aquí sufriendo de esta manera?

Recuerdo que al recobrar el conocimiento —luego de ser quemado— abrí los ojos en un oscuro y caluroso lugar. Recuerdo haber sido trasladado del calor extremo al frío que te cala todo el cuerpo y que te hace desear la muerte. Recuerdo que un tipo con una máscara me miró con sus ojos escarlata y saco un papel de mi bolsillo con un símbolo extraño. Recuerdo que pensé que ese papel debería estar tan quemado como lo estaba mi cuerpo pero que, sin embargo, parecía nuevo e inmaculado. Luego de que vieran el papel con el símbolo desconocido comenzó la tortura…

Fui llevado a un lugar que parecían calderas de la era medieval y de ahí comenzó toda la tortura.

Sentí las balas que me dieron esos bastardos antes de morir, sentí como era quemado de nuevo… pero lo peor fue sentir los latigazos que no solo eran tremendamente dolorosos, sino que también tenían en su punta astillas afiladas que me quitaban trozos de mi carne quemada.

Uno, dos, tres años… veinte, mil… ¿Qué más daba? Nadie se puede acostumbrar a esa clase de dolor… a esa clase de desesperación… tenía la certeza de que si no fuera porque siempre podía recordar a mi niña… yo estaría desquiciado o tal vez… perdido…

Flash back

¿Por qué no puedes darme un beso? —miré a Kagome con una sonrisa al verla mirarme enfurruñada.

porque eres una niña… —ella gruñó algo inentendible y se acerco a mí con una sonrisa burlona.

oh por favor… chicas más jóvenes que yo, se besan con sus novios y tienen sexo con ellos…— miré a Kagome sorprendido cuando dijo eso— ¿Por qué me ves así?

¿Dónde aprendiste a hablar de ese modo? —le pregunté sorprendido.

oh vamos… tengo casi trece años… voy a la escuela ¿sabes? Ahí se habla de todo…— Kagome sonrió maliciosa acercándose a mí de manera seductora. De repente la visión que tenía de Kagome como una niña cambió, ahora la veía como la mujer en la que estaba convirtiendose— además… publique unos escritos para adultos jejeje

¿Qué tú has hecho qué? —la tomé de los hombros sin dejar de mirarla sorprendido.

pero si tú sabías que escribo… tú eres el protagonista de todas mis fantasias… pero no dejas que explore más allá de la imaginación…

¡maldición Kagome! Soy mucho mayor que tú… entiendo que estás en una edad en la que tengas curiosidad y que quieras saber… pero no es para que… bueno…—Kagome me abrazó y frotó su pequeño cuerpo contra mí— ¿Qué haces?

quiero saber algo…— Kagome me mordió en el estomago juguetonamente y me puse a reír de las cosquillas que me hizo sentir. Sentí su sonrisa contra mi cuerpo y sonreí al saber lo feliz que la hacía. La risa murió cuando ella se inclinó y mordió juguetonamente mi miembro. Me endurecí involuntariamente y jadee cuando ella me tocó con su pequeña mano por sobre el pantalón— no sabes la de veces que me he imaginado estando contigo…

Kag… tienes que detenerte —le había dicho temblando.

no tengo porque hacerlo… ¿sabes cuánto tiempo he esperado para que me veas realmente? — agité mi cabeza en negación. Me estremecí con más fuerza cuando ella me apretó y se comenzó a mover sensualmente contra mí.

eres una niña… Kag por favor… yo dije que cuidaría de ti… prometí que te protegería…— Kagome me miró a los ojos sin soltarme y vi una mirada astuta. Jadee al ver que sus ojos cambiaban de color de manera extraña y me sonreía como si fuera una mujer llena de experiencia.

hoc tibi, quod non fortior nobis effugium a ... (1) —la miré a los ojos profundamente y me perdí en sus palabras que parecían una sentencia— cogit nos magnum malum, ut pars ...(2) —Kagome hizo que me inclinara hacia ella y beso mi mandíbula lentamente— uia me ad vos venimus ... meminerint (3) —ella besó mis labios con lentitud, como si disfrutara del momento, como si quisiera hechizarme— el infierno está ahora al alcance de la mano…

¿de qué hablas? —le había preguntado. Preso del placer que sus manos me estaban otorgando.

Non sufficit tibi, quod vehementius ad solum a malo ... Possum enim tibi habeas, amica vis amoris est ab anima ... (4) —ella cerró los ojos y sonrió— eres mío… pase lo que pase… tienes que resistir y volver a mí…

Fin del flash back

Ahora entendía que todo lo que decía Kagome era una predicción de lo que me esperaba en el futuro. De lo que estaba a punto de alcanzarme y que ella me había prevenido. Ahora todas las palabras extrañas que me decía tenían sentido, porque ella me advertía en latín. La pregunta que me inquietaba era: ¿cómo es que ella sabía hablar una lengua muerta?

Todos los que estaban aquí hablaban en extraños idiomas que no se podían entender la mayoría del tiempo, pero había uno que particularmente se repetía constantemente y que al haber pasado tanto tiempo escuchándolo había terminado por aprenderlo: latín.

La mayoría de los que estaban aquí hablaban latín, había miles de personas que sufrían la pugna por expiar sus pecados, había gente de todas las culturas inimaginables, pero lo más sorprendente de todo es que había romanos y era con ellos con los que compartía los latigazos. Ellos gritaban, lloraban y suplicaban en latín, y tanto escuchar sus suplicas había terminado por aprender su lengua.

Solté un grito de dolor cuando sentí el fuego quemarme otra vez. Revivir la maldita pesadilla una y otra vez era una completa tortura. El látigo desgarró mi carne ardiente y sentí como volvía a morir una y otra vez.

Flash back

odio a esos malditos niños —Kagome gruño mientras tomábamos nuestro desayuno. Sonreí al verla revolver sus cereales enojada.

¿Qué te hicieron esta vez? —sonreí con burla al pensar en esos niños que estaban locos por mi pequeña y que no paraban de fastidiarla para que ella saliera con ellos.

me levantaron la falda del uniforme —lo dijo como si fuera algo de todos los días. Me atraganté con el café que estaba tomando y la mire furioso— y trataron de tocarme las piernas… no habría sido un problema si uno no se hubiera pasado de listo y comenzara a grabar…

¿me estás diciendo que estaban tocándote y grabándote como si nada? —solté un gruñido furioso y la miré buscando explicaciones— ¿Por qué no me lo habías dicho? ¿le informaste algo a la maestra o al director? ¡¿Por qué demonios no me han llamado para avisarme?!

Inuyasha…— Kagome se acercó a mí y me rodeo con sus pequeños brazos— no te llamaron porque ya me encargué de ellos… nadie me toca sin mi consentimiento… ¿lo sabes, verdad? Quiero que tú me toques… no unos mocosos y por eso lo digo así como si no importara… ellos no son nadie…

tenías que haberme dicho antes… —la abracé contra mí y bese su cabeza— iré a tu escuela a hablar con el director… esto no puede seguir así…

hey —me dijo tomando mi cara entre sus manos y besándome en los labios. Enseguida todo lo que nos rodeaba dejó de existir y solo existía su pequeño cuerpo contra el mío— ya te dije que me encargué de todo… además —ella se sentó sobre mis piernas montándome a horcajadas y se saboreo los labios con un sensual movimiento— esos niños solo querían una aventurilla… que no les resultó como querían… —ella sonrió con malicia y lamenté el destino de esos pobres mocosos. Había una parte de Kagome que era capaz de una gran maldad, aunque ella jamás me la había mostrado, intuía que ella tenía otra parte oscura de sí misma que ocultaba del resto e incluso de mí— solo me provocas tú…

estoy pensando seriamente en cambiarte de escuela… en los últimos meses te estás comportando como una chica bastante conocedora de ciertas cosas —Kagome soltó una carcajada divertida y se abrazó a mí.

soy tu infierno personal, mi amor…—ella comenzó a mecerse sobre mí y la dejé hacer. Todavía me parecía mal estar haciendo estas cosas con una niña, pero había descubierto que se ponía de un pésimo humor cuando no conseguía este tipo de muestras de afecto. No entendía porque para una chica tan joven eran tan importantes estas cosas, pero para ella parecían vitales. Ella comenzó a besarme con más entusiasmo y yo acaricié sus mejillas con delicadeza, tratando de que esto se terminara ahora— ni siquiera lo pienses… —ella mordió mi labio inferior y gemí con fuerza cuando ella se meció con más fuerte— Inuyasha… esto… necesito más…. Por favor… ya no puedo seguir así… necesito que me des más… sé que puedes… sé que lo deseas… me he quedado despierta en la noche y te he ido a ver a tu habitación… se que te tocas pensando en mí… te he visto al tomar una ducha… sé que me llamas… sé que me deseas… por favor Inuyasha…yo también te llamo todas las noches… necesito más… por favor…

Kagome…—la tomé de su pequeño y apretado trasero y la mecí con más fuerza. Llevé una de mis manos su uno de sus pechos que, para su corta edad, eran bastante pronunciados y apreté su erecto pezón estirándolo. Kagome gimió complacida y me besó con más ganas tocándome por sobre la ropa— oh por Dios niña… no sé que me haces…

¿Dios? —Kagome sonrió con malicia— Deus autem non est ibi unum sumus (5) —tomó mi cara entre sus manos y me miró fijamente a los ojos haciendo que me perdiera en ellos— cum venit ad me, non impedit... (6)

te amo, Kagome…—le dije abrazándola con fuerza contra mí— te amo tanto…

y yo a ti

Fin del flash back

Gritos de dolor…

Gritos de agonía…

Gritos de desesperación…

Vivir esto por toda la eternidad realmente podía volver loco a cualquiera. Pero la crueldad de este mundo no tenía límites, porque la locura no venía a ti aunque la ansiaras. No tenías el consuelo del olvido, ni de la locura. Cada látigo te hacía recordar cada cosa que habías hecho en tu vida, para que así sufrieras el dolor que hiciste a los otros. Lo que yo no entendía era que el por qué de que yo estuviera aquí. En ninguno de los recuerdos que tenía aparecía nada malo como a los demás. El verdugo de este lugar nos lo había dicho, dijo que cada mala acción sería recordada con cada latigazo como tortura, pero yo no tenía ninguna mala acción.

Grité otra vez desgarrando mi garganta y llorando con fuerza con cada latigazo que cada vez era más fuerte que el anterior.

¿quieres salvarte? —Escuché que me decía una voz penetrante y profunda. Miré hacia todos lados buscando de donde provenía la voz. Pero solté un grito al sentir que los látigos no se detenían— ¿quieres salvarte? Sabes que no perteneces aquí… ¿quieres salvarte? Solo debes decir que sí y yo te libraré de la tortura… tú no perteneces aquí… tú y yo tenemos los mismos enemigos… tu y yo perdimos algo valioso… ¿quieres salvarte?

—si…—dije en un murmullo débil y agónico. La voz comenzó a reírse y saqué todo el enojo que llevaba tiempo acumulando. Toda la ira, la rabia, el odio y la frustración— SI QUIERO SALVARME…

entonces… serás mi mano izquierda… serás el asesino del diablo…

Continuara…

(1)Nunca vas a escapar de esto que es más fuerte que nosotros mismos...

(2) Un gran mal nos va a obligar a separarnos...

(3) Recuerda que desde que nos vimos... tú me perteneces.

(4) La voluntad no será suficiente para que puedas escapar del mal... tendrás que tener algo más fuerte que solo yo puedo darte, mi amor, la fortaleza viene del alma de los enamorados...

(5) Dios no está presente cuando estamos juntos

(6) Él no interfiere cuando se trata de mí...