Contrario a lo que cualquiera podría pensar, la próxima vez que se volvieron a encontrar fue relativamente normal. Aparentemente Lucy se había tomado con buena cara que Juvia se le hubiera perdido de vista con Rogue de compañía, considerándolo un avance. No pasó mucho tiempo hasta que decidieron volver a salir, esta vez a un restaurant que acostumbraban todo su grupo de amigos visitar. Juvia no opuso tanta resistencia a salir en esta ocasión, y de todos modos ya sabía que no tenía oportunidad de negarse si se trataba de Lucy.
Cuando las dos llegaron al sitio, la mayoría de sus amigos ya estaban reunidos en una mesa, algunos con bebidas, charlando amenamente entre sí. Juvia tomó asiento al lado de Lisanna, con quien no fue difícil comenzar una plática ligera, Lisanna entablando la mayor parte de la conversación, con Juvia añadiendo comentarios o exclamaciones conforme avanzaba la charla. Ni ella ni Rogue se dieron cuenta de la presencia del otro, Juvia absorta en escuchar a la peliblanca y Rogue vigilando que Natsu y Gajeel no armaran un alboroto lo suficientemente alto como para que los botaran del restaurant. El lugar le gustaba, era barato y la comida muy rica.
No se habían vuelto a ver desde que se besaron en el pasillo del edificio donde vivía Juvia. Aunque a decir verdad, apenas habían pasado algunas semanas, y la universidad les absorbía a ambos una cantidad considerable de tiempo (lo que además ayudaba a la auto-reclusión de Juvia… o la excusaba).
Yukino y Sting aún no llegaban, mas eso no era extraño. Sabrá Odín las razones, pero siempre se las arreglaban para llegar al menos unos minutos después de lo acordado a las reuniones (aunque se daban una idea). Además, últimamente estaban muy ocupados con los preparativos de su boda –se casarían al finalizar el semestre, habían acordado, para tener una luna de miel tranquila. Los padres de ambos consideraban que era algo apresurado, e insistieron en que esperar un poco más no les haría daño, pero se dieron por vencidos cuando notaron lo felices –y enamorados- que ambos lucían.
Fue Mirajane (amiga de todos, hermana de Lisanna, y además, camarera en el restaurant) quien los hizo a ambos percatarse de la presencia del otro, al llegar con sus órdenes.
—Oh. Que sorpresa tenerte por acá, Juvia —sonrió ampliamente, deslizando platillos y bebidas en la mesa —. También a ti, Rogue, hace mucho que no se pasaban por aquí.
Era evidente que el comentario de Mirajanne no fue al azar, y que no pasó por alto lo sucedido en la fiesta de Sting y Yukino. Sus ojos tenían cierto brillo que no sabían si catalogar como malicioso o pícaro. Una mezcla de ambos, quizá.
Juvia, ligeramente sorprendida, bajó la cabeza con las mejillas sonrosadas. ¡Por todos los dioses! No creía poder mirar tranquila a Rogue sin sentir sus mejillas explotar.
—Juvia ha… estado muy ocupada —balbuceó avergonzada. Mirajanne soltó una risita.
—Ya veo, ya veo. Bueno, disfruten de su comida, chicos, ¿algo más?
Lisanna pidió una cerveza, y Juvia se limitó a pedir una limonada (consideraba que si ingería una mínima cantidad de alcohol, el resultado sería catastrófico). Siguieron charlando un rato más, hasta que Rogue recibió un mensaje de Sting avisándoles que por un imprevisto, ni él ni Yukino podrían asistir.
Natsu y Gajeel habían iniciado una competencia para ver quién podía beber más, como si fuera un bar y no un restaurante. Rogue, viendo que el asunto daba para largo, los dejó estar –además, Levy estaba bastante pendiente de los dos.
(Desde que Gray se había marchado, Natsu y Rogue convivían peleaban más que antes)
Se giró, apartando su atención del aquel par desastroso. Pasó la mirada por todos sus amigos, analizándolos (algo que, en realidad, acostumbraba a hacer mucho).
La verdad, él no estaba nervioso. Podía ver que Juvia lo estaba (las mejillas rojas, la mirada baja, y el claramente pobre enfoque en la conversación que Lisanna y ahora Lucy mantenían con ella). Comprendía que lo estuviera, pero no dejaba de provocarle cierta gracia (mezclada con ternura, porque, bueno, la muchacha era demasiado inocente). Juvia en ocasiones lo miraba de reojo, apartando la mirada al instante por pura vergüenza. Sonrió.
El tiempo pasó rápido, y una vez hubieron todos comido y/o bebido, acordaron ir a un bar que había abierto recientemente y se hallaba por la zona. Después de todo, era fin de semana.
— ¿Vienes, Juvia? —inquirió Lisanna cuando ya estaban todos afueras. La aludida se mostraba reticente a aceptar, y negó lentamente.
— Juvia tiene cosas que hacer. Diviértanse, chicos —sonrió, gentil. Lucy soltó un suspiro resignado.
— Pero ya es tarde. Rogue tampoco va, al menos deja que te acompañe a casa —dijo Levy, con un cierto trasfondo malicioso. Oh, pero todos estaban de acuerdo. Lo único que buscaban era ayudar a Juvia, por supuesto.
Juvia quiso refutar, pero lo cierto es que era de noche y, aunque la zona no era peligrosa, el camino a su casa era largo y no creía tener el dinero suficiente para pagar el taxi. Dado que se había ido con Lucy, confiaba en regresar con ella, y los buses ya no pasaban a esa hora. Se mordió el labio, intentando pensar en algo, pero Lucy habló antes de que ella pudiera decir pío.
— ¿Te supone un problema, Rogue? —preguntó la rubia, con ojos suplicantes. Rogue sonrió con gentileza, negando con la cabeza.
— Para nada. ¿Está bien para ti, Juvia? —La muchacha lo miró de reojo, nerviosa.
Oh, vaya. Qué más da.
— S-sí. Está bien para Juvia —balbuceó, sin mirarlo realmente. Rogue asintió.
— Entonces nos vamos. Que se diviertan —dijo, y se despidió con la mano. El resto asintió, apenas oyéndolo (la verdad, Natsu y Gajeel ni eso).
Cuando el resto se hubo marchado por otro camino, Rogue dirigió su mirada a la peliazul detrás de sí. Sonrió ligeramente.
— No te preocupes, Juvia. No haré nada que no quieras.
Juvia alzó la mirada, curiosa.
— Juvia lo sabe. P-pero… —se sonrojó —. Juvia está avergonzada —murmuró. Rogue no pudo evitar sentir todavía más ternura.
Sin decir nada, pidió un taxi. Juvia lo miró, queriendo decirle algo pero sin saber muy bien qué. Subió cuando tuvo que hacerlo, con Rogue sentándose a su lado (aunque, a decir verdad, ella esperaba que se sentara en el lugar del copiloto).
— Lamento haberte incomodado, Juvia —comenzó Rogue, rompiendo el silencio que se instaló luego de darle las indicaciones al taxista —, esa nunca fue mi intención. En realidad fui bastante impulsivo esa noche —rascó su nuca, nervioso, y Juvia entendió que realmente no sabía muy bien qué decir —. Pero no me arrepiento de haberte besado.
Juvia asintió, en silencio y pensativa. Tampoco Juvia, pensó.
— Rogue-san… ¿cómo te encuentras? —preguntó, indecisa. La última vez, Juvia sabía que la situación del pelinegro a su lado no era la más bonita. Y no era que fuera cotilla, para nada, pero la mujer tenía una sincera preocupación.
Después de todo, el muchacho estaba tan roto como ella misma se sentía. Pudo verlo en sus ojos, la otra vez.
— Estoy bien —asintió, quizá convenciéndose de ello, o sencillamente para darle fuerza a sus palabras. La peliazul, sin embargo, lo miró con cierto recelo, sin creérselo del todo, cosa que Rogue captó —. Es en serio — sonrió débilmente —, después de todo, no fue totalmente inesperado para mí. Sabía desde hace mucho tiempo que con Yukino yo jamás tendría una oportunidad, y aunque ellos hubieran terminado en algún momento, yo no podría traicionar así a mi amigo — hizo una mueca de disgusto —. Aunque eso es casi imposible. Se aman demasiado. Ella jamás podría amarme como ama a Sting. Y sé que Sting la ama tanto o más de lo que Yukino lo ama a él —finalizó.
Juvia sintió unas pequeñas lágrimas nublar su vista, y parpadeó varias veces, alejándolas. Sintió la pena de Rogue, y aunque no terminaba por entender su situación (ella jamás se había encontrado en una similar), le dolió. Tragó duro, intentando ahuyentar ese nudo en su garganta. No supo que decir, y pronto el taxista les indicó que estaban ya en frente del edificio donde residía la jovencita. Juvia estaba tan abstraída en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando Rogue pagó la tarifa y que bajó del auto casi por reflejo.
— Te acompañaré hasta tu departamento.
Asintió, aún sin encontrar su voz, perdida en algún sitio profundo dentro de su pecho. Lo siguió, sólo mirando la amplitud de su espalda. Pronto se encontraban frente a su departamento. El número en dorado colocado en la puerta rezaba un elegante 509.
— Gracias de nuevo, Rogue-san —habló por fin Juvia, con la voz ligeramente temblorosa —, sé que Juvia no tiene derecho a decir esto, pero por favor, no guardes tu dolor.
Rogue la miró. Sólo eso, la miró. Por un largo rato, y ella le devolvió la mirada, amable, preocupada, triste. No dijo nada, y Juvia, indecisa, se acercó un paso, y luego otro, hasta que tuvo que levantar considerablemente la mirada para seguir mirándolo a los ojos.
Entonces, lo besó. Y Rogue cerró los ojos, sin decir nada, sin hacer nada.
Juvia enredó sus brazos en la nuca del contrario, y él estrechó la cintura de la mujer. El beso pronto se convirtió en un beso, uno real y no sólo un escueto choque de labios.
Las cosas pasaron demasiado rápido, y de un momento a otro, se encontraban en la habitación de la fémina (ninguno sabe de dónde sacaron cabeza para abrir la puerta del apartamento y llegar hasta la recamara), con las prendas desacomodadas y el cabello alborotado. Aunque no importó mucho, pues dichas prendas pronto se encontraban adornando el suelo del lugar.
Esta vez no tenían ni una pizca de alcohol en su sistema, y cuando actuaron lo hicieron conscientes de sus acciones. O bueno, lo más conscientes que podían encontrarse cuando parecía que el fuego corriera por sus venas y no tuvieran la cabeza fría –con todo, en algún lugar recóndito de ambas cabezas se encontraba la certeza de que sabían lo que estaban haciendo. O algo así.
Pronto ambos estaban desnudos, y el muchacho se encontraba entre las piernas de la contraria, sujetando su cuerpo con sus brazos reposados en el colchón, moviéndose contra su cuerpo, o bien sujetando las caderas de la peliazul. Dando estocadas profundas y rápidas, soltando jadeos graves. Juvia se sujetaba de su cabello, o encajaba las uñas en su espalda, arañándola. Si a Rogue le dolió no lo expresó, y ella de cualquier modo no se preocupó por eso. Odín, se sentía tan malditamente bien, y al mismo tiempo, estaban tan jodidos.
Se besaron mucho, aunque no precisamente como un acto de amor. Era todo lujuria y desenfreno, sus mentes estaban pintadas de rojo y sólo tenían cabeza para el placer que inundaba sus cuerpos.
Y es que, al menos por esos momentos, se olvidaron del dolor y la pena, y dieron lugar al gozo y la excitación.
Ambos alcanzaron el orgasmo entre gemidos y jadeos, Juvia soltando uno que otro gritito ocasional. Sus cuerpos sudados y pegajosos.
Rogue se dejó caer a su lado en el colchón, regularizando su respiración. Juvia miraba al techo con la respiración agitada.
Él pasó esa noche allí, a sugerencia de ella, porque ya es muy tarde y es peligroso. Un argumento un tanto absurdo, pues no era ni la medianoche y la vez pasada Rogue se fue cuando eran las dos y algo. Pero la verdad era que Juvia no quería quedarse sola, no quería arrepentirse de todo lo que sucedió (y bueno, que ella desencadenó).
La mujer había comprendido que ellos dos se entendían de una forma que rozaba lo sorprendente, así que no le extrañó que Rogue aceptara su petición disfrazada de sugerencia.
Juvia no estaba muy segura de cómo llegaron a eso. Quizá fueron las lágrimas silenciosas que se le escaparon a Rogue cuando ella comenzó el contacto con sus labios, o el casi inaudible sollozo que dejaron ir los labios de Juvia cuando cruzaron la puerta del apartamento.
No lo sabía con exactitud y no le importaba, porque pronto entendió que por fin estaba realmente intentando avanzar. Quizá no de la mejor manera, pero lo hacía, y eso era lo que realmente importaba. Además, había encontrado un apoyo, un confidente, un amigo.
Había encontrado una salida, y sin saberlo, estaba ayudando a Rogue a salir de su dolor también.
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N/A.
Holaaaaaaa.
Ha pasado exactamente una semana desde el primer capítulo. Originalmente planeaba publicarlo ayer, pero seguí postergándolo y postergándolo y se dio la una de la mañana. Ups.
No he revisado el documento ni lo he dado a revisar, y esto tiene como seis meses de que fue escrito, así que mi escritura puede ser no muy buena y lamento de verdad si deja mucho que desear. Yo misma no lo releí por pura vergüenza.
Querido/a Guest, lamento mucho si me he desviado de lo que te esperabas. La verdad es que esto nunca fue planeado para ser realmente romántico, lo siento.
Me vengo a autopromocionar, pero, ¡mañana es mi cumpleaños! Así que, como regalo anticipado, por fis dejen review. Me alegraría muchísimo la existencia ^^.
¡Saludos!
P.D. Nunca en mi vida había publicado algo de más de un capítulo antes y me perdí muy feo antes de poder publicar esto, soy una desgracia (?).
