Bueno, os dije que tardaría, pero se me fue un poco la inspiración y tenía que hacer los deberes de Física… Oh, Física, vendetta! Horrible, en serio. Me encanta, pero me exprimo la cabeza... ¡como una naranja ò.ó!
Ahora y sin más dilación… un nuevo capítulo de ma'sheranas!
Estos personajes no me pertenecen ni intento utilizarlos con intención de copiar nada. Son propiedad de Nintendo
CANTANDO PARA MÍ, MI AMANTE
"Querido padre,
Quería decirte que ya he encontrado al hombre que tantas veces me dijiste que buscara. Y es fantástico. Ahora no está conmigo, y creo que va a ser un poco difícil conseguirle, pero voy a hacerlo. Después de todo, el que intenta intentará, y el que haga hará, como Impa siempre dice.
Me enamoré a primera vista de él, tal y como predijiste. Fue verlo y sentir una extraña conexión con él. Se llama Link, su cabello es rubio como la paja, y sus ojos tan azules como el cielo que tanto nos gusta observar.
Me enamoré a primera vista, me enamoré de su hermoso rostro, de su cuerpo perfecto y de su hermosa voz. Deberías escuchar cómo canta. Es excepcional. Con solo decirte que su cantar me sedujo… creo que ya te lo imaginas.
El único par de problemas es que parece tener una especie de secreto grabado en la piel en forma de cicatrices… y que necesitaré mucho dinero para estar más tiempo con él. Mucho.
Tu hija te quiere,
Zelda.
PD: Con que necesitaré mucho dinero he querido decir que me envíes cuanto antes. Ya te lo explicaré, por carta no es el mejor modo."
Metió la carta escrita con una fina caligrafía dentro del sobre blanco, cerrándolo con el sello de la familia real de Hyrule, su país natal. Suspiró y salió de la casa, dándole el sobre al mensajero de su padre. El muchacho asintió y, antes de que se fuera, Zelda le dio una bolsa con ruppies para el viaje de vuelta a palacio. El viajero encapuchado desapareció entre las sombras del bosque en medio de la noche.
Cuando volvió a entrar, suspiró y se tiró sobre el sofá en medio de la sala, de cara a la ventana, de espaldas y con los ojos cerrados.
Hacía dos días que no veía al muchacho, y estaba comenzando a impacientarse. Abrió los ojos solo para tener el ceño fruncido, pensando en qué momento de lucidez había pensado que era mejor darle un tiempo al chico. Ya le daría tiempo cuando le dijese de casarse con ella y en consecuencia convertirse en el rey del país más prospero de la mitad norte del planeta.
Se llevó una mano a la cara y suspiró fuertemente, calculando las posibilidades. "Pocas", pensó, "miserablemente pocas".
Por la ventana, la luna iluminaba tenuemente el cielo y los aullidos y cantos de los animales de la noche manchaban su silencio. Se sentó y suspiró, pensando en su debía ir o no al burdel donde seguramente estaba el chico para verle y hablar…
"¿A quién quiero engañar?", pensó sonriendo, cogiendo una bolsita marrón, donde había tres mil rupias contadas…
La noche anterior, cuando fue al burdel, tan solo quería reservarse al chico para aquella noche, cuando vio un cartel en la pared del local en el que ponía:
"¡OFERTA! Esta semana, mercancía rebajada a aquellas que hayan gastado más de mil rupias en nuestros trabajadores. Tan solo por el módico precio del triple de lo que cobramos una noche, pueden llevarse el producto y proclamarlo como suyo. ¡No deje pasar esta oferta, mujer!".
Por supuesto que no lo haría.
Se levantó y fue al medio del salón, donde no había nada que romper, no sin antes ponerse la capa que dos días antes había llevado. El salón estaba ordenado a conciencia para no andar por el bosque, levantó los brazos y cerró los ojos, tomando respiraciones pesadas y tranquilas, y se trasportó al comienzo del bosque.
Comenzó a caminar hacia el lugar donde seguramente se encontraba Link, con una sonrisa en los labios detrás de la capucha. Pero a medida que caminaba, supo que algo andaba mal. Iba acelerando el paso a medida que iba acercándose al burdel, su respiración cada vez más trabajosa.
Al llegar a la esquina que debía girar, se asomó lentamente, no supo por qué era mejor hacer eso, pero en cuanto miró, lo supo.
Un par de matones fortachones, con el doble de masa que ella, estaban aguardando la puerta, con sonrisas macabras y la cara llena de cicatrices. Pero no le daban miedo, por supuesto que no, Zelda podría dejarlos K.O. en cuestión de segundos gracias a su magia. Y la trifuerza también ayudaba. Frunciendo el ceño, se alejó de la acera y se dirigió al par de hombres delante de la puerta.
- ¿A dónde te crees que vas, señorita? – Cuestionó uno de los hombres.
- ¿No está claro?
- A no ser que trabajes aquí… - Comenzó el otro, mirándola de arriba abajo. – no puedes entrar.
- ¿Por qué?
Lo matones comenzaron a reírse a carcajadas macabras, como si aquella pregunta estuviera completamente fuera de lugar o fuese obvia la respuesta. Zelda alzó una ceja, con muchísimas ganas de convertir a alguien sapo… nunca fallaba, siempre la indicaban de bruja y se iban corriendo. Luego los transformaba de nuevo en humanos, y era muy cansado, pero sus caras nunca tenían precio.
- ¿Y bien…? – Dijo la muchacha cruzándose de brazos.
Entonces, una mujer algo más baja que los hombres salió por la puerta del burdel, con el ceño fruncido y los ojos cerrados, cabello castaño que llegaba a los hombros. Cuando abrió sus ojos azules, fríos, causaba más impresión que los dos hombres juntos, pero nada que no pudiese combatir.
- No eres de por aquí, ¿eh…? – Dijo la muchacha con una sonrisa en los labios.
- ¿Tanto se nota?
- Lo suficiente. – Dijo la mujer, acercándose a ella. – No puedes entrar porque los Lobos Oscuros se han adueñado del burdel.
- ¿Y?
- Que dos veces a la semana estamos aquí para utilizar la mercancía del lugar adueñado aquí… a cambio de la vida del local.
- O se someten o los matáis, ¿no?
- Así es… y nos cabrea mucho que nos interrumpan cuando estamos divirtiéndonos.
- Sí, bueno, me importa poco. Quiero pasar.
Zelda comenzó a empujar a ambos hombres y a la mujer, quería entrar y ver si Link estaba bien o no, después de todo, aun sabiendo el problema que había, aun tenía la sensación de que algo no iba bien. Algo peor que todo aquello.
- Hey, hey, encapuchada… - Dijo la muchacha, sin permitirle el paso. – Creo que no has entendido…
- Yo creo, por el contrario, – Comenzó Zelda, sin dejarla terminar. – que eres tú la que no entiende. Dije: quiero pasar. Y así lo haré.
Concentrándose en su mano, comenzó a sentir el conocido calor de las llamas en su mano, comenzando a brillar tras su espalda mientras cerraba sus ojos azules.
- ¿Qué… qué es eso, jefa? – Dijo uno de los matones.
Sonriendo, Zelda abrió los ojos, apagando el fuego en sus manos. Los matones comenzaron a alzar la cabeza, oliendo en el aire algo chamuscado… la sonrisa de Zelda se amplió, con mirada divertida.
- Tus-Tus-Tus… ¡Tus pantalones! – Exclamó la mujer.
Uno de los matones comenzó a correr de un lado para otro, la mujer y el otro hombre detrás de él para calmarlo. "Imbéciles ilusos", pensó, comenzando a entrar en el local "¿Creían que podían detenerme?".
Cuando entró, todo lo vio normal. Hombre alrededor de mujeres y viceversa, besándose, tocándose y demás, mientras la mujer que administraba el dinero limpiaba su mostrador. Con la diferencia de que los trabajadores del lugar estaban aterrados por la cantidad de espadas que había.
Todos la miraron cuando entró, y no los culpaba. Con su capucha negra aun puesta, barrió la sala con la mirada, esperando encontrar algún indicio de su amado. Pero solo vio personajes distintos, nada cercano o parecido a la perfección que Link representaba para ella. Aunque vio algo que tal vez la ayudaba.
Se acercó a uno de los hombres que la habían intentado cortejar hace dos días, conocido de Link, que suerte para ella, estaba solo.
- Hola. – Dijo sentándose delante de él.
- ¿Qué-Qué haces aquí…? – Susurró el chico, sorprendido.
- He venido a buscarle. A Link.
- No está aquí… y baja la voz. – Parecía alarmado, mirando de un lado para otro.
- ¡Hey! – Exclamó una mujer vestida igual que las demás de la pandilla. - ¿Acaso falta alguien?
- Es verdad, - Exclamó otra. - ¿Dónde está el rubito?
- Oh, mierda… - Susurró el muchacho.
- ¿De qué…? – Comenzó la chica, pero no pudo terminar.
Para asombro de los que estaban allí, la chica cayó de rodillas al suelo, antes de caer completamente, en la espalda clavada una especie de pequeña daga de forma triangular de color negra.
- Pero, ¿qué…? – Susurró Zelda, pensando en que una daga así no podría haber dejado a alguien inconsciente. A no ser que estuviera embrujada. O envenenada.
Antes de que alguien se diese cuenta, otra mujer cayó inconsciente. Y así con una y otra mujer hasta que de estar el ambiente lleno de aquellas arpías, tan solo quedasen diez en pie.
- ¿Qué pasa…? – Susurró Zelda, viendo algo moverse entre las sombras.
Sin agitarse ni asustarse como lo estaban las otras mujeres, se acercó al cuerpo inconsciente de otra de las mujeres y alcanzó la daga clavada en su cuerpo, poniéndola entre sus dedos, preparada para lanzarla a lo que fuera que estaba atacándolos.
Captó la sombra de algo moversea su espalda y se dio la vuelta, pero la sombra ya había cambiado de lugar. "¿Esa sombra se habrá llevado a Link?", y con ese pensamiento en mente, cerró los ojos, a la espera del próximo movimiento de la sombra, algún movimiento en falso que delatara la posición del enemigo.
Esperó y esperó por varios minutos, hasta que su mente pudo adaptarse a la velocidad del atacante y pudo predecir su próximo movimiento. Y entonces lanzó la daga, directa a donde ella creía que iba a ir su pierna.
Fuera quien fuese quien los atacase, acababa de caer al suelo soltando pequeños gemidos adoloridos, de espaldas a ellas, entre las sombras del antro, sin poder ver nada más que su silueta. Las chicas, viendo que su agresor había sido herido corrieron hacia él, dispuestas a golpearle o tal vez matarle.
- ¡¿Qué has hecho tonta? – Exclamó el muchacho. – Ahora que lo habíamos convencido…
- N-No será… - Dijo cayendo en la cuenta de quién era. - ¡Alejaos de él! ¡Ahora!
- ¡Ha intentado matarnos!
- ¡No seas tonta y déjame pasar!
Todas se apartaron, dejando a la morena tras la capucha. Cuando se acercó al cuerpo del chico y lo cogió del hombro para darle la vuelta, viendo parte de la cara del chico rubio e inconsciente, con el labio sangrando y seguramente más contusiones en el cuerpo que no lo importaba revisar.
- Vosotras os largaréis… - Susurró con voz grave hacia las mujeres asustadas. - para no volver.
Pareció que lo entendieron, porque cogieron a las chicas inconscientes y se largaron corriendo. Zelda comenzó a levantar al chico, pasando un brazo por debajo de sus hombros y sujetando un brazo del inconsciente por encima de los suyos, comenzó a irse.
- O-Oye… - Dijo la hasta ahora callada barwoman. – n-no puedes llevártelo…
- Toma. – Dijo lanzándole el saco marrón que había cogido antes de irse de su casa. – No volverá a aparecer por aquí.
La mujer comenzó a protestar hasta que vio el interior de la bolsa, cambiando completamente su cara. Aun así, miró a Zelda con cara preocupada y dijo.
- Ten cuidado. Ese chico daba mucho dinero a este local. No les va a agradar a los dueños perderlo.
- Que se aguanten, no haber puesto la oferta.
Arrastrando al chico hasta el callejón donde nadie podía verles, lo transportó a la casa en el bosque, suspirando de alegría cuando aparecieron directamente en el suelo de su baño.
Zelda le arrancó la daga con un rápido y certero movimiento, el cuerpo inconsciente soltó un pequeño gemido, y comenzó a quitarle la ropa a Link, lentamente e intentando no dañarlo más. Estaba realmente preocupada, la culpa había sido suya, después de todo. Con el pensamiento en mente y con la pregunta de dónde había aprendido a lanzar dagas y a esconderse en las sombras, terminó de quitarle el ropaje del chico, dejando su cuerpo desnudo y magullado encima del suelo.
Nunca pensó que alguna vez estaría triste por hacerle daño a alguien fuera de la corte. Sonrió ante el pensamiento de que, en poco tiempo, el rubio se había convertido en alguien importantísimo para ella.
Se levantó y fue a buscar un paño para lavarle la sangre de la pierna y de la cara. Cuando volvió, el chico comenzaba a respirar pesadamente, y decidió que lo mejor sería curarle las heridas primero. Se arrodilló al lado suyo, poniendo sus manos en el pecho del chico, concentrándose y cerrando los ojos, tranquilizando su respiración. Una luz blanca salió de entre sus palmas, curando la piel del chico.
Cuando terminó, cogió el paño húmedo y comenzó a limpiar la sangre de Link, viendo con asombro que su pierna no había sanado. Intrigada por la falla, no se dio cuenta en cuanto el muchacho rubio comenzó a abrir sus ojos.
- ¿Dónde… dónde estoy?
- ¡Estás despierto! – Exclamó jovial Zelda, alejándose de su pierna y poniendo sus manos en su cara pálida después de bajarse la capucha negra.
- Me-Me duele…
- Tranquilo, ahora te la vendo. - Dijo mirando la herida. - No tengo ni idea de por qué no he podido curártela, solo he podido exterminar el veneno…
- ¿Con magia…?
- Sí. Es un poco raro.
- No tanto. – Susurró. – Estaban envenenadas.
- Lo sé. Pero la pregunta está en cómo las has envenenado… y dónde aprendiste a hacer eso.
- Hace tiempo… mucho tiempo. Pero es pasado y no quiero volver a hacerlo más.
- Mm… voy a coger unas vendas, espera un momento.
Zelda se levantó y se fue corriendo a buscar vendas, dejando a Link tirado en el suelo de un baño. "De su casa, supongo", pensó suspirando pesadamente, "De su casa en medio del bosque".
Cuando volvió, Link ya podía moverse con un poco más de libertad, dejando de lado el dolor punzante en la pierna.
- A ver… - Susurró Zelda poniendo las vendas alrededor del muslo. – Lo siento. No sabía que eras tú…
- Tranquila. Estoy acostumbrado.
- ¿Qué? – Cuestionó alarmada.
- No, nada. Por cierto, ¿qué hago aquí?
- Te he comprado.
- ¿De nuevo?
- Y para siempre.
Un incómodo silencio los envolvió, Zelda aun vendando sus heridas. Hasta que Link no pudo aguantarlo más.
- ¿¡Qué!
- Pues eso, te compré en la oferta aquella. Una estúpida tontería, déjame decirte, es un ultraje vender a las personas como…
- ¡Pe-Pero tú de dónde sacas tanto dinero! – Tartamudeó entrecortándola. - ¡Qué has hecho!
- Pensé que te alegraría que alguien como yo te comprase…
- ¿¡A-A-Alegrarme! ¡Me has destrozado la vida!
- ¿¡Pero qué dices! Te he sacado de un local de mala muerte y de se utilizado por… vete tú a saber qué tipo de mujeres y otras bestias, ¡y así me lo pagas!
- ¡Sí! – Dijo el chico, intentando levantarse y murmurando para sí mismo. – Me voy ahora mismo de aquí. Voy a irme, sí, eso haré.
- ¡Tú no te vas a ningún lado! – Dijo cogiéndolo del brazo.
Lo medio ayudó a levantarse y lo llevó a rastras y cojeando hasta el dormitorio, donde lo arrojó bruscamente. Link puso una cara adolorida por la brusquedad sobre su pierna herida al caer sombre el colchón.
- ¡Hasta que no me expliques qué te pasa! – Exclamó mirándolo con furia.
Volvió a envolverlos un incómodo silencio, el grillo al lado de la ventana agitando sus patitas. Zelda, enfadada, abrió la ventana y cogió al grillo, lanzándolo lejos. Cuando se giró de nuevo hacia Link, su furia se convirtió en pena, amor y compasión, viendo al chico con un aura triste alrededor suyo, la mirada gacha y los ojos afligidos, los labios algo fruncidos.
La morena se acercó a la cama, donde se sentó en la orilla, apoyando una mano sombre el colchón, la otra sobre su rodilla. Le miró más de cerca y creyó que su corazón iba a explotar cuando Link le devolvió la mirada con una leve y triste sonrisa.
- Siento haberte hablado así…
- Tranquilo. Yo también te he hablado mal… - Comenzó Zelda, queriendo desviar la mirada pero sin poder escapar de la mirada azul. - Es solo que no entiendo.
- Bueno… yo no me metí en esto por gusto. Es que…
- ¿Sí…?
Link no se podía creer lo que le estaba pasando. Suspirando, no podía recordar la última vez que habló de su pasado con nadie. Y él sabía que no podía recordarlo por qué no lo había hecho ni había tenido la necesidad. Pero mirando la cara de la chica, descubrió que quería sacarse el peso de encima aunque fuera por unos minutos…
- Bueno, es que… tengo una hermana.
- ¿En serio? ¿Cómo es? – Preguntó, pensando que si quería llevarse a Link, debería llevarse a su hermana.
- Se llama Aryll. Es rubia y de ojos azules, como yo. Es hermosa y muy buena niña.
- ¿Cuántos años tiene? – Preguntó sin dejar pasar el detalle de que parecía que a Link le agradaba hablar de su hermana.
- Pues si yo tengo dieciocho… ella trece. Sí, los cumplirá el mes que viene.
- Y… ¿estabas trabajando de aquello por ella?
- Sí… y si me has comprado como dices, no podré pagarle el colegio.
- ¿Y tus padres?
- Emm… bueno… mis padres… murieron. Por eso tuve que trabajar en el burdel.
- ¿No habían otros trabajos? – Dijo cambiando de tema, comprendiendo que su familia era un tema tabú para el muchacho.
- Sí… pero yo no sabía ni cómo sujetar una escoba, y aunque intentaba aprender, no era lo mío, solo rompía cosas. Así que fui al burdel y, bueno, no tenía que aprender mucho.
- O sea, que eres un poco torpe.
- No… más bien que no sirvo para los trabajos que había en aquel momento. Entonces comencé a cobrar y… el dinero fue subiendo… hasta que ya no pude salir. Pero estaba bien, mi hermana estaba feliz, estando conmigo los fines de semana y quedándose en el colegio los demás días.
- ¿Has pensado que podrías ser una influencia?
- ¡No! Nunca. Haré lo que sea para evitar que se involucre en todo esto. Con uno ya hay suficiente.
- ¿Pero tu hermana no tiene sueños o esperanzas a algo más?
- Sí, los de una niña. Ella quiere ser una princesa.
Zelda abrió los ojos, tentada a reírse. "Ah, Link…", pensó mientras miraba al chico con cara enamorada, "si te fueras de aquí para casarte conmigo, no solo se cumplirían los deseos de tu hermana…".
Con la mente en blanco pensando en nada, mirando aquel rostro, y en concreto aquellos labios, se acercó a él y puso sus labios sobre los suyos, saboreando el momento después de dos días. El chico le devolvió el beso automáticamente, sintiendo las manos de la chica sobre sus mejillas.
Zelda enseguida profundizó el beso, acercando más su cuerpo al del rubio. Cuando Link comenzó a tumbarla, la morena lo detuvo con una mano en el hombro, empujándolo hasta que estuvo tumbado, subiéndose a horcajadas.
- ¿Qué-Qué haces? – Preguntó el chico sorprendido, medio suspirando, cuando comenzó a besar su cuello.
- ¿No lo hago bien? – Dijo separándose. – Es la primera vez que lo hago…
- ¿Ha-Hacer qué?
- Oh, creo que ya entiendo… ¿es la primera vez que te hacen esto?
- S-Sí…
Con una sonrisa en los labios, Zelda volvió a besarle con pasión, introduciendo su lengua en la boca del chico. Link comenzó a acariciar el cuerpo de la chica, sin saber cómo más responder, cuando ella se separó y empujó las manos del rubio hasta la cabecera de la cama.
- Déjalas ahí. Sujétate a las barras de la cama si quieres.
Cuando el muchacho asintió, Zelda continuó con su inspección al cuerpo del chico, besándolo mientras sus manos vagaban por la piel bronceada de Link, por su pecho y abdomen hasta sus caderas, comenzando a besar y lamer de nuevo su cuello.
El rubio debajo de ella tan solo gemía y se retorcía suavemente por las sensaciones que nadie le había dado antes, sujetándose fuertemente al cabezal de la cama. Girando su cabeza para darle espacio a Zelda, gimió cuando sintió a la chica sobre su sexo, girando sus caderas sobre su erección.
No sabía por qué, mientras la chica comenzaba a bajar hasta su pecho, su corazón latía tan deprisa y le costaba respirar, realmente estaba agradándole aquello a pesar nunca le había agradado antes. Cerrando los ojos, hizo lo que ella le dijo, quedándose quieto y disfrutando del momento.
Zelda estaba pensando en otras cosas, medio agradecida de que ninguno de los dos sabía qué estaba haciendo exactamente. "Bien", pensaba, "si lo hago mal, no podrá decírmelo… espero no hacerle daño, al menos". Lo único que sabía era que los suspiros y gemidos solo hacían su sexo más húmedo.
Suspirando, miró hacia la cara del chico y sonrió al verlo suspirando y con la cara algo sonrojada, agarrado a la cabecera, sus nudos blancos de la fuerza. Y solo había lamido hasta el pecho, sonriendo inspirada por el hecho.
Bajó la cabeza y lamió una vez cada uno de los botones oscuros del pecho del chico, haciendo que la espalda de Link se arqueara de manera automática ante el placer, descubriendo el punto erógeno del chico. Sonriendo, comenzó a lamer continuamente uno de sus pezones mientras acariciaba el otro con el pulgar. Cuando el chico comenzó a sollozar se detuvo.
- Ah… - Suspiró el chico.
- ¿Quieres que pare?
- O eso o lo haces más duro…
Volvió a sonreís antes de morder el que antes había lamido, notando el respingo en el cuerpo del chico.
Decidiendo que ya había habido suficiente masaje en ambos botones, continuó bajando por el estómago del chico a besos y lametones hasta el ombligo, notando el leve respingo en su respiración cuando su aliento cayó casualmente en su ombligo. Cuando Zelda comenzó a lamer la zona, Link no podía pensar en nada, y tan solo podía sentir las caricias de la chica y un par extraños sentimientos que no había tenido antes. Uno sabía que era lujuria, el otro no estaba seguro. Lo único que sabía con certeza mientras la hermosa morena lamía y mordía la piel en su estómago era que no sentía la presión que sentía siempre todo el tiempo. Se sentía extrañamente liberado y le encantaba.
Zelda pensó que Link se cansaría si seguía solo en aquel lugar y giró la cabeza, sorprendiéndose de la olvidada erección del chico al lado de su cara, y no pudo evitar soltar unas carcajadas por haber olvidado esa parte de él.
- ¿Qué… qué pasa? – Dijo el muchacho sin aliento, con los nudillos aun más blancos contra los barrotes de la cabecera.
- Nada, tonterías. – Cuando se tranquilizó continuó. – Oye, alguna vez… te… - "No es un buen momento para ponerse tímida, Zelda…", pensó hastiada.
- ¿M-Me…?
- Ah… - Suspiró, con la casualidad de que el aire fue a parar contra la virilidad del rubio.
- ¡Ah! – Exclamó Link, arqueando todo su cuerpo, retorciéndose.
- ¿Tanto te agradó…?
Cuando lo miró a la cara, se fijó el atisbo de dolor que asomaba en su acara en forma de mueca y miró su muslo, a la herida vendada. Frunciendo el ceño ante lo olvidadiza que había sido en aquellos minutos, cogió un par de cojines y los puso bajo su rodilla con cuidado, asegurándose la comodidad del chico.
- ¿Mejor?
- S-Sí, pero…
- ¿Sí? – Preguntó preocupada.
- Con-Continua…
- Solo una pregunta… ¿le habías pedido a alguna mujer antes esto?
- N-No, pero por favor… - Dijo mirándola con deseo.
A la chica, aquella mirada no solo le agradó, elevó también su excitación. Volvió a soplar suavemente sobre la virilidad del muchacho, sujetando sus caderas mientras se arqueaba y gemía. De la punta de la hombría, comenzó a salir un poco de presemen, y Zelda no supo qué hacer con eso.
- Oye, ¿Qué hago ahora?
- ¡No lo sé, pero haz algo ya! – Exclamó impaciente.
Con las prisas, Zelda siguió un instinto que no pensó que tenía y lamió el líquido transparente, notando un sabor salado contra su lengua. Que no estaba del todo mal.
Situada entre sus piernas, la morena comenzó a lamer la punta de la erección de Link, notando como el chico temblaba y suspiraba.
En un momento de lucidez temeraria, Zelda lamió desde la base hasta la punta, mirando la cara del chico para ver su reacción, el cual se veía sonrojado y con los ojos cerrados y la boca abierta por el placer, con las manos en la pared, parecía que quería derribarla.
Sentada entre sus piernas, pudo ver todo el cuerpo en éxtasis de Link, calentándola, sabiendo que era la única que había logrado ver aquello.
Sonrió y se levantó de la cama para desvestirse, notando sobre ella la mirada lujuriosa del chico. Se quitó lentamente la capa, pensando que una pequeña tortura no le iría mal al rubio. Sonrió cuando vio la cara impacientada del chico. Qué diablos, ¡ella estaba impaciente!
Se deshizo de las prendas que quedaban aun sobre ella en cero-coma, subiéndose en la cintura del muchacho.
Link gimió cuando sintió la mano de la chica sobre ella, suspirando con anticipación por la inminente entrada en ella. Y cuando la punta de su sexo tocó su humedad, creyó que ya podría haber muerto y estar en el cielo sin que se diese cuenta.
Zelda descendió hasta haberse empuñado por completo de él, completamente llena. Gimió cuando comenzó a mover su cadera en círculo, con sus manos apoyadas en el pecho del chico.
- Ah… - Suspiraron los dos.
- Más, Zelda…
Era la primera vez que Link gemía su nombre, y aquello la hizo ansiar más también. Comenzó a moverse más deprisa, subiendo y bajando sobre la hombría del chico que gemía y se retorcía debajo de ella por las nuevas sensaciones que había sentido y sentía.
- Ah… ¡Ah…! – Suspiraba Zelda.
Ambos gimiendo, comenzaron a sentir el placer supremo que otorgaba el orgasmo, esta vez diferente.
- Ah… ¡Zelda! – Dijo sujetando sus caderas cuando ya estaban muy cerca.
Diosas, su nombre exclamado con la voz del chico y entre gemidos de placer era música para sus oídos.
Y cuando alcanzaron el clímax, ambos gritaron y gimieron, cerrando y abriendo los ojos, aumentando momentáneamente las caricias entre ellos.
- ¡Te quiero! – Exclamó la muchacha.
Cansada, Zelda cayó sobre el pecho de Link, aun unidos. Cuando se apartó a un lado y lo miró a la cara, se preocupó. El rubio tenía los ojos abiertos y estaba pálido, con los labios apretados, mirando a un punto fijo.
- O-Oye… - La morena intentó suavizar su respiración, y pasaron unos minutos hasta que ya pudo hablar sin tanta dificultad. – Oye, ¿estás bien?
- ¿Dijiste "te quiero"?
- Eh… - "Oh, no", pensó, con cara arrepentida. - ¿De verdad lo dije? – Cuando el chico asintió solemnemente, la chica se sintió algo dolida. – De verdad lo dije… ¿Por qué esa cara?
- Bueno. Primero me compras una noche, luego me compras permanentemente, y luego me dices que me quieres.
- Sí, ¿qué?
- No-No sé por qué me estoy comportando así. Es simplemente… ¿Por qué? No sabes nada de mí.
- Ah… ¿Por qué te interesa saber? – Dijo apoyando el codo en la almohada para verle mejor.
- Bu-Bueno… no lo sé… solo me sentí… raro.
- Raro, ¿eh?
- Reitero: no sabes nada de mí.
- Sé que tienes una hermana pequeña a la que amas y de la que te sientes orgulloso, aunque te peleas con ella muy seguido. Sé que el tema "padres" es tabú para ti, seguramente porque los hechas mucho de menos. También sé que eres valiente para proteger al prójimo como hiciste en el burdel, y sé que tienes buen corazón al haberte reusado a hacerle daño a nadie. ¿Y te digo otro de los motivos por los que sé que estoy enamorada de ti?
- ¿Qu-Qué?
- Que no sé quien te hizo todas esas cicatrices… pero como algún día lo encuentre y sepa quién es, le cortaré la garganta con una aguja.
- Parece doloroso… - Dijo el chico medio sombrío.
- Sí, ¿verdad?
Ambos rieron suavemente, volviendo a mirarse a los ojos. Pero Link apartó la mirada.
- Y además… me enamoré de tu rostro, de tu voz y de tus ojos… - Dijo cogiéndole la barbilla suavemente y girando su rostro hacia ella.
- Yo… no sé si te quiero.
- Lo sé. Aun es muy pronto. – Dijo con una sonrisa, apoyando su cabeza contra su hombro. – Y quiero que sepas que si he pagado tres mil rupias no era para comprarte.
- ¿Para qué era?
- Para liberarte. Ahora eres libre de irte con quién quieras.
Zelda notó el silencio del chico como una reflexión, y decidió que las cosas iban más rápido y mejor de lo que esperaba. "Bien", pensaba con una sonrisa y cerrando los ojos, acomodándose en el hombro de Link, "cuanto antes mejor".
- Oye… - Escuchó el susurró de Link, volvió a levantarse. - ¿Cómo sabes que mi hermana y yo nos pelamos a menudo?
- Ah… - Suspiró, volviendo a cerrar los ojos y a acomodarse para dormirse con una sonrisa en los labios. – casualidad.
CONTINUARÁ…
Bueno, aquí está, espero que os haya agradado y tal y tal… dejen reviews!
