Los personajes de Crepúsculo pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
Primogénita
Sinopsis
Nunca sabes cuánto puede soportar tu corazón hasta que entregas a la fuerza una parte de tu vida. Todo el mundo cree que Louisa Cullen es la cura a todos sus males, pero ni Edward ni Bella están convencidos de ello. Una niña que extraña a su madre y un matrimonio a punto de romperse. ¿Qué tan complicado puede ser, una vez que te enteras que cambiaron a tu bebé al nacer?
Capítulo 1
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2016
Una rápida sensación de angustia me quema el pecho como las brasas del fuego. Mi primer instinto es esconder la cabeza en la desastrosa almohada de mi cama, luchando contra ese sentimiento necio que se apodera sin permiso de mi cuerpo. Espero un silencio que nunca llega a mis oídos, entonces pretendo que no lo escucho. Gran parte de mi lado racional sabe que lo que hago no es correcto, pero hay algo más fuerte que yo, una fuerza extrema y profunda, que no me permite salir de la cama.
En cambio, me quedo quieta mientras Edward se remueve y enciende la lámpara del buró.
—Bella. —le escucho susurrar con la voz enronquecida por el sueño— Despierta, Bella. —insiste.
No puedo. No puedo.
—¿Uh? —respondo de todas formas.
Se endereza y agudiza más su oído.
—Louisa está llorando otra vez.
No cierro los ojos. No como lo he hecho en las tres últimas noches, cuando pienso que cerrándolos ella dejaría de llorar. Eso nunca ocurre. Mientras más concentrada en dormir me siento, Louisa más grita y mi cargo de consciencia más me repite que estoy comportándome como una estúpida. Sentí ganas de llorar porque estaba siendo muy injusta, pero ese era mi escudo. Ignorar. Trataba de ignorar el hecho de que había una niña en casa. Una niña que era mi responsabilidad ahora.
Estaba convirtiéndome de a poco en un ser insensible de mierda.
Edward no volvió a repetírmelo otra vez cuando lo escuché levantarse de la cama. Su llanto se aproximó por el pasillo una vez que abrió la puerta, entonces me sentí como un espectro inservible. Un adorno viejo y destartalado que los dueños piensan en deshacerse.
Apreté la sábana con fuerza entre mis manos hasta que las lágrimas explotaron. Sentí un leve alivio y lloré en silencio, como he aprendido a hacerlo. Y acostada así, inmóvil, sintiendo que las fuerzas de mis piernas no responden, vuelvo a retroceder en el tiempo y vuelvo a recordarme sentada en aquella silla de caoba, esperanzada en que la situación era solo un trámite. Un malentendido.
—No se angustie, señora Cullen. —había dicho ella, como si eso lo calmara todo.
Esa frase fue solo el comienzo de mi pesadilla. No podía calmarme.
Pensé en lo mucho que Louisa estaba sufriendo por lo mismo. Y pensé en lo mucho que echaba de menos a Bonnie, la niña que cuidé como mía.
Louisa dejó de llorar al poco tiempo y eso aplacó un poco mi preocupación. Estaba preocupada en serio, de verdad que sí. Y eso creció a medida que los días transcurrían lentos e insoportables. Pero eso solo empezó a empeorar hace dos semanas, cuando Louisa vino a vivir con nosotros.
Fue intenso.
Primero fue aquella notificación del juzgado de letras de Hungría, citándonos a Edward y a mí y a otras tres parejas más. Después la puñalada por la espalda que recibimos al enterarnos que, por alguna razón, nuestros bebés pudieron haber sido cambiados. La citación con la psicóloga, la interrogación, el examen de ADN, los periodistas, las noticias, los periódicos, nosotros en las portadas de la mitad del mundo.
Nunca lo entendí bien. Todavía no lo entiendo. Recuerdo que el hospital de Hungría donde di a luz era un caos por el terremoto, y estábamos estas cinco mujeres pariendo bebés y no había electricidad, pero nunca se me hubiese pasado por la cabeza, ni siquiera una vez que tuve a mi bebé en brazos, que pudiera existir una equivocación. Quiero decir, mi madre siempre ha mencionado el instinto materno, el cual no tengo idea si existe, pero nunca noté nada extraño. Nunca sentí que estaba frente a algo que no era mío. Y mantuve esa posición incluso si el ADN decía lo contrario. Había muchas enfermeras allí, de modo que no puedo mencionar a alguien en particular. La única persona que vi que tomó a mi bebé, a la que no puedo recordar su nombre ni su rostro. Lo que no significa nada porque tampoco recuerdo mucho al doctor y los demás que estaban allí conmigo. Demasiado anestesiaba me encontraba y en shock como para percatarme de eso. Entonces ¿cómo podía buscar un culpable? ¿Cómo podía buscar justicia porque una persona inoperante me cambió a mi bebé?
Fue entonces cuando escuché un nombre que memoricé de inmediato; Rosalie Hale. Madre soltera. O al menos hasta que la noticia explotó en internet. Rosalie quedó embarazada de su ex novio marino el cual volvió a ver una vez que tuvo a la niña en sus brazos. Ambos tuvieron una relación tormentosa por años, entre medio infidelidades, por lo tanto, no fue de su agrado cuando ella le dijo que debía hacerse cargo de la niña. Emmett McCarthy nunca fue bueno con los niños, pero no iba a desatenderse si resultaba que sí era el padre. De este modo, solicitó el examen de ADN a pesar de las quejas de Rosalie.
Por supuesto, la prueba dio negativa.
Emmett podía limpiarse las manos, pero ella no estaba tan segura. Ella era la madre. Se supone que las madres saben de quiénes son sus hijos y ella sabía perfectamente quién era. Investigó y se dio cuenta que las probabilidades de que el examen haya tenido algún fallo, eran nulas.
Por lo tanto, fue cuando su propio tormento comenzó.
De las cuatro niñas a las que le realizaron la prueba de ADN, la única que salió con un 99.9% fue Bonnie. Nuestra hija.
En un principio pensé en negarme y olvidar la citación, pero no podía jugar con la justicia y hacer como si nada hubiese pasado. Edward tampoco estaba de acuerdo, sin embargo, llegamos a la conclusión de que, si Bonnie resultaba no ser nuestra hija, queríamos saber quién realmente era. Pero hasta ahí. Nunca nos pusimos a pensar a futuro. ¿Saber nada más quién era nuestra hija biológica? ¿Mantener contacto con ella? ¿Acercarnos? ¿Decirle algún día que somos sus padres? Nunca se nos pasó por la cabeza que Rosalie quisiera a su hija devuelta. Algo bastante lógico, pero por algún motivo nosotros pensábamos distinto. Para nosotros, todo nuestro mundo giraba en torno a Bonnie, no importaba el lazo sanguíneo que compartiéramos.
Bonnie. Bonnie. Bonnie. La niña de rizos oscuros y ojos verdes. Tan distinta a nosotros físicamente.
Perdimos a Bonnie. Nos la arrebataron. Fue desgarrador.
Bonnie. Bonnie. Bonnie.
¿Y Louisa?
La conocimos cuando tenía poco más de un año. Entre los trámites judiciales y los psicólogos, ellas finalmente fueron cambiadas a la edad de tres años.
A pesar de que intentamos tener algún tipo de cercanía con Louisa en medio de esos dos años, no es lo mismo vivir en el mismo techo, cuando ella sigue pensando que somos desconocidos.
Dejé escapar el aire de mis pulmones, bañando la almohada en lágrimas saladas.
Me pregunto si Bonnie llorará del mismo modo que Louisa. Me pregunto si me llamará entre gritos.
Rosalie nunca sopesó la idea de devolverse a Hungría, y eso acabó rompiéndonos en dos. Pensé que al ser Bonnie nuestra hija ante la ley, la cosa sería más complicada para ella de llevársela, pero fue todo lo contrario. Los trámites se agilizaron y aunque nosotros estábamos en desacuerdo, Rosalie había demandado al hospital y exigido a la niña. Y mal que mal, era su madre biológica.
Sabía que Louisa no tenía ninguna culpa, pero no me sentía emocionalmente preparada para ella, para ser lo que necesita. Estábamos devastados, apagados. Bonnie se lo había llevado todo.
Edward regresó a la habitación sobándose los ojos.
—¿De nuevo tiene pesadillas? —pregunté.
Lo escuché recostarse a espaldas de mí, y un solo suspiro escapó de sus labios.
—A Louisa no le gusta dormir con la puerta cerrada, dice que le da miedo.
Me quedé pensando, y parpadeé, recordándolo. Rosalie me lo había dicho antes de partir, pero lo había pasado por alto.
—Lo olvidé.
—Lo sé.
Eso me hizo sentir mucho más culpable de lo normal.
—De verdad… —intenté convencerme a mí misma— Lo olvidé por completo.
Lo decía en serio, y necesitaba que me entendiera. O como si tratara de hacérmelo entender a mí misma.
Edward suspiró por última vez y apagó la bombilla.
—No importa, Bella. Sé tan poco sobre ella como tú.
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Me levanté a las siete. El sol comenzaba a molestarme los ojos y decidí ponerme de pie. Sobé mis ojos con cansancio mientras caminaba por el silencioso pasillo que da hacia la sala principal. Estaba intentando dar con el interruptor de la luz del baño cuando escuché un débil ajetreo. Pensé que podía ser Edward que acababa de despertarse, pero el sonido provenía de la sala.
Me amarré la bata de dormir alrededor de la cintura y asomé la cabeza por la hendidura.
Salté una vez por la impresión, y la segunda solo atiné a revisar la sala a su alrededor. Me llevé las manos a la cara y la bata se me soltó.
—¡Louisa! —chillé.
Louisa brincó del susto y soltó su crayón de color azul al suelo. Estaba arrodillada, con el cabello castaño enrededado y la cara manchada de crayones. Pero lo peor no era que estuviese completamente pintada con sus lápices, sino que todas las paredes de la casa estaban rayadas también. Inclusive la mesa de centro, los floreros, la pantalla de la televisión, la nevera y la alfombra.
Ella no me dijo nada. Su cara cayó y se puso furiosa. No tuve tiempo a hacer nada cuando echó a correr a su habitación. No pude evitar pensar en cómo iba a lograr que todo quedara tan limpio como antes. Volví a amarrarme la bata y entré en su habitación.
Estaba tan enojada con ella. Furiosa. Apreté las manos con frustración, pero cuando escuché su primer sollozo me di cuenta que solo era una niña. Yo era la adulta, yo debía entenderla y protegerla. Y aunque le empezara a gritar que lo que acababa de hacer no era bueno, ella no lo entendería. Empecé a calmarme, bajar las revoluciones. Intenté ponerme en su lugar. Intenté pensar como lo haría alguien de tres años.
Me acerqué con cuidado y me senté en la orilla de su cama.
—Louisa. —susurré con verdadera inseguridad— Louisa, mírame.
Mi voz fue débil, quebradiza.
—Quiero a mi mamá. —sollozó.
Quería llorar junto a ella, decirle que también quería a mi mamá conmigo, no obstante, eso no era lo que debía decir en este momento. No era capaz de decirle que yo era su mamá ahora, porque una parte de mí se negaba a creerlo aún.
—Lo sé. —respondí y observé la fotografía asomándose en la esquina de su almohada, la que era anteriormente favorita de Bonnie, empapada en lágrimas.
En la fotografía había una mujer sosteniendo un bebé. Rosalie y Louisa.
Rompí a llorar.
Louisa empezó a patearme las rodillas. Pateaba tanto que me hacía daño. La doctora decía que esa era su forma de protestar y demostrar su descontento, pero eso no hacía más que dolerme aún más. No porque Louisa no nos quisiera, sino por lo mucho que ella estaba sufriendo.
No hablaba mucho a diario, sin embargo, pude distinguir su insistencia.
—¡Vete, tonta! —gritó con la cara enrojecida.
Salí de la habitación con lágrimas en los ojos y encontré a Edward de pie frente a los crayones esparcidos por el suelo.
—¿Qué pasó aquí? —preguntó.
Me sentí como una niña revoltosa, como si yo acabase de rayar las paredes. Y no me gustaba sentirme así, no me gustaba sentir que la confianza con él era casi nula. No era igual que antes. Nada es como antes.
Y eso me aterraba demasiado.
¡Holaaa! Aquí estoy de nuevo, les prometí que subiría capítulo el 2 de febrero y aquí estoy. Espero que les haya gustado, y confundido por supuesto. No esperen saber todo en el primer capítulo, más adelante iremos sabiendo muchas más cositas. Por el momento ya conocemos el desconsuelo de Bella y la rebelde Louisa, la que dará más de un dolor de cabeza.
Aclarar dos cositas: El tema en sí no es tan original, pero el cómo se desarrollará es completamente de mi invención. Y la segunda, los temas a tratar tal vez no sean completamente así, como los temas judiciales, el devolverles a la niña, que Rosalie se la lleve a Hungría, tal vez en algunas parte no sea así, tal vez en otras sí, pero es parte del drama. Haré que sea lo más realista posible, aunque no deja de ser una historia de ficción, y aun si pase en la vida real.
Y por último, nos les daré un día exacto para actualizar. Trataré de no demorarme mucho, pero iré subiendo apenas termine y corrija el capítulo.
Gracias por sus comentarios en el prólogo, me incentivan para seguir.
Un beso y que tengan una linda tarde.
Cambio y fuera.
