Harry pone su mano en mi mejilla para después acariciarla, cierro mis ojos ante su tacto. Recuerdo que tengo su regalo en el pequeño bolso que traje conmigo y lo saco, el me mira desconcertado. Se levanta de mis piernas y se acomoda a mi lado.

—Tengo tu reglo de cumpleaños…— murmuro viendo la cajita negra entre mis manos.

—Sabes que no debiste comprarme nada— me dice negando con su cabeza, pero no puedo evitar ver la pequeña sonrisa que se forma en sus labios.

Le extiendo el regalo y él lo toma cuidadoso, me regala una mirada antes de abrir la cajita y encontrarse con un espejo de plata de forma circular que abarca mi mano completa.

—No sé si alguna vez escuchaste ese clásico cuento muggle que habla sobre una princesa y su madrastra que tiene un espejo mágico…— explico tímida. —Pues es algo así, tú tomas el pequeño espejo y le pides que te muestre a alguien y te muestra una fotografía en movimiento.

—Hermione… Esto es increíble…

—Me gustó la idea de que siempre que quieras puedas ver a todas las personas que amas— digo ruborizada, él tiene sus ojos cristalinos y me mira conteniendo el aliento. —Le escribí a Dumbledore hace unas semanas, para pedirle algunas fotografías de tus padres y Sirius.

El sin previo aviso me toma en sus brazos y me acerca a su pecho, su corazón late sumamente rápido y me sostiene con fuerza pegada a él.

—Eres maravillosa Hermione, de verdad. Gracias por el regalo, significa mucho para mí.

Cuando llegamos a Kings Cross nos despedimos de los señores Weasley, asegurándoles que iremos con ellos en vacaciones de Navidad. Al subir al tren, siento un escalofrío recorrerme la espalda. Estamos de vuelta.

—Herm ¿Qué te ocurre?— me pregunta Harry cuando entramos al compartimento, yo niego con mi cabeza y le regalo una sonrisa tranquilizadora.

Durante el trayecto a Hogwarts nos la pasamos escuchando las historias de Luna, jugando un poco de cartas y ajedrez mágico, y ya cuando faltaban solo unas horas para llegar me quedé completamente dormida con mi cabeza en el hombro de Harry.

—Hermione… Herm, nena, despierta…

Abro mis ojos con pereza, los bonitos ojos color esmeralda de Harry me miran divertidos. Le sonrío un poco adormilada y siento su caricia en mi cabello, bostezo un poco y me doy cuenta de que el tren está detenido, hemos llegado.

Al bajar del tren nos dirigimos con los chicos a los carruajes, subimos a uno y este comienza a moverse en dirección al imponente castillo. Cuando llegamos y entramos, vamos al Gran Comedor para que después de la presentación de los de primer año inicie el banquete.

—Estos elfos… cada vez… se… lucen más…— dice Ronald con la boca llena, lo veo con diversión.

—No te atragantes hermano, capaz que Luna se queda sin novio— dice Ginny dándole un trago a su jugo de calabaza haciendo que Luna le envié una mirada reprobatoria.

—Espero que este sea un año tranquilo— dice Ronald ignorando completamente a su hermana.

—Yo también lo espero— dice Harry con la mirada perdida.

—Harry… Vamos a estar bien— murmuro tomando su mano por debajo de la mesa y dándole un apretón.

Cuando el banquete termina y subimos para ir a la sala común, Ronald insiste en acompañar a Luna a su sala común, así que a mitad de camino nos separamos. Al llegar a la sala común Ginny se despide rápidamente con una sonrisita y me deja sola con Harry.

—Buenas noches Herm— me dice Harry tomando mis manos entre las suyas, sus preciosos ojos esmeralda ven los míos.

—Buenas noches Harry…

Se me corta la respiración en el momento que siento sus labios sobre los míos, me quedo estática, sorprendida. Cierro mis ojos y comienzo a responderle el beso, sus labios presionan sobre los míos en cortas presiones. Cuando el beso termina se aleja de mí y yo me obligo a tomar aire antes de abrir mis ojos.

—Hermione, lo siento… Yo no…— comienza a decir, pero se calla abruptamente.

—Debemos dormir ya— murmuro subiendo a las habitaciones de las chicas rápidamente.

Al entrar y asegurarme de que aún no hay nadie suelto un largo suspiro y cierro mis ojos, reviviendo en mi mente una y otra vez ese beso, toco mis labios. Harry me besó.

Niego con mi cabeza, tal vez solo fue curiosidad. Voy hasta mi cama, donde ya está mi baúl y lo abro, voy acomodando todas mis cosas y cuando termino tomo mi pijama, voy hasta el baño y me cambio, cuando termino voy hasta mi cama y veo que las chicas ya comienzan a entrar, me dirijo rápidamente a mi cama y suelto los doseles para después acostarme a dormir.

Cuando bajo a la Sala Común veo a Harry y a Ron sentados frente a la chimenea, están dándole vuelta en el fuego a un trozo de papel arrugado que se está consumiendo lentamente.

—Buenos días chicos— digo llegando hasta ellos, ambos se giran a verme, Harry me regala una sonrisa.

—Hasta que por fin decides bajar, Harry y yo ya estábamos planeando irnos a desayunar sin ti.

—Eso no es verdad— dice Harry fulminando con la mirada a Ron, se levanta del sillón y se dirige hasta a mí.

Se detiene a unos escasos pasos de mí y me da un suave beso en la mejilla, lo que causa mi sonrojo, toma mi mano y entrelaza nuestros dedos.

—Ahora sí, ya podemos irnos a desayunar Ron— dice Harry comenzando a caminar junto a mí.

Los tres salimos de la Sala Común y nos dirigimos al Gran Comedor, cuando llegamos las largas mesas están llenas de un montón de comida, Ron hace un sonidito de satisfacción antes de correr a sentarse.

—¿Eres un barril sin fondo o algo así?— pregunto al llegar a la mesa, me siento y comienzo a tomar unas cuantas tostadas con mermelada de fresa.

—No me molestes Hermione, si tú no quieres comer es tú problema.

Niego con mi cabeza y comenzamos a desayunar tranquilamente antes de que debamos ir a las primeras clases que tenemos hoy. De pronto llega Luna dando pequeños saltos hasta la mesa.

—¡Hermione!— llama en un agudo grito, yo me giro a verla. —Debes venir conmigo ahora, en este momento.

Llega hasta a mi y me toma del brazo haciendo que me levante, para después comenzar a empujarme fuera del Gran Comedor. Cuando llegamos a un pasillo con pocos alumnos ella se detiene y se da la vuelta para mirarme.

—No tienes idea de lo que acabo de ver— dice emocionada, yo la miro confundida.

—Pues debes decirme o no lo sabré jamás.

—Estaba en uno de los pasillos que llevan a las mazmorras, quería ir a las cocinas para ver si los elfos me daban tostadas con mermelada de manzana...

—Luna, al punto por favor.

—La cosa es que cuando estaba en uno de los pasillos vi a Ginny hablando muy de cerca con Draco Malfoy— dice en un grito ahogado.

—No puede ser posible— digo tapando mi boca con mis manos, ella asiente con la cabeza muchas veces.

—No quería que Ron escuchara, supongo que si pasa algo, Ginny se lo dirá en su momento.

Yo asiento con mi cabeza. Claro que entiendo eso, si se lo dijera en este momento a Ronald enloquecería.

—Vayamos a desayunar o ellos harán demasiadas preguntas que no podremos contestar— digo tomándola del brazo y comenzando a caminar de vuelta al Gran Comedor.