Disclaimer: Los personajes no me perteneces, sobs.
—¿Sabes qué no tienes por qué estar aquí, Tweekers?— Dijo Craig deteniéndose en una de las mesas del local chino.
Vistiendo un delantal de cocina y entre las manos un trapeador.
Se sentía ridículo.
Quien quiera que dijo que el trabajo dignifica podía irse al diablo.
Pero ahí estaba, en pie de guerra por un amigo. Un amigo que ni siquiera se tomó la molestia de explicarle a su jefe, el chino, que alguien iría a remplazarlo. Habiendo tenido que hacerlo él, cargándose con una paciencia impresionante para contar el embrollo en el que estaba metido Kenny. Recibiendo una respuesta bastante comprensiva, por cierto. Eso lo aliviaba en parte, ya que por muy bastardo estoico que fuera, se alegraba de que el rubio no trabajara para un sádico.
Nada más prestaba servicios a ilegales, a una persona que lo contrataba sin pedirle antecedentes. Lo normal en el país de las oportunidades.
—No tengo más planes— Contesto Tweek.
—Devuélvete a la cafetería entonces. — Intento que no sonará como una orden. —Voy apenas termine aquí.—
Insistió, sabiéndole mal que su pareja, novio, compañero de viaje, lo que sea, tuviera que soportar esa hora de máximo aburrimiento, cuando podía estar haciendo algo mejor con su vida, como estar metido dentro de su cama viendo alguna maratón en Netflix.
—¿Estás seguro? —
—Seguro— Comento, revolviéndole los cabellos.
Intercambiaron miradas.
—Nos vemos allá— Volvió a hablar el más alto, despidiéndose con ausencia de besos, abrazos o alguna muestra de cariño público, reservándolo para la intimidad. Pese a que nada evitaba caminaran tomados de la mano a todos lados, como una pareja de ancianos gays, comentaba Craig.
—Cuídate—
Continuo limpiando las mesas un cuarto de hora más, pensando que le McCormick le debía una grande. Cuando la campanilla de la puerta principal sonó y de ahí se asomaron unos cabellos rubios y desordenados.
—¡E-estoy, llegué! — Sus palabras sonaban entrecortadas, agitadas, debido a que había corrido desde la escuela hasta el mismo barrio comercial. Sintiendo en tales instantes que iba morir, que su corazón se le saldría por la boca y embarraría el piso. Eso lo alegraría un montón, si no supiera que reviviría y tendría que limpiar al día siguiente.
— ¿Por qué tardaste? — Pregunto Craig sacándose el delantal.
—Ningún maldito bus pasaba. — Estiro los ambos brazos, queriendo abrazarlo sin muchos resultados. —Dude, gracias, de veras, prometo que nunca más diré que tuviste que comerle las bolas al profesor para pasar matemáticas. —
—Como sea, me largo—
— ¿No preguntarás como me fue? —
— ¿Quieres que te lo pregunte ahora?—
—Sí. — Kenny le sonrió como un niño que acababa de ser sorprendido.
— ¿Cómo te fue? —
—Acompáñame a sacar la basura— Se puso de pie, aprovechándose de amarrarse el delantal de camino a la cocina. Saludando a un chico mexicano con el que compartía los turnos de la tarde y enseguida vaciando los basureros en una bolsa grande y negra.
—¿Cómo se dice cuando sientes tristeza por alguien? — Pregunto el rubio de la nada, casual. Cargándose con una pesada bolsa en dirección a la puerta trasera del local. Abriéndola de una patada.
—Mhn ¿Lástima?—
—¿Y cuando tú mismo te das lástima? —
—Autocompasión— Zanjo el tema Tucker, sin entender a donde iba todo ese juego de palabras. —Ya escúpelo, que este lugar huele a mierda—
Kenny soltó un pesado suspiro.
Le iba a corregir que el olor no era mierda precisamente, sino comida pasada, en descomposición. Todos los basureros de restaurantes debían de oler igual, como una especie de lado b de la fachada bonita. En lo personal, a él no le molestaba, con el tiempo su nariz se había acostumbrado.
Pero ese no era el caso.
—¿Recuerdas al niño rubio que molestabas en cuarto grado? —
—¿El inglés? —
—¿Quién? No, no, me refiero al que se juntaba con nosotros, Stotch— Termino por echar la basura a los contenedores.
—¿Algo, por qué? —
—¿Qué pensabas sobré Stotch? —
—No pensaba nada sobre nadie.— Mintió, suponiendo que probablemente lo molestaba porque pensaba que era tonto, como el resto.
—Ya. — Divago. — ¿Sabes Fucker? A mí me daba un poco lástima. Siempre creí que debía ser muy difícil ser él. — Río con la intención de quitarle seriedad al asunto. —Nunca se lo dije a nadie porque ¿Qué tan triste es que el niño pobre de la escuela sienta lástima de ti? Dios, eso es muy triste—
—¿Cuál es el punto? — Craig le miro serio.
—Él me ayudará a estudiar— Pateo, apenas, una lata que se había escapado del basurero. —Estoy un millón por ciento seguro que lo hizo por lástima. —
—No seas imbécil.—
—Si hubieras estado ahí me darías la razón.—
—Estas imaginando cosas. Ya me voy, Tweek me está esperando. — Abrió la puerta hacía el local, dando un último vistazo atrás. — hoy es noche de pizza ¿nos honraras con tu presencia? —
—Ya lo creo. —
A sabiendas que noche de pizza no era más que una especie de código que usaban para juntarse en una casa y fumar marihuana y ¿por qué no? Comer pizza.
Hoy está lloviendo muchísimo. Lo siento por lo corto.
