Quizás ese era el problema, Star era una chica y una compañera.
Falsas ilusiones
Una compañera de equipo no era igual que una chica, las chicas olían bien y tenían esos modos suaves de comportarse…, una compañera de equipo era alguien que podía cuidarse sola, y en quien confiaría su vida si acaso necesitaba que le cuidaran la espalda; Raven era una compañera, Star era…
Star era, alguien que le causaba vértigo y confusión.
A los héroes no les convenía enamorarse y aunque Robin no era un solitario, como su maestro, si conocía bien su misión y sabía lo que deseaba para los Titanes y para él.
No tengo tiempo para esto, solía decirse cuando la idea le asaltaba de repente.
Cuando pensaba dejar el antifaz por un día y ser un chico normal, andar por la calle sin preocupaciones, entrar a un cine y hacer todas esas cosas para las que nunca tenía tiempo, sonaba la alarma de los Titanes y no le importaba desechar cualquier otro plan.
Era el líder, todos contaban con él.
Era un héroe, le gustaba serlo.
Y a veces, sólo a veces, sentía que era un lugar muy grande de llenar; en ocasiones así entrenaba, lo hacía hasta el cansancio como en ese momento.
Con el pecho subiendo y bajando, la frente perlada de sudor y un intenso dolor en la pierna por el esfuerzo hecho al haber estado dando golpes y evitando ataques en el simulador, cerró los ojos y dejó que el cansancio le recorriera el cuerpo antes de si quiera pensar en moverse. Tenía todo el tiempo del mundo, y volvería a repetir.
–¿Robin?
Como una orden, el aludido abrió los ojos ante su nombre.
–¿Star? –Robin se incorporó, y le contempló mientras caminaba hacia él.
–Es aún de madrugada, ¿no podías dormir?
Tardó, aunque no debía, y al final no respondió. Star ladeó el rostro y estiró una mano para tocarle la frente, Robin no lucía enfermo pero a ella no le molestó corroborarlo y salir de dudas.
–¿Puedo entrenar contigo? –preguntó, sonriéndole.
Quizás ese era el problema, Star era una chica y una compañera; era dos en uno, y él sólo necesitaba la mitad. Aunque podía tener ambas, elegirlo todo, y correr el riesgo de perderlas por igual.
–¿Robin?, ¿me escuchas?
Star insistió y Robin afirmó, sujetando la mano que ahora estaba sobre su mejilla. Fue un roce suave pero, la apartó y volvió a ponerse en pie.
–Vamos, desde el comienzo…
Quererle, y ya se había dado cuenta de ello, era muy riesgoso.
Lo era para los dos.
… 4…
