Los personajes no son de mi autoría ellos son de la grandiosa Rumiko Takahashi, esta historia es creada con el único fin de entretener al lector y… que comience el desmadre… celebramos el primer aniversario del mejor grupo "Locas Por el Dios Griego". Ahora sí, después de esta efusividad, agradecería que usted, amable lector pase a leer esta historia.

.

.

.

Sobre el futón todo desorganizado se encontraba un joven plácidamente dormido, parecía que un carro le había pasado por encima porque todas sus extremidades estaban extrañamente acomodadas y era comprensible pues, el calor que se sentía en estos días de verano eran casi insoportables para cualquier ser viviente. El sol cada vez se acercaba más, dejando atrás a la noche haciendo que la temperatura aumentase más de lo normal… estaban viviendo en un infierno.

Ego creado

La alarma había sonado a las seis de la mañana; ahora despertaba sólo ya que su adorada prometida le había regalado un despertador para su cumpleaños, alegando que ya estaba grandecito para que alguien lo despertase y si no podía solito que lo haga con el despertador; así que ahora esa era su rutina. La ventaja era que ya no despertaba con un gran chichón en la frente pero sí con un dolor de oídos descomunal.

Estiró sus extremidades como pudo y fue directo hacia el baño para poder asearse.

- Ufff pero mira, ¿Quién es ese chico tan guapo que ven mis ojos? – ni bien había puesto un pie dentro del baño ya estaba mirando su reflejo en el espejo – pero qué bárbaro, soy todo un adonis, mira que músculos – apretando los bíceps para que se marquen más – ahora entiendo por qué todas están detrás de mi. Creo que hasta mi forma mujer se enamoraría de mí – y así siguió un buen rato con su monólogo interior, hasta que alguien llamó a la puerta.

- Oye Ranma, deja de verte el culo tanto tiempo y sal que necesito usa el escusado. – Mi padre nunca iba a ser normal, siempre tenía que salir con una estupidez

- Viejo, deja de decir tonterías, ahora salgo – su rutina de baño en egocentrismo había terminado.

Tomó el desayuno que amablemente Kasumi había preparado y salió de la casa.

Era raro salir solo por la ciudad de Nerima, no tenía a nadie con quien pasar el día. Akane se había ido a visitar a una amiga que vive en otra ciudad, así que se sentía solo en la casa Tendo y estaba seguro que si se quedaba ahí Nabiki trataría de chantajearle y eso no lo iba a permitir, es por ello que decidió salir a caminar.

Ya llevaba como una hora dando vueltas por las tiendas del centro comercial principal de Nerima y no encontraba nada interesante, eso le pareció raro ya que cada vez que venía con Akane el tiempo se le iba volando, además sentía que todo lo que veía era interesante pero ahora sin su presencia nada parecía lo suficientemente bonito como para captar su atención.

A los pocos minutos un grupo de estudiantes se le acercaron con la típica sonrisa falsa para conquistar, no le tomó importancia así que siguió caminando, dejando atrás a unas chicas histéricas por ser rechazadas. Ni siquiera les prestó atención, mucho menos escuchó lo que le estaban diciendo puesto que carecía de importancia para el pelinegro.

Siguió paseando por un rato más por las vitrinas y lo único que veía era su reflejo, le era casi imposible no sonreír cada vez que se veía en ellos.

- Son endemoniadamente irresistible – su ego cada vez iba creciendo. – aunque creo que ya es hora de ir regresando a casa, tal vez y encuentre en el camino a Akane.

.

.

.

Era inevitable, toda mi mente estaba plagada de ella, lo único que deseaba era que regresase de la casa de su dichosa amiga para poder verla, molestarla, picarle los cachetes y también para disfrutar de su maravillosa presencia.

Mi vista viajó hacia el cielo como rogando a algún ser que me cumpliese esa petición y como si alguna divinidad me escuchase, ella apareció ante mí. En la calle que siempre concurrimos, lo que tiene la reja que separa al río.

- Hola Ranma. – Esa fue la simple frase que me dedicas y para mí ya era todo un poema. – Mi amiga nos mandó dulces. – Y ahí sigues, con tu vestimenta el cual te daba un aire infantil que a mí en lo particular me fascinaba. Quiero decir algo, reclamarte por haber demorado mucho lejos de mí pero no puedo, tus ojos se ven tan brillantes que me quitan la respiración, así que solo me quedo como un bobo admirando tu presencia.

Fijo mi mirada sobre la tuya y noto que te sonrojas con la misma facilidad que mis mejillas lo hacen. Mi corazón se acelera al saber que causo esa reacción en ti pero si tú supieras lo que tú causas en mí, me voy a demorar toda la vida para poder demostrar todo lo que siento y aun así no me alcanzaría.

Eres cruel, terriblemente cruel porque me sigues mirando de esa forma tan encantadora, tus hermosos ojos avellanas brillan y es como si me sonrieras con el alma, ¿Qué es lo que pretendes? ¿Qué me desmaye? ¿Qué me muera de amor por ti? Eres una mujer muy cruel. Hermosa como ninguna otra.

Parece que me dices algo, veo tus labios moverse vacilantes, tal vez estás nerviosa, tal vez asustada o las dos cosas pero no puedo apartar mi vista de ti, me he quedado pegado en tus labios, se ven tan suaves y provocativos que me incitan probarlos pero me contengo... soy un cobarde.

¿Vas a seguir con la tortura? Posas tus níveas manos sobre mi pecho, vuelvo a fijar mi mirada en tus ojos, te ves preocupada, ¿Qué te aqueja, amor mío? Será que estas preocupada por cómo me veo, lo sé, estoy temblando y no es para menos, esto es lo que tú causas en mí, cada vez que rozas mi cuerpo con el tuyo, por muy inocente que sea el contacto, dentro de mi estallan un mar sensaciones que no puedo describir con palabras. Desde el primer momento en que te vi supe que tú y yo estaríamos juntos para siempre, desde la primera vez que mi corazón supo de tu existencia no he parado de pensar en ti de una y mil formas, si lo deseas llámame pervertido.

- Ranma ¿Te sucede algo, estas temblando? - ahora tus manos van hacia mi rostro, por favor ya no sigas, aunque mi cuerpo entero aclama por más. - Me estas preocupando, llevas parado ahí más de media hora viéndome sin decir nada. - No le respondo, no puedo tampoco, me falta el aire y siento que cada vez mi rostro va tomando un color rojizo más fuerte, te veo aún más preocupada.

Ahora te has puesto de puntillas y has pegado tu frente a la mía, dejo de respirar porque si lo hago todo mi cuerpo se llenará de tu aroma y perderé la cabeza en ese mismo instante. Eres tan inocente que no sabes lo que estas causando en mí, si sólo supieras lo loco que estoy por tu existencia. Te separas lentamente de mí y mi conciencia te lo agradece aunque mi corazón maldice mi mala suerte.

- Al parecer no tienes fiebre, al menos no es algo que deba preocuparme - tonta, si supieras que estoy a punto de colapsar - vamos Ranma, tenemos que ayudar a papá con el Dojo - tu voz me sigue sonando lejana, es tan melódica y angelical que me encanta. - ¿Me estás escuchando? Te digo que debemos volver a casa... bueno si no quieres ir, iré yo sola. - Me das la espalda, con una expresión en el rostro de enojo y comienzas a caminar en dirección al Dojo, todo en ti es perfecto, no necesitas nada más para tenerme detrás de ti. Mis pies por fin recuperan la movilidad y caminan hasta ti.

Te detienes en tu andar y es porque he osado abrazarte por la espalda, envolviendo mis brazos al rededor tuyo, eres tan perfecta que te acoplas a mi sin ningún problema, te sorprendes e intentas hablar pero te silencio - no digas nada, Akane. - nuevamente me armo de valor y pozo mi rostro entre tu cuello y hombro, siento como tu respiración se vuelve irregular. Tantos años añorando hacer esta simple acción que por mi cobardía, mi timidez y puede que también el miedo al rechazo me impedía hacer algo como esto, pero ahora me doy cuenta que tú y yo estamos en la misma condición, lo sé porque tienes las mismas respuestas que yo.

- Ranma, creo que es hora que vayamos a casa. – Tu voz sale entrecortada, estás nerviosa, lo sé porque puedo ver tus mejillas sonrojadas.

- Creo que lo mejor es estar un rato más así, me gusta tenerte entre mis brazos. – Y no mentía, cada vez que la protegía era un pretexto para poder tocarla, aunque ella no se diese cuenta.

- Pero Ranma… yo.

- Shhh, no digas nada, solo déjame disfrutar más de ti.

- Ranma… está bien. – Ya no se necesitó más palabras, simplemente nos abandonamos a los sentimientos. Tantos años perdidos, tantos años haciendo creer al mundo que yo era al único que quería, tantos años haciendo crecer mi ego, que ahora me doy cuenta que tú eres lo más importante en mi vida, tantos años insultando tu apariencia cuando para mi eres perfecta, tanto tiempo perdiendo sin poder estar a tu lago como me gustaría estar. Siempre tuviste razón, yo siempre fui el tonto.

Si tanto solo tú no fueras tan terca. – Pensé para mí.

Si tan solo tú no fueras tan bobo. – Al parecer la peliazul no pensaba algo muy diferente.

Tal vez esto hubiese comenzado desde hace mucho antes.

Tengo mi tercer ataque de valor del día, te separo de mí, te robo un beso y te tomo de la mano. Y así, en silencio caminamos en dirección a casa, con nuestros rostros más que sonrojados.

Fin.

Hola, el día 7 de febrero, el maravilloso grupo de "Las Locas Por El Dios Griego", cumple un año de estar juntas, es por ello que cada una tiene la maravillosa tarea de crear un fic elaborado con todo el corazón. Espero enormemente que les guste.

Quiero aprovechar la ocasión para agradecer a todas las chicas del grupo, Susy Chantilly, Sailordancer7, Sakura Saotome, Yeka, Linda Akanita, Juany, Lily Tendo, Lou, por hacerme parte del grupo.

Hana Note.