¡Hola! Volví de puente de reyes a la ciudad y como no… Me paso a dejarles el 2º capitulo de este fic que apenas y comienza. Muchas gracias a todoooooos por sus comentarios sobre el primer capítulo y por su recibimiento después de tanto tiempo de estar ausente. Bueno el primer capítulo fue solo un abrebocas, una entrada en contexto de lo que va a ir sucediendo… Pero no me adelantaré demasiado y les dejaré el capítulo de la semana… Disfruten…

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Capitulo 2: Primer día.

- Sí mamá, tengo todo, estaré bien, tu relájate – le dije por enésima vez a mi madre, su trabajo quedaba al otro lado de la ciudad, el viaje era largo y pensaba quedarse por el fin de semana.

- Cuídate mucho hija, no hables con extraños – sonreí ante su advertencia, las mamás eran así.

- Claro que no mamá, estoy cerrando la puerta con llave – efectivamente estaba entrando en casa, acababa de ir a comprar algo para preparar el almuerzo – Sango va a venir, estaré bien.

Finalmente y después de una última indicación de mi madre colgué el celular. Cuando sacaba las compras de las bolsas escuché el teléfono repicar.

- Hola…

- Buenas tardes, ¿Kagome Higurashi? – me dijo una voz que se me hacía conocida.

- Ella habla

- Hola Kagome, habla Houjo de la Agencia Taisho – saludó el chico y yo sentí una oleada de nervios recorrerme, aquí estaba la respuesta que había esperado por tres días desde la entrevista.

- Hola, ¿cómo estás?

- Muy bien, llamaba para informarte que has sido seleccionada para el puesto, felicitaciones.

"¡Genial!", salté e hice un pequeño bailecito de celebración en la sala de la casa.

- Vaya, muchas gracias… - dije con un timbre sonriente en mi voz.

- Queremos que te presentes el lunes a las siete de la madrugada – me dijo Houjo al otro lado de la línea – Tendrás la semana de inducción, podrías traer una copia de tu identificación y dos fotografías, todo para tu contrato y el carnet de identificación de la agencia…

- Claro que sí… - estaba emocionadísima, quería colgar y bailar en círculos.

- Una vez más felicitaciones, nos vemos el lunes…

- Muchas gracias, nos vemos, hasta luego.

Una vez colgué la llamada, dejé el teléfono sobre su base y comencé a saltar por todos lados, podía cantar, es más creo que lo hice.

El timbre de la puerta sonó y corrí a abrir.

- ¡Sango!... – la entré casi a empujones a la casa y la abracé.

- ¿Qué demonios te pasa? – me preguntó con una sonrisa, mientras yo la hacía girar al compás mío.

- Acabaron de llamar de la agencia, fui seleccionada… - le dije entre grititos.

- ¿En serio? – me preguntó igual de emocionada y yo asentí.

Al poco rato fuimos dos chicas reducidas a saltar como niñas de cinco años por toda la casa.

- Me alegro tanto, Kagome – me abrazo sonriente y yo lo hice igual - ¿Cuándo debes ir?

- El lunes, siete de la mañana. ¡Debo llamar a mi madre!

- Yo voy al baño, vengo que me urge – me dijo mientras salía corriendo para el cuarto al fondo a la derecha.

Yo corrí por el teléfono celular y llamé a mi madre, quien al principio se asustó por mis gritos, luego se emocionó a la par que yo y comenzamos a gritar de la felicidad por teléfono.

- Quisiera poder estar allí, no llegaré para el lunes – me dijo con cierta nostalgia.

- No te preocupes mamá, estaré bien y te contaré todo cuando llegué…

Tuvimos una breve despedida y colgué justo cuando Sango salía aliviada del baño.

- No sabes lo que es aguantarse del baño…

- Creo que todos lo sabemos…

- ¡No!, no cuando tu jefe te estuvo regañando por algo que no hiciste, y tú no podías más que pensar en que debías ir al baño y el idiota no se callaba… - entró a la cocina tras mío y le pasé una soda para que bebiera – No sabes cuánto agradezco que hoy hallamos salido temprano, no soportaría hasta las cinco de la tarde.

- ¿Y qué fue el error?

- Unas graficas se imprimieron mal, pero lo hizo mi compañera no yo – aseguró – Si hubieras ido a mi entrevista, tal vez seriamos compañeras y no me molestaría tanto recibir un regaño por ti…

- Cálmate – le dije mientras cortaba las verduras.

- ¿Qué comeremos?... – me ofreció su ayuda y yo apunté a otras verduras que debían ser troceadas.

- Estaba pensando en un salteado de verduras con arroz y salsa de soya – le dije sonriendo, mi amiga era vegetariana, así que todo era como especie de dieta cuando se estaba con ella – Compré unas tartaletas de espinacas en un restaurantes, me aseguraron que eran buenas…

- Lo son… - me dijo mientras hurgaba en las bolsas buscándolas - ¿Y bien?

- ¿Qué? – pregunté.

- ¿Estás nerviosa?, yo lo estuve, jamás había trabajado antes y tu tampoco, hay compañeros con que lidiar, momentos de tensión, jefes molestos…

- Pues no sé, ya veremos cómo me va…

- Te irá bien, eres muy buena en todo lo que haces

- Vaya que halago y eso que aún no te he dado comida – le dije y ella sonrió.

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- ¿Qué ropa vas a usar? – me preguntó Sango.

Era domingo en la noche, el hecho de que mañana comenzara con todo ese rollo, me tenía un tanto nerviosa, no sabía muy bien que me iban a poner a hacer, con que personas me iba a enfrentar, todo era un tanto intimidante.

- No lo sé, ayer estuve de compras, mi mamá estaba preocupada de que no tuviera ropa adecuada para asistir a la oficina – le dije y saqué las bolsas – Todos son pantalones de estilo clásico, blusas a juego y zapatos.

- Vaya esto está bien – me dijo sacando un pantalón de color café oscuro con una tenues líneas verticales de un tono más suave – Y mira esta blusa, perfecto – la blusa era ceñida en color blanco y tenía un sobretodo tejido en malla que le daba un toque más formal sin exagerar – Puedes usar tus botines cafés y estás preciosa.

- Seguiré tu consejo, la verdad estoy un poco nerviosa – le dije mientras acomodaba la ropa en mis cajones – No sé que esperar… Sólo quiero que termine el día de mañana.

- De seguro te irá bien…

La noche se fue lenta, demasiado lenta. Después de que me fuera a la cama cerca de las diez de la noche, me quedé mirando el cielo raso de mi cuarto, no podía dormir, eso no era ninguna sorpresa, generalmente mi subconsciente y yo nos quedábamos a charlar hasta bien entrada la noche o en algunos casos la madrugada, era algo normal en mí; lo que no era normal, en absoluto corriente, era que estuviera pensando en él. ¿Se preguntan quién es él?... Nada más ni nada menos que Inuyasha Taisho.

Había una cierta expectación en mi cabeza, recordaba los momentos de él durante la entrevista, casi no había hablado, había hecho preguntas más bien triviales, dejando que sus otros dos compañeros cubrieran toda la cuota de preguntas, sin embargo durante la prueba me había hablado, toda su conversación estaba encaminada a que me tranquilizara e hiciera la prueba lo mejor posible, pero también había algo más; no estaba segura si era su sonrisa divertida o su extraña mirada, pero él me había puesto demasiado nerviosa.

"Es porque nadie te había mirado así", dejé que el pensamiento soltado en mi mente vagara un momento. Tenía razón, nadie me había mirado de esa manera, por lo que no podía decir que significaba esa mirada, salvo que la ponía en un estado de nervios bastante raro.

- Mejor me dejo de tonterías – me dije a mi misma antes de girarme a un lado y obligarme a dormir.

Miré el reloj una vez más, iba con tiempo de sobra, de eso ya estaba segura cinco minutos atrás cuando lo había mirado otra vez; pero bueno, siempre quieres llegar a tiempo a tu primer día de empleo.

"Mi primer día de empleo", me felicité. Sería el comienzo de un nuevo capítulo en mi vida, tal vez de todo un libro entero, nunca se sabe el tipo de aventuras que te aguarden.

La vocecita del tren dijo la próxima estación, la mía. Acomodándome mi bolso y abrigándome un poco más en mi chaqueta de color negro, di un paso fuera del vagón y con paso firme busqué la salida.

Había decidido que tomaría el autobús en las mañanas, pues no quería llegar apurada o cansada por la caminata, además eso me daría unos minutos de sueño extra, siempre caían bien; y en la tarde caminaría hasta la estación del tren, tenía todo un plan trazado. Así que tal y como estaba planeado llegué faltando diez minutos a mi destino, hice el recorrido y fui hasta el edificio de espejos de la agencia.

- Buenos días, Kagome – una voz masculina me saludó a mis espaldas, acompañada del pitazo de un auto.

- Buenos días

La voz pertenecía al otro caballero que me entrevistara, Miroku Houshi, venía de la calle opuesta en un Mercedes Benz de color negro, me saludó con una sonrisa mientras se colocaba en la entrada del parqueadero y esperaba que le abrieran las puertas.

- Nos vemos dentro

No sin antes sonreírme ingresó al parqueadero, yo hice lo propio y seguí mi camino, toqué el interruptor de la puerta y después de un timbrazo esta se abrió.

- Buenas días, Kagome, ¿cómo estás? – Me saludó la mujer de recepción – Es un placer tenerte por acá.

- Muy bien, gracias.

Por unas escaleras laterales, que venían del parqueadero, apareció Miroku, quien saludó a la recepcionista con una esplendida sonrisa y gran galantería.

- ¿Como está bella señorita?

- Eres un tonto Miroku, Kagome no debes prestar atención a nada de lo que te diga, es un coqueto – me dijo la recepcionista y yo sonreí.

- ¿Inuyasha ya llegó?

- No, sabes que siempre llega rozando la hora de entrada…

- Kagome, buenos días… - era Houjo esta vez quien salió de la misma puerta lateral de la otra vez - ¿Vas a guardar tus cosas?

Asentí y me despedí de Miroku y la recepcionista que seguían hablando no sé de qué. Subimos hasta la segunda planta donde unas cuantas personas estaban ya, todos saludaron y yo correspondí entusiasmada por su amabilidad.

- Esté es el salón social, si quieres llamarlo así – dijo sonriendo – Aquí todos tenemos casilleros para guardar lo que queramos, si quieres mantener alguna cosa acá lo puedes hacer, este es el tuyo

Me paso una llave marcada con el numero 21, el casillero era pequeño nada grande, decidí que guardaría algunos bocadillos que había decidido mantener, era una golosa y me gustaban los dulces.

- De igual manera puedes comer acá – a nuestras espaldas habían varias mesas cada una con cuatro puestos – Puedes pedir el almuerzo de los cafés y restaurantes que hay cruzando la calle o ir hasta ellos, tú decides.

- Ok, es bueno saberlo.

-A las nueve es el desayuno, a la una de la tarde el almuerzo – me siguió explicando mientras me llevaba hasta un cuartito que tenía aspecto de cocina – Si quieres guardar algo puedes usar la nevera a tu gusto y esta es la cafetera – me señaló una pequeña máquina – Puedes tomar los que quieras, a veces ayudan a combatir el sueño – sonrió y yo lo imité – Bien vamos a nuestro puesto…

Cuando salíamos del cuarto de reuniones nos topamos de frente con el señor Taisho, con Inuyasha.

- ¿Tarde de nuevo? – le dijo Houjo con una sonrisa que él respondió.

- Oye, es bueno ser el jefe – dijo sonriente – Hola Kagome – ahí estaba la misma sonrisa y de nuevo ese extraño brillo en los ojos.

- Buenos días – sonreí en respuesta y Houjo y yo nos movimos a un lado para que él entrara.

- Prepárala bien Houjo, Kagome, mañana te haré una prueba de lo que veas hoy – nos dijo a ambos antes de entrar al cuarto.

- ¿Prueba? – dije con cierto tono de preocupación, mientras bajábamos las escaleras.

- Relájate, Inuyasha es así, le gusta preocupar a las personas, pero es una excelente persona, muy divertido – aseguró Houjo.

De vuelta en la primera planta, Houjo me guió hacia la puerta lateral por la que siempre salía.

- Está es la oficina de Miroku – señaló un cubículo de vidrio inmediatamente después – Es el director de cuentas

Eso quería decir que era el que hablaba directamente con los clientes, la verdad me parecía que estaba bien ubicado, Miroku era muy carismático y de inmediato te sentías cómodo con él.

- ¿Dónde está tú puesto? - En esa aérea no había muchas personas, había tres puestos ya ocupados.

- Está en el segundo – me contesto – Te quiero mostrar el archivo de la compañía que está aquí abajo, fue lo primero que me mostraron a mí.

Bien esto sería un recorrido. Llegamos a un cuarto que estaba lleno de aparadores con carpetas a rebosar. Allí estaban todas las campañas realizadas por la Agencia Taisho.

- Algunas veces tendrás que venir acá para buscar antiguas campañas, ya sea porque se desea hacer un nuevo diseño o cosas así, con el tiempo verás.

- ¿Quién es nuestro jefe? – solté la pregunta cuando salíamos del archivo y regresábamos a la segunda planta.

- Inuyasha es nuestro jefe – contestó como si nada – Es el director creativo de la compañía y junto con su hermano se encargan de la gerencia de la compañía.

- ¿Su hermano?

- Sesshomaru, casi nunca lo vemos por acá, se mantiene prácticamente en el exterior, cuidando de las oficinas de la compañía afuera – explicó.

En la segunda planta ya estaban todos ubicados en su puesto. Cuando subías las escaleras, justo al frente había tres cubículos de vidrio. En uno logré ver a Midori, la otra persona que me había entrevistado, ella hablaba por teléfono, pero alzó una mano y me saludó y en el otro estaba Inuyasha, junto con Miroku, ambos miraban una computadora y hablaban entre ellos. A la izquierda de las escaleras estaba el "salón social" y a la derecha, que fue el camino tomado por Houjo, había varios puestos ocupados por varias personas.

- Buenos días – saludaron las personas desde sus puestos, ambos correspondimos al saludo.

- Este es tu puesto de ahora en adelante

Los escritorios eran laminados en madera y tenían particiones metálicas para mantener la privacidad de cada puesto. Una computadora portátil de color plateado descansaba en el puesto, por demás había carpetas, lapiceras y demás cosas. Y así comenzó mi primer día de trabajo.

- Estas haciendo las cosas muy bien…

Era la hora del almuerzo, había sobrevivido toda la mañana y de una manera sorprendente. Houjo me había explicado las aplicaciones que manejaban en la compañía para hacer los diseños. Afortunadamente, ya conocía a la mayoría, en la universidad nos habían enseñado a manejar algunos y a la final todos eran prácticamente lo mismo, en esencia. De igual manera ya tenía más claro cuál sería mi trabajo. Debía ayudar en el departamento creativo y de arte, con los detalles de las campañas, algunas veces debería contactar algunos clientes y de vez en cuando me soltarían proyectos para manejarlos por mí misma. Todo eso me emocionaba.

- Bien, hay algo que quieras saber, tu trabajo, los compañeros o algo así…

Habíamos optado por un restaurante de comida china que quedaba cruzando la calle. La zona tenía bastante variedad de donde elegir.

- Mmm no lo sé, estoy como tratando de procesar todo

Elegimos una mesa que daba en la ventanilla con vista a la Agencia. Miré hacia el lugar justo en el momento en que Miroku salía con Inuyasha riendo a carcajadas.

- Son muy buenos amigos – intervino Houjo al ver la misma escena que yo – Aprenderás a conocerlos con el tiempo, a pesar de que son los jefes, son muy buenas personas y divertidos…

No podía negar lo que decía Houjo. Me había dado cuenta que ellos hablaban como si fueran simples trabajadores, sin pedir trato superior ni nada por el estilo.

- ¿Es difícil nuestro jefe? – se me ocurrió soltar la pregunta, ambos hombres habían entrado en otro restaurante.

- No en realidad, como te dije es muy divertido – repitió el joven – Te va a ayudar mucho, no dudes en preguntarle nada, y no cometas el error de confiarte en su actitud relajada, es exigente en el trabajo, le gusta que las cosas se hagan bien, pero no es un tirano ni nada de eso…

Bueno eso era un alivio. Mi amiga Sango había hablado tantas veces de lo cascarrabias que era su jefe y también veía cuan estresada y enojada llegaba mi amiga del trabajo; ahora agradecía que para mí las cosas iban a estar mejor, pero bueno, tocaba esperar y ver.

La hora del almuerzo estuvo tranquila. Comimos nuestras órdenes mientras conversábamos ya de cada uno de nosotros, algunas veces hablábamos del trabajo o de cualquier otro tema que saliera al aire. Cuando regresábamos al edificio de la Agencia nos encontramos con Miroku e Inuyasha.

- ¿Dónde comieron? – preguntó Miroku.

- En el de comida china – contestó Houjo.

- Yo hubiera preferido ese, la pasta no me apetecía mucho hoy, pero Inuyasha invitó – apuntó con su dedo a su amigo que caminaba a mi lado, acababa de colgar una llamada.

- ¿Y cómo va todo? – guardó su teléfono en el bolsillo de su pantalón y me sonrió esperando mi respuesta.

- Muy bien, Houjo me ha explicado todo de maravilla…

- ¿En serio?... Me alegra oír eso

Entramos al edificio y saludamos a la recepcionista antes de continuar a la segunda planta. Miroku se despidió de nosotros y fue a su oficina en la primera.

- Kagome vienes un momento conmigo… - me dijo Inuyasha en cuanto me dirigía a mi lugar – Houjo ve con Midori hay una última cosa que debes terminar…

Mientras caminaba a su lado para llegar hasta su oficina, sentí una extraña sensación en mi vientre, estaba nerviosa, no había de otra.

- Siéntate – me ofreció el asiento frente a su escritorio - ¿Cómo te sientes?, ¿todo bien?

- Sí, todo perfecto…

- Cualquier cosa que no comprendas o que no entiendas me lo haces saber – sonreí agradecida, Houjo tenía razón – Creo que Houjo te habrá contado a grandes rasgos qué esperamos con tu pasantía acá… Hay mucho que hacer, campañas que editar, trabajos que adelantar y tú eres mi ayuda más importante, tengo muchas campañas que revisar y a veces es una molestia así que lo harás por mi… - la sonrisa en sus labios me dio a entender que bromeaba – Bien tengo el primer trabajo para ti…

Si estaba un poco nerviosa por estar en su oficina, esta sensación desapareció y dio cabida al pánico, ¿ya tendría algo para hacer?, Houjo apenas me estaba familiarizando, mostrándome los trabajos que debía hacer a diario y emplazándome los que debería terminar una vez él se fuera al culminar la semana.

- Claro, ¿qué es? – no podía decirle no a mi jefe y dueño de la compañía.

- Tengo una campaña entre manos, estamos remodelando la publicidad para una cadena de hoteles playeros, estamos cambiando la página web y otras cosas – me explicó y yo asentí – Quiero dejarte la página web a ti, te pasaré todo el material que teníamos en la antigua página y te explicare en que nos centraremos en la nueva. ¿Podrás?

- Sería la primera vez y me da un tanto de nervios, pero creo que no hay problema, lo haré lo mejor que pueda – aseguré – Además usted dijo que podía pedir su ayuda y preguntar lo que quisiera – le recordé, iba a usar ese extra un par de veces, me imaginé.

- Bien dicho, entonces te espero a las tres en la sala de proyecciones del tercer piso, te enseñaré la información y te mostraré en lo que trabajaremos…

Ya tenía mi primer trabajo asignado y en mi primer día, me sentía nerviosa, pero sabía que la experiencia sería única, estaba emocionada.

- Tengo que ir donde Miroku y luego por unas gráficas – me dijo Houjo a su regreso – ¿Estarás bien un par de horas?, puedes trabajar en lo que te he dicho…

- No hay problema – le dije y él se marchó.

En la computadora no tenía demasiado que hacer por el momento. Solo había un par graficas a las cuales acomodarles el color, proporciones, organizar la caligrafía y seguir con un boceto que habían pasado del departamento de arte, que por cierto era dirigido por Midori.

Estaba concentrada en mi trabajo, cuando noté un pequeño movimiento en la barra de tareas, había un icono en forma de sobre de carta que cambiaba de blanco a amarillo. Di clic sobre él y se abrió una pequeña ventana.

"¿Cómo vamos?"

Era una ventanilla de chat, lo usaban en el sistema interno de las compañías para mantener conversaciones sin necesidad de enviar correos. Miré el remitente.

Inuyasha T.

Sorprendida alcé mi cabeza por encima de la partición y ubiqué la figura de mi jefe, estaba sentado en su escritorio con el rostro centrado en la pantalla. Ni siquiera me miró.

"Muy bien, gracias"

Tecleé con rapidez y di Enviar. Solté un poco de aire y continué con lo que estaba haciendo.

"Un poco molesto eso de ser el nuevo, ¿no?"

Volví a mirar hasta su oficina y él seguía en su computadora concentrado en lo que sea que estuviera haciendo, aparte de enviarme mensajes claro estaba.

"No en realidad, todos son muy amables"

Después de enviar mi respuesta volví a las gráficas, pero esta vez se hizo más difícil, curiosamente estaba esperando una respuesta, que llegó en tan solo segundos.

"Lo siento, Kagome. Estoy molestándote, Miroku está "ocupado" y siempre mato tiempo una hora después del almuerzo y bueno… Midori es muy seria para hablar con ella"

Así que eso era, pero curiosamente se le veía muy centrado en lo que sea que hiciera en su computadora. Cualquier que lo mirara aseguraría que su jefe estaba simplemente enfocado en un proyecto. Sí claro…

"No hay problema, ¿puedo preguntar qué hace entonces?"

Bueno no estaba tan mal, no estaba perdiendo tiempo ni nada por el estilo, podía trabajar y charlar con su jefe. Era su jefe, si él lo hacía y se lo permitía estaba bien.

"Puedes tutearme. Ando revisando mi e-mail"

Tutearlo. Mi subconsciente gritó porque que aceptara la oferta, yo no estaba muy segura si debería o no hacerlo, tal vez no fuera buena idea, era el jefe. Aunque Houjo había dicho que él no se complicaba con formalismos ni nada por el estilo, bien tal vez podría hacerlo.

"¿E-mail?... ¿van dentro de los privilegios del jefe?"

Ya le había dado enviar, cuando pensé como se escucharía esa pregunta. ¡Kagome!, me regañé a mí misma, a veces decía cosas sin pensar, ahí se había ido una.

"Los jefes tenemos varios privilegios, somos jefes al fin y al cabo"

Tal vez no había salido tan mal. No estaba muy segura de que podía decir de ahora en adelante. Además debía avanzar en el trabajo, se había retrasado un par de minutos.

Para mi fortuna la conversación se zanjó con esa última frase. Yo seguí con mi trabajo y noté como mi jefe recibía una llamada, al parecer una bastante importante. Las cosas me salían bien, me sentía bastante orgullosa de que pudiera desempeñar mi trabajo de manera tan sobresaliente.

Así estuve trabajando hasta que el reloj dio las tres de la tarde. Había terminado la tarea que se me había designado y ya la había enviado por mail a uno de los chicos del departamento de arte, según me había indicado Houjo. Recordé que debía subir a la sala de juntas, donde mi jefe me explicaría todo lo referente al proyecto que debería hacer.

Eché un vistazo al cubículo correspondiente a mi jefe, para mi sorpresa encontré que sus ojos estaban fijos en mí. En cuanto nuestros ojos chocaron él me hizo una seña indicándome que subiera. Con mucho cuidado me levanté de mi asiento, tomé mi libreta de apuntes y me encaminé hasta la tercera planta. Estaba nerviosa, no tenía muy claro él porqué, simplemente caminé derecho hacía las escaleras, nadie se fijo en mí, eso me tranquilizó.

La tercera planta estaba vacía, no sabía dónde íbamos a tener la reunión, así que espere a que mi jefe subiera, dos minutos después ya estaba allí.

- Ven por acá, usaremos la sala de juntas – me dijo abriendo una puerta, cuyas paredes eran de vidrio con unas líneas blancas horizontales, lo que dificultaba la visión al interior – Usaré el proyector para mostrarte más claramente de lo que hablo, siéntate.

Obedecí de inmediato y elegí una de las tantas sillas de la mesa. Era una sala sencilla, un proyector apuntando hacia una gran pantalla blanca. La mesa era ovalada, en el centro habían varias conexiones para computadoras, las sillas eran reclinables y bastante cómodas, me enteré una vez me senté.

- ¿Cómo ha estado la tarde? - La pregunta me la hizo mientras encendía el proyector.

- Muy bien en realidad – contesté con simpleza.

- No eres muy habladora, ¿verdad?

Lo miré con cierta sorpresa, no me imaginé esa pregunta viniendo de él. Mi jefe me miraba con una extraña sonrisa mientras tomaba el asiento frente a mí, al otro lado de la mesa. En realidad era muy habladora, pero únicamente si me sentía en confianza, podía hablar horas y horas de temas salidos quien sabe de dónde, sin embargo, él tenía razón, no era muy habladora, me quedaba muda, y la culpa la tenía él.

- No es eso – sonreí y debía de estar sonrojada porque sentí mis mejillas caldearse – Es sólo que bueno, no sé…

- Relájate, entiendo que es un poco incomodo, porque… ¿qué hablas con tu jefe? – Bromeó y eso me hizo tranquilizar, Inuyasha era bastante divertido – Bien, te voy a mostrar…

Dirigí mi mirada a la pantalla, se abrió una presentación y él comenzó a hablar. Era increíble la manera en que cambiaba, hacía un momento estaba bromeando, sonriendo divertido y ahora estaba concentrado en su explicación.

- Kagome, ¿me estás escuchando?

Sus palabras me trajeron de vuelta. "No", contesté mentalmente, estaba muy concentrada mirándolo a él, más que mirando la presentación. ¡Dios!, debí lucir como una verdadera idiota.

- Eh, yo…

- Sé que soy muy sexy, pero debes mirar la pantalla

Cómo podía decir eso y esperar que no me sonrojara. Sonreí avergonzada tratando de calmarme, que tontería había hecho.

- Lo siento…

- Volvamos, vista en la pantalla – me recordó haciéndome sentir más incómoda.

Para mi buena suerte las siguientes dos horas conseguí mantener mis ojos en la pantalla y concentrarme en la explicación. La campaña en la que trabajaba la agencia era para una cadena de Resort en la playa, la empresa quería renovar su publicidad, mostrar una imagen que vendiera más. Según le había explicado Inuyasha ella debía renovar la pagina web, obviamente tendría su ayuda en cualquier cosa que necesitará, tenía un proyecto que seguir dado por el departamento de arte, ahora solo debía hacerlo, nada muy complicado, según veía.

- Eso es todo – asentí mientras terminaba de tomar las últimas notas - ¿Está claro?

- Sí, creo que voy a estar bien con esto, ¿hay alguna fecha de entrega?

- No, aún no, puedes ir adelantando parte está semana sin interrumpir tu empalme con Houjo y la otra semana dedicarte de lleno a él

- Ok, entonces lo tengo claro todo – sonreí y él me devolvió la sonrisa.

- ¡Uy, lo siento!, mira la hora…

Eché un vistazo a mi reloj de mano, eran las cinco y media, hace media hora todos en la compañía se habían ido.

- No importa, está bien – aseguré mientras me levantaba del asiento y salía con él.

- Te retrasé media hora, ¿tenías un compromiso o algo?

- No en realidad.

- Te llevo hasta tu casa – me dijo cuando llegamos a la segunda planta tomándome por sorpresa.

- Claro que no, no es necesario – rechacé de inmediato.

- Claro que sí, déjame dejo esta laptop acá – entró en su oficina y dejó la computadora sobre el escritorio – Vamos por nuestras cosas

Una de sus manos se posó en mi espalda y me empujó a entrar en el "salón social", él fue hasta su casillero y sacó un bolso estilo manos libres de cuero, lo metió por encima de su cabeza, dejando la cargadera atravesando diagonal su torso; bastante informal, pensé.

- Vamos, vamos, vamos – me urgió, bajamos hasta la primera planta y tomamos las escaleras laterales que llevaban al parqueadero.

- En serio no es necesario – traté de rechazar una vez más, pero él estaba empeñado en su misión.

- No me molesta, en serio – sacó unas llaves de su bolso y presionó el botón que desactivó los seguros de su carro.

"Wow", fue el único remedo de palabra que pensé. Estaba babeando en mi cabeza, si eso era posible, y podría haberlo hecho, si el pensamiento de que iba a lucir como una idiota, no me detuviera.

No sabía mucho de carros, pero hasta yo sabía que era un Audi R8, era negro y al parecer descapotable, de seguro sería el mejor carro en el que me montaría en mi vida.

- Súbete – me abrió la puerta del copiloto y caminé casi por inercia y entré sin protestar - ¿Pasó algo? – al parecer había notado lo muda que me había quedado, que vergüenza.

- Eh, no – me apresuré a contestar mientras me abrochaba el cinturón de seguridad – Nada, sólo… ¡Lindo carro!

- Sí, es como mi bebé – dijo sonriendo mientras lo encendía.

El carro arrancó con un suave ronroneo, la puerta del parqueadero se abrió y salimos a la calle. No sabía muy bien que decir, así que sólo me senté relajada con mi bolso sobre las piernas.

- ¿A dónde vamos?

- Podría dejarme en la estación aquí abajo, mi casa queda lejos y voy para donde un amigo

"Mentirosa", me susurró la consciencia. En realidad no iba para donde ningún amigo, pero no quería que él me llevara hasta al casa, no sabía si soportaría todo el viaje, él, por alguna extraña razón me colocaba muy nerviosa, demasiado.

- ¿El novio?

- ¿Qué? – lo miré sorprendida y su sonrisa se amplió, ¿por qué me miraba así?

- ¿Qué si vas para donde tu novio? – repitió, desviaba la mirada a la calle enfrente y luego me miraba a mí.

- No, no en realidad – sentí el calor subir por mi rostro, ahí estaba yo, toda sonrojada, de nuevo.

- Pero sí hay un novio

¿Por qué me hacía esas preguntas?, un jefe no hacía esas preguntas, ¿o sí? Bueno, no tenía ni idea, era mi primer jefe, pero en definitiva la pregunta era de índole personal, no debía contestarla.

- Lo siento – habló él antes de que pudiera hacerlo – No es mi asunto, por cierto, puedes llamarme por mi nombre, Inuyasha.

- Ok – sonreí más calmada.

- Llegamos a la estación, ¿segura que no quieres que te lleve? – ofreció una vez más y yo negué otra vez.

- No es necesario, muchas gracias Inuyasha.

Cuando solté el cinturón de seguridad y alcé mi cabeza para despedirme con una sonrisa, me asombré al encontrarme con el rostro de él inclinado hacía mi.

- Nos vemos, Kagome – susurró.

Lo siguiente que sentí fue sus labios húmedos posados en mi mejilla, me sonrojé de inmediato, ni siquiera devolví el gesto, no podía, era inconcebible, aunque mi cabeza gritaba: "Hazlo idiota", aún ni así pude.

- Nos vemos… - sonreí y salí de inmediato de su auto y tomé mi camino hacia la estación.

Mientras iba en el tren hacia mi casa, mi mente comenzó a darle vueltas a todo el asunto. Todo había sido muy extraño, el beso en mi mejilla, un beso demasiado… ¿Cómo decirlo?, no fue un beso como el que le das a un amigo, uno de esos cortos. No, Inuyasha, su jefe, se había demorado en su mejilla bastante más que unos segundos; y también estaba la sonrisa, y esa extraña mirada en sus ojos dorados. Sí, con la cercanía había notado que tenía unos hermosos ojos dorados, no podía negar que eran hermosos, cualquier idiota lo notaría.

"Relájate, Kagome, no fue nada", me decía mentalmente, pero una cosa era decirlo otra muy distinta hacerlo. Afortunadamente el primer día había pasado y rápido, en menos de lo que pensara, pasarían los seis meses de la pasantía y listo, eso sería todo. Sin embargo una vez más, una cosa era decirlo, otra muy distinta hacer que sucediera.

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Jaja! Creo que nuestra Kag, esta un poquitín nerviosa!... Ahhh pero a quién no le temblaría todo con Inu como jefe?!

Espero que les haya gustado el capítulo de hoy!... El escribir este fic para mi es super emocionante por diversas razones (que como les comenté antes, les contaré con el tiempo)… Además de que siempre quise escribir algo como esto…

Bien! Si tienen algún comentario, sugerencia o demás, estoy atenta a todos! Besos y abrazos! Nos leemos!