Digimon no me pertenece.

Al igual que el capi anterior, el fic completo está dedicado a CieloCriss porque su personaje predilecto es el pelirrojo, pero de manera especial, dedico este capi a Anael-D02 porque sé lo mucho que le gusta mi Koumi. Gracias por su apoyo chicas, felices fiestas :D

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-Lo mejor de mí-

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El frío de ese cuarto no le permitía pensar con claridad, y eso que él era de los analíticos y que pensaba adecuadamente sin mezclar sus sentimientos con sus pensamientos.

Pero ese día no era el caso.

¿Cómo mantenerse firme si la mujer que amas estaba con un serio problema?

Y no sólo ella, sino, la segunda mujer más importante en tu vida.

Su esposa, y sobretodo ella estaban en peligro.

Todo estaba bien.

Todo estaba perfecto.

Todo estaba como debía estar hasta hace sólo unas horas… esa misma mañana cuando Mayumi le preparó ese desayuno con tanto amor como todos los días desde que se casaron…

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-Buenos días Kou, ¿cómo amaneciste? –preguntó May mientras el pelirrojo le daba un beso dulce en los labios.

-Bien, gracias, ¿y ustedes? –cuestionó, acariciando su pequeño vientre que cada día estaba más abultado.

-Igual, aunque tu hija a estado algo revoltosa. Me ha estado pateando mucho. –contestó, colocando su mano sobre la de su esposo.

-Pues Shuu nos dijo que era normal. Como quiera, hoy tenemos cita, ¿no es así?

-Sí, a las 2:00 pm, ¿podrás ir?

-No me lo pierdo por nada. Quiero ver cuánto ha crecido en este mes.

-Sólo que ahora no lo atormentes y le pidas que cuente sus cabellos ni las uñas de manos y pies. –bromeó, recordando la larga y pesada cita médica que tuvieron tiempo atrás.

-Quiero asegurarme que mi hija esté bien.

-Lo está, créeme. –le sonrió con absoluta esperanza y confianza, acariciando su rostro.

El compañero de Tentomon le besó la frente para cerrar el momento que compartían cada mañana desde que se enteraron del embarazo de May.

Después de que Izzy se fue a trabajar, la portadora de la paz se quedó en casa para disfrutar de la bonita pero agotadora parte de estar embarazada: la de no hacer nada.

Se encontraba haciendo un arreglo de flores, aunque con ciertos intervalos se levantaba para que sus pies no se hinchasen.

A penas se iba a volver a sentar cuando sonó el timbre del departamento. Fue a abrir y se alegró mientras permitía que su amiga entrase con su bebé.

-¡Hola Hiro!, me da gusto verte.

-Igual, pero mírate, tu pancita está mucho más grande. –comentó, señalando su abdomen.

-Sí, tengo un poco más de seis meses, pero pasen, no se queden allí, que hace un poco de frío.

A penas y Hiromi Hida había entrado a la casa, Mayumi ya le tendía una taza de té y cargaba a la bebita.

-Amai ha crecido bastante.

-Ni que lo digas, pronto cumplirá el año.

-Parece que fue ayer cuando fuiste llorando a mi casa para para salir de dudas entre casarte y no hacerlo.

-Recuerdo ese día a la perfección… y la verdad es que de no haber sido por tus palabras, probablemente le habría dicho a Iori que no.

-Oh, vamos, Hiro… claro que no, sólo necesitabas un último consejo.

-Pues sí, pero ya sabes… con el pasado de mis padres pues… sí me daba miedo casarme y que se repitiera la historia. –confesó nostálgica.

-Sé a qué te refieres. Yo también pasé por esas mismas preguntas… uno de mis mayores miedos de niña era divorciarme, o que me hicieran lo mismo que a mi madre… que me dejaran. Pero sé que Koushiro nunca hará eso. Él y yo estaremos juntos siempre.

-Estoy segura que sí.

-Gracias. Pero dime, cómo está todo con Iori… no me sorprenderían que estén pensando en el segundo bebé. –comentó la pelinegra mientras jugaba con la niñita.

-No, de momento no tenemos planes de un segundo hijo. Tal vez en el futuro, pero de momento no. –finalizó. –Y cuenta… cómo te has sentido, qué te han dicho…

-Pues el día de hoy ha estado muy revoltosa. No me ha dejado de patalear y la verdad la siento algo inquieta…

-Esperemos que no pase nada, aún así, te recomiendo que si llega a ser muy fuerte, vayas al médico.

-Sí, de todos modos, tengo cita dentro de unas horas, allí saldré de dudas.

El tiempo pasó sin darse cuenta entre las dos elegidas, entre pláticas, ponerse al día, uno que otro consejillo sobre cocina, fue como la mañana transcurrió rápido.

-¿Quieres más té? –preguntó la embarazada al levantarse con su propia taza. –Iré a servirme más.

-No gracias, aun no me lo termino. –agradeció señalado el contenido

-Pues si quieres, adelante, que bien sabes que esta es tu casa…

La pelinegra ni siquiera terminó de hablar bien cuando dejó caer la taza al suelo, haciendo que Amai se asustara y Hiromi fuera a ayudar a su amiga, aunque su hijita estuviera llorando.

-¿Qué pasó?, ¿estás bien?

Mayumi no contestó, había sentido un calambre muy fuerte como para responder.

-Amiga, no me asustes…

-Sentí, un dolor agudo. –murmuró apoyándose en el sillón. –Pero creo que ya pasó.

-Tal vez sólo perdiste el equilibrio. Eso me pasaba seguido.

Izumi negó con la cabeza.

-Fue como una contracción, pero creo que… au… -el dolor volvió, y mucho más intenso y duradero. -¿Qué me pasa?

En cuanto trató de enderezarse, notó que el pantalón que traía se había manchado de sangre, y que a cada segundo se incrementaba.

-¡Estás sangrando! –gritó horrorizada mientras procuraba sentarla.

-No puede ser… ¿Qué hago? –con pocas fuerzas y jadeando, logró preguntar.

-Llamaré a alguien. Te llevaré al hospital.

A penas iba a sacar el celular para marcar, cuando vio que una llamada de su esposo venía entrando.

-Amor, me alegra que hables, ¿dónde estás?... qué bueno que ibas a la casa, por favor, necesito que pases a casa de Izzy, estoy con May… ella empezó a sangrar y necesitamos ir lo más rápido posible al hospital. Creo que tiene una amenaza de aborto…

La embarazada ni escuchaba bien lo que amiga decía. El dolor era demasiado fuerte, estaba asustada, no podía permitir que algo les pasara. Aún faltaban tres meses para que su bebé naciera, tenía que cuidarse y aguantar.

Con mucho esfuerzo se trató de sentar en el sillón, buscando una postura en la que su dolor disminuyera.

-Iori viene para acá. Nos va a llevar al hospital.

Asintió con fuerza. –Por favor… llama… llama a Koushiro… tengo… que avisarle a él y a mi madre.

En un par de minutos más, el abogado apareció en la casa. Se asustó cuando vio a May así de débil, pero con decisión la cargó y la llevó hasta su auto para emprender camino hasta el hospital.

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Dentro de unos minutos más, el ingeniero Izumi arribó al nosocomio buscando por todas partes algún indicio de su esposa o de sus amigos. En la sala de espera logró ver a los Hida, y debido a que ellos fueron quienes lo llamaron, fue pedir alguna explicación a la pareja.

-¿Qué pasó?

-Izzy, que bueno que llegas, Mayumi está en urgencias, tuvo una complicación.

Trató de escuchar algunas rápidas palabras mientras Iori lo encaminaba al lugar donde estaba su esposa.

Entro al cuarto donde le había señalado que estaba su mujer, y cuando entró, su corazón se partió en dos por verla acostada en una camilla, débil, indefensa y con gruesas lágrimas corriendo por sus mejillas.

-May. –habló quedamente al cercarse a ella.

-Izzy, nuestra hija está en peligro.

Lo dedujo.

-Tuve un fuerte sangrado.

Lo supuso.

-No es seguro que se salvé.

Lo sabía después de que sus amigos le llamaron.

-Tranquila. Todo estará bien. –la tomó de la mano y besó su frente con la misma ternura que lo hizo en la mañana.

-Me temo que será necesario adelantar el nacimiento de la bebé. –comentó una voz conocida para ellos, la de su amiga Momoe. -Con los estudios que acabamos de realizar, se dice que la bebé tiene el cordón umbilical alrededor de su cuello. El sangrado se debe a un desprendimiento de la placenta que tuviste, y no lo hemos podido controlar… debemos pensar en salvarla, porque si no lo hacemos pronto, las contracciones serán más fuertes y podrán llegar a ahogar a la bebe.

Con seriedad, Izzy asintió.

-Amor… -llamó la portadora de la paz, agonizando. –Pase lo que pase, salva a Chikako.

Después de esas duras palabras, los ojos de Mayumi se cerraron.

Ni siquiera le dio tiempo de reaccionar.

Se sintió mareado y con ganas de dormirse, o mejor dijo de despertar de esa pesadilla tan terrible.

Él no podía estar allí.

No podía ver el nacimiento de su bebé.

Con miedo y dolor en su corazón soltó la mano de su esposa, confiándola a su amiga para que hiciera el procedimiento necesario.

Era demasiado arriesgado adelantar el parto casi tres meses, pero tenía que arriesgarse para conseguir algo más: la vida de su hija.

-Adelante.

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Recordó lo que había pasado en esa mañana.

Todo estaba bien a tan solo unas horas atrás…

Le gustaba que su amiga Momoe fuera quien atendiera el parto de su esposa, confiaba en ella de la misma manera en que lo hacía con sus mismos dedos a la hora de realizar una investigación.

Ni en sus sueños más locos se hubiera imaginado estar así.

Sabía los riegos de un nacimiento prematuro.

Sabía las secuelas que podía tener una cesárea.

Sabía que si no funcionaba, él tendría que tomar una decisión respecto a su esposa o su bebé.

A veces odiaba saber qué es lo que podía pasar.

Necesitaba dejar de ser analítico y ser más sentimental.

Cada segundo miraba hacia el quirófano si ocurría algo, si había una señal, si había algo que le animara a tener más esperanzas.

Era lo malo de conocer la verdad. A veces se perdía la capacidad de esperar algún milagro si no tenías pruebas físicas.

Y por fin vio salir a su amiga Momoe detrás de unas enfermeras.

Hasta ese día, sólo una persona había logrado despertar esos sentimientos y aparcar sus ideas curiosas: Mayumi… pero en cuanto vio a ese pequeñísimo ser que seguramente no pesaba más de dos kilos, y escuchó ese llanto ahogado de una nueva vida que estaba en medio de una caja de plástico, Koushiro entendió que alguien más le había robado el lugar a ella.

Como habían pensado era una bebé.

Una niña.

Que aunque muy pálida se podían apreciar unos cuantos cabellos pelirrojos, lo que le llenó de orgullo, pero también de terror.

Con la mirada siguió cada paso que le hacían a su bebé y cómo la llevaban a "Cuidados intensivos infantiles" por medio de ese largo pasillo.

Otra decepción: ni siquiera le dejaron verla ni acariciarla.

-Tendrá que estar en observación hasta que la puedan ver, Izzy… en verdad lo siento. –comentó Momoe mientras se bajaba el cubre bocas y dejaba a su amigo perdido en el pasillo.

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Pasaron unas horas. Quizá por masoquista, pero él fue al área de cuneros a ver a los bebés. Vio a muchos nenes, todos con ojos abiertos y grandes, unos más gordos que el resto, pero todos igual de indefensos. Hasta que llegó el momento en que su vista llegó a otra área en la que había tres bebés debatiéndose entre la luz y la oscuridad.

Su bebé era la más pequeña e indefensa. Conectada a un respirador artificial y en una incubadora.

Mayumi ya estaba en el cuarto, aún no despertaba de la anestesia, no tenía el valor suficiente para verla y decirle que su niña estaba corriendo grave peligro.

Él era fuerte.

Era inteligente.

Era decidido.

Pero también era muy realista. Y esa misma capacidad que tenía no le daba esperanzas para seguir adelante.

Por educación escuchó las palabras de ánimo que le dieron sus amigos, pero no cambiaron nada.

Con indiferencia le habló a sus padres para comunicar lo ocurrido y también a Ran, la ejemplar madre de May.

Estos momentos eran superiores a cualquier otro.

Quería gritar, no tenía voz.

Quería llorar, no podía.

Quería regresar el tiempo, era imposible.

No recordaba haberse sentido así nunca, tenía tanta ilusión por cargar a su bebé cuando naciera. Quería ser él quien se la entregara a Mayumi en brazos después del parto.

Durante cada noche habían soñado eso, recreándolo una y otra vez; que el día en que el fruto físico de su amor viniera al mundo no habría tristezas ni dolor, sólo mucha alegría por empezar una nueva etapa.

Soñaron tantas cosas, y ninguna de ellas se estaba cumpliendo.

Bajó la mirada, si pudiera cambiaría el lugar de su bebé por la suya. Ver que le inyectaban cosas y que no podía respirar por sí misma sólo le dificultaban la situación.

De la nada sintió una mano en su hombro.

-Sé lo que sientes.

Reconoció esa voz, sabía quién era sin la necesidad de verlo ni de oírlo. Esa manera de tocar el hombro, dar una pequeña palmada sobre él, y zarandearlo levemente sólo podía ser de un gran amigo.

-Gracias Tai… pero creo que ni siquiera tú sabes lo que es esto.

-Claro que sí. Hace seis meses que Daichi nació. Él también fue prematuro…

Lo sabía.

-Yo no estaba con Mimi cuando le hicieron cesárea.

Lo recordaba.

-Casi me desmayaba de la angustia.

Lo suponía.

-Pero nunca perdí la esperanza.

Eso era seguro.

-Verás que tu nena se pondrá bien, Izzy. Dentro de nada ella empezará a hacer galletas para un chico en especial, tú le preguntarás para quién son, ella se pondrá nerviosa así como tú te ponías de adolescente por hablar con alguna chica, seguramente su hermana menor la ayudará, May se reirá de ti por ser celoso y estarás feliz porque tendrás una ayudante fiel a tus investigaciones. –predijo con optimismo y mucha seguridad, haciendo sacar varias sonrisas al pelirrojo.

-Gracias Taichi. En serio muchas gracias.

-El día que estuvimos en el Digimundo y que Hikari estaba muy enferma, tú me acompañaste a buscar su medicina. Aguantaste mis gritos y preocupaciones sin reclamar nada hasta que de plano te fastidié. Ese día te conté algo muy personal sobre mi pasado. Tu escuchaste atentamente y aunque no me dijeras yo supe que tu descifraste en mí ese miedo a que ocurriera lo mismo. Que cargaba ese peso de conciencia… incluso me dijiste…

-Eres un necio. –Koushiro le quitó la palabra de la boca con una sonrisa cómplice.

-Exacto. También intenté golpearte.

-Lo recuerdo.

-Mira Kou, mi hermana se enfermó en muchas ocasiones por no decir lo que en realidad sentía. Es algo que aún sigo sin entender, pero que espero que pronto cambie… y también te pasa lo mismo Koushiro. No estás solo, sé la impotencia que sientes, que quieres cambiar su lugar por el tuyo, que eres capaz de dar lo que sea, incluso tu valioso emblema con tal de que ella pueda abrir sus ojos y mirarte. Que te falta valor y coraje para decirle a tu esposa que la vida de su bebé corre peligro, y que piensas una y otra vez lo que salió mal en este plan que habías hecho junto al amor de tu vida… claro que lo sé. Sólo ten un poco de esperanza, paciencia y resignación.

Meditó un poco las palaras de su eterno líder, como siempre en momentos de crisis, él tenía razón.

-Gracias Taichi.

-De nada pelirrojo. –bromeó. –Perdona, sólo May te puede decir así… y hablado de ella, acaba de despertar; Mimi y Hiromi fueron a verla. Creo que deberías ir.

Sólo asintió, dando una última mirada de amor a su bebé a través del vidrio.

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-Tranquila May, verás que tu bebé se pondrá bien. -alentó Mimi tratando de tomar su mano.

-Eso espero.

-Tú también fuiste algo prematura, y tuviste una vida de lo más normal. –comentó Ran, la madre de la primeriza.

Las tres mujeres que estaban visitando a Izumi trataban de darle ánimos o palabras que devolvieran la esperanza, pero a final de cuentas no era más que eso: palabras efímeras.

-¿Se puede pasar? –preguntó Koushiro abriendo la puerta y metiendo la cabeza en busca de autorización para entrar.

Las mujeres sonrieron accediendo a eso, haciéndose a un lado y permitiendo que los nuevos padres se vieran.

Mayumi intentó ser fuerte mientras sus amigas y madre estaban allí, pero en el momento en que vio a su esposo, simplemente no aguantó más y estiró sus brazos para buscar un abrazo por parte de él.

Koushiro aún batallaba algo en ser expresivo, pero con ella todo era más sencillo, por lo que le permitió apoyar su cabeza sobre su pecho y secar algunas lágrimas que empezaban a aparecer mientras él acariciaba su rostro.

-Los dejaremos solos unos momentos. Cualquier cosa que ocupen, aquí estaremos.

-Gracias Hiro, y muchas gracias por estar con May durante su problema.

-Ni lo digas, ella es como mi hermana mayor. –sonrió por ver a sus amigos.

En cuanto la puerta se cerró, May empezó a sollozar más fuerte apegándose a Izzy como si fuera su único salvavidas en medio de ese océano durante una tormenta al que habían sido arrojados brutamente.

-Perdóname… no fui suficientemente fuerte.

-Shh, calla. No va a pasar nada.

-¿Estás seguro? –levantó su cara para enfocar la mirada con la de él.

En cuanto sus ojos chocaron, Koushiro percibió el dolor que su esposa tenía. Con sumo cuidado le limpió las lágrimas causadas por incertidumbre y angustia. Besó su frente de la manera más amorosa que pudo y con esfuerzo, pero dedicación, le dio la mejor de sus sonrisas.

-Todo estará bien.

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"Todo estará bien"

Era la frase que se repitió una y otra vez durante esas semanas.

Y por fortuna, su bebé estaba fuera de peligro.

Había ganado peso y talla.

Habría sus ojos curiosos que seguían cualquier objeto que se atravesaba por su vista. Reaccionaba ante las voces que escuchaba, especialmente entre las de sus padres.

Mantener esa esperanza fue lo que le permitió ser feliz.

-Oh, mírala hijo, es tan parecida a ti. –observó Yoshie Izumi al cargarla.

-Pues, yo quería que se pareciera a May. –encogió sus hombros en señal de resignación, aunque también algo ruborizado.

-Yo sí quería que se pareciera a ti. –confesó May entregándole un biberón para que su suegra le ayudara a darle de comer a la recién llegada del hogar.

–Es una suerte que se haya recuperado.

-A mí me gusta pensar que fue un milagro. –manifestó dulcemente la nueva mamá.

-Un milagro… -Yoshie oscureció su mirada levemente y se entristeció.

Koushiro trató de entender a su madre, pero estaba demasiado feliz y tranquilo como para pensar en otra cosa que no fuera su pelirrojita.

En cuestión de momentos la madre de May también llegó de visita para ayudarle con unas cosas en la organización de la casa, por lo que dejó a madre, hijo y nieta a solas por unos momentos.

-Cuida muy bien a Chikako. –murmuró con la voz entrecortada, haciendo que por primera vez desde que llegó, Koushiro mirara atentamente a su madre y dejara de admirar a su hija.

-Lo haré mamá. Trataré de darle lo mejor del mundo. –afirmó sin titubeo.

-Un hijo es lo más preciado que puedes tener en la vida. Disfruta cada momento con ella, porque un día crecerá, se irá de tus brazos y no podrás evitarlo.

-Lo sé, pero espero que al menos falten veinte años para eso, así que mientras tanto… sólo quiero tenerla a ella y a May… ellas son lo mejor de mi vida.

-La verdad es que nunca llegué a pensar que te enamoraras tanto de una chica como para dejar de ver la computadora por un rato. Mayumi ha logrado lo que intenté hacer en veinticinco años, debo darle mis felicitaciones. –comentó con algo de burla.

-Ya…

Estaban demasiado absortos viendo a la pelirrojita mientras succionaba esa mamila que el ingeniero no se percató de las lágrimas de su madre hasta que escuchó un ligero sollozo.

-¿Qué pasa mamá?

Yoshie trató de ocultar sus sentimientos, pero simplemente esto pudieron más que ella.

-Lo siento hijo, sé que tú y tu esposa han pasado semanas difíciles y que he tratado de darles todo el apoyo que tengo, pero… esto para mí fue como volver a vivir lo que tantos años atrás tu padre y yo sufrimos.

Por un momento, Izzy había olvidado su verdadero origen.

-Hubo momentos en los que pensé que la historia se iba a repetir. Pensé que tu hija pudo haber muerto al igual que mi hijo. Él también fue prematuro, yo también pasé por el mismo problema que May, también estuvimos mucho tiempo en el hospital… tenía miedo a que ustedes sufrieran lo mismo que nosotros. –sollozó, sin dejar de ver a Chikako. –Por suerte han cambiado muchas cosas, medicamentos, tratamientos… y me alegra mucho que la historia pudo ser diferente contigo. Que así como yo cuide de ti con la ausencia de tus padres, tus padres cuidaron de mi Kiseki.

La vida no siempre es justa.

La vida y el destino hacen un plan algo extraño para sacar lo mejor de ti en las peores situaciones.

La sabiduría de la vida es precisa y exacta que acomoda las cosas para que resulten perfectas.

-Lo sé, gracias por compartir esto conmigo. –el reservado Koushiro comentó sin tener palabras exactas para decir.

-Lamento arruinar este momento tan importante en tu vida.

-Descuida… no has arruinado nada, sólo lo has hecho mejor. Lo has hecho perfecto, tan perfecto que me has ayudado a entender y valorar a mi hija y a mi esposa. Te aseguro que haré hasta lo imposible por cuidarlas. –prometió con lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta mientras pasaba el brazo alrededor de los hombros de su madre, permitiendo que esta apoyase su cabeza en el hombro de él.

- Estoy muy orgullosa de ti. Serás un gran padre, hijo.

Aunque se ruborizó algo, le llenó de emoción ese halago.

-Creo que Chikako se encargará de decirlo algún día, si es que lo dice.

"Y la verdad es que espero que sí lo haga."

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Las semanas continuaron pasando para convertirse en meses.

Chikako evolucionaba y crecía adecuadamente siendo monitoreada y seguida por sus padres y digimons.

-¿Ya se durmió? –preguntó con voz bajita el pelirrojo.

-Sí, acaba de dormirse.

-No alcancé a verla. –se decepcionó algo por haberse entretenido en el trabajo.

-Descuida, en tres horas se despertará.

Siguieron acariciando un poco a su niña mientras veían esa diminuta y pausada respiración de su pecho por unos breves momentos.

-¿Y Tentomon y Heiwamon?

-Se fueron al digimundo, quieren cuidar del digimon de Chika, y según lo que Joe dijo es que podía recobrar sus energías en ese lugar. –comentó tiernamente May. –Dijeron que regresaban en unos días, quisieron esperarte, pero se estaba haciendo más tarde.

Escuchó la breve explicación que su esposa dio. En seguida la miró fijamente. Vio cada una de sus rasgos físicos. Mayumi en verdad era hermosa, con un cabello negro que de momento estaba sujetado con una coleta dando a entender que se lo había hecho con prisas; ya no llevaba maquillaje en sus mejillas, aunque en realidad no lo necesitaba, sus párpados se medio cerraban por el cansancio, y tenía unas ojeras debajo de sus ojos miel por estar al pendiente de la niña.

Durante esos doce años que tenía de conocerla, nunca antes la había visto más hermosa que en esa noche.

Después vio a su niña. Esa niña de la que se enamoró aún cuando no la podía ni cargar, esa bebé que desde que fue anunciada llenó su vida de felicidad, ese fruto del amor que le tenía Mayumi, ese resultado entre la unión física máxima que existe entre un hombre y una mujer.

Era muy feliz, era demasiado feliz que casi lloraba por esa sensación que de cierta forma no podía creerse.

Definitivamente, ser feliz es lo mejor del mundo.

Por su parte, al notar que no recibía respuesta ni comentarios algunos, May dejó de ver a su bebé para ver a su esposo, quien la miraba embelesado.

-¿Qué pasa?

Él siguió sin decir nada.

-¿Kou?

Seguía inmóvil ante el descubrimiento que acababa de hacer. Esa sensación de paz que ellas emanaban inconscientemente lo llenó de esperanzas, de sueños, de amor… pero sobretodo, de seguridad por entender qué es lo que debía hacer.

Se acercó a May y la abrazó por detrás, de la misma forma que lo hizo el día en que se enteró del embarazo de ella.

-Gracias por esta felicidad que me permites tener. Nunca, nunca, nunca, ninguna ciencia o investigación podrá definir lo que siento en este momento gracias a ti y a nuestra hija. Sé que no soy el mejor esposo y la verdad tampoco sé qué clase de padre seré… -la de la Paz estuvo a punto de hablar, pero Kou se apresuró, poniéndose frente a ella y tomándole las manos. –Sólo sé que ustedes dos, ahora son lo más importante para mí. Te prometo que nada, nunca les quitará ese lugar en mi vida. Son lo mejor que tengo, mi mayor tesoro, mi mayor felicidad… siempre velaré por ustedes, por su seguridad y por su felicidad… no sé qué haría si me llegan a faltar.

-Pelirrojo… mi amor. –susurró levemente sobre sus labios para después darle un dulce beso repleto de amor; de un amor excepcional.

Sin embargo, antes de que ese beso se incrementara más, un berrido se escuchó justo a su lado, encima de la cunita rosa. Se separaron un poco, y antes de que la mujer cargara a la bebé, el ingeniero se adelantó.

-¿Qué pasa mi niña del conocimiento? ¿También quieres un beso?

Fue la ternura con la que cargó y habló, lo que hicieron que May sonriera aún más por la felicidad de tener por fin esa familia que siempre soñó y que de niña le fue negada.

-Le toca su medicina, iré a traerla. –dijo, aunque en realidad quería dejarle un rato a solas con la bebé para que éste le dedicara unas palabras así como lo hizo con ella segundos atrás. En cuando la arquitecta salió del cuartito, Koushiro pensó muy bien lo que iba a decir, pero no logró pensar en nada, simplemente hizo lo que pocas veces hacía, permitió que su corazón hablase.

-Te he comprado una computadora infantil.

Un inicio muy peculiar para hablar con una bebé.

-Me gustaría que hubiera un momento en el que tú y yo compartamos ideas y dudas sobre computación. Aunque no sé si te guste o prefieras el Ikebana como tu madre y Sora, sabes, creo que tú y su hija Aiko serán grandes amigas… tengo esa sensación, y pocas veces me equivoco. Cuando te vi en el hospital en esa incubadora y estabas rodeada de tubos y de ese respirador artificial, quise arrancarte todo para que no te hicieran daño. Por un momento me imaginé que te perdía y que no tendría la oportunidad de abrazarte como mereces, ni de cuidarte ni de responder todas las preguntas y los porques que sé algún día tu mente curiosa cuestionará. –se sentó en una silla que estaba cerca para que no le ganase la emoción. –Por un momento sentí lo que tus abuelos vivieron ante la pérdida de tu tío Kiseki. Sí, porque tienes un tío, nunca lo conocí, te hablaré de él cuando estés más grande y también de tus otros abuelos. No entiendo cómo es que Takeru y Hikari siguen de pie después de que su hijita murió, porque ahora que te tengo aquí, sé que si te pierdo, sería peor que perder mi vida, sería como perder las ganas de vivir.

Chikako Izumi había abierto sus ojitos azabache iguales a los de él, creando una conexión única e invisible sólo entre ellos dos.

-Me gustaría darte todo. Todo lo mejor, porque sé que te lo mereces. Quiero hacer tantas cosas mi niña, pero simplemente no puedo, no puedo porque no sé qué es exactamente lo mejor del mundo, pero lo que sí te puedo dar, a ti y a tu madre… -Koushiro levantó la mirada para enfocarla con la de May que estaba en el umbral de la puerta sosteniendo un pequeño gotero para darle la medicina correspondiente, quién tenía lágrimas en sus ojos causadas por la conmoción del momento. –Lo que les puedo dar, y que trataré de darles siempre, es lo único que en realidad tengo: lo mejor de mí.

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Fin

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Notas de la autora:

La verdad es que no tenía pensado una conti para el capi anterior, pero bueno… cuando escribí cierta escena de cierto fic que ando publicando en el que mencionaba que Chikako era prematura, pues me dije, ¿y cómo fue?, así que sólo empecé a pensar e idear, así que este es el resultado, además, que me sirve para hacer más guiños a mi universo que amo.. jiji

Que los mayas dijeron que hoy era el fin del mundo… mientras llega, sigamos siendo felices con lo mejor de nosotros :D

Muchas gracias por leer esta conti, de momento no tengo pensado otra cosa, pero a veces soy impredecible…

Dios los bendiga

**Amai do**

Publicado: 21 12 12