¡Estamos de vuelta! La idea es publicar una vez por semana los sábados pero nos habéis dado una respuesta tan buena que no hemos podido evitar publicar hoy. Además, sabemos que esta semana todos tendremos mono de la serie porque no hay capítulo, así que este es nuestro regalo.

Primero os contestamos a los comentarios que hemos recibido sin cuenta.

Guest: Nos alegra saber que te gustara pero, si vuelves a pasarte por aquí, contesta a nuestros juegos sobre quién lo ha escrito o qué capítulo quieres que sea el siguiente.

Mary Astorga: Si es que leeis nuestras historias en cada sitios… XD Como puedes comprobar, tu historia elegida ha ganado.

Alderaan: Brennan necesita relajarse y soltarse y, ¿con quién mejor que con Booth? Nos gusta que lo comentes y disecciones, nos ayudas a mejorar. Respecto a la respuesta 1: no te fíes de las apariencias. Respecto a la dos… tendrás que esperar al sábado ;)

¿Que quién escribió el capítulo anterior? *Redoble de tambores…* ¡annbones! Enhorabuena a las que acertasteis ( y a las que no, ¿qué esperan para leer nuestras demás historias para conocernos?)

Que sepáis que, aunque las dos discutimos todas las ideas, generalmente una de las dos las escribe y la otra las betea, "españolizando" o "argentinizando" palabras para darle más emoción a este juego. Y tampoco se guíen por quién publica o quién escribe esta introducción, porque no siempre es la autora del fic ;)

Por votación popular, Control de calidad ha resultado ganadora. Este control es sólo apto para mayores, pero podemos deciros los horarios en los que no vigilamos para que entréis tranquilas.

¡Disfrutad!

Disclaimer: Bones no nos pertenece, no ganamos nada, bla bla bla. Mejor así, porque según Hart Hanson y Stephen Nathan "Bones" es una serie familiar y este fic es de todo menos eso )

Capítulo 2: Control de calidad

Al bajar de la SUV, Brennan y Booth se dirigieron a la tienda de electrodomésticos ubicada al lado del centro comercial. Un cartel en la puerta anunciaba grandes rebajas y descuentos en acondicionadores de aire, pero a pesar de ello la tienda parecía absolutamente vacía.

- No parece que haya nadie – comentó Brennan bajando sus gafas de sol.

- Es la 1 de la tarde, Huesos, con este calor nadie sale a comprar – contestó el agente –. Sólo nosotros, padres ocupados con una hija a la que le dan berrinches en las tiendas.

Hacía unas semanas que la lavadora se había descompuesto y luego de varios intentos de Booth por repararla, habían llamado al técnico, sólo para descubrir que ya no funcionaría más y les convendría comprar una nueva.

Con ese objetivo, habían hecho varias visitas a distintas tiendas. La primera de ellas, un total fracaso, debido a la insistencia de Christine en ejercitar su recién aprendida capacidad de correr y la potencia de sus pulmones ante la prohibición. Las demás, interrumpidas por llamadas de trabajo.

- Démonos prisa, antes de que aparezca algún muerto por insolación – la apresuró Booth.

- Ni el Jeffersonian ni el FBI se ocupan de muertes por insolación, Booth – respondió la antropóloga.

Booth se bajó las gafas de sol y la miró. Al sol deslumbrante de aquel sábado, la contestación irónica que iba a darle se detuvo en sus labios. La antropóloga lucía la piel levemente bronceada, las mejillas sonrojadas por el calor y unas gotas de sudor se escurrían por su cuello perdiéndose en el escote de la sencilla blusa que llevaba. La mirada del agente bajó a las piernas, cubiertas por una recatada falda azul, y volvió a subir. Sin maquillaje, sin joyas ni otros adornos que el anillo de oro en su dedo, lucía para él más deslumbrante que muchas modelos.

La tomó de la mano y la guió hacia la tienda, pensando en que quizás, si la compra no les llevaba mucho tiempo, podrían regresar un rato a su casa y aprovechar que Christine estaba al cuidado de Ángela, jugando con su casi primo Michael.

Al entrar, la ráfaga de aire frío proveniente del acondicionador los golpeó con fuerza, y se detuvieron unos segundos, disfrutando la sensación.

En ese momento, el móvil de Booth sonó y él lo contestó con desgana, previendo una llamada de trabajo. Brennan se alejó unos pasos y le hizo gestos de dirigirse a mirar las lavadoras, mientras él hablaba.

Unos minutos después, Booth cortó el teléfono a una muy insistente vendedora de seguros y buscó con la mirada a su mujer.

La encontró de pie junto a una lavadora, rodeada de tres jóvenes vendedores, muy sonrientes.

Se acercó, a cada paso su semblante cambiando de expresión.

Por lo que parecía, los tres jóvenes estaban tratando de impresionar a la antropóloga, mientras ella muy concentrada no se daba cuenta del descarado escrutinio al que la sometían.

En ese momento uno de ellos señaló algo en la parte inferior de la máquina más cercana, y Booth llegó justo para colocar su mano en el hombro de la científica, evitando que se inclinara.

Sonrió, lo justo para mostrar su dominio ante los otros machos, y le habló en tono cariñoso.

- ¿Algo que te guste, cariño? – preguntó.

-En realidad, ninguno de estos modelos me convence – contestó Brennan mientras observaba las lavadoras, totalmente inconsciente de las miradas decepcionadas de los dependientes de la tienda.

- ¿Por qué?

- Ninguna es lo suficientemente eficiente en su consumo de agua y de energía – respondió, mientras seguía inspeccionando las máquinas.

En ese momento, un vendedor también joven pero más adulto que los demás, se acercó con aires de importancia.

- Buenos días, soy el encargado de este sector, ¿en qué puedo ayudarlos? – preguntó mientras con un gesto despachaba a los demás.

- Estamos buscando una lavadora, pero ninguna de estas nos resulta adecuada – contestó la antropóloga.

- Bueno, como les dije, soy el encargado. Tenemos algunos nuevos modelos que no hemos podido aún colocar en exhibición, pero puedo llevarlos hasta el depósito para que los vean – sonrió el hombre con afectación –. Es un honor tener con nosotros a una famosa escritora – volvió a sonreír y tomó la mano de Brennan con intenciones de besarla, a lo que la antropóloga se sobresaltó y Booth carraspeó.

- Muestrenoslas, por favor – pidió con su voz más cortante.

El hombre abrió el camino hacia una puerta situada detrás de las cajas registradoras y reveló una escalera que descendía hacia un enorme depósito.

- Las lavadoras están por aquí – indicó, mostrando el pasillo más apartado hacia la derecha. Se apartó para dejarlos pasar y Booth se giró justo a tiempo para encontrarlo mirando con descaro las piernas de Brennan.

Le dirigió una mirada intimidante, pero el hombre no se dio por aludido y continuó hablando de los nuevos modelos recibidos mientras avanzaban por el pasillo.

La luz era escasa en aquel lugar, sólo unas lámparas colgadas del techo que dibujaban sombras sobre las cajas y artefactos allí guardados.

Por fin llegaron al sector más apartado, rodeado de altas estanterías con electrodomésticos, y allí encontraron varias formas cuadradas envueltas en plásticos transparentes.

Con un cúter de bolsillo, el vendedor cortó la cubierta de la lavadora más cercana y comenzó a explicar sus características cuando una voz airada los interrumpió.

- Señor Jones, lo necesitamos en el salón – tronó la voz - ¡Ahora mismo!

Visiblemente nervioso de pronto, el vendedor se disculpó y desapareció casi corriendo por el pasillo.

Al llegar al final, se giró unos segundos para gritar: ¡Enseguida vuelvo!

Booth y Brennan oyeron sus pasos retumbando en el depósito mientras subía las escaleras y se miraron con una sonrisa cuando al fin desapareció.

- ¿Qué te parece, Booth? – preguntó la antropóloga mientras comenzaba a examinar la lavadora.

Se inclinó para leer las características, impresas en un papel colocado al costado de la máquina, y Booth pudo observar su escote y el inicio de sus pechos.

- Me parece bien… me parece muy bien – contestó, la mirada fija en aquel punto y comenzando a sentir una inoportuna erección.

La antropóloga se enderezó ante la despreocupación en el comentario para encontrarse con su compañero y esposo observándola de pies a cabeza, la mirada de un depredador en sus ojos.

- ¡Booth! - exclamó con una sonrisa divertida.

- ¿A ti te gusta esta?- inquirió el agente acercándose a ella.

- No lo sé bien aún – respondió, intentando descifrar el estado de ánimo de su compañero, que ahora estaba de pie frente a ella, su mirada fija en sus labios, totalmente distraído del objetivo de compra –. Es mejor que las demás, pero…

No pudo seguir hablando, los labios del agente la interrumpieron devorando su boca con ansias, mientras sus manos la rodeaban por la cintura posesivamente.

"No es que me queje", pensó, dejándose llevar por la pasión del beso.

- Booth… - trató de hablar cuando los labios de su compañero pasaron a su cuello –. Booth, la lavadora – musitó, tratando de concentrarse.

- Oh, sí, la lavadora – susurró el agente en su cuello, enviando un escalofrío a través de su piel -. ¿Quieres probarla? – preguntó en voz baja y ronca.

- No podemos… ¡Oh! – exclamó cuando él la tomó con fuerza por la cintura y la subió encima del aparato, sus piernas abiertas rodeando las caderas de él, que permaneció de pie, imposiblemente pegado a ella.

- El día que lo hicimos en casa me faltó algo – susurró él en sus labios, mientras una de sus manos se deslizaba desde su rodilla hacia arriba por debajo de la falda.

- Booth… - la antropóloga miró alrededor con inquietud, mientras el agente aprovechaba el gesto para morderle suavemente el cuello.

- No hay nadie y cuando vuelva ese tipo arrogante lo sabremos – respondió el agente, besándola ahora en los labios mientras su mano llegaba a las bragas de la antropóloga que no pudo evitar un suspiro contenido.

- ¿Sabes? – preguntó él, deslizando su boca despacio por el hombro de Brennan mientras ella se aferraba a su espalda – Te ves condenadamente sexy.

- He usado esto mismo muchas veces, Booth – respondió la antropóloga, mientras comenzaba a respirar más rápido ante la estimulación de la mano del agente acariciando sus muslos.

- Esos muchachos de ahí afuera piensan lo mismo que yo – respondió él, mientras con la mano libre acariciaba un seno por encima de la ropa.

Brennan permaneció en silencio unos segundos, apenas respirando agitadamente, mientras Booth deslizaba su mano por dentro de la blusa. Haciendo presión hacia arriba hizo asomar el pezón por encima del escote y dirigió allí su boca, succionando ávidamente.

- Oh, Dios… - susurró la científica -. Con su mano se encargó ella misma de bajar más el escote de la blusa y el sujetador, y Booth aprovechó para lamer todo el contorno del pecho.

Brennan se arqueó hacia atrás, una corriente eléctrica disparándose del punto que la boca de Booth acariciaba, directo hacia su clítoris.

El agente aprovechó el movimiento y profundizó sus atenciones al seno de Brennan mientras con la otra mano deslizaba un dedo bajo las bragas.

La antropóloga se estremeció cuando el dedo de Booth jugueteó en la entrada de su vagina, acariciando delicadamente sin dejar de succionar su pecho.

En el depósito silencioso, los suspiros de Brennan se escuchaban bajos pero claros.

La antropóloga se mordió el labio y cerró los ojos con desesperación cuando el agente introdujo dos dedos en su interior, moviéndolos con destreza. Podía sentir la humedad que manaba de ella, y por un momento temió dejar marcas sobre la lavadora.

Todo pensamiento racional se escapó de su mente cuando el agente mordisqueó su seno delicadamente, los dientes estimulando la sensible carne hasta el límite. El calor se apoderó de su cuerpo, y comenzó a mover las caderas al ritmo de la mano de Booth.

- Oh, sí, Booth… - suspiró apenas, con los dientes apretados.

- Ssshhh… - susurró el agente contra su pecho, su aliento haciendo estremecer su piel – Por favor, déjate llevar – le pidió, levantando la mirada para encontrarla con la de ella –. Por favor – volvió a rogar, su voz un susurro ronco –. Quiero verlo.

Con esas palabras, el agente volvió a hundir la cabeza en el pecho de ella, tironeando del pezón, dejando sus dedos resbalar en su interior con fuerza.

En segundos pudo empezar a sentir las contracciones de Brennan y aumentó el ritmo con que la masturbaba, girando los dedos en su interior, succionando con avidez el pecho, mientras ella se cubría la boca con una mano y se mordía los dedos para no gritar, su otra mano aferrada al hombro de él con fuerza.

Le llevó menos de un minuto a Brennan correrse con fuerza, alzando las caderas, moviéndose en espasmos que Booth pudo percibir claramente, hasta que su respiración se normalizó.

- Dios… - musitó, mientras se sujetaba de los hombros del agente, apoyándose en su pecho.

- Sexy – susurró Booth en su oído.

Con delicadeza extrajo los dedos de su interior y le acomodó las bragas. Brennan acomodó su blusa, mientras el agente con una mirada de inocencia se llevaba los dedos a la boca.

La antropóloga abrió los ojos ante el gesto y pudo notar perfectamente la lujuria volviendo a crecer en su interior.

El sonido de una puerta cerrándose los sobresaltó a ambos, rompiendo la conexión de miradas que mantenían.

La antropóloga se bajó de un salto, mientras se acomodaba la falda y Booth sacó un pañuelo de su bolsillo trasero, terminando de limpiarse las manos con él.

Sin esperar a que los pasos terminaran de acercarse, ambos se encaminaron a la salida, encontrándose con el vendedor a mitad de camino.

- Tenemos que irnos – explicó Brennan apresuradamente, mientras Booth agregaba algo de su hija y el FBI.

- ¡Ha sido un placer! ¡Regresen cuando quieran! – gritó el vendedor a las espaldas de la pareja que se alejaban rápidamente.

Como una exhalación, la pareja cruzó la tienda sin una palabra, y se apresuró a la SUV.

Una vez adentro, Brennan sacó su móvil y marcó un número.

- ¿Ángela? Vamos a tardar un poco más de lo planeado, ¿de acuerdo? – pidió a su amiga, mientras el agente aceleraba a todo gas.

FIN

El siguiente capítulo será "A sus órdenes".

Seguid enviándonos vuestras opiniones, comentarios, sugerencias… Y, por favor, decidnos quién creéis que lo ha escrito ;)

Saludos desde la otoñal España y la primaveral Argentina