Los personajes no son míos. Solo la historia lo es ¡Te odio Meyer! ¡Porque ha creado a Hombres/Vampiros/Lobos tan irresistible! ¡Yo también quiero uno!... A ti también te odio Bella Swan, ¡Yo también quiero un Edward Cullen!


Ella se había entregado por completo.

No había sido difícil seducirla e incentivarla con unos pocos besos, logrando guiarla hacia el recóndito y oscuro rincón en el lugar más lejano de la mansión. Una pequeña parte de su ser, se había sentido decepcionada por aquella facilidad con la cual había logrado alejarla de aquel lugar.

Suspiro molesto al recibir un fuerte golpe en su espalda, justo en el momento que ella lo empujaba fuertemente contra la pared. Parecía encontrarse eufórica. Confirmo sus sospechas en cuanto las delicadas manos de la muchacha se movieron hacia la hebilla de su cinturón, logrando que todo pensamiento racional o recatado desapareciera casi en el acto.

Una sonrisa cómplice se formo entre sus labios a la vez que con una movimiento rápido y sencillo, la aprisiono contra la pared en la que segundos antes él estaba recostado.

—Te encuentras muy ansiosa. — murmuró mordisqueando a lo largo del delicado cuello, ganándose una mirada molesta por parte de la castaña de rasgos delicados y labios carmesí.

— No me jodas, si resultaste ser todo un genio. — el frustrado comentario mordaz, solo logro que la melodiosa risa del chico, se hiciera presente en el preciso instante en el que la tomaba de los muslos, alzándola, para apoyarla sobre la fría pared. Ella envolvió sus torneadas piernas alrededor de su cadera sintiendo como las grandes manos del muchacho acariciaban su trasero...

Un sonido de cristales rompiéndose los distrajo, más solo bastaron menos de cuatro segundos para que un fuerte risa que se debatía entre nerviosa y avergonzada rompiera aquel repentino mutismo que se había instalado entre ambos.

Edward fue el primero en retomar la situación, apoderándose de su pequeña boca de manera casi salvaje. Continúo besándola, alejando cualquier pensamiento que habitara su mente. Recorrió con su lengua, el suave contorno de su boca, mientras que una de sus manos se hacía camino por en cálido centro de la muchacha. Ella lanzo un pequeño grito, seguido de otro, en el momento exacto en el que él la penetro, comenzando un rápido vaivén…

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La mirada de Jacob se había perdido hacia en donde Kristie guiaba a Bella entre la multitud, y sin siquiera ser necesario el uso de palabras, ambos acordaron cuidarla esa noche. Después de todo, rechazar los excesos que aquella noche les ofrecía no era visto, por ninguno de los dos, como un gran sacrificio.

Es tu turno. Logró leer en oscuros ojos de Jacob, mientras esté se disponía a sonreírle a una treintañera que no había apartado su mirada del chico desde el primer momento. Palmeo la espalda del moreno con más fuerza de la necesaria, al parecer a uno de los dos, si le parecía un gran sacrificio estar pendiente de Bella aquella noche, y de alguna extraña manera, lo entendía, porque, quién querría estar en aquella fiesta aun sabiendo que maquiavélicos planes se disfrazaban entre tanto mar de sostificación.

— Suerte,primo.

No creyó necesario esperar a escuchar el egocéntrico comentario de Jacob, por lo que sin perder de vista el vistoso recogido que Kristie se había hecho en el cabello, comenzó a seguirlas. Emmett sonrió al ver como Kristie le torcía el gesto, más no por ello dejo se rodear la cintura de su pequeña castaña de manera protectora, tal vez, y si tenía suerte, todos aquellos hombres que habían comenzado a observar la piel desnuda de su prima, malentenderían aquel gesto como el de un amante protegiendo a su exquisita damisela.

Solo bastaron pocos pasos para llegar hacia donde la pelinegra se había encontrado guiándolos. Charlie Swan, rodeado de un pequeño grupo de personas, los esperaba con un magnifica sonrisa, tan deslumbrante como aterradora.

El brazo de Emmett se deslizo por el brazo de la castaña, hasta lograr entrelazar sus dedos, en un agarre que por sobre toda las cosas le brindaba su apoyo y su amor. La sonrisa tímida de ella le fue suficiente para continuar con el paso que le faltaba para acercarse del todo a las personas que los esperaban con ansiedad. Charlie se adelanto un paso, posicionándose al lado de su hija, alejando así cualquier contacto que está pudiera tener con Emmett.

— Isabella, te estábamos esperando — el musculosos muchacho, observó, curioso, como el hombre rodeaba los hombros de Bella, en un gesto que pretendía ser orgulloso, por primera vez en años. — Señores, les presento a mi primogénita, Isabella Marie Swan.

— Tienes una hija hermosa. — comentó un anciano con galantería a su vez que todos los presentes asentían de acuerdo. Frunció el ceño casi por instinto. Su pequeña prima, rodeada de hombres, en manos de Charlie. Aquello despertaba al cien por ciento el instinto protector que tenia para con Bella. — Se parece tanto a Renee. — un bufido abandono sus labios. De todas las cosas que aquel hombre pudo había dicho, aquella era la peor. Renee. Acaso los Americanos, sabían cuál tema sacar a relucir para hacer trizas a una persona. — Dos gotas de agua. — la respuesta del hombre fue suficiente para que su pregunta fuera contestada afirmativamente.

— Como les decía, Isabella ha llegado hace poco de Inglaterra. — si bien, Emmett, no sentía simpatía por su tío, debía de admitir que era bueno para cambiar el rumbo de las conversaciones. O al menos, tenía la suficiente experiencia como para que los demás no notaran sus intenciones. Y eso era jodidamente peligroso.

El aburrimiento es el primer paso a la desesperación, había escuchado decir a su madre… ¡Y cuánta razón tenía! Luego de que Esme Cullen y su esposo, Carlisle, se unieran al pequeño grupo que disminuía con el correr del tiempo, Emmett había optado por desligarse de la conversación que estaba tomando rumbos políticos. Aquello lo aburrió.

A decir verdad, no sabía con exactitud cuánto tiempo había pasado, porque él solo podía ser consciente de cuanto le dolían los pies. Observo a los hombres, jóvenes y adultos entrados en años, que seguían alabando la belleza e inteligencia de su prima, cada vez con menos insistencia, pues la mirada fulminante que Charlie les dirigía era escalofriante.

— Quieres bailar — la suave voz del chico la hizo sonreír. Pudo notar, que detrás de esa brillante mirada, el aburrimiento hacia acto de presencia. Se aprovecho de la situación, asintiendo ligeramente, y tomando una de sus manos. Balbuceó una torpe disculpa, mientras se alejaba del lugar de la mano de Emmett — ¡Jesús, Bella, creí que moriría allí! — Rió con ganas al escucharlo exclamar con el melodramatismo digno de una damisela — Me duelen los pies. — Añadió — Además, ¿Cómo se supone que soportas estar parada con esos zapatos?

— Los zapatos solo representan un problema para mí, solo caminar, ¿Recuerdas? —una traviesa y gran sonrisa se dibujo en el rostro de él. Ella le frunció el ceño, lanzándole una mirada acusadora. Emmett no pudo evitar reír sin delicadeza, soltándose estruendosas carcajadas que llamaron la atención de las personas a su alrededor. Bella se sonrojo, incrementando de algún manera la risa del chico.

— Cariño, culpa al juego, no al jugador.

— ¿De verdad? Solo me has salvado de aquel martirio con el único objetivo de burlarte de mí — inquirió con indignación, mientras su mirada paseaba por todo el salón, intentando que nadie escuchara aquel intercambio de palabras — Porque si es así, déjame decirte, Emmett McCarty que es muy inmaduro y…

— Tienes razón.

— No me des la razón como a los niños.

— No lo hago, cariño — replicó él, volviendo a guiarla por el salón hacia la puerta que hacia quince minutos atrás, observaba con anhelo. Ella negó casi con rendición, dejándose guiar por entre las personas que se movían con el lento vaivén a medida que las notas del piano se tornaban más suaves. Sus ojos se mostraros confundidos en el momento exacto que el frió aire nocturno de New York golpeo contra su cuerpo. Emmett sonrió — Ambos necesitábamos alejarnos de aquel lugar — admitió, cerrando la puerta de fino cristal — Además, jamás me arriesgaría bailar contigo y tus dos pies izquierdos.

— ¡Emmett! — chillo de manera aguda, realmente indignada por aquel comentario. Él se encogió de hombros, restándolo importancia al asunto, cabreando mucho más a su pequeña prima que parecía echar humo por las orejas — Yo no me burlo de tu…

— ¡Shh! — Le chisto con pánico, cubriendo la pequeña boca de la chica con una de sus manos — Dijimos que jamás hablaríamos de ello, ¿Recuerdas?

— Y tú prometiste que no habría más burlas, Emmett. Ya me siento lo suficiente avergonzada por cómo me encuentro vestida delante de personas que siquiera conozco, no necesito sentirme avergonzada de más cosas.

— Tienes razón, lo siento mucho, cariño, pero ya es costumbre.

— Desacostúmbrate.

— No puedes pedirle a una cebra borrar sus rayas.

— No, pero puede pedirle a un puma que la liquide, y ambos sabemos quién es el puma en esta historia. — corrigió con una sonrisa victoriosa, sumiéndolos a ambos en una pequeña guerra de miraditas que terminaría por ganar ella. Un suspiro derrotado escapo de los labios del chico.

— Entendido. No mas burlas para Bella-Patosa-Swan.

— ¡Emmett!

— ¿Qué? — preguntó con una falsa inocencia, que incluso podría ser creíble si no fuera por aquel brillo divertido que resplandecía en su mirada.

El pequeño y fuerte puño de la castaña choco directamente contra el brazo derecho de él, quién dramatizo el dolor que realmente le había causado, sintiéndose ligeramente orgulloso por haberle enseñado a golear como toda una pandillera.

— Entraré.

— Pero… ¿Por qué? — Preguntó, lastimero — Nos estábamos divirtiendo, Bella. Quédate. — de manera tierna, el labio inferior del chico sobresalió en un arrebatador puchero que derretiría al tempano de hielo más resistente…

— No —… pero no a Isabela Swan. Esta vez fue el turno de Emmett de sentirse indignado por la aparente inmunidad de Bella para con sus tretas. La observo, pidiéndole una explicación por su negativa — Tengo frió, y dudo que quedarme fuera ayude a que mi cuerpo tome calor.

El comentario de ella lo hizo tomar conciencia de que la castaña solo se encontraba cubierta por el vestido, que a simple vista no parecía ser en absoluto abrigador. Asintió con entendimiento mientras se quitaba la chaqueta del traje para colocarla sobe los suaves hombros de ella.

— ¿Mejor? — froto sus hombros sobre la chaqueta, mientras ella se la colocaba de manera correcta. Tuvo que morder su lengua para no largarse a reír allí mismo. Realmente ella le parecía muy graciosa enfunda en una chaqueta dos tallas más grandes, observándolo con un mirada que pretendía ser amenazadora; y lo sería, si no fuera porque su cuerpo comenzaba a titiritar debido al frío.

— Si

— Genial — murmuró, observándola caminar por la terraza hacia los peldaños de piedra que conectaban la terraza con un cuidado y verde jardín digno del palacio de Buckingham. La siguió con la mirada hasta el momento exacto en el que la observo tastabillar.

Como una niña… — pensó, colocándose a su lado, para rodearla en un fuerte abrazo. Un abrazo de oso, como solían decirle cuando niños.

No sin cierta melancolía, rememoro las incontables veces en las que Jacob y él le manifestaban su enojo a su madre. Ellos querían que Bella fuera su hermanita. Una pequeña hermanita que les hiciera la vida imposible, obligándolos a vestir de princesas, una a la que pudieran malcriar; una hermanita que viviera con ellos bajo el mismo techo, pero, para su desgracia, ambos, como niños que eran, habían pasado por alto muchas cosas, entre ellas, el que Isabella Swan, bajo la estricta orden de su padre, vivía en un prestigioso y aburrido internado para chicas al cual solo le eran permitidas las salidas solo en vacaciones o en épocas festivas.

Aun y pese a los meses de mantenerse alejados, Emmett podía asegurar que pese a todo, Bella, era su pequeña hermana menor, y tal como habían prometido con Jacob, ellos la cuidarían, incluso de ella misma y su torpeza.

Sonrió por aquel pensamiento. Bella era la torpe. Jacob, pese a autoproclamarse el bromista del grupo, desde su perspectiva, solo era un tío buenas tácticas para conquistar chicas, y él, Emmett McCarty…

— ¿Qué soy? — le preguntó a la castaña sin poder encontrarse con una definición con la cual lograra identificarse del todo. Bella lo observo confundida, aun no sabiendo de qué iba aquella pregunta. Al notar aquello, se vio en la obligación de explicarle el por qué se su pregunta, obteniendo sus divertidas risas como respuestas. — No es gracioso.

— Por supuesto que sí — aseguro ella — Tú eres la torpe, Jacob es el tío que sabe conquistar chicas, tal vez incluso ingenioso, pero, ¿Yo? ¡Santo cielo, Bella! No existe definición suficientemente buena para mí. Soy guapo, valiente, carismático, ¡Soy perfecto! — siguió fingiendo la voz del muchacho.

— Eres una desastrosa imitadora.

— Y tú crees que eres valiente. Le tienes miedo a los saltamontes, Emmett. Valiente — se mofó, comenzando reír.

— Oh, es tu fin. — gruñó por lo bajo, aprovechando el hecho de aun tenerla rodeada con uno de sus brazos para comenzar despeinarla haciendo fricción con uno de sus puños sobre el pelo de ella. Bella chilló de dolor, propinándole un fuerte puñetazo en el estomago que lo dejo sin aire, hasta el punto de verse obligado a doblarse no solo por el dolor, sino también por la desesperación ante la falta de aire.

— Lo siento, Emmett.

— T-ú…

— Pero tú tienes la culpa, yo…

— Esto es la guerra — el fuerte alarido de Emmett fue un claro indicio para indicarle que aquel momento era el ideal para una rápida y efectiva huída. — ¡Vuelve aquí, mocosa!

Era tarde. Observo como la esbelta figura enfundada en aquel delicado vestido rojo se alejaba a cada segundo que pasaba, como si su vida dependiera de ello. ¡Y claro que dependía de ello! Él se encargaría de vengarse de aquella astuta mocosa.

Se levando de un salto, intentando recuperar un poco de la dignidad, que como hombre, se había visto perdiéndola al ser golpeado de tal manera por una pequeña castaña esbelta que, incluso casi había logrado que se largara a llorar.

Casi ríe al notar como sus ojos aun se mantenían vidriosos. Sin embargo, algo más perfecto, más cálido y mucho más sensual capto su atención. Una risa. Pese a querer gruñir de dolor, solo se pudo sentir sonreír a escuchar tan perfecta melodía. Volteó su cabeza hacia el lugar de donde provenía el sonido.

Aun con la respiración entrecortada, Emmett volvió a sentir otro fuerte golpe que nuevamente lo dejo sin aire. Deslumbrante, hubiera sido una palabra insignificante para definir a la hermosa mujer de larga melena rubia y ondulada, poseedora de un cuerpo inhumanamente perfecto, proporcionado y escultural. Pero, después de todo, tal vez él si se hallaba deslumbrado, por qué, qué otra explicación lógica existiría para justificar su estúpida sonrisa y ese: ˂˂Eres un ángel. El más hermoso que jamás podrá existir; que había soltado sin pensar, logrando que la pequeña mujer con fracciones de duendecillo que acompañaba a aquella divinidad riera con diversión.

Se insulto mentalmente, intentando, esta vez, por segunda vez en la noche, recuperar un poco de dignidad perdida, ahora, por culpa de su maldita bocota. Suspiro, acercándose hacia las mujeres que aun lo miraban con diversión

— Al parecer tu Julieta huyo, Romeo — al escuchar el comentario burlón de aquella chica no puedo hacer otra cosa que rogar por qué siguiera hablándole para así poder volver a embriagarse con su voz.

Idiota. Se dijo al notar cómo, luego de no contestarle, ahora la chica rubia lo observaba con molestia.

— Emmett McCarty. Me llamo Emmett, y ella no es mi Julieta, solo es mi pequeña y molesta primita con complejo de boxeadora profesional — intento bromear, haciéndola reír. Nervioso, intento ordenar su despeinado cabello, manía que odiaba pues la mayoría de las veces solo lograba despeinarse aun más, ganándose un aspecto de vagabundo. Tener rizos era un infierno para él. — ¿Y tú eres?

— Yo soy Alice Cullen — interfirió la pequeña ante el repentino mutismo de su amiga — Y ella es Rosalie Hale. A Rosalie le gustan los autos, las películas de terror, las de comedia, y las románticas, aunque jamás admita esto último. — Susurró lo último bajo la divertida mirada gris del chico — Tiene un carácter de miedo, y puede golpear mucho más fuerte de lo que lo hizo tu prima, así que ten cuidado.

— ¡Alice!

— Es tu turno de averiguar lo demás, Romeo — la pequeña Alice hizo una señal con su mano, pasando por su lado para dirigirse hacia el interior del salón — Mi trabajo está hecho, ¡Cuida a tu Julieta! — fue el gritó que le dirigió la pequeña duendecillo antes de cerrar la puerta de cristal. Ambos observaron cómo ella danzaba entre las personas, logrando abrirse paso hasta desaparecer de sus vistas.

Un repentino silencio los sumió a ambos en un incomodo momento. Rosalie abrió su boca para decir algo, pero solo basto una mirada por parte de Emmett para que ella decidiera callar, avergonzada por la situación. Su rostro, terso y libre de imperfecciones, adornado por un sensual lunar sobre el lado izquierdo de su labio superior, comenzó a tornarse rojizo.

Emmett sonrió enternecido por el repentino sonrojo de la chica, no pudiendo evitar intentar recordar cuándo fue la última vez que una mujer, que no fuera Bella, se sonrojaba frente a él.

— Así que… eres una chica de temer, he. — se escuchó decir, intentando utilizar un tono casual. La sonrisa divertida que ella le dedico no pudo hacer más que confundirlo, ¿Acaso era sonreía por qué lo creía un idiota o por el contrario, lo encontraba divertido?

— No lo sé, tendrás que averiguarlo… Emmett McCarty.

— ¿Averiguarlo? — Inquirió él, riendo con emoción — Rosalie Hale, prácticamente acabas de otorgarme tu autorización para ser tu sombra. — Emmett, murmuró, lo suficientemente cerca de ella como para invadir el espacio personal de la rubia. Aun en contra de todo lo que él creía que ella haría ante la tan atrevida y repentina actitud de él, ella acorto aun más la distancia entre ambos, dejando su rostro a dos palmos de distancia.

— ¿Y quién dijo que eso me molestará, Emmett McCarty? — muy lentamente, intentando siquiera respirar para no arruinar el momento que compartía aquel muchacho de ojos grises y acento Inglés, Rosalie volteó sobre sus talones, observándolo sobre su hombro derecho, invitándolo a que la siguiera…

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No había pasado mucho tiempo que luego de ya haberse cansado de huir de Emmett, decidiera volver a ingresar al salón. Poco pasó para que nuevamente ella volviera a ser el foco de atención de los presentes.

— Deberías visitar el Central Park. Es maravilloso de noche, casi mágico podría decir — aseguraba la tímida muchacha de piel acaramelada y fracciones dulces. Bella recodó que la chica se había presentado como Ángela Webber. Y fue incapaz de no seguir la amena conversación con Ángela, una de las pocas personas que parecía no querer saber nada de su vida, por el contrario, tenía la increíble amabilidad como para darle su espacio, ofreciéndole de alguna extraña manera la opción para que ella hablara de lo que quisiera. Bella estaba segura, llegaría a apreciar mucho a Ángela. — Todos los sábados por la noche llevó a mis hermanos, Josué e Isaac, a patinar al Central Park, tal vez, algún día deberías venir.

— A decir verdad, me encantaría. Además, tus hermanos son unos niños magníficos. Será divertido— admitió sin una pizca de falsedad. Ambas muchachas sonrieron con camaradería, sintiéndose cómoda la una con la otra. Fue inevitable para Bella, observar por el rabillo de ojos como unos pequeños torbellinos de menos de un metro cuarenta de altura, corrían por alrededor de las mesas, ganándose las miradas molestas de algunos comensales. Sonrió ante tal escena — Londres era mi hogar y realmente lo conocía como la palma de mi mano, pero New York…

— Asusta — termino de decir la castaña con tonalidades de color miel. Bella asintió, no pudiendo encontrar palabras más perfectas para describir su sentir para con aquella cuidad. La gran ciudad. — Entiendo tu punto, pero veras como nos divertiremos, además, mis hermanitos nos mantendrán entretenidas.

— Los amas mucho, ¿Verdad?

— Por supuesto. Suelen volverme loca ya que son muy exigentes y… ruidosos, pero los adoro con todo mi alma. Nos- — su oración se vio interrumpida, al igual que toda actividad que se llevara a cabo en el salón, luego de que ambos niños, tras correr alrededor de una mesa, literalmente, pasaran por encima de uno de los invitados; El hombre, en un intento por resultar menos dañado por aquellos pequeños bribones, no pudo hacer otra cosa que lanzarse hacia un costado, luego de haber sido empujado por uno de los niños. Tal fue su mala suerte, que en ese preciso momento, y aceptando su inminente caída, el chico colisiono con un señora, y está avergonzada y asustada por tal repentino contacto, soltó las copas que sostenía entre sus manos.

El muchacho accidentado, no pudo evitar reír divertido, aligerando un poco el silencioso ambiente que se había instalado en la habitación. Poco falto para que la misma y esbelta mujer, riera con aun más fuerza que el hombre, claramente avergonzada.

— Lo siento mucho, señorita — le dijo el muchacho, soltando un poco el cuerpo de la mujer. Ella asintió, restándole importancia. — Déjeme buscarle otra copa

— Oh, no será necesario. Estoy segura que mi esposo ya se debe de estar encargando se ello — la verde mirada de la mujer se dirigió hacia el lado sur del salón, en donde inmediatamente pudo distinguir el blanco cabello de su esposo, ya entrado en años, mientras este se acercaba con otras dos copas. — Es la última vez que voy a buscar nuestras bebidas — fue lo último que le dijo a su marido, mientras este le entregaba una copa. El muchacho, aun frente a ella, no puedo hacer otra cosa que volverse a disculparse.

Se alejo de aquella pareja, volviendo a disculparse con la pobre mujer por aquella escena.

Aun más avergonzado de lo que jamás creyó poder sentirse, aligero sus pasos, sintiendo como algunas personas lo seguían con la mirada. Y es que no los culpaba, no era para menos, si incluso había sido uno de los personajes principales de una típica escena de una película de Woody Allen.

Miró hacia su izquierda, más precisamente a la muchacha que mordía sus labios en un vanó intento por ocultar su creciente diversión. No pudo evitar poner sus ojos en blanco. Asió la mano de la chica, dándole un pequeño pellizco en el torso de ella.

— Es de mala educación burlarse de las personas. — argumentó, encogiéndose de hombros ante las quejas de la chica. — ¿Adonde se supone qué fue tu acompañante? — giro su cabeza hacia su alrededor, realizando un cuidadoso rastrillaje en busca de su objetivo. Los achocolatados ojos de la chica, rodaron sin delicadeza alguna, ganándose una nueva mirada por parte del chico.

— Si te refieres a Emmett, no lo sé. Desapareció…

— ¿Luego de qué? — inquirió al notar como intentaba rehuir su oscura mirada. Ella bufó con indignación, negándose a responder, más no fue necesario pues Jacob ya sospechaba que aquella misteriosa desaparición se debía a las tan comunes peleas callejeras realizadas por Emmett y Bella, para enfrentarse. Ensancho su sonrisa al imaginar al grandulón ser derrotado por la pequeña, otra vez — Solo dime que mañana no aparecerá en las noticas como el sujeto muerto en el riachuelo.

— Nunca lo escucharas de mis labios — bromeó ella, pellizcando su mejilla izquierda. Jacob negó divertido, sintiendo como su mejilla era manipulada por la blanca mano de ella. — Y por cierto, si te refieres a Ángela como ˂˂mi acompañante˃˃, déjame decirte que fue en busca de los gemelos, sus hermanos, los niños que lograron que gritas como niñita.

— No grite como niñita — la rápida respuesta de él, más chillona que masculina, logro que Bella comenzara a reírse a costas del moreno. — Eres insufrible — el rostro de la castaña se ilumino con una sonrisa traviesa, mientras se colgaba de uno de los musculosos brazos de su primo. Este la observo a la defensiva, extrañado por el repentino entusiasmo de ella por comportarse de manera cariñosa. Algo tramaba — ¿Qué es lo que quieres?

— Tengo el abrigo de Emmett colgado en el respaldar de una silla. La de allí — señalo, con una disimulada señal de su cabeza, la mesa principal que se encontraba a más de seis metros del salón. Y Jacob no pudo pensar otra cosa que no fuera las grandes dimensiones del hotel en la que se celebraba la fiesta de bienvenida. — Puedes recogerlo por mí.

— Oh, no. Olvídalo. He visto esto en las películas. No quedare pegado en un crimen que no cometí — aseguró — Por qué eso quieres, verdad. Yo, tu fiel camarada, iré en busca de ese abrigo, y la mitad de los invitados me verán, entonces, mañana, en cuanto me despierte ¡Bum! Emmett aparecerá muerto y sin su abrigo, y todos se preguntaran quien es culpable, ¿Y a quién culparan? ¡Al tipo que paseo por todo el salón con la chaqueta del hombre que murió!

— ¿Has terminado de decir estupideces? — dejo escucharse con tranquilidad, aunque él pudo distinguir un matiz de diversión en su voz. Asintió quedamente, observándola con desconfianza — La iría a buscar yo, pero Kristie dice que no debo pasear con la chaqueta de un hombre ya que eso daría de que hablar, y las personas pensarían mal.

— Es la chaqueta de Emmett.

— ¡Eso mismo dije yo! —exclamo con obviedad, cómo si el hecho de que aquella fuera la chaqueta de Emmett, fuera la explicación de todo. Jacob concordó con ella — Pero aun así, según Kristie, Emmett sigue siendo un hombre, y al parecer, sería mal visto que tenga su chaqueta, porque solo las novias sostienen las chaquetas de sus hombres.

— ¿De sus hombres?

— El dialecto de los americanos, creo — se encogió de hombros aun sin comprender ella misma de lo que hablaba. Ambos rieron por lo ridícula de la platica — De verdad, Jacob, puedes hacerlo por mí.

— Pero…

— Por favor — suplicó en intento de obtener la lastima de su primo, incluso extendió la "O", para darle más convicción a su suplica. No se podía permitir perder la chaqueta de Emmett, ni tampoco podía permitir que está apareciera manchada con algo, como había sucedido la última vez que habían salido los tres, pues ya había recibido dos advertencias por parte del grandulón, y estaba segura, si algo sucedía, algo malo le pasaría a sus Jeans favoritos.

No sin soltar varios refunfuños, Jacob se dirigió hacia donde ella lo había guiado, y para su desgracia, pudo comprobar que el camino le parecía aun más largo que cuando lo había observado desde donde antes se encontraba. Está vez, no pudo evitar maldecir por lo bajo las dimensiones de aquel salón. Realizo dos zancadas más para poder tomar la maldita chaqueta entre sus manos. Rápidamente, esta vez evadiendo a los pequeños grupos de personas que se extendían por el salón, platicando vanidades, se apresuro a llegar hacia en donde se encontraba Bella.

Le fue casi imposible evitar fruncir el ceño al ver como un joven de tal vez la misma edad que su prima, rodeaba la cintura de ella, aun luego de poder notar con claridad la incomodidad en el rostro de la chica, quien lo aparto rápidamente de su lado. Camino con pasos decididos hacia donde ambos se encontraban, más no fue necesario la utilización de ningún tipo de amenaza, ni física ni verbal, dado a que segundos antes que él pudiera estar frente a ello, Charlie, ya se encontraba apartando a su hija de los brazos del rubio muchacho.

— Michael Newton, dudo mucho que a tu padre le agrade saber que te comportas de esta manera con la hija de su socio mayoritario — no fueron necesarias ningunas otras palabras para que el chico de ojos azules, decidiera marcharse en silencio, no sin antes sonreírle a Bella. — Ahora, tú, ven conmigo y deja de distraerte con estupideces, Isabella... — una pequeña sonrisa distante se instalo en el rostro del hombre, y Jacob, intento rememorar cuándo fue la última vez que recordaba haber visto a ese hombre sonreír con real alegría. Por un momento, sintió lastima por él, pues vivir y no encontrar, ni ser capaz de ver las razones por las cuales se puede sonreír, debía ser funesto. Sin embargo, toda lastima desapareció en el preciso momento en el que lo vio tomar el brazo de Bella y comenzar a arrastrarla junto con él

— Charlie — gruño por lo bajo, llamando su atención, aun sin perder contacto con el agarre que él mantenía en el brazo de ella. Charlie Swan, al notar el rumbo de su mirada, enarco una de sus cejas

— Jacob, aun sigues siendo todo un caballero. — pronuncio cada una de las palabras con notable ironía. — Puedes acompañarlos, estoy seguro que podrás reconocer a algunas de las personas que le presentare a Isabella.

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Cerró los ojos, dejando que el fresco aire de la cuidad acariciara su piel. Le encantaba el silencio, y aquel pequeño lugar que, apartado de aquella bulliciosa fiesta, no hacía más que asegurarle algunos minutos alejada de todos aquellos que intentaban sonsacarle información. Chupasangres, les había dicho Jacob, y ella no había hecho otra cosa que darle la razón con un asentimiento.

Soltó un suave quejido tras escuchar como el repiqueteó de unos tacones resonaban cada vez más cerca de ella. Su momento de soledad había termino tan pronto como ella lo había impuesto.

Observo por encima de su cabeza, reconociendo a la mujer de delicada figura y fracciones hermosas. Ella le sonreía cálidamente mientras el viento revolvía su cabello acaramelado a cada paso que daba. Bella no pudo evitar recordar, al verla acercarse, la inocencia del cine mudo. Esme Cullen, era sin lugar a dudas una mujer deslumbrante.

— Me creerás loca pero, algo en mí me decía que te encontrarías aquí — masculló con voz dulce, sonriéndole de igual manera. — Sé que tal vez lo habrás escuchado de muchas personas esta noche, pero… te pareces tanto a tu madre — un brillo de dolor resplandeció en los marrones ojos de la castaña. Si, aquella oración fue una de las mas trilladas de la noche, y odiaba aquello, porque si había algo que ella, Isabella Swan, pudiera odiar mucho más que la frialdad de su padre, eso era el horrible reflejo que le ofrecía el espejo: El rostro de Renee Swan — ¿Sucede algo?

— No, solo que… nunca me lo habían dicho. — mintió, desmesuradamente debía admitir, sin embargo, pese a saber que la mujer de cabellera acaramelada no le había creído, decidió continuar con la farsa, porque de eso se trataba, ¿No? Todo aquello no era más que una farsa. — Mi madre era una mujer muy hermosa, supongo que debería de sentirme alagada

— Por supuesto que lo era, y, aunque muy pocos lo saben, ella era por completo patosa. — rió de manera melodiosa, dirigiendo su mirada hacia los tacones que la castaña tenía entre sus manos. Isabella se sonrojo al verse descubierta — Supongo que también lo heredaste de ella, ¿Sabes? Ambas éramos grandes amigas.

— ¿De verdad?

— ¡Por supuesto! Fuimos juntas al instituto, aunque ella era mejor alumna que yo. — Confesó avergonzada — Nunca perdimos contacto, siquiera cuando se debieron mudar a Chicago. Ella siempre me enviaba cartas, aunque yo me quejara que ya existían los teléfonos.

— Suena muy ella... — admitió, sintiendo sus ojos arder. Sus pensamientos, sin su pleno consentimiento, comenzaron a tomar vida propia, dirigiéndola hacia el pasado, rememorando situaciones que, aunque parecían de una vida que ya no era la suya, lograban sonsacarle alguna melancólica sonrisa e incontrolables ganas de llorar. Pero no, ella no lloraría, y mucho menos frente a una mujer que pese a que le agradaba, no conocía lo suficiente. Además, sabía que aquel comportamiento masoquista la llevaría hacia un oscuro lugar del cual luego le costaría regresar. No quería que aquello sucediera. —… Hace frío, deberíamos entrar.

— Bella. — el suave llamado de la mujer, logro que ella detuviera sus pasos. Se giro para enfrentarla — Solo espero que… — un suspiro frustrado de su parte, dio a entender que no podía encontrar las palabras adecuadas para expresar lo que sentía. Volvió a observar los ojos brillantes de la castaña. — No estoy de acuerdo con esto. Creo que tú y mi hijo Edward son muy jóvenes para cargar con los errores que han sido únicamente de sus padres, pero aun así me temo que no puedo hacer nada para ayudar, y créeme que siento que no solo le he fallado a Edward, sino también a ti y a tu madre…

—No hay cuidado, señora Cullen. Esto no será por siempre, y después de todo, tal vez algo bueno pueda salir de esto. Supongo que solo debemos esperar a que el tiempo pase y los rencores se disipen, poco a poco. Ciertamente, no es un gran sacrifico para mí, ya que al igual que todos tengo mis razones para prestarme en esta gran nueva pantalla, pero su hijo, de verdad, siento mucho que su hijo se vea involucrado en esto…

— Realmente eres igual a tu madre, pequeña — golpe bajo. Murmuró su consciencia casi con burla. Golpe bajo. Realmente estaba cansándose de esos golpes bajos que terminaban truncando su vida, porque cada que creía que era el momento, un nuevo golpe llegaba.

Sacudió la cabeza, intentando expeler aquellos pensamientos fúnebres. Sonrió débilmente, intentando que aquella que pretendía ser una sonrisa no se trasformará en una patética mueca, que la hiciera avergonzarse más de lo que ya lo estaba.

— Creo recordar que ella me decía: ˂˂Solo intenta ser feliz con lo que tengas˃˃ — estúpidamente, se dio cuenta que ya había perdido la batalla incluso antes de proponerse ganarla. Su voz, se había quebrado en la última palabra. Y allí fue en donde ella debió decirle adiós a su repentina imagen de mujer valerosa que intentaba crear frente a la familia Cullen.

— ¿Sabes que yo había pedido ser tu madrina?

— No estaba enterada — admitió, agradeciendo en silencio por comenzar a abandonar aquel terreno sentimental que segundos atrás, Esme Cullen estaba dispuesta a abarcar. — ¿Qué sucedió?

Los rosados labios de Esme se fruncieron en un mueca molesta, acompañando el brillo peligros que resplandeció en sus ojos.

— Sarah me ganó por tres minutos. Aun recuerdo su sonrisa victoriosa, de verdad a veces tu tía si que puede ser un dolor de trasero. — la castaña rió al igual que una niña, ganándose una dulce mirada por parte de Esme. Cerró los ojos al sentir el cálido abrazo de la mujer, e intento responderle el abrazo, ignorando aquel sentimiento de incomodidad que albergaba su ser al recibir un abrazo por parte de alguien que no fuera su familia. — En verdad, linda, he criado a Edward para que se comporte como un caballero, y sé que lo hará. Él es un gran muchacho, tierno, inteligente, un poco temperamental, pero veraz que es igual que tratar como un niño, nunca le dura demasiado el enojo… — al notar como la castaña se removía nerviosa, Esme la libero de su abrazo, observándola a los ojos, tal y como haría con su pequeña Alice. — Lo que quiero decir es que ambos pueden llevarse bien, incluso podrían ser amigos o tal vez…

Esme frunció el ceño al verse interrumpida por las fuertes y atrayentes risas de una pareja de enamorados que se ocultaban entre las sombras del jardín. Sitió su corazón detenerse, mientras entrecerraba los ojos en un intento por corroborar sus dudas. Ambos cuerpos, como atraídos por su verde mirada, dejaron verse a la tenue luz de los faroles que iluminaban un sector del jardín. Innegablemente eran dos parejas de jóvenes apasionados, que avanzaban peldaño por peldaño entre besos apasionados.

Él chico rió aun más fuerte, alzando a la muchacha unos centímetros del suelo no sin antes acariciar sus costados hasta bajar a su trasero y otorgarle la misma atención que había implementado en el resto de su cuerpo.

Sexo.

Era notorio como ambos jóvenes habían sido compañeros de pasiones en algún rincón oscuro del jardín, y una clara evidencia de que aquello había sucedido era la mal abotonada camisa de él, al igual que la falta de atención que tenia la hebilla de su cinturón, que se encontraba por completo desabrochada, la chica por su parte, se encontraba demasiado despeinada y desarreglada como para poder llegar a creer que había sufrido un terrible accidente de camino a la fiesta.

Esme sintió su expresión decaer al participe de tal escena. Bella, preocupada por la extraña actitud de la mujer, no puedo evitar preguntarle tontamente si se encontraba bien, más Esme no parecía reaccionar.

— ¡Edward Anthony Cullen, explícame a que se debe esta escena! — el furioso grito de Esme, alerto a Bella lo suficiente como para notar de que iba aquella escena que su prometido protagonizaba. No pudo evitar sonreír con ironía, al parecer aquella historia no tendría lugar para un tal vez


He aquí un capítulo más que largo para ustedes. Supongo que este capítulo se trata más que nada de un ˂˂Lo siento˃˃, implícito. Y es que de verdad lo siento, pero como dije en mis otras historias, mi vida se ha complicado demasiado.

No prometo nada, pero solo quiero decirles que No dejare ninguna de mis historias, así que no se preocupen por ello, porque de una manera u otra esta historia continuara, ¡Aunque se me vaya la vid en ello!

Les mando un beso de despedida a todos ustedes, y buenos deseos para todos sus proyectos. Espero que este capítulo haya sido de su agrado, entonces, ¿Qué dicen? ¿Este capítulo merece algún Revierws?

Pues bien, esperare con ansia todos sus Reviews. Besos, abrazos, y… ¡Disfruten la vida!