La noche parece que se acomoda en ti. Te sientes abrumado de tanto dolor que pareces sentir. Quieres morirte en ese mismo instante, pero poco importa ya todo lo demás. Te sientas en una silla, observando cómo la noche parece tranquila. Quieres sonreír un poco y dejarte llevar por millones de sensaciones. Y puede que tengas la oportunidad de ello. Quieres pensar que va a ser así

La puerta se abre, sobresaltándote así un poco. No sabes que es lo que sucede, pero no puedes evitar sonreír un poco al ver que es ella, buscándote con la mirada. No sabes que es lo que hace allí, pero te acomodas igualmente. Porque te gusta estar acompañado de su presencia.

Se encuentra cubierta por una bata de seda negra, aunque eso no hace que no te fijes en la lencería roja que lleva debajo, y que además, dejaba entrever sus torneadas piernas de tonalidad morena. No puedes evitar sonreír por ello. Es algo que te podía. Ella siempre podría contigo. Puede que porque la querías pese a todo.

Y el dolor se apodera de ti. Te gustaría preguntarle que quién se creía que era. Coleccionaba corazones en tarros de cristal. Lo tenías claro. Y sin embargo, ahí estabas tú, bajo el poder de posesión de ella. Y el silencio se apodera de los dos.

Pero habláis en silencio. Tú quieres llorar, pero Alanna se queda así, mirándote con un poco de compasión. Y quieres romperte a llorar. Quieres no sentir eso que sentías. Querías desaparecer para no encontrarte con su mirada. Con la fuerza de sus ojos. Con todo ese dolor que parecía poder contigo.

Y seguías fingiendo por unos segundos. Y ella no parecía dispuesta a seguir con esa farsa. Se acerca a ti con cuidado, posando su mano en tu hombro. Te sobresaltas. Estás a punto de quedarte sin aire, pero eso no parece importar a nadie. Levantaste tu mirada, cruzándote con la suya, que tenía una fuerza imparable.

Parecía todo un sueño. Parecía un algo que estaba a punto de acabar al fin, pero no era así, ni mucho menos. Te levantaste con el fin de marchar, pero lo único que te encuentras es con ella en frente tuyo, impidiéndote el paso. ¿Alguna vez pensaste tenerla tan cerca que podías quedarte sin respiración?

Y cuando volviste a clavar tus ojos sobre los suyos, sus labios aprisionaron los tuyos. Te quedaste sorprendido, con los ojos entreabiertos de par en par. ¿Qué era eso? ¿Cómo es que te encontrabas en esa situación? ¿Qué era lo que estaba sucediendo? ¿Por qué te estaba besando ella?

Su lengua se desliza por dentro de tu boca, y sientes como todo tu cuerpo reacciona de la manera que esperabas. La estrechas con fuerza cerca de ti. Quieres proseguir con todo aquello, pasando tu aroma al de ella con tanta fuerza que ni tú mismo lo comprendías. Pero no importaba. Ahora solamente querías saborear sus labios con esmero. Impregnarte de ella. Porque te gustaba por cómo era. Por ser esa mujer tan tremendamente sensual que te cautivaba, que te dejaba sin aliento.

¿Por qué era tan cruel el amor? Ella jugaba contigo. Quería que sufrieses, o era lo único que se te ocurría para explicar la razón por la que estabas en ese encuentro furtivo de labios. Mezclas tus dedos con su cabellera, apurándote en el beso que tanto habías deseando y ansiado en tus sueños. Y cuando percibes sus uñas clavarse en tu espalda, comprendiste que no era el único.

¿Y tú hermano? ¿Dónde había quedado todo aquello que parecía ella sentir hacia él? ¿Y ese amor que le profesaba? La muchacha era extravagante a la hora de mostrar que le quería, pero no era mentira. Quería a Lorcan con todas sus fuerzas, y tú también le querías. Era tu hermano. Era esa persona que siempre te había apoyado en todo mal momento. Ese chico que te hacía reír en todo momento.

Y ahora tú le estabas engañando de esa manera. Y eso te hace sentirte como el peor ser humano del mundo. Te quedaste en silencio, separándote para mirarla a los ojos, y cuando intenta de nuevo besarte, la apartas. Y te alejas, mirándola en silencio. Muriéndote por dentro.

―Para, por favor, para…

― ¿Acaso no me deseas, Lysander?

Y esa pregunta te rompe. Te rompe porque la deseas con toda tu alma. Y una parte de ti es feliz porque parece preocupada de que no sea así. Y la nieve cae. Los copos se ciernen sobre el suelo. La oscuridad nubla tu vista. Pero no puedes evitar sonreír por ello.

―Siempre te he deseado, Alanna. Siempre―Aseguraste―Pero… ¿Crees que es lo correcto?

―Me gustas, Ly.

―Pero quieres a mi hermano―Lo sabías―Lo quieres con tanta fuerza que sé que morirías si le pierdes.

―Ly…

―Si le dejas por mí, sé que te vas a arrepentir. Lo sé. Te conozco demasiado como para no saberlo―Acariciaste su mejilla con cuidado, con cariño, con amor. ―Y yo no me perdonaría que no fueses feliz.

―Dios…―Y al fin se da cuenta de lo que ha hecho―Dios, Ly…Lo siento…Yo…

―Hace algo de frío, y Lorcan debe de estar preocupado por ti.

―Siempre cuidando de mí. Siempre―Y sonreír ambos.

―No podría ser de otra forma. Ahora vete. Estás cansada y debes aclararte las ideas.

Y no supiste como lo lograste, pero lo hiciste. La dejaste marchar. Y aunque te dolía, era lo adecuado. Y en el fondo, tú eras feliz si ella lo era. Pero se detiene en frente de la puerta, y se gira, clavando su mirada en ti.

―Siempre fingiendo, ¿eh? ―Y te quedas callado, sin saber qué responder. ―Quiero que sepas, Ly, que es cierto que quiero a Lorcan. Pero te mentiría si te dijese que tú no eres nada para mí…Y ahora, volveré a fingir. Porque es lo adecuado, ¿no?

Asientes sin creértelo y ella hace lo propio, entrando en la casa. Y tú suspiras y te vuelves para terminar de llorar. Feliz. Por ella, siempre fingiendo…

Y fin, ya he terminado. No me ha quedado muy bien, pero no ando con inspiración, la verdad. Espero que guste igualmente. Saludos y suerte a todos. ;)