Pues aquí estoy de nuevo, con el último capítulo que tenía guardado, no sé cuando publicaré, ahora sí va en serio, porque no tengo nada escrito.

Lo siento, si os sirve de consuelo, tengo las ideas estructuradas en una hoja.


SU MIRADA, SU REFLEJO II

EPISODIO I: ¿PUEDO CONFIAR EN TI?

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La luz que entraba por la ventana era sofocante, más que eso era insoportable, todo lo que había a su alrededor era, de todo, menos agradable tal vez en otras circunstancias todo fuera mágico para ella, estar en una casa como esa, enorme y antigua con un lago hermoso rodeando la estancia rozaba el cuento de hadas, el final feliz que toda chica quería.

Pero qué tonta era por no verlo de esa manera, pero ¿cómo iba a hacerlo cuando estaba allí contra su voluntad, esposada, todo el rato y arrastrada por su prometido por toda la casa sin darle ni una sola explicación?

Y eso era mucho peor. El nombre de su amiga y de Damon le perseguía por todas partes recordándole que estaba saliendo con un psicópata desequilibrado, todo junto.

Tomó un trozo más de tortita, esta vez se había pasado con el caramelo, estaba demasiado dulce hasta para ella pero no había otra forma de que se comiera esa mierda. Desayunar siempre lo mismo durante seis meses era nauseabundo.

Miró el tenedor, tres dientes y afilados. Estuvo un buen rato observándolo, era plata y seguro que hacía daño pero ¿el suficiente?

—Bonster oigo los engranajes moviéndose en tu cabeza.

Y ahí estaba, su encantador y sociópata prometido, se conocían desde hacía diez años, empezaron a salir un poco después del accidente de la amiga que compartían en común, aun recordaba el desencadenante.

—¿Un poco de vainilla?

—¿Qué? —casi se atraganta con el ultimo trago. Ahí estaba Kai con un bote de flores de vainilla en la mano y ella que pensaba que podía leer su mente, suspiró aliviada y soltó el tenedor, intentar atacar con eso era inútil, él era mucho más rápido.

Negó sutilmente, no quería que se le notara lo afectada que estaba por el recuerdo, su cabeza tendía a jugarle una mala pasada en los peores momentos.

Kai se encogió de hombros y continuó desayunando con esa tortita, ya iban cinco, ¿como lo hacía?

—Como me sigas mirando así te comeré entera —Bonnie abrió la boca y la cerró varias veces sin saber qué decir o cómo reaccionar—. Bromeaba, más o menos.

—Pues a mí no me hace gracia —tiró de la mano atada para darle más énfasis a sus palabras. Kai asintió.

—Te quiero, Bonster nunca te haría daño.

—No me llames así.

—Es por eso por lo que te mantengo atada. Si no aceptas quien eres no puedo liberarte.

Bonnie estaba alucinando en colores. Kai no estaba bien de la cabeza, siempre lo supo pero nunca sus ataques habían durado tanto tiempo, ¿es que nadie le echaba en falta? ¿ni siquiera la zorra de Lexi?

Casi quiso clavarse el tenedor en la cabeza, tendría que haber dejado que Lexi y Kai se enrollaran ahora ella no estaría en esa situación o quizá sí.

—Kai, ¿no vas a darme ninguna explicación? Estamos a enero, ¿tanto dura la excedencia?

Kai era agente activo del FBI desde hacía unos años, lo reclutaron después de pillarle en una pelea, gracias a él pudieron detener a un hacker muy importante que vivía incomunicado completamente.

Gracias a él había averiguado el ingrediente clave de la droga mortal de los Petrova pero solo Bonnie sabía la verdad: Kai estaba dentro de una manera totalmente diferente y Bonnie necesitaba saber la verdad.

—Bon, limítate a disfrutar de las vacaciones, llevabas mucho tiempo queriendo unas.

—¿Atada como un perro? Lo dudo Kai.

—Es sexy.

—Follando puede.

—¿Te estás insinuando? —se lamió los labios para borrar el rastro del caramelo y tomó una servilleta. Bonnie tragó saliva, veía sus intenciones desde kilómetros de distancia.

—Kai, suéltame.

Kai dudó y se levantó, tomó ambos platos y desapareció en dirección a la cocina. Bonnie soltó todo el aire contenido y se tomó unos minutos para serenarse.

Sin ni siquiera sentirlo Kai abrió las esposas y las dejó caer, el sonido que hizo al chocar en el suelo fue lo que sobresaltó a Bonnie, la cual estuvo tentada de pelear.

—Eres el amor de mi vida, Bonster.

—Pues volvamos a casa.

—No confías en mi.

—Que listo.

—Bon, por favor solo te pido que confíes, en eso consiste el amor, ¿verdad?

—Sinceridad Kai. Eso es lo que caracteriza el amor. Incluso el nuestro.

—He cometido muchos errores en el pasado y solo me arrepiento de uno —Bonnie no dijo nada, Kai parecía tan frágil y roto ahí, arrodillado suplicando que no se atrevió a decir nada más—, ¿me creerías si te dijera que necesitaba el dinero y que quería proteger a Care?

—¿De qué estás hablando?

—Del accidente de Caroline.

Bonnie no era idiota sabía que Kai había hecho mucho mal y que aunque ella seguía a su lado no quería decir que no llorara en silencio por cada víctima, directa o indirecta, pero nunca, nunca Kai había matado a alguien, nunca ¿y ahora le estaba confesando que...?

Damon le había explicado durante todo el camino las últimas novedades, Elena se había mantenido inusualmente callada y eso no dejaba de caldear el ambiente, Damon había temido desde el primer minuto que las cosas entre ellos no estuviesen bien pues él había roto su promesa cuando el juez había decidido separarlos tras el último juicio. El podría haber cambiado las cosas, exigiendo un trato mejor para Elena y cargando con todo, a fin de cuentas estaba cargando con los delitos de Stefan, tampoco importaba mucho añadir coacción y manipulación, podría haber alegado que Elena sufría síndrome de estocolmo o que la había amenazado pero cada vez que miraba a la chica a los ojos sabía que no serviría de nada.

Intentó entrelazar su mano con la suya pero justo en ese momento, Lee, el agente del SWAT que estaba sentado justo enfrente de ellos decidió dar señales de vida.

—Como decía Damon, la corrupción ha alcanzado a Washington y Stefan está resultando ser un sujeto más inestable de lo que parecía —sacó un par de hojas garabateadas y se las pasó a ambos —. Aquí están sus últimos y supuestos movimientos. Como Mikael le está dando largas, ha decidido chantajear a otro contacto y antes de que preguntéis, no se sabe quien.

—Entonces, ¿cómo sabes que han chantajeado a otro?

—Porque ha saltado las alarmas en Reino Unido. Alguien ha buscado información confidencial.

—Podría ser cualquiera —repuso Elena totalmente cansada con el asunto, Damon la observó sin una pizca de vergüenza, quería captar su atención aunque fuese su enfado.

—"Cualquiera" tendría más cuidado. Stefan lo ha hecho apropósito, ha ido directamente a buscar información de una persona.

—¿Quién?

—Kol Mikaelson. Saltaron las alarmas de la misma forma que saltan cuando buscan información sobre un agente del gobierno. En menos de veinticuatro horas toda la policía secreta se puso en alerta. O Stefan es primerizo o lo hizo aposta.

Lo había hecho aposta, conocía a su hermano lo suficiente para saber que todos sus movimientos eran premeditados, si había querido ponerse en el punto de mira lo había conseguido pero ¿con ayuda de quién?

—¿Quién puede acceder a esa información?

—Cualquiera que tenga la clave y un ligero conocimiento de informática para borrar el rastro. Yo podría.

—¿Incluso alguien del FBI? —preguntó sorprendido pues para Damon el FBI no era nada comparado con los altos cargos de la seguridad.

—Exacto.

—¿Y si sabe algo que pueda ayudarnos? —Lee negó visiblemente molesto, no le agradaba que le dijeran los defectos en la cara.

El sujeto o mejor dicho la clave de dicho sujeto había sido utilizada con fines nada justificables, Stefan había accedido a todo lo que se sabía de Kol Mikaelson y el SWAT no tenía ni idea de para que le servía dicha información y que quería hacer con ella.

Continuaron hablando durante todo lo que duró el viaje, Elena y Damon tendrían que hablar con sus superiores y ya después podrían contactar con sus familiares.

El deber antes que el placer.

Lo primero que hizo Elena al salir del coche fue estirar los brazos y sentir en su propia piel la libertad. Lee desapareció en el interior del edificio pero Damon permaneció al lado de Elena en todo momento, ninguno de los dos rompió el silencio pero ambos sabían que algo había que decir.

—Damon —murmuró como si temiera ser escuchada, el chico la observó con atención—, ¿no vas a decirme nada? ¿estás enfadado?

—¿Enfadado?

—Sí, Stefan te pidió que mintieras por él y tú estás aquí.

—Oh. Elena estoy aquí porque Washington me lo ha exigido y me ha dado la oportunidad de sacarte a ti y ver a mi hermana.

—A cambio de meter entre rejas a Stefan y cerrar definitivamente el Caso Petrova —terminó por él. Damon asintió de acuerdo.

—No mataste a Katherine, también incluye en nuestra misión descubrir qué pasó esa noche. Tengo el presentimiento que es la misma persona de la clave robada.

—¿Un agente del FBI? —frunció el ceño, todo lo sucedido en esa noche Elena lo tenía muy borroso a causa de la sobredosis pero lo que sí recordaba era el quemazón de la mano donde llevaba el arma.

Ella disparó, estaba segura de eso.

No quería seguir escuchando todo eso, había aceptado salir de la cárcel porque no aguantaba ni un segundo más allí y porque echaba de menos a los suyos pero tenía muy claro que, tarde o temprano, volvería pues ella no era inocente.

Damon quería consolarla de alguna forma, pero no sabía cómo, llevaban meses sin verse y aunque él había salido ileso de prisión no podría decir lo mismo de Elena porque no lo sabía.

La morena clavó sus ojos café en Damon.

—Deja de sentirte culpable, no puedes salvar a todo el mundo —había dolor en sus palabras y algo mas que no pudo descifrar.

Damon no quería ni podía salvar a nadie cuando él era el primero que necesitaba ser salvado pero aun así necesitaba que todo fuese diferente con Elena, que pudiese alcanzar lo roto y repararlo antes de que fuese demasiado tarde.

Quería recuperar a la chica que arriesgó todo para cambiar las cosas.

El agente superior Wes Maxfield fue el encargado de poner al día a Damon y a Elena, nada de lo que dijo era una novedad, el caso se había abierto y todo señalaba directamente a Stefan Salvatore y había una palabra que nadie había dicho pero que todos tenían muy presentes: corrupción.

Era la única razón por la que Stefan era intocable, nadie sabía dónde estaba pero él tenía acceso directo a todo lo que quisiera, había enviado material sensible a dos de sus agentes y tenía en el bolsillo a otro que le había dado acceso ilimitado a los archivos ingleses.

Pero lo que sí llamó la atención de Damon fue el plan de Wes.

—No está hablando en serio —le cortó Damon de repente—. ¡Habla en serio!

—Siempre hablo en serio Salvatore. Debéis trasladaros a Nueva York y ayudar en la sede del FBI, haréis lo que hace cualquier agente pero en un solo caso.

—No soy agente.

—Asistente, Damon. Ha hackeado nuestro sistema más de una vez. Está capacitado para lo que se le exige.

—¿Y qué pasa con Stefan? A estas alturas debe estar al tanto de todo esto.

—Y ahí es donde quería llegar señorita Gilbert —Damon y Elena se miraron extrañados—. Stefan se enterará, tarde o temprano y acabará dando un movimiento en falso, es lo que estamos esperando. Por ahora nos guiaremos por lo que tenemos que no es poco.

Elena no estaba del todo convencida de sus palabras, pero era algo que ya estaba acostumbrada a ver, si en un momento quiso estar dentro del FBI tenía que bastar un poco de información para cerrar un caso, esta vez no iba a ser una excepción, por eso se levantó más rápido que Damon o incluso el mismo Wes, el cual le lanzó una sonrisa cómplice.

—Que vuestro viaje sea leve. Pronto estaréis con vuestras familias.

Caroline miró el puré de patatas que tenía ante sus ojos con una cara vomitiva, llevaba comiendo ese brebaje —que solo Dios sabía lo que llevaba— desde que estaba consciente y aunque se había quejado hasta quedarse sin voz las malditas enfermeras pasaban de ella, igual que los médicos, ninguno le prestaba la suficiente atención y eso que llevaba en coma seis años.

Cada vez que lo recordaba se olvidaba completamente de la comida asquerosa de hospital, de ese traje grisáceo y de su pelo que era un desastre, una sombra de lo que una vez fue para concentrarse en todo lo que había perdido por estar en coma, vale que era un milagro que hubiese sobrevivido, tanto al accidente como a la sobredosis pero tampoco es que hubiese servido de mucho el milagro, seis años de su vida totalmente perdidos y ahora que estaba despierta tenía que seguir encerrada en la clínica hasta que el médico de turno dijese lo contrario.

La puerta de su habitación se abrió, su médico Josette Laughlin era una mujer de unos treinta y tantos años, con una sonrisa espectacular y un carácter de narices, ya había tenido más de un encontronazo con ella, pero no la odiaba, ni tampoco le molestaba su presencia, todo lo contrario, le gustaba esa gente que tenía dos pares de cojones -u ovarios- como ella para tratarla como una adulta y no como una pieza de coleccionista frágil.

—Buenas tardes, Caroline, ¿cómo te encuentras?

Caroline rodó los ojos, odiaba esa expresión, no sabía la necesidad de preguntarle algo que ellos mismos podían saber solo con observar los informes que colgaban del borde de su cama, cosa que era lo que estaba haciendo, así que se obtuvo de malgastar saliva en tonterías.

—Llevas despierta dos meses, Caroline, por lo que te pido que me hables cuando te pregunte—frunció el ceño y se dejó caer como pudo en la doble almohada que había pedido horas atrás, oficialmente llevaba despierta dos meses pero ya se había despertado antes, en verano, pero no duró.

Con el tiempo sus constantes fueron mejorando y la última vez que se despertó fue a principios de noviembre, estuvo a punto de caer en la inconsciencia de nuevo pero estaba lo suficientemente lúcida para no dejarse llevar por los brazos de morfeo nunca más. Caroline era una persona fuerte y cabezota, si ella le exigía a su cuerpo que luchara, lucharía con uñas y dientes.

—¿Liz no ha venido a verte, todavía?

—No —susurró cohibida.

—Tu amnesia es temporal, Caroline. Recordarás con el tiempo, Liz lo sabe, todos aquí lo sabemos—Caroline asintió sin tener fuerzas de decir nada en voz alta, esta vez Jo no le exigió que hablara, continúo con su rutina y le lanzó una última advertencia antes de marcharse—. Come.

Cerró los ojos y dejó que su mente viajara a otro momento, cuando despertó los primeros días de noviembre su corazón latió con muchísima fuerza, amenazando a todo su cuerpo con salirse, pero no era por las razones que los médicos creyeron en ese momento, sino por el recuerdo, porque lo primero que vio al despertar fue el rostro asustado de Kol Mikaelson, como le sostenía la mano y le decía que la amaría incluso en el más allá, en ese momento sintió a la muerta tirando de su cuerpo y alejándose del amor de su vida, ahora, al igual que en noviembre sintió una opresión en el pecho que le obstaculiza respirar.

Lloró por Kol, por Liz pues le estaba mintiendo en la cara, pero es que no podía hacer otra cosa, algo malo había sucedido en esa misma habitación donde se encontraba, es como si ese lazo que uniera a los hermanos Salvatore le estuviera advirtiendo que se hiciese la loca hasta tener la información necesaria para saber qué hacer, estaba demasiado débil para enfrentarse a la realidad, hacerle creer a todo el mundo que había perdido la memoria, gran parte de ella como un modo de autodefensa, era lo mejor que se le había ocurrido en años.

La puerta de su habitación se volvió a abrir, Caroline rodó los ojos y se removió para ver quien era el listo que había decidido interrumpir su descanso.

—Hola, hermanita.

El viaje de vuelta a sus vidas era más duro de lo que parecía a simple vista pero esta vez el ambiente entre Damon y Elena era mucho más relajado de lo que fue su viaje a la central de seguridad nacional en Washington, es como si por un momento fuesen esos dos chicos encerrados en celdas contiguas que se reían de sus destinos cogidos de las manos.

Damon tanteó hasta alcanzar la mano de Elena, le acarició los nudillos con la yema de los dedos ganándose una sonrisa, no sabía qué era lo que había cambiado en esas horas de vuelo o en ese tiempo en coche pero tampoco iba a quejarse, le gustaba esto, recuperar a Elena y lo que ella simboliza.

—¿Nerviosa, princesa?

—No me llames así —le advirtió, hacía mucho tiempo que no escuchaba ese mote, la última que lo oyó fue desde los labios de Stefan y le daba escalofríos pensar que podían estar en la misma ciudad, miró por la ventanilla, la gran ciudad la rodeaba por todos lados.

—Me gusta llamarte princesa, princesa.

—Uf, Damon. Que ganas tengo de darte una buena bofetada —el chico soltó una carcajada llevándose ambas manos a la cara, la chica le miró entre curiosa y molesta, tampoco había sido tan gracioso que le llevara la contraria—. No vas a cambiar, nunca.

—La vida es más bella con una sonrisa.

—Tus sonrisas la mitad de las veces son falsas o automáticas.

—Cierto, pero tu me pintas una sonrisa con solo verte.

—Que poético —gruñó volviendo a concentrarse en la carretera, pero la curiosidad le supera— ¿por qué actúas así? no estamos encerrados en una celda, no estás obligado a protegerme.

Damon la miró unos segundos antes de elaborar una respuesta apropiada, no se había dado cuenta de cómo se comportaba y actuaba ante Elena hasta que ella misma se lo había dicho, ¿lo hacía como una forma de compensar lo que había hecho? puede que así fuese cuando estaban encerrados juntos pero, ¿ahora? le salía natural, necesitaba oír su voz o su risa para poder continuar con toda esa locura que se había formado ante ellos dos, ¿tan raro parecía?

—Elena, este soy yo —la chica alzó una ceja interrogante—. Esto que crees que es una forma de pedirte perdón es mi verdadero yo, ese Damon que amarías con locura, un Damon que hace mucho tiempo que está muerto y enterrado, tú has conseguido que sienta celos de él.

Elena no dijo nada al principio, había entendido perfectamente lo que había dicho pero aún así no le hacía ni una pizca de gracia, justo en ese momento el taxi paró en un semáforo de la Gran Avenida.

—Damon, me gustas así de mal y trastornado, no necesito que finjas ser otra persona o que busques una mejor forma de ti mismo. Tal y como eres… —se mordió el labio con fuerza—. Me gustas, me gustas mucho.

El taxi arrancó justo cuando Damon se disponía a romper las distancias lo máximo posible pues ambos llevaban el cinturón de seguridad, en cuanto el ojiazul se deshizo de él, atrapó los labios de Elena en un pequeño y dulce beso.

Elena estaba tan sorprendida que no movió ni un solo músculo, tampoco hizo falta porque Damon no buscaba profundizar el beso, sino unir sus labios, sentir lo que sentía cada vez que estaba a su lado o pensando en ella desde otra perspectiva.

Se separó de sus labios minutos atrás, una sonrisa torcida y resplandeciente se dibujó en su rostro al mismo tiempo que se colocaba de nuevo el cinturón y se concentraba en el camino que les quedaba para llegar.

No sabía cuánto quería besarla hasta que tuvo sus labios pegados a los suyos, era patético el cómo se sentía con un beso tan infantil y simple, pero no podía remediarlo, algo había cambiado en su interior, algo que no podía percibir ni dar nombre, pero con el suficiente poder para hacer, que ambos, miraran su futuro con una sonrisa.