Hola Chicos,
Aquí va el capítulo 2 de esta fantástica historia.
Disclaimer: Por favor recordar que los personajes de SCC pertenecen a CLAMP y la historia a Fran Lee. Disfruten =D
EL TRABAJO DE SAKURA
Capítulo Dos
Echó una mirada al cielo nublado mientras se deslizaba en la limusina que él había enviado al aeropuerto para recogerla. Los copos de nieve habían cubierto rápidamente su ligera chaqueta, haciéndola caer en la cuenta de que se había marchado de Los Ángeles sin pensar siquiera en que no todos los lugares de la tierra estaban a unos cómodos veintiún grados a mediados de febrero. Por lo menos en esta ocasión no se quedaría el tiempo suficiente para necesitar un tupido abrigo. Estaría en el avión de vuelta hacia cielos soleados en la mañana del domingo.
El conductor metió su bolsa en el maletero, se acercó a la puerta y entró, entonces bajó la separación del cristal de privacidad y dijo:
—El Sr. Li está ocupado. ¿Quiere parar en Dior o Gucci antes de llegar? No trajo mucho equipaje.
Ella sonrió y sacudió la cabeza.
—No me uniré a la fiesta, Kurogane. No pienso estar aquí el tiempo suficiente para necesitar ropa adicional. Pero gracias por preguntar.
El vidrio de privacidad se deslizó hacia arriba y ella se reclinó hacia atrás para continuar leyendo la sección de clasificados. Había encerrado en círculos diez posibles puestos de trabajo. Sólo cuatro incluían algo escasamente cercano al paquete de beneficios que ella quería, pero siempre podría negociarlo. Encendió la luz del techo, ya que la del día estaba muy menguada para permitir una lectura cómoda. Eso, junto con la capa de cristal oscuro que la limusina tenía en las ventanas traseras, hacía imposible leer sin encender la luz interior. Finalmente guardó de nuevo la sección en su gran bolso de mano y comprobó el paquete de unidades flashes etiquetados que había traído para dejarle a Li. Los datos importantes que no iba a necesitar más porque renunciaría.
Se recostó de nuevo y miró por la ventana para ver el tráfico de turistas que parecía llenar las calles durante la temporada de esquí. Amaba Aspen en invierno. Había aprendido a amar la nieve y California no era el mejor lugar para vivir si te gustaba la nieve. Sí. Extrañaría ese particular beneficio de su trabajo.
Syao Li tenía casas en Aspen, Los Ángeles, Nueva York, Florida y Virginia. Las mantenía todas y pasaba un par de meses en cada una, pero llamaba su hogar a California. Utilizaba la venerable mansión pre-guerra civil de Virginia para sus actividades políticas, el apartamento de Nueva York era su base en la costa este, el rancho de Florida estaba rodeado de campos de naranjos y toronjas, y la residencia de California en el Cañón Coldwater era lo suficientemente grande como para albergar a diez familias. La casa en Aspen era el lugar donde iba a esquiar y a relajarse.
Claro. Si puedes llamar descanso tener a un centenar de personas dando vueltas por tu residencia. Aquí daba pródigas fiestas. La mayoría de la gente con la que se asociaba pasaba algún tiempo en ella. Disponía de diez habitaciones, aparcamiento para seis coches y treinta hectáreas arboladas. Después de todo, Syao Li siempre estaba rodeado por la jet set, por la gente guapa. Ricos y famosos parecían sentirse atraídos por su jefe. Y también una gran cantidad de sanguijuelas y vagos. Personas que se le arrimaban porque estaba demasiado ocupado y encumbrado para advertir que se estaban comiendo toda su comida y bebiendo todos su caros vinos y champagne. Personas que simplemente necesitaban colgarse a la espalda de un hombre como Li.
Incluso era capaz de simpatizar con ellos. Había pasado siete años a su sombra y podía ser de lo más adictivo. Pero a diferencia de aquellos que se le aferraban por las razones de costumbre, ella sencillamente quería estar en cualquier lugar donde él estuviera. Se sacudió la sensación que le produjo ese pensamiento. Totalmente patética. Qué jodidamente tonta era. Ahora estaba soñando, incluso para sí misma, como si necesitara urgentemente un psicoanálisis. Cualquier mujer que se aferrase desesperadamente a un hombre que ni siquiera se fijaba en que respiraba, era un cachorro enfermo. Oh. Bien. Realmente sabía que existía. Era su muy bien pagada chica de los recados.
Miró el reloj y frunció el ceño de nuevo. Debían haber llegado a la casa hacía ya unos minutos. Pulsó el botón para bajar el cristal. Kurogane miró por el espejo retrovisor y dijo en voz baja:
—El Sr. Li me ordenó que la llevara a Dior. Lo siento, señorita Kinomoto. Dice que se supone que debe estar vestida de etiqueta al llegar y no creo que vaya a aceptar un no por respuesta
Sabiendo que era mejor no discutir inútilmente con Kurogane, Sak sólo suspiró y asintió.
—Muy bien, Kurogane. Lo complaceré esta vez. ¿Exactamente cuál es la naturaleza de la fiesta que va a dar esta noche?
El chofer sonrió.
—Él no me confía eso, señorita Kinomoto. Pero su lista de invitados se lee como el Quién es Quién del mundo de la alta sociedad. Creo que está teniendo alguna dificultad… desalojando… a una más que tenaz mujer—Kurogane sabía exactamente de lo que se trataba todo esto.
Asintió y se hundió de nuevo en el asiento. Está bien. Así que hacer de "interferencia", parecía indicar que alguna cara de muñeca de la alta sociedad había tratado de clavar sus garras en la piel de Li, y necesitaba ser liberado por una amante celosa. No era la primera vez que había sido sacada del banquillo para dar un pase falso a la línea de veinte yardas. Bien, si el hombre pretendía hacerle fingir, por interés otra vez, que era su amorcito, iba a hacérselo pagar a lo grande con el más caro, escandaloso y sexy vestido que Dior tuviera en sus bastidores. E incluso podría manejar conseguir tener un par de adornos de Tiffany´s también. Después de todo, una prometida celosa era endemoniadamente mucho más impresionante que una novia celosa, ¿verdad?
*.*.*.*.*
Parecía que la estaban esperando, en el momento en que entró a la lujosa y exuberante sala de exposición, fue saludada por Madame Tomoyo personalmente y escoltada a una sala de exhibición privada. Por la obvia calidad y el costo de los vestidos que le mostraron, se dio cuenta de que le estaba dando carta blanca para equiparse con unas galas únicas en su clase, por lo que no reparó en gastos y se mimó escandalosamente. Sería un regalo de despedida para ella, por siete años de duro trabajo y dedicación. Al diablo con un reloj de oro barato.
Una hora más tarde, vestida con uno de los mejores trajes de noche de Dior, llevando un conjunto de collar, pulsera y pendientes que le habían costado a su jefe un par de cientos de miles, y usando un anillo de platino de compromiso con un diamante de tres quilates que le habían supuesto otros ciento veinticinco mil dólares, acomodó un largo abrigo de piel de zorro blanco sobre su cuerpo y se metió en el asiento trasero de la limusina, dándole a Kurogane un guiño perverso cuando el hombre la miró fijamente, con la boca abierta.
—No se puede discutir con el hombre, ¿eh, Kurogane? Quizás la próxima vez lo pensará dos veces antes de permitir a una mujer enojada volverse loca con sus tarjetas de crédito.
*.*.*.*.*
La aislada casa de tres plantas resplandecía con las luces mientras caía un atardecer cubierto de nieve, y cuando Kurogane entró en el aparcamiento subterráneo para salvarla de entrar por la puerta principal a través de dicha nieve, de repente se sintió culpable, como si hubiera sobrepasado gravemente los límites de su relación con Syaoran Li, al vestirse con galas que le habían costado más de trescientos cincuenta mil dólares. Pero se lo merecía, al ignorar sus deseos y haber insistido en que hiciera este maldito viaje. Además, siempre podría devolver la joyería, y probablemente hasta el vestido. Los zapatos dorados Manolo Blahnick, con la puntera del pie abierta y una delicada hebilla con costra facetada de zafiros azules y blancos, quizá no pudieran ser devueltos, ¿pero el resto? Sí. Él podría conseguir que le devolvieran el dinero.
Un asistente le ofreció el hueco de su brazo cuando salió de la limusina y gentilmente lo aceptó, permitiendo al hombre uniformado escoltarla al recibidor de entrada que los huéspedes usaban cuando las inclemencias del tiempo les impedían entrar por las amplias puertas dobles de arriba. Notó que las escaleras tapizadas habían sido cubiertas con una tela carmesí, y sonrió mientras se preguntaba quién justificaba esta noche el tratamiento de la alfombra roja.
Al llegar a la planta principal, donde otro asistente uniformado estaba esperando para tomar su abrigo, miró al área abierta del techo de catedral que servía como salón de baile o sala de fiestas y sonrió.
—Hola, Rika. ¿Cómo le está yendo a Terada?
La mujer parpadeó ante la pregunta antes de reconocerla y sus oscuros ojos se abrieron con asombro ante la imponente imagen que el vestido, la piel y la joyería debían estar proyectando.
— ¡Señorita Kinomoto! Usted es verdaderamente una visión. Creo que ha estado escondiendo su luz bajo una capa de modestia.
La hija del ama de llaves, Rika, había venido a ayudar con las fiestas y asistir a su madre en la limpieza después de las vacaciones. Su marido Terada se había roto la cadera y el muslo en un accidente automovilístico la última vez que Sak estuvo aquí, y Li le había dado más horas para ayudar con los gastos debido a que él no podría regresar al trabajo durante algunos meses. Además su jefe había pagado las facturas médicas. ¡No! No pienses en cosas como ésa. Estás aquí para resolver el problema de renunciar.
Rika acarició melancólicamente la impresionante piel y sacudió la cabeza dando un suspiro.
—Está mucho mejor. El señor Li lo ha ocupado trabajando en sus coches hasta que pueda regresar a tiempo completo cuando le quiten los yesos. ¡Oh, esto es precioso!
— ¿Y dónde está el gran héroe? —Preguntó Sak con una sonrisa, sabiendo que en opinión de Rika, eso es exactamente lo que era su jefe en este momento.
—Está en la planta alta. Quiere enterarse del momento en que usted llegue. Le diré a Wei que le comunique que está aquí…
—Está bien, Rika, yo se lo haré saber. No te molestes—Enderezó los hombros y se dirigió a la curvada escalera que conducía hasta el tercer piso de la enorme casa. Se dio cuenta de las cabezas que se giraban para seguirla y se mordió la comisura de los labios. El diseño de seda color azul zafiro con su cubierta de malla dorada era sin duda un atrapa-miradas, especialmente con la espalda del vestido prácticamente inexistente. Drapeado seductoramente en un escote halter cruzado, apenas dejaba espacio suficiente para la exquisita gargantilla de diamantes y zafiros que descansaba encima de la tela que caía hasta los pies en un sensual remolino que acariciaba sus senos y caderas como una mano suave. El brazalete a juego y los largos pendientes colgaban brillando bajo las luces de la pista que iluminaban la escalera con un suave resplandor.
No había tenido tiempo para peinarse, por lo que simplemente se había recogido los gruesos rizos de color castaño y oro en una alta cola de caballo sobre su coronilla, y había cortado un poco de seda zafiro de la tira del fajín para ocultar el elástico. Daba la impresión de que su cuello era más largo y dejaba a sus magníficos pendientes un montón de espacio para moverse y brillar espectacularmente.
Caminó hasta el final de los peldaños alfombrados e hizo una pausa, mirando alrededor del salón más pequeño que se abría en la galería frente a las escaleras, antes de dirigirse al corredor que conducía a las habitaciones de la parte trasera del piso. La araña de bronce y cristal ahumado en el ápice de la bóveda difundía una luz cálida sobre la zona, haciendo que la cubierta dorada del vestido reluciera y que las destellantes joyas se vieran aún más impresionantes de lo que habían lucido en la sala de exposición. Comprendió que ni un alma la reconocería a menos que se presentara, por lo que reunió valor y se movió lentamente hacia el centro de la galería, buscando a Li por todos lados.
Los invitados se giraban para seguir su movimiento, pero nadie la llamó por su nombre. No era una cara familiar para la gente guapa. Sólo sus empleados la conocían lo suficientemente bien como para reconocerla. Tenía el anonimato asegurado.
Y entonces lo vio, de pie, incómodo entre un apretado grupo de personas, con una impresionante y hermosa supermodelo sosteniéndose de su brazo como si hubiera crecido allí, con esa estridente risa tintineante llena de fingida diversión que nunca llegaba a sus magníficos ojos color rojizo. Sakura permaneció parada durante un largo rato, disfrutando de la evidente cantidad de incomodidad que él estaba experimentando, esperando a que girara los ojos hacia su dirección antes de hacer su entrada triunfal.
Un hombre que mantenía una animada conversación a su lado, se giró para echarle una ojeada y le dedicó una intensa mirada antes de deslizarse junto a ella y presentarse. No era necesario. Conocía su rostro por las portadas de las revistas y los tabloides cómo Eriol Hiraguizawa, actor dos veces ganador del Oscar y galán para millones de mujeres alrededor del mundo. Lo miró con una fresca sonrisa y respondió a su escandaloso cumplido con un simple "gracias", antes de volver la vista hacia su jefe.
—No te he visto antes por aquí. Y por la apariencia de ese pedrusco en tu mano, diría que estás pillada… pero Dios me ayude, no sería un hombre con sangre en las venas si no lo intentara—Eriol deslizó una magra mano alrededor de su cintura y trató de acercarla. Su recompensa fue una mirada ácida que podría haber marchitado todo el Bosque Nacional del Río Blanco. Él sonrió y le soltó la cintura, diciendo en un tono ronco que había caído una octava—. ¿Quién es el diablo con suerte que te tiene amarrada de su dedo meñique?
Justo en el momento en que le hablaba, Syaoran Li levantó la vista, con esa mirada glacial ámbar oscura cruzándose con la de ella, y su cuerpo se relajó de la postura defensiva que había asumido, forzando al parásito social de hembras a aflojar su apretón. Sak intentó no parecer conmocionada. Trató de no reaccionar ante el calor que la atravesaba como un disparo de fuego desde la cabeza a la punta de los pies, preguntándose aturdida si los Manolo Blahniks se habían derretido. Ella le sonrió a través de la habitación, y Eriol siguió su mirada, instantáneamente silbando bajito y retrocediendo un paso.
—Debí haberlo adivinado. Magnífica. Pero si alguna vez decides negociar, yo siempre estaré alrededor—El actor dejó vacante el lugar a su lado mientras Li se desencajaba con calma de las garras de la otra mujer con un "Perdóname". Las cabezas se volvieron cuando él se apartó del nudo de cuerpos y se movió a través de la galería en su dirección, mientras ella luchaba contra el impulso de morderse los nudillos y gemir. Ese hombre tenía tal caminar…
Sak esbozó una brillante sonrisa hacia sus ojos cuando él se detuvo tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo a través de la seda del vestido, puso la mano en la que llevaba el deslumbrante pedrusco sobre su antebrazo y dijo con voz lo bastante alta como para ser escuchada a más de diez pies de distancia.
— ¡Syao! ¡Cariño! Siento llegar tarde.
Notó la tortuosa ruta que tomaron sus ojos al deslizarse por encima del vestido, las joyas y el impresionante anillo de compromiso que quitaba el aliento y que ella estaba exhibiendo de manera ostentosa. Un músculo tembló en el surco profundo de la comisura de su boca. Parecía estar luchando con una emoción oscura y enfadada que temía que iba averiguar más tarde —en los tonos menos halagüeños posibles— pero sorprendentemente, le devolvió una sensual y torcida sonrisa.
— ¿Ni siquiera me merezco un beso después de esperar todo este tiempo a que finalmente aparecieras? —Su voz era un gruñido sexy lo suficientemente fuerte como para que aquellos a su alrededor lo pudieran escuchar con claridad, aunque fingía estar hablando sólo para sus oídos. Sak sintió, por la forma en que todos los ojos estaban pegados a ellos, como si estuvieran en una pecera. Se puso de puntillas y se dirigió a su mejilla. Pero antes de que sus labios hicieran contacto, él giró la cabeza y terminó plantándole el beso directamente sobre su sonriente boca. Y oh, qué boca tenía el hombre…
Y él no se conformó sólo con un beso amistoso, no. Deslizó los brazos alrededor de su cuerpo y la arrastró contra su pecho, ocultando suavemente la sacudida de asombro por la captura de la parte posterior de su cabeza en la palma de una mano e inclinando su boca para tomar la de ella completamente. Deslizó con soltura su firme lengua con sabor a champán sobre sus labios cuando Sak los abrió para preguntar qué demonios estaba haciendo. El ritmo cardíaco se le disparó cuando trazó el interior de su boca de manera sensual. Si no hubiera conocido a su jefe tan condenadamente bien, ese beso quizá le podría haber engañado incluso a ella, pero pensó que había pagado un capital por besarla y decidió que también podría dejarse llevar.
Peleando con su lengua, exploró sus cálidas profundidades, mientras le deslizaba las manos por detrás de la cabeza y arqueaba su cuerpo hacia el esmoquin, presionando las caderas contra la polla que crecía súbitamente, ignorando el arrebato de entusiasmo que le produjo su obvia gran excitación, hizo exactamente lo que había deseado hacer durante los últimos seis años o más.
Sak lo besó… salvajemente, hambrientamente, posesivamente. Dándole todo lo que tenía, a pesar de que para él era sólo un acto para desalentar a la absolutamente furiosa rubia que se había girado dando fuertes pisadas en dirección a las escaleras que regresaban a la segunda planta.
Tenía una boca decadentemente caliente y deliciosa. El caro champán sabía seco y fuerte en su lengua, y no podía haber imaginado cómo sería tenerlo besándola así… ni siquiera en sus más salvajes sueños húmedos. Su olor caliente, picante, masculino le llenaba la nariz. Sentía el corazón como una súper pelota que, con total facilidad, podría acribillar directamente el camino al frente de su vestido de seda e ir rebotando violentamente a través de la alfombra si seguía besándola.
Sus lenguas se enredaban con voracidad, respirando ambos de forma irregular y ardiente, con los cuerpos pegados ávidamente uno contra el otro, mientras los brazos de él la estrechaban con tanta fuerza que casi pudo sentir crujir su propia espina dorsal. Luego una mano le ahuecó el trasero en un familiar, firme apretón, y Sak inhaló y trató de retroceder. Él murmuró con voz ronca contra sus labios.
—Relájate. Sobrevivirás.
Ella le iba a golpear en la cabeza… más tarde.
Cuando por fin sintió sus flojos pies tocar la alfombra de nuevo, y la boca de él se levantó de la suya, se dio cuenta de que los hombres estaban golpeando a Li en la espalda y se alzaban voces por todas partes, mientras su "prometido" aceptaba felicitaciones de sus compañeros, incluso mientras la mantenía firmemente apretada contra su todavía rampante erección. Probablemente para disimularla hasta que se calmara.
Sonrió a las personas que hablaron con ella, sin escuchar una maldita palabra de lo que le estaban diciendo. Su vientre era una bola de masa caliente. Las piernas no la habrían sostenido si él hubiera decidido apartarse, y ella no tenía ningún deseo de caerse hecha un ovillo a los pies de todos en la alfombra, por lo que mantuvo las manos fuertemente apretadas sobre los hombros de él.
—Así que, Li… ¿ésta es la sorpresa que dijiste que tenías para todos? ¡Ya era hora, hombre! No puedo decir que te culpe por mantenerla en secreto. Yo no la dejaría fuera de mi vista si fuera tú—Voces zumbando, vasos tintineando por los brindis, risas… no se filtraba demasiado a través de su mente conmocionada por ese cuerpo duro y completamente alucinante que la sujetaba posesivamente.
Lo mataría… y luego quizás lo atacaría y desvestiría y…
Comentarios jocosos, impulsados por grandes cantidades de champán caro, fueron circulando de un lado a otro, y cuando su increíble erección había disminuido lo suficiente para no convertirse en un espectáculo, le permitió alejarse un poco, pero la mantuvo firmemente clavada a su lado rodeándola con un brazo. Alguien le colocó una copa de champán en la mano y bebió, a falta de algo mejor que hacer mientras él la usaba como punto de apoyo forzoso y aprovechaba al máximo el revuelo que su presencia había causado.
Y el sustituto del mariscal de campo lanza un pase de anotación…
Aturdida, sonrió y estrechó manos mientras era presentada como "Mi prometida, Sak", sin que su auténtico apellido fuera nunca dicho. Negación plausible. Se bebió la primera copa de delicioso champán y aceptó otra. Había empezado a sentirse en exceso como una rubia muñeca kewpie permanentemente unida a su cadera.
Después de lo que parecieron horas escuchando comentarios estúpidos, y de bromas masculinas volando de acá para allá, todo comenzó a mezclarse con todo. Con la excepción de que durante esas horas, ella muy posiblemente había ingerido cerca de un galón de champán, a pesar de que no era precisamente su bebida favorita.
¡Maldita sea! Las caras se estaban difuminando. Las voces aumentaban y disminuían. Las sonrisitas le estaban dando vértigo. Sintió algo duro debajo de la mejilla, y se dio cuenta de que estaba apoyada en el pecho de Li y estaban bailando. O por lo menos, él estaba bailando y medio la arrastraba por el piso con sus pies a media pulgada del suelo. Por primera vez desde que había llegado, nadie les estaba balbuceando, ella exhaló un débil aliento y dijo:
—Necesito… h-hablar… contigo.
—Tenemos un montón de tiempo para hablar más tarde—Su aliento era cálido contra la oreja de ella y se estremeció.
— ¡No! Necesito hablar… ahora—Sacudió la cabeza. El movimiento la hizo marearse como el infierno e hipó—. Ooops. Estoy malditamente ebria…—Se rió borrachamente.
—Lo estás. ¿Soy yo quien te compró ese anillo? —Su voz era un ronroneo sordo contra su sien.
—Te sirvo bien, tú idiota egoísta—Murmuró—. Me perdí mi… cumpleaños… por… tu culpa.
Esperaba que se enojara, por lo que su risa suave la sobresaltó. Giró la cabeza hacia arriba desde el pecho en el que yacía y arrugó el gesto. Él estaba definitivamente borroso.
—Vine aquí… para decirte… que te vayas la mierda.
Unos oscuros ojos ámbares la miraron. ¿Por qué el hijo de puta tenía tres ojos? No, cuatro ojos… el hijo de perra tenía más de todo… como de costumbre.
— ¿Estás enfadada conmigo por alguna razón, Kinomoto? —Respiró contra su frente, enviando escalofríos a través de ella.
—Por supuesto… que estoy enfadada…—Frunció el ceño, tratando de averiguar qué ojos pertenecían a dónde. El de su nariz estaba definitivamente en el lugar equivocado—. Bastardo machista. Mi nombre es Sak… tú nunca usas mi nombre…
— ¿Quieres decirme cómo te sientes realmente? —Le dirigía una sexy risita malévola.
—Acabo de hacerlo… ¿no lo hice?
—No bebes, ¿verdad, Sak? —El muy imbécil estaba sonriendo.
—Por supuesto que bebo… porque soy una jodida borracha…
— ¿Llamarte Kinomoto me hace un bastardo? —Movió lentamente la boca contra su piel mientras susurraba.
—Por supuesto que no. Eres un… bastardo… porque ni siquiera… sabes… que existo… hijo de puta…
Pensó que él se había echado a reír, pero no podía estar muy segura, porque ése fue justo el momento en que se desmayó.
Merezco Reviews? Cuando pueda subo el siguiente capi, que va a estar ardiente buahahahaha *risa pervertidilla**
Besitos,
Mi-chan
