La única excepción
Capítulo 2
Llegó el día acordado. Mabel y Dipper fueron hasta el Coldbucks, y separaron una mesa en el segundo piso, cerca de la ventana, que les daba una agradable vista del boulevard.
Sin embargo, en el local, lo único que llamaba medianamente la atención de Dipper era un pavo de Acción de Gracias animatrónico como decoración, horroroso por donde se le mire. Era más similar a esos dinosaurios emplumados tan comunes en las reconstrucciones contemporáneas.
Los minutos pasaban como si fueran años para Mabel, sin señales de la pelirroja. Sin embargo, su hermano sentía más algo como un desfase temporal...una especie de limbo del cuál no estaba seguro como salir...
- Parece que a Wendy se le pegaron las sábanas, jejeje…- dijo Mabel – oye, Dipper, te noto algo raro…-.
Y si, Mabel había notado que su gemelo, tanto al momento de salir de casa, estaba algo sonrojado, y nervioso, hasta se le habían caído las llaves como tres veces.
- No…no pasa nada Mabel…- contestó Dipper – no sé de qué hablas…-.
- Permíteme…- dijo Mabel colocando sus manos sobre sus ojos – ponerme mis…¡dudo-gafas!-.
- Oh cielos, ¿otra vez? – contestó Dipper evidentemente fastidiado -.
- Jajaja, sólo eres demasiado evidente…-.
Mientras seguían la charla, Wendy finalmente apareció. Dipper se quedó sin habla. A él siempre le había parecido hermosa. Tanto en los años siguientes que siguió visitando Gravity Falls, como cuando ya sólo podían hablar vía internet. Pero una cosa eran las fotos en Facebook, y otra era verla en vida real. A pesar de que se le notaba agotada, y vagamente ojerosa, no dejaba de ser esa chica que adoraba.
- ¡Ustedes! ¿cómo les va? – exclamó la pelliroja.
- ¡Wendy, que gusto! – exclamó Mabel, levantándose de la mesa para abrazar a la recién llegada. Dipper, por dentro, se sentía como cuando tenía 12 años, esa tarde sobre la cabaña.
- Cielos Wendy…al fin – dijo Dipper, casi como inspirado por alguna voz divina.
- Hey…sólo mírate, parece que no hubieras dormido en días – dijo Wendy, antes de abrazarlo - ¿cómo has estado?-.
Dipper correspondió, sintiendo que el corazón le salía del pecho, prácticamente.
Los tres se sentaron, pidieron cafés diferentes, y se la pasaron largo rato charlando. En una de esas, Mabel, muy animadamente, anunció algo.
- ¡Chicos, chicos! Hay algo…que debo decirles…- dijo Mabel, con una sonrisa pícara – pero necesito que cierren los ojos…-.
- Está bien, está bien, ¿qué será? – dijo Wendy en tono cómplice.
- Mabel, no nos asustes…- dijo Dipper.
Mabel tomó un cofrecito que traía en un bolsillo, con un anillo de oro, que se colocó en la mano, y luego, pidió a su hermano y a su amiga que abrieran finalmente los ojos.
- ¡Ta dá! – exclamó triunfante.
- ¡Mabel! ¡nunca nos dijiste! – exclamó Dipper, alarmado.
- Wwow, Mabel…¡Wow! – dijo Wendy, sonriente y sorprendida - ¿quién es el afortunado? ¿cuándo…ya sabes?-.
- Chicos, jajajaja…no es lo que creen – dijo Mabel.
- ¿Entonces? – preguntó Dipper.
- No sean tan alarmistas…lo compré en Londres, ¿no lo adoran? Me costó un ojo de la cara, pero, sí que lo valió, jajajaja…-.
- Mabel Mabel…¿por qué no me sorprende? – dijo Wendy dándole un puñetazo en broma.
- ¿Esto es en serio? – dijo Dipper, a la par que bebía otro sorbo de café, temiendo una descompensación.
- Vamos, ¿a que no es adorable? Grenda casi se desmaya cuando se lo enseñé por Skype, a Candy casi le da un ataque…-.
- Ya lo sospechaba en parte- dijo Wendy.
- Si, claaaaaro – dijo Mabel.
- Pero…entonces, ¿nada que ver con el amor? – dijo Wendy.
- No he tenido suerte…conocí a un par de chicos allá, pero….bah, eran unos idiotas, nada que valga la pena recordar – dijo Mabel.
- ¿Por qué no pruebas estar sola un tiempo? – le dijo Dipper.
- Oh vamos…ya algún día…porque, como ustedes saben…yo soy – dijo Mabel a la par que abrazaba al mismo tiempo a su hermano y a la Corduroy, como si intentase acercarlos - ¡la reina del amor!-.
- Jajajajaja, típico de ti – dijo Wendy, algo azorada al sentir la cercanía de Dipper. Este se dio cuenta de ello.
Mabel sacó otro anillo, la pareja del que tenía puesto. Sí, eran anillos de compromiso, pero había comprado ambos. Se lo colocó en la otra mano, ante la risa de Wendy y el desconcierto de Dipper. Hizo un gesto similar al de los hiphoperos con las manos.
- ¿Qué no puedo quererme a mí misma? – les dijo, sacando la lengua.
- ¿Por qué no estoy sorprendido? – dijo Dipper, llevándose la mano a la cabeza.
A pesar de haber terminado con sus cafés, los hermanos Pines y Wendy se quedaron un rato más, hasta que llegó el momento de la despedida. Abrazos igualmente. Sólo que esta vez, a Dipper le quedó más que claro que, por mucho que haya pasado tiempo, aún amaba a Wendy. Ya no había duda. Pero no podía evitar preguntarse si realmente podía mantenerse aquella emoción habiendo pasado prácticamente una década…no, se reforzaba porque nunca dejaron de hablar, se decía a sí mismo. Pensaba, ojalá el Diario 3 tuviera una respuesta para ello…hay cosas que simplemente no la tienen.
- No..no, ¿qué haces? – se decía a sí misma Wendy en la habitación del hotel donde estaba – esto es absurdo…nos conocemos desde que éramos mocosos…¿por qué justo ahora? Él tiene su vida, yo la mía…maldición…-.
Pensó en llamar a Soos o a alguien, por concejo, incluida a Tambry. Pero…decidió que era mejor guardarlo para sí misma. Se quedó mirando en su celular una foto enviada por Mabel, un selfie que se habían tomado esa misma tarde, saliendo de Coldbucks. Se parecía tanto a aquellas fotos que se tomaban, allá en el pueblo…sí, habían corrido peligro de muerte más de una vez, pero…ahora…todo parecía tan emocionante, y su vida actual tan aburrida.
- Dipper…¿Dipper? – dijo Mabel. En mitad de la noche, vio que Dipper seguía sentado en su cama, sin poder dormir.
- No pasa nada, Mabel…- contestó estoicamente su hermano.
- Yo sé qué es lo que está pasando aquí…- dijo Mabel – pero…creo que es mejor que tu decidas qué hacer ahora…-.
A Dipper le sorprendió gratamente esa respuesta más centrada de su gemela.
- Aunque…si quieres…- dijo Mabel dirigiendo la vista a otro lado como quien no quiere la cosa – podría ser…digo nomas…que te ayude…-.
- Gracias Mabel – respondió Dipper – pero…creo que es mejor que esta vez no diga nada…¿sabes? Quiero…quiero salir un momento…lo necesito…-.
Mabel sonrío.
- Entiendo, Dipper…sólo abrígate…y no vayas a hacer alguna tontería…por cierto, mañana o pasado pensaba que sería buena idea visitar a Wendy, pero si no quieres…-.
- Descuida…sí iré…solo necesito despejarme un poco…-.
Dipper salió de casa con cuidado, para no despertar a sus padres. Hacía tiempo que los hermanos no vivían juntos, ni con ellos, así que en parte se sentía un poco mal de arruinar la atmósfera familiar con esa ausencia, pero supuso que, por otro lado, lo reconfortaría.
Tras un rato de caminar a la deriva, regresó a casa. Se echó a dormir, sintiéndose absolutamente deprimido. Mabel se percató, ya que, al igual que en la infancia, y en la Cabaña del Misterio, compartían habitación. Aunque Dipper no dio ninguna seña, quedándose dormido sólo minutos luego de que su cabeza tocara la almohada, Mabel intuía qué estaba preocupando a su hermano.
