¡Dos reviews! whoa whoa, gracias ;) Por aquí os dejo la segunda parte, espero que os guste


Sherlock Holmes bajó del taxi, se ajustó el nudo de la bufanda y se aseguró de que los cuellos de su abrigo estuvieran levantados. Entró en el edificio y fue directo a la cafetería, donde el camarero le reprochó el hecho de llevarse la destartalada taza de café fuera del bar. Subió en el ascensor y respiró profundamente. Sabía que estaba haciendo lo correcto.

Cuando llegó al pasillo se plantó frente a la puerta indicada y miró por la ventanilla. Allí estaba, Molly Hooper y su larga coleta castaña, examinando un riñón como si se tratara de lo más interesante del mundo.

El detective abrió la puerta y entró en la sala dando un leve portazo. La chica no levantó la mirada del órgano y el detective comenzó a hablar no sin antes aclararse la garganta:

-Molly, creo que tenemos que hablar.-

La patóloga miró al frente pero no se giró.

-No quiero hablar contigo Sherlock. No quiero mirarte a los ojos tan siquiera. Así que vete de aquí, por favor –

-Mira, si te he traído café, cortado y con un toque de vainilla, como lo tomas tú –

Molly se giró suavemente mirando al suelo.

-No tienes que hacer esta actuación, no hace falta. No va a servir para que siga arriesgando mi trabajo para que tú pruebes tus teorías y tus caprichos. Ya está Sherlock, el otro día se cruzó una línea y ahora no hay retorno. Vete, por favor.

El detective se acercó a ella con pasos breves mientras se quitaba la bufanda:

-Escúchame, escúchame un momento por favor. Sé que lo del otro día fue confuso, hasta yo tengo mis dudas. Sé que estuvo mal. Sé que irme corriendo fue horrible. Y sé que no dar señales de vida durante tres días después de eso no era lo mejor que podía hacer. Lo siento, de verdad, y no quiero pedirte perdón por mis teorías, quiero pedirte perdón porque me importas. De verdad.-

La forense levantó los ojos del suelo y lo miró a la cara. Si no fuera porque no le conocía juraría que Sherlock Holmes estaba a punto de llorar. Pero eso era imposible, el detective jamás lloraría, y menos delante de ella.

-Déjalo. Si, venga, te perdono, ya puedes irte, ha sido todo muy convincente, gracias por el café. Preguntaría porqué sabes cómo lo tomo, pero mejor me ahorro la explicación. –

El detective avanzó hacia ella y la tomó por los hombros. Era tan pequeña y frágil que al cogerla pensó que se partiría en mis pedazos y que luego no sería capaz de reconstruirlos.

-Molly, de verdad. Yo… lo del otro día… no… no sé cómo explicármelo a mí mismo. Sentí algo que, bueno, simplemente sentí algo, y eso no me ocurre todos los -días. Dejé de ser yo por un momento y fue un Sherlock que nunca había conocido.

No supo cómo reaccionar. Llegó a pensar que todo era una apuesta con Mycroft y por eso le estaba diciendo todas esas cosas. Pero parecía tan real. No fue capaz de contestar algo coherente a parte de unos sonidos aleatorios que escaparon por su boca.

-Quiero ir a cenar contigo. O a tomar café, o a lo que quieras. Quiero que me cuentes cosas sobre ti. Quiero saberlas por tu parte y no por la deducción. Quiero dejar de vivir en el éxtasis de mi cerebro durante un rato y poder entrar en el tuyo. Molly, quiero hacerlo. –

La patóloga dejó escapar media sonrisa mientras daba un paso al frente.

-Esta noche, ¡Ahora mismo si quieres! Esperaré a que salgas y luego vamos a cenar juntos. No hace falta que contestes, voy a arreglar unas cosas y estaré aquí a las 8. –

El detective dio un leve beso en la frente a Molly y salió de la sala recogiendo su bufanda de la silla.

-Y tómate el café, si no va a quedarse frío –